martes, 20 de junio de 2017

Geandy y Ailer, los de acá, los de allá, la emoción, la razón y la realidad inconmensurable

La conga irreversible y el violinista de Hamelín, Geandy Pavón, 2017

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El artista Geandy Pavón publicó el fotomontaje arriba en su pared de facebook refiriéndose al discurso de Trump en Miami. Su post genera un hilo de comentarios. Amigos entran y salen, hay discusión, hay ruido, pero la sangre no llega al río. Entonces responde Ailer González Mena en este post de Arsenio Rodríguez Quintana:
Este montaje burlesco e indolente que tal parece hecho por Cubadebate lo posteó Geandy Pavon. Aquí mi respuesta porque hay cosas que una mujer no puede dejar pasar. Geandy Pavon eres tronco de hijo de puta. No se trata de ser de izquierda o de Derecha se trata de ser hijo de puta o no. Tú has demostrado serlo. 
Geandy le responde más comedido:
Una sátira política es una sátira política, es una sátira política , es una sátira… Lo preocupante no es que por hacer una sátira política te llamen “Hijo de Puta” ( con mayúsculas, pues ya que estamos en eso…). Lo realmente preocupante es que esa reacción venga de gente que pide el cese de los actos de repudio y democracia para Cuba. 
A lo que voy: ambos tienen razón. 

González Mena está en Cuba. Habla desde la oposición, desde el hostigamiento diario, desde el atropello y la impunidad castrista. Su realidad es muy dura. Desde esa óptica puedo comprender que se piense que Obama le hizo el juego al castrismo. Ahora llega Trump, el anti-Obama y reenfoca la política de EEUU con Cuba. Desde esa mira, cualquier cosa es mejor que Obama (aunque Trump no haya cambiado mucho o casi nada). 

Del lado de acá, Pavón, el artista, el activista político, el humorista. Geandy es un jodedor feisbukiano y cultiva una imagen prudente y amistosa. Habla desde otra realidad distinta a la de Ailer, un país dividido, con un presidente novato, compulsivo, controversial y desconectado. Pavón vive en una democracia, en libertad (por ejemplo, cada noche, Trump es el "punching bag" de los comediantes de la televisión nacional) y hasta el consejero independiente del Dpto. de Justicia  Robert Muller lo investiga por posible obstrucción de justicia.

Ailer no puede comprender esta realidad -desde allá. Geandy no puede comprender aquella realidad -desde aquí. No es un juego de posiciones. Se pasa por alto que no hay realidad sin contexto que la soporte. El día a día crea un acercamiento único e insalvable. He ido a Cuba tres veces desde mi exilio por el Mariel, y al regresar a Miami necesito unos días de reubicación. El choque es muy fuerte. Me es muy difícil explicarlo. O si lo explico siempre me quedo corto.

La inconmensurabilidad de la realidad puede tener acotejo, pero al fin y al cabo siempre hablaríamos desde la razón y no desde las emociones. A cada cual su contexto, de cada cual según su emoción.

domingo, 11 de junio de 2017

Venezuela: La libertad se acerca



Carlos Alberto Montaner

Luisa Ortega, Fiscal General de Venezuela, introdujo un recurso de nulidad ante el Tribunal Supremo de Justicia basado en el carácter inconstitucional de la Constituyente que intenta organizar Nicolás Maduro. Ortega le ha disparado un torpedo a la línea de flotación de un chavismo que ya andaba flaco, fané y descangallado.

Poco antes de dar ese paso definitivo, Ortega declaró que era una persona que no conocía el miedo y, francamente, lo ha demostrado. La respuesta de algunos chavistas ha sido de un cinismo terrible: pretenden declararla “loca”. Algo así como establecer que todo funcionario que tenga un criterio independiente conforme a la ley es la prueba de que está mal de la cabeza.

Probablemente los jueces del TSJ, que son meros apéndices de la presidencia, rechacen el recurso de la Fiscalía, pero el mero hecho de haber iniciado ese trámite judicial deslegitima totalmente el proyecto de liquidar los vestigios republicanos que quedaban en Venezuela con el objeto de instaurar una dictadura totalitaria calcada del modelo cubano.

La postura de Ortega, súbitamente apegada a Derecho –es mejor tarde que nunca–, coincide con el extraordinario ejemplo de rebeldía civil que están dando decenas de miles de jóvenes en ese país. Era realmente un “bravo pueblo”, como reza el himno de los venezolanos. Ya llevan 67 muertos y continúan repitiendo una consigna tercamente heroica mientras los gasean y balean sin compasión: “Calle sin retorno hasta que Maduro se vaya”.

¿Es eso posible? Puede ser. Maduro apesta. En marzo, el 21.1% de los venezolanos pensaba que Maduro debía terminar su mandato constitucional en el 2018. Era poco, pero al menos una quinta parte así lo creía. A principios de mayo, menos de 45 días después, el porcentaje de apoyo se había reducido dos tercios, al 8.08. Si lo miden en junio, creo que ni Cilia, su mujer, lo respaldaría. Ese país, esa sociedad, no lo quiere. “¡Fuera Maduro!”, es más un mantra que una consigna.

Estos datos provienen de una reciente encuesta nacional, muy bien hecha, auspiciada por la Universidad Católica Andrés Bello. Los números reflejan lo que dicta el sentido común. El 89.02% piensa que Venezuela va mal o muy mal. Pero no se trata de una percepción abstracta. Ocho de cada diez venezolanos estiman que a ellos mismos les va mal o muy mal.

¿Por qué? Sencillo: la escasez de alimentos y medicinas es pavorosa y creciente. El 79% de los venezolanos culpa al gobierno de esta situación, incluido el 44% de los que se autocalifican de chavistas. El hambre ha llegado a los cerritos. La indiferente legión de los ni-ni –ni con unos ni con otros—se ha reducido a la mitad. Ergo, el 77% del pueblo respalda las protestas frente a un magro 17 que se opone.

La encuesta es muy larga. Vale la pena examinarla porque les pregunta a los venezolanos cuál es la salida del laberinto. Naturalmente, los presos políticos, claro, a la calle. Y, sin duda, consultas verdaderamente democráticas. Nadie quiere una guerra civil. Inmediatamente, elecciones para gobernadores y alcaldes. Luego, la presidencial. El objetivo es enfriar la bomba potencial en una urna.

Mientras todo eso sucede, el 88.4% pide un canal humanitario para que los pobres coman y se curen. (Los pobres, gracias a la estupidez congénita del socialismo, ya son más del 66% del censo y continúan aumentando. Por ahora, se alimentan de las sobras, a veces nauseabundas, del pequeño grupo que tiene ahorros en dólares fuera del país).

Por eso cada día que pasa aumenta el clamor internacional por una intervención humanitaria. En Naciones Unidas, en los noventa quedó consagrado el "deber de proteger". Basta con examinar las imágenes de los niños desnutridos publicadas por la BBC de Inglaterra para darse cuenta de que ese empobrecido país está a la las puertas de una hambruna que puede matar a un par de millones de personas, como en su momento ocurrió en Corea del Norte.

Si Vladimir Padrino López, el general a cargo del manicomio, revisa la encuesta, verá que el ejército, la policía y los paramilitares están en la cola de los aborrecimientos, sólo superados en esa poco honorable “shit list “ por los chupópteros de los países del ALBA, percibidos como los grandes “chulos” de la riqueza venezolana.

La plata de los venezolanos fue a parar a los bolsillos de Cuba, Nicaragua, y al resto de las naciones paniaguadas, descontando el enorme caudal que se robaron Los bandidos del Socialismo del siglo XXI, a cambio de respaldo internacional para, precisamente, destruir la economía del país más rico de América Latina. Por supuesto que es para indignarse.

Ese es el mejor argumento que tiene Padrino para quitarle todo apoyo a Maduro. Los están hundiendo ante un pueblo que antes los admiraba. Los grupos más respetados son los muchachos que luchan y mueren, los empresarios que tratan de crear riquezas nadando contra la corriente, los curas locales, que están junto al pueblo, las redes sociales que transmiten información y no propaganda.

Obviamente, Raúl Castro y sus militarotes intrigan incesantemente para no perder esa fuente de ingresos, pero el chavismo sereno (de que los hay, los hay) tendrá que admitir que no se puede ahogar para salvar a una isla parásita, aferrada a un sistema absolutamente improductivo, empeñada en no crear riqueza y en vivir de la caridad ajena, que lo único que aporta, cobrados a precio de oro, son los planos para la fabricación de una asfixiante jaula implacablemente miserable.

La encuesta termina con una frase certera: la libertad está cerca. ¿Cuándo? No lo dice. Son encuestadores, no magos.

sábado, 3 de junio de 2017

https://twitter.com/hashtag/ParisAgreement?src=hash


A twitter, damas y caballeros, a twitter. En pandilla. Que se conozca su criterio. (La imagen corresponde a la portada del último número del semanario alemán Der Spiegel que fue diseñada por el cubano Edel Rodríguez)

jueves, 1 de junio de 2017

NOW! (2016) Eliecer Jiménez Almeida


NOW! (2016), Dir. Eliecer Jiménez Almeida from Eliecer Jiménez Almeida on Vimeo.

Jesús Rosado

Nadie duda que Now!, aquella pieza cinematográfica realizada por el documentalista cubano Santiago Alvarez en 1965, se fue convirtiendo, con el paso del tiempo, en obra de referencia del cine documental cubano. Construido a partir de material de archivo en blanco y negro que fluye al ritmo de un dramático soundtrack (la versión que hace Lena Horne de la canción tradicional judía Hava Nagila) , Now! se apartaba del canon clásico del documental para acercarse al todavía inédito género del videoclip, recreado con una óptica desde la militancia de izquierda.

Ese carácter adelantado de la concepción y la habilidad de su montaje lo convirtió en éxito visual al servicio de la propaganda política de un autoritarismo aún mancebo. Dos factores obraban entonces a su favor. Por una parte, el documental se produce en un momento de eclosión de la gesta castrista en amplios sectores de la opinión pública internacional y, por otro lado, ponía en evidencia ante los ojos del mundo un aspecto negativo irrefutable de la sociedad norteamericana: la repudiable realidad de que la existencia de un afroamericano en USA valía mucho menos que la vida de una mascota. Como resultado, el cortometraje se convertiría en la obra más reconocida de Santiago Alvarez, a la cual el autor debe agradecerle el haberse erigido como paradigma del documentalista revolucionario.

Pero he aquí que sesenta años después, aparece un inquieto realizador cubano que acude a esa herramienta auxiliar del arte de la posmodernidad que es el apropiacionismo, recurso mediante el cual el creador echa mano a elementos de obras ajenas para hilvanar un relato con nuevos ángulos, imprimiéndole a partir de imágenes, formas o estilos tomados en préstamo una identidad con energía propia. El término de apropiación fue acuñado por el crítico de arte Douglas Crimp, curador de una exposición a la cual tituló Pictures, en la que convocó a talentos que trabajaban con elementos extraídos de otros autores para reciclarlos en un discurso revisionista y novedoso.

Si bien la apropiación se generaliza en el campo de las artes plásticas, a partir de 1958 el cine se hace susceptible de las intervenciones de la tendencia cuando Bruce Conner produce el filme A Movie, una cinta en que se recombinaban fragmentos de otras películas para hilvanar una narrativa con voz propia.

De esta práctica artística, que por supuesto requiere agudeza y habilidad en la reconversión conceptual, es que se vale el joven realizador cubano Eliecer Jiménez Almeida para emprender un ejercicio de remake de aquel histórico Now! de Santiago Alvarez.

Aunque retomar una pieza cuya referencia es de peso en el contexto del cine documental implica no pocos riesgos, Eliecer se dispuso a la aventura con la certeza de que la circunstancia histórica había cambiado diametralmente y ésta corría a su favor para la misma intención de denuncia, pero volviendo la mirada ahora al lado opuesto.

Con el paso de las décadas, el régimen castrista ha degenerado en cuerpo político momificado, y mientras la visión de Santiago Alvarez en su época complacía las demandas del movimiento antinorteamericano y revolucionarista recreando una veta proclive a la protesta, ahora la inmersión cinematográfica de Eliecer se dirige a la actualidad del fenómeno que en los días de Santiago ejercía un liderazgo progresista para desnudar en toda su crudeza los comportamientos del engendro totalitario en que finalmente ha devenido aquel proyecto idílico que Alvarez defendía con candor.

La apropiación de Eliecer logra alcanzar niveles de dramatismo comparables al Now! original, pero lo apabulla por su eficacia como dolorosa parodia y por el impacto testimonial con que desenmascara la esencia coercitiva de la otrora utopía. En el Now! de Jiménez la dinámica del montaje emula con el de Santiago para mostrarnos un devastador escenario de represión, repudio y violencia fratricida. Eliecer echa mano sin prejuicios al mismo soundtrack, al mismo ritmo in crescendo de las imágenes, sólo que ahora la visión es introspectiva y revela con trágica elocuencia la gran estafa del castrismo.

Si la del Now! original era una excursión angustiosa a través de la injusticia social de un modelo foráneo, la de Eliecer es una incursión al corazón desolado de una patria patética que carece de los más elementales derechos civiles. El saldo final es estremecedor y el joven cineasta logra que la apropiación funcione a manera de kármatico boomerang, como lapidaria moraleja de lo que vale el arte genuinamente comprometido con las causas justas.

Es el mismo cine de denuncia social al cual Alvarez aparentemente aspiraba, pero en este caso no al servicio de la selectividad ideológica de un poder, sino al contrario, testimoniando con autenticidad los ultrajes de la autocracia contra una sociedad famélica que se debate entre el miedo de la mayoría y el hambre de libertad de sus ciudadanos más legítimos. Presumo que, tras este hijo bastardo de su experimento original, a los restos del finado Santiago Alvarez se le deben haber hecho mucho más angostos los muros del osario donde yacen.

miércoles, 31 de mayo de 2017

The Prodigious Decade, en el Sagamore Hotel en Miami Beach, junio 1, 2017


Atención con esta exposición. Vamos a estar en presencia de uno de los proyectos más importantes del binomio curatorial que conforman el matrimonio de Adriana Herrera y Willy Castellanos. Se trata del despliegue más abarcador que se haya hecho en Miami sobre ese fenómeno artístico focalizado en Cuba durante la penúltima década del siglo pasado conocido como la Generación de los Ochenta, Renacimiento Cubano o Década Prodigiosa. La selección de Aluna Art Foundation reúne a un grupo cuantioso de sus más destacados exponentes para facilitar la aproximación de la comunidad miamense a los bordes de un acontecer estético que marcó pautas en el arte cubano hasta el presente. No se pueden entender las tendencias fundamentales -y las más recientes- del pensamiento visual surgido de la Isla a lo largo de más de treinta años, además de sus entrecruzamientos con el mainstream, si no se parte del estudio de esa década fecunda. El tiempo que nos separa de aquel escenario iconoclasta facilita ahora un enfoque reposado. El proyecto de Aluna es un primer paso para ello desde esta latitud. Un intento necesario, y ya a estas alturas, se pudiera afirmar que impostergable. (JR)

martes, 30 de mayo de 2017

Ramón Williams: descontextualización, ficcionalización, manipulación

  Ramón Willams, La Habana, 1969

Sergio Fontanella escribe sobre Ramon Williams en CdeCuba Magazine:
La paradoja en el decursar más reciente dentro del continuum creativo de Ramón Williams se define por la descontextualización, la ficcionalización, la manipulación de ideas subyacentes en aspectos cotidianos que sin un contexto elemental tampoco existirían. Al hacer zoom in a una columna derruida inmersa en un contexto de ruina y decadencia (Torso) hay también un cambio de signo. El contenido se desplaza de la ruina a la contorsión estética. La columna derruida posee una corporeidad escultórica que sugiere la acción de un escultor cincelando la materia arenosa en convivencia con el cambio de los tiempos, y la manera en que los espacios se marginalizan y extravían su función originaria. Hay una inquietud propiamente plástica que se sumerge en las potencialidades intrínsecas de la forma, del volumen y su fuerza narrativa.
 Ramón Willams, La Habana, 1969

viernes, 26 de mayo de 2017

Nepotismo en documenta 14 y la Bienal de Veneia


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En miami.bourbaki amalizamos una noticia desde artnews, que concierne el alto mundo del arte.
La Bienal de Venecia de este año y la documenta 14 -los dos eventos de arte contemporáneo más destacados del mundo- tienen mucho en común. Ambos evitan el mercado del arte en favor de oscuros descubrimientos, ambos exploran la música, ambos buscan reforzar el poder sanador del arte. Pero hay otra sorprendente, superposición: ambos programas incluyen el trabajo de la pareja de cada comisario. Adam Szymczyk, director artístico de la documenta 14, incluyó a su compañera, la coreógrafa Alexandra Bachzetsis, en el programa de performance de la exhibición quinquenal. Mientras tanto, la comisaria francesa Christine Macel incluyó el trabajo de su pareja, el artista francés Michele Ciacciofera, nacido en Italia, en la exposición central de la Bienal de Venecia "Viva Arte Viva".
Coincidencia que sugiere un conflicto de intereses rayano en el nepotismo. Más adelante se comenta la respuesta de documenta 14 al reclamo de artnews:
Alexandra Bachzetsis, que ya participó en la documenta 13 en 2012, fue invitada a documentar 14 -como cualquier decisión curatorial en el proceso de documenta 14- basada en la creencia del director artístico y el equipo curatorial en la importancia de la práctica del artista en el contexto de los temas, intereses y urgencias de documenta 14. Esta decisión no viola ningún "código de conducta" de documenta.
A cpntinuación mbourbaki explora la definiciòn de conflicto de interés y aborda un asunto que no se tiene en cuenta, la percepción del conflicto.

Por ejemplo, la posible conspiración de Trump con Rusia durante su campaña.

Aquí un fragmento:
Desde el momento que Trump despidió al director del FBI, James Comey, se adentró en el pantano del conflicto de interés (en este caso, rayando en el llamado "obstrucción de justicia"). Lo que está en juego es que cuando fue despedido, Comey investigaba una posible connivencia entre la campaña de Trump y los rusos. Un Trump inteligente (pensando ya en despedir a Comey) hubiera comprendido el peligro de la percepción de conflicto (ya que el inocente no tienen nada que perder) y dejar que la investigación siguiera su curso. 
Por ello extendemos la similitud entre los comisarios de documenta 14 y La Bienal de Venecia y el presidente Trump.

jueves, 25 de mayo de 2017

Por qué el pueblo venezolano es un ejemplo para el mundo


domingo, 21 de mayo de 2017

sábado, 20 de mayo de 2017

Cines habaneros hablan francés: 20 años de un festival ya imprescindible (reminiscencias y nostalgias)

Ernesto González

En la gala de inauguración del Festival de Cine Francés, en un cine Chaplin repleto hasta la primera fila, se anunciaba lo que para mi generación y la anterior sería el plato fuerte del programa: una retrospectiva de Agnes Varda-Jacques Demy, y un homenaje a Jean-Pierre Melville, con una conferencia a cargo de su sobrino y la exhibición de El ejército invisible, restaurada digitalmente.

No solo íbamos a presenciar películas recientes de lo que continúa siendo una cinematografía con altos estándares de calidad en todos los sentidos, apoyada por instituciones del estado. Además, tendríamos la oportunidad de recorrer buena parte de la obra de tres realizadores importantísimos cuyos estrenos habían sido acontecimientos en nuestra adolescencia. Una colección de fotografías de la realizadora, tomadas en su visita a Cuba, se exhibe en el Museo Nacional.

La respuesta del público ha sido muy positiva, como se había vaticinado. Los aplausos, las caras satisfechas y los comentarios de los espectadores cierran las proyecciones fílmicas. No dudo de que pasen de cien mil los asistentes a la muestra que iniciará su andadura por el interior del país. Es increíble para una época que ha sustituido la mirada compartida, cómplice, con extraños o conocidos, de una historia narrada en pantalla grande y con excelente sonido, por la «comodidad» del hogar y los paquetes. Este sustantivo se ha vuelto casi sacrílego en su vieja acepción para clasificar las películas aburridas. Ahora el paquete es lo máximo.

Pero el éxito de este Festival, de los que se suceden y sobre todo del Latinoamericano, no se extiende hasta las retrospectivas donde se están proyectando documentales interesantes, además de clásicos como Cleo de 5 a 7, Los paraguas de Cherburgo y El samurái, entre otros. Varios factores han de incidir. El tiempo, fundamentalmente, la necesidad de repartirlo y priorizar. La gente prefiere ver cintas nuevas. He resentido esa preferencia durante estas jornadas.

¿No sería demasiado raro, o de mal gusto en realidad, decir que se extraña una cola? ¿No es hasta morboso e insultante para el bienestar humano, recordar con cariño una de ellas en particular? Ahí va.

En los años setenta los cines La Rampa, Rialto y Cinemateca, dedicados a películas de arte, tenían un público joven y devoto. Estábamos al tanto de las reposiciones tanto como de los estrenos. Los ciclos sobre directores o artistas se celebraban a sala llena, con empujones y alteraciones en la calle Neptuno y en los dos locales de 23.

Hasta se volvió una especie de tradición repetir Los paraguas de Cherburgo en La Rampa. Los programadores seguían poniéndola mientras hubiera público, el ciclo no acababa. La hilera de cinéfilos, ancha e inquieta, doblaba por la calle Humboldt, a más de trescientos metros de la entada del cine. Pero aquella no era una cola común.

En medio del pugilato contra los colados, las advertencias de que no íbamos a poder entrar, la coladera de amigos o conocidos, o de desconocidos que a una señal ininteligible para el resto nos hubieran intercalado la semana pasada; en medio de llamados a la cordura «colística» y otras sales propias de ella, en la multitud desorganizada que iba a llorar de nuevo con la escena final del garaje bajo la nevada, se hablaba de filmes, directores, tendencias y tendones inflamados por las horas en posición «erectus».

Éramos unos apasionados del acontecimiento en su totalidad, incluida la cola. Calculábamos que ya ese domingo, si no lográbamos entrar a la tanda de las dos, lo haríamos a la de las cinco o seguiríamos al pie del cañón hasta la de las nueve y media. Se rotaban a aquellos encargados de ir haciendo la paralela (vulgar aunque necesaria) cola de la pizza o de las croquetas sin pan ni mostaza o mayonesa para hacerlas resbalar por el esófago y evitar su capricho de pegarse a la bóveda palatina. Era el sostenimiento para una tarde donde no se sabía si agotaba más la espera misma o las citas interminables, los relatos peliculeros, las comparaciones, la especulación cinéfila, las discusiones, los argumentos en contra y a favor de directores, estilos, músicos, fotógrafos, guionistas.

Qué decir si la tertulia giraba hacia el tema de actores y actrices. Ahí se complicaba el asunto, pues se incorporaban a las apologías y a las diatribas, coleros de los cuatro puntos cardinales y hasta pasantes a la búsqueda de «el último» siempre disuelto o desaparecido. La peña cinematográfica callejera se volvía compacta y férrea como lo hacían aquellas croquetas en el cielo de la boca, sin cachú ni un cachito de pan salvador. A las comparaciones posibles entre actores, o actuaciones del mismo actor o actriz, se les sumaban los chismes que llegaban a la Isla a través de folletines, revistas «del corazón» o emergían de literatos en potencia.

Durante un rato desconsolador el cenáculo intercambiaba su razón de ser, y emergían los chismes y escándalos de las figuras artísticas, que sonaban demasiado cubanos, pero, ¿quién se iba a atrever a desmentir las certezas de aquellos narradores orales consagrados? Con algún trabajo y bajo la renuencia de unos cuantos, la conversación retomaba su raíz cultural y volvía a debatirse si Michel Legrand era uno de los mejores compositores de música para el cine.

Jamás descansamos ninguno de esos domingos «cinema-tecosos», y la secuela de datos comprobados, personales o artísticos, podía copar la semana y empatarse con el sábado y domingo próximos, donde se traían pruebas de las irrebatibles aseveraciones en la forma de recortes de revista, o invocando frases del Dr. Mario Rodríguez Alemán en su inolvidable programa televisivo.

Este mes he echado de menos aquellas colas que reculaban. Pero también, un filme de Varda que no se ha vuelto a exhibir. La felicidad es una de las películas que nos marcaron a muchos en aquella época. Al personaje protagónico le era imposible vivir sin su esposa ni su amante, a pesar de lo mucho que se esforzó por escoger a una de ellas. Simplemente moría en cada intento por normalizar una situación en la que el amor, como se entiende en la sociedad, es entre dos sujetos amantes. La disyuntiva, ineludible, nos provocó, jóvenes como éramos, un shock que interpretaríamos, al paso de los años, como una hermosísima metáfora acerca de la condición humana, que nadie ha logrado reeditar hasta ahora con la intensidad, la elegancia y la atmósfera de la gran Agnes Varda.

Cleo de 5 a 7 vibra en idéntica cuerda. No se me olvidan aquellos talleres de la Casa de Cultura de Plaza, donde se explicó la hechura de esta película filmada con luz natural. Eran tiempos de experimentación en todas las manifestaciones culturales. Contenido y continente se articulaban alrededor de enormes talentos de la realización cinematográfica en toda su gama.

La cinemateca cubana hoy en día ha recuperado ese esplendor que antaño tenían aquellos tres cines. Quizás solo sea necesario hacer llegar información a los estudiantes o trabajadores jóvenes, para que aprendan a no adjudicarle a lo clásico la limitante connotación artística de viejo. Si se reconoce una época de oro en la música, y la han llamado Década Prodigiosa, ¿por qué no ha de reconocerse también en la radio y la televisión la Época Milagrosa del Cine cuya resonancia repercute en importantes creadores actuales?

Tengo la esperanza de que pronto, a la salida del cine 23 y 12, no van a quedar solo seis o siete cinéfilos apasionados comentando la obra acabada de ver, sino que el virus de la Época Milagrosa se convierta en epidemia nacional, y disfrutemos-suframos, nuevamente, con aquellas colas que reculaban, los fines de semana, mientras postergamos algún que otro “paquete” para dedicarlo a refrescar del día de trabajo entre semana.

viernes, 12 de mayo de 2017

¿Cómo es posible que el presidente no se diera cuenta que al despedir al director del FBI (que investigaba la posibilidad de una conspiración entre su campaña y Rusia) no hacía más que aumentar la sospecha de dicha conspiración?

¿Estamos en presencia de Trumpixon?

Para probar la relación entre conflicto de interés y percepción de conflicto veamos a continuación una secuencia cronológica de la destitución del director del FBI, James Comey:

julio 2016: (discurso de Trump durante la campaña) "no soy un admirador de él, pero con lo que hizo ... ha ganado de nuevo su reputación. Se la ganó. 

octubre 31/16: (discurso de Trump durante la campaña) "... hay que tener agallas para hacer lo que hizo Comey... muchas agallas."

enero 2016: Priebus (jefe de estado mayor del ya presidente Trump) "... hemos tenido una relación muy buena con él (Comey)en las últimas semanas..."  

marzo 20: James Comey y el director del NSA Mike rogers, afirman públicamante que el FBI está investigando "la posibilidad de conspiración entre la campaña de Trump y Rusia". Además, Comey contradice la afirmación de Trump de que Obama había espiado a Trump durante la campaña en Trump Tower.

mayo 2, 2017: (tuit de Trump) "Comey del FBI fue lo mejor que le pudo pasar a Hilary Clinton en que le dio un pase de gratis para que hiciera lo que le diera la gana. La historia Trump/Russia ha sido usada por los demócratas para justificar que perdideron una elecciones. ¿O acaso Trump hizo tremenda campaña?" 

mayo 9, carta de despido de Comey, firmada por Trump: "... he aceptado su recomendación (Rod Rosenstein) recomendando su destitución del FBI..." (aquí el presidente hace ver que Comey ha sido despedido siguiendo la recomendación del fiscal general adjunto Rosenstein, quien en su carta no recomendaba explícitamente que Comey fuera despedido).

mayo 10,  secretario de prensa de la Casa Blanca John Spicer: "el presidente no tenía otra opción que seguir la recomendación de Rosenstein."

mayo 11, entrevista de Trump a Lester Colt para NBC (viernes): "ya había decidido despedir a Comey, con o sin la recomendación. Mi decisión, punto."  

Tal parece que Trump cambia "diametralmente" con respecto a Comey a partir de la comparecencia del director del FBI en marzo (en amarillo arriba). Entonces, la relación entre conflicto de intereses del presidente y la percepción de dichos conflictos por parte del público se hace inevitable. De ahí la crisis de confianza, que no es culpa de nadie, sino del propio presidente de los Estados Unidos.

jueves, 11 de mayo de 2017

Segunda carta abierta de Juan Abreu a la Fundación Cintas


El Sr. Víctor Luis Deupi, presidente de la Fundación Cintas, ha concedido una entrevista al Nuevo Herald de Miami. Lo que ha dicho, merece algún comentario.

1. Es falso que el acercamiento del Sr. Deupi y su junta a la dictadura cubana constituya una vuelta a los deseos originales del Sr. Cintas. Según afirma el propio Sr. Deupi, el propósito del Sr. Cintas al fundar la Cuban Art Foundation, era apoyar el arte “dentro de la República de Cuba”. ¿Es necesario a estas alturas, Sr. Deupi, ponerlo al corriente de que la República de Cuba dejó de existir en 1959? Fue sustituida por una Dictadura Militar, Sr. Deupi. La República de Cuba, hasta que no pueda existir en su natural territorio geográfico, sólo y exclusivamente existe en el Exilio formado por los cubanos libres. Lo que decidió la Fundación Cintas en 1963, otorgar sus becas a los cubanos libres, fue lo único honrado y lógico.

2. Es falso, obviamente falso, que incluir a los cubanos que viven bajo Castro en el programa de Becas de la Fundación, no sea un cambio de política de la Fundación Cintas. Lo es, y es además una traición al propósito inicial del Sr. Cintas y a lo que ha sido y representado la Fundación Cintas. Para no hablar de que constituye un acto de gran bajeza moral por su implícito desprecio a las víctimas del castrismo, en tanto ayuda a “normalizar” a los victimarios.

3. Por otro lado, es perfectamente posible especular acerca de cómo se hubiera sentido el Sr. Cintas al saber que su Fundación traicionaba a los cubanos libres y al espíritu democrático abandonando su postura moral, y poniéndose al servicio de la dictadura militar que ha arruinado y envilecido su país de nacimiento. ¿Asqueado, Sr. Deupi?

Por último, aprovecho la ocasión para reafirmar mi renuncia al título de ganador (1993-94 Oscar B. Cintas Fellowship for Painting) de la Beca Cintas. La Fundación Cintas es hoy, en lo que a mi persona concierne, otra pieza de la maquinaria propagandística de la dictadura cubana. El Sr. Deupi y la Fundación Cintas son, claro está, libres de poner el dinero del Sr. Cintas y de la Fundación que lleva su nombre, al servicio del lavado de cara de la dictadura de los Castro.

Yo escojo no ser parte en forma alguna de semejante vileza.

Sin más por el momento, quedo de ustedes respetuosamente,

Juan Abreu

sábado, 6 de mayo de 2017

Mensaje a propósito de la entrevista a Victor Deupi en Diario de Cuba

Fusilados del castrismo / Juan Abreu

Jesús Rosado

He leído con beneplácito, aunque difiero con los criterios de la mayoría de sus respuestas, la entrevista hecha por Diario de Cuba a Víctor Deupi, actual presidente de la Fundación Cintas. Me place porque Diario de Cuba cumple así con el obligado cometido de la objetividad periodística al darle el espacio que merece a la réplica del vocero oficial de la polémica decisión que ha provocado el cambio de tono de la Fundación.

No voy a extenderme en debates. Sólo hacer algunos apuntes de lo comentado por Deupi. Primero, nadie ha objetado los deseos fundacionales de Oscar B. Cintas, los cuales desafortunadamente se insertan en circunstancias históricas críticas. Según el propio Deupi “su propósito era fomentar y estimular las artes (…) dentro de la República de Cuba”. Esta declaración aparece en el certificado de incorporación, de fecha de 25 de abril de 1957. Una fecha en que la República está convulsionada entre la tiranía y la insurrección. Dos años después, la República ha fenecido porque un grupo ávido de poder se ha hecho del mismo y va camino a la autocracia.

Es decir, la declaración de Cintas con respecto a la Fundación es lo que se llama Rebus sic stantibus, una expresión latina que puede traducirse como “estando así las cosas” que hace referencia a un principio de derecho, en virtud del cual, se entiende que las estipulaciones establecidas en dicha declaración tiene en cuenta las circunstancias concurrentes en el momento de su concreción, pero que cualquier alteración sustancial pudiera dar lugar a la modificación de la estipulación original. Este principio suele utilizarse como complementario del brocardo latino pacta sunt servanda (los pactos deben cumplirse mientras las circunstancias existentes al momento de la concreción no varíen). Son conceptos reconocidos por el Derecho Internacional. Es decir, la República de Cuba en el momento de la decisión de Cintas estaba en estado crítico. Dos años después había colapsado ante el empuje de una dictadura.
Perdonen los tecnicismos, pero ello explica probablemente el por qué la junta de The Cuban Art Foundation, posteriormente Fundación Cintas, tomó la decisión durante décadas de enfocar el deseo original del magnate hacia la promoción de un arte que se creara fuera de la no república (léase dictadura castrista).

El arte exiliado cubano se supone, a partir de entonces, que es el que auténticamente permanece dentro de los cánones del concepto de república. O sea, en un contexto (ya sea en Estados Unidos como en cualquier otra nación democrática) en que el artista cubano reside, donde la máxima autoridad cumple funciones por un tiempo determinado, es elegida por elección ciudadana a través del voto, donde se respeta la división de poderes, el ejercicio de la justicia y los derechos civiles como la libertad de opinión y de expresión pública.

A esa estrategia de la Fundación Cintas es lo que yo llamo agenda, rol o función histórica. Y es precisamente la que ha cambiado el curso en estos momentos bajo la nueva generación gestora porque considera, quizás con miopía liberal, que la Cuba actual es una “república”, obviando que otros regímenes totalitarios como China, Corea del Norte o la extinta URSS y sus países satélites se han autodenominado, a través de la historia, absurdamente repúblicas.

El señor Deupi también demuestra con sus respuestas un alto grado de ingenuidad cuando supone que la Fundación Cintas, mediante los procedimientos habituales de sus jurados, puede evadir las manipulaciones, maniobras censoras, el efecto de los filtros de los órganos estatales de la política cultural y la vigilancia de la inteligencia cubana, cuando eso es el pan nuestro de cada día en la Cuba castrista desde hace casi seis décadas. Nada se mueve en la cultura cubana sin esas infaustas premisas.

Espero que la Fundación Cintas esté actualizada y se mantenga al tanto de aquellos artistas que mantienen una cínica posición oportunista progubernamental firmando cartas para apoyar fusilamientos o se incorporan a homenajes a las principales figuras del desgobierno. Les aseguro que pueden toparse eventualmente con surprises box en cualquier momento. Cuenten conmigo si necesitan información.

Termino con dos apuntes. El primero: mi decisión fue tomada como freelance curator, independientemente de lo que determinara el American Museum of the Cuban Diaspora. Yo soy un curador en residencia en la institución con libertad para proponer, aceptar o alejarme de proyectos.

Lo segundo, señor Deupi, aunque usted plantea que la colaboración para la exposición con el Museo estaba en fase inicial, en el plano particular profesional, le aclaro, que se me hizo llegar una información con texto e imágenes expedida por la Fundación de las piezas que estaban en condiciones de exponer. Hice la correspondiente investigación autoral, el examen visual y la valoración de estado de conservación de las obras. Luego, nos reunimos el staff del Museo, incluyendo la Directora Ileana Fuentes, y se discutió mi preselección. Cuando llegamos a un consenso se analizó en reunión ulterior con el vicepresidente de la Fundación, Rafael Miyar, el cual hizo escasas correcciones y mostró su aprobación. Pregunto, ¿estábamos en conversaciones iniciales o ya el proyecto estaba en marcha? No se preocupe por eso, porque no pienso reclamarle un centavo a la Fundación, pero, por favor, revise su imprecisión y su despiste.

Puede usted pensar, señor Deupi, que yo soy un conservador incorregible. Un reaccionario, un recalcitrante. Pero revise mis textos sobre el racismo o la comunidad LGTB en Cuba publicados en este mismo Diario para que esclarezca su criterio. Hay liberales anticastristas, aunque usted no lo crea.

Agradezco la amplificación o adhesión a mis preocupaciones a Diario de Cuba, al cual considero junto al American Museum of the Cuban Diaspora, al Cuban National Heritage, Cuban Heritage Collection, National Association of Cuban-American Educators y el Institute for Cuban and Cuban American Studies como los más legítimos defensores del patrimonio cultural en el exilio.

Agradezco también públicamente a intelectuales y artistas que se han adscrito o amplificado mis criterios en las redes sociales como Carlos Olivera, Armado Navarro Vega, Alfredo Pong, Rolando Paciel, Daína Chaviano, María Eugenia Caseiro, Yovani Bauta, Alberto Lauro, Gustavo Rodríguez (Garrincha), Rafael López Ramos, Rank Uiller, Denis Fortún, Natasha Perdomo, Carlos José Ramírez, Fabián Peña, Juan Erman González, Mariano Costa Peuser, Juan Si González, Joaquín Badajoz, Nancy Pérez Crespo, Lia Gialetti, Ángel Vélazquez, Lien C. Lau, Elena Montes de Oca, Justo J. Sánchez, Francisco Escobar, Adeleide Delgado, Rafael Fornés, Natacha Herrera, Pedro Vizcaíno, Ahmed Gómez, Juan Abreu, María Brito, Zoé Valdés, Humberto Calzada, Arturo Rodríguez, Demi, Luis Cruz Azaceta, Alejandro Anreus, Armando Guiller, Dennys Matos, Rosie Inguanzo, Alfredo Triff, Sergio Lastres, José Lorenzo Moya, Alexis Jardines, Lui Rodríguez, Luis de la Paz, César Beltran, Alejandro Aguilera, Orlando Luis Pardo Lazo, Miguel Ordoqui…

Suerte, míster Deupi. Ojalá que el caimán de barba rala no se los engulla. Yo sé, difícil que capte esta última metáfora. Y es que no basta con reproducir postales de una arquitectura idílica en el marco frívolo de un evento organizado por el gobierno cubano. Hay que vivir la miseria habanera, míster Deupi, y conocer los accidentes particulares de la cultura del país para graduarse de auténtico cubano. Hay que tirarse fotos con las Damas de Blanco en plena peregrinación, con una sesión de Estado de Sats, con los muchachos de la UNPACU en el fragor de una protesta. Verá que con la dictadura cubana hay que llorar porque se perdió el tete. Que le traduzcan esta frase, míster Deupi, a ver si entiende.
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Disculpen si hay inconexión. La imagen corresponde a la serie Los fusilados de Juan Abreu (becario de Cintas). Es un ejercicio taoísta que me recomendaron para contemplar de manera indolora, insensible y racional el flujo carmesí de la sangre.

domingo, 30 de abril de 2017

Renuncia pública a proyecto de la Fundación Cintas en el American Museum of the Cuban Diaspora




Jesús Rosado
La noticia es fresca. Ha sido publicada en la página digital de la Fundación Cintas. La Fundación ha decidido a partir de este año otorgar becas a artistas radicados en Cuba. Que bien. La democracia es bella. Uno observa decisiones como estas que en Cuba serían imposibles de asumir hacia los artistas exiliados y no queda otra que enorgullecerse de la capacidad de la democracia para legitimar la diversidad de posiciones ideológicas. Justamente colaboraba con mi asistencia curatorial a un proyecto de exhibición de la colección Cintas en el American Museum of the Cuban Diaspora cuando sale esta noticia. Y, claro, precisamente por esa maravilla con que nos toca la democracia es que manifiesto mi total desacuerdo con el cambio de la agenda histórica de la Fundación Cintas y me retiro rotundamente del proyecto.
Ustedes se preguntarán, pero bueno, ¿y qué hay con la democracia? Ahí comienza mi defección. ¿Cómo puedo aceptar en mi doble función de historiador y curador que no se haya producido este giro en los momentos más aciagos de la dictadura castrista cuando los abstractos eran relegados, los miembros de la generación del ochenta eran censurados o arrestados y los movimientos de arte libre e independiente eran silenciados o reprimidos? ¿Por qué el giro ahora? ¿Porque se restablecieron las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba? ¿Porque hay una estrategia desde La Habana de asalto intelectual a los circuitos académicos e instituciones proexilio para invadirnos ideológicamente, mientras el castrismo se mantiene atrincherado y vigila cada incursión de la diáspora en el interior del país? ¿Quién me garantiza que los Kcho, los Nelson Domínguez, los Miguel Barnet, todos artistas oficialistas y consagrados a la dictadura no obtengan una beca Cintas? Porque si hay una táctica particular de la Fundación para alejar a este tipo de personajes de su misión, pienso que debería haber sido ser explícita.

¿En qué posición de la competencia quedan los artistas e intelectuales cubanos exiliados huérfanos de patrocinio estatal, privados de circuitos de galería y promoción institucional?

¿O es que se trata de una estrategia camuflajeada para incentivar a artistas contestatarias como Tania Bruguera, galería alternativas como Espacio Aglutinador, proyectos intelectuales como Estado de Sats o performances que pueden costar la libertad o la vida como los del Sexto? Reitero, hay que explicarse. ¿O, perdón por la especulación, se trata de acomodar más a los aterciopelados que se mueven entre La Habana y Miami con residencias y estudios en ambas ciudades? O negro o blanco, muchachos, que los matices bajo dictaduras no llegan a ningún lado.

Esta decisión contó con el respaldo del Departamento del Tesoro. Me pregunto, ¿es una decisión a sabiendas del Presidente Trump o estará ajeno a su alcance?

Por otra parte, no sé qué diría el finado Cintas ante tal decisión de la Fundación después de tanto saqueo al patrimonio cultural de la nación por parte de funcionarios y ladrones particulares. ¿Se han cuestionado, amigos de la Fundación, el estado de la colección Cintas en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana? ¿Por qué no se dan una vueltecita por la capital de la isla y constatan inventario de la colección contra presencia física de obras a ver qué pasa? A lo mejor hay sorpresitas.
No, amigos míos, como se dice en la jerga del dominó, paso. Renuncio al proyecto de curaduría, independientemente de la decisión que tome el Museo. Yo nací en la abundancia, soy hijo de un empresario exitoso que fue expropiado por el gobierno revolucionario cubano. Mi padre murió de tristeza en plena pobreza. Viví con mi familia en la miseria. Nos costó trabajo y sacrificios para yo poder terminar mis estudios universitarios como historiador. Aguanté cuarenta años de comunismo, que los que lo sufrimos sabemos que hay que vivirlo para entenderlo y padecerlo. A base de esfuerzo y sin traicionar mi credo me coloqué en posición para la estampida. ¿Cómo voy a prestarme al juego de crédulos y fantasiosos que no tienen la más puñetera idea de lo que es política cultural en un estado totalitario?
Hay mucho tema de que ocuparse la mente de un estudioso de las ciencias sociales en la diáspora: la operación Peter Pan, los vuelos de la libertad, los caídos en el Escambray,  los héroes y mártires de la Brigada 2506, Camarioca, el Mariel, los balseros del 94, los desaparecidos en el estrecho de la Florida, el hundimiento del transbordador 13 de marzo, la experiencia del presidio político, los más de 500 artistas visuales exiliados, los logros en el teatro, la literatura, el cine, la música, la danza, en la esfera política, en el deporte, en las ciencias. Sesenta años de desarraigo, de dolor, de sacrificios, de triunfos, de éxito innegable. En Estados Unidos, en España, en México, en Argentina, en Chile, en Suecia, en Checoslovaquia, en Francia, en Australia…
No hay tiempo para perder el tiempo. Mi afiliación al Museo Cubano tiene que ver con su misión: estudiar, preservar y divulgar el patrimonio cultural del exilio. Con el cambio de agenda de la Fundación me paso y me levanto de la mesa. No transijo con esa forma de jugar el dominó entre auténticos cubanos.
Claro, sin castrismo, amigos de la Cintas, pueden contar conmigo, estaría dispuesto a jugar otro partido. No Castro, no problem.

martes, 25 de abril de 2017

La gran marcha por la libertad de Cuba en Nueva York, noviembre, 1968



En noviembre, 1968, cientos de estudiantes cubanos, miembros de la organización Abdala realizaron una marcha en Manhattan, desde la estatua de José Martí en el Parque Central hasta la ONU para denunciar las violaciones de los derechos humanos pore gobierno de Fidel Castro en los conocidos campos UMAP. Realizador: Iván Acosta.