miércoles, 24 de diciembre de 2014

El exilio sin embargo


Geandy Pavón

Los cubanos exiliados han hecho suyo por más de cinco décadas, algo que en realidad nunca les perteneció, me refiero al embargo comercial impuesto a la isla por los Estados Unidos, en vigor desde el 19 de Octubre de 1960 hasta el día de hoy. El embargo ha servido al castrismo para trasmutar la ineficacia económica en un capital político de gran utilidad dentro y fuera de Cuba. El régimen cubano nunca ha permitido que le arrebaten su condición de víctima, de underdog, y es ahí donde radica su mayor fuerza. Este es un hecho que, por obvio que parezca, la mayoría de los entes activos del exilio se han negado a reconocer. En vez de desarrollar otras estrategias de lucha, de establecer otras alianzas, han centrado todos los esfuerzos en mantener una medida adoptada e impopular, que con el tiempo ha contribuido a crear una suerte de falsa y cómoda satisfacción. El embargo, hasta el pasado 17 de diciembre, no había sido más que un narcótico, un analgésico para aliviarnos de la pérdida del país.

El embargo se estableció para proteger los derechos del capital norteamericano y no los derechos humanos de los cubanos, la culpa es nuestra por no haberlo entendido así. La desilusión entre algunos de mis compatriotas del exilio no es más que el resultado de una falsa e infundada ilusión. Esa misma ilusión nos embaucó haciéndonos creer en nuestra condición especial y en ocasiones hasta de superioridad frente al resto de los emigrantes. Recuerdo que unos días después de haber devuelto a Elián a Cuba, una avioneta sobrevoló el condado Dade con un letrero que decía “We got rid of one, let’s get rid of the rest”. Con el caso Elián debimos aprender que no somos tan especiales, debimos reconocer que si lo que en realidad nos importa es el establecimiento de un estado de derecho en nuestro país, se trata una responsabilidad que ha de pasar únicamente por nuestras manos. Las libertades de segunda mano tienen un precio que a lo mejor no vale la pena pagar.

En vez de rasgarnos las vestiduras frente al restaurante Versailles, deberíamos estar pensando en cómo aprovechar los últimos acontecimientos y tornarlos en favor nuestro, aprender de lo ocurrido, entender y ver de qué manera podemos ayudar a reconstruir la casi insipiente sociedad civil en Cuba. Pongamos presión inteligentemente para que en esa mesa de negociaciones, pésele a quien le pese, también estemos nosotros.

4 comentarios:

Miguel Iturralde dijo...

¡Excelente! short and sweet. Saludos y Felicidades.

EDP dijo...

Ciento por ciento de acuerdo por expresar lo obvio que muchos se han negado a ver. El porqué no desarrollaron otras estrategias y alianzas y no aprovechan este momento para contribuir al avance de Cuba hacia un estado de derecho, es que eso, en realidad, nunca fué prioridad de nuestros politicos cubiches ni de los PAC que contribuyen a su reelección. El fin de todo ha sido eso, usar el tema de Cuba para llegar al congreso y otros cargos y hacer creer que 'la solución' de Cuba tiene que estar en manos de 'los americanos'. Hasta han usado a los grupos disidentes en Cuba como simple repetidores de la línea 'dura', a cambio del dinero que reciben. No hay madurez, no hay sinceridad, no hay verdadera identidad, no hay nada. Solo movilizan al cubano para votar, mayormente por uno de los dos partidos politicos, para beneficio de ese partido y de los politico bichos que se han insertado en esa maquinaria. Nada más.

khispano atlántico dijo...

la ultima traición del juego yanki caribeño, desde 1896...

y suma y sigue, N.O.M.

Teresa dijo...

Lo que comenta EDP no sólo caracteriza al exilio sino a nuestra nación. No hay que olvidar que la nación somos todos. Los reyes de España, por ejemplo, cuando visitan un país extranjero se ocupan de los delincuentes españoles presos.

Quien creó la comunidad exiliada fue ese fenómeno sociológico que llaman Revolución y la ira, la arrogancia de megalómano que decidió que una parte de la nación-buena o mala-tenía que asentarse extra territorialmente. Ese mismo megalómano puso-a partir del dialogo del 78-al país a recibir ingresos fruto del trabajo de los que fueron expulsado de la nación hasta hoy en que hemos alcanzado un nivel de dependencia económica de EEUU histórico.

No se puede culpar a las partes de la nación por los exabruptos-que detesto en políticos y tan propios de nosotros en las dos orillas-no ha habido un proceso de reconciliación lo que siempre hace más suave y posible el acercamiento.

Han iniciado un proceso de acercamientos gobiernos que esperemos contribuya a unir a la nación fracturada. No sólo hay miradas tristes en la diáspora, en Cuba hay muchos humildes militantes del PCC que miran su carnet con esa miaja tristeza.


No es fácil. Un saludo con los deseos de que este acuerdo produzca bienestar al pueblo cubano.

Teresa Cruz
New Jersey