domingo, 22 de diciembre de 2019

La poéticalogística de Legna Rodríguez

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Leo con interés Backup, el arte de desfondarte de Legna Rodríguez en El estornudo. Sorprende y atrae el lenguaje semi-oracular (cercano al cántico) de Legna, que recuerda aquel razonamiento de Sócrates en Menón o la virtud, la preocupación del filósofo de si esta podrá jamás llegar a enseñarse. La poesía en la Grecia antigua cumple una función pedagógica, de ahí que Homero fuera llamado "educador de los poetas".

Por otra parte, el Platón de La república (en su libro V) emplaza al filósofo como descubridor de significados por encima de la experiencia sensual. El lenguaje filosófico ahora busca lo explícito y objetivo de la naturaleza no desde la representación "secundaria" del mundo percibido como tal –y aquí viene la sospecha platónica con la poesía. Es el lenguaje puro y práctico de la filosofía el que desemboca en la llamada frónesis (sabiduría).


Queda cierta ambigüedad en Platón con respecto a la poesía, en lo que toca al poder oracular de la misma de conectarse con la psique (alma). Ahí está la función pedagógica pre-silogística del lenguaje de informar, declarar y persuadir.

Precisamente lo que hace Legna en los ejemplos que siguen:    

Frente al exceso de información una información precisa.
Una información basada en la imagen de la información.
Porque no hay admiración sin terror.

"Información" queda reiterada y su exceso nos lleva a _____"precisa", a... ¡sorpresa! ____ basada  en sí misma. Y si bien, "Porque no hay admiración sin terror" no concluye en modo deductivo, incluso desde su non sequitur, ofrece un coup de sorpresa harto efectivo.     

No hay admiración sin terror
Y no hay terror sin asombro.
Y no hay asombro sin curiosidad.

Aquí aparece un arrastre pre-silogístico donde "terror" alterna, en diagonal, de predicado a sujeto, con "asombro"; luego, "seguridad" y "admiración" quedan amarrados; a la vez escuchamos un eco de lo anterior con lo que sigue: "sin terror no hay terror", "sin asombro no hay asombro"). Legna logra decir más con menos, y más, después que antes.

El exilio es una casa
Asumir el exilio y construir un lenguaje del exilio.
Y construir la imagen del lenguaje del exilio.
Y construir la cultura de la imagen del lenguaje del exilio.
Y construir una tradición

Otro pre-silogismo ensanuichado con tres consecuentes fijos ("lenguaje del exilio"). El ritmo in crescendo, añade nueva información (la conjunción "Y" puede leerse como verbo "es").

Cabe, sobre todo, la posibilidad del caos.
La concreción del caos, para concretar.
La emancipación del caos, para emancipar.
La disidencia del caos, para disentir.
La revolución del caos.


Tenemos ahora un petitio enrevesadamente delicioso, fungiendo como hipótesis ("cabe la posibilidad"). "El caos" es idée fixe alrededor de un tourniquet en cuatro puntos: "concreción", "emancipación", "disidencia" y "revolución".

Un exilio es una casa.
Asumir el exilio y construir un lenguaje del exilio.
Y construir la imagen del lenguaje del exilio.
Y construir la cultura de la imagen del lenguaje del exilio.

De nuevo, verbo y conjunción podrían permutarse, la conjunción "y" funge como un "es," ("Asumir el exilio es construir un lenguaje del exilio"/"Es construir la imagen.../ Es construir la cultura... " ). Puestas juntas, las tres últimas sentencias aúnan el eco de una reverberación coral, permutante y abierta. 

Un último ejemplo sin comentario:
  
La sociedad está compuesta por individuos y ejemplos.
El ejemplo a seguir, individuo u hombre, tiene fallas.
Las fallas ejemplifican su estado.
Las fallas forman parte de su constitución.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Nacho Mastretta - Baile en casa de Charly (1999)



JR 

Año 1999 es todavía aquel en que el cine español se asocia a los productores franceses antes de que se aproximen posteriormente a los productores argentinos. En ese año, Daniel Calparsoro, realizador barcelonés, filma Asfalto, la cual se estrenaría en febrero del 2000. Un thriller sin pretensiones que no se adjudicó premio alguno, pero que es digno de ver. Más que thriller, es un interesante argumento sobre una relación triangular. Aclaro esto porque la faceta emocional del ménage à trois se impone sobre la trama del suspense. Una indagación sobre este tipo de relación que en el cine español y en el de otras nacionalidades es inédita. No me explico como este filme se queda apocado ante la cosecha de premios (Asfalto solo obtuvo una nominación al Goya por la banda sonora) cuando montaje, edición, dirección dramatúrgica y actuaciones son impecables. No estoy hablando de una cinta excepcional, pero sí de un trabajo profesional excelentemente acabado. La mayor parte de la banda sonora entonces corrió por Nacho Mastretta, un conocido músico, compositor y productor discográfico barcelonés. 

El filme es una historia esencialmente urbana que se desarrolla en Madrid. La ciudad es protagonista en todo momento. Asfalto, les aviso, no es un título gratuito. Sin embargo, Calparsoro comete españicidio. La Madrid del director catalán se revela marcadamente napolitana. La influencia fellinesca es indiscutible y Mastretta músico sucumbe también al influjo. Su Baile en casa de Charly, que marca el momento iniciático de la relación triangular de los protagonistas es un evidente reciclaje del Nino Rota de Amarcord, 8 ½ y Julieta de los espíritus. Pieza que roza la tarantella y universos más íntimos de las barriadas de Nápoles, emerge en el filme de manera ingenua, descarada e insinuante. Cuatro acordes retro 70, sensuales, provocativos, chaplinescos y dramáticamente rosas. Con sus sudores melódicos, sus cadencias porteñas, su denso humo de cigarrillos y la llovizna pertinaz del jazz nos atrapa a la generación setentesca hasta ese drum fulminante. Fue nominada en su momento, junto a la banda sonora, al Goya. No lo ganó. Hoy, diecinueve años después, le otorgo el Tumiami Award.