Saturday, July 16, 2016

Gruppo Di Improvvisazione Nuova Consonanza - Niente



El Gruppo di Improvvisazione Nuova Consonanza era un grupo de improvisación libre vanguardista considerado como el primer equipo de compositores experimentales de ejecución colectiva. El piquete estaba encabezado por el compositor italiano Franco Evangelisti, quien lo creó en Roma en 1964. El resto de los miembros eran: Mario Bertoncini (percusión piano), Walter Branchi (contrabajo), John Heineman (trombón, violonchelo), Roland Kayn (órgano Hammond, vibráfono, marimba ), Egisto Macchi (percusión, celesta), Frederic Rzewski (piano) y, queridos amigos, el entrañable Ennio Morricone (en la trompeta). El Morricone que nos ha entregado una obra monumental en innumerables soundtracks. El sonido alámbrico que rige la pieza es producido a partir de la frotación rítmica premeditada del acero a carbono templado de las cuerdas de piano, cuya ductilidad propicia la manipulación de su sonido más primitivo.(JR)

Tuesday, July 12, 2016

¿Es el microteatro el McDonalds del teatro?

Il Tartufo de Molière

Rosie Inguanzo

Microteatro es al teatro lo que un cortometraje es a un largometraje. La convención cinematográfica de más de cien años estima que un filme ha de durar al menos 60 minutos de modo que pueda desarrollar una narrativa. Una relación similar se da entre la novela y el cuento —considerado éste último un género menor, lo que no quiere decir que no se escriban cuentos magníficos y novelas malas.

Igual sucede con el teatro; éste necesita una gama dramática que se consigue con tiempo. Tiempo de preparación y progresión dramática para desarrollar personajes y todos los elementos que componen una obra. El teatro no puede hacerse en 15 minutos. Evaluado desde el punto del vista del teatro, el microteatro es ejercicio de estilo.

Un argumento a favor del microteatro es que atrae a un público sediento de consumir cultura y lo expone al "teatro". He visto microteatros buenos. Aunque éste es un género menor debido a las limitaciones intrínsecas del medio; a saber, la ya mencionada brevedad y la demarcación espacial.

"Las otras", Microteatro

Otro argumento a favor del microteatro es que se presentan textos inéditos. Sí y no. Dar oportunidad a nuevos dramaturgos es válido, pero no confundamos la originalidad con lo inédito. Un texto inédito no se ha escenificado antes; un texto original aporta algo nuevo y relevante al estilo que le precede. Siendo el texto el punto de partida, es fundamental que se exija calidad. Lo inédito solo no garantiza una buena puesta ni fomenta una nueva dramaturgia.

El rigor dramatúrgico vendría dado por un comité seleccionador calificado y con experiencia, que planteara recomendaciones al escritor novato. La brevedad y la agilidad rotativa del medio no están divorciadas de la calidad; ejemplo de ello son las obras cortas de Molière u Osvaldo Dragún (que generalmente se presentan agrupadas). Es lamentable que microteatro no acepte obras breves del teatro clásico y de autores contemporáneos reconocidos.

Al microteatro se acercan de vez en cuando actores de probada carrera (por razones económicas más que artísticas), aunque atrae a más actores mediáticos sin entrenamiento técnico ni dominio del instrumento actoral. Pero el buen arte no es facilista y el actor que se respeta no se la debe ver fácil. Porque el talento por sí solo no hace a un buen actor; el entusiasmo tampoco. Un actor necesita formación — palpable desde que proyecta la voz hasta su presencia escénica— por respeto al público.

Microteatro

El mismísimo Centro Cultural Español de Miami parece cuestionarse su papel en todo esto como sede del microteatro, cuando apuesta a la formación de actores. Me consta que el CCEMiami promueve un programa formativo; participé en un taller cervantino excelente impartido por José Luis Arellano y su asistente Andoni Larrabeiti. De manera que un mejor microteatro hipotético, además de promover el desarrollo profesional sostenido de actores y teatristas (que lo ha hecho), debe seleccionar mejor a sus actores.

¿Qué haría al microteatro mejor? Menos banalidad y más bagaje. Aunque la banalidad puede darse en el kitsch o en una farsa deliciosa, la banalidad no debe ser un accidente sino una búsqueda estética consciente. Asimismo, el microteatro se beneficiaría si todos los involucrados participaran de una dinámica crítica exigente. Un mejor microteatro hipotético debería existir en relación a una labor crítica seria. Es lamentable que lo que se observa hoy es mucha publicidad y poca crítica. Hace falta crítica separada de la publicidad. El crítico está en el deber de decir lo que no está bien y lo que no le gusta, justificando por qué. Quede claro, la función de la crítica es mejorar la profesión; la función de la publicidad es atraer público.

Concedido que el microteatro es un género menor (y muy válido); pero pudiera ser un gran género menor que acrisolara a la comunidad teatral de Miami.

Erik Johansson y las tampas de la imagen


el arte surrealista de erik johansson tiene un atractivo inmediato: la imagen está hecha para denotar lo imposible. pero no imposible en el sentido que podía serlo cualquier imagen del barroco o el renacimiento; aquellas representaban un centauro entre humanos como algo absolutamente posible; éstas en cambio deliberadamente representan lo imposible. por supuesto, hay grados: arriba un joven se plancha él mismo.


ahora el agua del embarcadero se desborda de las dos dimensiones del cuadro hacia la habitación.


lo imposible aquí es derramar todo el café de una taza y que este reproduzca el mapa del mundo sobre el mantel de linóleo.

Saturday, July 9, 2016

Micro Teatro de Miami: ¿arte o entretenimiento?




Laura Pérez

Atendiendo la invitación de unos amigos, hace unos días fuimos al Micro Teatro de Miami. Parece ser que es una novedad cultural por cuanto son presentaciones que duran 15 minutos y se llevan a cabo en unos contenedores donde escasamente caben quince personas por función. Mis amigos y otros con quienes nos encontramos allí (incluyendo a un crítico teatral) expresaban su “contento” porque al fin había una forma de acceso de las clases populares a la alta cultura (aunque aún no sé exactamente qué significa este término para ellos). Bueno, siento decepcionar a los amigos y simpatizantes, pero ni teatro ni “alta cultura”. Obviamente, esto no es agradable para quienes están involucrados en este movimiento, al cual se le puede otorgar el crédito de lo simpático que es meterse en unos contenedores y jugar al teatro; también hay algunos buenos actores de televisión, buenos comediantes al mejor estilo de la Stand Up Comedy, y en general resulta, repito, una simpática forma de entretenimiento. Pero, TEATRO, no creo. Las propias limitaciones del medio no califican. Quizá en mi natural rebeldía, siempre he creído que el arte debe intervenirnos, atravesarnos, partirnos, aliviarnos, dolernos. El teatro castiga nuestros sentidos porque nos enfrenta al mundo, despierta nuestra sensibilidad y por ello creo que nunca podemos salir ilesos o incontaminados cuando nos encontramos con él. Porque el arte es telúrico, debe conmovernos, hacernos temblar hasta derrumbar las defensas de nuestros sentimientos, creencias, principios…de nuestra lógica. Más que nada, el teatro no es el trasvase de patrones televisivos a las tablas… o cajones… o plazas… o cualquiera sea el escenario que se adopte. Estoy consciente que no todo lo que se hace sobre las tablas es teatro, y también de que no todo el teatro puede llegar a ser arte. Sin embargo, y como bien lo dijera nuestro amigo Immanuel Kant, una parte del conocimiento a priori del mundo proviene de una estética, entendida ésta como una “sensibilidad” que nos permite estructurar nuestro mundo, nuestras percepciones, nuestros significados y sentidos del mismo. Esa estética, esa sensibilidad no estaban allí en los contenedores la noche que fuimos. Finalmente, quiero aclarar que mi postura no implica que lo que allí se hace sea malo o mediocre, no; sólo que no es teatro sino show, espectáculo, entretenimiento bastante mediático y comercializado.

Thursday, July 7, 2016

Desinflando la Modernidad (primero de una serie)

uuuuu por ahí viene el fantasma de la Modernidad a comerte 

atRifF

En m.bourbaki he presentado un post que intenta desinflar la idea de Modernidad. 

Me apoyo en la definición del conocido libro de Jürgen Habermas El discurso filosófico de la modernidad. La definición de Modernidad de Habermas en el capítulo 1:
El concepto de modernización es un conjunto de procesos cumulativos y que se refuerzan entre sí: (a) la formación de capital y la movilización de recursos; (b) el desarrollo de las fuerzas de producción y el aumento de la productividad del trabajo (c) el poder político centralizado y la formación de las identidades nacionales junto a la proliferación de derechos y la participación política; (d) las formas urbanas de vida y de la educación formal, la secularización de las normas y así sucesivamente (las letras añadidas son mías).
Trato entonces de demostrar que la definición de Modernidad (M) arriba no resiste un análisis riguroso. Mi argumento procede a demostrar que el conjunto de procesos (P) que Habermas menciona puede darse en cualquier otro momento, por ejemplo, la antigüedad. A seguido presento contraejemplos históricos que revisan la idea de P como causa de M.
Veamos el asunto desde la metodología más rigurosa de las ciencias. Imagínese P ser el conjunto de procesos cumulativos y que se refuerzan entre sí y un evento general llamado M (Modernidad). El teórico ahora intenta conectar P y M, pero simplemente presenta a P como causa de M sin un análisis detallado de dicha conexión. 
Sugiero tres errores de inferencia:
1- reducir M en términos de P, sin un análisis contrafáctico serio, 2- suponer (sin probar) que P explica M y 3- suponer que P causa M.
(para más detalle visitar m.bourbaki)

Monday, July 4, 2016

anthony braxton y su cuarteto en montreux 1975



la agrupación arriba es posterior al formidable experimento llamado circle.

esta pieza titulada "40 M" de anthony braxton y su cuarteto en montreux 1975 representa una variante más formal del free jazz. más formal, si se compara con otras manifestaciones del momento, como el free emocional de archie shepp, pharoah sanders o incluso la variante free de cecil taylor. músicos: anthony braxton (as) kenny wheeler (f), dave holland (b), barry altschul (d).

Saturday, July 2, 2016

Tres poemas de Judith Ghashghaie

Judith Ghashghaie

El libro, el hijo, el árbol

Las páginas de mi Libro son alas de moscas
El Hijo envía un email o llama al celular en los días de fiesta
De mi Árbol caído aún cuelgan varias pasiones muertas a picotazos
Vivo en un mapa con países en ninguna parte
Millonaria en miserias
ostento un trueno sin ruido
un alfabeto sin letras
una brújula sin norte
También tengo dos cisnes
uno decapitado
el otro con cuello nuevo (posee un tic nervioso)
No sé cuál de mis joyas es la más costosa
tal vez sea mi ardor apagado
que a veces despierta o bosteza como poema por entrega.
O quizás, el beso impreso en papel que súbitamente se convierte en boca.


Miami

Este amanecer
de alas en un cielo de espuma
reclama, sin duda,
al verdiazul vaivén de mar
y un deslizar de pez
que escapa de la red

o de la maldición del pescador
Tengo que mencionar
la brisa
que trasfigura la palma en arco
su sombra
Las huellas de humanos y otras aves desconocidas
En síntesis:
Hasta lo imperceptible del paisaje marino es mío
Pero, uno de estos días, lo perderé.


Plegaria de la mañana

Si Dios está conmigo ¿Quién contra mí?
Si Dios está contigo, no está conmigo.
Si Dios no está conmigo ¿Contra quién estoy yo?
Plegaria del mediodía
Si Dios está conmigo ¿Quién contra mí?
Si Dios está contigo, estoy sola
el buey solo bien se lame
¿Habrá una lamedora eléctrica?

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Judith Ghashghaie nació en Caracas. Hace 28 años que vive en Estados Unidos. Estudió Artes Plásticas e Historia del Arte en el Instituto Pedagógico de Caracas y en La Universidad Central de Venezuela.

Sunday, June 26, 2016

la vaselina, el exilio, los héroes, y las entrañas prostáticas del castrismo

imaginemos el machete de ese mambí con vaselina: ¡que mariconería caballero! 

Alfredo Triff

Acuso recibo del provocador artículo de Néstor Días de Villegas (NDDV) titulado Elena Ruz con vaselina. 

(¿y cuándo NDDV no es provocador?)
Miami soñó con la entrada de la Quinta División de Infantería en La Habana –y no niego que hubiese sido un espectáculo sublime–, pero, de todos modos, el Exilio (con mayúscula) triunfó. Su perseverancia ejemplar, sus miles de muertos, sus heroísmo, su tan cacareado martirologio, su instinto patriótico, su doppelganger nacional, consiguió penetrar a la larga el castrismo.
"pero de todos modos"...

La oración en azul es la tesis ideológica del exilio histórico duro de Posada Carriles, Tony Cuesta, Nazario Sargén y Orlando Bosch.

El sueño revolucionario del exilio no ocurrió; NDDV admite que "hubiese sido un espectáculo sublime" (subjuntivo en uso hipotético).

Cierra con giro inesperado:
 El Exilio entró con vaselina, no con tanques de guerra, en lo profundo de la dictadura.   
En lugar de repetir el discurso de los "duros" de acá, que el exilio fracasó porque el castrismo continúa, NDDV, contracorriente, enarbola la vaselina, metáfora más apropos de un Obama en su rapprochement con Cuba.

Imaginemos por un momento a Posada Carriles leyendo esta tesis para referirse a su gloriosa entrada La Habana. ¿Vaselina, graso del coito?

¡Un héroe revolucionario jamás usaría vaselina!

Claro, NDDV negará que esté de acuerdo jamás con Obama, es una cuestión nominal (el único mulato presidente que merece su respeto se llama Fulgencio).

Hasta este punto estoy de acuerdo con el poeta. Es cierto: El Exilio es el über Doppelganger de La Habana. Es cierto: los hijos de los pinchos castristas vienen a estudiar a FIU (y a UM). Es cierto: los ex-segurosos se compran casas en Kendall, El Doral y Hialeah. Es cierto: los "quince" más despampanantes de La Habana castrista se confeccionan en Ño qué barato de Hialeah por hábiles productores que viajan el mismo día desde Miami.

Precisamente por esa "penetración" resbalosa Miami, más que nunca resulta un problema insalvable para NDDV quien inexplicablemente la emprende contra la capital del exilio.
Con lo anterior quiero decir que Miami ha cambiado y que en algunos aspectos no es ni la sombra de lo que fuera. Sin embargo, aquel otro Miami más elegante y auténtico vivía en estado de guerra permanente, una batalla que era la prolongación de la lucha revolucionaria.
"Ni sombra de lo que fue".

¿No debiera NDDV estar feliz con este Miami suave y graso que de acuerdo a su tesis penetra hasta las entrañas prostáticas del castrismo?

Aunque contradiga su propia tesis, darle tanto a Miami resulta antitético para NDDV (más sobre este punto luego).

Hay otro asunto. Es baladí que el Miami setentoso-tardío de NDDV fuera distinto al ochentoso de Alfredo Triff (antes de que esa ingente tropa de delincuentes marielitos en que me incluyo lo invadiera). Mi Miami de los 90 tempranos (regresaba de otro exilio en New York donde viví once años) era palpablemente diferente al de los 80. El de hoy es distinto al de fin de siglo XX (no hay más que echarle una mirada al impresionante downtown desde mi penthouse miamense).

Lo que llamamos "Miami" es una identidad. Los cambios de que habla NDDV son meramente accidentales a esa identidad. Miami no puede ser "ni la sombra" de lo que fue y seguir siendo Miami (problemas de coherencia que pasan inadvertidos).

¿Qué es lo esencial de Miami? Los hechos: 1- la cultura cubana que sigue dominando. 2- el potaje maravilloso cultural que es Miami, único en la nación, 3- Miami continúa su guerra ideológica con La Habana, aunque esta sea diferente, 4- Miami es la capital gay del sur de los Estados Unidos, tal como lo fue desde los 80, 5- Miami sigue creciendo con inmigrantes y exilados (en el período de NDDV eran brasileros y colombianos; a fines de los 80 la inmigración nica, en los 90 salvadoreños, en los 2000 tempranos argentinos, salvadoreños, ahora son venezolanos). Otras características miamísimas: 6- Miami Beach, 7- el calor húmedo y los huracanes de Miami. Y no olvidemos: 7- los cubanos, maestros expertos en el robo al Medicare.

NDDV es un nostálgico empedernido, pero su fuerte lado nietzscheano lo hace odiar esa lava pegajosa que lo embarga. Miami "no es ni la sombra de lo que fue" porque ha quedado ideológicamente reducida, en su mente brillante y febril, a papel instrumental de lubricante para un coito con su ciudad gemela: La Habana. Además, NDDV no podría olvidar sus héroes "duros" (otro aspecto marcado de su inclinación nietzscheana).

Zaratrustra jamás se hubiera untado vaselina antes del acto.

Me despido con un postulado advenedizo: sin Miami no habría NDDV.

Friday, June 24, 2016

Orlando González Esteva este sábado 25 en el Koubek Center


Mi padre tanguero



Mario Pérez

Ayer mientras ocupaba mi tarde con la lectura —no es irrelevante mencionar que se trataba de un libro del filósofo de Messkirch— mi pensamiento se deslizó al recuerdo de mi padre. Recordaba una anécdota que es la que sigue: Mi padre había ido a verme a Buenos Aires en 1997 donde pasó junto a mi madre unos hermosos meses. Una noche una gran amiga, psicoanalista y muy tanguera y su esposo, escritor y muy tanguero, lo invitaron a cenar a su casa en la calle Migueletes. La conversación se extendió hacia la media noche pasando por los obligados temas Cuba y exilio, más psicoanálisis y tango. Mi padre habló entonces de la Cuba que él había conocido y del impacto del tango en la isla. Se mocionaron los grandes tangueros. Mi padre quiso agregar uno que, según él, faltaba por mencionar. Nadie lo conocía. Ningún tanguero lo recordaba. Le dije: "viejo, seguro que equivocas el nombre, estos tipos son conocedores del tema". Mi viejo rondaba ya los ochenta y aceptó su falta de memoria esa noche en lo de Graciana. Unos años después, mientras paseaba yo por Buenos Aires, entre a una disquería que había en la esquina de Corrientes y Callao. Buscaba, sin saberlo, desde hacia tiempo, un disco de tango que esa tarde apareció. Alberto Gómez, era el tipo. Cantante de tangos, que actuó en cine con Tita Merello, Libertad Lamarque, Luis Sandrini, Azucena Maizani, Mercedes Simone, y otros más. Recorrió America Latina, por supuesto que fue Cuba, en los 40 y los 50. De inmediato compré el álbum y lo llamé para contarle del hallazgo. Un francés que leo me enseñó hace un tiempo que solo se va más allá del padre a condición de servirse de él.

Tuesday, June 14, 2016

La institucionalidad de la homofobia en los países islámicos


En lo que sigue lo deseamos problematizar en qué medida el fermento de creencias sociopolíticas producen una situación particular llamada Omar Mateen:

Egipto: la socióloga egipcia Heba Kotb opina que el 10-15% de la población es homosexual. Sin embargo, de acuerdo con un Pew Research 2013, 95% de la población en Egipto cree que la homosexualidad debe ser prohibida.

Irán: la homosexualidad se castiga con prisión, castigo corporal o la pena de muerte.

Arabia Saudita: la homosexualidad se castiga con la pena de muerte, encarcelamiento, multas, castigos corporales, o flagelación.

Lo mismo ocurre con Sudán, Libia y Yemen.

Kuwait: La homosexualidad no es ilegal, pero los homosexuales están sujetos a la llamada ley de "libertinaje".

Argelia: la homosexualidad es ilegal desde 1966.

Siria: la homosexualidad es ilegal. El artículo 520 del código penal de 1949, prohíbe tener relaciones homosexuales, es decir "relaciones carnales contra natura", y prevé un máximo de 3 tres años de prisión.

Emiratos Árabes Unidos: La pena de muerte se aplica para la homosexualidad.

Túnez: La homosexualidad es ilegal en Túnez.

Marruecos: Ídem.

Pakistán: la homosexualidad se considera tabú.

Afganistán: La homosexualidad se considera delito grave en Afganistán.

La lista sigue.

¿No debemos acaso suponer que estas políticas de estado parten de creencias religiosas? Si la
política del estado refleja normas aceptadas (o una alianza más perversa entre el estado y la religión) dentro de las sociedades, ¿no puede inferirse que la homofobia institucionalizada en todos estos países islámicos es la consecuencia de un círculo vicioso entre la religión y el estado?

Monday, June 13, 2016

Noticia cercana del horror

                                                       Teléfono de Mina Justice (Foto AP)

La madre de una de las víctimas fue quizás de las primeras en conocer del desencadenamiento de la masacre. Difícilmente nos podríamos poner en la piel de tanta desesperación e impotencia. Ya para entonces había comenzado el conteo mortal del atacante. Un golpe que si bien algunos medios pretenden calificarlo de "crimen de odio", en realidad va más allá de toda sectarización por género o raza. Es un atentado contra la condición humana que brota desde las doctrinas más oscuras. 

Es desprecio, no meramente hacia el gay, el hispano o el negro, sino hacia el sagrado derecho a la existencia y a vivirla en paz, lejos del espanto y el desamor. Después de estos sucesos desdichados de Orlando, acá unas millas más al sur, los miamenses habremos de continuar la vida y afrontarla sin miedo. Disfrutando de la zona de confort que con tanto esfuerzo hemos logrado. Con la firme convicción de que cuidando al prójimo, sea allegado o no, nos estaremos protegiendo como conglomerado social. 

Nuestras oraciones para Droy Justice y las otras 48 víctimas. Que en paz descansen. (JR)

Monday, June 6, 2016

Los dobleces políticos en el arte de Geandy Pavón


Alfredo Triff

Arriba pueden ver la obra de Geandy Pavón titulada Wrinkled Liberty ("Libertad estrujada"). A primera vista, resalta que la pintura "pinta" al título. Esta mímica ha sido explorada en la corriente llamada Arte conceptual. Lo que caracteriza esta vertiente es que la idea es lo que prima en la obra de arte.

Por lo tanto,

One and Three Chairs, Joseph Kosuth, 1965

El título Una y tres sillas del artista conceptual Kosuth expresa lo que vemos.  

"Estrujar" es la acción de retorcer hasta deformar. ¿Para qué deformar una imagen? Pintar el "estrujo" es acentuarlo: inscribirlo en la historia de otros "estrujos" en la pintura. Por ejemplo:
  
 Jan Davidsz de Heem, Naturaleza muerta con libros, 1628

El "estrujo" de Davidsz es distinto. En pleno barroco holandés, Davidsz busca reproducir la realidad –y derivar de ella una enseñanza sobre la futilidad de la vida (el género también se conoce como Vanitas).

Apuntemos que Wrinkled Liberty es también metapintura. No necesariamente en función conceptual. Por ejemplo, Bedroom (1982) de Lichtenstein es una (meta)pintura pop que apropia una pintura conocida de Van Gogh.
 
Roy Lichtenstein, Bedroom, 1982

Dijimos que Wrinkled Liberty reproduce una realidad (la famosa pintura de Eugene Delacroix) y estruja la imagen para sugerir una idea específica. "Estrujar" a Delacroix nos lleva ideológicamente a la siguiente declaración:

"La libertad está estrujada".

Como en Una y tres sillas de Kosuth, Wrinkled Liberty de Pavón describe lo que vemos. Y lo que vemos se presenta como una declaración explícita sobre la libertad.

Eugene Delacroix, La libertad guiando al pueblo el 28 de julio 1830

"Estrujar" a Delacroix, sin embargo, presenta un reto. Cuando Delacroix pinta La libertad guiando al pueblo (considerado uno de los cuadros de mayor mensaje político de la historia de la pintura) no está haciendo lo que en el jargón político del siglo XX –por venir– se llamará propaganda.

La historiadora Dorothy Johnson en su The Rise of Romantic Mythology, analiza a la figura de Marianne (el símbolo de la república francesa), que con sus pechos desnudos recuerda a Medea, la hembra feroz capaz de matar impunemente a sus hijos. Para Johnson, Delacroix se propuso destacar la vulnerabilidad de pueblo (los niños) en las garras de su fiera madre. La patria (¿o debía ser la matria?) es matricida. Es decir, la obra política cumbre del romanticismo problematiza la idea de la libertad.

Resulta sorprendente que estrujar la libertad es de cierto modo estrujarnos todos nosotros incuídos en el corpus politicus. La libertad no es cosa de juego. 

Geandy Pavón, Chained Liberty

Como variación al tema, Geandy Pavón introduce otro aspecto problemático de la libertad. Chained Liberty representa la libertad encadenada. No es mi propósito leer más de lo necesario. Geandy no apura respuestas, solo preguntas. Siguiendo el hilo sugerido, me atrevo a plantear dos: ¿Está la libertad encadenada, en cuyo caso la libertad ha perdido la libertad? o ¿es la libertad una imbricación –con las cadenas– en cuyo caso la libertad se conjuga con aspectos deterministas? Pero no confundamos libertades. Hay libertad sicológica (me siento o no libre), existencial (me siento libre aunque estoy preso si mi causa es justa).

No, la libertad que explora Geandy Pavón es una libertad política.

"Political Fold" en Mindy Solomon Gallery le viene como anillo al dedo a esta polémica que nunca termina.

¿Cuál es alcance de la libertad política?

Estimo que Pavón se adentra a la discusión política desde la ideología de la resistencia. No es la primera vez que Pavón denuncia al status quo. De ahí sus conocidas proyecciones de Weiwei y Orlando Zapata Tamayo en edificios icónicos de NY.


Las dos figuras representan la resistencia contra el poder desmesurado.


Lo que me trae a Empty Marx:


Con Marx vacío Geandy no repite exactamente el giro conceptual de las piezas anteriores. Sí, vemos la caja vacía, pero en el fondo está la cara de Marx.

La caja vacía, pero la cara de Marx presente.

¿"Vacía" porque el marxismo se agotó? En efecto, desaparecieron las versiones del marxismo más connotadas. Pero no creo que la caja vacía de Marx es un vacío simpliciter, sino una exploración del vacío mismo. Ya Hegel decía en su Libro primero  #133 de su Lógica que La nada ("nada", no olvidemos, equivale al "vacío") es el mismo ser puro.

Geandy problematiza a Marx de la misma manera que lo hizo con Marianne en Wrinkled Liberty. Y en una manera parecida a la de Jacques Derrida en su Espectros de Marx.

La tesis de Derrida es que la filosofía de Marx es víctima de lo que él llama Metafísica de la presencia (punto que ahora no vale la pena explorar, pero que básicamente implica que el discurso marxista filosóficamente se contradice a sí mismo). Lo importante ahora es que la idea de "presencia" derrideana está en el Empty Marx de Pavón.

"Vaciar" a Marx no es más que traerlo de nuevo: Convertirlo en fantasma. Derrida y Pavón admiten que Marx ya no existe, y sin embargo "aparece" de nuevo con su cara-de-caja vacía.

He querido dilucidar hasta qué punto Geandy insinúa y presenta la pregunta. No pretendo llevar el tema más allá de lo que "Political Fold" anuncia.

En efecto ¿qué significa la cara-de-caja-vacía de Marx? es una pregunta de no poca importancia. 

Monday, May 30, 2016

La viajera oscilante


Ernesto González

La descubrí en la Avenida de los Presidentes un sábado por la tarde. Yo bajaba y ella subía esa loma imposible del centro de El Vedado, por una de sus aceras. Al centro del paseo cortado por calles transversales, la faja de jardines agridulces donde pululan de frente al mar rostros y gestos homéricos en el umbral de ebullición. El irrespeto del calor hacia lo rígido, lo blando, lo líquido, lo que para unos es justo y para el resto injusto.

Avanzaba hacia mí una figura oscilante, descontextualizada por la hora, el sol, la ascensión junto a la calina de la historia; entre la severidad de aquellos perfiles épicos y la insubordinación de la brisa que solo aspira a continuar su paso desde el mar hacia cualquier sitio. La silueta desplegaba idéntico —acaso menos— esfuerzo al de cualquier mortal sin limitaciones motoras embarcado en semejante subida. Al cruzarme con ella detallé su rostro, su piel blanquísima y su contorno de bailarina. Su expresión segura —hasta gozosa, diríase— no invitaba a la conmiseración sino más bien a despreciar esa bestia informe, pero poderosa, siempre dispuesta a poseernos para salirse con la suya.

Existían centenares de personas así en la Isla. Lo que no sé cuántas de ellas, de contar con recursos, se hubieran aventurado a viajar a una cultura desconocida y con un clima opuesto o siquiera ligeramente contrario. Era una turista que apenas había cruzado el umbral de la adolescencia, tal vez una mochilera renquita, hippie del siglo XXI, curiosa por descubrir la ciudad prohibida del Caribe. Probablemente solo farfullaría el español. Su comunicación, en inglés u otro idioma, estaría fracturada. Los cubanos la atenderían bien, de cualquier manera.

Va detallando los alrededores, a paso fluctuante, con su brazo derecho recogido a la altura de los senos y el izquierdo aprisionado por el aire y el salitre que le brindan un auxilio innecesario cuesta arriba. Sonríe, permeada en idéntico grado por la belleza de los alrededores y la propia. Contempla la calima, esa calcinante bruma de la historia donde todos apuestan por haber hecho lo correcto sin sombra de mácula. Esa mezcla de error y probidad, esculpida en granito, quizás le recuerde la travesía sangrienta del humano en un planeta no por más orgulloso de sus ciencias menos salvaje de lo que ha sido siempre.

Ella sigue remontando la Avenida de los Presidentes o Calle G para quienes prefieren abreviar. La empapa y tiñe el verdiazul salitroso del océano a su espalda, la invitan inútilmente los bancos destartalados a la espera del caminante, descubre la vitalidad del césped seco, amarillento, de los cuarteamientos del terreno, el olor de las plantas sin flores y la viveza del asfalto al reventar neumáticos y aliviarse del peso y la velocidad sin respiros encima de él. Nada se le escapa a los seres que oscilan desde los extremos sin perder el centro, donde podrían haber encontrado una verdad ausente en los manuales y otras creaciones humanas.

Todavía imberbe, está atrapada por el descubrimiento de una urbe tan sobreviviente como ella, deslumbrante aun en su intensa melancolía y decadencia. Interesante experiencia para una turista, su juventud está calificada para ojear el mundo sin la distorsión de la calina, la de la historia y la de su andar diario a pesar de ser oscilante, o acaso gracias a él. Quizás sus pasos le hayan facilitado distinguir desde su centro todo lo que no es ella, y además, incitarla a oscilar como si lo fuera. Seguí bajando la Avenida, a mis asuntos. Estaba en los preparativos de un repentino viaje de trabajo. Nunca a mejor hora: mi matrimonio se hundía, había dejado de funcionar. Habíamos concluido que ya no nos gustábamos ya. Me encaminaba hacia una soledad insoportable.

Me ausenté de la ciudad durante dos meses. De regreso estuve muy ocupado. Al fin tuve tiempo para ir al cine, una tarde, y bajar por La Rampa con la idea de refrescarme en el atardecer del malecón. Mi ex me daba apenas dos meses para conseguir donde alquilar o de lo contrario tendría que renunciar a mi trabajo y regresar a Morón. Su amigo abogado nos recibiría el lunes.

Miro a lo lejos, por la Calle 23, bajando La Rampa, y percibo, entre la gente que pisa la acera peligrosamente mojada por un chubasco de mayo, una silueta que da ligeros tumbos hacia los lados. Aguzo mi vista ante el movimiento pendular de la joven hacia la cual me aproximo. No podía creerlo. Era ella, la extranjera casi adolescente, escalando otra altura imposible de La Habana. Marchaba a paso más rápido que cuando la descubrí, como si el reto de escalar una altura más difícil motorizara su esfuerzo: daba bandazos a una vibratoria incomprensible, como si el relumbre de los sobrevivientes le transmitieran un nadie sabría explicar qué.

Esta princesa debía estar en La Habana por algún motivo diferente de pasear y conocer. Sobran razones para venir por unos días o quedarse unos meses. Cada cual debe hallar las suyas o no tenerlas en lo absoluto. ¿Será guitarrista, estudiará piano? Solo los músicos saben gozar de esta manera, acompañados o solos, en un solar carente y tambaleante o en un escenario con tecnología de punta.
Podría preguntarle su porqué a esta privilegiada entre los privilegiados, quizás sin ducha caliente donde pernocta o sin cereales para su desayuno. ¿Qué no sería capaz de notar y sentir la abarcadura de sus sentidos, su paso oscilante y poderoso que la lleva a subir y bajar como si el mundo fuera plano? ¿Qué no le habría sido revelado a esta amazona de la existencia?

Su movimiento fluctuante ha reduplicado la belleza del declive citadino, de su desamparo, angustia y aparente muerte, y apuesta, a la vez, por el renacimiento y el esplendor. Su moción me echa en cara lo que me estoy perdiendo al no danzar, como ella, hacia los lados. Con mis extremidades supuestamente normales, no sé bailar esa intuición.
 
“Disculpe, ¿me permite una pregunta?”, escucho que me dice, detenida a un costado mío, en un español pendular pero claro.
“Las que sean”, le respondo. “Todo oídos para usted.”
“Deseo ir a Jaimanitas, al estudio de un artista, y quisiera hacerlo por una vía interesante para conocer esa parte de la ciudad y…
“Espere, sé la respuesta, aunque solo se la responderé si me acepta de antemano que la invite a un refresco, una copa de vino, un pastelito de coco o algo así.
“Ok.”, me responde y ríe.

Su risita es una implosión jubilosa, ese fucilazo de bienestar que se desvanece con el advenimiento de la madurez. La conduzco por el hombro hacia La Arcada, a unos pasos, mientras le pido a la virgen y a las derivaciones angélicas, que haya una mesa limpia, el refresco esté frío, el alimento caliente y la camarera no ostente la serosidad típica de ciertos sobrevivientes como yo, incapaces de oscilar.

Tuesday, May 24, 2016

Geandy Pavón "Political Fold", este sábado, 28 de mayo, de 7 a 9pm


MINDY SOLOMON GALLERY
8397 NE 2nd. Avenue
Miami, FL 33138
mindysolomon.com
786-953-6917

Pagina del artista (pulsa)
New York Times (pulsa)
NBC: Geandy Pavón pone rostro a los refugiados cubanos en Costa Rica (pulsa)

Thursday, May 19, 2016

"Siete montañas mágicas" de Ugo Rondinone


"Siete Montañas mágicas" es una instalación del artista suizo Ugo Rondinone. Situada en el desierto de Nevada (al sur de Las Vegas). Los pilares de piedras de colores brillantes que la componen alcanzan 30 pies de altura.


El proyecto llevó cinco años de planeamiento y ejecución, en parte debido a los obstáculos administrativos necesarios para un proyecto de tal envergadura. La instalación ya está abierta al público y será destruída en 2018.

Tuesday, May 17, 2016

Perdón para viajeros


Alfredo Triff

El perdón es el hilo solidario para el bien del ser humano.--Emmanuel Levinas

La injusticia cometida abre una herida en el corazón de la víctima. Pero hay heridas que no pueden cerrarse. Ni siquiera con el pago de la justicia. La justicia busca equidad proporción en esa desproporción donde reina en la maldad. Admitamos, sin embargo, que el reino de eventos de la historia es demesuradamente injusto.

¿Qué es perdonar?

Perdonar es paliar el reino del resentimiento con la fuerza del entendimiento. Una aventura que exige viajar en la memoria: Del presente al pasado en dirección al futuro.

Sépase que el perdón no puede llevarnos al pasado para borrarlo. Tampoco significa un giro meramente metafórico anterior a la injusticia.

Más bien perdonar redefine el continuum temporal pues le ofrece alternativas. Nos lleva a esa persona que fuimos desde la persona que somos, en busca de la persona que seremos. Desde la memoria el perdón no deberá olvidar la maldad. Olvidar sería una ceguera tan maligna como la propia maldad. La maldad ocupa un corte temporal inequívoco. Está ahí, perenne, en la memoria y en la especie. Pero ahora no vivimos ese corte. Lo que vivimos ahora es el peso inconsolable de la memoria de la maldad.

El perdón es el bálsamo de la memoria, redefine mi historia de tránsito con la maldad de mi victimario. La herida es preciosamente mía y no desaparecerá con el castigo del victimario. El castigo podrá o no ocurrir. Véase que el victimario es un simple representante. Cada injusticia cometida a cada cual nos pone de cara a un hecho insólito: la maldad de la especie. Reafirma nuestra condición: Todos somos potencialmente malévolos. 

No se perdona para olvidar el sufrimiento o hacerlo menor. Eso sería un escape al vacío. El perdón no busca minimizar nada. Es simplemente una llave para el saneamiento de la vida. El perdón deberá visitar y revisitar el corte de esa acción en el continuum temporal. Atiende, comprende y cura. Atiende el dolor, comprende la contradicción de la condición humana y cura el alma.


Ese trasiego es un viaje. Propongo tres partes: la preparación, el cruce y la llegada.

1- Con la preparación debo disponerme a...  llegar al dolor mismo. La injusticia me ha dejado una herida profunda, abierta. Esta será mi primera visita con el propósito de sanarme. Comprendo que mi memoria es fecunda: agente vivo, potencial de redefinición. Toda memoria es, por naturaleza, potencial de cambio.

2- El viaje al pasado parte de mi dolor y mi comprensión del ahora, mi necesidad de sanación. He decidido dejar atrás la economía del resentimiento y la venganza. Debo emprender el viaje con una comprensión básica: la intersección entre mi victimario y yo no es fortuita. No lo es porque esa memoria mía y para mí implica causación ineluctable del  universo en ese momento. Mi dolor es prueba fehaciente del dolor de la especie: Lo cohabito ahora no desde la posición pasiva de "dolerme" el dolor. Lo he sobrepasado. Voy ahora a la raíz a purgar el dolor. Vislumbro entonces que eso "mío" es propiedad común de la especie. Mi destino por-qué-a-mí? es una constante universal. No soy una excepción, soy la regla. Existe una fraternidad del dolor de todos.

3- ¡Sorpresa! Aunque la razón del horror es oscura, llegar a mi destino abre un camino auspicioso, el futuro, el próximo viaje. Qué riqueza saberme capaz de volver ¡y mejor! Viajar es dejar el lastre del resentimiento  mi memoria– en el polvo seco del camino.

¿Llegar a mi destino? No hay destino. La región puede estar devastada o ser tan remota que deba comenzar de nuevo. El viaje entonces deberá repetirse. Viajar es aprender el ritmo de mi propia gobernabilidad, mi reserva de bien. Algo va cediendo: Lo subterráneo del dolor de la herida se hace más asequible, familiar. Comienzo a reinar sobre el sentimiento atávico de mi especie.


Volvemos a lo mismo: el resentimiento no sacia el dolor sino que lo transforma. Aunque nadie está en capacidad de perdonar absolutamente, no hay duda que perdonar nos hace poderosos ya que nos pone en contacto directo con nuestras reservas. No necesitamos del juez para dictaminar castigo. Y valga decir que el castigo es necesario. El perdón nos liberará de la carga tóxica de resentimiento que nos habita (acaso comprendamos mejor la maldad de la especie). Por eso perdonar es también saber sufrir ya que ahora traemos la absolución en manos de nuestra propia mezquindad.

Friday, May 13, 2016

Guapachá y el combo de Chucho Valdés



Cada vez que se apela a una de las estampas que ilustran a la bohemia de la Habana sesentosa, se refuerza esa sensación de itinerario violado de la vida nacional. Hoy tocamos oreja con un astro extraviado.

Armando “Guapachá” Borcelá apenas vivió treinta y tres años, pero su fugaz presencia guapachosa tipifica como pocos aquel ambiente hedonista de las noches habaneras de los sesenta.

Era lo que los cubanos denominamos un descargoso. Un tipo que con oído sensible se conectaba al discurso de los instrumentos y acudía al scat, ese recurso de improvisación vocal que la Fitzgerald inmortalizó y en el que Borcelá se lucía no solo por su habilidad, sino por el aire vernáculo que le imprimía, mezclando el dejo guaposo de la rumba y el guaguancó con el jazzeo.

De esa fusión entre la inspiración del guapachá (híbrído de guaracha y merengue) y el populismo sonoro de una farándula en “Revolución”, nació el alias que hizo conocido a Borcelá en su corta vida artística.

Percusionista devenido cantante, dejó un escaso legado debido a su muerte prematura: un disco de vinilo de Bebo Valdés que contiene algunas colaboraciones y un LP grabado con el combo de Chucho Valdés, que es de donde proviene el material que Tumiami muestra hoy.

Expresivo y atmosférico, el estilo de Borcelá se inspiró en el guapachá de finales de los 40, retomando la proyección escénica del intérprete en el género, pero tamizando la temperamentalidad populachera para acercar el performance al énfasis más contenido y glamoroso del filin.

El minuto y pico de este clip se hace manjar con el puñado de jóvenes talentos -Chucho al piano, Carlos Emilio en la guitarra, Julio Vento en la flauta, Manolo Cala con el bongó, Roberto Concepción en las congas y Orlando “Cachaíto”López en el contrabajo - que mientras acompañan al carismático Borcelá, despliegan el virtuosismo que los haría grandes con el paso del tiempo. (JR)

Sunday, May 8, 2016

Telón de Aquiles


Ernesto González

En el salón de espera de la consulta del alergista, abarrotado de pacientes con sus acompañantes, se intercambian las experiencias personales de un padecimiento cuyas causas pueden estar dondequiera y su manifestación ser epidérmica, digestiva, psicológica, entre muchas posibilidades, o simple y literalmente escandalosa.

Entre los enfermos de todas las edades sobresale un adolescente acompañado de su madre, que le sonríe a todo el mundo y hace anotaciones y dibujos en una libreta.

Para constante preocupación de la mujer los síntomas alérgicos del muchacho son demasiado alborotadores. Cuando tose da la impresión de ahogarse, porque cada tosido se va agudizando a medida que la crisis se acerca a su pico. Si el polvo, ciertos microorganismos, una loción masculina o un sutil o dulzón perfume de damas han impelido al cuerpo del chico a reaccionar a través de estornudos, entonces inicia una escalada que lo estremece con creciente y desesperante intensidad, mientras los espasmos se vuelven poderosos. De combinarse toses y estornudos en trances no poco frecuentes, el pobre jovencito parece morir asfixiado entre silbidos, altísimas notas de soprano y sacudidas corporales.


No pocos santeros y espiritistas han confundido estas crisis con el bajón acelerado de un espíritu, para lo cual el adolescente no está preparado.

“Es imprescindible dar una misa de conocimiento para saber quién es el muerto”, le explicó la espiritista a la mamá del afectado, “sus gustos y qué desea.”

Los resultados fueron un muñeco vestido en guayabera y pantalones blancos hacia el cual se intentaría orientar al extinto hasta que el muchacho estuviera listo para entender la situación.

Levantándose de la incomodísima silla, la mujer ha sacado un pañuelo del bolso donde almacena todo tipo de auxiliares para la atención del padecimiento de su hijo. Parada de frente le coloca el sonador en la nariz y la boca después del estornudo, la tos, o la nota musical escapada de su garganta y mantenida unos segundos para maravilla de pacientes y acompañantes.

—Ay, Aquilito, por dios —le dice atónita por el do ancho y sostenido acabado de emitir como clausura de la crisis de tos.

Le enfurecía la expresión resplandeciente de su hijo durante y sobre todo después de esas codas demostrativas de un talento descomunal. Poco sociable luego de irse revelando las características de su primogénito y haber luchado inútilmente contra ellas, le molestaba llamar la atención en lugares públicos y detestaba los rostros de condescendencia e incluso los de evidente simpatía hacia el jovencito.

De la contentura por su lograda vocalización, el quinceañero coloca una pierna encima de la otra y la mece. Ella corre a descruzarla. Él le sonríe retomando la posición. Para colmo mece ambos pies y garabatea figuras en su cuaderno tarareando bajito una melodía.


Aparentando indiferencia la mujer otea las expresiones de los pacientes y de sus acompañantes, salta de un rostro al siguiente mientras escruta, calibra, compara, concluye. Se ha convertido en una acuciosa investigadora del medio que rodea a ella y a su hijo cada minuto: el vecindario, el autobús, los paseantes en la acera, los trabajadores de la construcción, las puertas del hospital donde está la consulta, por donde salen estudiantes, médicos o pacientes, los alérgicos y sus familiares en la sala de estar. La madre escruta todo lo que hay fuera de su micro universo, se siente obligada a vigilar ese mundo de seres extraños e incapaces de valorar su terrible suerte.

Al menos ignoran cuando al principio al muerto encarnado en su hijo le daba por desnudarse y correr. No había quien le pusiera un pulóver al torso ni un pantalón a las extremidades del cuerpo poseído. El que lo intentara descubría la tiesura del portentoso órgano del niño y arriesgaba rozarlo en la batalla. Una enfermera le había enseñado a Ydra cómo cortar la erección aunque fuera unos minutos, cosa de vestirlo y evitar la propagación de rumores de cualquier calibre además de esas añadiduras generadas por las fantasías de la gente, como bolas de nieve crecientes en un descenso infinito.

Había diseñado y cocido en su máquina, una faja, a la usanza de los cinturones de castidad, para aprovechar y enganchársela al chiquillo al comienzo de esos trances. Había pasado tanta vergüenza. Y ahora esto de las vocalizaciones. Cuando pensaba haber acabado de resolver un problema, el siguiente se abría camino con una fuerza descomedida. “¿Hasta dónde vas a castigarme, Señor?”, se preguntaba a menudo tomando la mano de su retoño, para impedir que verbalizara con gestos además de con su garganta. ¡Ah, y ese empecinamiento en sentarse así!

El adolescente, en tanto, dibuja y canta bajito. Otro acceso de espasmo lo remece, y en la última hilada de toses su voz de soprano resurge y en un segundo salta a la escala del contratenor. La madre pega un brinco y se pone de pie.

—¿Y eso? Eso es nuevo, Aquilito, por amor de dios, contrólate.

—¡Coñó, tremendo falsete! —dice un trompetista asmático—. ¡Dejó corto al de los Bee Gees!

—¡Farsete, farsete! —responde el muchacho y se ríe.

Los presentes no salen del asombro mientras escuchan las explicaciones del trompetista acerca del «arma secreta» celosamente guardada por las compañías líricas o los grupos musicales, para dispararla en cierto momento pivotar de sus espectáculos.

—Le convendría estudiar música —aconseja el artista.

Ydra ni responde. Solo faltaba eso. ¿Por qué la gente se empecina en dar opiniones que nadie le ha pedido? ¿Por qué no pueden dejarla sola con su hijo? ¿Es tan difícil ignorar a los demás?

El hombre acaricia la cabeza intranquila del repentino contratenor y se ríe con él. La enfermera del alergista abre la puerta de la consulta y menciona un nombre.

—Adiós, falsete, es como se dice, y mucha suerte.

Aquilito responde al halago abandonando su dibujo, respirando profundamente, como sopesando el próximo paso.

—Falsetes, falsetes —dice y se carcajea observando con el rabillo del ojo a los congregados.

Mira hacia el frente, a los lados, al techo, en estado de alerta, aguardando; al no sobrevenirle ningún acceso de tos retoma el lápiz, abre su cuadernillo y dibuja.

Ydra gastó mucho dinero en santeros cuyos caracoles no daban respuestas claras. Tres de los religiosos fueron incapaces de definir qué estaba ocurriéndole al muchacho y qué debía hacerse al respecto.

“Esto no tiene sentido”, le explicó uno, “aquí hay algo muy grande o muy pequeño que no logro interpretar, le soy honesto”.

Volvió con la espiritista: probarían con una muñequita negra a ver si el espíritu rebelde la hallaba adecuada para sus descensos a la materia. Por unos meses el muchacho estuvo sin crisis alérgicas, y por consiguiente, sin arrebatos, ahogos, jipíos ni reminiscencias operáticas. Por un tiempo.

La madre no acaba de entender por qué la enfermera del alergista no llama a Aquilito, si conoce su problema y ha sido testigo de las crisis creadas en la sala de espera y adentro, en la consulta con el médico. Con una oración sigilosa le pide al Señor la resolución de esta visita cuanto antes. La tos del niño, asociada a hipos y eructos, la saca de su reclamo a la divinidad. Presintiendo una violenta crisis saca del bolso unas servilletas y el pañuelo.


El adolescente se estremece entre hipos intercalados por interjecciones de notas altas y ahogos desmesurados.

—Uh, aj, ej.

Los presentes se han parado de sus asientos y han rodeado el del niño preso del conato de trance. A un ahogo le sigue un ruido portentoso.

—¡Aaaaaa, eeeee!

La nota se extiende, se mantiene y se eleva increíblemente.

—Eso es un do de pecho —explica un violinista rascándose una mancha rojísima en la cara—. Eres un bárbaro, muchacho.

El cincuentón no puede menos que aplaudir, extasiado como está. Se han asomado por las dos puertas de la habitación enfermeras, cirujanos, estudiantes de medicina, pacientes de consulta externa y hospitalizados, impelidos por la imperiosidad de aquellas cuerdas vocales.

—¡Oooo! —continúa el joven felicísimo del cumplimiento de su intuición: podía extender la nota y mantenerla hasta tanto quisiera.

El gentío puja por ingresar al recinto, aplaudiendo y sin quitar el ojo del repentinamente famoso alérgico en vibración centrípeta. Se acrecientan los aplausos y el murmullo de admiración.

—Aquilito, por favor —le susurra la madre.

—Aquiles —le grita zarandeándole por los hombros, resquebrajando el prodigioso sonido.

—¡Oh, no!

—¡Por favor! ¿Qué hace, señora?

—Aquiles —le vocea de nuevo aspirando a predominar patéticamente sobre las maravillosas coloraturas.

Si de algo está bien consciente el muchacho, además del poderío de sus cuerdas vocales, es del peligro implícito en el cese del chiqueo de su nombre, preludio del aluvión de trompadas con que Ydra se enfrentaba a las locuras de aquellos espíritus inmisericordemente cebados en ella y en su hijo. Porque estaba segura: no era uno solo, no podía serlo. El que escapaba corriendo desnudo de la casa con una erección no era el que se sentaba femeninamente en cualquier sitio, el dibujante de figuras y el anotador de frases incoherentes en la libretica no eran la soprano. Según le explicarían después, la soprano no podía ser la contralto, al menos no en esas tesituras elevadísimas y perfectas.

El horror de lidiar con una colonia tal de muertos encarnados por turno en el cuerpo de su hijo, lo acrecentó un hombre deseoso de ayudarla. Como ocurre con las ayudas no solicitadas, el efecto fue contrario al esperado e Ydra casi enloqueció con la pretendida elucidación: “Son personalidades de vidas anteriores, afloradas por razones misteriosas. Su hijo debía ser una suma de ellas, no manifestarse por separado, divididas. Ese es el problema, no lo demás.”

La madre descartó de inmediato la opinión del hombre, optando por la versión de los espíritus. ¿Existencias pasadas? ¿Reencarnaciones? El diablo también había hablado por boca del individuo con quien había conversado en esta consulta hacía un mes. ¿Y cómo iba a decir que lo demás no era un problema? Aquilito completo lo era. Más le hubiera valido no parirlo, como le aconsejaron por la edad, los vecinos y unos familiares lejanos. Pero estaba tan profundamente sola.

Aunque la complacía muchísimo, su pertenencia a la iglesia estaría inconclusa sin pasar por el rol de madre. Se había demorado porque en un pasado como el suyo no habría cabido un niño.

“Muchos deben tocar fondo para renacer”, le había explicado el pastor, “ahora podrás cumplir tu verdadera obligación de mujer: un esposo decente, la maternidad. Con diaria humillación ante el Señor, por supuesto”.

Ydra optó por la versión de los espíritus. Jamás le transmitiría a su confesor ninguna de estas interpretaciones de la enfermedad de su hijo, ¿cómo iba a hacerlo si él mismo le había advertido de la presencia intermitente de Satán en los desafueros de las posturas y los alaridos del adolescente? ¿Con quién hablar, a quién comunicarle ese dolor tan afilado y silencioso, tan inquebrantable y creciente, que no es del cuerpo y no lo cura nada?


Las trompadas de Ydra han resquebrajado la elevada nota mantenida, aunque solo por unos segundos porque Aquilito, de un siguiente ahogo, ha extraído fuerzas para regresar al do de pecho. Los ojos del niño lloran embriagados de la magia producida por la hermosísima emanación de su garganta. Ni la canícula destapada por la cantidad de personas presentes en la habitación y por las que siguen entrando, detiene la prolongación del vocalizador en heterogéneos y pasmosos coloridos.

Ydra ha sido sometida por dos hombres y una mujer que la acusa de «mala madre». Aquilito ya puede dejarse arrastrar por la resonancia, como su intuición le había sugerido, para crear un sonido único escuchado en el barrio donde está enclavado el hospital, y que maravillaría a la ciudad y principalmente a él mismo. ¿Para qué poseer ese talento si no era para gozarlo todos juntos?

Un ferocísimo ahogo termina por agitar el cuerpo, y la contundencia de una exhalación sobrehumana arrastra con la vida del adolescente, envuelta en un eco que parece buscar una salida entre los aglutinados en el recinto, los pasillos del hospital y sus calles aledañas. Durante unos segundos, confundido, el eco se pega al techo, baja y gira sobre sí dispuesto a no dejarse embrollar por la multitud y la cerrazón del lugar, hasta encontrar el resquicio adecuado por encima de las cabezas de los presentes, interrumpiendo la atmósfera de celebración. Escapa dejando atrás un silencio desabrido, plúmbeo y un miedo sórdido. Acaso, por el repentino contraste, la muchedumbre percibe de súbito que ha acabado de perder trazos de una extraña e irrecuperable felicidad.

Y mientras, Aquilito ha caído en la silla de la cual se había parado para mejor defenderse de los golpes de su progenitora, retenida por los brazos de los dos hombres y de la mujer que la acusa de mala madre. En los ojos desmesuradamente abiertos del joven desgajado sobre la silla, la expresión traviesa y fascinada de quien ha hecho un gran descubrimiento.

Sunday, May 1, 2016

¿Es necesario el olvido para la historia?

Actos de repudio en La Habana durante la crisis del Mariel (1980).

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Acuso recibo del libro de David Rieff In Praise of Forgetting, segundo de una serie en que Rieff explora la idea del olvido colectivo. 

Quisiera problematizar no el argumento mismo de Rieff, sino sus consecuencias. La tesis central del libro es simple y pragmática:

La historia es una sucesión interminable de horrores,
La memoria del horror perpetúa el horror, repitiéndolo,
Por tanto,  
El olvido es necesario para la historia.

Rieff tiene razón. Hay mucho en la commemoración del horror que resulta peligrosamente tóxico. Aquí trae a colación el caso serbio (en el reclamo de la Gran Serbia del medioevo) que justifica el horror de las guerras yugoslavas en los 90, o la carga insoportable de la memoria en el caso aparentemente insoluble de Israel y Palestina. Ambas instancias son bien conocidas por Rieff, quien reportaba como corresponsal de guerra para las revistas The Atlantic y The Nation
durante los años 90.  

La batalla de Kosovo, (1389) donde Serbia cae ante el poder otomano

Ese "culto" a la memoria del horror convierte al grupo victimizado en seres con marcado designio. El culto al trauma histórico o la victimización como legado son inyección soporífica al ego tribal.

No sé si Rieff comprende que normativizar el olvido es apuntar irremediablemente a la memoria. Aunque vale decir que "olvido" para Rieff no es un Alzheimer colectivo -enfermedad crónica de la mente histórica. Habría que ahondar más. ¿Qué es la mente de la historia sino la sustancia de los hechos? Es decir, la masacre en sí.

Depués de la masacre, el olvido de la masacre. ¿Pero no son acaso dos entonces? Ahí está la mente histórica.


La destrucción del tempo en Jerusalén, pintura de Francisco Hayez (1864)

Hay demasiado en la historia que resulta aglomeración interminable que en sí misma excede cualquier valoración. Interminable, porque no podrá jamás ser catalogada en toda su extensión. La historia, aunque finita se hace, en virtud de su omnipresencia, un todo inconmensurable. Visto qua historia, la historia apunta no al orden sino al caos, la ausencia de un plan teleológico (G. F. Hegel se revuelve en su tumba maldiciéndome).

Por otra parte, la historia y la moral son enemigos declarados. Y la historia humana la hacen los humanos. El propio Kant, crítico de la metafísica de la historia, en su Antropología revela un momento de debilidad: los horrores de la historia son suficientes para demostrar que el ser humano es malévolo. Herder, discípulo de Kant, pero romántico, añade un detalle: la civilización demostraría que hemos (al menos) dejado atrás la barbarie. W. Adorno discreparía: "hacer poesía después de Auschwitz es una barbaridad". (Por cierto, Rieff le reprocha a Kant su imperativo categórico). 

¿No será que caemos en un círculo vicioso? Jugar a resumir la historia nos hace culpable de la falacia de la parte por el todo. Nadie puede abarcar la historia. Acaso solo una ínfima parte. Otro vicio es antropomorfizar la historia, e ignorar el vestigio particularísimo de cada hecho. Siempre queda una memoria del horror en el sobreviviente (incluso, no olvidemos, del victimario).

Niños armenios, masacrados por las fuerzas turcas (1918)

Lo que hacen los vencedores es evaporar la memoria de los vencidos. Hacerla desaparecer (aquí Rieff busca el consejo de Maquiavelo).

La tesis del olvido de Rieff adolece de un defecto: olvida el perdón y su memoria. ¿Conocerá Rieff a Emmanuel Levinas?

Hay páginas oscuras y bellas en el Levinas tardío donde ante el agravio inescapable del victimario no queda otro remedio que el perdón. La lógica es aplastante:

El sufrimiento de la historia es colosal. Por tanto no podrá borrarse de la historia. Olvidar es borrar la historia del horror, que es la historia en sí misma. 

De nada vale huir y pretender olvidar. Al sufrimiento hay que confrontarlo, pero sin odio.

Pero esto nos lleva a una discusión que rebasa el propósito del presente argumento.