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jueves, 18 de noviembre de 2010
lunes, 8 de noviembre de 2010
(Bill habla a Chuna el día de su boda)
Amílcar Barca
“Oh Chuna! así, te protegiera*
Fuiste la escritura que esperaba,
aquella carta que de lejos
sabes que algún día aparece
con el lacre rojo en el sobre.
La laguna serena del lienzo
que recoge de sus orillas
la sombra del olmo y los fresnos
El ave de la higuera.
La fruta abierta bajo la copa del árbol.
El cristal que protege el vino
de mi guarida, la luz púrpura...
mi legado.
Yo entré en ti,
como lo hace mi brazo
cuando te acuesto,
acurrucando en tu almohada:
lo poco que me queda y necesito.
Si así te tuviera como ahora
donde las manos al unísono se juntan
si fuera el ruido de los anillos
la música que uniera este futuro,
así el silencio de los dedos
hablarían de nosotros para siempre
como lo hicieran estos años
cada noche las sábanas
que la cópula abrigaran.
¡Mírame!
Éste es el hombre que resta en tus días
con la fragancia de la edad aún puedo permitirme
que seas doncella bajo mis brazos.
__________
*25 de Noviembre de 2005. La fecha indicada, fui llamado para “celebrar” una boda “eterna” entre Bill y Chuna y compuse un poema para la ocasión. Vayan estas palabras figuradas de Bill hacia ella. E.P.D.
“Oh Chuna! así, te protegiera*
Fuiste la escritura que esperaba,
aquella carta que de lejos
sabes que algún día aparece
con el lacre rojo en el sobre.
La laguna serena del lienzo
que recoge de sus orillas
la sombra del olmo y los fresnos
El ave de la higuera.
La fruta abierta bajo la copa del árbol.
El cristal que protege el vino
de mi guarida, la luz púrpura...
mi legado.
Yo entré en ti,
como lo hace mi brazo
cuando te acuesto,
acurrucando en tu almohada:
lo poco que me queda y necesito.
Si así te tuviera como ahora
donde las manos al unísono se juntan
si fuera el ruido de los anillos
la música que uniera este futuro,
así el silencio de los dedos
hablarían de nosotros para siempre
como lo hicieran estos años
cada noche las sábanas
que la cópula abrigaran.
¡Mírame!
Éste es el hombre que resta en tus días
con la fragancia de la edad aún puedo permitirme
que seas doncella bajo mis brazos.
__________
*25 de Noviembre de 2005. La fecha indicada, fui llamado para “celebrar” una boda “eterna” entre Bill y Chuna y compuse un poema para la ocasión. Vayan estas palabras figuradas de Bill hacia ella. E.P.D.
Felicidades para La Chuna
Por Alfredo Triff
(Este post fue publicado originalmente el 16 de octubre de 2004)
No importa donde estés, te saludo. T’envío aché. Celebra nuestro primer frente fríooooooooooooo de la temporada en el sur de la Florida. ¿Quieres saber de qué está hecho Miami? De pequeños nódulos, puntos de encuentro alternativo... cenáculos, distintivos y estratégicamente repartidos. Cada grupo tiene el suyo. Hay pocos que entienden esto. Hay que participar, distribuirse, arriesgarse a descubrir. Dejar la película de estreno del viernes en Sunset Cinema o Coconut Grove, o la casa del "social" que ya conoces, para interactuar con gente nueva. Ahí está el Miami sutil de los literatos, el Miami bohemio, el Miami del arte, el Miami músico. Hay que cruzar barreras e intersecarlos. Ayer fue el cumpleaños de La Chuna y lo celebramos en su cenáculo del Miami bohemio.
La Chuna es como una gran benefactora que con su presencia abre caminos y proporciona encuentros. Siempre está donde hay que estar, acompañada por Bill. En una conferencia de un crítico, un panel, en cualquier exhibición en Wynwood, o en un antro de bohemios y poetas ciberales como La Bodeguita. Vi muchos amigos queridos: Fornés (recién llegado de Montreal con su clase de arquitectura), Luis Soler y Heidi, Yovani Bauta, Alcides con Lisa Martin, Oda, La Kiki, Emilio Ichikawa, Ramón Williams con Ivón y su preciosa niña en busca de peces, Glexis Novoa... y Bill ayudando a todo el mundo, compartiendo su political acumen con todos nosotros.
Comimos, bebimos, y lo más importante: arreglamos el mundo para -patafísicamente hablando- desarreglarlo de nuevo. Ya de regreso, Ramón Williams (siempre inspirado) nos hablaba de la importancia de cultivar la poesis como un baluarte para no sucumbir ante la mediocridad. ¡Qué noche! Felicidades para la celestina de las artes de Miami. Como siempre se dice: “que cumplas muchos más”.
_______
Incluyo estos versos de Alcides, que aparecen en uno de los comentarios:
(Para Chuna, en su cumpleaños número... -borroso en el original.)
Te están celebrando, Chuna,
de Cayo Hueso a Baldosta,
y dicen que tu langosta no se parece a ninguna.
Contigo es siempre la una de la mañana y es nice.
Nos gusta tu "¿Ya os váis?"
y verte al lado de Bill.
Ojalá llegues a mil,
preguntándonos: "¿Entráis?"
viernes, 11 de julio de 2008
Trabalenguas del presente

La Chuna
Hablamos del presente, el pasado y del futuro, sin darnos por enterados de que lo único que existe es el presente. Cuando despertamos y entramos en la vida, recordando o no lo que soñamos, casi siempre consciente de que lo que recordamos es un invento y pronto lo descartamos si es que aún estamos cuerdos. ¿Dónde estamos? Enseguida atisbamos donde está nuestra silla del presente, que es donde nos posamos cuando no queremos participar (vivir), y regresamos a los sueños del pasado (este siempre fue mejor). Los hay que disfrutan del martirio recordando lo horrendo, disfrutando el sufrimiento. Aún peor es cuando queremos vivir en el futuro, futuro que nunca existirá. Entonces, posados en nuestra inercia del presente, pasamos mentalmente películas imaginarias de lo que vendrá… pero estamos condenados a llegar a otro presente -y sólo a él. Mientras la vida nos obliga a estar aquí en el ahora, frecuente actuamos automáticamente. Felizmente, en el instante del amor nos zumbamos al presente sin escape necesario.
martes, 24 de junio de 2008
Hablando de la edad

La Chuna
Cuando salió en el blog algo que yo había escrito alguien comentó sobre "la voz de una octogenaria". Eso me cogió de atrás pa' lante, pues no me había dado cuenta que mi manera de escribir revelara la edad, que mi voz fuera la de una octogenaria. Analizando la realidad, una de ellas, es cierto que he estado en el planeta por más de ochenta años. ¡Qué desperdicio! ¡Ochenta y dos años y medio y ni siquiera puedo escribir en la computadora! Pensándolo bien, no todo ha sido en vano. Tengo cinco hijos, cada uno de ellos una joya por su propio mérito. Hasta ahora todos vivos: Mariel ha tenido cuatro hijos. Sergio, mi cuarto hijo, en agosto de este año espera su tercero. Por lo menos hemos cumplido con nuestra obligación de poblar el mundo. Volviendo a la cuestión de la edad, lo más importante de todo es el presente, que es lo único que existe. Mientras más pronto comprendamos esto, más pronto empezamos a vivir. Aferrarnos al pasado es como deambular entre sombras. Si tratamos de llegar al futuro, es aún peor, pues andamos en terreno imaginario, completamente inventado. Es como estar vivo y negar la vida. Se dice que nuestro cerebro es lo que rige nuestras acciones y que no importa mucho nuestra edad cronológica; un órgano plástico que se expande siempre que se le ofrezcan nuevos incentivos, nuevos campos de aprendizaje. Y eso me recuerda a mi madre. Cuando murió a los 104 años, pues le fallaron los intestinos, aún estaba dispuesta a emprender nuevas aventuras, dispuesta siempre a aprender algo nuevo. Ella fue una joven eterna. Claro está, que a veces el cuerpo mortal no nos responde. Y se me ocurre qué pasaría si pudiésemos cambiar de cuerpo y probarnos uno nuevo, como quien cambia de automóvil. Posibilidad digna de estudio.
lunes, 2 de julio de 2007
El pañuelo de hilo de Rogelio

La Chuna
(Foto de La Chuna en 1940)
(Foto de La Chuna en 1940)
Desde septiembre de 1939 comencé en la Escuela Profesional de Comercio de la Habana, en Cuba y Lamparilla, donde conocí a Rebeca Robes haciéndonos grandes amigas. Ella me introdujo en el mundo del arte. Asistíamos a la Escuela de Comercio por las mañanas y después de almuerzo yo la acompañaba (calentando bancos) a San Alejandro. Aunque graduados un año antes, Rogelio Espinosa, Roberto Estopiñán, Roberto Diago, Orlando Jambú y José Mijares entre otros, y ya no asistían a clases, eran asiduos concurrentes a las conferencias. Allí se discutía de política, sociología, música y arte, criticando intransigentemente a pintores, escultores locales y principiantes, o a aquellos cuyo estilo fuera académico (como la mayoría de los profesores). Uno de mis mejores amigos era Rogelio Espinosa. Yo admiraba su talento. Él estaba enamorado de Marta Arjona, habíamos forjado una amistad estrecha y yo lo aconsejaba sobre cómo debía comportarse para conquistar a Marta. Hasta el día que Rogelio se enteró de que me había hecho novia de Jambusito (hermano de Osvaldo el novio de Rebeca). Me había hecho novia de Jambusito para salir con Rebeca y Osvaldo; pero Rogelio estaba enfurecido. Dijo algo que fue música para mis oídos adolescentes: “¡Eres demasiado mujer para ese chiquillo culicagado!” Un día nos reunimos un grupo grande para ir al cine. Yo era la única muchacha, íbamos Estopiñán, Mijares, Luis Alonso y Espinosa. Esperamos a Jambusito pero no llegó. El teatro estaba oscurísimo y todos desaparecieron excepto Rogelio que se sentó a mi lado. Después de un rato Rogelio me dio su pañuelo de hilo con sus iniciales bordadas, y le pregunté: "¿Para qué?". A lo Humphrey Bogart dijo: "Para que te quites la pintura de labios". "Estás loco?", dije. La tensión acrecentándose por minuto; podía oírse su corazón (y el mío) palpitando mientras respirábamos fuerte. Despacio, sentí el calor de su mano sobre la mía; ya no le importó la pintura de labios. Nunca supe qué película ponían. ¡Ese fue el final de Jambucito y creo que nunca le dije adiós! Rogelio no era bien parecido, tenía 5’3 de estatura, ¡pero tenía unos labios! Puso final a la era de mis novios bien parecidos y el principio de mis novios con personalidad.
jueves, 26 de abril de 2007
Lo que Monguito me dijo

La Chuna
Monguito y Mamá eran concuños y los dos nacieron en mayo de 1891. Tío Monguito estaba casado con mi tía Irene, hermana de mi Papá. En mayo de 1984 cuando los dos cumplieron 93 años, tuvimos una gran reunión familiar en mi casa en South Carolina. Monguito, quien había enviudado el año anterior, vino a visitarnos desde Cuba y Mamá vino desde Nueva York. En total nos visitaron 22 familiares y dos perros, durante unos cuantos días. Lo siguiente sucedió en Cuba, en el sur de la provincia de La Habana, y Monguito (Amado Pérez Morales), me lo dictó ese día de mayo de 1984 durante su visita: “En el 1896 vivíamos en una finca, La Benita, en un ingenio demolido. Y la revolución del 1895 pasó por mi casa en el 96. El que mandaba la fuerza se llamaba Anacleto Bermúdez; mi padre tenía una lata con dinamita escondida en una cepa de caña y se la dio a los revolucionarios para que se la llevaran. También les dio unos caballos. Había un pozo de donde se surtía de agua la finca y había un caballo bayo cojo, que halaba el agua con una noria que daba la vuelta, con dos cubos de baja uno y sube otro.” (Lo que me dictó Monguito no puedo editarlo, ni una sola palabra, ni un solo silencio de lo que dijo). Este párrafo se remonta en su memoria, cuando él tenia cinco años. La mayor parte de lo que me dijo fue sobre cuando conoció y cortejó a su esposa de 56 años. Estuvieron casados hasta el 1983 cuando ella falleció. Yo llegué a conocer al padre de Monguito que se llamaba Don Juan y había sido campesino toda su vida. Monguito no se quedó en el campo; desde muy joven se fue para La Habana con unos tíos y trabajó en el periódico El Mundo. Más tarde llegó a ser jefe de fogoneros de los Ferrocarriles Unidos de Cuba, entidad inglesa. No sé si él alguna vez fue fogonero, pues desde que lo conocí, cuando yo tenía dos o tres años, él era un alto jefe de los Ferrocarriles Unidos.
Monguito y Mamá eran concuños y los dos nacieron en mayo de 1891. Tío Monguito estaba casado con mi tía Irene, hermana de mi Papá. En mayo de 1984 cuando los dos cumplieron 93 años, tuvimos una gran reunión familiar en mi casa en South Carolina. Monguito, quien había enviudado el año anterior, vino a visitarnos desde Cuba y Mamá vino desde Nueva York. En total nos visitaron 22 familiares y dos perros, durante unos cuantos días. Lo siguiente sucedió en Cuba, en el sur de la provincia de La Habana, y Monguito (Amado Pérez Morales), me lo dictó ese día de mayo de 1984 durante su visita: “En el 1896 vivíamos en una finca, La Benita, en un ingenio demolido. Y la revolución del 1895 pasó por mi casa en el 96. El que mandaba la fuerza se llamaba Anacleto Bermúdez; mi padre tenía una lata con dinamita escondida en una cepa de caña y se la dio a los revolucionarios para que se la llevaran. También les dio unos caballos. Había un pozo de donde se surtía de agua la finca y había un caballo bayo cojo, que halaba el agua con una noria que daba la vuelta, con dos cubos de baja uno y sube otro.” (Lo que me dictó Monguito no puedo editarlo, ni una sola palabra, ni un solo silencio de lo que dijo). Este párrafo se remonta en su memoria, cuando él tenia cinco años. La mayor parte de lo que me dijo fue sobre cuando conoció y cortejó a su esposa de 56 años. Estuvieron casados hasta el 1983 cuando ella falleció. Yo llegué a conocer al padre de Monguito que se llamaba Don Juan y había sido campesino toda su vida. Monguito no se quedó en el campo; desde muy joven se fue para La Habana con unos tíos y trabajó en el periódico El Mundo. Más tarde llegó a ser jefe de fogoneros de los Ferrocarriles Unidos de Cuba, entidad inglesa. No sé si él alguna vez fue fogonero, pues desde que lo conocí, cuando yo tenía dos o tres años, él era un alto jefe de los Ferrocarriles Unidos.
lunes, 2 de abril de 2007
Carlitos (Capítulo II)
La Chuna
Después de tres años de ausencia, Carlos, mi padre, regresó a Cuba con la intención de casarse con Sara, la madre de su hijo. Para su asombro, descubrió que Sara estaba embarazada de nuevo. Carlos procedió a anular el matrimonio; le quitó el niño a su madre y se lo entregó a sus hermanas para que lo criaran. Después terminó casándose con una maestra de la escuela de su madre. La maestra se llamaba Carmita Collado. Yo fui la cuarta de los hijos de Carlos y Carmita. El niño Carlitos resultó ser problemático durante toda su vida (quién sabe si por la separación de sus padres o por haber sido engreído por sus tías). Sucedió que mi padre también me llevó a vivir con mis tías cuando yo tenía tan sólo nueve meses. La razón fue que mi madre Carmita se había enfermado. Se suponía que estuviese en casa de mis tías por corto tiempo; pero permanecí allí hasta que me casé a los 21 años de edad (por su parte, mi medio-hermano Carlitos salió de allí para la cárcel). Se puede decir que me crié con Carlitos, sin embargo, no recuerdo mucho de él en esa época (él era 12 años mayor que yo). Carlitos salía por las noches y dormía por el día. No iba a la escuela ni tenía trabajo. Casi nunca lo veía y él casi siempre estaba de mal humor. Aún así lo quería.
Después de tres años de ausencia, Carlos, mi padre, regresó a Cuba con la intención de casarse con Sara, la madre de su hijo. Para su asombro, descubrió que Sara estaba embarazada de nuevo. Carlos procedió a anular el matrimonio; le quitó el niño a su madre y se lo entregó a sus hermanas para que lo criaran. Después terminó casándose con una maestra de la escuela de su madre. La maestra se llamaba Carmita Collado. Yo fui la cuarta de los hijos de Carlos y Carmita. El niño Carlitos resultó ser problemático durante toda su vida (quién sabe si por la separación de sus padres o por haber sido engreído por sus tías). Sucedió que mi padre también me llevó a vivir con mis tías cuando yo tenía tan sólo nueve meses. La razón fue que mi madre Carmita se había enfermado. Se suponía que estuviese en casa de mis tías por corto tiempo; pero permanecí allí hasta que me casé a los 21 años de edad (por su parte, mi medio-hermano Carlitos salió de allí para la cárcel). Se puede decir que me crié con Carlitos, sin embargo, no recuerdo mucho de él en esa época (él era 12 años mayor que yo). Carlitos salía por las noches y dormía por el día. No iba a la escuela ni tenía trabajo. Casi nunca lo veía y él casi siempre estaba de mal humor. Aún así lo quería.
martes, 20 de marzo de 2007
La familia protege a mi padre el seductor (Capítulo I)

La Chuna
Mi padre Carlos tuvo un hijo cuando tenía 19 años. El niño fue nombrado Carlos como su padre y le llamaban Carlitos para diferenciarlos. Mi padre tuvo relaciones con una mujer llamada Sara Hernández, un par de años mayor que él (la percepción de mi familia era que una mujer mayor lo había seducido). Carlos se amedrentó. Su hermana Cota, cuatro años mayor que él, y su padre Rafael Fornés (mi abuelo) tramaron mandarlo a los Estados Unidos para evitar la confrontación que se avecinaba. Supe que la madre de Carlos, Irene Buzzi, mi abuela (que era muy recta) y su hermano mayor Rafelito no participaron en la trama. En los Estados Unidos Carlos se enlistó en el ejército -por casi tres años y no le fue bien. Mientras tanto, Carlos también hizo que su familia se ocupara de mantener al niño, debido a que la mamá era muy pobre. La verdad es que mi padre tuvo problemas con el ejército durante su estadía en un campamento en Hawai. Una noche se había quedado dormido en su catre con sus pantalones aún puestos y un sargento con mala cara lo despertó. Confundido, Carlos agarró un machete de abajo del catre y de un golpe dejó al sargento inconsciente en el piso. Estaba muy oscuro y él no pudo ver si lo había matado. Espantado cogió su cartera y su chaqueta y salió huyendo. Por varios meses no llegó una carta. Preocupado, mi abuelo se comunicó con el ejército americano y del mando respondieron diciéndole que su hijo se había fugado y que la última noticia que tenían era que había desembarcado en el Puerto de San Francisco alrededor de tres meses antes. Sé que mi abuelo le pago una cierta cantidad al ejército para que lo dispensaran de sus obligaciones. Lo que no sé es cómo mi abuelo lo encontró en San Francisco para llevarlo de regreso a Cuba.
miércoles, 19 de julio de 2006
Oye tú...
Por La Chuna
Encuentro la idea de la vida después de la muerte muy romántica; como también la idea de que nuestros muertos merodean invisibles entre nosotros. Me cuesta trabajo creer que no los he visto... Pero después de todo ¿no son invisibles? No es que sea incrédula, hace siglos no se sabía que existían entre nosotros submundos que hoy conocemos, como lo son bacterias y átomos. Mis antepasados y muchos de mis contemporáneos ya han muerto. Los que quedan vivos están más del lado de allá que de acá. A todos los he querido, ¡pero hay tanto que nunca les dije! Hoy en día existen maravillas en la comunicación. Quién hubiera creído (en el tiempo de mis abuelos) algo como los blogs... poder expresar cualquier cosa que se nos ocurra y que -casi instantáneamente- pueda ser percibido por cualquier amigo o desconocido en el más recóndito rincón del universo. Por eso hoy me dirijo a mi hermano Cuco, Rafael Fornés y Collado, nacido el 6 de octubre de 1917, y fallecido el 18 de diciembre de 2005. Oye chico ¿qué apurillo te entro de cerrar el cuento? ¿No pudiste ni esperar ni un día, para conversar un poco con tu hijo Rafa, que llegó a tu casa al día siguiente de tu fallecimiento? Sé que nunca fuiste amigo del drama; pero según me dicen y pude percibir estabas en perfecta capacidad mental y física. Bueno, no debo juzgarte, porque es de sabio el irse sin decir adiós y ni dramatismos. Te extraño bastante. No ha habido nadie con quien yo puda hablar como lo hacia contigo. Los dos tenemos una cultura genética, un conocimiento que no es aprendido, sino heredado -a través de las edades humanas. Poseemos la indulgencia de hablar de lo que no sabemos, pues leemos muy poco y no hemos estudiado mucho. Recuerdo haber pasado una noche entera hablando contigo sobre filosofía sin que jamás hubiéramos estudiado a un solo filósofo. Ningún tema nos amedrentaba. En el futuro cuando sienta la necesidad de hablar contigo voy a hacerlo través de tumiamiblog.
Encuentro la idea de la vida después de la muerte muy romántica; como también la idea de que nuestros muertos merodean invisibles entre nosotros. Me cuesta trabajo creer que no los he visto... Pero después de todo ¿no son invisibles? No es que sea incrédula, hace siglos no se sabía que existían entre nosotros submundos que hoy conocemos, como lo son bacterias y átomos. Mis antepasados y muchos de mis contemporáneos ya han muerto. Los que quedan vivos están más del lado de allá que de acá. A todos los he querido, ¡pero hay tanto que nunca les dije! Hoy en día existen maravillas en la comunicación. Quién hubiera creído (en el tiempo de mis abuelos) algo como los blogs... poder expresar cualquier cosa que se nos ocurra y que -casi instantáneamente- pueda ser percibido por cualquier amigo o desconocido en el más recóndito rincón del universo. Por eso hoy me dirijo a mi hermano Cuco, Rafael Fornés y Collado, nacido el 6 de octubre de 1917, y fallecido el 18 de diciembre de 2005. Oye chico ¿qué apurillo te entro de cerrar el cuento? ¿No pudiste ni esperar ni un día, para conversar un poco con tu hijo Rafa, que llegó a tu casa al día siguiente de tu fallecimiento? Sé que nunca fuiste amigo del drama; pero según me dicen y pude percibir estabas en perfecta capacidad mental y física. Bueno, no debo juzgarte, porque es de sabio el irse sin decir adiós y ni dramatismos. Te extraño bastante. No ha habido nadie con quien yo puda hablar como lo hacia contigo. Los dos tenemos una cultura genética, un conocimiento que no es aprendido, sino heredado -a través de las edades humanas. Poseemos la indulgencia de hablar de lo que no sabemos, pues leemos muy poco y no hemos estudiado mucho. Recuerdo haber pasado una noche entera hablando contigo sobre filosofía sin que jamás hubiéramos estudiado a un solo filósofo. Ningún tema nos amedrentaba. En el futuro cuando sienta la necesidad de hablar contigo voy a hacerlo través de tumiamiblog.
jueves, 19 de enero de 2006
Cosas de mamá y papá

Por La Chuna
A finales de los 20 principios de los 30, mamá y papá vivían en el campo. Papá trabajaba como ingeniero construyendo la carretera central. Aunque nunca asistió a la Escuela de Ingeniería (el mayor grado que obtuvo fue tercero de primaria) por su cuenta había adquirido los conocimientos que necesitaba. Papá adoraba el campo, los animales, las plantas y la tierra. Mamá, habiendo sido criada en los confines de un asilo, amaba la ciudad, las luces y las multitudes. En esa época, Papá decidió vivir en el campo y mamá no tuvo más remedio que adaptarse a la vida rural (después de todo, estaba muy enamorada de él). No tenía vocación para maestra, pero la hicieron estudiar y pasar los exámenes para obtener el título (así se determinaba los que habían de encargarse de la educación de los niños en Cuba, a principios del XX). Mamá, sin experiencia pedagógica, tuvo la suerte de que Felicia, una antigua amiga de la familia y buena maestra del Central Hershey, le ofreciera sus métodos y lecciones. Diariamente mamá iba a la escuela a caballo mientras Papá iba a trabajar en la carretera. Los niños, Rafael (Cuco) y Héctor, se quedaban en casa con la niñera. Un día se recibió la noticia de que un inspector pedagógico venía de la Habana a visitar la escuela con el propósito de evaluar a Mamá. Aunque dócil, cuando mamá decía que no, no transaba. En balde las imposiciones de papá, quien terminó decidiendo otra estrategia: Recibió al inspector en la estación del ferrocarril y lo llevó a la escuela. Allí, le dijo: "Mi esposa no ha venido porque se pone muy nerviosa si la observaran, así que yo daré la clase". El inspector le explicó que era imposible y papá, manos en la cintura, respondió, “¿Qué no es posible? ¡Siéntese y verá!” (Papá era persuasivo y maestro por naturaleza.) Nunca llegué a saber cuál fue el resultado de la evaluación. Solo sé que mamá continuó enseñando –aunque por muy poco tiempo, porque salió en cinta otra vez. Después de todo, nunca tuvo vocación para maestra.
sábado, 26 de noviembre de 2005
sábado, 19 de noviembre de 2005
1957: Cosas de Mamá Carmita y Marirene
Por La Chuna
Mamá Carmita se iba en el Queen Mary a visitar a Marirene que vivía en Paris. Mamá había obtenido, muy barato el pasaje de regreso, de un amigo de Marirene que había venido de Europa con pasaje de ida y vuelta y que había decidido quedarse en Nueva York. En esa época se podían transferir los pasajes. Bill y yo subimos a bordo con Mamá, anduvimos por el barco y por último nos sentamos en su camarote a conversar. Al rato, sonaron sirenas indicando que los visitantes debíamos desembarcar. Bill, que no sabía cómo Mamá había obtenido el pasaje de ida, le preguntó “¿Carmita, cuándo va usted a regresar?" Mamá le respondió, "No lo sé." Bill continuó, "¿Regresa usted en el Queen Mary? Ella dijo, "No sé cómo regresaré pues no tengo dinero para el regreso." Mamá ya tenia más de 65 años y éramos tan jóvenes que la considerábamos una ancianita. Había invertido todo su dinero en los Estados Unidos comprando dos boletos de ferrocarril que se podían usar durante los meses de junio, julio y agosto en cualquier tren, en cualquiera dirección y horario por toda Europa. Por alguna razón estos pasajes sólo se podían comprar en Estados Unidos por residentes de este país.Así fue que Marirene y Mamá recorrieron toda Europa, yendo de pueblo en pueblo, cogiendo un tren por la noche y durmiendo sentadas. Por la mañana se apeaban, recorrían la ciudad y según quisieran se quedaban hasta por la noche para dormir en otro largo viaje de tren, o se iban aun de día a otro pueblo cercano, también por tren. En el caso de una ciudad que les interesara, iban y venían tres o cuatro veces. Ya agotadas, se iban a Paris, donde Marirene tenia su apartamento. Marirene recibía algún dinero de la Fulbright que les alcanzaba para comer. En una ocasión, se les hizo muy tarde para salir de un pueblo en tren y se quedaron en un Youth Hostel, a $1.50 cada una. Nunca llegué a saber cómo Mamá se las arregló para conseguir el pasaje de regreso a Nueva York, pero regresó vivita y coleando.
Mamá Carmita se iba en el Queen Mary a visitar a Marirene que vivía en Paris. Mamá había obtenido, muy barato el pasaje de regreso, de un amigo de Marirene que había venido de Europa con pasaje de ida y vuelta y que había decidido quedarse en Nueva York. En esa época se podían transferir los pasajes. Bill y yo subimos a bordo con Mamá, anduvimos por el barco y por último nos sentamos en su camarote a conversar. Al rato, sonaron sirenas indicando que los visitantes debíamos desembarcar. Bill, que no sabía cómo Mamá había obtenido el pasaje de ida, le preguntó “¿Carmita, cuándo va usted a regresar?" Mamá le respondió, "No lo sé." Bill continuó, "¿Regresa usted en el Queen Mary? Ella dijo, "No sé cómo regresaré pues no tengo dinero para el regreso." Mamá ya tenia más de 65 años y éramos tan jóvenes que la considerábamos una ancianita. Había invertido todo su dinero en los Estados Unidos comprando dos boletos de ferrocarril que se podían usar durante los meses de junio, julio y agosto en cualquier tren, en cualquiera dirección y horario por toda Europa. Por alguna razón estos pasajes sólo se podían comprar en Estados Unidos por residentes de este país.Así fue que Marirene y Mamá recorrieron toda Europa, yendo de pueblo en pueblo, cogiendo un tren por la noche y durmiendo sentadas. Por la mañana se apeaban, recorrían la ciudad y según quisieran se quedaban hasta por la noche para dormir en otro largo viaje de tren, o se iban aun de día a otro pueblo cercano, también por tren. En el caso de una ciudad que les interesara, iban y venían tres o cuatro veces. Ya agotadas, se iban a Paris, donde Marirene tenia su apartamento. Marirene recibía algún dinero de la Fulbright que les alcanzaba para comer. En una ocasión, se les hizo muy tarde para salir de un pueblo en tren y se quedaron en un Youth Hostel, a $1.50 cada una. Nunca llegué a saber cómo Mamá se las arregló para conseguir el pasaje de regreso a Nueva York, pero regresó vivita y coleando.
miércoles, 9 de noviembre de 2005
Cosas de mamá Carmita
Por La ChunaEn la Habana, en el tiempo de la depresión, allá por los 1930 y pico, la situación económica estaba muy apretada; en algunos hogares más que en otros. En la casa de mis padres no había dinero sino para lo esencial, se comía carne una vez al día, los cobradores siempre estaban tocando a la puerta. No había dinero para comprar ropa y zapatos, mucho menos para diversiones. Para aliviar la situación, mi hermano Héctor, el segundo, vivía con tío Oscar, hermano soltero de mamá. Yo había vivido con mis tías paternas desde los nueve meses. De mis hermanos quedaban con mis padres Cuco (Rafael), Raúl y mis dos hermanitas Margarita y Marirene. Yo era la mayor de las hembras y la menor de los varones. A pesar de las vicisitudes, mamá se las arreglaba para ir todos los domingos a misa y después al cine. Eso era mportantísimo pues además del noticiero y las dos películas, una de menor calidad y la principal, todas las semanas se ponía, comenzando los domingos un episodio de una serie, cowboys como de Tom Mix, etc. Mamá no podía perderse el episodio. La entrada al cine costaba 10 centavos para adultos y cinco para los niños mayores de 6 años. Pero eran diez o cinco centavos que no había. Todos los domingos, de tres y cinco a tres y veinte, se terminaba la matinée y diez minutos más tarde empezaba la primera tanda. Las luces se encendían en el teatro, se habrían las puertas de entrada para dejar salir a la multitud que había gozado de la matinée. Todos salían, excepto algunos que hubieren llegado tarde y quisieran completar la función. Mamá y las niñas, instruidas por ella, entraban al teatro mientras la muchedumbre salía, pero para no levantar sospechas, las tres perdidas entre la gente, entraban caminando de espaldas.
sábado, 23 de abril de 2005
Musarañas
Por La Chuna
Según la tradición, o las lenguas largas (y no la experiencia), el tiempo que nos es dado ya está contado. Yo (que casi alcanzo los ochenta) no creo que mi tiempo en el futuro sirva de mucho. Por eso he pensado que debo dar cuenta de cómo me asomo a la realidad. Es inexplicable, pero gran parte del tiempo me la paso pensando en las musarañas. Esta búsqueda ha sido una obsesión desde niña. A pesar de mi tesón, las musarañas continúan elusivas. Apenas llego a alcanzarlas, se escapan en una neblina muy densa e indefinida. Pedí ayuda al diccionario (el pequeño Larousse Ilustrado) para ver si podía acercarme a la solución del misterio. Me sorprendió conocer que las musarañas son mamíferos parecidos a las ratas. En algunos países latino-americanos, es una mueca que se hace con el rostro. Por ultimo, mirar o pensar en las musarañas equivale a estar distraído. Confieso que el diccionario no me sirvió de mucho. Soy bastante independiente y siempre he consumado que las musarañas, son algo profundo que debo investigar. ¡No quiero ni debo pensar que no existan, con tanto tiempo que he dedicado a su búsqueda! Quiero decir que a menudo, cuando me concentro en encontrarlas, me distraigo del tema observando a mis uñas, que son tan diferentes --cada una con personalidad propia. Mirando a mis uñas me ha venido a la mente ese dicharacho: “son como uña y carne”. En esos casos, hay que definir qué es uña, y qué es carne. Esta última tiene vida, circulación, dolor. La uña, mientras tanto, se halla en un proceso de ir de la vida a la muerte, solo sintiendo cuando está sujeta a la carne. Luego, cuando observo mi cutícula (carne completamente muerta pero sin desprenderse del dedo) concluyo que nos convertimos en cutícula cuando desafiamos la muerte, respirando y alimentándonos a través de maquinas y tubos. No sé si estas observaciones son parte del secreto de las musarañas, o si están por completo fuera del tema. En mi ansiedad de comunicación, quisiera oír, bloguero, tu palabra.
Según la tradición, o las lenguas largas (y no la experiencia), el tiempo que nos es dado ya está contado. Yo (que casi alcanzo los ochenta) no creo que mi tiempo en el futuro sirva de mucho. Por eso he pensado que debo dar cuenta de cómo me asomo a la realidad. Es inexplicable, pero gran parte del tiempo me la paso pensando en las musarañas. Esta búsqueda ha sido una obsesión desde niña. A pesar de mi tesón, las musarañas continúan elusivas. Apenas llego a alcanzarlas, se escapan en una neblina muy densa e indefinida. Pedí ayuda al diccionario (el pequeño Larousse Ilustrado) para ver si podía acercarme a la solución del misterio. Me sorprendió conocer que las musarañas son mamíferos parecidos a las ratas. En algunos países latino-americanos, es una mueca que se hace con el rostro. Por ultimo, mirar o pensar en las musarañas equivale a estar distraído. Confieso que el diccionario no me sirvió de mucho. Soy bastante independiente y siempre he consumado que las musarañas, son algo profundo que debo investigar. ¡No quiero ni debo pensar que no existan, con tanto tiempo que he dedicado a su búsqueda! Quiero decir que a menudo, cuando me concentro en encontrarlas, me distraigo del tema observando a mis uñas, que son tan diferentes --cada una con personalidad propia. Mirando a mis uñas me ha venido a la mente ese dicharacho: “son como uña y carne”. En esos casos, hay que definir qué es uña, y qué es carne. Esta última tiene vida, circulación, dolor. La uña, mientras tanto, se halla en un proceso de ir de la vida a la muerte, solo sintiendo cuando está sujeta a la carne. Luego, cuando observo mi cutícula (carne completamente muerta pero sin desprenderse del dedo) concluyo que nos convertimos en cutícula cuando desafiamos la muerte, respirando y alimentándonos a través de maquinas y tubos. No sé si estas observaciones son parte del secreto de las musarañas, o si están por completo fuera del tema. En mi ansiedad de comunicación, quisiera oír, bloguero, tu palabra.
domingo, 14 de noviembre de 2004
¡Estoy aprendiendo!
Por La Chuna
Sucedió un viernes de noviembre en la Feria Internacional del Libro de Miami, de 2004. Fuimos a disfrutar de un concierto al aire libre de las fantásticas Alma y Niurka. Lo único malo es que el concierto fue sumamente corto. Cuando nos disponíamos a irnos, nos encontramos con un amigo que nos dijo: ”No se vayan, el próximo es un guitarrista extraordinario”. Con cierta indiferencia y para esperar a que bajara un poco el sol, nos quedamos. El guitarrista era José Ángel Navarro. Como ignorante consumada yo no había oído nunca de ese guitarrista. Pues bien. No tengo palabras para describir la guitarra de José Ángel Navarro. Al escucharlo quedé completamente muda. Al terminar el concierto le pregunté “¿De dónde vienes?”, a lo que respondió: “¿De donde vengo? De Cuba”. Yo le dije “No, ¿de qué planeta? A lo que admitió “Sí, han habido conexiones”. Lo que yo oí no fue música, sino un lenguaje de sonidos extraterrestres que apenas comprendía pero que me sacaron del asiento y llevaron a lugares donde nunca había estado, para con un golpe, volverme a la conciencia del ambiente, en un lleva y trae que me dejaba sin respiración, y apenas, me rendía conciente. Aun me pregunto, ¿de qué planeta viene? Estoy segura de que ese lenguaje de sonidos no viene ni siquiera de un planeta del sistema solar. Pero donde quiera que sea, han escuchado a Ravel. Yo siempre había querido volar como un pájaro. Con el sonido de José Ángel Navarro, ¡estoy aprendiendo!
Sucedió un viernes de noviembre en la Feria Internacional del Libro de Miami, de 2004. Fuimos a disfrutar de un concierto al aire libre de las fantásticas Alma y Niurka. Lo único malo es que el concierto fue sumamente corto. Cuando nos disponíamos a irnos, nos encontramos con un amigo que nos dijo: ”No se vayan, el próximo es un guitarrista extraordinario”. Con cierta indiferencia y para esperar a que bajara un poco el sol, nos quedamos. El guitarrista era José Ángel Navarro. Como ignorante consumada yo no había oído nunca de ese guitarrista. Pues bien. No tengo palabras para describir la guitarra de José Ángel Navarro. Al escucharlo quedé completamente muda. Al terminar el concierto le pregunté “¿De dónde vienes?”, a lo que respondió: “¿De donde vengo? De Cuba”. Yo le dije “No, ¿de qué planeta? A lo que admitió “Sí, han habido conexiones”. Lo que yo oí no fue música, sino un lenguaje de sonidos extraterrestres que apenas comprendía pero que me sacaron del asiento y llevaron a lugares donde nunca había estado, para con un golpe, volverme a la conciencia del ambiente, en un lleva y trae que me dejaba sin respiración, y apenas, me rendía conciente. Aun me pregunto, ¿de qué planeta viene? Estoy segura de que ese lenguaje de sonidos no viene ni siquiera de un planeta del sistema solar. Pero donde quiera que sea, han escuchado a Ravel. Yo siempre había querido volar como un pájaro. Con el sonido de José Ángel Navarro, ¡estoy aprendiendo!
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