sábado, 24 de diciembre de 2022
Navidad: Rumor en las despedidas
sábado, 29 de agosto de 2020
el juego del jugo
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| Guido Reni, Drinking Bacchus, 1623 |
alFredoTriFf
Entre amigos degustamos un Comando G (La bruja de Rozas Magnum, Barcelona, 2017). El reloj da las 10:45pm. Joe Henderson (mi tenorista preferido) improvisa en la sala al compás de Jobim. El primero le rinde homenaje al segundo, ya muerto, y no sabe que está a punto de morir. A lo que voy: es momento de entelequia alrededor del sabor; halagador que se hable del vino. Hay gente que toma y ya (y muchos toman demasiado rápido).
Hablar de vino es hablar de un jugo que es y no es. El vino es un juego que se supera siempre, futuro de metas secretas en el seno de una sociedad de elementos en plena fermentación, serie sucesiva de barriles diferentes que terminan siendo uno, espectro líquido que ahora compartimos en seis copas.
Que hable la cosa. Llega a la boca, en comunión de participantes y se cuela por las ranuras. Se espacia y propaga en en interior de las mejillas, impregna las papilas y las encías, el contagio llega a la nariz. Se sorbe aire, flor, arcilla y aguacero. Bebemos a sorbos pequeños.
Hay drama entre taninos; una verdadera pelea de tonos que asciende en columnas de choque sucesivas. Hay que prestar atención a la madera, la tierra y la roca. El jugo es sol, aire y rocío. Qué delicia ser uno médium del jugo, improvisar fuera del yo, ser jugo uno desde el sabor. El sabor es hermano de la fe.
Con el infinito en la boca, las palabras tropiezan, pero queda una hermandad con la tierra húmeda del otoño. La acidez del fermento se disipa en la lluvia que nutre los surcos del viñedo. Degustamos el terroir alpino, la niebla del amanecer en el campo, la sociedad de racimos maduros a punto de macerarse por la máquina, la alianza íntima y burbujante de bacterias, oxígeno y glucosa, comunidad de apogeo efervescente en la barrica, la espera líquida en el silencio frío y oscuro de la bodega.
Juntos degustamos un pasado de edades, tradiciones y cuidado, duende líquido de garnacha negra y muscardín en la botella y zumo puro en la boca.
viernes, 24 de abril de 2020
Daniel Ponce recuerda a Orlando "Puntilla" Ríos (1947-2008)
TMB: Daniel, ¿cuándo conociste a Puntilla?
DP: Nos conocimos de muchachos en Los Sitios.
TMB: La cuna.
DP: (Risas) Sí, la cuna de los líos.
TMB: He oído que Puntilla era guapo.
DP: (Risas) Éramos. Puntilla era buena gente pero tenía tremendo genio si lo buscabas. Desde joven se dedicó a tocar en fiestas de santo y en las comparsas. La primera vez que compartimos fue en un ensayo de comparsa. Puedes creer que nos llevamos bien. Después tocamos en rumbas y mil cosas. A veces en situaciones difíciles.
TMB: Después vino el exilio…
DP: Sí, fue una casualidad. Una mañana estoy paseando por un parque en Dyckman Street, en Uptown Manhattan, y ¿a quién crees que me encuentro sentado en un banco? Puntilla. Enseguida intercambiamos teléfonos. Eso fue a principio del año 81. Yo tocaba en Soundscape, el espacio de Verna Gillis. En unos meses ya teníamos nuestro grupo folklórico.
TMB: ¿Quiénes eran los integrantes?
DP: Puntilla, Carlos Sánchez, Steve Berrios, Carlos Córdoba y Xiomara la bailarina. Primero descargábamos los martes para matar el tiempo, pero la cosa se fue poniendo seria e hicimos varias actividades con Marta Vega, la directora del Caribbean Cultural Center.
TMB: ¿Cuál era el fuerte de Puntilla?
DP: El fuerte de Puntilla era el tambor batá y “el quinto” de la rumba. Además, un cantante muy especial. Tenía su ángel.
TMB: ¿Tienes alguna anécdota del Puntilla de esa época ochentosa en Nueva York?
DP: Tengo muchas (risas). Te voy a hacer una simpática. Una vez se nos presenta un viaje a París en el club La Chapelle des Lombards. El primer día que llegamos le dije “Puntilla, mañana voy a la torre Eiffel, por si quieres venir conmigo”. A la mañana siguiente cogimos un taxi y fuimos a la torre. Puntilla nunca se había encaramado en algo tan alto. Cuando el negro vio aquel elevador que subía y subía y la gente se iba quedando chiquitita se frikeó. Decía, temblando: “Ay, Changó, acompáñame, yo no puedo venir a Paris a morir de esta manera”. Y yo muerto de la risa. Cuando llegamos arriba me dijo: “Y ahora ¿cómo bajamos?”. Le respondí: “pues conforme subimos”. Él me susurró como para que no lo oyeran: “Si me salvo de esta le doy un carnero a Changó”. Ver a Puntilla, que presumía de guapo, tan achicopalado, fue muy simpático.
TMB: ¿Qué hizo Puntilla en New York?
DP: El LP titulado De La Habana a Nueva York, a principio de los años 80. Incluso grabé en ese álbum. Puntilla brilla en ese disco.
TMB: ¿Quién lo produjo?
DP: Un amigo de él, Carlos Méndez. Puntilla tuvo su propio grupo. Tocó en varios discos con Kip Hanrahan, también en un homenaje a Cachao... y más recientemente en Calle 54 de Fernando Trueba.
TMB: ¿Cuál es el aporte de Puntilla a la música cubana?
DP: Llevar el batá a New York y darlo a conocer. Antes que él estaba Julito Collazo, pero Collazo mantenía el batá para lo religioso. Puntilla popularizó el tambor, lo llevó a la orquesta. Le dio clases a muchachos puertorriqueños que hoy en día están tocando. Vaya, como se dice, repartió y cooperó con las nuevas generaciones.
TMB: ¿En lo personal?
DP: Puntilla era un tipo muy ocurrente. Siempre haciendo cuentos y chistes. Se distinguía por su tamaño, su risa, y esos espejuelotes de fondo de botella que llevaba. Una lástima que haya muerto. Lo extraño.
TMB: Gracias, Daniel.
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En el video clip Orlando "Puntilla" Ríos es el primero a la derecha, con espejuelos,
bufanda roja y boina negra. Puntilla (congas, cajón, voz), Pedro Martinez (congas, cajón, voz), Román Díaz (congas, cajón, voz, batás), Pedro Valdés (chéquere), Félix Sanabria (claves), Carlos "Patato" Valdés (congas), Andy González (bajo), Rosalía Gamboa, Felix Insúa (danza).
domingo, 25 de diciembre de 2016
La Navidad y el sentido profundo de la existencia
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| Madonna, de Andrea Solario (1460-1524) |
Rosie Inguanzo
Miami, desde Kendall, pasando por Westshester, Doral, South Miami hasta la Pequeña Habana, compite por la casa más y más alumbrada: un trineo de luces, siete venados con la punta de los hocicos prendidas, el muñeco de nieve gigante iluminado por dentro. Y no importa el costo de la luz, que ya se pagará en enero. El sector popular (digamos, el ganado vacuno), empuja y golpea, arrasando con cualquier civilizado que se interponga entre él y el carrito de compras o el artículo superrebajado. Se distorsiona el sentido: zafarrancho de tiendas y hasta fuegos artificiales contrapuestos a la imagen de la Navidad. La Virgen (dudoso calificativo para una señora embarazada de nueve meses), huía buscando donde alumbrar, ya de madrugada acomodándose en un establo paupérrimo. Y qué lumbrera trajo, misteriosamente, la doncella. Contrasta la materialidad exhibicionista del centro comercial y el bombardeo de publicidad con la escasez material en la que nació el Dios de los cristianos. Un niñito que a fin de cuentas circuncidaron al octavo día y cuyas pulsiones fundamentales surgieron de ese primer contacto maternal, como cualquier hijo de vecino. Un recién nacido que puede despertar adentro la sensación de lo sagrado (que conste que soy agnóstica), e impulsarnos a contracorriente al arrobo contemplativo, desde el hondo fondo más posible, desde el candor de un mensaje tan simple como difícil, y el cultivo de la abstinencia de consumo. De cualquier manera, la encarnación de Dios (crea usted o no), tanto como la vida de cualquiera, es un misterio cuajado de propósitos, pasiones, memoria fundacional, datación genética y fuerzas invisibles, milagros cotidianos, oscuridad y lumbre. La encarnación de Cristo llama mi atención sobre ese punto: Somos vida en la carne, y luminosidades en el magma infinito...Luego, ¡a gozar del cuerpo y ha renacer en Cristo o en su deidad favorita! Felicidades.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Tamal de olla y hallaca (o Guajolote de Thanksgiving)
Guajolote de Thanksgiving nunca fue indocumentado, pero como su pasaporte decía "Turkey" los agentes de inmigración lo dejaban varado en el aeropuerto por semanas. En una oportunidad lo llevaron encadenado y encapuchado para torturarlo en Guantánamo, un artista colombiano pintó al gallináceo con una corona de alambre de púas y desangrándose en una barraca. Enseguida los medios de comunicación difundieron la noticia de que Guajolote era descendiente de los mismos emplumados que divertían tanto a Moctezuma en su palacio. En las reseñas periodísticas también apareció una foto de un escudo de armas que mostraba la cara de Sir Guajolote I, un aristócrata quien vivió en Gran Bretaña, había cruzado el Atlántico montado en un barco de piratas sefarditas. Se trataba del mismísimo tatarabuelo de nuestro actual pavo.
Sea por la nobleza de su sangre, por el cuadro del pintor, la prensa amarillista o las varias organizaciones de los derechos guajolotenses que protestaron frente a las puertas del Capitolio, el caso es que El Guajolote de Thanksgiving dejó de ser atacado brutalmente por las fuerzas de seguridad del estado, y comenzó a entrar y salir del país por aire, mar y tierra cada vez que le daba su regalada gana.
Después de un tiempo se cansó de tanto corretear de una frontera a otra, decidió quedarse de este lado. Presentó un examen en inglés, español y turkys que automáticamente lo convirtió en ciudadano. Se mudó aquí a Miami e hizo diligencias para montar su propia fábrica de rosadas salchichas de moco de pavo. Guajolote concertó una cita con el alcalde del condado para presentarle su plan de negocios. El Alcalde quiso inmediatamente ser su socio, y creo una ley para que en los comedores de las escuelas públicas solo sirvieran salchichas de moco de pavo. La empresa fue un gran éxito, ambos partners hicieron dinero de todos colores.
Como reconocimiento el alcalde llevó a nuestro personaje al Convention Center en su propia limosina; en un acto público le entregó las llaves de la ciudad y una placa que decía “ Al Pajarraco del año. We love you too ”. A Guajolote de Thanksgiving se le hizo un nudo en la garganta, pasado unos minutos se paró frente al micrófono y pronunció su conocida expresión bilingüe: gordo, gordo, gordo, gobble, gobble, gobble. Todos nos emocionamos con los onomatopéyicos sonidos; nos hizo recordar la niñez.
A este evento organizado por la alcaldía en el Convention Center llegamos muchas personas de la Saguezera y Doralzuela, hicimos una larga caravana, llevamos a Guajolote de Thanksgiving en hombros hasta el Distrito Financiero. El conglomerado estaba desenfrenado. Existe un fenómeno aún inexplicable para los analistas de la sicología de masas, es el hecho de que en algún momento de concentración multitudinaria, y sin que el fenómeno tenga explicación racional, las mentes individuales nos subordinamos a las decisiones de la multitud, perdemos nuestra autonomía e identidad, nos fundimos en la muchedumbre, dejamos de ser responsable de nuestras acciones personales y encontramos un chivo expiatorio que purifique nuestras culpas y nos libere del miedo a vivir y morir (pero en este cuento no existe un chivo, sino un pavo…).
Todos los presentes escupimos la cara de Guajolote de Thanksginving; le gritamos que era revolucionario y reaccionario; espía y contra-espía; chavista y castrista; liberal y conservador, demócrata y republicano. Por representar el todo y la nada, y a pesar que simboliza histórica gratitud pero es un bípedo muy grande y grasoso de aspecto, lo declaramos el más hormonal, colesteroso y engañoso de los alimentos humanos. Sacrificamos al plumífero: le torcimos el pescuezo tal como los poetas vanguardistas latinoamericanos de principios del siglo XX lo hicieron con un cisne criollo.
Hicimos picadillo con el vistoso bípedo: molimos pico, cresta, moco, plumas y patas. Adobamos las blancas y babosas presas con ajo, comino, culantro. Para eliminar cualquier vestigio de Salmonella o del virus H1N1 lo sumergimos en vino californiano que compramos en la Farmacia Navarro y lo cocinamos por varias horas.
Al desabrido bicho lo comimos con caraotas negras, arroz blanco, yuca frita, tostones y hasta arepa. Con las alas hicimos buffalo wings, fue un insignificante milagro santurrón o un acto de magia panteística porque alcanzó para todos. El espinazo los deshuesamos, preparamos hallacas y tamales de olla que guardamos en las heladeras que nos prestaron algunos pibes de los vecindarios aledaños. La gran fogata no podía faltar, ni la yerba, ni el aguardiente, celebramos el crimen del animal hasta bien entrada la noche.
Amanecimos aquí, sobre las blancas arenas de South Beach, aquí vamos a estar, aquí vamos a esperar hasta que llegué nadando o en balsa uno de los tres cochinitos. Ojala que no haya pleitos por monopolizar el apetito colectivo, porque una gran cantidad de venezolanos vamos a preferir hacer pan de jamón que asar al lechón para el día de navidad.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Ray Stephen Oche: Ikwunmokon Okoitiho
jueves, 24 de diciembre de 2009
¡Y finalmente pasó!
lunes, 18 de mayo de 2009
Vampiros en La Habana
Viernes o sábado por la noche. En el bar de Obispo y Obrapía, después de la fiesta, ahí vamos a tomar unos lagues con los socios. Siempre se aparece gente potencialmente interesante, pero hay que saber esperar. Esta noche nos cayeron turistas cuellos-flacos, ejercitados y con esteroides. Me dan asco. Converso con una pareja de canadienses y pretendo. Bien alegre, piensan, y dices lo preciso para no marear. Estudié en la Lenin, fui a la URSS. Tengo 42 años. Debes hablar y callar, volverte a ti, demostrar que eres civilizado. Te hacen preguntas políticas, hablan del país como si ese asunto le importara a alguien. Luego, cuando ellos dan la vuelta y remontan la calle oscura los sigues de lejos. Te mantienes calmado. Todo pasa muy rápido. Cuando lo ataco al tipo por la espalda ella no grita, el olor de la sangre la hipnotiza… intuye que te lo quieres comer y acaso te lo agradece, pero sólo antes que que se de cuenta de la verdad: ella es la próxima. Y luego viene el grito de horror primermudista -que no sale, porque ya le rompiste la cervical y procedes con calma a chuparle la vena aorta. Bienvenidos a La Habana.
domingo, 12 de abril de 2009
Benemelis x 2

Jesús Rosado
La tanda comenzó diluviante, con uno de esos chaparrones fecundos con que debe debutar una estación con oficio. Y terminó tarde espléndida, recién bañada, para completar la tarea de primavera. Buen augurio para la presentación de un ensayo cuyo título, De lo finito a lo infinito, levantaría seria sospechas metafísicas. Se trata del segundo texto con clave holística que recibimos de Juan Benemelis, una obra que ya ha sido precedida por Al caos con la lógica, otra disertación desertora de la trayectoria tradicional del Benemelis historiador y politólogo. Mientras atendía las intervenciones acerca de las expectativas sobre el nuevo texto y luego de escuchar un breve bosquejo sobre el mismo, descubrí de pronto que hay dos Benemelis. Sí, señores, no se sorprendan, este singular investigador tiene doble personalidad intelectual. Ojo que no estoy hablando de bipolaridad, ese desorden que se ha extendido entre nuestro patriciado erudito. Resulta que de un lado se aprecia el historiógrafo acucioso, metódico, prudente, desapolillador, analista empedernido e irritante para los defensores del acervo oficialista y monolítico, quien ya acumula una docena de voluminosos tratados imprescindibles para el estudio del totalitarismo contemporáneo y para el desenmascaramiento sicológico de la elite que gobierna a Cuba desde hace cincuenta años. Y ahora con este libro se me revela que hay otro Benemelis osado, polémico, especulativo, diletante, provocador, que sin prescindir del dato científico y con una prosa clara y convincente entrega material debatible, susceptible al reprocesamiento a escala de individuo. Él mismo expresó la causa de ese bicefalismo: el haber vivido tantos años en una sociedad hermética donde el derecho a la libertad cognitiva también es coartada, una prohibición que es reconocida pero casi nunca se menciona. Ese afán de vías de conocimiento alternativo al pensamiento y la academia oficialista es lo que con el tiempo ha repletado las sociedades teosóficas en Cuba, los centros de espiritismo, el cuarto fambá, los templos católicos, masones y protestantes, las sectas, las consultas de los babalawos y las gavetas de los filósofos subversivos. Esta última adjetivización está utilizada intencionalmente. Es para que se distinga a un auténtico estudioso de la filosofía dentro de la actualidad cubana y no se confunda con teóricos y practicantes del materialismo dialéctico devenidos en tribunos “plurifilosóficos”. Los filósofos subversivos, potestativos, sediciosos, o como se les quiera llamar, en verdad han tenido que hacer mucho ejercicio de gaveta, voto de silencio y martirologio de pestañas y al cabo de tanta cosmología acumulada, pueden darse ahora un lujo. Un lujo humilde si vale la contrapuesta. Un discreto y glorioso encanto de intelectual. Publicar lo meditado. Publicar para compartir ese privilegio que ellos reservadamente se autodispensaron. El de emprender vuelo desde la finitud de una sociedad asfixiante hacia el sin fin del conocimiento posible. Por ello, por sólo asombrarme al descubrir la prolífica dualidad de Juan Benemelis creo que valía la pena el aguacero. Y, por supuesto, la ulterior sonrisa de la tarde.
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El ensayo de Juan Benemelis fue adelantado a un grupo de interesados en una modesta presentación que se celebró amistosamente en la casa de Carmen Díaz, psicóloga, escritora, colaboradora de tumiamiblog y excelente anfitriona.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Déle a la matraca que es 31

Rosie Inguanzo
Ahora, más que en ningún otro periodo del año, queramos o no, tomamos parte en la consumación de símbolos fundamentales: rituales festivos, salpafuera jubiloso, para sepultar cierta tristeza de fin de año, nostalgias -grafía de la realidad, aproximaciones a lo vasto e inaprensible que nos acaece. Y la muerte, quizás la más aludida y representada por estas fechas, aumenta en un 20%, según el rigor científico del profesor Robert E. Davis. Valga agregar que el ilustre científico ambientalista, de la universidad de Virginia, reconoce que esto no necesariamente se debe al frío y las enfermedades invernales, ya que sucede por igual en el gélido NY que en el cálido Miami. El tal profesor está casi obligado a ofrecer datos y argumentar evidencias y estudios estadísticos, pero a otros nos es más sencillo asumir que durante estas fechas hay una mayor propensión anímica a la muerte. Incluso que todos los "sobrevivientes" del fin de año morimos un poco y que estas silenciosas ejecuciones internas pueden crear gran ansiedad. Ese es el recordatorio de la estación invernal: enfrentarnos cara a cara con la muerte inevitable, fin de ciclo. De ahí que en ferviente desafuero corramos a representar tan contundente designio. Por suerte, de la muerte (misterio al fin) no sabemos nada, si acaso su umbral, que es hasta donde llega el humano saber. Y ahí es donde la fe viene a alternar con las especulaciones “suficientemente justificadas” que propone la ciencia. Las representaciones simbólicas de nuestra finitud van desde el rojo sangre -que tanto nos adorna por esta época del año-, los cubos de agua por los balcones, los singulares rituales religiosos y hasta las comelatas familiares que ponen sobre la mesa mucho más que el dictado menú: sirven también el lazo familiar necesario que nos alivia de la muerte, el consuelo de la continuidad y de no sabernos solos ante la selectiva Dama de la guadaña (o todo lo contrario). Y es que el Hijo del Padre escogió fecha para nacer, reafirmando así la punzante realidad existencial del hombre. Para cuando el año termina y somos más viejos o más puros, recapitulamos sobre la importancia de nuestras vidas, sobre todo lo que hemos perdido y seguiremos dislocando con relativa torpeza (ya que no pasamos entrenamiento alguno para vivir más que el día a día), también distinguimos (y esto es particularmente compasivo por parte del orden de las cosas) que somos un poco más resistentes en lo efímero, que nos han nacido bondades como hijos y sueños donde la vida renace en sí, que después del gris suceden días de sol y renovada resignación y hasta tenues alegrías. Palpamos los remiendos del cuerpo, su cifrada autonomía y conjuros de permanencia. Por todo ello, si usted se deja llevar por un resfriado a la melancolía, o sale a comprar desaforadamente hasta empeñar la vida a cambio de gratificaciones inmediatas; o si, usted rompe relaciones, toma resoluciones, corre a reconciliarse, come más que de costumbre y sube unas libritas, dé gracias a Dios que tiene todos esos recursos simbólicos para expresar su ansiedad ante la muerte. Valga insistir en que la muerte, la mort, der Tod... es mera ostentación simbólica también (el leguaje lo es y Ella no se escapa). O sea, un algo desconocido y por ende potencialmente esperanzador. Así que represente a como de lugar el misterio, aproxímese con… menos miedo, exorcícelo, lance serpentinas tornasoladas, déle a la matraca, beba de unas uvas, desee sin escrúpulos, ofrezca flores blancas a Yemayá y sople su corneta al vacío del año que se nos muere. Feliz año nuevo.
jueves, 25 de diciembre de 2008
miércoles, 24 de diciembre de 2008
jueves, 27 de noviembre de 2008
Thanksgiving con Charlot
Jesús Rosado
Las noticias provenientes de la situación económica global son agobiantes. Los que hemos seguido día a día en Tumiami las acotaciones sobre el tema, nos estamos topando con un panorama cada vez menos halagüeño. Diríase, más bien, abrumador. Tan morados pronósticos han disparado, en las últimas semanas, mi sistema de alarma interior al punto de que en esta ocasión he decidido celebrar Thanksgiving al estilo de aquel inolvidable Charlot en The Gold Rush, de quien, por cierto, dudo hubiese votado por Obama, pues hallaría a Mr. Mild Chocolate aún demasiado centrista para su anatomía y sus ideas. Lo importante de esta cena con Carlitos es alistarme, más allá de la mofa a la miseria y sus instauradores, en la capacidad de convertir el hambre en un verso desenfadadamente estoico. Algo que como cubano no se me hace experiencia inédita y, mucho menos díficil de olvidar luego de un entrenamiento suficientemente largo. Por tanto, preventivamente me inclino hoy por un Thanksgiving chaplinesco que me haga recapitular, entre metafórico, abofeteante y enternecedor, que lo importante es –y recurro de nuevo a Charlot- “vivir con la felicidad del otro, no con su angustia”. Así que si alguien se embulla y quiere sumarse a compartir la suculenta suela de zapato les aseguro que será más que bienvenido. ¡Happy Thanksgiving, amigos, y muchas bendiciones!
La buena cosecha
Rosie Inguanzo
Gracias porque Miami ha cambiado, porque el voto demostró que Miami es más pro Obama (y no obamista, que refiere un culto a la personalidad –ese afán de los castristas y anticastristas, y aquellos latinoamericanos dañados por la servidumbre y el caudillismo -que no se ajusta al hombre sosegado, laid back, más bien melancólico, que aceptó la presidencia hace unos días), gracias porque vivo en una Miami menos republicano-cubano-recalcitrante (entiéndase también menos castrista, menos antigay, menos etnocentrista, menos antidemocrático, menos partidista, menos misógino y machista, menos racista, etc.), con miras al futuro, porque es una ciudad más compleja (o varias regadas sobre un bello pantano y una selva tropical), ¿más alienada de EE.UU.? (Miami en una país dentro de otro), también por ello más profunda. Gracias Dios mío por un Miami más latinoamericano y mezclado, más ecuánime. Gracias por la gratitud de los peregrinos. Y es que Thanksgiving o Día de acción de gracias es celebrar la buena cosecha; buen momento para meditar y expresar nuestro agradecimiento. No es una fiesta religiosa aunque muchos damos gracias a Dios por las bendiciones recibidas. ¿Dar gracias? A todo y por todo lo que nos trae felicidad. Gracias por la salud y la paz... el trabajo, techo, abrigo, por las personas amadas, los buenos amigos, el friecito tardío de noviembre, el sol, la playa y tú,... blogolandia, por el arte aquí, el buen cine, por este país inusitado, por la paliza que le dieron al presidente, la buena música, por la poesía de cada minuto, el teatro, el spanglish, el pavo (¡qué no esté seco por Dios!) y el pastel de calabaza, la torta de frutas, la buena literatura, los papagallos que sobrevuelan la US1, los fetecunes entre amigos de todas partes, los acentos y la hermandad entre la gente de Miami. Gracias por la impecable luz de esta mañana, por los parajes suizos, por la memoria viva de los que se fueron, por la ducha caliente y por el vino de buena cosecha, por los niños y las nobles lecciones de los viejos, que como el buen vino nos enseñan a emular con los misterios del cuerpo y lo añejo de la mente. Gracias por otro día más.
domingo, 23 de noviembre de 2008
domingo, 24 de agosto de 2008
Daniel Ponce

Vía la antropóloga Ariana Hernández-Reguant: Fidel's eyeglasses... buen blog de música cubana y brasilera (la botella de ketchup rota por el piso habla claro del contenido), en este caso comentando New York Now! el primer álbum del conguero Daniel Ponce, con grupo estelar de la época (entre ellos el desaparecido cantante Regino Tellechea).
Decía esto el New York Times de Daniel, en 1983: Daniel Ponce, the Cuban conga drummer who arrived in New York City in 1980, has been a leading mover and shaper in a fascinating crossfertilization of Cuban traditional, ritual and popular music with jazz and funk strains. His set Thursday careened along like a locomotive threatening to jump the track. It would slow down to focus on an individual element such as Mario Rivera's flute and trumpet playing, or Orlando (Puntilla) Rios's command of Yoruba polyrhythms. Then the first-rate band would fall back into the groove and off the music would go again. ¡Que tiempos aquellos en la Gran Manzana!
martes, 19 de agosto de 2008
lunes, 28 de julio de 2008

Micael Ávalos
Ella prefiere que la llamen simplemente Graciela y aunque es imposible decirlo todo aquí, tratemos de enumerar algunos aspectos de su vida: nacida en agosto de 1915 en La Habana, en el año 1933 entra a cantar en Las Anacaona, en los famosos cafés, "aires libres" les llamaban, frente al Capitolio Nacional y con ellas viaja muchísimo y graba unas pocas piezas en el año 37: "Maleficio", "Bésame aquí", "Algo bueno", entre otras. Al año siguiente, se van a París y dirigidas por Alberto Socarrás (otro músico cubano injustamente poco reconocido) comparten cartelera con Django Reinhardt. Abandona Las Anacaona en el 41 para tocar con el Trío García y al año siguiente, con El Trío de Nené Ayué. En el 43, se marcha con rumbo a Nueva York, por pedido de Mario Bauzá, para substituir a Machito como cantante de Los Afro-Cubans, ya que éste se tiene que ir a la guerra. Tras el regreso de Machito y por los próximos treinta años se suceden uno detrás de otro momentos increíbles: las dos AfroCuban Jazz Suites (1950 y 1952) con Charlie Parker y Chico O’Farrill; la mambomanía de los 50 con piezas para la Columbia como "Mambo Inn", "Mambo Mucho Mambo", "Holiday Mambo", "Zambia", "Sí, Sí, No, No" (donde Graciela presagia los desmadres posteriores de la Lupe); la fiesta permanente constante que fue el Palladium Ballroom hasta 1966, junto a los dos Titos: Puente y Rodríguez. Es una pena que haya que esperar hasta 1963 para que Graciela grabe un disco como solista, Esta es Graciela, del cual me gustan mucho "¡Ay José!", "El Gato con Tres patas", y "Mi Querido Santi Cló". Mucho más lamentable es que Graciela haya rechazado la oferta de dos desconocidos para que grabaran para un sello recién creado: Fania. Cuando no pudieron firmarla, se buscaron una substituta: Celia. El resto Uds. lo conocen. Después de separarse de Machito en el 75, Graciela y Bauzá siguen grabando ("La Botánica", 1977 y "Afro-Cuban Jazz", 1986) pero las carencias sonoras son evidentes. Machito muere en el 84 y Bauza nueve años después, pero Graciela sigue grabando y aunque con la voz ya rota, es todavía un gusto oírla cantar en su disco "Inolvidable" (2004), acompañada de su gran amigo Cándido Camero. Escuchen el último corte y comprobarán lo que les digo.





