martes, 12 de julio de 2016

¿Es el microteatro el McDonalds del teatro?

Il Tartufo de Molière

Rosie Inguanzo

Microteatro es al teatro lo que un cortometraje es a un largometraje. La convención cinematográfica de más de cien años estima que un filme ha de durar al menos 60 minutos de modo que pueda desarrollar una narrativa. Una relación similar se da entre la novela y el cuento —considerado éste último un género menor, lo que no quiere decir que no se escriban cuentos magníficos y novelas malas.

Igual sucede con el teatro; éste necesita una gama dramática que se consigue con tiempo. Tiempo de preparación y progresión dramática para desarrollar personajes y todos los elementos que componen una obra. El teatro no puede hacerse en 15 minutos. Evaluado desde el punto del vista del teatro, el microteatro es ejercicio de estilo.

Un argumento a favor del microteatro es que atrae a un público sediento de consumir cultura y lo expone al "teatro". He visto microteatros buenos. Aunque éste es un género menor debido a las limitaciones intrínsecas del medio; a saber, la ya mencionada brevedad y la demarcación espacial.

"Las otras", Microteatro

Otro argumento a favor del microteatro es que se presentan textos inéditos. Sí y no. Dar oportunidad a nuevos dramaturgos es válido, pero no confundamos la originalidad con lo inédito. Un texto inédito no se ha escenificado antes; un texto original aporta algo nuevo y relevante al estilo que le precede. Siendo el texto el punto de partida, es fundamental que se exija calidad. Lo inédito solo no garantiza una buena puesta ni fomenta una nueva dramaturgia.

El rigor dramatúrgico vendría dado por un comité seleccionador calificado y con experiencia, que planteara recomendaciones al escritor novato. La brevedad y la agilidad rotativa del medio no están divorciadas de la calidad; ejemplo de ello son las obras cortas de Molière u Osvaldo Dragún (que generalmente se presentan agrupadas). Es lamentable que microteatro no acepte obras breves del teatro clásico y de autores contemporáneos reconocidos.

Al microteatro se acercan de vez en cuando actores de probada carrera (por razones económicas más que artísticas), aunque atrae a más actores mediáticos sin entrenamiento técnico ni dominio del instrumento actoral. Pero el buen arte no es facilista y el actor que se respeta no se la debe ver fácil. Porque el talento por sí solo no hace a un buen actor; el entusiasmo tampoco. Un actor necesita formación — palpable desde que proyecta la voz hasta su presencia escénica— por respeto al público.

Microteatro

El mismísimo Centro Cultural Español de Miami parece cuestionarse su papel en todo esto como sede del microteatro, cuando apuesta a la formación de actores. Me consta que el CCEMiami promueve un programa formativo; participé en un taller cervantino excelente impartido por José Luis Arellano y su asistente Andoni Larrabeiti. De manera que un mejor microteatro hipotético, además de promover el desarrollo profesional sostenido de actores y teatristas (que lo ha hecho), debe seleccionar mejor a sus actores.

¿Qué haría al microteatro mejor? Menos banalidad y más bagaje. Aunque la banalidad puede darse en el kitsch o en una farsa deliciosa, la banalidad no debe ser un accidente sino una búsqueda estética consciente. Asimismo, el microteatro se beneficiaría si todos los involucrados participaran de una dinámica crítica exigente. Un mejor microteatro hipotético debería existir en relación a una labor crítica seria. Es lamentable que lo que se observa hoy es mucha publicidad y poca crítica. Hace falta crítica separada de la publicidad. El crítico está en el deber de decir lo que no está bien y lo que no le gusta, justificando por qué. Quede claro, la función de la crítica es mejorar la profesión; la función de la publicidad es atraer público.

Concedido que el microteatro es un género menor (y muy válido); pero pudiera ser un gran género menor que acrisolara a la comunidad teatral de Miami.

1 comentario:

Omaira Hernandez dijo...

Mi querida Rosie... totalmente de acuerdo contigo y esa propuesta tuya de la búsqueda de una "banalidad estética consciente" podría generar todo un movimiento nuevo... una cultura, una condición para la expresión en estos tiempos. Deberías patentar el nombre...jaja... crear una escuela. Un abrazo