Mostrando entradas con la etiqueta Cubaneo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cubaneo. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de diciembre de 2022

Navidad: Rumor en las despedidas



Eslinda Cifuentes

El frío azota al norte, pero aquí, luz impoluta, mediodía paradisíaco. En el aire la idea de que Dios nace de esta luz imponderable. Rebobino el control remoto de la vida (es 24 y he de ser nostálgica), me detengo un instante en el adorno de burbujas calientes del arbolito. De niña ardían los ojos de contemplar el altar de la iglesia de San Antonio cuajado de cirios; encandilados y sobrecogidos nos apretábamos las manos. Era solista meñique y cumplía con el rigor de un buche de miel pura para limpiar la voz: cantaba villancicos en proscenio con la mejor bata bordada agenciada por mi madre (a pesar de la pobreza generalizada) y mi madrina Carmita Villaraos marcando las entradas. El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve cubrió. La noche era un misterio cerrado; acostumbrada a irme a la cama a las 7pm —trastornada, espiaba la oscuridad, su componente siniestro— y la misa del gallo era la excepción, intersticio en la madrugada: fulgor de luces y aguinaldos, imágenes lustrosas de santos elevándose al cielo, incienso intenso, mi repertorio ensayado, la pandereta adornada con cintas de colores, las castañuelas negras, las claves, la expectativa sin límites. 

El esplendor del rito no ha vuelto a ser el mismo. A las doce en punto se hacía la magia cuando descubrían al niño de yeso y piel tostada, sus ojos azules de cristal, ¡había nacido! Se disparaban los aleluya y hosanna, cantos y jolgorio al margen de una Cuba comunista cerrada, militarización férrea y la persecución brutal a los religiosos. Fortuna de serlo sin máscara: el “Mi hijita, todo lo que te dicen en la escuela es mentira”, aún me salva la vida. El sonido del órgano enorme, mientras a gachas vigilaba los pies descalzados de mi madrina dándole a los pedales de madera, inflando de aire los pulmones del lujoso instrumento que trepaba por las paredes hasta el puntal altísimo —tubos dorados cual centella. 

Al final nos poníamos en fila para besar al recién nacido, satisfechos después de cada beso que el hermano Rafael limpiaba con una pañuelo blanco de hilo y encajes de plata. Postres ya muy tarde (o muy temprano), tostadas untadas con mermelada de guayaba servidas por el padre Serafín Ajuria. 

Alegría, rumor en las despedidas.

sábado, 30 de abril de 2022

El brazo fuerte


Ingredientes

⅓ cerebro,
⅓ orfandad hogareña,
⅝ neuronas ungidas en Fundador,
⅜ memoria del sabor de un pitillo Moore,
Manolo Caracol y cante jondo de fondo,
pizca de antojo de jamón serrano
,
pan crujiente 
y queso manchego,

Modo de preparación

Busca en los recesos grises de tu conciencia un taburete con una larga mesa de cedro lustrosa. Sobre la mesa, el plato blanco contiene un mensaje escrito en tinta roja. La mesa comienza a girar y la fuerza centrífuga lo traga todo. Asciendes por el largo túnel colmado de ecos familiares, gigantes de película, música de banda municipal y bullicio de fin de año. 

Caminas cogido de la mano de tu madre, dentro de una tienda llena de sacos y barriles;  jamones y chorizos cuelgan del techo. Los estantes repletos de quesos de distintos tamaños exudan olor a cuajada. Hay turrones envueltos en celofanes brillantes y barras de membrillo fragante. La bulla de los parroquianos en la compra y la probadera. Te recibe un viejo fornido y sonriente, el ancho mostacho silbando una tonadilla. Mirándote, pronuncia: A Dios alabanza y al niño llenar la panza. Reparas entonces en un plato en la pared, con una inscripción escrita en rojo. Mami, quiero eso. Tu madre y el viejo se miran con suspicacia. Este último alcanza el plato y te lo muestra. No sabes leer aún, pero interpretas sin dificultad alguna que ese mensaje es solo para ti.
 

viernes, 17 de enero de 2020

La croqueta: patrimonio nacional



JR

Se ha celebrado por todo lo alto el Día Internacional de la Croqueta, esa receta que algún día nos inventaron los franceses para deleite de la merienda rápida. Se le atribuye la iniciativa a Louis de Bechamel, responsable del menú del rey Luis XIV. Pero, los historiadores afirman que fue el chef Antoine Carmenere quien le dio acabado a la idea al recubrir la fritura de la masa bechamel con una capa crujiente. Y, bueno, hay más hipótesis que la remiten a los cocineros florentinos del siglo XVI.

Lo cierto es que en Cuba, desde que tengo uso de razón, la croqueta tuvo un lugar especial en el consumo nacional. Se dice que ya muy temprano en el siglo XX, introducida por los españoles, invadió el paladar cubano para no abandonarlo jamás.

Mi madre preparaba la masa bechamel pero mezclado con la textura proteica. Picadillo si eran de carne. Les aclaro que estoy hablando de la década del sesenta AOF (antes de la ofensiva revolucionaria) del siglo pasado. Hebras de pollo si eran de pollo, o bacalao, si eran de bacalao. Mi padre decía que una croqueta a base de bechamel nada más no era croqueta. Y recuerdo que la preparación de la hebra era tan especial como la bechamel. Tenía su rollo. El viejo le dedicaba tiempo y secretos.

Con los años la croqueta, a falta de carne, fue sustituyendo en Cuba a la popular frita. Y la historia de la receta fue evolucionando a la par de la degradación del status quo de la sociedad cubana bajo la dictadura. Antes de su definitiva decadencia, una de las más famosas eran las de la cafetería La Cocinita cerca del Hotel Riviera, en la época en que todavía te servían ketchup en la mesa.

En la medida que faltaban ingredientes fundamentales y el componente proteico desaparecía, la croqueta en el territorio nacional asumió las variantes más insospechadas. No obstante, fue adquiriendo cada vez más protagonismo, no tanto para la alimentación, como para mitigar la sensación desolada del estómago.

Croquetas hechas de harina por dentro y por fuera. Croquetas grasientas, “enchumbadas” en manteca de manera tal que recubría el epitelio estomacal y lo protegía del ataque de los jugos gástricos del hambre, o de los embates del ron Legendario o la Coronilla. Croquetas concebidas de los materiales más disímiles. Si en Europa desde hace siglos se conocían las elaboradas con patatas, en la Cuba revolucionaria  se concibieron de yuca, de boniato, de lentejas, de chícharos, arroz, de quimbombó (con su babita), de cáscara de plátano y de “averigüe usted qué”…Masa cárnica, pasta de oca, picadillo de soya, fricandel y no se sabe cuántos otros pecados inconfesables de la cocina de Satanás.

¿Quién no se acuerda de aquellas croquetas pegacielo, cuya fórmula indescifrable las hacía un manjar propicio para ejercitar los músculos bucales y faciales y nos entretenía durante largo rato en el esfuerzo de despejar con la lengua paredes y conductos destinados a la entrada de alimentos en el organismo humano, sopena de exponernos al susto de una obstrucción respiratoria? No obstante, aquel mortero cochambroso adquirió junto al huevo y los chícharos un rol heroico en la supervivencia del pueblo.

Los que conocimos en la infancia lo que era una croqueta genuina, nos fuimos decepcionando con su trayectoria histórica en la medida en que el desastre comunista nos arrojó a la cuneta.

Por ello, los que nos fuimos, una de las cosas que más agradecemos es poder haber recuperado el encanto de la receta. Acá en Miami, es quizás la presencia más reconocida en las cafeterías de la ciudad. Las hay famosas. La croqueta de jamón del restaurante Islas Canarias, para mí la más representativa en cuanto a elaboración y sabor para el gusto criollo. Las de bacalao de Casa Paco, donde nuevamente nos topamos con la deliciosa hebra. Las de espinacas de Vicky o Gilbert Bakery. Las de prosciutto de Galindo Restaurante. O las cuban-american de Finka.

La más discreta croqueta en Miami es, indiscutiblemente, una croqueta digna. Sana. Está hecha con diligencia y ganas de vendérselas al comensal. Nos recuerda a los cubanos por qué alguna vez se convirtió en patrimonio nacional. No hay nada como paladear su masa saborizada, ligeramente atizada con sal, sin galletitas ni acompañante alguno, para luego degustar un buen café.

¡Ah, croqueta, sabemos que volverás con la fuerza de antes!, junto a todo ese goce usurpado: el de los pastelitos de guayaba, el del son auténtico y la libertad sin racionamiento. Volverás con todo el decoro del plato monárquico, no como te llegamos a ver, ultrajada y adulterada.

Ya los cuentapropistas en La Habana, dicen que la han estado rescatando y la han convertido nuevamente en una oferta apetecible. La van enalteciendo como un monumento con vigencia. Bueno, al final de la jornada, todo lo rescatable espontáneamente en Cuba es un homenaje a los caprichos cortesanos de la otrora metrópoli. Golosina local para cronistas y viajeros. Y son ganas de que el mundo se fije de nuevo en la isla y son trampas para atraer. Tanto para europeos, como chinos, rusos y, sobre todo, para el imperialismo yanqui, un monstruo al que el pueblo en penurias necesita tanto.

lunes, 3 de junio de 2019

"Buda era centrista, Zaratustra no". Diez preguntas para Ángel Velázquez

aLfreDo trifF

Ángel Velázquez. Agradezco que separes un tiempo para esta entrevista informal y algo humorística, para tumiamiblog. Eres cubano, historiador, escritor y te interesa el pensamiento en general y la filosofía en particular. Te veo como una figura proteica. Alguien que mueve fichas y convoca y tiene algo importante que decir. Aprecio que haces todo esto con una dosis de humor que no nunca llega al choteo.

¿Cuántos libros has publicado? Y para futuros escritores interesados ¿cuál es tu receta?

Más de una docena de libros. Y me sorprendo anonadado a cada rato del hecho, porque cuando miro hacia atrás en el tiempo (unos diez años) la memoria no es capaz detectar y asimilar cuándo y cómo pudo acceder a tal acto de publicaciones. De pronto, te parece mentira, un sueño pesimista, nihilista, te invade. Te responde: ¡no es verdad! Pero estas son las maravillas raras de la mente humana: crear olvidos y espacios silentes para una existencia renovada. La técnica para lograr una existencia renovada de escritor de largo alcance, perdurable, la podemos conquistar a través de un ejercicio intelectual publicitado por Paul Valéry desde sus comienzos como escritor. Siguiendo a Nietzsche, Valéry se impuso un método de escritura sacado del proceder ascetológico. Durante casi 50 años escribió disciplinadamente, todos los días en la mañana, para sus cuadernos de apuntes. Si tendríamos que definir ahora en qué consiste la existencia de una técnica para escritura y escritor no hay mejores ejemplos empíricos y fenoménicos que los ejercicios realizados por Valéry en los Cahiers.

¿De dónde sacas tanta energía, del ego?

El ego es nuestra fuente, constituye nuestra fuerza como existencia. Es nuestra libertad sobre el dominio del poder. Para el sexo, el ego es la base. Un mal entendido ha emponzoñado este carácter de por siglos. Uno de los grandes anhelos intelectuales de Nietzsche era desvolver a la humanidad, a contrapelo del dominio del cristianismo, la naturaleza del egoísmo. Ayn Rand tomó nota de eso y escribió para la libertad de América dos de las novelas más importantes de la década de 1950: El Manantial y La rebelión de Atlas. Las razones por las cuales en esta última producción literaria la novelista de origen ruso se pregunta insistentemente quién es John Galt no ha sido dilucidada. El ego es energía, metáfora de la vida perspetivesca. De ahí saco mis perspectivas….

Te considero un disidente de la ortodoxia. Sin embargo, le apuestas a la cubanía. ¿Qué es la “Convención de la Cubanidad II?”

Apuesto por la cubanidad como herencia. La cubanía es una forma de dominación (engendro ideológico del totalitarismo cubano). Los intelectuales cubanos no están a tono con respecto a esta dicotomía. Si lo analizas a fondo, "cubanía" no expresa continuidad, renovación, traslado. La cubanidad, a pesar de la impronta positivista de sus originarios posee una dinámica intrínseca. Cuba-nidad significa –y sigo aquí las imposturas de Heidegger– un nido del ser para la herencia. Esto hacía falta entenderlo en el exilio y la diáspora cubana. De ahí la idea de la Convención. Necesitamos reunirnos para para saber hasta dónde la cultura cubana se extiende y se ramifica desde sus postulados originarios. Nadie se ha preguntado en qué consiste el Monte Daisen cubano. Arrojados ahí, en medio del desdén de lo abierto, somos hasta cierto punto una convención fuera de Cuba. Convención significa un estado de conservación por naturaleza hereditaria…

Eres Nietzscheano. Cultivas una idiosincrasia del ego. Pero ¡qué ego con el ego! ¿Eres egoísta, filosóficamente hablando? Me refiero a esa tradición germano-inglesa, desde Fichte y Adam Smith del egoísta que busca su interés prudentemente.

No soy nietzscheano, soy el heredero postrero de Nietzsche (risas). Por eso cultivo la idiosincrasia del ego. Me remonto a las ideas de un egotista caviar como Max Stirner. En 1844 escribió El único y su propiedad, contra las ideas de los Jóvenes hegelianos. Para las ideas individualistas de Stirner el socialismo utópico y científico de la época era intolerable. Entendió que la producción de bienes y de consumo, antes de pasar por la sociedad y la cultura, debía ser procesado primero por la fisiología humana. En eso consiste la inteligencia –y prudencia del ego. Fichte habla de un yo trascedente, Smith de un yo invisible, Steiner se refiere a un yo hedónico, casi literario, que desea probar todo lo consumible antes de procesarlo fisiológicamente. Aquí nos topamos con una herencia cubana, que Lezama Lima lleva a cabo como experimento literario en Paradiso. El ego sigue siendo nuestra necesidad, aunque lo confundan con la manía de grandeza…

Eres dado a lanzar léxicos excéntricos como “Ego de Kaska”. Hasta tienes un “Eka TV”. ¿Cuál es tu fascinación con la “K”?

Estoy siempre fuera del centro. Y hay una historia antiquísima de la excentricidad. La primera secesión cultural, sobre el origen de la alta cultura (que la literatura demuestra en sus primeros alegatos), es tan babilónica como latinoamericana. Es una tendencia casi humana ir, por idiosincrasia, hacia el centro. Buda era centrista, Zaratustra no. Salomón es centrista. La "C" marca nuestra tendencia simbólica actual. Kafka se dio cuenta de ese egocentrismo de la literatura moderna y decidió crear el universo "K". El universo kafkiano es, en nuestra pobre opinión, exegocentrista. Musil crea con el hombre sin atributos una kakiana, un exegocentrismo epistemológico, una ciudad para ser la literatura. La alta cultura, según Helmuth Plessner, es sensible a esa forma de vida ex. Intuyo la "K", no como universo del absurdo, sino como fenomenología real. La "K" nos distingue: es la entelequia del socialismo real (risas).

Le dedicas mucho tiempo a la cultura y apadrinas lo que llamas “Instituto Cubano de Ciencias Culturales de la Diáspora”. Brevemente, ¿qué es la cultura cubana?

Te asombrarás. La cultura no existe sino después de mí (risas). Estuve leyendo hace un par de días al poeta José Manuel Poveda, releyendo sus Versos Precursores, la sección Nietzscheana. Me topé con un símbolo, "casa". La cultura es una casa simbólica, un arjé. Y como intuye Bachelard, un espacio. Allí donde hayamos la construcción simbólica de un espacio para guarecernos e inmunizarnos de la desazón humana hay cultura. Fernando Ortiz desvió su investigación sobre la cultura cubana. Fue demasiado positivista, produjo enormes libros, tematizó sobre la historia de la transculturación, pero dijo, en cambio, algo excepcional: la cultura es como un catauro, un contenedor. Nadie de los cubanos hasta ahora ha enfocado la cultura desde este ángulo.

Tienes un acercamiento con Franz Kafka. ¿Hay alguna relación entre Kafka y “kasca”?

La correlación es intuitiva. Más arriba aduje ciertos pormenores. Kaska es una intuición de nuestro poderío como ser circense (de alguien que busca cierto equilibro en la vida). En mis años universitarios fui atleta de campo y pista, corredor de velocidad, de 100 y 200 metros planos, eventos que combinaba con el arte de la disidencia existencial. Experimenté entonces que la fuerza podía relacionar simétricamente dos universos, el de la intuición genética del cuerpo y la del intelecto. Todavía mantengo esa intuición acrobática…

Has discutido el tema de "la acrobacia". ¿A qué te refieres: cabriola, gimnasia... circo?

Todo junto, como metáfora. Ni para la muerte, ni para la resurrección, ni para la trascendencia, el hombre es un ser para la acrobacia. Hay una historia sobre Alcibíades, el héroe griego, que relata sus habilidades como funámbulo: la capacidad de poder caminar por encima de la ciudad sin caer al suelo. Es el descubrimiento del Gay saber de Nietzsche. El prólogo de Así habló Zaratustra comienza con una escena acrobática del funámbulo, que muere al caer de la altura por falta de un entrenamiento riguroso. No pudo sobrepasar el peligro y abismo se le hizo falta. Kafka, siguiendo a Nietzsche, tuvo la intuición de democratizar el espíritu del espectáculo circense a través de la metáfora del hambre. "Hay hambre", nos cuenta Kafka en toda su obra: hambre de reconocimiento, de poder, de violencia, de deseos y de figurar en forma de acrobacia. Después el dadaísta Hugo Ball, siguiendo estas tentativas, implemento en su Cabaret Voltaire esa actitud crítica acrobática ahora como laperformance. Los que han hablado de la cultura del espectáculo no saben lo que dicen (risas).

Me parece muy interesante lo que has hecho con la edición de Alberto Lamar Schweyer, que prologaste para Ediciones Exodus. Cuéntanos de eso.

En estos momentos trabajo para una edición de su libro La palabra de Zaratustra. De Alberto Lamar Schweyer hemos reeditados dos libros: Biología de la democracia y Las rutas paralelas. Es un autor olvidado y proscrito por la tendencia literaria predomínate de la cultura cubana. Por qué, hay mucho criterio. Se le acusa de fascista, neo darwinista, anti-positivista, anti-marxista, anti-democrático. Yo que he leído una gran parte de su obra ensayística sospecho sobre un perjuicio que nos colma en la actualidad: la muerte de Dios y la del superhombre. Vio algo que no hemos visto sobre la cultura cubana: el ser cubano es una lucha para la herencia y para tener herencia.

¿Cuáles son tus próximos planes?

Seguir trabajando en pos de los desafíos de Ego de Kaska. Ser mejor acróbata del hambre. El deseo infinito de promover a los artistas y escritores del exilio y la diáspora y de publicar pronto tres libros, dos de ensayos y una novela de 700 paginas (risas). Estoy enfrascado en estos momentos escribiendo un libro para festejar la memoria del Alberto Lamar: Herencia: una heterotopía contra el pecado hereditario.

domingo, 2 de julio de 2017

Ignacio T. Granados entrevista al caricaturista Gustavo Rodríguez (Garrincha)


Rosie Inguanzo

Ignacio T. Granados (Ediciones Itinerantes Paradiso) lleva tiempo entrevistando a distintas figuras de la cultura exiliada. Esta vez le tocó a Garrincha (Gustavo Rodríguez), caricaturista cubano. Para Garrincha su trabajo es una extensión de sus dibujos infantiles. “El comic (o historieta) es un género del enemigo (…) no te permitían participar en concursos internacionales, (lo que es) una gimnasia intelectual muy saludable”, dice. Ya en privado Gustavo me cometa que, antes de él empezar a publicar, una vez alguien había dicho a los caricaturistas que no participaran más en un concurso en Canadá porque era patrocinado por la Coca Cola. Y es que hay una contradicción esencial entre la falta de libertad de expresión en Cuba y la caricatura. Ésta decanta por el arquetipo para amplificar el defecto, la característica sobresaliente, y mofarse de ello a modo de cuestionar, criticar. ¿Humor gráfico dentro del margen estrecho de la censura? Al cubano, tan propenso al choteo, sin embargo, no le divierte el autochoteo, de acuerdo a Garrincha. En conversación con Granados, surgen temas como el “cubismo” en la caricatura y vienen a la mente las curvilíneas criollitas de Wilson. Recuerdo que de adolescente coleccionaba Palante y Dedeté. Las compraba, junto con libros de Agatha Christie, Alexandre Dumas, Émile Zola, Miguel de Carrión, Henryk Sienkiewicz, etc., en la librería de la calle San Rafael, frente a la parada de guaguas, donde tomaba la ruta 132 hacia Miramar después que salía la secundaria obrero campesina "Mártires de la Moneda", en la Manzana de Gómez (sí, eso nos tocó a los gusanos que no logramos salir por el Mariel, menores de edad, expulsados con actos de repudio de la escuela regular). Desafortunadamente tal vez, a Pionero ni la miraba, prejuiciada por el nombre de la revista y su carga adoctrinadora (siendo gusana de nacimiento) le tenía un rechazo visceral.¡Qué me apareciera en casa con una de ésas! No se pierdan a Garrincha cuando recuerda las “caricaturas habladas” entre él y sus compañeros en el equipo de Palante; lo que no se permitían en el material impreso y que luego los administradores podrían usar como castigo o manipularlos para que participaran en “campañas políticas”, por ejemplo. Ahora mismo extraigo del librero dos libros distintos: uno muy soso que compré en la Feria del Libro en La Habana 2015, Diez humoristas gráficos cubanos; y otro delicioso de Alejandro Aguilera, Seriously Funny (Political Cartoons and Ilustrations). Definitivamente, qué importante es para el humorista gráfico desenvolverse en un margen de libertad y cómo se beneficia una sociedad del ejercicio crítico, el humor y la jodedera.
Aquí les dejo el enlace a la página de Garrincha Toonz.

lunes, 5 de septiembre de 2016

La oración de todos los buenos cubanos

 
El Castroleum de Rafael Fornés

Que el primogénito de la muerte le devore lentamente la piel y que el demonio le atenace los huesos. (Así sea.) Que en la vigilia viva siempre temiendo puñal, fuego y veneno, y que en el sueño nunca el espanto lo abandone. (Así sea.) Que no logre ver más que la sangre de su crímenes y que no oiga otra cosa que los gritos y maldiciones de sus víctimas. (Así sea.) Que su alma sea entregada para siempre al rey de las tinieblas y que nunca alcance ni un atisbo de la luz eterna. (Así sea.) Que su estirpe desaparezca de su pueblo y que su memoria sea borrada del mundo. (Así sea, así sea.)—Vicente Echerri.

jueves, 7 de abril de 2016

Miami después de Obama en La Habana


Miami siempre ha sido vilipendiada por los cubanos de ambas orillas y por los yumas también. Después de Obama en La Habana, Miami es reevaluada --y apreciada. Hoy Miami y sus cubanos tienen la portada de la sección de Viajes en el New York Times. 

(((duélale a quien le duela))) 
En Miami y en La Habana se pueden encontrar lugares para bailar el chachachá o la salsa y comer ropa vieja. La gente de nuestros dos países ha cantado las canciones de Celia Cruz y de Gloria Estefan y ahora escuchan reguetón y a Pitbull. Millones de personas de nuestros países tienen una religión en común, una fe a la que di homenaje en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad en Miami, una paz que los cubanos encuentran en La Cachita.[...] En Estados Unidos tenemos un monumento claro de lo que pueden construir los cubanos: se llama Miami. -- Barack Obama, La Habana, 2016.

lunes, 15 de febrero de 2016

La inmadurez política del cubano



Ignacio T. Granados Herrera

La inmadurez política no es invalidante para el criterio, pero definitivamente lo distorsiona al determinarlo desde su raíz; ese es el tipo de problema al que se enfrentaría la comunidad cubana en los Estados Unidos, desde su propia experiencia, políticamente traumática. Para el caso, una verdad de Perogrullo —nunca sobran— recordaría que el trauma explica la inmadurez pero no la soluciona; por lo que, por más legítima que sea la dificultad, más le vale al individuo sobreponerse a esos terrores de la infancia… y madurar al fin. Todo esto es a propósito de un paralelismo malévolo que se ha establecido entre las figuras de Fidel Castro y Bernie Sanders; que no deja de ser maligno aunque recurra a la propia filiación socialista de Sanders, sencillamente porque Fidel Castro fue de todo menos socialista. Lo peor es que la asociación no se detiene en el fantasma de Castro, que aún determina la vida de los cubanos hasta en el exilio; sino que se extiende a otras figuras no menos polémicas en su ambigüedad ideológica, como Hitler, Lenin, Mussolini y Franco.

Que Fidel Castro todavía determine la vida de los cubanos hasta en el exilio, es francamente lamentable; sobre todo expone esa dolorosa inmadurez, por la que no han sido capaces ni siquiera de resolver el problema cubano, y todavía pretenden comprender el norteamericano; por más que sea cierto que ese problema norteamericano también les es propio, como comunidad al fin y al cabo insertada en suelo norteamericano; pero lo que sólo añade complejidad al asunto, no lo aclara, y mucho menos ayuda en el discernimiento de una solución. Las diferencias entre Fidel Castro y Bernie Sanders son sencillamente tan abismales, que sólo se pueden negar desde la retórica; es de ahí de donde se concluye la malignidad, no por una cuestión moral, sino por ese pésimo hábito de la tozudez. Es en definitiva esa tozudez lo que denota el nivel de inmadurez, como una incapacidad para el razonamiento de buena fe; haciendo de toda discusión un ejercicio inútil, pues ya está claro que lo que va a ganar no es nunca la razón.

Más allá de esa obviedad conviene entonces enumerar siquiera algunas de esas diferencias; que siendo abismales sólo añaden perplejidad ante las dimensiones de esa inmadurez, que hace a los cubanos tan obstinados contra la realidad. La primera de estas diferencias no sería —como puede parecer— el concepto mismo de socialismo en uno y otro caso; ya que como principio, está claro que Fidel Castro no era socialista así lo creyera él mismo, porque era sólo un matón manipulador. La primera de estas diferencias sería el ascendiente de Sanders como un político con amplia experiencia en el Senado de los Estados Unidos; que no sólo no es el Senado de aquella Cuba de antes de 1959, al que ni tan siquiera llegó Fidel Castro en su personalísima gesta de violencia consuetudinaria; sino que además es la plataforma de negociación más eficiente que ha tenido la Modernidad, y en la que Sanders ha sobrevivido con no poca ganancia y sobre todo mucha dignidad.

Después de eso, sí tocaría discutir el sentido de esa filiación socialista, aunque habrá que dejar eso de lado por la comprensible incapacidad nacional para superar el trauma infantil; para llegar de cualquier modo al tenso equilibrio en que las fuerzas políticas forcejean en esa plaza pública que es el Congreso de los Estados Unidos, imposibilitando todo lo que no se atenga a un consenso siquiera mínimo. De eso se trata, del equilibrio de poderes en los Estados Unidos, que hasta llega a permitir la corrupción en ellos con tal de mantenerse; y en el que un individuo como Sanders puede influir, dando un sentido a la fuerza, pero sin que llegue a sobrepasar el nivel de tolerancia de la estructura total. Quien recaiga en la comparación maligna con el método avieso de Fidel Castro, habrá de recordar que ese Castro pudo hacerse con el poder en Cuba porque sí tuvo un gran poder de representación; aún si eso fuera para concentrar en sí lo peor del pueblo cubano, que eruptó como un grano en la lozanía adolescente de nuestra cultura nacional, para frustrarla en su adultez.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Abril raro

Carlos Otero Blanco


Luis Soler

Era un día de abril raro. Raro como suelen ser los sueños. Desde que me levanté me pareció que todo estaba fuera de lugar pero a la vez todo parecía estar en su sitio. Me di cuenta apenas abrí las persianas de la sala y la claridad no me causó ninguna molestia en los ojos. Había como un filtro de luz en el ambiente y todo parecía ser el reflejo de un espejo viejo que ha perdido el azogue. No podía precisar si hacía frío o calor; el cielo no estaba ni despejado ni nublado y no se escuchaba ningún ruido ni algarabía en las calles. La chimenea de la fábrica de cemento soltaba un humillo blanco intermitente formando una enorme costura en el cielo. Negrita, mi perra, no ladró a las palomas posadas en el alero que habrían salido revoloteando asustadas como siempre que se abrían las ventanas. Estaba echada a mi lado lamiendo una figura china de yeso. Definitivamente era un día muy diferente. Tanto, que no escuché gritar a Violeta, la vecina del apartamento de al lado, en su sección de sexo matutino con marido de turno. Tampoco sentí la asquerosa y desagradable peste proveniente del tanque de basura situado justo en los bajos de nuestro balcón, y que cada mañana inundaba la casa de fetideces. Para colmo de rarezas me fijé que las plantas de mi suegra, sembradas en improvisadas macetas hechas con botellas plásticas de Coca Cola cortadas a la mitad, finalmente reconocían la llegada de la primavera. Entre sus hojas brotaban unos preciosos botones de marpacífico rojo.
Respiré y sentí el penetrante olor de la nada inflándome los pulmones al punto que me dieron ganas de vomitar.

Desayuné un vaso de café claro con azúcar prieta y unas galletas de sal medio zocatas que encontré milagrosamente encima de la mesa. Salí con la prisa de quien escapa y no sabe de qué, de quién ni de dónde. Con sigilo me encaminé rumbo a casa de Maritza. Bajé por la calle Lugareño y al llegar a la esquina de la farmacia vi que había un gran cartel en la puerta que decía: Se acabó el colirio. Llore y use sus propias lágrimas como gotas oculares. No, pensé, no era para nada un día común. Las pocas personas que vi por la calle a esa hora de la mañana parecían estar ausentes de sus cuerpos y la alegría que mostraban sus rostros eran como mascarás de papel maché. Saludaban a nadie en particular y sus gestos, sus movimientos, eran teatrales, especie de kabuki tropical. Al atravesar la calle Montoro una cola interminable de personas con jabas de nylon azul colgando del brazo, daba vuelta a la manzana. Le pregunté a una señora qué era lo que vendían allí: Tiempo, hijo, venden tiempo; toca una quincena por persona —respondió amablemente. Lo curioso es que, sin pensarlo dos veces, ya me dispusiera a incorporarme al final de la fila para comprar la porción de tiempo que me tocaba. Pero entonces una pionerita salida de la nada, masticando su pañoleta roja como si fuera goma de mascar, me dio unos tironcitos al pulóver recordándome con un gesto mudo del mentón que debía apurarme en recoger a Maritza.

Seguí caminando hasta llegar al parque La Pera y noté una nube grisácea cubriendo exactamente el área de la alameda central. Siempre escuché decir que este parque era el único en Cuba que tenía las cuatro estaciones del año; de hecho, estábamos en primavera y todos los árboles estaban florecidos. Lo raro es que desde la suntuosa Ceiba del centro, las majaguas, los ficus y hasta los almendros, todos estaban copados por un solo tipo de flor: marpacífico rojo. Los viejitos asiduos que leían el periódico o animadamente conversaban de pelota y de política, esta vez estaban demasiado quietos; parecían estatuas de cera, inertes, como sujetos a los bancos. Había demasiado silencio. Solo se escuchaba el sonido proveniente de un pequeño radio de pilas que sostenía en el regazo uno de los ancianos. Fijándome en ellos descubrí que tenían la mirada velada, como perdida en la lontananza, en dirección a un punto entre la tarja erigida con motivo de la visita del principado de Asturias y el abandonado cine Maxim. Tal vez ni siquiera miraban hacia ese punto, porque noté que los ojos agrietados de estos viejos estaban cubiertos por una opacidad cristalina muy parecida al blanco velo de las cataratas. A pesar de la escena espelúznante, sus expresiones no eran macabras; estaban suavizadas por cierta ternura. Quizás miraban hacia atrás, refugiados en algún lugar benevolente de sus pasados y no a la desesperanza del presente. No pude divisar a Andrés, un viejito flaco y desgarbado como un garabato que siempre me saludaba cariñosamente.

Lo busqué por todo el parque y al no verlo me dirigí a Fefa —la anciana chismosa y vivaracha que hablaba más que una cotorra— porque ella que sabía la vida, obra y milagro de todo el mundo en el barrio, tal vez pudiera orientarme. La hallé apartada en un extremo del parque, sentada sobre un viejo columpio de gruesas cadenas de acero, y le pregunté por Andrés. Trabajosamente levantó su mirada repleta de niebla y sin mover ni un solo músculo del rostro me dijo con aspereza: Andrés se ha muerto de hambre, murió de hambre. Bastó que dijera esto para que el resto de los ancianos iniciara una acoplada letanía de susurros coreando al unísono: De hambre, de hambre, murió de hambre. Vi que Fefa comenzaba a columpiarse con la ligereza de una niña y luego con más fuerza. Su boca se abría desmesuradamente mostrando las encías púrpuras y sin dientes. Poco a poco Fefa fue incrementando su balanceo con tal fuerza que las cadenas del columpio comenzaron a chirriar como si fueran a reventarse de un momento a otro, lanzando expedita a la anciana por los aires. Pero sucedió que los pies propulsados de Fefa, alcanzaron la nube gris que había sobre el parque, perforándola y produciéndole un agujero del que salió un aguacero repentino que inundó todos los alrededores haciendo del parque una isla verde con sus maniquíes viejos, dóciles, mirando la nada. Mientras más llovía, por los bordillos de las aceras se precipitaba una peligrosa corriente de agua que amenazaba arrasar con todo.

Cuando escampó miré hacia los árboles; las flores de marpacífico se desprendían y volaban rumbo al norte como una bandada de pájaros incandescentes. Algo más raro aún sucedía cuando de las alcantarillas comenzó a brotar una masa cárnica cuyo olor nauseabundo atrajo a decenas de perros callejeros que, al tratar de comerla, quedaban atrapados desapareciendo en ella sin dejar rastro. El nivel del agua ya había alcanzado la zonas más bajas del parque formando unas pozas lo bastante profundas como para que muchos de los ancianos comenzaran a ahogarse pasivamente, en una especie de suicidio colectivo. Súbitamente, unos niños negros semi desnudos y descalzos llegaron hasta la enorme Ceiba y comenzaron a jugar chapoteando por donde corría el agua. Con los pies destupían las alcantarillas permitiendo que el nivel de las aguas bajara dejando al descubierto sobre la acera, miles de caracoles y conchas marinas. Todo parecía volver a la normalidad. A través de unos viejos altavoces pertenecientes a la fábrica de tabacos se escuchaba un fragmento del sermón del monte: Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

Fue entonces cuando la tierra enojada, comenzó a temblar y a abrirse. Las grietas eran tan grandes que se fueron tragando uno a uno a los ancianos ahogados. Recordé que en abril la tierra se abre con mucha facilidad esperando la copula de las aves que traen semillas en las plumas; pero no se veía ni un solo gorrión por los alrededores.

Retrocedí asustado, y apurando el paso me alejé de allí. Jadeando llegué a la casa de Maritza. Para recuperar el aliento me senté en uno de los escalones al tiempo que me preguntaba ¿qué me estará pasando?, como quién duda de si está despierto o dormido, cuando alguien me tocó por el hombro. No sé qué sentí cuando vi a mi lado al viejo Andrés, supuestamente ahogado unos minutos antes. Con los ojos cerrados me zarandeaba con una mano mientras que la otra mano se la llevaba a la boca pidiéndome algo de comer. Abría la boca desdentada y abría los ojos con las cuencas vacías. La pionerita también reapareció con la mano derecha abierta sobre la frente en saludo militar frenético, proclamando: Pioneros por el comunismo, ¡seremos como el Ché! El viejo aprovechó mi distracción con la niña para registrarme las ropas. En uno de mis bolsillos encontró, no sé cómo, un cartucho de galletas zocatas. ¡Maná, maná del cielo!, gritaba feliz. Avisada, una turba violenta que se desgañitaba en consignas comenzó a acercárseme con la evidente intensión de hacerme daño. Vi que venían todos: la gente que hacía la cola interminable dispuesta a asfixiarme con sus bolsas de nylon azul; los ancianos inermes del parque salían de las tumbas con los puños crispados contra mí.

Resultaba chocante que la gran Violeta, mi vecina voluptuosa y gritona en la cama, se acercaba libidinosamente con sus enormes tetas descubiertas. Dos policías que ese preciso momento llevaban preso a un ladrón, lo dejaron escapar, para acto seguido correr tras Violeta que a su vez corría hacia mí con el pecho al aire. En un gesto automático de supervivencia me llevé las manos a los bolsillos del pantalón y comencé a sacar cartuchos y más cartuchos de galletas zocatas que lanzaba a la multitud que cada vez estaba más agresivamente cerca. Casi a punto de alcanzarme la turba, por una esquina del parque salió un mulato gordo y sucio gritando a todo pulmón: ¡Caballero llegó el vino espumoso!

Con idéntico automatismo la muchedumbre frenó en seco, dio media vuelta en dirección al camión-pipa aparcado a un lado de la tabaquería. Suspiré aliviado; aún asustado y con espasmos estomacales subía la escalera cuando la pionerita tiró de mi brazo y con mirada pícara me dijo: Llévame contigo chico, anda, yo te dejo tocarme el pipi igual mi papá y los amigos de mi papá. Ya se disponía a levantarse la faldita roja del uniforme, cuando desperté gritando y empapado en sudor. Tembloroso y espantado me di un baño rápido y salí con la misma sensación de huida que había soñado. Afuera había un típico día de abril. Dos policías llevaban maniatados a un ladrón de bicicletas, y la voluminosa Violeta desde su balcón puteaba con el bodeguero que subía al Chevrolet del 57 rojo desteñido; a un costado de la tabaquería, unas cien personas con bolsas de nylon azul colgando de los brazos, hacían una inmensa cola en espera de vino espumoso. En los solares yermos las grietas en la tierra esperaban la llegada de las primeras lluvias de mayo y a los pájaros con las alas cargadas de semillas. El fantasma de la inopia recorría las calles de La Habana y la miseria se enseñoreaba de la cotidianidad, mientras yo iba rumbo a Guanabacoa a consultarse con un Babalawo. Igual que en el sueño, los viejos del parque escuchaban bajito la emisora enemiga Radio Martí, quietos como estatuas, las miradas perdidas en el tiempo.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Jimmy Carter (con respecto a los embargos y el sentido común)

La imposición de embargos económicos en regímenes dictatoriales es ineficaz y contraproducente. En Cuba los medios de comunicación están controlados por el gobierno. Mucha gente está convencida de que su situación económica es causada por los Estados Unidos y que sus intereses son defendidos por las acciones de sus líderes (quienes, mientras tanto, no hacen más que afianzarse al poder). He visitado a los  hermanos Castro y otros altos funcionarios del régimen y es obvio que sus vidas no han sufrido en lo absoluto a causa del embargo. Mientras la élite política de Cuba no sufre, la propaganda pinta a los Estados Unidos como el Gran Culpable. El objetivo principal de los dictadores es permanecer en el poder, y nuestra política los ayuda, cuando castigamos sus súbditos, dejando que ellos se autoproclamen como salvadores. Jimmy Carter, Washington Post, diciembre 26).

miércoles, 24 de diciembre de 2014

El exilio sin embargo


Geandy Pavón

Los cubanos exiliados han hecho suyo por más de cinco décadas, algo que en realidad nunca les perteneció, me refiero al embargo comercial impuesto a la isla por los Estados Unidos, en vigor desde el 19 de Octubre de 1960 hasta el día de hoy. El embargo ha servido al castrismo para trasmutar la ineficacia económica en un capital político de gran utilidad dentro y fuera de Cuba. El régimen cubano nunca ha permitido que le arrebaten su condición de víctima, de underdog, y es ahí donde radica su mayor fuerza. Este es un hecho que, por obvio que parezca, la mayoría de los entes activos del exilio se han negado a reconocer. En vez de desarrollar otras estrategias de lucha, de establecer otras alianzas, han centrado todos los esfuerzos en mantener una medida adoptada e impopular, que con el tiempo ha contribuido a crear una suerte de falsa y cómoda satisfacción. El embargo, hasta el pasado 17 de diciembre, no había sido más que un narcótico, un analgésico para aliviarnos de la pérdida del país.

El embargo se estableció para proteger los derechos del capital norteamericano y no los derechos humanos de los cubanos, la culpa es nuestra por no haberlo entendido así. La desilusión entre algunos de mis compatriotas del exilio no es más que el resultado de una falsa e infundada ilusión. Esa misma ilusión nos embaucó haciéndonos creer en nuestra condición especial y en ocasiones hasta de superioridad frente al resto de los emigrantes. Recuerdo que unos días después de haber devuelto a Elián a Cuba, una avioneta sobrevoló el condado Dade con un letrero que decía “We got rid of one, let’s get rid of the rest”. Con el caso Elián debimos aprender que no somos tan especiales, debimos reconocer que si lo que en realidad nos importa es el establecimiento de un estado de derecho en nuestro país, se trata una responsabilidad que ha de pasar únicamente por nuestras manos. Las libertades de segunda mano tienen un precio que a lo mejor no vale la pena pagar.

En vez de rasgarnos las vestiduras frente al restaurante Versailles, deberíamos estar pensando en cómo aprovechar los últimos acontecimientos y tornarlos en favor nuestro, aprender de lo ocurrido, entender y ver de qué manera podemos ayudar a reconstruir la casi insipiente sociedad civil en Cuba. Pongamos presión inteligentemente para que en esa mesa de negociaciones, pésele a quien le pese, también estemos nosotros.

viernes, 24 de octubre de 2014

Telos

"Exodus" / Willy Castellanos

Antonio Correa Iglesias

Para Beatriz Borges y para todos aquellos que arriesgaron su vida defendiendo el humano derecho de soñar con la libertad.

El Éxodo es un trágico acontecimiento que embarga al hombre, un hombre que súbitamente se ve arrancado de sí, de su entorno, de sus condiciones fundantes. El éxodo nunca es un acontecimiento en plural, el éxodo siempre obedece a una aplastante singularidad, a una individualidad que se coteja en existencias agonizantes, des-territorializada en el vacío; un vacío que se construye en un desvanecimiento secular que todo lo reduce.

El Éxodo es el desliz filoso donde las laceraciones y las esperanzas confluyen en los deseos. El Éxodo es el pasaje trágico donde dejamos de ser con la esperanza —con la vaga esperanza— de renacer en una tierra que nos es ajena; ajena en las memorias, en las vivencias y en las alucinaciones.

El Éxodo, pero sobre todo, la experiencia del éxodo viene asociado a un desgarramiento inevitable, pues una suerte de desasosiego carcome las carnes del sujeto migrante, un sujeto que se sumerge en el vacío en ese no ser que no puede ser explicado desde la experiencia racional.

Pero el Éxodo también es un tránsito de un estado a otro, suerte de osmosis que paulatinamente va ganando terreno en el cuerpo del otro, como si de una enfermedad terminal se tratara. El Éxodo como travesía construye un atajo por donde se canalizan las esperanzas. El Éxodo como transcurrir desmiente a la física elemental una vez que el punto de partida —ese “inocuo” momento de las decisiones y las despedidas— no garantiza un destino. Un destino por demás incierto, un destino más deseado, imaginado que probablemente vivido.

El Éxodo, los éxodos se nutren y alimentan de los deseos, las esperanzas, los sueños rumiados una y otra vez. Pero también los éxodos se nutren de las desesperanzas y las desilusiones; de las frustraciones y los sin-sentidos de una vida que muy poco se parece a la vida. La historia de los éxodos nunca ha sido narrada en primera persona, desconociendo —de este modo— las individualidades que en la oscuridad se desvanecen. Por ello el éxodo no solo es ese peregrinaje que en las premonitorias alucinaciones atisban un destino; el éxodo también es un viaje al interior de uno mismo, a ese éxodo interior que es el principio del in-xilio. “Si no me voy, de Cuba, no pienses que me quedo” como dice esa noble canción.

Uno de los pasajes más terribles asociado a los éxodos es el rostro cubano que persistentemente ha mostrado su forma lacerante en la que co-existe. Quizás la historia del éxodo cubano ha sido aquella quedó, a base de cuerpos, de huesos y vísceras ha construido en el estrecho de la Florida, un muro de lamentaciones que ha llenado de dolor y fantasmas a la familia cubana. El rostro del éxodo cubano no es solo ese joven rozagante que se pasea distraído por las calles de la ciudad, el rostro del éxodo cubano también es -y es por sobre todas las cosas- esos cuerpos que en el mar flotan y que se descomponen paulatinamente para vagar sin rumbo fijo en la eternidad ausente de todo humano consuelo.


El rostro cubano del éxodo, es también un rostro afligido, sobre todo para aquellos que en la travesía han visto morir en circunstancias trágicas a sus compañeros de viaje. Un rostro atrapado en el pánico de quien se sabe solo frente a la inmensidad del mar.

La historia humana no recuerda un éxodo tan prolongado, sangriento, manipulado y sostenido; un éxodo donde las condiciones que le han dado origen han sabido prolongarse y sostenerse y lo que es peor aun, han asumido —en un delirio trepidante— un carácter anti-natural; deseando, más que imaginando un estado irrevocable de un sistema que ha institucionalizado el éxodo en el imaginario y en las heridas que aún cicatrizadas laten, pues recuerdan la forma brutal en la que fueron concebidas.
Si un punto de comparación debe ser buscado, el éxodo del pueblo cubano solo puede ser comparado con aquel que el pueblo hebreo tuvo a bien iniciar, con el único propósito de mantener viva la memoria y dirimir el dilema de la esclavitud.

Aunque muchos no son consciente de ello -y suelen sucumbir a la lujuria de la mercadotecnia y las lentejuelas travestidas de opulencia, de una opulencia vana que en-rostra en desigual duelo a quienes dejaron atrás- el sujeto del éxodo, carga consigo la conciencia de su unidad étnica, filosófica, religiosa y sobre todo, nacional. La conciencia de la nación -aunque este sea concepto trasnochado en la secularidad decimonónica- pesa en el sujeto del éxodo, lo lastima y -aunque no se reconoce siempre- llena de dolor esos gratos momentos de felicidad; una felicidad rara, una felicidad casi a tientas pues no es compartida por todos. Y es que en el sujeto del éxodo hay una suerte de duelo, una suerte de via cuxis que no siempre termina con el calvario de la crucifixión.

Sin embargo, la inversión simbólica del éxodo, la burda manipulación que solo pretende expurgar una culpa, un sentimiento de culpa que no se reconoce —pin pon fuera, abajo la gusanera— ha sido al mismo tiempo una herida abierta. Y es que "Los artificios y el candor del hombre no tienen fin (...)" como dijera Borges en El Golem. Y la culpa es aun mayor pues quienes reniegan de su responsabilidad no encuentran el fundamento de la huida. ¿Y que es lo que fundamenta ese deseo de huir, ese deseo irrefrenable de decir adiós? Otra vez adiós!

Al mismo tiempo, los éxodos entran en la esfera de la narratividad; y entran no solo como pasajes asociados a la aventura, sino que se constituyen a si mismo en esfera semiológica, suerte de instancia que gravita en la cultura. “Hasta aqui las clases” “Me voy” “Me largo” “Brinco el charco” “Me tiro” “Voy tumbando” “Montaré el tubo” “Zafo” “Tumbo catao” “Me echo a la mar” “Fastear” “Malecón y 90” “Me esfumo” “Voy abajo” “Voy echando humo” “Me salgo” “Voy a tomarme la Coca Cola del olvido” “Voy quitao” “Me piro” “Me voy con los malos” “Pa la Yuma” “Acomódate que el viaje es largo” “Me voy para el monstruo” etc.


Sin embargo un evento de esta magnitud es licuado por los historiadores de la isla cuando afirman con veleidad y vocación y al mismo tiempo monolítica "convicción" la frase "historia de Cuba”. Una historia que desconoce -una vez que se niega a hablar de ello- los pasajes asociados a los éxodos, tratando de sepultar en el olvido para, una vez allí, reducirlo a un torpe re-juego ideológico donde el patriarca barbudo y alucinante acompañado siempre de sus elites vegetantes, hacen siempre uso de la última palabra. Por eso, los éxodos pasados, presentes y futuros —porque muchos están por venir— no han sido más que el chivo expiatorio para un re-juego ideológico que ha aturdido a un pueblo.
El éxodo, los éxodos han convertido a los hombres en despojos territoriales, en sujetos apátridas, obligándolos a un exilio concurrente. El éxodo, los éxodos han significado -condición de paradoja en los significantes- al exilado, un sujeto que ha logrado emanciparse de toda tutela secular —en el sentido nietzscheano del término— devenida de un sistema totalitario ya sea desde lo político, lo simbólico o lo religioso.

Es curioso que para Hannah Arendt las pérdidas que sufrieron las personas en su condición, son unas de las condiciones fundantes de los éxodos. Para Arendt la aparición de los sistemas totalitarios -ex-temporalmente hablando- ha sido la condición fundante de los éxodos, de esos terribles desplazamientos, donde la "des-ontologización" del humano adquiere su mayor "significación". El desplazado deja de ser un hombre para convertirse en un ser miserable que deambula entre las morfologías de un gusano hasta las siempre repugnantes fisonomía de una cucaracha, suerte de paroxismo que somatizado, adquiere un carácter patológico.

Cuando los éxodos se producen algunos, por no decir muchos elementos del engranaje social han dejado de funcionar. Conceptos fundamentales como ciudadanía -argüidos de T. Hobbes y luego retomado por Foucault- son desmantelados en el sentido de que ya no pueden funcionar como mediadores entre un estadio de naturaleza total donde “todos” tienen derecho a todo, por tanto a nada. Como dijera J. A. Ponte en ese excelente documental "El arte nuevo de hacer ruinas” si un ciudadano no puede decidir lo que ocurre en el espacio familiar del “feudo”, nada puede hacer en el espacio del reino.

Si el principio de civilidad permite prevenir la “guerra de todos contra todos” —ese axioma por el que siempre es recordado el viejo T. Hobbes— cuando una sociedad cierra las puertas al debate, al diálogo y a la construcción participativa, abre las puertas para los exilios, a los éxodos y a los sistemas totalitarios. El Estado, el gran Leviatán bíblico -tal como lo atisbó Hobbes- engulle a Jonas, ese ser indefenso que deja de ser, que sucumbe en los exilios o en los in-xilios a su condición fundante, eso que la propia Arendt en contra la filosofía política (2006), llamó la condición impolítica de lo humano.

Y es aquí donde el miedo aparece como meta-condición y la civilidad pierde su escenario desplazada por una construcción política auto-télica. Por eso el ciudadano deposita sus esperanzas en un peregrinar que no tiene asegurado un destino. Y es que este mismo miedo aterrador es el que establece una alternatividad en términos de acción. El miedo que una vez nos inmovilizó, es hoy uno de los mecanismo que activan los éxodos. El miedo y el terror que fueron una vez instrumentos de co-acción y que escalaron posiciones en los imaginarios, en las conductas y en esos espacios de subjetividad donde antiguamente el sujeto solía refugiarse, son hoy el vehículo de la emancipación.

Por ejemplo, si reconstruimos el mito judeo-cristiano de Adán y Eva, descubrimos que el “temor a Dios” —el miedo— es uno de los vehículos —además de la tentación, que sería el mundo sin las tentaciones— para acceder al árbol prohibido. Tanto Adán como Eva desarrollan un nuevo sentimiento, una nueva actitud. Y la condena por esa actitud viene apuntalada por una imposición ético-moral que trae consigo consecuencias indeseables. Por eso se esconden, pues el conocimiento ha invadido todo su ser, por eso también son expulsados y condenados. Porque todo miedo es principalmente una extensión de un ejercicio de poder cuyo interés radica en la dominación absoluta.
Finalmente, la naturaleza de los éxodos suponen necesariamente varios factores que han ido moldeando su fisonomía como estructura y como práctica.


Esencialmente los éxodos se producen una vez que la pluralidad como condición de la existencia humana ha sido negada. Un éxodo se produce cuando la pluralidad como condición de la vida política ha sido condicionada, manipulada o sencillamente secuestrada. Los éxodos se producen cuando la igualdad como condición de la vida política ha sido monopolizada por un grupo de hombres que —ignorando la naturaleza de los procesos— deciden por la mayoría y ostentan —sin previa determinación de tiempo— un poder que, paulatinamente se va secularizando.

Y como muy bien dijera Arendt, en el marco de todo este proceso, aparece el paria —suerte de figura paternal— sobre la cual se va construyendo una mitologización que, en última instancia procura desbancar cualquier figura otra que suponga o que, presuponga esta u otra condición de paternidad. Y finalmente. Los éxodos se producen una vez que la acción —cualquier acción, ya sea en la esfera pública o política— está ausente de devenir, una vez que los discursos —en tanto articulación de una estructura ideológica— niegan todos los elementos anteriores que son resumidos en uno: la libertad.

Quien por alguna razón viven o han vivido la experiencia del éxodo, ingresa por derecho propio en una categoría que arrastra consigo para toda la vida; como ese personaje mitológico que Albert Camus recrea en su texto “El mito de Sísifo”. El sujeto migrante es un sujeto que ha perdido la relación con su centro, por eso se vuelca hacia el exterior donde nuevos valores estéticos y morales entran dentro de su imaginario. Por eso, cierto estado de desasosiego y zozobra invade al sujeto del éxodo que siente en carne propia una suerte de levedad. Levedad que estaría precisamente en el desmoronamiento de las ilusiones, en la perdida del sentido de relacionalidad con el en torno y con las nuevas condiciones, condiciones que disuelven al individuo dentro de una normativa.
Los éxodos, son heridas abiertas en la memoria y en las ensoñaciones, son los sobresaltos de la irrealidad. El sujeto del éxodo es un sujeto desmantelado, precario como las propias “embarcaciones” que construye. El éxodo, los éxodos son catástrofes, pero son al mismo tiempo una puerta de salida de una realidad que ha negado la condición humana.

Ahora, la pregunta que se impone es: ¿estará dispuesto este sujeto del éxodo a regresar? Estará dispuesto -como lo han hecho todos los pueblos en sus éxodos históricos- a regresar y restaurar un proyecto de nación? Esperemos que así sea pues en los últimos 60 años en Cuba, se ha instaurado una indiferencia que es una suerte de inhibición y apatía que ha tenido como resultado el empoderamiento del nihilismo en la tradición política cubana.

____________________________________
“Exodus: Alternate Documents”
Centro Cultural Español CCEMiami presents | An Open and Interactive Community Art Project by Aluna Curatorial Collective
Artist: Willy Castellanos | Guest artists: Coco Fusco and Juan Si González
From September 11th through October 31st/2014

lunes, 1 de septiembre de 2014

La especie humana, de Robert Antelme y la alambrada de la mente en Cuba

oficiales SS en Auschwitz
Auschwitz
castristas

 Laura Pollán (DEP)/anticastrista
Rosie Inguanzo

Las lecturas de verano se iniciaron con La especie humana de Robert Antelme, quien perteneciendo a la resistencia francesa fue detenido por la Gestapo y llevado a Buchenwald, donde permaneció por casi dos años. Solo escribió un libro, pero este libro es de rigor en la cátedra de estudios sociales de la Sorbona, y fundamental a la hora de entender a los regímenes totalitarios.

Leyéndolo, la mente trazaba paralelos entre dos experimentos catastróficos: la Cuba castrista y el nazismo. No sorprende que la ingeniería social del castrismo y la eugenesia nazi sean comportamientos habituales de nuestra especie. La analogía ahora sirve para señalar no el exterminio de una raza, sino esas otras condiciones perversas y necesarias que coadyuven a la opresión y la supresión de la libertad. Solo así puede una imaginar la isla como un campo de exterminio de ideas.  

1. La deshumanización.

Los prisioneros no debían mirar directamente a los SS o les costaba una paliza, sino la muerte; porque la expresión de la mirada, la humanidad de un rostro es intolerable para el que quiere creer que no eres humano; para quien te quiere aniquilar y no responsabilizarse del crimen es importante que no seas un semejante; "como si la forma humana no fuera capaz de emocionarlos", dice Antelme. (No ser humano. No tener rostro. Algo parecido hacemos los humanos con los animales, pero ese es otro post).

Antelme razona que los mataban de hambre y de frío, forzándolos a trabajar en las peores condiciones de mugre y enfermedad, porque al presentarlos tan desnutridos, inmundos, enfermos y humillados, los rozagantes SS justificaban entonces acometerla contra ellos:
Ya tenemos la manera de caminar de la que no nos desprendemos más. Sopa, camastro, trabajar a la intemperie sin abrigo en el frío [...] ninguno de nosotros tiene fuerzas para penetrar en ninguna de las vidas que nos rodean […] Ya está, nos hemos gastado.
Desgranando la dinámica de la experiencia límite, apunta la ineficacia de la negación: "Negados incesantemente, siempre estamos ahí".

La lógica es la siguiente: Mientras más te postres ante los hechos, más oportunidades hay de que te envilezcas, lo que hace justificable que seas tratado como un animal. Tu apariencia incluso debe alejarse de lo humano. La especie humana tiene como tesis precisamente ilustrar el autoengaño del opresor o verdugo: "Se puede matar a un hombre, pero no se puede transformarlo en otra cosa".

2. Los cambios de comportamiento.

El perímetro de alambradas del campo de concentración alcanzaba las mentes de los  prisioneros (y de manera inversa la de los guardias). La mayoría de ellos no se arriesgaba ni siquiera a calentar encima de la estufilla el minúsculo pan churriento que les daban una vez al día, aunque esto mejorara el sabor; en toda instancia obedientemente aceptaban las condiciones del horror.

Antelme narra cómo los cambios de comportamiento iban aún más lejos, cuando un médico español (prisionero) que antes había sido golpeado por los SS, ahora se burlaba y daba manotazos a los enfermos, porque entonces ya tenía camisa blanca, no salía a trabajar al frío, comía:
El médico español se convirtió rápidamente en un integrante bastante perfecto de la aristocracia del kommando […] Y lo vimos construirse ante nuestros ojos, con el calor, el bienestar, la comida. Despreciar —luego odiar, cuando reivindican— a los que están flacos y arrastran un cuerpo con sangre podrida (los enfermos), los que fueron obligados por ellos a ofrecer del hombre una imagen tal que fuera fuente inagotable de asco y de odio […] Pero ese desprecio, no puede ser tan soberano como el de los SS, porque esa aristocracia debe combatir para mantenerse.
3. Autoengaño y colaboracionismo.

Y dice de los SS:
Saben lo que hacen, saben lo que están haciendo con nosotros. Lo saben como si fueran nosotros. Lo son. ¡Ustedes son nosotros mismos! Miramos cada uno de esos seres que ‘no saben’, querríamos instalarnos en cada conciencia que haya querido ver solamente un pedazo de tela rayada, o una hilera de hombres, o una cara barbuda, o el SS marcial que va a la cabeza. No nos reconocerán. Cada vez que pasamos por una ciudad, un sueño de hombres pasa a través de un sueño de hombres. La apariencia es eso. Pero sabemos todo, unos de otros y los unos de los otros. 
Trato de aplicar el mismo razonamiento a la situación cubana: A los que nos íbamos nos decían gusanos, nos tildaban de lo peor precisamente por que así era más fácil movilizar a las masas contra nosotros.

Antelme refiere lo que siente cuando los SS mataban a golpes a un compañero:
Junto a las ganas de aplastar bajo nuestros pies la cara, los dientes, la nariz del golpeador, sentíamos también, muda, profunda, la voz del cuerpo: No me lo están dando a mí.
¿Cuántas veces un cubano ha sentido lo mismo frente a los actos de repudio? ¿Ante la violencia contra las Damas de Blanco y otros los opositores por parte de las Brigadas de respuesta rápida? Tales son las fisuras. En un momento dado, una alemana que trabaja en la fábrica le extiende disimuladamente un pedazo de pan y él ve en ello  "la clave de esa cueva negra … la conciencia, lo que había de conciencia entonces, en Alemania".
 
Y surgen los grises de los que está lleno el libro (y lo hacen subyugante): Comprobamos que el opresor puede ser cualquier prisionero y no solamente un SS; el opresor y el verdugo solo tienen que delatar, vigilar y repetir el comportamiento de los SS, siempre respetando las jerarquías, para, habiéndose encumbrando en la categoría de meister, colaborar con el asesino en jefe. ¡Si lo sabrá un cubano!

¿Cuáles son las alambradas de la mente de un cubano en Cuba? Condicionados a aceptar la vejación como norma, aplastados, aplastan. Se rinden a un complejo social que dicta o deviene comportamientos brutales, golpizas, hostigamientos, etc. Pero ¿se justifica degradarse y colaborar en pos de la supervivencia?

¿Cuál es el meister de la sociedad cubana? ¿El policía, el compañero del Partido, la agente de la Zona, el músico que desprecia a las Damas de Blanco, el del Ministerio del Interior, la cederista instigadora, el agente de aduanas, la vecina compañerita de vigilancia que reporta las entradas y salidas de tu casa,…?

¿Se justifica ser otra cosa que contestario en Cuba? 

Si usted responde que sí a esta pregunta terrible, usted se coloca en esa "zona gris" que señalaba Primo Levi, donde no hay clara distinción entre víctima y verdugo. En la "zona gris" se actúa en la misma línea de conducta que el gobierno. Y es que el colaboracionismo cubano está arraigado en cualquier estrato de la debacle social. Y todos se degradan, claro, porque el sistema cubano como cualquier otra dictadura totalitaria, lo que busca es regir a como de lugar y suprimir la disensión. Sin embargo, se degradan más los delatores, los vigilantes, los gendarmes, los cercanos al poder.

Por cierto, los hay quienes resisten y siempre son oprimidos por ello; en medio del peor recrudecimiento de la desgracia, los hay mejores. Que no es lo mismo reír (para congraciarte con el SS) cuando cae un prisionero agonizante sobre la nieve, que entre dientes musitar el Ave María de Schubert por su alma —uno de los ejemplos grises de Antelme.

Los pasajes más raros del libro relatan la humanidad más cruda, la palabra en función del testimonio, sin adornos. Y en lo sórdido y siniestro, con el cuerpo acabado y el hambre radical, un destello de placer estético, refilón de la belleza que nos es dada:
Se pueden quemar niños sin que la noche se inmute […] Más que otras aquella noche era pavorosa. Yo estaba solo entre la pared de la iglesia y la barraca de los SS, la orina largaba vapor, estaba vivo. Había que creerlo. Una vez más, mire hacia arriba […] En el vapor de la orina, en el vacío, en el espanto, estaba la felicidad. Es sin duda que así debo decirlo: esa noche era hermosa.
Un libro esclarecedor para quienes tienden a pensar que la racionalidad, la conciencia, la compasión y la sensibilidad a la belleza son los rasgos que determinan a nuestra especie.

sábado, 16 de agosto de 2014

buena fe: ¿qué irrespeto hay en llamar a un castrista castrista?

atRifF

quisiera elaborar algunas ideas a partir del perceptivo artículo de alejandro ríos en el nuevo herald titulado irrespeto de buena fe.
Sin embargo, cada vez son más los músicos procedentes de la isla que se ufanan de incursionar en territorio otrora satanizado, utilizando los más disímiles recursos disuasorios: sosegar nostalgias de compatriotas llegados recientemente, intercambio cultural, sanación de heridas, libertad de expresión, “somos un solo pueblo”, en fin, argumentos que brillan por su oportunismo. Muy pocos se sinceran y reconocen, abiertamente, que sin Miami ya no hubiera país y llegan, como ajenos, en busca del billete verde, tan elusivo en la isla.
en el 2012 cuando la ola de havanization, defendí la idea del intercambio cultural entre las dos orillas. incluso en aquel entonces quedé decepcionado de constatar que la llamada neutralidad política que se invocaba era puro humo, que se decía una cosa aquí y otra allá.

aún defiendo el intercambio cultural, pero "intercambio" no clausura ni descalifica automáticamente el análisis político.

a lo que voy, el caso de una frase desafortunada dicha desde cuba por el líder del grupo buena fe, el extemporáneo israel rojas fiel.
... la jodedera de las damas estas puñeteras de blanco...
contundente, pues corresponde exactamente la campaña de difamación del sistema castrista contra el conocido grupo opositor.

sin embargo, rojas fiel ha exigido respeto y se ha quejado (en entrevistas) que aquí en miami se le tilde de "castrista". pero tildar a las damas de blanco "puñeteras" es castrista100%.

posteriormente, rojas fiel reconoce el incidente con la periodista kary bernal y se justifica.
(0:55) ... fue algo que dije sin el ánimo de embarrarlas... lo que sucede es que ese día tiré p'aquí, tiré p'allá... de hecho si hubiera querido ofenderlas hubiera hablado en términos más fuertes... (a este punto bernal le inquiere qué es más fuerte) 
(2:50) ... lo dije de una manera inapropiada.
tirar p'aquí, p'allá tiene sus consecuencias. injuriar en público es un acto del lenguaje: se llama difamación.

apunto: el incidente refleja un aspecto positivo del intercambio cultural --a nivel ideológico. una periodista como kary bernal, desde esta orilla, puede exigirle a rojas fiel que se explique. aquí no goza de impunidad.
bernal (3:00) ¿y a los que se han sentido mal... le quieres pedir disculpas?
rojas fiel: por supuesto. disculpen, no son ustedes puñeteras para nada...mira puñetero es...
bernal (lo interrumpe): las damas de blanco son dignas de admiración y respeto:
rojas fiel: sí, yo también lo creo...  yo creo que se lo han ganado con su obra.
¿para qué repetir "puñeteras"? en retórica se discute una forma "a pesar de lo dicho", donde la disculpa apenas reafirma la inculpación y queda presa de su propia insuficiencia (lo apunto en azul arriba).

y resulta que cuando rojas fiel vuelve a la isla cambia el tono. en esta entrevista del 2010 rojas fiel declara:
(2:50- 3:02) ... con el fin "según ellos" de que los artstas, científicos y el pueblo en general que tenga la posibilidad de tener ese intercambio... se vea deslumbrado por el modo de vida norteamericano.

(3:22) fue bien interesante ver la como la composición de esa comunidad ya es cada día menos monolítica, (la cámara corta y vuelve) ... es ultraderechista, y ultra-anti-cubano...

(3:38) (lo interrumpe el entrevistador): "... anticastristas... porque ellos también son cubanos ¿no?".

(3:42)   ... mira es un término complicado, ellos dicen que lo que están haciendo es en favor de los cubanos, pero en el fondo no es verdad...

(3:52) (corte de cámara) ... es un enorme negocio que está montado para ordeñar a la vaca grande que son los estados unidos en función de la supuesta (con las manos indica comillas) libertad de cuba ... la libertad esa que ellos pretenden que debe ser...  que además no es la que quiere la mayoría del pueblo cubano... cuba tiene cosas buenas que mostrar, por eso te digo que son anticubanos... ellos se disfrazan de anticastristas... la vida ha demostrado... no lo digo yo (sonríe), los dicen sus acciones, la vida ha demostrado que no son anticastristas... son anticubanos...

(4:38) ... sí hicieron algunas protestas, pero fueron muy pequeñas, fueron verdaderamente ridículas...

(5:08) ... fuimos ahí a construir concordia...

(7:36) ... no sé si sabes que como consecuencia del bloqueo económico, los gringos...  han impedido que cuba tenga acceso ... a las bandas...

(7:47) ... es un problema de voluntad política... sí, yo digo: el problema de cuba no es que no querramos que la gente tenga internet, el problema de cuba es que el poquito que hay se distrubuye para las escuelas, los hospitales...
hay que ser menos que babieca para no ser castrista y decir las boberías que dice rojas fiel. 

viernes, 25 de julio de 2014

El verano de veranos de 1969



Adalberto Delgado

Corría el verano del año 1969. El diminuto aire acondicionado de pared de nuestro apartamento del Palomar no era suficiente para atenuar la intensidad del calor húmedo miamense. Salimos a la esquina de la 8 y la 18 avenida, a la tienda de un señor que vendía electrodomésticos (nuevos y de uso) y la vieja (quien era marchante de la tiendecita), decidió comprar un ventilador. ¡Tremendo salvavidas, porque el calor era insufrible! Mientras, en el apartamentico, mi familia había organizado una pequeña factoría de ajustadores de bikinis. La línea de ensamblaje era la siguiente: La vieja (joven y bonita en esa época) cosía los ajustadores, tía Emma, mi tía abuela, le ponía los broches y yo le ensartaba las bayonetas alrededor de las copas que cubrían los senos. A cualquier hora la sala de la casa era como un laboratorio de sonidos concretos: El tracatracatraca de la Singer (de factoría) compitiendo con la guitarra eléctrica de Jimmy Hendrix, la olla de presión en la cocina al mismo tiempo que mi tía abuela y la vieja trataban de hablar, gritando por encima del bullicio. Mis colegas del Palomar se reían de mi trabajo voluntario. Me decían que ellos estaban concientes que yo no era maricón de culo, pero sí de espíritu. No era mi culpa que mi madre me obligaba a ayudarla con la costura, pero había que contribuir con el viejo para el sustento de la casa. Volviendo al calor: el lema era vencerlo a como diera lugar. Un día mi vecino y colega de maldades, Lazarito, se le ocurrió poner un bolso de hielo en frente de un ventilador que había comprado su papá y se armó una cagazón tremenda; casi nos electrocutamos. Finalmente, a nosotros los jóvenes se nos ocurrió buscar refugio en la azotea, debajo de una sombrilla de playa que se había encontrado Yiyito. A la sombra corría un poco de brisa. Una tarde llamamos a Renecito “el Niche” para que nos deleitara con un conciertico de flauta, mientras que yo acompañaba con mi campana y “el bolo” subía su tumbadora. Se armó el bembé con nuestras interpretaciones de temas de Joplin, los Beatles y Cat Stevens, y no faltaba una rumbita al tumbao de los Blues Image y Jethro Tull. Cuando el sol comenzó a caer, irrumpía el ritmo de las ollas de presión del Palomar con olores de fritanga con ajo y cebolla apoderándose del ambiente, y nosotros con un hambre caballa (después de dispararnos una Colombian Gold, cortesía de “Veinte Pesos”). No digo yo, hasta arroz con huevo frito parecía un manjar de los dioses. ¡Qué tiempos aquellos, caballero!