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sábado, 10 de agosto de 2019

La mirada indiscreta de Alejandro Ríos



Rosie Inguanzo

(Presentación en Books and Books el 3 de agosto de 2019)

Alejandro Ríos es una mirada inteligente y crítica, amena, reposada (raro entre cubanos).  Es campechano en el sentido tradicional: aquél que ofrece un trato sencillo y cordial. Evitando los juegos retóricos llama las cosas por su nombre. Su discurso escrito y hablado evita lo redundante para ir al meollo de los asuntos.

Dice Alejandro,

"Sin Miami no hay país.
¡Viva Miami! La ciudad donde descansan mis muertos mayores y vive mi familia, la razón de mi existencia. Donde los cubanos dan prueba del éxito posible. ¡Viva Miami!”

Y es que Alejandro es un defensor de Miami como la patria posible.

Sin Miami no hay país, dice. Y ahí entran las implicaciones socio económicas, pero también morales, la voluntad de salvaguardar unos valores. Pues Alejandro ejemplifica todo eso; es un decir haciendo. Así es como lo vemos desde hace décadas de aquí para allá, trajeado o con su guayabera de rigor —Estercita cerca, los hijos, la familia que lo secunda—, su hablar pausado, sagaz, las buenas maneras, la chispa cubano habanera en el decir.

Su reverencia a este país y a Miami—ciudad denostada desde las dos orillas—, se llama gratitud, por cierto; también así se expresa quien ha sabido trocar el revés en victoria. De la zozobra que sufrió aquella pareja que arriesgó todo cruzando el Río Bravo, al bienestar y el reconocimiento que disfrutan hoy, ha habido mucho esfuerzo que les ha canjeado mérito. ¿Cómo lo ha logrado todo? Con una ética de trabajo.

A saber,

Exiliado desde 1992, en 1993 inaugura el Ciclo de Cine Cubano en Miami Dade College, que fue un éxito total. También su labor de veintitantos años en la Oficina de Prensa del MDC, y en el programa de Autores Iberoamericanos de la Ferio del Libro, como gestor, mediador y presentador, siempre amable y puntual con todo escritor cubano desarraigado o de visita. Porque Alejandro es un defensor de la cultura cubana en libertad, empeñado en que no seamos el “exilio invisible” que acuñara Cabrera Infante. Y por eso, todos estamos en deuda contigo.

Ítem,

De 2003 a 2009 dirigió el 1er Festival de Cine Alternativo, en el Teatro Tower. Y ha estado involucrado en el Festival de Cine de Miami, incluso antes de que éste estuviera bajo la tutela del MDC.

Alejandro ha sido conductor de varios programas y segmentos de ¿qué más? Cine. Primero La pantalla de azogue en TV Martí, luego Pantalla TVM (programa que salió durante 20 años); hasta muy recientemente La pantalla indiscreta en América TeVé.

Hay que subrayar su labor dando a conocer a tanto cineasta cubano y a tanto cine joven de la isla y fuera de ella. Y es que Alejandro ha sido el vínculo entre el cine que se hace en Cuba y Miami, dándolo a conocer y enfocando críticamente. Ha promovido desde los dioses tutelares (Tomás Gutiérrez Alea, Orlando Rojas antes de exiliarse, Fernando Pérez, etc.), incluyendo a los cineastas exiliados (Orlando Jiménez Leal, Leon Ichaso, Jorge Ulla, etc.), a los baluartes emergentes, sobretodo el cine independiente, en un principio cine alternativo.

Ahora se hace más fácil conseguir el material fílmico porque el medio digital y las redes facilitan la difusión. Pero Alejandro ha hecho esto desde tiempos inmemoriales, cuando había que arriesgarse para sacar una copia de Cuba.

(Aquí traigo una anécdota) Hasta a mí me tocó alcanzarle un filme en formato VHS para su Ciclo de Cine Cubano en MDC, cuando visité la isla en 1993. Regresaba por primera vez, y la actriz Jacqueline Arenal (en el teatro Hubert de Blanc, durante el estreno de El Público, de Federico García Lorca —dirigido por Carlos Díaz), me entregó una película para Alejandro cuyo título no recuerdo. ¿Acaso El siglo de las luces de Humberto Solás, o fue Fresa y chocolate?. Recuerdo que se exhibió en el Ciclo de Cine y fue controversial.

Y bueno,

Escribe desde hace más de 10 años una columna semanal en El Nuevo Herald.

De ahí sale el cuantioso volumen que celebramos hoy, La mirada indiscreta (Hypermedia), y que da fe de la labor de este licenciado en Historia del Arte, como crítico de cine y periodista cultural. El libro, de edición tan bonita, reúne sus columnas. Una indiscreción hitchcockiana que abarca 700 páginas de temas variados: personales, familiares (acercándonos al ser humano que es), lo político —porque cómo no abordar la debacle nacional—, y la constante del cine. Todos ángulos de una realidad acuciante.

Ahora mismo en medio de la controversia ¿quién analiza mejor el empeño del (des)gobierno cubano en institucionalizar toda la producción fílmica que se hace en la isla? Ahí está Ríos para echar luz y desmenuzar lo que es tan difícil de entender (¡¿institucionalizar el cine independiente?! ¿no es esto una paradoja?). O sea, otra vez coartar, controlar ese radar de lo que sucede allá adentro (que es el cine independiente). Ríos llega a poner los puntos sobre las íes, desenmascarando a tres o cuatro farsantes y oficialistas. Alejandro es lo que se dice un cantaclaro.

Sobre el libro, Alfredo Triff ha dicho: 

Con Ríos el lector se siente a gusto; será porque rescata la memoria de nuestra generación o porque detalla el simple día a día en una mezcla sui generis de autobiografía, sátira y folclor. Cualquiera que sea el tema, política local, música, cine o historia, su mirada crítica absorbe al lector. La mirada también se tiende sobre el presente exiliado e isleño. Alejandro comenta la actualidad con perspicacia y una vena elegante que no moraliza (el cinéfilo nunca se pasa) y aún llama las cosas por su nombre.

Pudiéramos seguir comentando la labor y los méritos de este afabilísimo señor. Baste agregar que Ríos es un cubano ejemplar, exitoso y con valía. Un hombre que escribe como quien es. Pero eso, ustedes aquí presentes, ya lo sabían.

Sin Miami no habrá país, pero sin Alejandro Ríos Miami, mi Miami, el nuestro, sería un lugar mucho más pobre, más despiadado el exilio y menos entrañable. Aplauso para mi flamante amigo.

jueves, 14 de junio de 2018

DignosLimpiosYvencidos




el reguetonero "Gilbert Man" posando con fajos de dólares 
om ulloa

a los cubañames regatoneros de dientes de oro y camiseticas apretadas abrazados a sus jevitas de mezclilla spándex y licras celulíticas que por todo miami hoy reclaman y aguajean --por no recaer otra vez solo en hialeah-- los veo pasar desde mi esquina petrificada de mitad esto y lo otro sin ser nada, yo como ellos fragmento de cubanos dignos limpios y vencidos y no...

no son ellos peores que los asustados batistianos con espejuelos calobares y bigotico de los 60 que se movían perdidos en medio de aquellos otros cubanos dignos limpios y vencidos

nique los exaltados soldaditos de plomo fango y budweiser que se arrastraban por los everglades en los 70 a metros de otros cubanos dignos limpios y vencidos

ni que los criminales tatuados y desdentados que con lujuria nos miraban adolescentes en cayo hueso en el 80 en medio de muchos cubanos dignos limpios y vencidos

ni que los desesperados balseros mitad educados alumnos del fraude de los 90 entre tantos otros cubanos dignos limpios y vencidos

ni que los gusanos rojos que nunca extienden sus alas de mariposa libre desde el 2000 en medio de tantos cubanos dignos limpios y vencidos

nique las vedettes sin brillo que van y vienen, van y nunca se quedan ni aquí ni allá desde el 2010 en medio de aquellos otros tantos cubanos dignos limpios y vencidos

y esa es la verdad me digo con frialdad de olvido mientras camino entre las calles de un miami ido burbuja falsa que se fue y nunca ha de volver ni camuflado entre tanta torre de aquella otra grande y colonial con ínfulas de ser punto centro de una américa continente ni tampoco de balneario de cartón palma coral y dinero de papel con ínfulas de ser puente intersección de un continuo presente ausente tanto en medio de aquella Habana y de aquel Miami que ya no volverán colmadas ambas de muertos y vivos las dos quedarán mitad esto mitad lo otro entre tantos y tantos otros cubanos aquellos y nosotros

dignos limpios y vencidos, y yo, ni una cosa ni la otra

domingo, 28 de enero de 2018

Río Mayaimi

Río Miami. Foto: Pedro Portal

Rosie Inguanzo

Dios inaugura la ciudad cada veinticuatro horas, brumálida* y quieta. La boca de calle se ilumina a las seis vertiéndose en el agua. El río consume su historia desapacible, memoria de rápidos; nativos tequestas lo amaron. Drena de la espléndida ciénaga, desembocando exhausto sus 8.9 kilómetros en Brickell Point.

El río no abre los ojos nunca
bajo los párpados cerrados del agua
el cristal negro carbonizado de sus pupilas.

El río Mayaimi está atrapado en alguna patraña impuesta por los políticos. No arrastra nada. Flota allí una acacia marchita. Canales hechos por el hombre lo hicieron ralo, raquítico. No parece río ni parece nada. Los manatíes oriundos de aquí  han estado en peligro de extinción, propulsados a una velocidad para la que no están hechos. Como el río, son criaturas demasiado lentas y verduscas. Mueren en los tropeles de los barcos cruceros, retenidos en redes de desperdicios, aceitados por los maléficos barcos gigantes, desangrados, desorientados en las comparsas flotantes, embestidos por lanchas rápidas y las motorcicletas acuáticas.

Animales gordos y graves
como niños ancianos abortados en el río.

Debajo de los edificios de cartón piedra que bordean el río aquí, hay delitos ocultos, gente que va y hace cosas, un caníbal, fumadores de crack, desquiciados, niñas latinas sucias, fugadas y descalzas.

El río sobrevive a un paisaje que lo niega. Abraza agotado la ribera, las maderas podridas de los aparcaderos de botes, los restaurantes de mariscos traídos de los cayos, el jolgorio infeliz de las gentes. Y surgen casas soleadas construidas antaño, viejos edificios fantasmas sin ventanas ni puertas ya, blanqueadas por la luz, embarradas de barro y aceite de barco, calcinadas por el tiempo,

maquetas mohosas pintadas de blanco,
pintadas de algo que la luz devora.

El río enseña su fatiga. La oscuridad que brota de su fondo tropieza con la luz de arriba. La luz se detiene en la superficie del agua. La luz no puede penetrar el río. El río Mayaimi está hecho de oscuridad primero; su tiempo es luctuoso y lento.
___________________
*brumálida: que proviene de las brumas (inventé esta palabra)

martes, 12 de julio de 2016

¿Es el microteatro el McDonalds del teatro?

Il Tartufo de Molière

Rosie Inguanzo

Microteatro es al teatro lo que un cortometraje es a un largometraje. La convención cinematográfica de más de cien años estima que un filme ha de durar al menos 60 minutos de modo que pueda desarrollar una narrativa. Una relación similar se da entre la novela y el cuento —considerado éste último un género menor, lo que no quiere decir que no se escriban cuentos magníficos y novelas malas.

Igual sucede con el teatro; éste necesita una gama dramática que se consigue con tiempo. Tiempo de preparación y progresión dramática para desarrollar personajes y todos los elementos que componen una obra. El teatro no puede hacerse en 15 minutos. Evaluado desde el punto del vista del teatro, el microteatro es ejercicio de estilo.

Un argumento a favor del microteatro es que atrae a un público sediento de consumir cultura y lo expone al "teatro". He visto microteatros buenos. Aunque éste es un género menor debido a las limitaciones intrínsecas del medio; a saber, la ya mencionada brevedad y la demarcación espacial.

"Las otras", Microteatro

Otro argumento a favor del microteatro es que se presentan textos inéditos. Sí y no. Dar oportunidad a nuevos dramaturgos es válido, pero no confundamos la originalidad con lo inédito. Un texto inédito no se ha escenificado antes; un texto original aporta algo nuevo y relevante al estilo que le precede. Siendo el texto el punto de partida, es fundamental que se exija calidad. Lo inédito solo no garantiza una buena puesta ni fomenta una nueva dramaturgia.

El rigor dramatúrgico vendría dado por un comité seleccionador calificado y con experiencia, que planteara recomendaciones al escritor novato. La brevedad y la agilidad rotativa del medio no están divorciadas de la calidad; ejemplo de ello son las obras cortas de Molière u Osvaldo Dragún (que generalmente se presentan agrupadas). Es lamentable que microteatro no acepte obras breves del teatro clásico y de autores contemporáneos reconocidos.

Al microteatro se acercan de vez en cuando actores de probada carrera (por razones económicas más que artísticas), aunque atrae a más actores mediáticos sin entrenamiento técnico ni dominio del instrumento actoral. Pero el buen arte no es facilista y el actor que se respeta no se la debe ver fácil. Porque el talento por sí solo no hace a un buen actor; el entusiasmo tampoco. Un actor necesita formación — palpable desde que proyecta la voz hasta su presencia escénica— por respeto al público.

Microteatro

El mismísimo Centro Cultural Español de Miami parece cuestionarse su papel en todo esto como sede del microteatro, cuando apuesta a la formación de actores. Me consta que el CCEMiami promueve un programa formativo; participé en un taller cervantino excelente impartido por José Luis Arellano y su asistente Andoni Larrabeiti. De manera que un mejor microteatro hipotético, además de promover el desarrollo profesional sostenido de actores y teatristas (que lo ha hecho), debe seleccionar mejor a sus actores.

¿Qué haría al microteatro mejor? Menos banalidad y más bagaje. Aunque la banalidad puede darse en el kitsch o en una farsa deliciosa, la banalidad no debe ser un accidente sino una búsqueda estética consciente. Asimismo, el microteatro se beneficiaría si todos los involucrados participaran de una dinámica crítica exigente. Un mejor microteatro hipotético debería existir en relación a una labor crítica seria. Es lamentable que lo que se observa hoy es mucha publicidad y poca crítica. Hace falta crítica separada de la publicidad. El crítico está en el deber de decir lo que no está bien y lo que no le gusta, justificando por qué. Quede claro, la función de la crítica es mejorar la profesión; la función de la publicidad es atraer público.

Concedido que el microteatro es un género menor (y muy válido); pero pudiera ser un gran género menor que acrisolara a la comunidad teatral de Miami.

sábado, 9 de julio de 2016

Micro Teatro de Miami: ¿arte o entretenimiento?




Laura Pérez

Atendiendo la invitación de unos amigos, hace unos días fuimos al Micro Teatro de Miami. Parece ser que es una novedad cultural por cuanto son presentaciones que duran 15 minutos y se llevan a cabo en unos contenedores donde escasamente caben quince personas por función. Mis amigos y otros con quienes nos encontramos allí (incluyendo a un crítico teatral) expresaban su “contento” porque al fin había una forma de acceso de las clases populares a la alta cultura (aunque aún no sé exactamente qué significa este término para ellos). Bueno, siento decepcionar a los amigos y simpatizantes, pero ni teatro ni “alta cultura”. Obviamente, esto no es agradable para quienes están involucrados en este movimiento, al cual se le puede otorgar el crédito de lo simpático que es meterse en unos contenedores y jugar al teatro; también hay algunos buenos actores de televisión, buenos comediantes al mejor estilo de la Stand Up Comedy, y en general resulta, repito, una simpática forma de entretenimiento. Pero, TEATRO, no creo. Las propias limitaciones del medio no califican. Quizá en mi natural rebeldía, siempre he creído que el arte debe intervenirnos, atravesarnos, partirnos, aliviarnos, dolernos. El teatro castiga nuestros sentidos porque nos enfrenta al mundo, despierta nuestra sensibilidad y por ello creo que nunca podemos salir ilesos o incontaminados cuando nos encontramos con él. Porque el arte es telúrico, debe conmovernos, hacernos temblar hasta derrumbar las defensas de nuestros sentimientos, creencias, principios…de nuestra lógica. Más que nada, el teatro no es el trasvase de patrones televisivos a las tablas… o cajones… o plazas… o cualquiera sea el escenario que se adopte. Estoy consciente que no todo lo que se hace sobre las tablas es teatro, y también de que no todo el teatro puede llegar a ser arte. Sin embargo, y como bien lo dijera nuestro amigo Immanuel Kant, una parte del conocimiento a priori del mundo proviene de una estética, entendida ésta como una “sensibilidad” que nos permite estructurar nuestro mundo, nuestras percepciones, nuestros significados y sentidos del mismo. Esa estética, esa sensibilidad no estaban allí en los contenedores la noche que fuimos. Finalmente, quiero aclarar que mi postura no implica que lo que allí se hace sea malo o mediocre, no; sólo que no es teatro sino show, espectáculo, entretenimiento bastante mediático y comercializado.

sábado, 2 de julio de 2016

Tres poemas de Judith Ghashghaie

Judith Ghashghaie

El libro, el hijo, el árbol

Las páginas de mi Libro son alas de moscas
El Hijo envía un email o llama al celular en los días de fiesta
De mi Árbol caído aún cuelgan varias pasiones muertas a picotazos
Vivo en un mapa con países en ninguna parte
Millonaria en miserias
ostento un trueno sin ruido
un alfabeto sin letras
una brújula sin norte
También tengo dos cisnes
uno decapitado
el otro con cuello nuevo (posee un tic nervioso)
No sé cuál de mis joyas es la más costosa
tal vez sea mi ardor apagado
que a veces despierta o bosteza como poema por entrega.
O quizás, el beso impreso en papel que súbitamente se convierte en boca.


Miami

Este amanecer
de alas en un cielo de espuma
reclama, sin duda,
al verdiazul vaivén de mar
y un deslizar de pez
que escapa de la red

o de la maldición del pescador
Tengo que mencionar
la brisa
que trasfigura la palma en arco
su sombra
Las huellas de humanos y otras aves desconocidas
En síntesis:
Hasta lo imperceptible del paisaje marino es mío
Pero, uno de estos días, lo perderé.


Plegaria de la mañana

Si Dios está conmigo ¿Quién contra mí?
Si Dios está contigo, no está conmigo.
Si Dios no está conmigo ¿Contra quién estoy yo?
Plegaria del mediodía
Si Dios está conmigo ¿Quién contra mí?
Si Dios está contigo, estoy sola
el buey solo bien se lame
¿Habrá una lamedora eléctrica?

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Judith Ghashghaie nació en Caracas. Hace 28 años que vive en Estados Unidos. Estudió Artes Plásticas e Historia del Arte en el Instituto Pedagógico de Caracas y en La Universidad Central de Venezuela.

jueves, 7 de abril de 2016

Miami después de Obama en La Habana


Miami siempre ha sido vilipendiada por los cubanos de ambas orillas y por los yumas también. Después de Obama en La Habana, Miami es reevaluada --y apreciada. Hoy Miami y sus cubanos tienen la portada de la sección de Viajes en el New York Times. 

(((duélale a quien le duela))) 
En Miami y en La Habana se pueden encontrar lugares para bailar el chachachá o la salsa y comer ropa vieja. La gente de nuestros dos países ha cantado las canciones de Celia Cruz y de Gloria Estefan y ahora escuchan reguetón y a Pitbull. Millones de personas de nuestros países tienen una religión en común, una fe a la que di homenaje en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad en Miami, una paz que los cubanos encuentran en La Cachita.[...] En Estados Unidos tenemos un monumento claro de lo que pueden construir los cubanos: se llama Miami. -- Barack Obama, La Habana, 2016.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Nagari este viernes en CCE

Presentación de la revista Nagari
Viernes 4 de septiembre de 2015
Hora: 7 pm
Lugar: CCE Centro Cultural Español 
1490 Biscayne Blvd. Miami 33132


sábado, 4 de abril de 2015

el premio pritzker de arquitectura viene a miami


¿por qué miami? la noticia aquí. 
Era de esperarse. Miami se ha convertido en un laboratorio para el trabajo de los ganadores del Premio Pritzker, con nuevos edificios en construcción o bien ya terminados por ocho ganadores: Gehry, Zaha Hadid, Richard Meier, IM Pei, Rem Koolhaas, Renzo Piano, y Norman Foster. Pero la ciudad también es favorita de la familia Pritzker que es propietaria de las cadenas hoteleras Hyatt y Thompson. Hadid vive parte del año en Miami y Meier es dueño de una unidad en su Surf Club. La ceremonia se llevará a cabo el 15 de mayo. 
tumiamiblog lo había anticipado aquí.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

El exilio sin embargo


Geandy Pavón

Los cubanos exiliados han hecho suyo por más de cinco décadas, algo que en realidad nunca les perteneció, me refiero al embargo comercial impuesto a la isla por los Estados Unidos, en vigor desde el 19 de Octubre de 1960 hasta el día de hoy. El embargo ha servido al castrismo para trasmutar la ineficacia económica en un capital político de gran utilidad dentro y fuera de Cuba. El régimen cubano nunca ha permitido que le arrebaten su condición de víctima, de underdog, y es ahí donde radica su mayor fuerza. Este es un hecho que, por obvio que parezca, la mayoría de los entes activos del exilio se han negado a reconocer. En vez de desarrollar otras estrategias de lucha, de establecer otras alianzas, han centrado todos los esfuerzos en mantener una medida adoptada e impopular, que con el tiempo ha contribuido a crear una suerte de falsa y cómoda satisfacción. El embargo, hasta el pasado 17 de diciembre, no había sido más que un narcótico, un analgésico para aliviarnos de la pérdida del país.

El embargo se estableció para proteger los derechos del capital norteamericano y no los derechos humanos de los cubanos, la culpa es nuestra por no haberlo entendido así. La desilusión entre algunos de mis compatriotas del exilio no es más que el resultado de una falsa e infundada ilusión. Esa misma ilusión nos embaucó haciéndonos creer en nuestra condición especial y en ocasiones hasta de superioridad frente al resto de los emigrantes. Recuerdo que unos días después de haber devuelto a Elián a Cuba, una avioneta sobrevoló el condado Dade con un letrero que decía “We got rid of one, let’s get rid of the rest”. Con el caso Elián debimos aprender que no somos tan especiales, debimos reconocer que si lo que en realidad nos importa es el establecimiento de un estado de derecho en nuestro país, se trata una responsabilidad que ha de pasar únicamente por nuestras manos. Las libertades de segunda mano tienen un precio que a lo mejor no vale la pena pagar.

En vez de rasgarnos las vestiduras frente al restaurante Versailles, deberíamos estar pensando en cómo aprovechar los últimos acontecimientos y tornarlos en favor nuestro, aprender de lo ocurrido, entender y ver de qué manera podemos ayudar a reconstruir la casi insipiente sociedad civil en Cuba. Pongamos presión inteligentemente para que en esa mesa de negociaciones, pésele a quien le pese, también estemos nosotros.

lunes, 23 de junio de 2014

Lluvia de mangos en Miami


Rosie Inguanzo

A ver, expliquémoslo como que deberían talarse todos (o casi todos) los mangos de Miami para plantar (rezando para que se diera igualito), semillas de este árbol de los primos. Otra manera de decirlo sería esta: Los primos deberían echar la casa abajo, demolerla, qué digo casa, la mansión de por lo menos un millón de dólares a una cuadras del mar que ellos mismos diseñaron y es un verdadero lujo moderno —la espaciosa cocina comedor, las habitaciones y el jacuzzi en la segunda planta, la terraza-azotea donde por un costado caen las ramas cargadas de frutos del esplendoroso árbol. Porque es muy probable que esta calidad del mango solo provenga de este árbol en especifico plantado ahí, en el patio de los primos.

No es un mango común, no puede serlo. Es un árbol enorme y frondoso, que tiene para sí casi la mitad de la propiedad. Grande para los lados y hacia arriba como tres pisos de puntal alto. Es un árbol que reina (como debería ser siempre en el caso de un árbol con estas dimensiones y regalías). La vecina de al lado ha podido constatarlo y beneficiarse agradecidamente de las ramas que van a dar a su patio. ¿Quién pudiera quejarse?

Dicho así tampoco surte efecto porque ¿cómo explicar al mango y los mangos que da? Es un árbol suculento y desmedido. Ayer cuando llovió con tanta fuerza como es común que suceda aquí, la prima dejó dicho en un mensaje de texto: “Lluvia de mangos. Vengan a buscarlos”. Y hoy cuando fuimos a recoger la ración generosa que nos toca, pudimos ver que tenían varias cajas llenas de los mangos recogidos; había además muchos mangos por recoger y muchos, muchísimos mangos ya rojos-amarillos, maduros, a punto de caer de las ramas cargadas de frutos en diferentes etapas de maduración. Es como para sentarse en la terraza a esperar que caigan.

Lluvia de mangos tiene que haber sido, qué duda cabe. Una avalancha de 200 a 300 mangos en su punto, propulsados por la persistencia del agua y la magnitud de los truenos. Si a nosotros que nos separaron una porción del total, nos tocaron unos cuarenta mangos.

Imagino la escena: el gran diluvio y el sonido de los mangos jugosos al caer (sí, porque aquí se desatan fuertes tormentas de corta duración pero que pueden desplumar un avestruz o arrancarle el techo de la casa). Dice la prima que en un día cualquiera, durante esta época de año, al sonido de un mango que cae, o de los mangos cayendo (el árbol produce demasiados), pues dice que al sonido del mango sobre la tierra o contra el pavimento, salen disparados los tres a ver quién lo agarra primero; con ellos también rompe a correr Cuca, la perrita de la casa, lista y solariega, adicta a los mangos que come sujetándolos entre las dos patitas delanteras.

Mangos espectaculares, que chorrean almíbar o miel de mango por la piel (¿o he de decir cáscara?); huelen tanto que perfuman el automóvil, las manos, la casa, mientras esperan ser comidos. Como ya empezó el calor fuerte de junio los maduros van al refrigerador para comerse frescos. Y como son tantos y maduran rápido el primo pronto preparará la exquisita mermelada que nos durará hasta después de la temporada. Ni qué decir del sabor de estos mangos. Y mira que en Miami se pueden comer sabrosos en cualquier lado; pero estos superan a cualquier otro; hasta los deliciosos mangos biscochuelos que trajimos del Farm’s Market la semana pasada, son nada comparados al manjar de los primos.

Es todo lo que se espera del mango más sabroso, llevado a la perfección. Además de que cualquier mango de estos produce un gran placer estético.

Es época de mangos, y eso que al principio del verano los primos estaban recelosos porque les parecía que los vientos de la primavera habían desflorado tempranamente al mango y que este año vendrían a cuentagotas. Pero los primeros aguaceros reventaron al árbol y una tiene la dicha de hartarse de los mangos más ricos de la tierra.

Y una nota agridulce: Hoy mientras comíamos mango recordé que en La Habana, el último día antes del regreso a mediados de febrero, descubrimos el paladar Mediterráneo, en G y 13, donde preparan una comida criolla deliciosa. La camarera, que parecía más joven de veintiún años (pero todas ellas responden lo mismo aunque lucen más tiernas), me había ofrecido ensalada de frutas con el agregado de un mango que solo él nos saldría en  6CUC. Trató de vendernos el mango aquel esmirriado, pero no pudo convencernos. No es una pedantería; creo que es una falta al pudor que en el trópico un mango cueste 6CUC, ni aun fuera de temporada, como era el caso. Le dije con algo de pena y disimulada jactancia que jamás pagaría seis dólares (el equivalente) por un mango porque en Miami los encontraba en todos lados y se daban en cualquier patio. Hablé entonces de la abundancia de frutas y productos alimenticios que hay aquí y de la facilidad para conseguirlos; mientras conversábamos la mirada de Yusimi era tan bonita, y vi su ansiedad contenida, como si le pasara una película por la frente.

martes, 8 de abril de 2014

Fifi and Lybia Reloaded - Entrevista a Frank Quintana


Rosie Inguanzo entrevista a Frank Quintana

¿Cómo empezó todo, tu vida en el teatro? ¿Escogiste el teatro o te escogió a ti? 

¡Me escogió! Desde pequeño me gustaba hacer reír e imitar a personajes y escenas de la televisión para mis amistades y familia. Era uno de esos niños “payaso de la clase”. Hacía entrevistas sobre la taza del inodoro alternando como entrevistador y personaje célebre—me di muchos premios. Siempre deseé ser actor; a escondidas de mis padres, quienes no querían que fuera artista, tomé clases de actuación y teatro en Miami Dade College, entre ellas una clase para principiantes con Teresa María Rojas, y me enamoré de la magia del teatro. De una vez me invitó al taller de Prometeo y fue como entrar en un lugar sagrado. Hice ejercicios y me involucré en las producciones hasta que protagonicé Jacobo o La Sumisión, de Ionesco, dirigida por Larry Villanueva. Desde entonces nunca dejé de hacer teatro. ¡Me enamoré! Se convirtió en mi pasión, mi refugio, y por cursi que suene, mi salvación. El teatro me dio un propósito más grande que yo mismo.

¿Qué ha significado dirigir para ti? 

Descubrí la dirección de manera intuitiva, en el taller de Prometeo. Empecé a dirigir escenas con buenas críticas y un buen día, penando una ruptura amorosa, escribí Fifi and Lybia, para plasmar y sacar todo aquello de adentro, el dolor y la confusión; tratando de darle sentido y significado para no sufrir en vano, sin fruto… y di luz a este pieza, que sigue viva.

¿Hay tipos de actores? ¿Cuáles prefieres? 

Prefiero los actores que interiorizan, apasionados, entregados, orgánicos, disciplinados, trabajadores y con talento o “maderamen”, como decía el maestro Francisco Morín.

¿Cuál personaje te ha gustado más encarnar? 

Rosita, en Fango Negro, que hicimos en Prometeo en un autobús ambulante; ahí pude darle riendas sueltas a mi forte, que es mi vis cómica, aprendí a soltarme e interactuar con el público. A Jacobo también le tengo mucho amor, porque fue el primer personaje que interpreté en Prometeo, donde descubrí penetrar a un personaje, encarnarlo. Porque ser actor es dar vida a otros seres, entender la piel del otro, amar a la humanidad.

¿Cómo crees que ha evolucionado el teatro en Miami? 

Sigue creciendo… pero aún creo que carece… carece.

¿Cuál es mejor consejo que das a un actor? 

Entrega total, rendirse al personaje, no se puede intelectualizar, hay que entregarse de lleno, con todo los sentidos, convertir al personaje en una obsesión.

Háblame sobre la obra y el equipo, ¿quiénes son los actores? 

Fifi y Lybia son dos chicas excéntricas, extremadamente individualistas y nada convencionales. Son además complementarias, ying yang, las dos máscaras del teatro… enfrentadas ambas a lo incógnito de esta vida, ayudándose en darle algún significado al absurdo existencial. La obra es una tragicomedia que trae saudade, absurdo, pinceladas sentimentales. En la nota de prensa puede leerse:

Fifi y Lybia Reloaded (recién recargaditas), cuenta la historia de dos excéntricas mujeres que viven entre lo real y lo fantástico. La obra de Quintana abarca reflexiones sociales y filosóficas, algo absurdas, pero siempre salpicadas de fino humor negro. ¡Acompáñennos! Gina Díaz, como Fifí, Vanessa Elise como Lybia y Jair Bula como Tomatico. Será un juego teatral casi casi alucinante.”

A Fifi la interpreta Gina Díaz, una actriz colombiana con una dedicación admirable. Lybia es interpretada por Vanessa Elise, una actriz con una sorprendente organicidad. Jair Bula, con quien he trabajado antes en Prometeo en Ms. Tessa Triff has been drinking!, es “El hombre en la televisión” y Tomatico, dos personajes delirantes y deliciosos.
El productor Santi Sierra, también ex Prometeico —nos encontramos en Facebook, me recordó la obra cuando estrenó en Prometeo en el 2000 y me propuso producirla. Mis asistentes de dirección (a quienes les estoy muy agradecido), son Bona Jesurum, una amiga leal (quien fuera asistente de dirección de Teresa y mía en el antiguo Prometeo), y Carmen Rubio. Es como una especie de reunión de ex Prometeicos, conspiradores, ángeles en este viaje. Todos colaboran por amor al teatro, dando de su tiempo y de sí. De pura fe y generosidad, Yoshvani Medina y Yenilen Mola nos han abierto las puertas de su teatro ArtSpoken.

¿Qué autores han marcado tu dramaturgia? 

Me han marcado Christopher Durang, A.R. Gurney (traduje y dirigí su pieza The Rape of Bunny Stuntz o La Violación de Bona Cortada); Dorothy Parker (también escribí y dirigí una pieza en Los Ángeles inspirada en su trabajo e incorporando, hilvanando retazos de su obra: An Evening with Dottie; Abelardo Estorino, Virgilio Piñera, César Vallejo, también Fellini, Derek Jarman y Almodóvar…ahora mismo tengo de cabecera a Sylvia Plath, Pura del Prado y Marguerite Duras… como mis protagonistas, que son mujeres apasionadas, enamoradas, risueñas, trágicas, suicidas. Porque estoy con los desplazados, los oprimidos o reprimidos, los underdogs. Me han marcado mi maestra Teresa María Rojas y me has marcado tú. Dirijo como actor, sintiendo los personajes, imaginando sus monólogos interiores, agregándole el ojo estético y el ritmo, mi ritmo, lo delirante y lo patético.

domingo, 16 de marzo de 2014

La Habana sentimental


Juan Carlos Alom
Rosie Inguanzo

1. El día 8 de cada mes se llena la lanchita con un peregrinaje a la ermita de la Virgen de Regla, que es la virgen de los viajes. El ritual dicta que hay que ir al templo por mar y regresar por tierra, tomando el autobús del regreso que es tremendo lío. Después de la misa se hace una procesión alrededor de la iglesia. Este 8 de marzo una jovencita que había ido allí a cumplir su promesa llevando consigo todos los documentos (pasaporte, inscripciones de nacimiento, permisos, etc.), fue a prenderle una vela a la virgen y cuando regresó al banco comprobó que le habían llevado el sobre. Los gritos que pegaba la muchacha interrumpieron la ceremonia religiosa, contenidos en las cúpulas de los altares. La gente se aglomeró alrededor de la desgraciada y se hizo un silencio donde sola ella entonaba la angustia del acorralado y el ansia de libertad.

2. "Azar coincidente”, dice Pepe Horta citando a Lezama, porque a Pepe le fascinan la antítesis y el oxímoron. Declama mientras prepara un oloroso arroz con mango y langosta: “Voy a caer en terreno de escándalo, y ahí se da la obra de arte”. Luego diserta sobre la diferencia entre los caimitos perdidos y los caimitos del guayabal. ¿Qué es lo que sucede entre el canistel y el caimito? —se pregunta desde el colmo de la hacendosidad habanera. Después del postre irrumpen los recuerdos: “Rokinchá lo tenía adentro, era bomba, era impuro; él hizo magia en Café Nostalgia. Cuando lo hacía con las maracas y la gente me decía ‘es tacky’, yo respondía, ‘déjenlo, déjenlo tranquilo'. Entonces se armaba grande. Rokinchá era un tipo muy generoso, muy buena persona. Murió por exceso de generosidad.”

Rokinchá por Delio Regueral

3. La ciudad depauperada nos espía. Camino esta ciudad desde el destierro interior, habiéndome ido hace treinta años; la camino como no camino ninguna otra, como si anduviera la habitación de mi vida, peregrina del pasado. A ningún otro lugar llego desde el futuro. Apunto:

el cuño de entrada
el paludismo civil
los que lanzan piedras a las ventanas
los que nos fuimos
los que salen a buscar extranjeros a la hora del crepúsculo
los que salen a buscar comida al amanecer
los que callan y obedecen
los que mienten al agente de inmigración
los que denuncian
los que golpean
los que copulan y gritan
los que venden a sus hijas
los que hurgan en la basura
el cielo armándose
los escombros
los llagados
la calle estéril
la cola sempiterna para ver Conducta
el monumento oxidado al patriota de la Independencia
la glorieta espiral
el cuño de salida

De Centro Habana un vitral nocturno, una reja de arabescos de cobre donde cuelga una consigna aireándose en la tela. Voy, abro las piernas y orino de pie. Halo el cordel de la bandera y la tiro, me limpio y la pisoteo. Y me duele la gestión. Estoy bebida. Me introduzco el dedo en la garganta, una vez, dos veces y asqueadas, tres veces, cuatro y vomito. Somos náufragos urbanos por calles donde la coordenada se extravía —así como cuando no me hallo en la memoria de mi madre. Son calles que sufren. La Habana me sumerge en un lugar donde pienso de todo —un lugar fuera de mí. Ciudad express mega hermosa ultra abandonada, #lahabana #Cuba2014. ¿Qué es el tiempo aquí? ¿Qué hace con la ciudad hermosa, el tiempo? Saco mi salación del pecho desfondado. Tengo 47 años.

4. Miami admite muchos equívocos: Vivirás lo que te permita la proyección de tu conciencia. Porque una ciudad, como sucede con el cine, es también una puerta a la imaginación. El auténtico forastero se ha de adentrar en ella con todos los sentidos. El buen olfato guiándole a la buena mesa, la mejor compañía, la información adecuada (eso es cultura). Cualquier mequetrefe se excita con un batido de mamey en el Palacio de los jugos, pero no cualquiera se rezase en un paseo en bote por los manglares del noroeste —a river of grass; tampoco abordará el metro mover que desde el aire lo depositará en PAMM. Los marginales de Nueva York, París o Barcelona, harán visitas marginales. Miami sobrevive el chiste desabrido y la generalización pueril, y porque hablar en su contra da relieve, muchos repiten el discurso manido de la aridez cultural, el radicalismo de los cubans y la frivolidad de sus playas. Pero Miami es el paraíso posible.

martes, 20 de agosto de 2013

Octavas digitadas

Foto: Ernesto G.
Rosie Inguanzo

Afuera hay un calor de pantano, pero desde donde escribo, hasta que mengua la luz del día, sentada en la Barcelona o en el sofá verde frente a la doble puerta de corredera de cristal anticiclones, la temperatura es agradablemente fresca. Por las tardes y por las noches llueve contra el cristal y los relámpagos descargan su belleza. Escribir, devorar varios libros a la vez, ayudar con la cena. El sonido constante del violín me es tan grato y necesario que si no está me desasosiego; la mejor siesta de verano es tirada descuidadamente bajo el influjo repetitivo y voraz del violín: Las octavas digitadas procuran la emoción estética perfecta. Este verano hubo mucho jazz y se consumó un nuevo proyecto que es como un hijo bienamado por el que se teme la vida que tendrá.

La tarde no puede más que oquedades, vapores multicolores; se alisa y corre la cortina de las horas transparentes. El vaho de las cosas quiere figurar en las nubes.

El verano se dilata un poco fuera del tiempo: Trotar el campo de golf cuando cae el sol bajo la penca de las ramas, recorrer las galerías de la biblioteca de UM y las galerías de los supermercados de comida fresca, probar delicias culinarias con los amigos. Dice A.: “Los ojos de la comida son las muelas y la lengua. La buena comida se define en términos de colores y texturas”. Porque la experiencia gustativa es multidimensional: turgencias, aromas, paisajes. Evoco la sensación submarina de un cangrejo que casi agoniza en la boca -extravangancia límite.

Pero yo vivo aguijonada por la degradación física de mi madre, por las llagas en su pierna, las curas, la administración de un diurético traicionero, las muchas visitas al médico. El verano se acaba y quedan momentos ungidos en la mayor tristeza y un sabor de placeres robados. Luego ha sido un verano dulce-amargo; porque hace años que despierto cada vez con una sensación de alarma, ya sea de madrugada o con la llegada del amanecer más fastuoso —vivir en un penthouse tiene el regalo del silencio y los cielos.