lunes, 28 de enero de 2019

El hombre criminal de acuerdo a Rosa Montero


aLfredO tRifF

La conocida periodista Rosa Montero publica un artículo para El País, titulado "Corazones blancos".
El subtítulo añade que "es indudable que la ideología machista engorda las estadísticas de los varones". Montero suscribe la nueva avanzada del feminismo contra la llamada "masculinidad tóxica".

El artículo se fundamenta en un estudio del neurocientífico y profesor de la Stanford University, David Eagleman:
Si cree que los genes tienen poca importancia en cómo se comporta la gente, considere este hecho asombroso: si es portador de una serie concreta de genes, la probabilidad de que cometa un delito violento aumenta en un 882%.
Ahora Montero precisa detalles:
Las estadísticas anuales de Estados Unidos: Agresión con daños físicos graves: portadores de esos genes, 3.419.000; no portadores, 455.000. Homicidio: portadores, 14.196; no portadores, 1.468. Robo a mano armada: portadores, 2.051.000; no portadores, 157.000. Agresión sexual: portadores, 442.000; no portadores, 10.000 (esta diferencia es la más abultada). Eagleman continúa dando datos escalofriantes sobre la influencia de esa dotación genética (como, por ejemplo, que el 98,4% de los presos que están en el corredor de la muerte la posee) y al cabo revela de qué genes está hablando: “Se resumen en el cromosoma Y. Si es usted portador, lo llamamos varón”. 
¡Qué números! ¡Qué tremenda desproporción criminal entre hombre y mujer en cada renglón criminal! Es una novísima tesis que solo se prueba por (¿falsa analogía?). Conclusión: Lo que llamamos varón lleva consigo una propensidad criminal.

Deseo problematizar el asunto.  

¿Es ser "portador del cromosoma Y" una condición necesaria para ser criminal? No, mientras se encuentre una mujer que lo sea. ¿Es ser hombre una condición suficiente para ser criminal? No, mientras se encuentre otro varón que no lo sea. De ahí se desprende que ser criminal y hombre no implica al otro ni visceversa.

¿Entonces de qué hablamos? 

Debe decirse que Montero, o Eagleman, o mejor, Montero/Eagleman no declara que el hombre sea necesariamente criminal por ser hombre, que si lo fuera, pues colguemos los guantes, no hay nada que hacer. No, Montero/Eagleman dice algo peor: el criminal es mayoritariamente hombre ¿debido a...? –eso nunca queda claro– a su cromosoma Y.

Para Montero/Eagleman es un hecho indisputable:
... creo que es indudable que la ideología machista engorda las estadísticas de los varones, sobre todo en lo que respecta a las agresiones contra las mujeres.
¡Qué disparate! Si ese hombre genéticamente criminal de que habla Montero/Eagleman existiera, habría que desmontar la sicología, la sociología, la antropología, la ética y la jurisprudencia tal y como las conocemos. Si la causa de la criminalidad del hombre fuera un asunto puramente genético, seríamos criminales per naturam: casi, por así decirlo, inocentemente criminales, bestias sin razón. El por qué es obvio: El crimen necesita culpabilidad y la culpabilidad necesita libre albedrío. Si el cromosoma Y predetermina el crimen del hombre, el hombre automáticamente deja de ser responsable de su crimen (un crimen sin libre albedrío es lo mismo que un pobre varón sin su gene Y).

Encima de todo, Montero/Eagleman prohibe cualquuier refutación.
¿Por qué se creen obligados a defender a todos los varones (agresores incluidos) en vez de priorizar la defensa de las víctimas y de intentar preguntarse por qué suceden estas atrocidades y qué podemos hacer para evitarlas?
Porque no son excluyentes. Simpatizo con las víctimas de los varones (sean mujeres u hombres) y a la vez, discuto la tonta hipótesis del  "criminal Y". Créanme, soy consciente del peligro que me acecha. Disputar a Montero/Eagleman sería prueba fehaciente de mi ideología "machista", de mi desconexión con el dolor de las víctimas. Para nada. La tesis es disparatada porque asume lo que debe explicar. Por eso la discuto –no por ser hombre. Cualquier mujer responsable debiera refutarlo por igual.

Invito a mis lectores a la siguiente hipótesis: Imaginemos un mundo donde solo existen varones y aceptemos las conclusiones de Montero/Eagleman. No habría duda entonces que el hombre criminal no podría serlo solo por ser hombre, pues solo hay hombres. Habría que asumir que el criminal lo es por la  tremenda complejidad que caracteriza la mente criminal: crianza, sicología, sociabilidad, sentido de responsabilidad, carácter, etc.

Pero todo eso es demasiado complicado para Montero/Eagleman. ¿En qué quedamos?

Qué se yo. No soy más que un hombre.  

martes, 22 de enero de 2019

Globalización versus nacionalismo



Jesús Rosado



Internacionalizar parece el término más adecuado, pero la globalización como concepto parece haber entrado en una curva declinatoria. La razón parece residir en el replanteamiento más reciente de autarquía. Y tiene que ver con las nuevas tendencias de proteccionismo nacionalista que muchos relacionan a la política Trump, pero que se extienden a las actitudes de China y al putinismo ruso. Este final de década, la segunda del milenio,  es de pura competencia ultranacionalista cuya demarcación territorial se prolonga en la microlocalización socioeconómica en el Viejo Continente como es el intento de Gran Bretaña de separarse de la Unión Europea o las aspiraciones independentistas de Cataluña, Escocia, Flandes, Tirol del Sur, Córcega y Baviera.

Múltiples y premonitorias aspiraciones separatistas. ¿En qué reside este movimiento desglobalizador? Todo parece explicarse en ese estado de gracia de supervivencia denominado autosuficiencia descrito por historiadores y sociólogos desde la edad primitiva que describe la capacidad de cubrir la autonomía económica, lo cual incluye autobastecimiento alimentario, energético, y al que se agrega en esta época de “sociedades de alto desarrollo”, la independencia en tecnología, movimiento de capitales y relaciones públicas, políticas  y mediáticas.

No es nada nuevo, todo es inmanente a la naturaleza de autogestión del individuo y la comunidad desde hace siglos, pero el hecho de sobrepasar la globalización en el contexto actual quizás tenga que ver con el fenómeno de que en la conexión global de mercados e intereses los más beneficiados han sido los monopolios transnacionales financieros con estrategias particularizadas  y  no los empresarios, clase media y trabajadores locales que disfrutaban de la universalidad de las inversiones.

Lo cual quiere decir que el movimiento desglobalizador depende de un nuevo tipo de absorción que entraña la histórica ambición y aspiración de concentración de capitales. Un fenómeno del capitalismo en desarrollo que se ha hecho psicótico desde épocas ancestrales. 

Es un proceso no libre de toxinas. Existe corrupción extendida en las cabeceras del capital internacional y a nivel local como en el caso de los nacionalismos aspiracionistas de Cataluña y de la mafia como en el caso de Córcega. Sin embargo, en general, la retroalimentación desglobalizada  ha oxigenado las economías locales  favoreciendo las exportaciones, el flujo positivo de capitales y la aceleración del desarrollo de altas tecnologías a escala regional, en tanto se han impuesto restricciones a la mano de obra e inversiones provenientes del extranjero.

Las instituciones mundiales han ido perdiendo influencias en este marco. ONU, OEA, Grupo de los 77, Banco Mundial, la FMI, OCDE, etc; han pasado a ejercer roles secundarios. La individualización nacional erige sus propios muros de contención económica, política y tecnológica, mientras que se liberan los flujos de ofertas y adquisiciones de bienes y servicios, ajenos a las convenciones internacionales institucionalizadas.

Lo esencial de la desglobalización es la restricción del intervencionismo estatal. Aunque la hay, pero cuidando de no interferir con la competitividad y las posibilidades concretas de desarrollo y las propuestas demagógicas de bienestar a nivel local. Desglobalización consiste, según el politólogo filipino Walden Bello, en fortalecimiento de las economías locales y nacionales en lugar de degradarlas. La territorialidad se hace suelo fértil de las fuentes de ganancias en una demarcación determinada.

Esa es la tónica épica de la segunda década del siglo XXI. El discurso fundamentalista de  las naciones. La antítesis del internacionalismo proletario derivado del marxismo  que preconizaba el sistema socialista en que se ofrecía apoyo remunerado (aunque negado públicamente) en aras del protagonismo político pero en condiciones desventajosas (casi esclavistas) para los asalariados internacionalistas.

La desglobalización es otra dimensión. Como concepto capitalista ahora entraña convenios bilaterales de nueva equidad. Tratos recíprocos sin concesiones. Según lo que la entidad nacional aporta, es lo que recibe a cambio.

Llegado a este punto de extremos nacionalismos en intercambio confieso que no soy fanático de Trump. Muchas de sus decisiones me parecen erráticas. Tampoco lo soy de Putin (un ex KGB), aunque admiro su astucia en la preponderancia en las relaciones internacionales sin realmente tener un respaldo económico sólido. Ni de Xi Jinping, el multimillonario que rige los destinos del tigre autoritario más voraz del planeta que estrangula los derechos humanos de millones de seres.  Pero observo con respeto, la habilidad que muestran para entronizar el discurso nacionalista y llevarlo a su nivel culminante.

Pueden cremarme por lo que voy tratar de expresar a continuación. No trato de fundir ideologías, ni de obviar el abuso del trato esclavista de regímenes totalitarios. Aunque soy irreverente al combinar liderazgos de distintas ideologías y propósitos. Solo quiero que intenten comprender cómo asumo fatídicamente la filosofía contemporánea del poder.

Ama al prójimo como a ti mismo, parecen citar bíblicamente este trío de líderes de naciones (USA, China y Rusia). ¿Cómo se puede ayudar o liderar a los pueblos del mundo si no amas primero a tu nación? Si no te concentras en tus intereses individuales como estadista. El egonacionalismo (o ultranacionalismo) es lo que se impone. Se trata del Billboard de la microlocalización. La regionalidad winner es lo que prevalece.

Pregunto con total humildad ¿sabríamos alguno de nosotros hacer eso si nos tocara encabezar un estado? Pregunta cruel. Estar a tono con la voz de la época actual entraña miles de actitudes, desafíos, riesgos e incertidumbres, muchas incertidumbres que sobrepasan a la percepción promedio de la existencia y que hacen de la ética un evento escatológico. ¿Qué podríamos hacer para zafarnos de esa ética grosera?



Posiblemente no sabríamos. Los expuestos a la interrogante somos en mayoría ciudadanos de segunda y tercera clase. Por lo cual somos víctimas. Quizás de los que estamos condenados a esa condición mediocre que describiría en algún momento José  Ingenieros y, que como yo, desde este mesón, en el que afablemente corto lonjas de camembert junto a Honoré, Gustave y Émile, mientras paladeamos un pinot noir de los toneles profundos de Borgoña, solo nos tocaría escribir una modesta reflexión sobre toda esa porfía geodeterminista que a ustedes los va a abrumar siglo y medio después. Hago el comentario en altavoz y los fantasmas sonríen.

Bueno, me detengo aquí ahora que Emile se dirige eufórico a una hermosa joven y la llama:

-       Nana, Nana, viens à la table s'il te plaît, voici un verre de vin pour toi?…

lunes, 14 de enero de 2019

La ópera del fantasma



Hay siempre un fantasma que recuerde la morada húmeda de su lecho impávido, espectro que regrese con la memoria última de la ópera, el alma lista para volar a regiones áureas, si bien le pese el númen de su angustia.

miércoles, 9 de enero de 2019

Ser humano es vivir en ignorancia

ilustración de ikuma nao, via juxtapoz

¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente.
¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo.
¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal?
¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?
Epicuro


alFredO trifF

Admitiendo el derrotero de la libertad humana, ¿qué nos hace errar una y otra vez?

El filósofo alemán Immanuel Kant (a quien no puede acusársele de pesimista) propone en su tardío y poco conocido tratado, Die Religion, una gravitación hacia el mal del ser humano, ente perdido entre propensiones y deseos.

La inclinación a la depravación del hombre se contrasta con la fragilidad (fragilitas) y la impureza moral (impuritas, improbitas). Kant entiende la depravación como ... reversión del orden ético en cuanto a los incentivos de un poder libre de elección (DR 6:30). Entre libertad e incentivos se mueve el péndulo del ser humano. El filósofo parece evadir la pregunta: ¿porqué no aprendemos la lección?

Y es que el mal "yace", desde el momento que el ser humano decide "actuar" (Willkür) en conformidad con un cierto centro egoísta (das Ich) que se opone a la ley moral. Entonces Kant propone su famoso oxímoron, ungesellige Geselligkeit (la "insociable socialidad").

¿Acaso no buscaba la filosofía occidental en el lugar equivocado?


¿Es el mal humano una especie de ignorancia del bien?

A diferencia de la filosofía occidental, el hinduísmo explica el problema como una circunstancia netamente cosmológica. Vivimos una constante ilusión enraizada al mundo fenoménico. Ilusión compartida por todas las almas aún no "liberadas" (la liberación conlleva una cierta evolución). La ilusión general es obra de Māyā. Y si Dios es el autor de Māyā, estamos en presencia de un dictado divino.

En la doctrina monista advaita, Māyā corresponde a la prakṛiti, la terca materia de la escuela dualista de Samkhya. Tanto Māyā como prakṛiti son la expresión alternativa al mundo fenoménico. La diferencia es que mientras prakṛiti es un principio independiente separada del alma, Māyā representa la alucinación colectiva de las almas.

maia la primera y más bella de las pléyades, en la mitología griega

Pero no puede haber "alucinación colectiva" a menos que tal alucinación sea estructurada en la realidad, no algo endosado o superpuesto a la misma.

En otros textos menores de la tradición hindú Māyā es engañosa. ¿Qué sentido tendría que Dios creara un universo engañoso?
[...] en lo perteneciente al ser, aparecen las ficciones de la Nesciencia [avidya], no siendo definidas como algo distinto a este (i.e., Brahman). El gérmen de la extensión del mundo de los fenómenos, se llam ilusión (Māyā), poder (shakti), o la propia naturaleza (prakriti) del Señor omnisciente. (Upanishads, 2:1,14).
Es necesario ahora presentar a Isvará, la identidad Māyā/Brahman.

Brahman es lo imperecedero y absoluto, pero como tal es indiferenciado e incondicionado. Y cuando ese absoluto se concretiza y palpa a través de la malla fenoménica aparece Ishvara, el supremo controlador.

Tal parece que el "engaño" de Māyā consiste en uno no poder (o no querer poder) realizar la diferencia ser/no-ser. ¿Cuándo se es y cuándo no se es?

Aquí entramos en puerta secreta del monismo advaitino,

el pato/conejo de Wittgenstein es dos cosas simultáneas

Cuándo sabemos que ambos son lo mismo en UNO (pero un UNO incompleto).

La realización del alma no podría perderse en el océano de Brahman, pues de serlo ya no se sabría uno sintiendo nada –el todo absoluto es una forma de la nada (algo debe retener de sí esa alma realizada para saberse a sí misma realizando).

¿Quién juega el juego de la realidad? ¿Māyā o nosotros en alianza con ella?

Māyā, poder cósmico, es la causa material de la apariencia del mundo, aparición y separación de las almas en su individualidad –incluso de las aparentes cualidades del propio Brahman. Por ello Māyā aparece como una serpiente en la cuerda floja, relación ambivalente entre Brahman (lo inefable) y lo (pakriti) lo tácito ... en fin la oronda realidad.

La alucinación colectiva termina siendo una forma de ignorancia colectiva.

¿Cómo es posible?

Porque ser humano es vivir en ignorancia.

domingo, 6 de enero de 2019

Carlos Aguilera y su inCUBAdora (entrevista para tUmiAMi)


Carlos A. Aguilera es poeta, escritor y crítico cubano radicado en Praga. Tiene obra publicada en Cuba (Retrato de A. Hopper y su esposa (1996) y Das Kapital (1997) y en el extranjero Teoría del alma china (Umbral, México, 2006), Asia Menor (Bokeh, Holanda, 2016), El imperio Oblómov (Renacimiento, España, 2014), Matadero seis (Aduana vieja, España, 2015), Discurso de la madre muerta (Baile del sol, España, 2012) y Luis Cruz Azaceta: No exit (Turner, España, 2016). En 2016 Almenara Press publicó La Patria Albina. Escritura y conversación en García Vega, a cargo de Carlos en papel de editor, con portada de Arturo Rodríguez. Más que todo esto, Aguilera es un dínamo de la cultura.
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TM: Carlos, considéranos fans de InCUBAdora y la manera vanguardista de escribir que tienes (vanguarumorística quasi-dada que se aprecia mucho en estos tiempos). Entrando en materia: ¿Qué te acerca teóricamente a lo chino? Has publicado tres libros sobre el tema: Diez mil gorriones muertos (Fiesta ediciones, 2017) y Teoría del alma china y Asia menor.

CA: En principio el cordón umbilical: por parte de madre mi abuelo era chino. Un chino de Cantón que embarazó a mi abuela muy joven y no tuvo mucha fuerza para avanzar con el matrimonio. Entonces a ese cordón umbilical hay que sumarle la radionovela cubana, siempre llena de algún chino malandro que decía frases bonitas, se apareaba bien y después desaparecía. Por otra parte, la fascinatio. Esa fascinatio por un saber que lo mismo se vuelve vasto que caricaturesco, como aquellas máquinas de ruido que inventaron los chinos para matar gorriones, como cuento en una de las notas de Asia menor, libro que reúne toda mi no-poesía hasta el momento (no-poesía porque mi poesía es más artefacto que lírica, más performance o esquizogramas que verso).

TM: ¿Cómo es posible que el marxista de Marx no te haya puesto un pleito por plagio después de la publicación del libro de poemas tuyo titulado Das Kapital (La Habana, 1997)?

CA: Jaja… Eso hubiera estado bueno. Hubiera podido integrarse como addenda al libro. Lo cierto que Das Kapital, que fue el primer libro que concebí como libro aunque publiqué después de Retrato de A. Hooper y su esposa (un texto laaaargo que fue pensado casi como una partitura), fue uno de los pocos libros que produjo discusión en el maltrecho mundo literario cubano: aún circulan por ahí algunas de las revistas cubanas donde varios escritores cubanos se entrecruzaron sobre la “locura” del libro y lo que proponía en aquel momento. Una locura que de alguna manera venía a subrayar la plusvalía marxiana, esa donde pus, plus y nula funcionalidad se tocan.

TM: ¿Cuándo es que das a luz a InCUBAdora y por qué?

CA: inCUBAdora es un proyecto complejo, donde no solo está lo que yo hago: la web, los ebooks y el premio de novela Franz Kafka…, sino, otra, de ayuda directa a la sociedad civil y cultural cubana. Especialmente la que se marca en los límites de la oposición política. Y esta ayuda intentamos se canalice de muchas maneras. Ahora, la web como tal ha ido tomando fuerzas en los últimos 5 años más o menos. En la medida en que yo he tenido más tiempo pero también en la medida en que ella misma ha ido abriendo su propio espacio. De ahí que hoy mismo se defina como un territorio de reciclaje, de plagio, de contracultura, donde entra todo: desde el ensayo académico hasta la desacralización de fotos o imágenes; y donde se intente ofrecer muchos canales de reflexión sobre los diferentes mondos o desastres que es Cuba.

TM: Tu hija InCUBAdora aparece como “una web dedicada a la cultura, el reciclaje y el intercambio de velocidades”… pero eso no dice que se trata de un fenómeno atmosférico/memético de alto voltaje. Hoy mismo, 1º de enero, 2019, a las 4pm hago un recorrido por la oferta inCUBAdorística: un artículo sobre la poesía de Kozer, un meme de Maldito Menéndez, salidas de Iván de la Nuez y Carlos Alberto Montaner, un corto de Eduardo del Llano en youtube, Rafael Almanza para Hypermedia, un ensayo de Marlene Azor Hernández sobre economía bajo el castrismo. Le sigue un ejemplar facsimilar de ediciones InCUBAdora (y dígase que estás haciendo historia en ese departamento), una tira de Garrincha y una reseña de Dennys Matos sobre la obra de Florencio Gelabert. Es un menú diferente para la internetosfera, otra manera de disparar la cultura –y a la vez de hacer cultura. Sin dar la receta precisa que seguramente hay imitadores que quisieran robarte la fórmula, ¿hay un Masterplan o eres un jazzista del género?

CA: Hay mucho de jazz, de juego, de goce… Y también de no creencia. Siempre he tenido la impresión de que la mayoría de las revistas fallan porque quieren tener más público. Y yo pienso lo contrario. Incubadora (la web) no busca complacer a nadie en especial (ni sumar más visitas –aunque por supuesto esto no se desprecia), está marcada por mis gustos o por lo que yo creo que puede ser necesario para futuras investigaciones o discusiones aún por hacer. Por eso, como te decía, hay textos académicos (un género bastante despreciado –con razón- pero donde se puede encontrar también un saber muy especial), entrevistas, videos, poemas, textos sobre arte, memes, viñetas, en fin casi todo lo que pueda apoyar inteligentemente alguna reflexión o texto futuro. No es la primera vez que veo que un meme resume mucho mejor una situación que una columna de periódico por ejemplo.

TM: Tienes un acercamiento a Miami vía García Vega (a la playa albina puede entenderla verdaderamente un albino como Lorenzo). Luis de la Paz ha dicho que tu Lorenzo García Vega, apuntes para la reconstrucción de una no-poética (Aduana Vieja, 2015) es uno de los trabajos “más plausibles para entender su obra”, y tu añades que el viejo era un “no-escritor”. ¿En qué consiste lo que llamas “ortopedia de los límites” en el caso de García Vega?

CA: Hay dos rasgos de Lorenzo que son muy interesantes y poco comunes en la literatura cubana. Uno es el de una autoconciencia infinita. Esto se ve muy bien en sus tres tomos de diarios, el último recientemente editado por Almenara, o en Cuaderno del bag boy. Una autoconciencia que lo hacía apuntar todo lo que se movía a su alrededor y a vigilar sus propios impulsos, sus obsesiones, sus sueños, su Edipo, al punto que esta neurosis “jodida”, como la llama muchas veces, funciona casi como un corsé, una camisa de fuerza donde el loco Lorenzo construye esas máquinas donde él mismo está desmontándose todo el tiempo. Y el otro rasgo sería el proctológico. García Vega hace una literatura esquizamente proctológica, que a veces huele mal, que a veces duele, que hay que abrir con una pinza o un dildo. Y que para colmo, es autosuficiente. Es decir, nadie enarbola tanto ese dildo contra sí y contra otros como él mismo. Un enculamiento que a la vez que le producía angustia le daba mucha risa.

TM: Sabes, tu Das Kapital tiene momentos onomatopéyicos dignos de una Kleine Musik post-serialista para soprano, cuarteto de cuerdas y timbal. La soprano tendría instrucciones de Sprechtstimme para un texto como este:
La boca: e-
l cuerpo. La boca,
el
cuerp
o, (dis-
torsionado…)
Con-trakkkkkk
ción.
CA: Das Kapital, como te decía antes, es performance, deseo, rotura, intervención. Nada mejor para él que ser operado desde la música o desde el sabotaje. Al fin y al cabo, muchos de los anarquistas ‘ponebombas’ eran grandes hombres de letras y de música (si hacemos caso al estruendo de los petardos) también.

TM: Última pregunta: ¿Qué piensas de Miami?

CA: Generalmente leo a Miami a través de los otros. De lo que dicen o no dicen sobre ella. Solo la visité una vez, hace ya mucho tiempo y por breve tiempo. Recuerdo un paseo con Mario Bencomo por la arquitectura Decó-Mayama, una excelente conversación con Baruj Salinas sobre lo que estaba pasando allí a nivel de arte, y por supuesto muchos intercambios con Lorenzo y Carlos M. Luis. Pero tendría que ir y re-mirarla. Conversarla/absorverla desde otros lados. Seguro que de esa visita podría salir algo “impúdico”.