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viernes, 17 de enero de 2020

La croqueta: patrimonio nacional



JR

Se ha celebrado por todo lo alto el Día Internacional de la Croqueta, esa receta que algún día nos inventaron los franceses para deleite de la merienda rápida. Se le atribuye la iniciativa a Louis de Bechamel, responsable del menú del rey Luis XIV. Pero, los historiadores afirman que fue el chef Antoine Carmenere quien le dio acabado a la idea al recubrir la fritura de la masa bechamel con una capa crujiente. Y, bueno, hay más hipótesis que la remiten a los cocineros florentinos del siglo XVI.

Lo cierto es que en Cuba, desde que tengo uso de razón, la croqueta tuvo un lugar especial en el consumo nacional. Se dice que ya muy temprano en el siglo XX, introducida por los españoles, invadió el paladar cubano para no abandonarlo jamás.

Mi madre preparaba la masa bechamel pero mezclado con la textura proteica. Picadillo si eran de carne. Les aclaro que estoy hablando de la década del sesenta AOF (antes de la ofensiva revolucionaria) del siglo pasado. Hebras de pollo si eran de pollo, o bacalao, si eran de bacalao. Mi padre decía que una croqueta a base de bechamel nada más no era croqueta. Y recuerdo que la preparación de la hebra era tan especial como la bechamel. Tenía su rollo. El viejo le dedicaba tiempo y secretos.

Con los años la croqueta, a falta de carne, fue sustituyendo en Cuba a la popular frita. Y la historia de la receta fue evolucionando a la par de la degradación del status quo de la sociedad cubana bajo la dictadura. Antes de su definitiva decadencia, una de las más famosas eran las de la cafetería La Cocinita cerca del Hotel Riviera, en la época en que todavía te servían ketchup en la mesa.

En la medida que faltaban ingredientes fundamentales y el componente proteico desaparecía, la croqueta en el territorio nacional asumió las variantes más insospechadas. No obstante, fue adquiriendo cada vez más protagonismo, no tanto para la alimentación, como para mitigar la sensación desolada del estómago.

Croquetas hechas de harina por dentro y por fuera. Croquetas grasientas, “enchumbadas” en manteca de manera tal que recubría el epitelio estomacal y lo protegía del ataque de los jugos gástricos del hambre, o de los embates del ron Legendario o la Coronilla. Croquetas concebidas de los materiales más disímiles. Si en Europa desde hace siglos se conocían las elaboradas con patatas, en la Cuba revolucionaria  se concibieron de yuca, de boniato, de lentejas, de chícharos, arroz, de quimbombó (con su babita), de cáscara de plátano y de “averigüe usted qué”…Masa cárnica, pasta de oca, picadillo de soya, fricandel y no se sabe cuántos otros pecados inconfesables de la cocina de Satanás.

¿Quién no se acuerda de aquellas croquetas pegacielo, cuya fórmula indescifrable las hacía un manjar propicio para ejercitar los músculos bucales y faciales y nos entretenía durante largo rato en el esfuerzo de despejar con la lengua paredes y conductos destinados a la entrada de alimentos en el organismo humano, sopena de exponernos al susto de una obstrucción respiratoria? No obstante, aquel mortero cochambroso adquirió junto al huevo y los chícharos un rol heroico en la supervivencia del pueblo.

Los que conocimos en la infancia lo que era una croqueta genuina, nos fuimos decepcionando con su trayectoria histórica en la medida en que el desastre comunista nos arrojó a la cuneta.

Por ello, los que nos fuimos, una de las cosas que más agradecemos es poder haber recuperado el encanto de la receta. Acá en Miami, es quizás la presencia más reconocida en las cafeterías de la ciudad. Las hay famosas. La croqueta de jamón del restaurante Islas Canarias, para mí la más representativa en cuanto a elaboración y sabor para el gusto criollo. Las de bacalao de Casa Paco, donde nuevamente nos topamos con la deliciosa hebra. Las de espinacas de Vicky o Gilbert Bakery. Las de prosciutto de Galindo Restaurante. O las cuban-american de Finka.

La más discreta croqueta en Miami es, indiscutiblemente, una croqueta digna. Sana. Está hecha con diligencia y ganas de vendérselas al comensal. Nos recuerda a los cubanos por qué alguna vez se convirtió en patrimonio nacional. No hay nada como paladear su masa saborizada, ligeramente atizada con sal, sin galletitas ni acompañante alguno, para luego degustar un buen café.

¡Ah, croqueta, sabemos que volverás con la fuerza de antes!, junto a todo ese goce usurpado: el de los pastelitos de guayaba, el del son auténtico y la libertad sin racionamiento. Volverás con todo el decoro del plato monárquico, no como te llegamos a ver, ultrajada y adulterada.

Ya los cuentapropistas en La Habana, dicen que la han estado rescatando y la han convertido nuevamente en una oferta apetecible. La van enalteciendo como un monumento con vigencia. Bueno, al final de la jornada, todo lo rescatable espontáneamente en Cuba es un homenaje a los caprichos cortesanos de la otrora metrópoli. Golosina local para cronistas y viajeros. Y son ganas de que el mundo se fije de nuevo en la isla y son trampas para atraer. Tanto para europeos, como chinos, rusos y, sobre todo, para el imperialismo yanqui, un monstruo al que el pueblo en penurias necesita tanto.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Turkykamón


Judith Ghashghaie

Al cortarse el suministro eléctrico la explosión disparó vajillas y aparatos contra paredes, piso, techos. La mujer peló los ojos como papas deshollejadas; luego, repetía con profunda arrechera:
¡shit, shiit, maldita receta! ¡Fuuuck, maldita receta! Ya no podía controlar las llamas ni soplando, ni con agua, ni con nada.

Se asfixiaba; se chamuscaba el pelo. Salió corriendo a la calle a implorar socorro.

Como suele suceder en todas las historias de fuegos, llegaron vecinos, bomberos, policías, inspectores del seguro a la propiedad, locutores y fotógrafos de los noticieros locales quienes incrédulos entraron al lugar de los hechos: encontraron entre escombros y cenizas la enorme olla especial que contenía en su interior a la familiar criatura y su característica expresión de inocente e inútil terror.

Llorando, la mujer aseguraba haber visto resucitar al congelado pavo de Thanksgiving, el cual al caer en el aceite de maní caliente: brincó, chisporroteó, reventó.

Él era el culpable de todo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Daniel Spoerri

Daniel Spoerri puede ser modelo para cualquier amante del arte y la culinaria. La entrada en el arte de Spoerri comienza en 1960, cuando al entonces cocinero -y administrador de un conocido restaurante- se le ocurre tomar fotos de assemblages. Spoerri, a la manera del pintor italiano Giorgio Morandi, es creador de atmósferas y variaciones. Su trabajo es un paisaje "después de", o "durante", abstracción informal -o encuentro directo con lo permutable de la forma. Los cocineros están acostumbrados a parajes como este,

pero el asunto es, ¿prestamos atención a esta "naturaleza viva" antes de morir? Hay algo en la concreción "durante" que no podemos ver, pues estamos, somos participantobservadores. Spoerri saca al humano del contexto y deja que el mundo muestre la cosa en sí. No en balde el empresario de Fluxus, George Maciunas, quedó encantado con la obra de Spoerri y revivió algunos de dichos arreglos para la exhibición de Spoerri, Tableaux- pièges, 1965.

En el website de Spoerri aprendemos que el hoy artista fue bailarín durante la década de los años 50. Además de agente culinario, Spoerri fue fundador de Eat Art en Düseldorff. Lo que sigue es una vida ecléctica, llena de sorpresas.


El único otro artista en la liga de Spoerri que se me ocurre pensar es el proteico -y siempre sorpresivo- Antoni Miralda.

jueves, 23 de junio de 2011

el mar en la boca



Rosie Inguanzo

El vino al congelador después de mojar la botella. Miami tan bonita esta noche. Colándose por el balcón del 14 piso. A. ha regañado a la ayudante de cocina porque no ha traído suficientes almejas y algunas están abiertas (a la ayudante de cocina le sube un escalofrío por la columna vertebral torcida). A. ha de improvisar la cena acomodándose a menos de lo esperado. 15 minutos la faena. Enciende el agua para la pasta—spaghetti fresco; corta hongos shiitake, que son delicados y gelatinosos, yéndole en textura y sabor a los moluscos (la ayudante de cocina dice: las almejas se cocinan con el sabor hacia adentro –y A. asiente.). Ajo generoso picadito, cebolla blanca, vino blanco bueno, aceite del mejor. A. dice que hay trasgresión en juntar estos hongos con almejas. La ayudante al ver el agua hirviendo enciende el Paninni Press para calentar el delicioso pan baguette rustique de The Gardens Market y sacarle la frescura. Siguiendo órdenes envueltas en vapores exquisitos empieza a deshojar orégano y albahaca frescos. A. en protesta aún por la cantidad de almejas (pobre de mí) las sumerge en el escurridor con hielo, las lava, las cepilla y ausculta como criaturas vivas que son. A poco los olores suben, para cuando el cocinero ha tapado el gran sartén con las almejas dentro, el ajo, la cebolla transparentándose y endulzándose, el vino blanco y el aceite. Pide queso pamesan reggiano abundante para agregarlo en el último instante, los espaguetis de la seminola exquisita van al dente para el sartén en cuando se abre, y ¡zas! Se hace el milagro. Vamos a la mesa corriendo con Chico Buarque y la luz ámbar adecuada, cráneo de las papilas, Savignon Blanc argentino helado, manos enlazadas debajo de la mesa, suspiro y degustar la paleta de sabores calientes –es el mar en la boca, dice la ayudante de cocina. La ciudad bonita se derrite en lucecitas titilantes, nubes parlanchinas y azul Prusia desparramándose en la vaporosa alegría.

miércoles, 16 de febrero de 2011

El chef ha muerto ¡viva el chef!

Un hedonista legítimo muere al pie de la buena copa, al pie de la buena mesa o al pie de la buena cama. Santi Santamaría, el célebre chef catalán, ha muerto cenando en su restaurante de Singapur mientras degustaba posiblemente una de sus tantas creaciones ensayadas hoy día en la alta cocina de cualquier región del mundo. Dueño del famoso restaurante El Racó de Can Fabes, fue un gran defensor del naturismo en el arte culinario y detractor de los ingredientes químicos. Su legado abarca miles de platos donde se combinan sencillez, conocimiento y paladar intuitivo.
Salmonete relleno de pan y olivada

4 salmonetes de 200 g cada uno
4 cucharadas soperas de miga de pan rallada
4 cucharadas soperas de olivada o tapenade
24 almendras tiernas
1 cebolla
1 diente de ajo picado
1 berenjena
1 pimiento rojo mediano
aceite de oliva
sal
pimienta negra recién molida

Picar la cebolla, dorarla en aceite de oliva y retirarla de la sartén. Pelar la berenjena, cortarla en daditos de 5 mm de lado, saltearlos en el mismo aceite y retirarlos de la sartén. Picar el pimiento en daditos del mismo tamaño, saltearlos y retirarlos. Mezclar todos los ingredientes en una cocotte y añadirles el ajo picado y pasado por la sartén. Tapar la cocotte e introducirla en el horno durante 15 minutos a 180 ºC. Reservar el pisto resultante. Escamar los salmonetes y abrirlos por la parte superior. Cortarles la espina central y retirar las tripas y las espinas. Lavarlos con agua. Secarlos y salarlos. Rellenarlos con la olivada y cocerlos en el horno a 180 ºC durante 8 minutos. Espolvorear la miga de pan por encima y darle un golpe de gratinador justo en el momento de servir. Acompañar cada plato con una cucharada de pisto generosa, a la que daremos forma de timbal. Decorar con las almendras.

"Quiero una cocina de equilibrio, de pureza, que no inquiete ni preocupe. Quiero que la gente cansada y estresada pueda saborear en mis platos la calma y el reposo. Al decir esto, parafraseo a Henri Matisse, sólo que él, donde yo utilizo la palabra cocina, escribió arte y, en lugar de saborear platos, se refería a contemplar su pintura." - Santi Santamaría

sábado, 14 de agosto de 2010

Spaghetti nero con almejas y ensala tropical


Las comidas de verano son rápidas, frescas y no llevan mucha preparación. A continuación un spaghetti nero con almejas y ensalada tropical miamense, y vino blanco. Preparación 10 minutos, ejecución 10 minutos.

Ingredientes: (para la pasta) Dos libras de almejas, spaghetti nero, ajo, vino blanco, aceite de oliva x-tra virgen, pimienta, tomillo y orégano. Para la ensalada: tomate campari, aguacate de estación, mango, ají habanero, aceite de oliva x-tra virgen y limón (amarillo).

Ejecución: Ya tendrás el tomillo y el orégano picaditos y listos. Lava las almejas con un cepillo (usa una pinza de cejas para sacar alguna que otra barba terca). Recuerda que las almejas que estén abiertas no sirven. Mientras, pon aceite a calentar en medium high, cuando esté caliente añade el ajo picado en lascas largas y déjalo dos minutos hasta que comienze a tostarse, (no a quemarse). Tira las almejas (habrá explosión mariscal) para que se asusten. Añade la pimienta. Al ratito un buen chorro de vino blanco del mejor que tengas. Tapa la camada. Las almejas se abrirán y exhudarán su esencia propiamente dicha. A los 10 minutos, saca las almejas de la candela. Verás que tienes una mini-salsa.

Si quieres, puedes ahora sacar las almejas de la concha, como aparece en el plato, o simplemente dejarlas en su casa. Si lo haces cuida de no botar la salsa dentro la concha. Entre tanto habrás puesto el spaghetti di nero (hecho con tinta de calamar) para dos personas, en el agua hirviendo. Cuando esté al dente escúrrelo y añádelo a la sartén. Añade un poco de queso parmeggiano. Ya tendrás picado el tomate, el aguacate y el mango en trozitos. No tienes más que añadir el aliño: Exprime un limón amarillo, un poquito de ají habanero picado muy finito, aceite de oliva y un diente de ajo machacado para que tenga mordida.

Acompáñalo con baguette y vino blanco (un Sauvignon Blanc no viene mal ahora en el verano). Abajo, lo que queda del festín (eso que va quedando es la mejor parte).


¡Buen provecho!

sábado, 17 de abril de 2010

Zuppa de vegetales caribeños con pollo


Considérese la sopa como precepto y concepto. Factúrese elegancia con minimalismo. No se olvide la fragancia. Que todo plato exprese su función nutrimental con el color (se admiten versiones monocromáticas siempre que el sabor las justifique). Arriba, zuppa de vegetales caribeños con pollo. Ideal para la primavera fresca miamense. Ingredientes: Un pollo orgánico, más bien sobre lo flaco -saben mejor. Pimientos rojos, calabaza, ñame, una cebolla amarilla grande, boniato amarillo, un plátano verdepintón, abundante albahaca un poco de sal y pimienta.

Preparación: Píquese el pollo en trozos con su piel; séquelo bien. Haga un sofrito de ajo con aceite de oliva. Añádase dos o tres tazas de caldo pre-preparado, orgánico, con "low sodium" y 99% non fat. Este dilettante recomienda Swanson's o Wolgang Puck. Un chorro de vino blanco. Cuando el caldo esté hirviendo, añádase el pollo, los vegetales y las viandas, cortados en trozos no muy pequeños. El tiempo de cocción de toda la camada es más o menos el mismo. Cuando el pollo esté listo, sepárese la piel de la carne y bótese (ya para ese entonces, ésta habrá soltado su grasa natural, que es la idea). Cójase un mazo hojas de albahaca, córteseles en flecos con el cuchillo. Cuídese de mecer su hoja de izquierda a derecha, de modo que la hierba no quede desgarrada y mustia, sino seca y nítidamente cortada. Eche las hierbas sobre el caldo y sírvase inmediatamente. Último toque: flequillos de ají chipotle, seco.

Acompáñese la zuppa con un buen pan rústico y un Eden Valley Riesling (90 pts. del Wine Spectator, por $13.99). ¿Postre? Lo dejo a vuestra elección.

sábado, 27 de marzo de 2010

El cortadito de Versailles


Alfredo Triff

El Versailles expresa nuestro exceso y defecto. La fonda pequeñohabanera por excelencia se apoya en la debilidad del espejismo. Funciona. La masa exiliada -como León Ichaso sugiriera en una piccola scena de su último film, Paraíso- degusta verse degustando en reflejo verde-que-te-quiero-verde con ribetes de arabescos áureos. Pero si existe algo versaillanamente original, algo que pase a la historia, algo por lo cual puede manejarse a la 8 y la 32 del SW, desde los cuatro puntos cardinales de Miami, es para saborear el cortadito de leche evaporada. La cafea arábiga tenía su destino. 

Composición: El cortadito es el Aufhebung del café con leche -más y sería un pecado empalagoso. Es postre líquido, denso, fragante, procurador sagüesero de la vigilia primaveral. El cortadito de Versailles es la mulata criolla del sabor -cuánto de negro y blanco a gusto. ¡Para colmo la mulata es china! Nuestra versión del caffè espresso se mezcla con leche evaporada en bain-marie y esa leche adquiere un amarillo de piel, propio de nuestra multiculturalidad.

La manera de servirlo: Primero la tazita blanca, palangana en miniatura, luego el chorro de arábigo prieto que entona melismas cafeínicos a su amada de los 7 velos con sus 7 rayos. Vendrá entonces la leche natosa, sudorando vaporosa, agitada en la jarra, suave y calda. Y se recibirán uno a otro en abrazo espumoso, embriagados hasta el borde de la taza blanca.

jueves, 11 de marzo de 2010

Foodjects: La cocina es un lenguaje

Amílcar Barca

Foodjects: Poéticas y diseños en la gastronomía actual española. “La cocina es un lenguaje mediante el cual se puede expresar...magia, humor, complejidad, provocación, cultura”. Con estos y otros adjetivos más define el chef Ferrán Adriá lo que podemos hacer hoy con el arte culinario. Cuando lo sensorial no sólo se edifica en el alimento sino que él mismo necesita de los utensilios y soportes para ser apreciado, es cuando la cocina y el diseño industrial se reúnen para trabajar juntos.

El proceso creativo de los objetos gastronómicos demanda de un estudio, una metodología o un juego para adoptar significados a la forma que requiere. Este planteamiento es el que adopta Martín Azúa, comisario y diseñador en Foodjects, en esta exposición con las propuestas más reveladoras del momento. Nadie que haya observado el descenso lento del aceite de oliva en el pan relega la experiencia habida con el rediseño de un matraz de laboratorio químico del arquitecto Rafael Marquina, permitiendo algo tan sencillo como imprescindible: evitar el goteo después de su uso.

O en la misma trayectoria, con el agua o el vino, la función que ejercen los recipientes, por ejemplo el Coporrón una síntesis entre copa y porrón, diseñado por el propio comisario de la muestra o el botijo, en terracota La Siesta, de Serrano y Martínez, inspirado en la verticalidad y los aros de prensión de las botellas de agua envasadas en plástico azul. Hay diseños que sólo pretenden ser artefactos divertidos o sarcásticos como los que ofrece Attua Aparicio con la tacita de café Taz-ah para insinuar, bajo una nariz postiza en el fondo exterior de la taza, que eres un cerdo o un perrito de historieta mientras lo degustas.

En una línea más conceptual -...y en mi opinión más ligada al humor negro- hay que destacar tres cabezas de caballos blancos en porcelana de Lladró de Bodo Sperlein sosteniendo una bandeja. Esta propuesta, nominada “Equus colección re-cyclos magical”, invita a una doble lectura: la surreal, si hubiera carne caballar en su hondura, y la mínimal, si una crema de apio y champiñones coronara el círculo de su borde. Estuches para cocinar al vapor, loncheras, mallas de cocción, cuberterías, salvamanteles o un estudiado embalaje para promocionar gráficamente distintas ofertas de chocolate, completan una muestra donde, comida y sustento formal, van en el mismo estuche de la exposición.

Para finalizar, añadir que una voz secreta me ha confirmado que van a servir jamón curado de pato y un buen jerez seco como tentempié. Foodjects es sinónimo de condición de asistencia: indispensable para restauradores, sibaritas, estudiantes, epicúreos, creadores visuales y amantes en general del conocimiento y la exquisitez gastronómica.
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Foodjects: Opening reception, March 13 at 8 pm,
4141NE 2nd Avenue Suite 102,
Design District (coincidiendo con la apertura de las galerìas en Wynwood éste sábado). Evento promocionado por el Centro Cultural Español (CCE).

domingo, 24 de enero de 2010

Espaguetis con salchichas de pollo en salsa de tomate

Alfredo Triff

El invierno trae antojos profundos. Comida que reconforte: Salsas, sabores terrenos, olores que se tienden por horas, vinos fuertes. No estoy comiendo carne, pero a veces hago pollo (siempre que sea orgánico de pura cepa). Lo que sigue es una variación de la popular receta de "spaghetti and meatballs".*

Ingredientes: 3 o 4 salchichas de pollo orgánico del Wholefoods o el Gardener's Market de Coconut Grove (tienen diferentes variedades: con queso feta, con queso asiago, con tomate y picante, etc), espaguetis marca Cecco, aceite de oliva X-tra virgin, salvia y albahaca fresca, peperoncino, queso parmesano del bueno, 7 dientes grandes de ajo picadito, jengibre fresco, buen vino blanco. Para la salsa es mejor hacerla from scratch, pero si no tienes tiempo: dos latas de tomate en conserva tipo Hunt's "diced" (de tomate picadito) y el Cento hecho puré.**

Ejecución: Corta las salchichas en secciones de 1 pulgada. Pica el ajo y el jengibre, aún más fino. Por el aceite en fuego medio-alto. Cuando el ajo en la sartén exuda ese olor casi a quemado, agrega la late de tomate picado y la lata de puré. Tírale un chorro generoso de buen vino blanco sobre la mezcla (Pino Grigio o incluso el frutal Chardonnay funciona). Has causado una explosión aromática entre el vino y la mixtura. Pon agua en otra cazuela para la pasta.



Lo que ves arriba es una olla de cobre Ruffoni, donde cocino mis risottos y salsas de tomate. El cobre es un excelente conductor de calor (no te preocupes, puedes hacer una salsa sabrosísima con cualquier cacerola, sólo asegúrate de los ingredientes bailen líbremente en la sartén). Tira las salchichas cortadas en la salsa y deja que esta espese durante 10-15 minutos a fuego mediano-alto. Observa que los trocitos de salchicha de pollo se ponen redonditos. Si deseas la salsa espesa, disuelve un poco de fécula de maíz con agua, o combinar una yema de huevo disuelta con un toque de limón justo antes de mezclarla con la pasta (cuidado, la salsa no puede estar demasiado caliente o el huevo se coagula). Pica la albahaca y la salvia. Truco: para cortar hierbas y que no se mustien, el movimiento de tu cuchillo debe ser de lado a lado. Lo último es queso parmesano abundante. Acompaña la pasta con un Chianti o un Pinot Noir californiano. Para absorber la amalgama de jugos que quede después del primer ataque, no hay nada mejor que una barra de pan rústico de la panadería francesa de Coral Gables.

Tan delicioso el mejunje que apenas pude sacar fuerzas para tomar esta foto:



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*De acuerdo a Alton Brown, creador del famoso cable de comida Food Network, el "spaghetti with meatballs" es un invento de inmigrantes italianos en EE.UU. a principios del siglo XX. **No hay mejor salsa que la que haces tú mismo. La de arriba es la mejor aproximación posible.

jueves, 7 de enero de 2010

Para el frío: Bacalao "a la miamense"


Ayer decidí estrenar mi penca de bacalao* de COSTCO que permanecía envuelta en su paquete de celofán encima del refrigerador desde hacía dos semanas. Lleva una noche en remojo y dos lavados.

Ingredientes: Aceite de oliva Xtra virgin, ajo bien picadito, cebolla en lascas, papas en trozos, pimiento rojo y verde, dos rodajas de limón.

Ejecución: Pon el ajo y los ajíes a freir en aceite bien caliente. Polvorea los trozos de bacalao con harina, cuida que estén ligeramente cubiertos. Separa el sofrito y en la misma cazuela con un poquito más de aceite pon a freir el bacalao. Al poco rato que los vires, ahoga el bacalao con un buen chorro de vino blanco del mejor. Enciende el horno a 270 F. Ahora añade el sofrito a la cazuela con un buen puré de tomate (uso CENTO, italiano, de sabor dulzón; puré consistente, triturado). A esa mescolanza agrega las papas cortadas en trozos... que deben quedar justamente cubiertas por la salsa, recuerda que no se trata de un sopón. Ya el horno está caliente y es hora de bajar la cazuela tapada (uso Le Creuset, de porcelana y hierro). Hornea el bacalao 2 horas. El olor a bodegón portugués delata la cocción. Cuando vuelvas, verás que las papas están sólidas pero exrtremadamente suaves, lo mismo los trozos de bacalao, consistentes, pero se deshacen. Deja la cazuela arriba por 15 minutos y caliéntate un pan "rustic" para hacerle compañía. En nuestro caso, hicimos un arroz basmati perfumado. Vino "Los pasos", un tempranillo de uvas orgánicas por $10.99 en Whole Foods. Fue una buena noche de amistad.
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*La Academia del Bacalao de Lisboa inventarió recientemente más de 1,001 recetas de Bacalao en el territorio portugués. El bacalao está en la gastronomía portuguesa ya desde el siglo XIII gracias al incremento de intercambios comerciales y matrimoniales con los reinos de Dinamarca. El bacalao tiene su larga historia: exigió acuerdos internacionales, provocó guerras, hizo declarar revoluciones, obligó a legislación específica, viajó por mares para alimentar a pueblos colonizados, estuvo en mesa de reyes y en platos de familias pobres. (Tomado de Cod: A Biography of the Fish that Changed the World).

miércoles, 23 de diciembre de 2009

De tartare* de bonito a suppa de pescado con mejillones


Alfredo Triff

En estos días de frío miamense, no hay nada mejor para el sistema y sus funciones que una buena sopa, pan y vino. Lo genuino de esta receta bullente emerge del accidente: La idea inicial era de pescado crudo, tartare de bonito y seabass.

El viaje a Whole Foods es siempre un placer. Comer, beber y cocinar es también hurgar y revisar los mejores ingredientes. El mejor pescado para nuestro plato depende del grado de frescura: F1 o F2. Menos es límite del sushi, y menos que eso, es la tuna congelada de Publix, buena sólo para freirse. Esta vez en la sección de HERBS** el descubrimiento fue las flores comestibles (acento recomendado para una ensalada de avinagrado amargor y color), hierbas como el perifollo (sustituto del perejil, pruébalo con pollo, exquisito en té y ensaladas), el epazote (popular en la comida mexicana), la lavandula (miembro de la familia de la menta y prima hermana del romero, la salva y el tomillo: los tres últimos permanentes en mi cocina).

Volviendo al pescado: Mi primer viaje infructuoso a Farmer's Market de Coconut Grove donde soy marchante asiduo. La decepción: El salmón ajado, la tuna pálida -casi gélida. Me llevé el alga de sushi que uso como condimento. Sin abastecimiento, decidí volver a Whole Foods y la sección de pescados merece un comentario. Da agrado: de izquierda a derecha, comenzemos con pulpo (de Filipinas, que he concinado para un montón de amigos), los camarones gigantes, langostas, almejas. Pescado entero: trucha, rabirrubia, pargo. Cortes de fresquísimos de salmón del Atlántico o del Mar del Norte, bacalao negro de Alaska, emperador del Mar Caribe, sea bass de Chile, macarela y bonito. A la extrema derecha, el pulpo japonés ya cocinado y masas de cangrejo de diversos grados y tamaño. He contado más de 20 aceites de oliva distintos, todos de primera. No se es tolerante si no hay salsa picante y Whole Foods le dedica toda una sección.

Ingredientes para el tartare: Bonito para sushi, aceite de ajonjolí, una pizca de mostaza de Dijon, limón amarillo, seaweed, flores comestibles, caviar de salmón. Pica la tuna en cuadritos, un poquito menos de media pulgada, no la hagas picadillo ni la flequees tanto que pierda su consistencia y esencia -es placer tártaro poder masticarla. Mezcla el aceite con el limón, pero cuida que la masa no se sature demasiado -ha de comerse inmediatamente. Que no se disperse, para servirlo, empaca la mezcla dentro de una taza pequeña, apriétala bien hacia adentro y dos golpecitos bastan para que salga moldeada. Adórnala con las flores y huevas de caviar.

Quería repetir el tartare, ahora con dos pescados diferentes, pero como dije, el frío miamense coartó mis planes. Nos dimos un viaje por COSTCO y me compré un saco de
mejillones (hoy prometo terminar con ellos con una sopa mar-y-tierra).

Ingredientes para la suppa de pescado y mejillones: Media libra de bonito y media libra de aguja o emperador picadito en cuadritos pequeños, una libra de mejillones frescos, 8 dientes de ajo, tomillo, cilantro, vino blanco del mejor, aceite de oliva xtra-virgin, un poco de mantequilla, sal y pimienta.

En la sartén un poco de aceite de oliva y mantequilla a fuego mediano-alto. Lava bien los mejillones, quítale las barbas con una pinza de cejas. Pica bien el ajo y tíralo. Cuando huelas el ajo quemándose, añade los mejillones. Sube un poco el fuego por dos minutos y añade el pescado. Ahoga los mejillones con el mejor vino blanco: debes tirar el vino desde arriba en chorro continuo y sentir la explosión de vapor de arrefice salado. Baja el fuego a medio y espera que las valvas se abran bien y suelten su sustancia. Añade un chorrito de agua y un poco de puré de tomate. Pica el cilantro y el tomillo bien finito con tu cuchillo preferido. Puedes servir los mejillones en la valva o sin ellas. La suppa con un poquito de arroz de jazmín no es mala idea. Acompañamos la suppa con un malbec argentino TILIA orgánico y el Trío en la menor de Ravel, interpretado fenomenalmente por Beaux Arts Trio. He aquí el resultado:


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*Se sabe que la carne cruda era consumida por los tártaros, la tribu turco-mongol en control de la Rusia del siglo XIII, y exportada a Europa por marineros alemanes que visitaban los puertos rusos. La versión cocida se conoce como "bistec de Hamburgo", que se convertiría en un sándwich, la más tarde denominada "hamburguesa". El tartare de pescado puede ser una variación oriunda de los pescados del río Volga.**Cuando se habla de "hierbas de cocinar", no se habla ni de semillas ni tallos ni raíz que es lo que corresponde a las llamadas especies, sino de las hojas propiamente dichas.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Viandas "exiliadas" con mojo criollo, merluza al horno con puré de cilantro y aceite y ensalada



Domingo y había que desintoxicar. Nada mejor que la vianda criolla exiliada: ñame, calabaza y plátanos pintones, (desaparecidos casi por completo de las bodegas habaneras por allá por los 60 tardíos y 70 tempranos y que a los muchachos les traía el mejor recuerdo de la tierra roja guajira).* A veces las olvido, quedan como acompañante, aunque esas raíces se merecen el papel protagónico. En el plato que sigue, cada ingrediente es parte comparable del siguiente. Pluralismo material y gustativo. El pescado viene por sintonía. La carne roja ha quedado en un puente mimético prehistórico del inconsciente. Realmente no hacía falta ensalada, pero la lactuca Boston, delicada, rococó de las lechugas me resultó irresistiblemente seductora. Recomiendo para ensaladas el tomate Campari, pequeño, jugoso y dulce que venden en Publix. Ahora sólo por $2.49 la caja.

Modo de ejecución:

Adoba el filete de merluza en aceite de oliva X-tra Virgen del mejor, con un poco de limón y cilantro bien picadito (razón para usar tu mejor cuchillo). Esparce el puré de cilantro sobre la carne blanca y pon los filetes “piel arriba”, con pequeñas hendiduras incrustadas con lascas finas de limón. Pon el horno a la parrilla en “low”, a dos pisos del elemento superior. Hierve las viandas juntas (la calabaza es la más blanda). Mientras, prepara un mojo con limón, aceite de oliva y ajo, a gusto y mézclalo bien todo. Para la ensalada, en este caso, sugiero un dressing con vinagre balsámico de Módena y aceite de oliva con un tin de salsa de anchoa italiana. A los 15 minutos, sube el calor del elemento a “hi”, por dos minutos y sírvelo bien caliente. La piel quedará crujiente y la carne blanca suave, jugosa y flecosa.
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*Recuerdo mi sorpresa cuando visité Oriente con mi vieja en el 1973 y probé la primera ensalada de calabaza con ajo y aceite que recuerde. Fue en Holguín, y la calabaza muy panuda que se daba en el huerto de la casa de mi prima Marilú. 

martes, 13 de octubre de 2009

Tortellini de setas con bandera de pimientos, feta, albahaca y aceite de oliva



El plato que ves al lado es obra de la casualidad planeada. Hoy en día no tenemos tiempo para cavilaciones culinarias, por lo que recomiendo guardar diferentes guarniciones en el frío y usarlas como se presente el caso. Si abres mi refrigerador te sorprenderá la cantidad de mini-platos envueltos en nylon: berenjenas asadas con vinagre, aceite de ajonjolí y habanero, pimientos dulces en aceite y sal, encurtidos de pepinillo y rábanos en vinagre con hierbas aromáticas, o de quimbombó en aceite, vinagre, pimentón y canela. Se trata de aumentar la variedad de sabores, aprestar la labor, enriquecer la cocina. Hace dos días había preparado pimientos dulces asados, con flecos de sal de mar y una gotita de aceite de oliva (no hace falta nada más). El pimiento (y su primo cercano el chile) son oriundos de América del Sur.* Los portugueses se encargaron de exportar la fruta** a todo el mundo: En Europa central el pimiento se seca como pimentón. ¿Qué sería de la cocina húngara, búlgara, polaca y serbia sin la paprika? El pimiento es actor principal en la cocina portuguesa, española y griega, así como en las tradiciones culinarias del norte de África. Desde la India, Tailandia y China hasta Nigeria aparece el famoso capsicum anuum en decenas de platos.

A la hora de seleccionarlos, busca el color más vivo, la piel lisa y lustrosa. Cada color tiene su propio sabor, desde la resinosa esencia del verde con destellos de cobre hasta el semidulzor vitaminoso del amarillo. El pimiento se estima por sus propiedades medicinales: Vitamina A, C, B6 (piridoxina) y manganeso. La fruta es recomendada para la artritis reumatoide, ciertos problemas de la vista (por el beta caroteno) y la deficiencia pulmonar (por la concentración de vitamina A).*** Ingredientes: Tortellini de setas, ensalada de pimiento rojo, naranja y amarillo con aceite y sal de flecos de mar. Aceite extra virgin de oliva, queso feta de cordero, albahaca, pimienta. Hierve la pasta por 3 minutos hasta que se hinche un poco. Escúrrela y mézclala con el resto de los ingredientes.
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*Hay semillas de chile que datan de 5000 aC.  **Botánicamente hablando, el pimiento es una fruta. ***En efecto, alimentos ricos en beta-criptoxantina (el carotinoide de color naranja-rojo que se encuentra en cantidades más altas en el pimiento rojo, la calabaza, el maíz, la papaya, y las naranjas, melocotones) puede reducir el riesgo de cáncer del pulmón.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

"Bisté con papa frita" barthesiano




Buscando en otras nubes y me tropiezo con un fragmento de la deliciosa Mitologías de Barthes, donde el célebre estructuralista analiza cómo la semiótica del buen comer apunta, define y señala otros comportamientos humanos. ¿Cuáles? Todos: trabajo, deporte, ocio, celebración y hasta el rito. Esa polisemia es, para Barthes, lo que realmente caracteriza la modernidad. De ahí la mitología del "bisté con papa frita" que se conecta con el orgullo galo y la identidad del imperialismo francés (el ensayo es de los 60 tempranos).

Primero, llevemos la carne a su nivel denotativo:

"El prestigio del bistec se vincula con su cuasi-crudez: en él la sangre es visible, natural, com¬pacta y cortable; uno puede imaginar perfectamente la ambrosía antigua en esta especie de materia pesada que se achica bajo el diente de tal manera que permite sentir al mismo tiempo su fuerza de origen y su plasticidad para expandirse por la sangre del hombre. La razón de ser del bistec es lo sanguíneo: los grados de su cocción no se expresan en unidades calóricas, sino en imágenes de sangre" (p.47).

Ese "sangramiento" define el bisté: de expresiones como "saignant" (punto medio), o "bleu" (casi-crudo), y el consabido eufemismo "grado A". Dice Barthes:

"Comer el bistec saignant representa a la vez una naturaleza y una moral. Todos los temperamentos le son adecuados, los sanguíneos por identidad, los nerviosos y los linfáticos por complemento. Y así como el vino se convierte para buen número de intelectuales en una sustancia mediúmnica que los conduce hacia la fuerza original de la naturaleza, el bistec es para ellos un alimento de recuperación gracias al cual vuelven prosaica su cerebralidad y conjuran, por medio de la sangre y la pulpa blanda, la estéril sequedad de que siempre se les acusa. La moda del bistec tártaro, por ejemplo, es una operación de exorcismo contra la asociación romántica de la sensibilidad y la debilidad física; en esta preparación se encuentran todos los estados germinantes de la materia: el puré sanguíneo y lo albuminoso del huevo, todo un concierto de sustancias blandas y vivas, una suerte de compendio significativo de las imágenes del preparto".

¿Y la papa frita? Siempre acompañando el bisté, "trasmitiéndole su lustre nacional".  La papa frita es "nostálgica y patriótica". Barthes concluye que los french fries son el signo alimentario de la "francesidad".

Barthesianamente hablando, imaginen lo que pudiera decirse del sandwhich cubano.

martes, 22 de septiembre de 2009

Rigatoni con salsa rosada de mejillones "descapuchados" y basílico



Alfredo Triff

¿Tienes hambre? 

De la tierra al mar, pescado, ¿cómo lo prefieres? No a la tilapia. Di ¡NO! a esos camarones cocinados fríos a tu derecha, justo al borde de la sección "sushi" yacen rojos, en gremio helado, listos para ser sumergidos más tarde en una salsa roja incomprensible, "bajados" con Miller por las masas miamenses.

En la materia basáltica está el origen de la vida. MEJILLONES ($3.49 la libra). 

Admítase que los de ahora, criados en granjas son cada vez más diminutos. ¡Se trata de un molusco internacionalista! Los he probado en Bélgica como "mosselen met friet", en Turquía cubierto de harina y fritos, acompañados con "raki". ¿En Francia? "Éclade des Moules". La cocina irlandesa los hierve y sazona con vinagre a base de chile. Por cierto, para tapas no hay nada más rico que una ensaladilla de mejillones Ramón Peña (he leído un review de los productos Espinaler) aderezados con aceitunas y pimientos rojos.

Les presento a Rigatoni en salsa rosada de mejillones "descapuchados" con queso ricotta y albahaca.

Rigatoni es una pasta tubular (más grande que el penne y el ziti). Queso ricotta (o requesón, sin procesar al 8% de grasa... no temas la grasa). Vino blanco de tomar, tomates bien maduros e íntegros cortados en lascas finas. Libra y media de mejillones bien lavados. Pimienta, cuatro dientes de ajo fileteados, aceite EV de oliva y ramos albahaca picaditos.

Lava los mejillones bajo agua, quítales las barbas. Pon agua a hervir con un poco de sal. A una sartén de acero de fondo grueso con candela alta añade una gotita de aceite. Agrega los ajos, brincarán inmediatamente. Dales un minuto y tira los mejillones. A los dos minutos adiciona un buen chorro de vino blanco (del mejor que tengas). Muele un poco de pimienta encima. 

Sube un vapor aromático arcano: ajo, vino y puro mar... las valvas drenan su precioso jugo blancuzco (cuidado: ahí está la clave del plato). Una vez que se abren los mejillones no deben estar en la sartén por más de 5 minutos. Saca la sartén del fuego. Con una pinza saca las valvas y extrae los sílfidos mejillones. Pon la sartén de nuevo en la candela con fuego medio/alto, y añade el tomate enlascado. 

Cuidado, la idea es cocinar, no desbaratar. La pasta, "al dente". Cuélala y añádela a la mistura con una generosa porción de ricotta. Mezcla los mejillones "descapuchados" en la salsa con la pasta, añade las hierbas y sírvelo tout de suite. 

El sabor de la salsa marina con ajo y notas dulces de la salsa noblemente enquesada debe acompañarse con un contraste intrigante de etanol recatado, con bordes entre roble y ciruela (recomiendo Pinor Noir "Angeline", sólo $12 en Crown Liquors).

lunes, 7 de septiembre de 2009

Vivir para comer: Fideos con camarones y quimbombó en salsa de coco*


“Comer para vivir o vivir para comer”, decía un querido maestro que prefería la buena bebida a la buena comida. Su disyuntiva es un eterno retorno para el amante del buen comer. Hay que limpiar el refrigerador porque hubo planes quebrados, recetas abandonadas. La agitación de la vida del capitalismo (consumimos 15 veces la dieta normal de un habitante promedio de la India). Siempre quedan cosas en el refri: Camarones grandes y berenjena pequeña de una salida a Costco, un paquete de quimbombó que grita ¡cocíname! Nada peor que comprar por comprar.1 Buen comer y buen comprar coexisten en tensión dialéctica. Date un viaje diario por Publix y al menos dos semanales por Whole Foods. “Bueno” debe anteponerse a “barato”.

¿Qué hago? 

Esto me sabe a tailandés. Bajo al supermercado de la esquina. En la lista: tilapia, un paquete de arroz y un buen Chardonnay.2 Llegamos a la casa y se nos olvidó el arroz y el vino. “A tirarle fideos” – “pero es mitad de spaghetti y mitad linguini” (los asiáticos inventaron el fideo ¿no?).

Ingredientes: Mucho ajo que se echa a perder. Media cebolla. Aceite de ajonjolí. Salsa de pescado Thai, camarones, tilapia (el huevofrito de los pescados), un paquetito de quimbombó, berenjena, leche de coco, ají habanero...

Modo de ejecución: Primero, ajo y jengibre bien picadito, con aceite bien caliente de ajonjolí, la cebolla y el habanero después. Se fríen hasta que estén doraditos. Lo pones aparte. Has picado la berenjena en cuadritos con sal por 15 minutos para que suelte amargor. Cuando la sartén esté bien caliente, tiras el quimbombó con una gotita de aceite. Mientras, pon a hervir los carapachos del camarón grande (que has lavado con cuidado bajo el agua) y echa un poco de condensado vegetariano. Fríe el quimbombó hasta que esté algo quemadito (verás que comienza a ajarse). Añade el sumo de camarones al quimbombó con un toque de salsa de pescado tailandesa y un chorro de vino blanco (Pino Grigio en mi caso). Déjalo hervir. Añade la berenjena que ha sido bien lavada para quitarle la sal. Unos cuadritos pequeños de zanahoria y apio. Cuando el mejunje coja hervor echa la leche de coco, que lo sumerja todo. Vuelve a despertar el hervor y entonces baja la candela. Pon a hervir los fideos. Corta unas cuantas almendras tostadas. Espera como 15-20 minutos. Cuando los vegetales recién estén, hecha el camarón y la tilapia. Sube un poco la candela y dales 5 minutos. Escurre y echa los fideos encima del mejunje y floréalo el asunto con bastante albahaca picadita. Ayer lo serví con té de menta caliente con miel y limón. Ya está. A comer se ha dicho.


 
(Ya en su plato y algo comido).
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*JAMA EN LIBERTAD. 1No hay más que ver esa gente en Publix con una carroza en la que apilan la comida de tres meses: cajas de pizza congelada, croquetas y tostones Goya, perros calientes, 3 tipos de panes suaves envueltos en plástico, sendos paquetes de 3 libras de jamón y queso Gouda (queso de los marielitos), carne: 6 libras de picadillo, sus respectivas palomillas (no podía faltar el solomillo de cerdo); laterías: tuna, frijoles negros y colorados Goya, sopa Campbells (el caldito de por la noche) mayonesa, ketchup... (get the picture?). 2La mayor verdad gastronómica: No cocines con un vino que no te tomarías. Mientras más seco mejor, pero ni tanto, voy de Pino Grigio a Chardonnay. Y el sabor de un risotto de langostas con un Semillón, o Sauternes es para morirte.

jueves, 27 de agosto de 2009

Ensalada con ravioli de langostas




Temporada de ciclones, lluvia incidental, sol fugaz, humedad pegajosa, nubarrones... anoche tenía un buen Chardonnay frío haciendo preguntas: ¿con qué me tomas? Debo parear ese jugo rubio (con sabor a pera, cítrico y clavo) con algo, pero ¿qué? Casi las 8:20pm y prefiero estar a la mesa -a más tardar- a las 9pm., particularmente después de un largo día de clases. La duda se convierte en una masa blancuzca de energía sonora que se interpone entre la estufa y el refrigerador. Me decido por una ensalada rápida... digestiva. De nuevo, rastreo lo que hay y busco pareos: lechugas pequeñas, salvia (mi hierba preferida), un paquete de ravioli relleno de langostas, corazones del alcachofa marca Reese (escurridos de su marinado), nueces, tomate tipo Campari (aunque algo más caros exquisitos por su jugo y piel), queso azul de Cabrales, y rabanillos. Pongo aceite con una gotita de mantequilla en la sartén y tiro varias espigas de romerillo. Cuando está dorado, le echo un poco de mi Chardonnay... y se produce una explosión de vaporífera fragancia. Añado el ravioli a la salsa. Acto seguido, mezclo todos los ingredientes en una fuente con aceite de oliva español extra virgin y un
balsámico Villa Manadori denso y noble. Hurgo en la fibra del Cabrales con mi cuchillo de tomate, buscando trizas ni muy grandes ni muy pequeñas. Añado pimienta y una pizca de hojillas de ají chipotle seco y el último -y más importante ingrediente: extracto de anchoa.* Lo revuelvo todo enérgicamente. Mmmmmmm, wow, qué placer.
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*El extracto de anchoa se merece un capítulo aparte por la riqueza de sabor que ofrece a cualquier comida, sea pollo, mariscos, pescado, pastas -y en particular ensaladas. La versión asiática es la salsa tailandesa de pescado, con su delicioso olor pútrido, que en mi cocina ha desencantado (sólo momentáneamente, por supuesto) a un fotógrafo amigo muy querido. Comparto mi fórmula: una lata de anchoas VIGO. Vacía el aceite y seca los filetillos con papel de toalla. En un mortero mezcla la anchoa con rabanadas de ajo que hayas dorado previamente en aceite de oliva con un poquito de pimienta. Machuca los ingredientes. Añade a la pasta 3 cucharadas de vinagre, ¼ taza de aceite de oliva, un poco tomillo seco, ½ cucharada de mostaza. Mézclalo todo muy bien. Voilà!

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Cenas como la que reseña Alfredo – no sé él y Rosie- yo las acompañara con este background de Francis Lai, el aclamado hombre feo de la belle musique. El autor de nada más y nada menos que Un homme et une femme (1966), Love Story (1970), La Bonne Annee (1973), Emmanuelle (1974), Bilitis (1977), Les uns et les autres (1981), Hasards ou coincidences (1998)…Y el de Vivre pour vivre (1967), conspirada con Lelouch, la cual hizo ir al cine 23 veces a mi madrecita para babearse con Yves Montand y que me reveló que la mujer a la que yo aspiraba, consistía en una fórmula compatible entre Candice Bergen y Annie Girardot. (JR)

miércoles, 19 de agosto de 2009

Pasta a-la-R


Ayer no tenía nada en mente para cocinar. Había pulpo lasqueado en aceite de oliva con pimentón ahumado en el refrigerador, mas la ensalada deliciosa de la otra noche no podía/debía repetirse (¡como si el pulpo fuera huevo frito!). Prosigo. Después de los ejercicios d'habitude, discutimos la cena: "¿Pan rustique con pulpo y ají asado?" "No, ya comimos pulpo ayer y hoy en el almuerzo". R. quería algo caliente. Me miró con cara de salirse-con-la-suya y me olvidé del pulpo. Decidí improsivar. Nos fuimos a Publix y compré lo más barato. Por qué no algo con tilapia.*

¿Chto delat?** El asunto está dado por la coyuntura económica, es decir, lo que tienes en el refrigerador.

Ingredientes:

Tilapia, salsa de pescado tailandesa, ajo, maní salado, hinojo fresco, pasta de curry de Cachemira y linguine.

Realización:
Pique la tilapia en cuadritos de una pulgada y marínela con salsa de pescado tailandesa (ahí ya tienes el contenido de sal). Machuca el maní en un mortero.*** Ponga en la sartén (preferiblemente Calphalon Non-stick) en fuego mediano/alto con aceite de ajonjolí. Añade filetillos de ajo bien finos (a gusto), y déjalo freír por 4 min. Cuando el ajo esté casi transparente, pon la tilapia y no la muevas por 5 min. Pon agua a hervir y cuando esté lista, añade el linguine. Cada ración personal de pasta equivale al volumen del hueco del dedo índice tocando la base del pulgar. Con tenazas, vira la tilapia, y súdala con un poquito de coñac. Cuela la pasta y tírala con el resto de los ingredientes menos -la tilapia que por ser delicada irá sobre el mejunje. Pepperoncini a gusto. Acompaña la cena con un Kim Crawford Sauvignon Blanc.
Os juro que cerramos con lascas de mamey de Sedano's -exquisitas.

Nota: Disculpen. La foto arriba corresponde a -lo que quedó- de un risotto de azafrán con aguacate, tomate, queso feta y espárragos, que hice el lunes.

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*La tilapia es asequible y deliciosa. Su carne firme y blanca se presta para una variedad de platos (la he comido en escabeche preparada por una colombiana que acabó conmigo). **Comida e ideología. ***El mortero es un implemento muy necesario en la cocina, en sí mismo un laboratorio. Machucar es interpenetrar químicos a presión. Ten uno grande de madera con un buen machucador.

viernes, 14 de agosto de 2009

Cuestiones etílicas: Voltaire, Hume, Kant, belleza, gusto y estándar


Alfredo Triff

¿Puede una escultura ser "amarga", "triste" un asado? ¿Existe un sabor "trágico" para cierta sopa?

Érase una vez la palabra "gusto", empleada por el filósofo David Hume, para quien el arte (y lo estético) es una cuestión muy parecida a lo gastronómico (Hume era un conocido gourmet). Como emotivista, Hume estima que nuestras evaluaciones estéticas están en función del placer -o la molestia- que provocan. 

Así como una persona con gripe no está en condiciones de evaluar adecuadamente el gusto de una comida, alguien sin previa educación no estaría preparada para evaluar debidamente una obra de arte. De ahí Hume trae a colación el preciado jugo: el vino -y la importancia del experto catador sobre el neófito. 

Con la belleza debe ocurrir algo parecido, es decir, el estándar está dado por el consenso. ¿De quién? De los conocedores.2 Imagino que el filósofo escocés advierte que tal estándar de expertos puede terminar rehén de las evaluaciones de un grupo muy particular. Por ello es que añade que el criterio "debe resistir el embate del tiempo", que es lo que Hume denomina "buen gusto". Y es de ahí que otro filósofo alemán inicia su aporte.
Para Kant el placer estético (Geschmack) es independiente de la esfera sensual: no es producto de los deseos. 

La distinción fundamental es que dicho placer es "desinteresado".3 Es decir, la valoración cognitiva y la estética son diferentes en que la primera refiere mi experiencia del objeto "mediado por un concepto" (por ejemplo cuando digo: "hoy es un día soleado"). Por otra parte, cuando hago un juicio estético me estoy refiriendo al contenido de la experiencia de mi propio estado subjetivo, ejemplo: "detesto la frambuesa". Kantianamente hablando, cuando decimos: "el atardecer es hermoso" no existe interés alguno, se trata de una experiencia meramente contemplativa.

¿Es el sabor de un Catena Zapata Malbec 2005 sólo de índole subjetiva?4 

A Kant se le olvidó el jugo.

"Me gusta el vino", "no me gusta el vino" ... aburrido. Hablemos de la calidad del jugo en la botella. Es aquí que la teoría hedonista/gourmet de Hume juega un papel importante. 

Si bien es cierto que mi gusto por el vino es de cierto modo subjetivo, debe haber algo en el jugo del Catena Zapata Malbec 2005 anclado en la realidad. Es posible que la calidad del jugo tenga que ver con el terreno de cultivo, el cuidado en la calidad de las uvas seleccionadas, el proceso de fermentación en barriles de robles exquisitos y añejados, los expertos conductores del proceso, etc. Esto es lo que determina la diferencia entre un vino excelente y uno mediocre.

Cualquiera tiene derecho a decir "no me gusta el malbec del Catena Zapata 2005". Pero insinuar que el jugo dentro de la botella no es bueno me parece erróneo. 

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1Antes que Hume, Voltaire había dicho que el sabor "es un discernimiento rápido como el del paladar, y ... como ellos, se anticipa a la reflexión, como el paladar, que disfruta lo que es bueno y rechaza lo contrario; a menudo es incierto o dudoso y a veces requiere el hábito de ayudársele". 2Hume alega que el catador es a veces ridiculizado, pues es capaz de detectar débiles rastros de metal o cuero que el neófito no descubre... "son luego reivindicados, cuando se agota el barril y se encuentra una correa de cuero, o un clavo". 3Lo del "juicio desinteresado" no está exento de problemas. ¿Cómo puede un experto no estar interesado en su sujeto de estudio? ¿Cómo puede garantizarse que el juicio por lo bello carezca de interés alguno, particularmente cuando uno recuerda los sabores de una comida?   4Observe la información al pie de la página del link arriba del Catena Zapata Malbec 2005:
  • Varietal: 100% Malbec
  • Viñedo: Adrianna, distrito de Gualtallary, altura 1.440 msnm; Nicasia: distrito de Altamira, altura 1.210 msnm.
  • Fecha de Cosecha: Adrianna: 28 de abril de 2004; Nicasia: 18 de abril de 2004
  • Fermentación: Adrianna: Max. Temp. 28º C, con 30 días de maceración. Nicasia: Max. Temp. 30º C, con 32 días de maceración.
  • Añejamiento: 18 meses en roble francés 100% nuevo.
  • Alcohol: 14.0% Vol
  • Acidez/pH: 5.70 / 3.72
... el precio de $475.00 por botella es otro asunto a discutir.