martes, 31 de diciembre de 2013

Festejar la desmemoria



El cortometraje Subdesarrollo en las memorias es un homenaje del cineasta germano-español Tomas Köster al clásico Memorias del Subdesarrollo, una de las cintas cubanas más reconocidas en los top lists de la cinematografía internacional, realizada en 1968 por Tomás Gutiérrez Alea. El largometraje, recordemos, se inspiró en la novela homónima de Edmundo Desnoes y nos entrega la reflexión interior de un burgués sobre los acontecimientos revolucionarios de aquella Habana sesentosa.

A partir de los parlamentos originales en la voz de Sergio Carmona (interpretado por Corrieri), Köster revisita y recrea el formato concebido por Titón para su película, mostrándonos ahora a través del testimonio incuestionable de la imagen el panorama de una Habana devastada 45 años después. La precariedad urbana y la miseria existencial que nos deja ver el cineasta, revelan el tono premonitorio de las disquisiciones del personaje de Desnoes que Alea llevó a la pantalla de modo tan convincente. Sin grandes pretensiones y a partir de una reformulación sencilla, el corto consigue que novela y filme refuercen su vigencia y nos sorprendan en el alcance metafísico de los presagios.

Desde la breve pieza, contemplaremos un subdesarrollo que se ha precipitado cuesta abajo hasta niveles desoladores. Si alguien quisiera una evidencia de que la esclerosis de la historia es posible, aquí en estos casi seis minutos de Köster la tiene. Ahora bien, advierto a los compatriotas sensibles que luego de repasar imagen y audio preferirán la amnesia que enfrentar la inminente materialización de los cincuenta y cinco años de infortunio. Les será mil veces mejor festejar la desmemoria. (JR).

lunes, 30 de diciembre de 2013

Braille at Lounge

 

Ramón Williams (texto, imagen)

-Cómo te fue con el proyecto.
-¿Cuál?
-Braille at Lounge.
-Braille for an Art-pha-bet, buenísimo.
-¿Con esa cara?
-Es cara de catarro, no tengo cera.
-¿Fue mucha gente?
-Los infayables.
-¿Con y o con ll? Mira que la RAE no entiende…
-Sin elle, pero eso es muela francesa, un trabajo para D’Artangnan. Asistieron los infallables, unos sapos saturados de la lluvia afuera y los trabajadores del bar.
-Te siento fañoso, mejor háblame de lo mejor.
-Lista abreviada, a short attention span friendly nihi-list:

1-Free wine.
2-La parte de video art, un impecable simulacro de la actualidad deportiva entendida como extensión enajenante de la cultura de masas deslizada a la taberna. No recuerdo el nombre del artista pero si la muy alta resolución en cada uno de los cuatro monitores sobre la barra… mesmerizing.
3- El toque erótico del sistema Braille se daba en el montaje de emergencia irreverente, en aquello de cada cuadrito recostado a las paredes, a la altura de la cintura, en una penumbra infalible que la luz negra del bar y el free wine hacían fosforecer para deleite del cachondo durmiente en cada uno; cada pincha daba las nalgas a una copa de reminiscencia disco y cada asistente su cara de Facebook.

-¿Alguna queja?
-Faltaron ciegos auténticos y al que fue no lo vieron por llevar bastón y lentes negros invisibles.
-Suena patético como lo cuentas, no entiendo por qué en lugar de afinar te afanas en equivocar el librito…
-Alternar con los predios del éxito, honrar a Borges y a Feliciano y darle de comer a los rebullones.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Humberto Castro: La fecunda travesía de un viaje originario


Antonio Correa Iglesias

“Cada palabra que quiero escribir me aleja un poco más de lo que yo quisiera expresar (...)”.1 Así comenzaba Marguerite Youcernar su texto “Alexis o el tratado del inútil combate (1927)”.

Así quiero comenzar también esta reseña de la exposición de Humberto Castro que afortunadamente por estos días está en The Patricia & Phillip Frost Art Museum, Florida International University (FIU), Miami. No hay manera de abarcar -por muchas palabras que usemos- la dimensión imaginal y expresiva que se condensa en Tracing Antilles. Pueden parecer palabras muy afirmativas, pero quien visite por estos días la muestra -no se demore- encontrará en sus salas una suerte de espíritu abarcador.


Con una cuidada curaduría y una excelente museografía Tracing Antilles abarca diversos medios expresivos, lo cual enfatiza la versatilidad y el dominio técnico de Humberto Castro, cuyas posibilidades imaginales se trasvisten y expanden desde cada una de estas morfologías. Según Ana Estrada, curadora de la muestra, Tracing Antilles investiga la evolución y complejidad cultural de las Antillas al tiempo que conmemora los 500 años de la llegada de Ponce de León a la Florida. Sin embargo, si nos quedamos en este plano -cosa que hace el catálogo- perdemos de vista elementos que han sido y son fundamentales en el discurso visual de Humberto Castro.

Con una fuerte vocación indagatoria, Tracing Antilles se inmiscuye -con esa misma curiosidad con la que un niño de-construye un artefacto mecánico cuyo objetivo lúdico nunca fue cumplido- en zonas donde lo cultural, lo religioso, lo social, lo histórico, lo arqueológico y lo vivencial; por sobre todas las cosas, crean una suerte de anagrama que se condensa en este flujo que es en última instancia la idea del movimiento, la idea del transitar.


Y no puede ser otra sino la idea de la in-permanencia expresada en el transitar, la que hilvana toda la dramaturgia en esta exhibición. El viaje como símbolo, la travesía como espacio de construcción del sujeto, la migración como acto endémico, como actitud endógena. Un viaje que no está condicionado por la flecha del tiempo. Un viaje perpetuo. Un viaje que a diferencia del “viajero inmóvil” carga consigo toda la memoria del tiempo, como queriendo horadar la tierra con sus experiencias y ensoñaciones.

Pero el viaje también es un regreso a la semilla, donde todas las cosas vuelven a ser, donde todo recobra la magnitud espectral como ese cuerpo velado de Don Marcial, Marqués de Capellanías, que, por arte de algún oscuro secreto, escapa de las manos de Oyá recobrando la vida. Un viaje como nueva secularidad, una travesía engendrada en la melancolía y el abandono.

Las obras que aquí se agrupan cautivan por una «fuerza centrípeta» donde el hombre es el centrum, pero por sobre todas las cosas es el centro de la construcción de significados. Y es que se han hecho manifiestas desde estos significados, las territorialidades, la experiencia de un sujeto que peregrina desde su insularidad. Una experiencia que se dignifica desde la dinámica y los procesos culturales pero que condiciona al sujeto -figura recurrente en toda la obra de Humberto Castro- a un ardid simbólico y ontológico. Pero, como también transitar es un ejercicio genealógico, la balsa que es la isla, construye desde esta tradición los significados que nos acompañan. La balsa, la isla, el sujeto a-islado que tanto me recuerda la novela “Tuyo es el reino” de Abilio Estévez, son elementos que afloran en varias de la piezas que conforman esta muestra. Juego simbólico y suerte de analogía y heteronomía entre el viaje del sujeto migrante y el acto alumbratorio del parto, viajes al fin y al cabo.


Con tonos magros -como quien recuerda en la metamorfosis el color tornasolado de unas alas menudas-, Humberto construye una visualidad con blancos, sepias y turquesa, concentrando la fuerza dramática de las obras. Paralelamente, la tridimensionalidad invade la muestra toda. Son obras pequeñas, pero son obras que capturaron mi atención desde mi primera visita. Todas en bronce y con un cuidado casi milimétrico, no podrá decirse nunca que Humberto Castro trata de solucionar un dilema pictórico en otro medio. Y digo esto con todo propósito, pues en el arte cubano contemporáneo es práctica usual esta “experimentación” cuando en realidad lo que subyace en ello no es más que la transposición de una visualidad desarrollada usualmente desde lo pictórico a otro medio expresivo, acción que pretende la “contemporaneidad” un discurso visual.

Pero volvamos a lo fundamental. Lo escultórico aquí muestra una autonomía como obra, logrando reforzar la búsqueda antropológica que sin dudas es el hilo conductor de esta exhibición. Destacan en esta selección obras como The Hunter (2012) y Metamorphosis (2012) no solo por la fuerza expresiva y casi visceral sino también por las analogías que Humberto Castro esboza enriqueciendo su discursividad visual. Particularmente, estas dos obras gozan de una fuerza expresiva minimalista donde se capsula e ironiza una tradición iconoclasta, generando un contrasentido histórico que viene a reforzar en esta imantación una “destrucción de todas las representaciones” hegemónicas.

Al mismo tiempo, es muy probable que el sentido abarcador que pretende la exposición quiera enfatizar distintos ángulos visuales y conceptuales subsumidos en la totalidad de las obras que aquí se agrupan. Sin embargo, hay obras que a mi juicio “desvirtúan” lo que se pretende como discurso visual. Por ejemplo, las obras que se agrupan bajo lo fotográfico son con perfecto derecho una muestra independiente, una vez que gozan de una “autonomía” y fuerza curatorial que no es suficientemente explotada ni explorada en esta conjunción. Me estoy refiriendo concretamente a la serie Haití y Cuba, aunque por supuesto en ello hay un sentido de recursividad que es visible.


Sin embargo, creo que una serie como esta no se potencia -a mi juicio- lo suficiente, es una razón más de tipo curatorial y museográfica, pero es un argumento a destacar. Y aludo a ello pues son obras con una fuerza visual que no solo hablan del dominio técnico de un medio sino también de la curiosidad analítica de quien hace el encuadre. La serie Haití/Cuba viene a subrayar los altos contrastes en estas territorialidades. Al mismo tiempo, construye un puente visual y conceptual entre dos pueblos, dos islas, dos “balsas de piedra”, donde, de cierta manera, se establecen un antes y un después y donde el deterioro es el elemento de comunidad, el elemento que nos constituye, las razones por las cuales somos. Vale destacar en Haití/Cuba obras dentro de la serie Archival Pigmenton Cotton Rag Paper -todas cortesía del artista- como “Ritual in the cemetery of Port-au Prince” (2012) que rememora al menos para mí aquellas estilizadas piezas de bronce, y “Haiti Lizard” (2012), cuyo valor pictórico es francamente bello, capturando con una serenidad inusitada todo el valor de una tradición que se hilvana desde planos que se entrecruzan.

Al mismo tiempo, Humberto Castro es un artista que se mueve en las antípodas del pensamiento. Lo contradictorio, lo paradójico, lo cautiva y logra a partir de esa condición fundante establecer -como el caracol que va segregando su enzima que lo protege en una espiral infinita- una visualidad muy cercana al silencio de los taoístas, donde cada uno de sus trazos están condicionados por una pulsión de contrapunteo y fuga. Para finalizar, quiero referirme a dos obras que dentro de la exposición, pero sobre todo dentro de su semántica, adquieren carácter icónico. “Tracing Antilles” (2013) y “Escape” (2013) son obras conmovedoras, “minimal” en su puesta en escena, una vez que acentúan y condensan la naturaleza de una búsqueda que se expresa como interludio entre las demás obras. Humberto Castro desarrolla una tensión y tentación que supone el reto a lo desconocido. “Tracing Antilles” (2013) por ejemplo, crea -al menos crea para mí- un efecto de circularidad y de ensoñación que se desborda, pero que al mismo tiempo refuerza una identidad como ubicuidad, como deseo.


“La balsa-isla”, el mar que nos rodea y que nos limita se convierte en recurso narrativo y conceptual, recurso que ontologiza el suceso instalativo y refuerza una semántica donde los objetos devienen segunda naturaleza; donde la imagen señala un hecho indudablemente cierto, una vez que resuelve, distinguiendo en esta nueva condición un desdoblamiento donde el público -el que asiste a este espacio de significación e imaginario- queda atrapado entre un hecho narrativo y ficcional que, como la propia exhibición, es una travesía, un viaje al interior de nosotros mismos para encontrar en el ritual la avidez de nuestros propios desdoblamientos. Todo este esfuerzo por condensar visualmente una idea, habla de la delicadeza y alucinante cualidad de Humberto Castro. Una obra como “Escape” que desde su título hasta la su conjugación simbólica ironiza sobre una condición paradójica pero efímera; no solo inaugura la exposición sino también pauta con cierta melancolía el sentido laudatorio pero convaleciente de quienes han decidido permanecer en esos parajes inhóspitos.

Tracing Antilles de Humberto Castro, cómo negarlo, es una de esas exposiciones fundamentales que para suerte de todos nosotros por estos días coloniza el Art Museum de FIU. Sé que comencé esta reseña crítica aludiendo a la insuficiencia de las palabras, es cierto, pero también es cierto que “(...) escribir es una elección perpetua entre mil expresiones de las que ninguna me satisface y, sobre todo, no me satisface sin las demás”.2

Por eso los convido a experimentar, los convido a sentir la exposición de Humberto Castro, y a descubrir, como quien juega, no la simulación de la memoria sino la memoria como valor simbólico que se transfigura en el reino de lo real y lo siempre valedero.

________________
1 “Alexis o el tratado del inútil combate” Marguerite Youcernar. Punto de Lectura. Barcelona, España (1927). Pág. 14 2 Idem, Pág. 13.

jueves, 26 de diciembre de 2013

De esa consiguiente delectación morosa que nos embarga (en todas sus enrevesadas combinaciones al rotar vertiginosamente sobre su propio eje material)

La bacante, Gustave Courbet, 1847

Ramón Alejandro
(de La familia calandraca)

A primera vista; no parecería haber ninguna dificultad en amar sencillamente a ese ser que nos dio la vida, pero mientras van transcurriendo aquellos apacibles días de la pequeña infancia, durante los cuales el lindero del tiempo pasado, que nunca jamás volverá, se va insensiblemente desvaneciendo detrás de un brumoso horizonte en perpetua fuga. En esos instantes es cuando empieza a manifestarse en el cielo de la boca ese sabor amargo tan parecido al sabor de la cerveza. Es el primer sabor; y a su vez es el más vergonzoso, - y el más sabroso - que pueda aspirar a conocer la apolismada conciencia que caracteriza a nuestra atribulada especie.

Después del simple placer de existir en esos primeros embriagadores albores de nuestra vida, el descubrimiento del peculiar gusto que tiene esa inherente violencia que va consubstancialmente entretejida en la propia trama de nuestro cuerpo, - y por lo tanto de nuestra existencia; que no es más que el breve lapso de tiempo durante el cual funciona su compleja maquinaria - determinará para siempre ese familiar y amargo sabor que permanecerá perennemente impregnado en los archivos de nuestras papilas gustativas. Hasta que al fin un día abandonemos nuestro carapacho en cualquier fosa; ya vacío de su trémula pulpa y en proceso de desarticulación. Cuerpo que cuando está en su plenitud es una resoplante maquinaria, o un turgente aparato, - afianzado desde adentro por cables; - de variopintos colores y tan acendradamente enredados entre sí - que cada cual seguirá por su propia cuenta echando adelante según su veleidoso albedrío por esos caminos, senderos, veredas, avenidas y encrucijadas del mundo con sus desconchinflados artefactos adecuadamente dispuestos.

Ingeniosos artilugios con los cuales cada uno de los cinco sentidos ejerce sus tan necesarias como placenteras funciones por la libre; - sin por eso dejar ocasionalmente de enroscarse a cada paso, propinándose a sí mismos alevosos traspiés y traicioneros tropezones; entreverándose entre ellos mismos - mordiéndose furiosamente sus propios rabos y realizando caprichosas y sorprendentes maromas y murumacas a medida que avanzan llevándose su música a otra parte; - hacia un improbable destino que sin embargo termina por concretizarse - aunque no siempre de feliz manera.

Funciones que casi siempre nos resultan gratificantes, por ser optativas y aleatoriamente experimentables, como lo son todas esas sabrosas vivencias inmediatas; como el amor, los viajes y los diversos juegos y distracciones que tanto apreciamos. Todo aquello que nos produzca sabrosas cosquillitas. Ese delicioso cosquilleo del gusto a pulso, a pelo y a contrapelo. Escapándonosle cada vez que nos dé la real gana al mismo Diablo. Saliéndonos siempre con la nuestra. Corriendo como bola por tronera sin saber muy claramente a donde vamos. Dando un salto; como el saltamontes, sin saber en donde iremos a caer.

Es el maldito placer que iremos apeteciendo a medida que veamos gozar a los demás, o escuchando con regodeo el sabichoso relato de sus aventuras amorosas a través de las letras de las canciones populares. Todo eso que va constituyendo el repertorio emotivo de la variadas situaciones que los diversos apegos inicialmente más o menos imaginarios, - con algo de suerte - algún día llegaremos realmente a experimentar en vivo y en el mismo meollo de nuestra agradecida carne.

Estremecidos de placer en nuestro sensual e incesante chapoteo de puro gusto; haciéndonos sentir atados por sabrosísimas e indisolubles cadenas de un bronce aleado con pura carne y hueso vivo a la obtusa noria del deseo. Persiguiendo en redondo esa inalcanzable satisfacción, - que a partir de este eje central - se escabulle por los numerosos pasadizos radialmente divergentes que se van esfumando en vertiginosa fuga hacia las diez direcciones del espacio.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Mandela, Zizek y la crítica como farsa


Alfredo Triff

No soy muy amigo de las ideas de Zizek. Me fatiga su constante lacanianismo (que funciona como llave maestra para resolverlo todo y también reificar la vida). Su continua apelación al "objet petit a" or "the Real", el "Nœud borroméen": estructurar la vida como un matema puede terminar en dead end. Entiéndase vida como esa idea Lebenswelt de los Wundt, Dilthey y Gadamer (categoría resbalosa, dada a salirse de los moldes preestablecidos).  El filósofo eslovenio busca escandalizar y funciona, como demuestra su reciente bronca con Chomsky (si bien el linguista no use las mejores reglas, Zizek le critica a Chomsky precisamente lo que él defiende: la violencia).

Hay un lado performativo de Zizek que sin embargo disfruto. Me interesa aunque sea para continuar una discusión que no termina, que no debe terminar nunca. Bienvenido el abogado del diablo. Pero advierto, la crítica sin sutilezas puede llegar a la pose. Entonces pasamos de la crítica a la farsa.

Dada su notoriedad, hay momentos zizekianos que dan para discusiones interesantes. Por ejemplo, su  artículo para The Stone del NYTimes titulado "El fallo del socialismo de Mandela". Aquí Zizek dispara como de costumbre, pero hay puntos que merecen atención. Se aborda el legado de Mandela contracorriente:
¿Es esta toda la historia? Dos hechos claves siguen siendo aplastados ​​por esta visión celebratoria de Mandela: La vida miserable de la mayoría pobre surafricana no ha cambiado (de aquella durante el apartheid). Por otra parte, el aumento de los derechos políticos y civiles se ve contrarrestada por el aumento de la inseguridad, la violencia y la delincuencia. El principal cambio es que la vieja clase blanca ahora se une a la nueva elite negra. En segundo lugar, la gente recuerda el antiguo Congreso Nacional Africano que prometía no sólo el fin del apartheid, sino también una mayor justicia social, incluso una especie de socialismo. Este radical pasado del CNA ha ido desapareciendo de nuestra memoria. No sosprende entonces la ira cada vez mayor entre los pobres negros sudafricanos.
Si bien Zizek no tiene manera de probar la cadena causal entre aumento de derechos civiles y aumento de inseguridad y violencia, sin embargo los presenta "como si" uno precediera al otro, ambos parte del mismo proceso. Zizek parece olvidar que la violencia y el crimen son el peor legado de políticas diseñadas para aplastar al negro sudafricano durante el período de apartheid, de la misma manera que pueden serlo (pese a cambios notables en los últimos 50 años, la propensión a la pobreza en la población negra norteamericana en EEUU). Es decir, me permito proponer una cadena causal entre explotación y discriminación y pobreza crimen y violencia independientemente de los logros (innegables) del período post-apartheid.

¿Qué garantiza que un estado "socialista" traiga como consecuencia mayor justicia social? ( Zizek no define más precisamente, como si hubiese un solo tipo de socialismo, relegando las diferencias entre un socialismo a-la-Tito y el de Honecker). ¿Hay mayor justicia social en Venezuela hoy que la que había antes de Chávez? La pregunta se muerde la cola (claro, se diría, Venezuela no es Sudáfrica, ni todos los socialismos por venir deberán seguir la fórmula fracasada del siglo XX). 

El apartheid impone la discriminación sobre una base biológica (la raza como subespecie del ser político del negro sudafricano). Luego, ser negro es --no solo-- no ser merecedor de derechos disponibles a la minoría blanca (el voto negro fue eliminado en 1970 y relegado a los bantustans), es además ser (biológica y socialmente) inferior. Se podría salir del yugo de la pobreza (ocurre cada día), no así del yugo de la discriminación en el primer caso la distinción es --por usar una idea importada de la metafísica-- "accidental", no así en el segundo. Dado este brutal pasado durante el siglo XX, resulta demasiado naïve proponer una sociedad "justa" a solo 20 años del fin del apartheid. Esa sociedad sudafricana con sus todos sus defectos hubiese sido muy distinta de haber implosionado desde dentro, sin un Mandela. Y propongo la referencia del vecino más cercano: Mugabe en Zimbawe. 

¿Qué cambio? ¿Cambio incremental? ¿Revolución? El primero, defendido por filósofos pragmáticos como Popper, Rorty y Putnam, tiene la ventaja que permite la corrección diferencial "desde dentro", cambio paulatino que opera como feedback endógeno al proceso mismo. Por otro lado tenemos el cambio revolucionario (ojo cuidado, no estoy sugiriendo que solo hayan dos tipos de cambio). En este "el trazo" (tomo prestado un concepto de la sociología de alemana de los años 70 de Niklas Luhmann) el estado anterior parece desaparecer más rápidamente (pero Luhman sugiere que ese no es el caso cuando se trata de procesos sociales). Pero habría otra explicación, ahora desde la dialéctica hegeliana que tanto le atrae a Zizek: No hay Aufhebung que no lleve el ADN de su antítesis.

Zizek casi estaría de acuerdo conmigo. Veamos.
Sudáfrica, en este sentido es sólo una versión de la historia recurrente de la izquierda contemporánea. El líder de un partido es elegido con entusiasmo universal bajo la promesa de cambio --y entonces, tarde o temprano, se topan con el dilema fundamental: ¿Cómo vamos a cambiar los mecanismos capitalistas? ¿Y si uno se decide a "jugar el juego"? Si alguien perturbara esos mecanismos, será inmediatamente "castigado" por las perturbaciones del mercado, el caos económico, etc.  Por eso es demasiado simplista criticar a Mandela por haber abandonado el proyecto socialista tras el fin del apartheid: ¿realmente tuvo una opción? Pregunto: ¿fue la movida hacia el socialismo en una opción real?
Primero, Sudáfrica dista mucho de ser "una version recurrente" (izquierda o derecha aparte). Hablar de "izquierda" o "derecha" es una lectura post hoc al hecho histórico. Sí, hay toda una ideología afrikaneer que proporciona un sistema político despiadado, pero conminar el hecho en sí a un asunto "de izquierda" es --por usar un término casi peyorativo en la ciencia-- "reducir" el problema. La situación histórica del apartheid es muy única de Sudáfrica. Uno podría citar la discriminación racial de EEUU durante el siglo XX, pero no es comparable con aquella de la brutalidad del apartheid.

Segundo, el momento post-coyuntural político del "cambio". Pongamos Brasil, un país que puede figurar en esa fotografía de la crítica global de Zizek. Lula, líder de izquierda, fue elegido por voto popular y jugó al capitalismo (no precisamente como lo harían Cristina Fernández o Rafael Correa) y contra todos los pronósticos la fórmula adoptada produce crecimiento y riqueza, en medio de la peor crisis de occidente (lo cual no elimina otras contradicciones aún existentes en Brasil). ¿Cuál es el saldo?

Volvamos a Zizek:
Sin embargo, uno debe saber apreciar el momento de verdad (en lo de otra manera ideológicamente ridículo de la afirmación) de Ayn Rand: la lección del socialismo de estado es precisamente que la abolición de la propiedad privada y el intercambio regulado por el mercado, careciendo de las formas sociales de regulación del proceso de produccion, necesariamente resucita las relaciones de dominación y servidumbre. Si nos limitamos a abolir el mercado (incluyendo la explotación del mercado) sin reemplazarlo con una forma de  organización comunista de producción e intercambio, la dominación regresa con una venganza y con ella la explotación.
En lo adelante acoto cada frase zizekiana que necesite demostración.  ¿Qué son "las formas sociales de regulación del proceso de producción"? En lenguaje ortodoxo: sin revolución no hay arreglo. Este no es el lugar para analizar la posible defensa de Zizek (él no lo hace, lo supone). Pero he aquí que aquel comunismo ortodoxo del siglo XX no era más que otra forma burocrática de dominación, aunque muy distinta a la del capitalismo financiero de hoy, claro, con muchas menos libertades. Lo dicho no podía colegirse justo después de la caída del muro en 1989, la globalización apenas despuntaba.

Zizek trae la primavera árabe como ejemplo:
La regla general es que, cuando una revuelta comienza contra un régimen opresivo casi-democrático como es el caso en el Medio Oriente en el año 2011, es fácil mobilizar a grandes multitudes con consignas que no pueden caracterizarse de otra manera que de crwod pleasers: por la democracia, contra la corrupción, por ejemplo. Pero luego nos acercamos poco a poco a las opciones más difíciles: cuando nuestra rebelión tiene éxito en su objetivo directo, nos damos cuenta de que lo que realmente buscábamos terminar (nuestra falta de libertad, la humillación, la corrupción social, la falta posibilidadaes de una vida mejor) sigue pero con otra máscara.
¿Qué significa "casi-democrático"? Es Assad "casi-democrático" Y me parece tan injusto de Zizek decir que es "fácil mobilizar a grandes multitudes" en el mundo árabe pre-revolucionario (como si una manifestación contra Mubarak o Assad no fuese un asunto peligrosísimo). Llamar a esos jóvenes que murieron protestando ante los francotiradores de las milicias de Assad "crowd pleasers" es lamentable. Bien nos dice Lyotard que el reclamo de los muertos no figura jamás, pues "los muertos no hablan".
Pero luego nos acercamos poco a poco las opciones más difíciles: cuando nuestra rebelión tiene éxito en su objetivo directo, nos damos cuenta de que los problemas reales (la falta de libertad, la humillación, la corrupción social, la falta de perspectiva de una vida decente) se repite solo que de otra manera. La ideología gobernante moviliza aquí todo sistema para impedirnos llegar a esta conclusión radical.
En efecto, el "objetivo directo". ¿Pero cuál?
Nos dicen que la libertad democrática trae como consecuencia sus propias responsabilidades, que todo tiene un precio, que todavía no hemos madurado si esperamos demasiado de la democracia. De modo que nos culpan por nuestro fracaso: en una sociedad libre, se nos dice, somos todos capitalistas invirtiendo en nuestras vidas.
¿No es acaso ese fragmento en rojo arriba el discurso castrista por más de 50 años, si sustituyéramos "democracia" por "revolución"? Si el punto es que la tensión política fundamental entre gobierno y ciudadano, entre derechos y poder no desaparecerá jamás, entonces Zizek tiene razón. Pero se trata de una razón trivial. Es la naturaleza misma de lo político.

Concluye el pensador eslovenio con una bomba retórica que por supuesto es discutible: 
La gloria universal de Mandela es de la misma manera un signo de que realmente no perturbó el orden global del poder.
Y lo mismo podría decirse de Martin Luther King, isn't it?  

Zizek aquí presenta una actitud cínica. Es precisamente el precio de la retórica relativista de sospechar todo lo que aún está por probarse, discutirse y defenderse. Asumir que no hay nada pueda hacerse como no sea esperar el devenir de la historia, mirando la televisión y desde el sofá de la sala, apriori, predecir la próxima y legítima revolución.

¡Qué farsa!

los líos de Betty (prohibido por uso de drogas en los años 30)

miércoles, 18 de diciembre de 2013

¿Estetización o vaciamiento? En torno al ícono Martí en la cultura popular cubana (tercera parte)

Martí antimperialista del escultor Andrés González
1ra  parte
2da parte

Antonio Correa Iglesias

Lo sórdido de este argumento está precisamente en la negación de una lógica histórica en función de capitalizar un poder político que ha difundido una lectura errónea y desajustada de esta tradición. Por ejemplo, desde el temprano año de 1968 Fidel Castro dijo en el discurso conmemorativo por el centenario del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes que la revolución que triunfó en 1959, había comenzado en 1868. Más allá del disparate que supone este argumento, el fundamento del mismo está orientado a la búsqueda de legitimidad, pero sobre todo, está subrayando el carácter incuestionable de un proceso que, legitimado en una comprensión de la historia, haya en ella sus raíces y fundamento. Todo va a ser puesto en función de esta legitimación. La identidad política va a construir para su legitimación un criterio excluyente en la cultura nacional. En estas condiciones, el carácter de una tradición se desvanece como ontología, no hay acceso a ella o, en todo caso, el acceso a una producción que contraponga un correlato contrastante al discurso oficial es negado.

Este es el contexto donde el ícono Martí prolifera. Algunos dicen que no, dicen que sencillamente cada cubano tiene su muy peculiar manera de entender a Martí y para ello se resguardan en argumentos estéticos que recuerdan a Juan Francisco Elso y a Raul Martínez y sus Quince repeticiones de José Martí de 1967, desconociendo las consecuencias que para Raul Martínez tuvo la conjugación entre el expresionismo abstracto y el pop-art y para Juan Francisco Elso, su Por América de 1986.

Lo cierto es que, por alguna resolución, las instituciones y establecimientos del gobierno están obligadas a tener lo que se ha llamado “rincón martiano”. Como esta acción surge de lo performático y no de un conocimiento mínimo de la obra martiana sino desde su desconocimiento cabal, los rincones martianos deviene en rinconera, espacio donde se acumula y prolifera la mugre. Este es el espacio que el gobierno cubano le tiene reservado a Martí. Un Martí maltrecho, ruinoso inofensivo ante la necesidad de legitimación en la frase descontextualizada. El Martí al que el cubano tiene acceso es el “muñequito” de plástico que bajo el sol abrasador se desfigura, es ese mismo “muñequito” al que, como a un juguete se le arranca la nariz. El Martí al que el cubano tiene acceso es el que vende guarapo frío y posa con las más importantes modelos internacionales. Es el Martí inofensivo que el gobierno permite y necesita una vez que “representa” sus intereses. En los últimos cincuenta años, el gobierno cubano no ha emplazado una estatua de José Martí, más allá de las que históricamente habían existido, sin embargo el 4 de abril del año 2000, queda inaugurada la más bochornosa de las representaciones de José Martí. El Martí de la “Tribuna antimperialista” es el mejor ejemplo de lo que Martí no es, de lo que Martí no ha sido, del Martí que el gobierno necesita. Su escultor no solo le hace juego al poder sino que demuestra una y otra vez su desconocimiento supino de lo que Martí ha representado para la cultura cubana.

En la Cuba de hoy acceder a Martí solo es posible desde la “arenga de los políticos, desde los conglomerados de personas que pierden su identidad en los grupos en las militancias, las clases de los profesores de Historia de segunda mano, la columna del articulista de moda, los horribles niños memorizadores de pensamientos y versos sencillos, todo esto para convertir en monstruosa la figura de Martí. Sé que hay enormes biografías al respecto, grandes ensayos escritos por profesores, pero Martí como actitud humana, como esfuerzo y descubrimiento, ha permanecido muy lejos de todo ese palabreo, de ese tam-tam verbal que nada tiene que ver con la realidad.” Así calificaba Severo Sarduy el olvido de la condición humana en José Martí, al tiempo que cifraba sus expectativas de que, con la revolución, se pudiera acceder al centro gravitacional de este hombre inmenso. Nunca más volvió a Cuba.

En los últimos cincuenta años el ícono Martí ha degenerado en el imaginario y en la cultura popular cubana. Ha devenido en argumento socorrido y aditivo presuntuoso de un modelo político que trata de sostenerse apuntalado en su imagen. En los últimos cincuenta años Martí ha sido condicionado a las más inimaginables y bochornosas morfologías.

El Martí que necesitamos hoy más que nunca es el Martí retador y desafiante que nos propone su obra. Es el Martí humano que se nos ha negado en función de un discurso político. “No se puede picotear en libros raros –dice José Lezama Lima- hasta conocer el Martí montañoso, que como un Midas justo y atinado convierte en oratoria todo lo que lleva dentro de ensayista y patriota. Yo me cruzo de brazos y me balanceo, asombrado. Apenas puedo imaginar la infancia de un tribuno tan grande: ¿Qué decía, y cómo, a los amigos de juego, a las noviecitas de probar, con qué palabras respondía a quiénes se le enfrentaron en los patios de colegios? Quisiera mirar por un huequito. Debió blasfemar, como todos, pero ¿cómo articulaba, con qué sintaxis, sus apasionadas acometidas de adolescencia? Con la miel de sus amantes derretidas, se debió enlodar aquella Habana de 1800 y tantos.”

Quizás hoy más que nunca la conclusión de Arturo S. Carricate en su texto “La cubanidad negada del Apóstol” de 1931 adquiera una vigencia inusitada:
Lo expuesto prueba de modo irrebatible que la obra de Martí, en lo político, en lo literario, en lo filosófico (…) no mostró identificación alguna con las ideas preponderantes en Cuba coetáneamente cuando vivía el Maestro (…) y que, muerto, sus doctrinas básicas para la organización del país han sido desoídas, sistemáticamente desdeñadas y, en los más casos, inversamente aplicadas. Vivimos en y a costa de un espejismo, que está produciendo innumerables y trascendentes daños: el creer que la invocación constante y cotidiana y en los más de los casos, “bona fide” de las ideas de Martí, significa que esté plasmándose en la República a la manera que él quería. Nos hallamos ahora, quizás más que nunca, lejos, en las antípodas del pensamiento político de Martí.
Si bien la crítica que acabamos de referenciar está suscrita al orden de nuestra primera república, todo lo que acontece posteriormente, aplica a esta comprensión. Sin embargo, el orden de la “revolución” ni siquiera cae en esta cuenta, una vez que para ellos, encarnan definitivamente el orden martiano de la praxis política.

El Martí que necesitamos hoy es aquel que nos permita sacarlo y salir del lodazal en el que ha “habitado” las cinco últimas décadas, quizás entonces, Severo Sarduy descanse en paz pues al fin, Martí está en su centro.

martes, 17 de diciembre de 2013

Catalunya: un paso más hacia la independencia


Amílcar Barca

Ayer se subió un escalón más en esta difícil cuesta hacia el estado propio en Europa que muchos consideraron que era “una fiebre del momento que ya- se-les-pasará”. Los derechos de un país a autogobernarse solo tienen una respuesta: las urnas. Y es allí donde los ciudadanos deciden qué quieren ser y a dónde quieren ir: Si se quieren quedar o iniciar un rumbo nuevo.

¿Cuál fue el paso ayer? Las fuerzas que apoyan que haya un referéndum en Catalunya: Convergencia Democrática, Unió Democrática, Esquerra Republicana, Inciatià per Catalunya y la CUP, que tienen mayoría absoluta todas juntas en el parlamento, pactaron para el día 9 de noviembre de 2014 una pregunta doble referente a la autodeterminación que se formula así:

¿Quiere que Catalunya se convierta en un estado? Si o No. Y en caso que sea afirmativo ¿Quiere Ud. que ese estado sea independiente? Si o No.

¿Por qué se hizo esta pregunta doble? Pues porque dentro de la coalición hay quien quiere que el estado sea federal, confederal o independiente dentro de Europa. Este tipo de pregunta permite que haya como mínimo la opción de poder escoger que tipo de estado se quiere.

La reacciones de España fueron inmediatas y propias de un régimen autoritario: “No sé va a celebrar la consulta” (Mariano Rajoy). El propio dirigente socialista dijo: “Catalunya va hacia un callejón sin salida”. El representante de la Unión Europea, Rompuy, quien ayer estaba en Madrid, eludió las preguntas de los periodistas que le hicieron, argumentando que esto era un asunto interno del gobierno español.

Los catalanes de hoy en día no queremos adoptar la posición de víctimas. No estamos proclamando que España nos oprime o nos reprime (desafortunadamente ayer un simposio académico histórico en Barcelona se presentaba con el título: “España contra Catalunya”).

Al menos de momento, porque las amenazas de ciertos tipos de intervenciones del estado español, como suspender la autonomía y la presidencia del gobierno catalán, están en el calendario (e incluso en la agenda de algunos políticos el querer sacar el ejército). Lo que queremos es ejercer nuestro derecho a ser pueblo bajo una identidad, una cultura y un modo de gestión que en más de una ocasión hemos demostrado que poseemos, distinta a la de los españoles.

No vamos en contra de nadie sino a favor de nosotros mismos sin distinción de razas, ni orígenes sociales o étnicos. Somos un pueblo inclusivo y para nada discriminatorio.

Solo queremos democracia y derecho a ejercer nuestro destino dentro de Europa. España piensa que nos vamos….y aquí no se va nadie porque tanto España como Europa están en el mismo lugar desde hace millones de años. La tierra no se mueve, pero sí podemos decidir quién queremos que nos dirija nuestro territorio, si desde Madrid o desde Barcelona.

Hoy las encuestas reconocidas incluso por la oposición hablan de 2/3 sobre a que cuántos desean esta consulta en Catalunya (que no quiere decir la independencia necesariamente). Hoy nos dirigimos a la comunidad internacional para que lo sepa. Simplemente que sepa que hay un país y una nación en Europa que se llama Catalunya y que quiere regir democráticamente su destino a partir del voto sin violencia y de forma pacífica y positiva.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Hallucifair

Ramón Williams 

La feria abandona el pueblo. No estuvo mal palabrear con la mujer con barbas, aprender de ella el truco del enano saltador con pértiga de pictóricos estilos, saber que el perro de dos cabezas en verdad sabe sonreír y no simplemente enseña los colmillos. Imposible pasar por alto al cosaco que joroba cabillas mirándome a los bolsillos mientras simulaba que atendía fijamente a un Miró que a su vez encaraba un retrato de Kandinsky a manos de Miles Davis cometido por Basquiat.

La ternura figurativa me la devolvió un tigre-loro con corbata (no sé de quién) que repetía cada vez que alguien se le varaba muy cerca “No aro, no baro” y pedaleaba con garritas cyberg un influenciador inoxidable mientras su vendedor no le diera una galleta de carne diciéndole “No roba, no obra”. Lo más complejo fue encontrarme en el día de Changó con la propia Doña Bárbara, la derivadora de nombres, acompañada esta vez por el triste Arcadio y sus cuatro maravillosos cerdos conceptuales invendibles.

Lo más simple, hablando de revelación y otras divinas manipulaciones, fue dar con el rostro parcheado del curador del año a causa del accidente en el montaje de su pieza made in China El lanzador de estrellas. Nunca supe si los paraguas antibombas a la entrada de las carpas eran parte de alguna instalación de Mr. P o una sutil, por no decir “artística” sin peso alguno, intervención preventiva del cuerpo de Seguridad Internacional.

Me largaría de este pueblo que deglute arte cinco días al año, tomaría mis bultos y me perdería para siempre con la feria si no supiera que no hay que viajar así de lejos para estar perdidos.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Gonzalo Rubalcaba - Improvisation # 2



Esta pieza forma parte de Faith, el último disco de Gonzalo Rubalcaba, un proyecto donde se aprecia el temperamento característico del pianista, pero en un giro de concepto y de los criterios de afinidad que agrupa las composiciones. El pianista en este caso amalgama diversas influencias y las une en estilo. No pasa inadvertido que tanto Bill Evans, Thelonius Monk, como Oscar Peterson son citados, interceptados e hibridados en las decisiones estructurales  de Gonzalo, pero con la suficiente originalidad y virtuosismo como para recrearlos en una realidad melódica inédita donde el legado no está reñido con la posibilidad de lograr un producto peculiar. Y sobre todo, raro en el universo del jazz creado por latinos en los últimos tiempos.

Los años no han pasado sin compensar las manos del pianista. Si hay algo que demuestra la secuencia de buenas piezas es la madurez acrisolada en Rubalcaba, en quien el ímpetu ha cedido paso a esa afectividad intensa y, a la vez, rigurosamente modulada que deja escuchar cada minuto de teclado y pedal ejecutado con excelencia. Con el Faith de Gonzalito y el Miami Untitled de Alfredo Triff, estamos seguramente ante los dos empeños más novedosos y excepcionales del 2013 en el panorama discográfico cubano. En ambos encontraremos música idónea para el oído culto, codicioso y vehemente. Obsequios de lujo para estas evocadoras fechas que se aproximan. (JR)

viernes, 13 de diciembre de 2013

La caricatura de un fantasma recorre el mundo


Antonio Correa Iglesias

¿Se puede sentir una fascinación casi exasperante por un libro? Solo con “Tuyo es el reino” de Abilio Estévez e “Informe contra mí mismo” de Lichi Alberto me había pasado lo que me paso con “El comunista manifiesto” de Iván de la Nuez. Veinticuatro horas me bastaron para consumir este libro y eso que lo estiré para que me durara. Los días que han seguido a esta lectura han estado cargados de cierta melancolía, como quien sigue rumiando esas yerbas ensalivadas que quiere regurgitar pero que no puede.

Fue cenando en casa de Rosie Inguanzo y Alfredo Triff -casa de iniciaciones- que tuve conocimiento del texto de Iván de la Nuez y no pasaron muchos días para que un amigo común, Emilio Ichikawa, tuviera la deferencia de dejarme un ejemplar que fue devorado sin escrúpulos y lleno de sobresaltos.
Coincidentemente con la llegada de este texto, otros libros de autores cubanos llegaban a mí y la primera sensación fue el nivel conceptual y analítico que había logrado cierta intelectualidad que había decidido abandonar la isla y tomar en sus manos su futuro. La intelectualidad cubana en la “diáspora” ha dado cuenta de lo que pudo haber sido el corpus intelectivo de una isla en condiciones normales. Dentro de este grupo por derecho propio se inscribe Iván de la Nuez.

El Comunista Manifiesto es un ensayo cuya raíz antropológica dibuja un mandala que viene a concentrar su fuerza telúrica en el sentido post-mortem del comunismo. El manejo simbólico y cultural del “cadavre exquis” en el sentido de la festividad y la adoración, construye una ritualidad en la conservación de la experiencia sensorial. De la Nuez desbroza cualquier indicio y de/construye cada una de las piezas de este rompecabezas mostrando como el desmoronamiento de un sistema ha tenido más implicaciones simbólicas que políticas, razón que fundamenta su sentido fantasmagórico. Quienes hemos tenido el privilegio de llegar al Muro, reconocemos la fuerza simbólica que en torno a él gravita. Ciertamente, el muro se derrumbó a ambos lados del océano y aunque su onda expansiva se contrae y dilata según los contextos, el Muro sigue estando presente en el imaginario una vez que se reproduce desde el deseo o la nostalgia, desde el coleccionismo o la subasta, desde la venduta con carpa callejera hasta el trozo de roca que adorna un anaquel de nuestra empolvada biblioteca. Todo ello refuerza aún más el sentido fantasmagórico del cual habla Iván de la Nuez.

Cuando en el año 2000 Karl Marx es seleccionado una de las figuras más influyentes en la cultura occidental, también es lo fantasmagórico lo que viene a reforzar este criterio de selección.
Por mucho que lo neguemos, después del derrumbe del Muro de Berlín el manejo simbólico de la imagen de Karl Marx ha estado asociado al pastiche, re-significado desde el diseño y el graffitis. Y es precisamente este uno de los valores antropológicos del texto de Iván de la Nuez, una vez que genera un inventario sobre sus prácticas e implicaciones.

Lo cierto es que hay una nostalgia empecinada y triste, -como quien ha perdido aquello que le constituye- que arranca suspiros y propicia sobre-mesas. La nostalgia no solo es visible en aquel deseo trasnochado por los dibujos animados soviéticos -verdaderas obras maestras de la animación y la exasperación- sino también por toda aquella evocación siniestra o no donde fielmente se concebía la hoy inocua posibilidad de un mundo posible. Quienes vivieron de forma consciente esta etapa de la historia, no dejan de lamentar esta pérdida y asisten a la exhumación de este cuerpo para descubrir finalmente lo que en vida negaron ser.

Pero en el campo de la nostalgia Iván de la Nuez nos muestra no solo un nuevo significado sino también una suerte de remembranza donde se explora este sentimiento de pérdida y desasosiego. Lo curioso es que esto que Iván llama Ostalgia, puede ser entendido como un limbo donde la precariedad de la imagen eidética, da paso al predominio de lo fantasmagórico. Es por ello que la evocación, la remembranza y la recomposición de un pasado, se nos es permitido solo desde la memoria. Iván se sumerge en la idea de la memoria para desacralizar la melancolía de un sujeto trasnochado, de un sujeto destemporalizado, por ello, “(…) algunas veces, la ostalgia ni siquiera se asienta en un recuerdo, sino en una simulación de la memoria”. Este pasaje del texto tiene un valor extraordinario una vez que reconoce que incluso en nuestras formas de recordar la simulación se ha instalado como condición fundante. Y es cierto, si uno revisita parte de la producción cinematográfica a la que hace referencia Iván de la Nuez descubre como la simulación es el nudo que entreteje toda la dramaturgia de esta puesta en escena.

“El comunista manifiesto: un fantasma vuelve a recorrer el mundo” es un texto donde se disecciona un Cuerpo-Cadáver-Fantasma. Esta propensión lógica es precisamente la que utiliza Iván de la Nuez para organizar en capítulos la estructura de su más reciente libro. Esto es muy sintomático pues hay una lógica invertida, una vez que es lo ingrávido es lo que permanece como entidad. Lo fantasmagórico se va “corporizando” y adquiriendo un sentido oblicuo. Lo fantasmal en su condición de fetiche se reescribe desde su pasado, aparece y reaparece en diferentes morfologías por eso la añoranza desde el presente se refuerza como actitud.

Al mismo tiempo, lo mórbido atraviesa todo el texto y se establece desde la adoración y contemplación de los desechos, suerte de excitación necrofílica, similar a la que experimentamos cuando miramos un cuerpo que reposa en un ataúd. Es la misma desazón que se advierte al entrar en la tumba de Lenin o cuando imaginamos como será el cortejo fúnebre de un líder caribeño. En todo ello hay algo de estupor y libido, eso no cabe duda.

Si lo mórbido y lo fantasmagórico desbanca a la utopía, la distopía, la atopía parecen ser formas más consustanciales en esta nueva heteronomía. Una heteronomía que se expresa en el revival estético del pastiche y que pretende desde un esfuerzo seudo-cultural revalorizar prácticas discursivas y estilísticas. Como todo buen revival, la mirada al pasado mezcla con aditivos nostálgicos u ostálgicos la simulación como actitud. La misma que tanto alarmó a Baudrillard en Simulacro y Simulación y que ha hecho las delicias de las más importantes páginas de la literatura cubana desde Jesús Díaz con sus “Palabras perdidas” hasta Padura con “La novela de mi vida”.


Cuando lo ubicuo y volátil es señalado por Iván de la Nuez, lo fantasmagórico refuerza aún más la tesis del derrumbe a ambos lados, pero también se genera un contrasentido pues la estetización de la experiencia fantasmagórica va a adquirir resonancias a cada uno de estos lados donde los escombros del derrumbe aún persisten en entorpecer el paso a los nuevos ciudadanos del mundo. Con el derrumbe del muro la virtualidad de estas realidades se desvanece. El muro en el derrumbe arrastra con todo. Esa individualidad restringida y pre/elaborada da paso a una ontología precaria donde se deja de ser uno para ser uno mas, donde la insinuada idea de la supervivencia, licua a las identidades contraculturales.

Pero no sería justo singularizar lo fantasmagórico. Muchos son los fantasmas que vuelven a recorrer el mundo; algunos de ellos, aun no lo son, pero aplican por su condición espectral y sobre todo, por el manejo fantasmagórico que han hecho de su imagen. Marx, Lenin, Stalin, Mao, Kim Il Sung, Fidel Castro son también retablos en este mosaico de lo fantasmagórico. Es cierto, algunos de ellos son más aterradores que otros; otros son momias en cajas de cristal ironizando y parodiando la imagen hedónica de una “damisela encantadora”. Algunos de estos fantasmas habitan en majestuosos mausoleos donde una turba desenfrenada de quejumbrosas plañideras hacen lo suyo. Pero en uno u otro caso son muchos los fantasmas que claman protagonismo.

Con “El comunista manifiesto” De la Nuez construye una genealogía una vez que viaja al epicentro del Hades y desde allí, exorciza y desmembra lo fantasmagórico. No son solo restos mortales a lo que estamos asistiendo, es cierto, son fantasmas pero al mismo tiempo y por esas raras cosas de la burocracia cósmica, los espectros del post-comunismo son muertos vivientes, suerte de zombis que tratan de atrapar un tiempo al que ya no pertenecen. Paradójicamente, estos fantasmas encuentran en la liquidez de la sociedad -esa misma de la que hablaba Bauman- un estado natural, en contra de la propia solidez de la que hablaba el cuerpo de Marx.

Pero al mismo tiempo Iván de la Nuez en su libro rememora la puesta en escena del socialismo, no desde la contradicción que se animó y se abrigó en la guerra fría y su factibilidad histórica sino mas bien desde la ironía de una gestualidad kitsch, como muy bien recordara Milán Kundera. Un kitsch trágico que se reinventa en la comedia. Para quienes vivimos la opulencia neo-barroca de esta puesta en escena, para quienes vivimos sumergidos entre los “muñequitos rusos” y su precaria industria ligera, la presencia, ubicuidad y ese sentido de omnipresencia enrarece el ambiente y desencaja el rostro con una mueca estremecedora.

Finalmente, el elemento que aglutina todo ello es la fugacidad. Si la fugacidad y la fragilidad del sistema se expresan en su impermanencia, las ilusiones por este generadas no son nada más que contrasentidos estructurales, formas que no tienen como llamarse, una vez que carecen de una ontología. Ahora bien, si ciertamente ya han muerto todas las ilusiones -como dice ese son de los Matamoros- una especie de olvido se instala en la comprensión del pasado, un pasado que -como bien diría Iván de la Nuez- es decapitado desde los discursos hegemónicos, una vez que la desilusión se instala como normatividad.

Es cierto, “un fantasma vuelve a recorrer el mundo” pero lo hace desde una visión maniqueísta más cercano a lo quejumbroso de la ironía y la comicidad que al efecto verdadero de una versatilidad histórica. Sus nuevas encarnaciones no son mas bromas desafinadas en una obertura disonante. No nos llamemos a engaño. Si “un fantasma vuelve a recorrer el mundo” lo hace sigiloso pues a su paso encuentra, todas las voces que pretendió callar y todos los libros que pretendió incinerar y descubre, para su sorpresa que ya no hay embalsamadores de cuerpos y recuerdos pues estos, en las nuevas condiciones prefieren enterrar a los muertos para que finalmente, descansen en paz.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Para no provocar un peligroso corte circuito en el cable que conecta al corazón con el cerebro, tienes que refrescarte la nuca tres días consecutivos con agua serenada


Ramón Alejandro

(de La familia Calandraca)

Ya caída la noche, poco antes de acostarte, llenas una jícara con agua del pozo; y si no tienes cerca un pozo cógela de la pila que da igual; mientras tanto vas invocando a Osáin recitándole aquello que te enseñé la otra vez, si ya no se te olvidó.

Piensa en la inmensidad del Universo y en las insondables constelaciones que desde lo más profundo de la eternidad, -porque en esa descomunal dimensión no existe ninguna diferencia entre el tiempo y el espacio- nos están mirando con sus siderales ojos que chisporrotean luces amarillas, rojas, azules. Cada cual irradiando su propio halo violáceo, mientras sin cesar, estos humanos seres que somos, en nuestra frívola inconsciencia seguimos agitándonos frenéticamente dentro de los hondos y oscuros recovecos de este bajo mundo sublunar. Vagando distraídos por los umbrosos sotobosques de este sabroso valle de lágrimas al que le tenemos tanto apego, el único teatro posible para que, tal cual somos en este preciso momento de la evolución de nuestra proteica y versátil naturaleza, tan sujeta a todo tipo de constantes transformaciones desde los tiempos sin comienzo ni final, que se pierden en el formidable bostezo del inconmensurable horizonte, en el cual, cierto día apareció ante los atónitos ojos de nuestro padre Oloddumare la inefable materia que todo lo sustenta.

Materia que simultáneamente es energía que se desdobla de modo físico y espiritual. Porque estamos aquí para desarrollarnos espiritualmente dentro de este vehículo somático perfectamente adecuado a las condiciones materiales imperantes en este específico planeta. El idóneo tareco cuyo funcionamiento nos ha tocado experimentar esta vez en la perruna existencia que vamos llevando, encerrados dentro de esta rotunda biosfera a lo largo y ancho de quién sabe cuantas encarnaciones sucesivas. Aparato de fama que viene ya provisto con sus amortiguadores y aceleradores, frenos, cloches, bujías y tornillos y de todo mecanismo, bisagra y muelle del que pueda tener un día la eventual necesidad. Porque de toda esa diferenciada materia, incluyendo tuercas, zapatillas y maniguetas sin olvidar los tubos, ganchos y otros pertrechos mecánicos perecederos, está constituido este cuerpo de carne y hueso que un día no muy lejano va a servir de tremendo banquetazo a esos gusanos de la tierra que no le tienen miedo a nada y que son capaces de meterle el diente por igual a cualquiera, quienquiera que sea, y a cualquier cosa.

Esos seres, que desde aquellas inconmensurables alturas en paz descansan y por el aire avanzan, nos observan mientras nos agotamos en vano y disipamos miserablemente nuestras fuerzas; bregando a brazo partido, empujones y codazos, sin querer darnos por vencidos, en constante lucha contra una turbamulta de corrientes contrarias y traicioneras; compuesta de envidias, inextinguibles codicias, insaciables lujurias, arayé, jiña, iñá, calvicie o alopecía, hemorroides, enfisemas y el carajo y la vela. Acogotados con todo tipo de osobbo que te abacora cuando y donde menos te lo esperas, terminando partido en dos con la boca abierta y llena de hormigas, la lengua guindando por fuera y todo el mondongo de nuestras palpitantes entrañas sirviendo de condumio a los escalofriantes insectos carroñeros que se anidarán en nuestro seno cuando nos trinque la sigilosa Ikú.

La siempre inesperada e impuntual pelona, que sin que se conozca una excepción, ni falla alguna, aplica la rigurosa ley bajo cuyo signo nacimos los infortunados mortales, cumpliendo de manera expeditiva y eficaz su natural función en el preciso momento que a ella le dé su real gana. Porque lo que más le complace es hacernos la gracia de sorprendernos; o bien mucho antes, o mucho después de lo que en nuestra arrogancia nos hayamos creído lo suficientemente precavidos como para mangarla como a una boba, engañarla definitivamente o engatusarla por un tiempito más con pueriles cálculos o fantasiosos presentimientos, súbitas corazonadas o inocentes vaticinios de aprendices de brujo. 

Hasta que nos llegue esa hora en la que hartos ya, cansados de tanto puro trajín y tanta majomía; de nuestra propia iniciativa la llamaremos en vano, hastiados de tanto inútil jelengue e insensato ajetreo. Colocas la jícara sobre el quicio de una ventana que dé al norte, que de ahí es de donde nos viene eso único que nunca cambia, la fijeza de esa estrella polar alrededor de la cual gira en su loca ronda todo este mundo hecho de fugaces fantasmagorías involucradas en incesantes transformaciones.

martes, 10 de diciembre de 2013

Saludos ni tan saludos



Hay saludos que ni son tan saludos, más allá de normas de cortesía y protocolos, y es la política la que los convierte en fiebre mediática. Esta foto de Getty ahora mismo está recorriendo el mundo para afán de los semiólogos. No sé sabe si en fecha como la de hoy, de especial significación para los Derechos Humanos, dicha imagen puede incluir algo de premonición. Lo cierto es que se conoce que en Cuba todos los días se violan los fundamentos más elementales de la existencia. Y que cada día se deja de saludar al Presidente de Estados Unidos. No sé si el contrasentido pueda ayudar en algo a los estudiosos de los signos en la vida pública. (JR)

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Una frase de Obama a poco instantes del estrechón de manos:
"Hay líderes que apoyan a Mandela y no toleran la disidencia"

domingo, 8 de diciembre de 2013

lizz wright: "nature boy"




tuve la oportunidad de conocer a lizz wright en una gira con la banda de kip hanrahan a japón en 2009 (luego compartimos de nuevo en 2010 en viena). escuchar a lizz en el escenario es una experiencia hipnótica. su voz, entrenada en el R&B, y el género soul le da una capacidad natural de fraseo muy sutil que reta los pulmones de cualquier mortal. en el videoclip lizz canta "nature boy" (el clásico que nat king cole y sinatra hicieran famoso). les recomiendo el album de 2005 dreaming wide awake.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Muere Nelson Mandela


Un obituario en el New York Times.

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Jacques Derrida escribió alguna vez que admiraba a Mandela:
Quien se atreva a emprender el cambio de las instituciones de un pueblo debe sentirse capaz, por así decirlo, de cambiar la naturaleza humana, de transformar a cada individuo, que es por sí mismo un todo completo y solitario, esa parte de un todo mayor del cual este recibe su vida y su ser; de alterar la constitución del hombre con el fin de fortalecerlo.
La difícil enseñanza de Mandela fue saber perdonar a un enemigo atroz en aras de una sociedad más justa y para todos.

Nelson Mandela demostró que es aún posible construir un futuro mejor, imperfecto y esperanzador.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Julio Larraz: "Coming Home" que no regresa

Coming Home, 2013
alFreDo tRifFf

El sábado pasado hubo una marcada expectativa con la muestra "Coming Home" del pintor cubano Julio Larraz en la Acaso Gallery de Wynwood. Fue una muestra nutrida de admiradores y coleccionistas del conocido artista cubano-americano.

"Coming Home" cubre las tres salas del espacio. La primera sala contiene la obra más reciente, en las subsiguientes hay obras de los 90 y los 2000 tempranos. ¿Es "Coming Home" una retrospectiva? No, por supuesto, aquí las obras están a la venta. "Coming home" significa volver. Y ¿cuál es la mejor manera de volver a Miami? La respuesta es un dilema: O se presenta una muestra sólida temática, o presentamos obras diversas en temas, incluso estilo. Para un regreso exitoso a la casa, la segunda opción es la peor. Apuntamos: una mala curadoría puede cambiar el destino de un show.

One Day in October, 2013

"Coming Home" no regresa debidamente.

Por ejemplo, las obras de la primera sala (con la excepción de Coming Home al comienzo del post, y alguna otra como One Day in October), resultan obras menores de una serie mayor. Está claro que el fuerte de la obra de Larraz en 2012-2013 son paisajes marítimos de la costa de Italia y el noreste de Estados Unidos (las acuarelas representan siempre estudios de los lienzos, incluso aunque hayan sido realizados después). "Coming Home" no es una muestra consistente de paisajes, sino un picotillo de obras que cubren dos décadas. Casualmente, hacía 20 años que Larraz no exhibía en la ciudad de Miami, lo que parece sugerir que "Coming Home" cubre dos décadas de ausencia.

Tratándose de tanto mar a la vista, "Coming Home" casi es quasi miamense. Hay espuma, cielo azul, yates, y burgueses de la tercera edad. No es realmente este el Miami subtropical. Las pinturas exudan un halo de burguesía europea y americana wasp.

Sunday on the Narragansett, 2013

Sunday on the Nagarransett, por ejemplo: La proa intrusiva del yate anclado cerca de la costa, en el mar añil con esas dos siluetas sumergidas en lasitud geriátrica. ¿Se pinta un cuadro solo por elaborar el reflejo plateado del mar en el bajo techo o en la superficie de la proa de fibrocemento de un yate? Será que no apreciamos la sutileza del comentario social. ¿Pero cuál comentario? En el arte no hay necesidad de forzar lo que no está a la vista en el cuadro. Digamos francamente que la proa con las siluetas se lleva casi todo el cuadro, que la bandera americana que ondea al borde de la costa de Narragansett podría muy bien ser la bandera de Italia en un paisaje costero de Amalfi en un postcard para turismo. Distinguimos las siluetas de una pareja adinerada, solos, aburridos. ¿Y qué? No cabe ni siquiera una doble lectura. Brilla por su ausencia la mordida de Larraz.


Lo mismo con Cosette a bordo de la Tremebunda (2013) que no cuaja. Cosette, la modelo de bikini color naranja con nalgas siliconadas portando sombrero de panama, camina, martini en mano, en dirección a popa como si harta de la vida. La protagonista no es Cosette, sino la proa aquilina y desabrida del Tremebunda. Si he escrito un párrafo sobre la pintura es porque (paradójicamente) no hay mucho que decir. Toda pintura no tiene que ser una obra mayor, se sabe. Tampoco menor. Ni cada esfuerzo debe merecer un párrafo.

Esos cuadros (y otros que no comentaremos aquí) fracasan porque hay expectativas, porque Larraz tiene piezas más certeras, porque son piezas derivativas, porque Cosette está realmente a bordo, no del Tremebunda, sino colgada de una pared en "Coming Home", en Wynwood, Miami.

No es la primera vez que la proa protagoniza una obra de Larraz. Pero en el caso de La ventana del tiempo (1998) tenemos un todo logrado. Hablo del "gancho" pictórico que Larraz ha usado con pericia durante 30 años de profesión: la fértil pictogramática imagen de una idea original.  

La Ventana del Tiempo, 1998

Larraz sigue produciendo buena obra. Ahí está la atrayente serie de "acuarios" de los 2010-2011, una de las cuales está en "Coming Home" (la de abajo, Master Spy no está incluída en el show).

Master Spy, 2011

Sería injusto no mencionar la pintura "Coming Home" (arriba en este post). Es un cuadro sugestivo en su perspectiva geométrica, así como el efecto dramático del yate blanco que se penetra la oscura oquedad del gigantesco promontorio. Penetrar una boca negra es siempre una aventura.

Lo que le falta a "Coming Home" es el misterio de Larraz. Ese toque casi surrealista de su pintura, algo que llamaríamos naturrealismo, es decir, el surrealismo de la mano de un naturalismo personal, conceptual. El resultado consiste en la extraña superposición del paisaje (por momentos casi extraterrestre) y el sujeto terrenal.

La mejor pintura larraziana está ausente de "Coming Home". Viene el recuerdo del personaje de Jep Gambardella en la película italiana La Grande Belleza, en este caso el pintor como único testigo, "insider" de un sistema que desprecia pero que a la vez necesita.

martes, 3 de diciembre de 2013

Entre sólidas e inmensas gravitaciones (2da parte)


Antonio Correa Iglesias

Sin embargo, hay dos obras cuya carga magnetiza a toda la serie y descubre cómo se va evaporando lo cotidiano en Juan Pablo dando paso desde el laberinto de las encrucijadas a una poiesis que rompe la inconclusa monotonía por la invisible sorpresa del sobresalto. “Zahori” y la obra final “S/T” de esta serie son un bucle. Nada se cierra en el sentido tácito, en todo caso, se enfatiza en el sentido cíclico, en la naturaleza de las cosas, donde lo único que no “cambia” es la territorialidad de sus “personajes”.

Un cielo encapotado es el preludio del apocalipsis como duración negativa en una contemplación metafísica de lo que se pretende transitorio pero resulta agónico y eterno. Quizás el carácter díptico que estas dos obras contrapuntean, esboza en su interioridad los nueve círculos del infierno, suerte de vestíbulo apuntalado por el cual todos tenemos que peregrinar. Desde el limbo a la traición, sus personajes aparecen como espectros de una dolorosa lealtad que se mide en sus palabras y gestos, en sus desasosiegos, en sus esperanzas frustradas, en las sombras que proyectan, extensión de su condición de caminante y hombres vegetativos. Un niño ensombrecido, mustio, desvencijado por una territorialidad que no cambia, cierra este díptico donde el “renacimiento” nietzscheano se convierte en parábola, en burla, en antítesis que llora con la pesadez con la que se arraigan las raíces del helecho.

Estas dos series de las que hemos estado apuntando algunas de sus vicisitudes, son solo el anticipo de un trabajo que debe ir estabilizando el nivel conceptual y la limpieza técnica de Juan Pablo. Es alentador y es alentador cuando uno ve como un joven creador logra, desde sus primeros pasos acertar en sus maneras de decir. Habría que añadir igualmente a estas dos series, al menos dos piezas, que tienen la capacidad de respirar por sí mismas. Obras donde lo lúgubre invade la puesta en escena, lo lúgubre como esa humedad que se esconde en los espejos venecianos y que se tensiona entre la excresencia y la podredumbre donde germinan tonos verdes, grises y amarillos que tanto me recuerdan la poesía de T.S.Eliot:
Allí estaban, solemnes, invisibles
Se movían sin premura, sobre sus hojas muertas,
Bajo el calor de otoño, en el aire vibrante.
Quizás Juan Pablo no ha visto -espero que sí- en estas dos obras un punto común que las convertirían en un díptico, quizás sí. Lo cierto es que el enigma del movimiento será ese espacio de convergencias y divergencias donde se expresa a sí mismo.


Y es preciso en esta búsqueda encontrar las razones de un cambio, una transformación que se mimetiza en el escarnio que despavorido huye ante la mirada enjuiciadora y crítica. Por ello, estas dos obras que adolecen de un título refuerzan un inventario de tonos cutres donde radica su potencial heurístico.

Los dos encuadres irradian una febril discapacidad que enrostra con una elocuencia abrumadora, el deceso de las ilusiones; compartido a intervalos por una esperanza “cierta” pero engañosa. Ahora que se han muerto todas las ilusiones -me susurra Matamoros- queda al descampado la corrosiva naturaleza de las cosas, desprovista de todo impulso metafórico, aunque muchos continúen extasiados con los atuendos de un rey que anda desnudo. El paralelismo de estas dos obras es en última instancia el paralelismo de sus ausencias, ausencias que desbrozan sus enconadas finalidades, una vez que muestran una zona de construcción de la imagen que ha expurgado todos los esmaltes para penetrar en la sofocación sanguínea que late en el desencanto.

¿Qué nos queda sino el relentecido y mecánico traqueteo del tiempo? Un tiempo que, como la ficción, no se puede penetrar, un tiempo que consume todo y lo disuelve en los contornos de una curiosidad que se evapora como las esperanzas. Juan Pablo ha comenzado con buenos pasos, con esos que tienen a las asimetrías como verdad profunda y fertilizante. Juan Pablo es una fracción de sí mismo en la fotografía, por ello su fotografía ha ido ganando la gracia y la delicadeza de la difícil sencillez, una fotografía que acoge en la insatisfacción de sus cargas verbales, un tono alto y riguroso.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Tamal de olla y hallaca (o Guajolote de Thanksgiving)

Judith Ghashghaie

Guajolote de Thanksgiving nunca fue indocumentado, pero como su pasaporte decía "Turkey" los agentes de inmigración lo dejaban varado en el aeropuerto por semanas. En una oportunidad lo llevaron encadenado y encapuchado para torturarlo en Guantánamo, un artista colombiano pintó al gallináceo con una corona de alambre de púas y desangrándose en una barraca. Enseguida los medios de comunicación difundieron la noticia de que Guajolote era descendiente de los mismos emplumados que divertían tanto a Moctezuma en su palacio. En las reseñas periodísticas también apareció una foto de un escudo de armas que mostraba la cara de Sir Guajolote I, un aristócrata quien vivió en Gran Bretaña, había cruzado el Atlántico montado en un barco de piratas sefarditas. Se trataba del mismísimo tatarabuelo de nuestro actual pavo.

Sea por la nobleza de su sangre, por el cuadro del pintor, la prensa amarillista o las varias organizaciones de los derechos guajolotenses que protestaron frente a las puertas del Capitolio, el caso es que El Guajolote de Thanksgiving dejó de ser atacado brutalmente por las fuerzas de seguridad del estado, y comenzó a entrar y salir del país por aire, mar y tierra cada vez que le daba su regalada gana.

Después de un tiempo se cansó de tanto corretear de una frontera a otra, decidió quedarse de este lado. Presentó un examen en inglés, español y turkys que automáticamente lo convirtió en ciudadano. Se mudó aquí a Miami e hizo diligencias para montar su propia fábrica de rosadas salchichas de moco de pavo. Guajolote concertó una cita con el alcalde del condado para presentarle su plan de negocios. El Alcalde quiso inmediatamente ser su socio, y creo una ley para que en los comedores de las escuelas públicas solo sirvieran salchichas de moco de pavo. La empresa fue un gran éxito, ambos partners hicieron dinero de todos colores.

Como reconocimiento el alcalde llevó a nuestro personaje al Convention Center en su propia limosina; en un acto público le entregó las llaves de la ciudad y una placa que decía “ Al Pajarraco del año. We love you too ”. A Guajolote de Thanksgiving se le hizo un nudo en la garganta, pasado unos minutos se paró frente al micrófono y pronunció su conocida expresión bilingüe: gordo, gordo, gordo, gobble, gobble, gobble. Todos nos emocionamos con los onomatopéyicos sonidos; nos hizo recordar la niñez.

A este evento organizado por la alcaldía en el Convention Center llegamos muchas personas de la Saguezera y Doralzuela, hicimos una larga caravana, llevamos a Guajolote de Thanksgiving en hombros hasta el Distrito Financiero. El conglomerado estaba desenfrenado. Existe un fenómeno aún inexplicable para los analistas de la sicología de masas, es el hecho de que en algún momento de concentración multitudinaria, y sin que el fenómeno tenga explicación racional, las mentes individuales nos subordinamos a las decisiones de la multitud, perdemos nuestra autonomía e identidad, nos fundimos en la muchedumbre, dejamos de ser responsable de nuestras acciones personales y encontramos un chivo expiatorio que purifique nuestras culpas y nos libere del miedo a vivir y morir (pero en este cuento no existe un chivo, sino un pavo…).

Todos los presentes escupimos la cara de Guajolote de Thanksginving; le gritamos que era revolucionario y reaccionario; espía y contra-espía; chavista y castrista; liberal y conservador, demócrata y republicano. Por representar el todo y la nada, y a pesar que simboliza histórica gratitud pero es un bípedo muy grande y grasoso de aspecto, lo declaramos el más hormonal, colesteroso y engañoso de los alimentos humanos. Sacrificamos al plumífero: le torcimos el pescuezo tal como los poetas vanguardistas latinoamericanos de principios del siglo XX lo hicieron con un cisne criollo.

Hicimos picadillo con el vistoso bípedo: molimos pico, cresta, moco, plumas y patas. Adobamos las blancas y babosas presas con ajo, comino, culantro. Para eliminar cualquier vestigio de Salmonella o del virus H1N1 lo sumergimos en vino californiano que compramos en la Farmacia Navarro y lo cocinamos por varias horas.

Al desabrido bicho lo comimos con caraotas negras, arroz blanco, yuca frita, tostones y hasta arepa. Con las alas hicimos buffalo wings, fue un insignificante milagro santurrón o un acto de magia panteística porque alcanzó para todos. El espinazo los deshuesamos, preparamos hallacas y tamales de olla que guardamos en las heladeras que nos prestaron algunos pibes de los vecindarios aledaños. La gran fogata no podía faltar, ni la yerba, ni el aguardiente, celebramos el crimen del animal hasta bien entrada la noche.

Amanecimos aquí, sobre las blancas arenas de South Beach, aquí vamos a estar, aquí vamos a esperar hasta que llegué nadando o en balsa uno de los tres cochinitos. Ojala que no haya pleitos por monopolizar el apetito colectivo, porque una gran cantidad de venezolanos vamos a preferir hacer pan de jamón que asar al lechón para el día de navidad.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Reaccionar a los hechos


María Cristina Fernández

Contaba Keith Haring de la primera vez que vio a Andy Warhol en un café cerca del Museo de Arte Moderno. Sin decidirse a abordarlo, caminó varias veces frente al lugar y luego se alejó sin que mediara ninguna palabra entre el ídolo y él. Haring andaba haciendo de las suyas en New York con plumones y tizas, dejando un reguero de graffitis en las estaciones del tren suburbano. Un apóstata del dios consumo, obsesivo del garabato, un perturbador visual. Podía salpicar un sacrosanto poster de Johny Walker con hombrecitos gateando o platillos voladores. Era un especialista en profanar la cultura de imágenes que nos conduce al mercado.

Afuera de un mercado neoyorquino Flavio Garciandía, artista cubano adelantado a su época, vio salir a Keith Haring cargando una bolsa de compras. Garciandía no lo pensó dos veces y tuvo a bien expresarle a Haring la buena suerte que le tocó ese día en que por azar pudo conocerle. Probablemente sabía que podía no haber una segunda vez.

En cinco años de vida, Haring acumuló cien multas por exponer sus símbolos pictóricos en espacios públicos. Alguna vez la policía lo arrestó en el subway, lo esposaron, fue encerrado en un baño público y allí temió encontrar su fin.

Tiempo después Keith pintaría la muerte de Michael Stewart, asesinado por la policía que lo acusaba de un crimen terrible: dibujar en las paredes. Stewart iba a tomar el tren a Brooklyn, pero acabó estrangulado, sus ojos eran dos bolas de sangre irreconocibles. Tenía sesenta hematomas y veinticinco años.

Michael Stewart, USA for Africa 1985
Israel Hernández era aún más joven cuando lo cazaron como a un animal peligroso mientras pintaba las paredes de un McDonald abandonado en Miami Beach. Le dispararon con una Taser que le quitó la vida. A ese acto de pintar en los muros (como hizo un Haring aún no famoso en un lugar infestado de ratas y basura en Houston Street y Bowery en 1982) le llaman “vandalismo”.

La segunda vez que Haring vio a Warhol tuvo una suerte grande. Andaba por casualidad caminando por West Broadway cuando apareció el ídolo, acosado por fanáticos y fotógrafos que disparaban flashes de sus cámaras. Tal vez por instinto de anticipación, Warhol le puso en las manos al joven de gruesas gafas una copia de la revista “Interview”. Esta vez Haring, a diferencia del cubano Flavio, tampoco tuvo palabras o gestos para entregarse a Warhol.

Yo me he sorprendido a veces tratando de definir la muerte de unos cuerpos jóvenes, inflamados por el ardor de dejar improntas, signos, lenguaje subvertido, en los páramos de las ciudades del gran mundo.

Cuando a Israel Hernández, pichón de artista de sólo dieciocho años, le quitaron la vida en una cacería sin sentido aquí en Miami, recordé a Jean-Michel Basquiat reaccionando ante la muerte del joven graffitero Stewart: “Esto pudo pasarme a mí”.

Esto puede pasarle a cualquiera mientras la brecha entre el que ejercita una libertad de expresión y el que la coacciona sea tan profunda. Si al leer esto sientes unos deseos tremendos de garabatear ciertas fachadas pulcras, o de redefinir en términos de justicia la palabra "vándalo”, no te asustes. Estamos del lado de los vulnerables , y son los gendarmes, no los artistas, los que me han dejado por mucho tiempo sin poder articular una palabra, como cuenta Haring le sucediera al encontrarse de súbito en las calles de New York con su admirado Warhol.

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Parezco yo acaso un estafador?


Ese que ven en la foto soy yo: Roberto Marrero, soy un cubano, un genuino artista. Quiero hablarles de mi estrepitosa caída.  Pero ¿cómo empezar?

Vengo de una familia de actores de televisión. Es frente a la cámara donde he disfrutado mis mayores placeres. Los 80 qué duros: Trabajé en Miami Vice. Los 90 mejores: hice de "José" en Havana Connection. Después me consagré: A mi haber queda Ahí viene Cuco en 2011. A lo que voy: He sudado muy duro en este país para lograr el éxito. Yo miraba de lejos el ejemplo de otros cubanos, pero me fijaba en los que se habían hecho ricos rápido. Alguien dijo: "El tiempo apremia, la vida es corta". Es así como comencé a meterme en el negocio... fue por el 2006. La verdad que tuve suerte. Hacía billete y fácil. Y con tanto dinero uno se obnubila. Fíjense que en 2008 ya había lanzado mi estación de televisión. Eso no lo hace cualquiera. Y le di trabajo a muchísima gente en Miami.

Mi querida estación de TV ahora a la venta.
Sí, he de confersar que estafé al sistema de salud presentando $20 millones en facturas falsas al Medicare. Estoy en la televisión en un programa de Pedro Sevcec. Me he convertido en una estadística más, entre otros muchos estafadores que han desfalcado $223 millones al gobierno.

Qué bochorno terminar como un cintillo noticioso en el Nuevo Herald (quise siempre ser noticia, pero no así, no así). ¿Dónde comenzó mi caída? ¿Qué podía haber de sospechoso en tratar de ayudar a los viejitos de Miami? Aunque parezca oportunista, me interesaba realmente el bienestar de la tercera edad. Después de todo todo lo que hice fue ayudar a esos viejitos que no podían inyectarse la insulina. Íbamos allí con nuestros enfermeros y hacíamos el trabajo. Dábamos fisioterapia, algo necesario para la salud de los viejitos. ¿Qué querían que los enfermeros no cobraran? ¿Qué importa que inventáramos cuentas o pusiéramos más de los que eran? Un poco por aquí, un poco por allá. Y qué papeleo. Pero cuando las cosas van bien alguien se atraviera en el camino.

Me lo dijo un santero desconocido en aquella fiesta de la Pequeña Habana: "Marrero, veo un nubarrón en su futuro". Yo me fui corriendo de la fiesta. Pero la maldición se pegó.  Tres meses después se me cayó el mundo. El hp de Enrique Rodríguez que me denunció por una reducción de sentencia. Traidor... disculpen, no quería volver al tema de mi causa, pero por estos días no puedo coordinar mi cabeza.

A lo que hemos llegado. Hoy la gente piensa que cualquier cubano metido en el negocio de los viejitos es un estafador.  ¿Y cómo se le llama a eso? Estereotipo. No tengo la culpa que vivamos en una sociedad en que todos tratan de robarse los unos a los otros. ¿Dónde dejan a los políticos? ¿y los banqueros? Esos son los verdaderos estafadores.


¿No entienden? Yo era un capitalista en el mejor sentido de la palabra. Sin el dinero devengado de mis compañías LLC nunca hubiese podido abrir mi canal Cubana de Televisión. La ganancia de un negocio es la fuente que ayuda al otro. Así se hicieron las fortunas millonarias de los Flaglers, los Kennedys y los Vanderbilts. Ese dinero lo usaba como fuente de recursos. Es así como le di trabajo a tantos actores del patio. Pregunten por ahí y verán cuánta gente pasó por mi canal.

Ahora salen las lenguas viperinas diciendo que yo era un egocéntrico, que mi canal era el paradigma del mal gusto que nos caracteriza. ¡Pero nos sintonizaban en la Habana!  O será que la televisión es un negocio de mal gusto. Y usted que se sienta a ver el programa para luego criticarme, es igualmente una persona de mal gusto. Causa y efecto. ¿Qué querían, que hiciera novelas brasileras de aquellas que veíamos en la televisión en blanco y negro en los años 70 y 80? La operación del canal era una locura deliciosa y yo tuve el arrojo de hacerlo. Puedo decirlo: Llegué.  
 
Después de hacer tanto bien a la comunidad, ¿ahora también me van a echar en cara mis gustos? Se llenan la boca: que tenía "una flotilla" de autos caros. Sí, tenía dos Lamborghinis, un Ferrari y un Bentley.  Hay coleccionistas yumas por ahí que tienen más que yo. ¿Y qué? Quería darme ese gusto. Era un sueño de toda la vida poder estar al timón de una máquina que representara el non plus ultra.  Vaya, me sentía como un niño con sus juguete nuevo. Señores, un poco de vanidad es humano. ¿O no?

Qué duro es caer. Qué solo te quedas.

Y pregunto: ¿Quién está libre de pecado?