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jueves, 14 de diciembre de 2023

Operáticos y sinfónicos, las vicisitudes del estreno de Wozzeck de Berg y Kleiber en La Habana


Cartel de Jan Lenica, 1970

alFredoTriFf


La capital europea se hunde en el gris siniestro, voces lejanas de batallones camisas-carmelita agitan al populacho. Wozzeck fue mi ópera favorita antes de escucharla en vivo. No debía serlo, si se compara con otras que conozco casi de memoria de haberlas tocado tantas veces en “el foso” del Teatro Nacional. Por ejemplo la tríada verdiana de los años 70 de la Ópera Nacional: “Traviata”, “Rigoletto” y “Il Trovattore”... o “Tosca” de Puccini. 

¿Bel canto? Jóvenes al fin, nos divertíamos denostando el género. Mofarse del bel canto era una moda y teníamos razones. La técnica de cantar engolado no parecía natural. Invento florentino barroco/temprano de ideólogos aristocráticos, ese afán dramático se nos antojaba cogido con alfileres. Cuánto tiempo perdido escuchando a compositores como Lully, Schütz y Purcell el mejor de los tres. Jugaban ellos con técnicas dramáticas prescritas y soluciones greco-romanas abigarradas. Todo tiene su explicación. 

A principios de los 2000 convoqué una discusión con dos connoisseurs ya desaparecidos: el doctor y sicoanalista Juan Márquez y el conocido abogado y pedagogo Rolando Amador. Ambos miembros destacados del ambiente musical habanero de los años 50 tempranos*. Aprendí que La Habana tenía dos claques: los operáticos y los sinfónicos. Los segundos desestimaban a los primeros como aficionados de segunda. ¿Por qué? En la ópera la música es esclava del drama, pero no hay ni drama ni música. Por lo fragmentado del resultado, por su hibridez, la ópera es “estructuralmente femenina” (pronunciaba el psicoanalista Márquez); “... lo sinfónico, masculino”.** 

Einen moment, bitte. Los sinfónicos, sin saberlo, tenían las de perder: Mozart, genio del género sinfónico era un fanático de la ópera italiana (¿habría ópera moderna sin “Don Giovanni”?). El dios sinfónico, Beethoven, tiene a “Fidelio”, compuesta ya en su madurez (si bien deploró la experiencia llamándola “un verdadero martirio”). Schubert, figura cimera del Sturm Und Drang tiene dos óperas (algo que conocen pocos músicos, pues casi no se tocan). Aquí entra la figura de Erich Kleiber***, director de la Orquesta de la ópera de Berlín (Staadtsoper Berlin) hasta 1935, cuando abandona Alemania. El célebre director terminó, por suerte para nosotros los cubanos, dirigiendo la Orquesta Sinfónica Nacional (1943-1947).

Carpentier, Kleiber y Lam en La Habana, años 40

Volvamos a la cena, cuando Amador menciona el nombre de un cierto Dr. Sastre, profesor de derecho de la Universidad de La Habana por los años 40, musicólogo amateur y amigo personal de Kleiber. Fast forward a principio de los 60 cuando Sastre ahora defenestrado por los camisas-verde-olivo fidelistas, conversa con Amador en la mansión tipo neomudéjar del primero, llena de perros, con enormes matas de mango y aguacate, en la calle Castro en Guanabacoa. 

Kleiber compartió con Sastre el meollo del estreno de la primera y única puesta en escena de Wozzeck de Alban Berg en aquel Berlín de la decadente República de Weimar. Las luchas de Kleiber luchando con los músicos del teatro, el insoportable empresario Nachod. Los amigos del círculo de Berg: el arquitecto Adolf Loos, Jakob Wassermann (novelista y editor de Simplicissimus) y el compositor Edmund Eisler, que le cambiaron la vida. El apoyo incondiconal de Schoenberg durante los ensayos. Los chismes del amorío de Mathilde (la mujer del padre del dodecafonismo) y el talentoso y suicida Richard Gerstel. Los buenos ratos después del ensayo compartiendo cerveza negra en un bar de mala muerte donde tocaba el prodigioso violinista gitano Abrai Nicolescu, asesinado por la Gestapo en 1939. 

¡Sólo serán tres ensayos! Nachod llorando miseria, accidentes inesperados de tramoya, los cantantes olvidando las letras, el trompicón del barítono Leo Schützendorf (interpretando el papel principal) un día antes de la función. ¿Y la noche del estreno? Un público escaso, aunque vehemente. La presencia de los Schoenberg, los Berg, los Webern (y sus respectivos alumnos), un Karl Krauss muy enfermo y el séquito de Alexader von Zemlinsky (mentor de Schoenberg), quien había viajado desde Viena para el estreno. 

Wozzeck resultó un éxito.**** 

A través de aquella vívida experiencia del estreno de Wozzeck, Sastre revivió una época perdida para siempre. El cuento de Sastre adquirió otra dimensión en una audición privada de Wozzeck (mi primer gran encuentro con Alban Berg) con la Orquesta Sinfónica de NY con Dimitri Mitropoulos, en el estudio del segundo piso de la casa de mi maestro de violín Radosvet Boyadyief en el Cerro. Un invierno de 1981 decidí pagar una entrada costosa y escuchar la ópera por primera vez en vivo con la Metropolitan Opera bajo la dirección de James Levine.

Kein haber fresse sie, Kein wasser saufe sie.


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* La discoteca de música clásica de Juan Márquez en su apartamento de L y 23 tenía más de dos mil acetatos. Tuve la oportunidad de esuchar muchos discos en esa colección durante los años 70 en la Biblioteca Nacional. El cuño rezaba: Discoteca del Dr. Juan Márquez.  
**No hay homofobia en esta declaración. Márquez era abierto de mente y lacaniano de entrenamiento. El crítico de arte miamense Carlos Luis, amigo nuestro de la época y miembro confesado de la claque sinfónica, compartía esta idea. 
*** Erich Kleiber no era judío. Abandona Alemania porque estaba desencantado con la política cultural de Entartete Musik. Kleiber se inaugura en La Habana el 25 de marzo de 1943, en el teatro Auditórium dirigiendo La Eroica de Beethoven. El 19 de noviembre de 1944, Kleiber inicia los llamados “conciertos populares de los domingos”, dirigidos a estimular el disfrute de la música entre un número creciente de espectadores. Entre 1943 y el 24 de marzo de 1947 Kleiber dirigió 80 conciertos al frente de la Orquesta Filarmónica de La Habana, y 40 fueron primeras audiciones o estrenos.
**** Wozzeck inagura el camino atonal de Berg desencadenando la revolución imprevista del dodecafonismo. Berg representa el lado lírico de esa revolución. 

sábado, 1 de febrero de 2020

Al Green - Tired of Being Alone



De alguna manera hay que ir en pos de la sanación. Y la música es una recomendable terapia. Hace casi cinco décadas ante la pérdida de un ser querido le pedí a un amigo estudiante de guitarra en el Amadeo Roldán que me aconsejara algo que escuchar para transitar del dolor a la búsqueda de la paz. De momento, esperé una receta clásica. Pero el espíritu de esa época corría en timbres mucho más mundanos y sudorosos. Brother, si quieres alivio para el alma vete al soul. ¿El soul?, pregunté desconcertado. Sí, me respondió, y completó su respuesta con una pregunta venida de su cancha: ¿Has escuchado a Al Green? No sé, no te sé decir, le contesté. Pues trata de oírlo, me aconsejó, esa voz te va abrir un espacio vasto y apacible, y entonces tú escogerás la manera de aterrizar.(JR)

domingo, 15 de diciembre de 2019

Nacho Mastretta - Baile en casa de Charly (1999)



JR 

Año 1999 es todavía aquel en que el cine español se asocia a los productores franceses antes de que se aproximen posteriormente a los productores argentinos. En ese año, Daniel Calparsoro, realizador barcelonés, filma Asfalto, la cual se estrenaría en febrero del 2000. Un thriller sin pretensiones que no se adjudicó premio alguno, pero que es digno de ver. Más que thriller, es un interesante argumento sobre una relación triangular. Aclaro esto porque la faceta emocional del ménage à trois se impone sobre la trama del suspense. Una indagación sobre este tipo de relación que en el cine español y en el de otras nacionalidades es inédita. No me explico como este filme se queda apocado ante la cosecha de premios (Asfalto solo obtuvo una nominación al Goya por la banda sonora) cuando montaje, edición, dirección dramatúrgica y actuaciones son impecables. No estoy hablando de una cinta excepcional, pero sí de un trabajo profesional excelentemente acabado. La mayor parte de la banda sonora entonces corrió por Nacho Mastretta, un conocido músico, compositor y productor discográfico barcelonés. 

El filme es una historia esencialmente urbana que se desarrolla en Madrid. La ciudad es protagonista en todo momento. Asfalto, les aviso, no es un título gratuito. Sin embargo, Calparsoro comete españicidio. La Madrid del director catalán se revela marcadamente napolitana. La influencia fellinesca es indiscutible y Mastretta músico sucumbe también al influjo. Su Baile en casa de Charly, que marca el momento iniciático de la relación triangular de los protagonistas es un evidente reciclaje del Nino Rota de Amarcord, 8 ½ y Julieta de los espíritus. Pieza que roza la tarantella y universos más íntimos de las barriadas de Nápoles, emerge en el filme de manera ingenua, descarada e insinuante. Cuatro acordes retro 70, sensuales, provocativos, chaplinescos y dramáticamente rosas. Con sus sudores melódicos, sus cadencias porteñas, su denso humo de cigarrillos y la llovizna pertinaz del jazz nos atrapa a la generación setentesca hasta ese drum fulminante. Fue nominada en su momento, junto a la banda sonora, al Goya. No lo ganó. Hoy, diecinueve años después, le otorgo el Tumiami Award. 

jueves, 3 de octubre de 2019

Rumba improvisada - Paco de Lucía



JotaeRRe

Dedicado a mi Adita en su cumpleaños

Siempre se ha hablado en términos de posteridad sobre la influencia en el universo sonoro de Cuba. El aporte africano y toda la música de España conforman ese café con leche musical que se nos hizo familiar durante décadas de práctica y difusión. El bolero de orígenes madrileños , el repentismo a partir de las tradiciones canarias... No hay nada nuevo en eso. Pero en la rumba flamenca dónde está el linde. Cómo se comporta el toma y daca. ¿Proviene absolutamente de Cuba la influencia? Porque España accede a que el empuje viene del trópico. Y a mí me da un pálpito que se olvidan de la presencia árabe. El cajón, por ejemplo, en la música española se hereda de la acústica mora. ¿La rumba flamenca es un rebote cubano? Please, musicólogos. ¿me pueden aclarar? Por cierto, atención a los estudiosos a la digitación de Paco. Es una oportunidad especial.

Ady te adoro.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Sandro Brugnolini: "Marsuino"



La música parece convencional: guitarra, órgano Hammond, bajo y batería con influencia sicodélica. El asunto está en la mezcla de efectos, y para eso están los italianos, que a mediado de los 60 tenían en sartén por el mango. Hablamos de Sandro Brugnolini, ahora olvidado, pero que desde mediado de los 60 venía desarrollando una actividad prolífica como compositor y saxofonista. De esa época sale una de las primeras bandas sonoras de jazz en el cine italiano con Gli Ancangeli (1963).

Además de su trabajo para música incidental, están discos como Underground y Overground que preceden a Feelings (1974), hito en la música de biblioteca. Overground es una pequeña obra maestra sico-délica, grabada en Roma en Dirmaphone Studios. A finales de los 60, Brugnolini se unió a Stefano Torossi y lanzaron Musica per comment sonori (1969), el primero de más de una docena de álbumes en los que han trabajado juntos, incluidos Feelings (1974), y Homo technologicus (1986).

El estilo de la pieza que escuchan ("Marsuino") marcó un estilo que los italianos llamaron: "sichefreèlico".

domingo, 3 de marzo de 2019

Gino Paoli - Senza Fine



Hablando de cine, anoche (unas horas antes) mi mujer y yo hemos visto Mi Vida sin Mí, una de las obras tempranas (2003) de la realizadora Isabel Coixet, la cual se convirtió en su primer éxito en el séptimo arte. Coixet es la autora de la antológica Verano 1993, la cual citamos en la relación de películas relevantes de 2018. En esta otra cinta una joven chica casada, madre de dos hijas, es diagnosticada de una enfermedad mortal que le deja muy poco tiempo para vivir. A partir de ese momento se genera un redescubrimiento del sentido de su vida y comienza a preparar estoicamente su partida sin darle a conocer a la familia la fase terminal de su existencia. El guion de Coixet es una adaptación libre del relato corto Pretending the bed is a raft (Simulando que la cama es una balsa) (1997), último texto en un compendio con idéntico título​ de la escritora floridana Nanci Kincaid. El script de Coixet se convierte en una pieza literaria envidiable para cualquier escritor. Y la concepción del filme muestra por primera vez que los ovarios de esta mujer-cine están hechos de célula viva, talento y exquisita sensibilidad. Su delicadeza como autora echa mano a una banda sonora urdida por el barcelonés Alfonso Villalonga, uno de los más reconocidos compositores musicales del cine europeo. Entre las citas ambientales que no son de Villalonga, la Coixet escoge esta hermosa balada de Gino Paoli, un icono de la canzone italiana. El filme debe estar disponible en Netflix y si se aventuran a verla disfrutarán de un filme memorable, pletórico de ternura e impecable belleza. (JR)

sábado, 10 de noviembre de 2018

The man I love - Herbie Hancock- Joni Mitchell (1998)


Vengo conduciendo por la 37 Avenue acercándome a mi redil en la 20 del NW. Ya saben, justo en la frontera con el conflicto. En el Real Jazz de Sirius rompe Herbie Hancock con la voz de Joni. La luz roja me obliga a parar en la 17 Street. El reloj digital del auto marca la 1:24 a.m. A mi izquierda se detiene un RAV4 color blanco. Echo un vistazo y veo el rostro de piel oscura amenazante y la pistola apuntándome. El alcohol que me acompaña es mi mejor consejero. Elevo a todo volumen a Herbie y Joni y bajo la ventanilla del conductor. La ventanilla del pasajero del RAV4 también baja. La silueta del arma se hace más nítida. La mirada del potencial tirador es desafiante. Me viene momentáneamente a la mente la apología de Sócrates sobre la muerte. La melodía transcurre de carro a carro. Están al cambiar la luz. O, tal vez,  al cambiar mi destino. La trama melódica va adentrándose en intensidad. Herbie es un maestro y Joni, nuestra trovadora hippie setentosa, es el agarre a la fiesta existencial. ¡Qué mezcla! De repente, vislumbro que la pistola baja. Hay una piadosa concesión. El hombre de piel oscura se extiende hacia la guantera de su auto. No más armas. Comprendo, la intuición etílica no me traicionó. Se yergue, me mira, adivino en la semioscuridad una mueca amistosa y como que me hace un saludo militar con dos dedos en V. El jazz es un armisticio entre la jungla urbana y la sensible permanencia del prójimo, Cambia el semáforo de roja a verde y los dos carros corren ahora sincrónicos, ventanillas abiertas con el teclado de Herbie y la garganta de Mitchell a toda voz hasta la 19 Street en que hago derecha apaciblemente. La pieza se va acercando al final. El reloj digital marca la 1:29 a.m. Miro el retrovisor. Todo despejado. Nadie me sigue. Medito en los cinco minutos de inmediatez que pueden separar a esa frontera frágil entre vida y muerte, mientras prosigo aliviado hasta mi cueva. Llego y desenfundo el resto de un Merlot y prendo un lancero. Entre copa y humo no tengo palabras de agradecimiento para Herbie y Joni. Me gustaría descargar sobre ese dueto de otra manera, pero no sé cómo. Algo si queda claro del trance, el hombre que amo, el que satisface mis antojos, soy yo. (Jota Erre)

sábado, 14 de julio de 2018

Dik Dik - L'Isola di Wight 1970

JR

Omar yace boca arriba sobre la hamaca. Exhausto. Llueve pero el calor de julio no amaina. Duelen las manos encallecidas. El canto de los grillos no logran adormecerlo como otras noches. Se mueve para acomodarse en el fondo del bolsón de yute. Siente el escozor del tajo de la hoja de caña que le tomó desprevenido el pómulo derecho. Se mueve inquieto. Padece. Esto tiene que ser karma, se dice. Escucha el corretear de las ratas por el horcón del albergue. Por un momento desfilan las imágenes de su circunstancia en la pantalla imaginaria frente a sí. Parque Fe del Valle. La protesta. El choque con los uniformados. La recogida. Jaula y jaleo entre guardias y los adolescentes de pelo largo. Libra de milagro. Sin cárcel pero de cabeza para la Columna Juvenil del Centenario. Sol, caña, tierra colorá y machete. Se le entumecen los dedos dentro de las botas rusas. No ha tenido fuerzas para quitárselas. Desmadejado, se abandona a su suerte. Diez millones… ¡no jodas, Fidel! Has reventado a un pueblo. Esto tiene que  ser karma, se repite. Lo que comenzó con libertad tiene que terminar con ella.



La cabeza de Omar descansa sobre la diminuta mochila. Corre la brisa sobre la playa. La arena se le antoja un colchón ideal. Hace meses, desde la fuga, que dejó de saber de su familia. De sus queridos viejos. De su viejita adorada. Por un momento vislumbra el rostro tierno de su hermanita Nena, perfilado contra el cielo estrellado de Varadero. Se extasía con la visión, interrumpida por el jolgorio de los festivaleros acampados. Escucha a los músicos como afinan instrumentos. Rompe a tocar un grupo que canta en italiano. El escenario está apenas a setecientos metros. Suenan cojonudos. Tienen vibra los muy condenados. Tentadores. Bien sabe Dios cuántas veces ha soñado con momentos como ese. Pero no puede distraerse. La señal desde el punto de partida puede iluminarse en cualquier momento. No puede quedar mal con sus amigos de Matanzas. Los que le escondieron con celo. Los que le buscaron esta oportunidad de librarse de los cuchillos del tiempo oscuro. Del acoso de sus carteles, sus altavoces, sus tribunas, sus chivatos, sus policías grises, sus barrotes. Y, sobre todo, no puede incumplir con el karma. Lo que comenzó con libertad tiene que terminar.



Los Dik Dik debutaron en Cuba en el Festival de Varadero, la noche del jueves 19 de noviembre de 1970. Creada en 1960, esta banda italiana fue asumida por sus coterráneos con el mismo fervor que los británicos idolatraban a los chicos de Liverpool, aunque jamás alcanzarían ni remotamente el relieve de The Beatles. De sus piezas, algunas se engancharon al repertorio internacional como Il primo giorno di primavera e altri successi con la colaboración de Lucio Battisti, Zucchero con Rita Pavone y la que muestra Tumiami, Isola de Wight, dedicada a la versión europea del mítico Woodstock y que, de cierta manera, sirve de tributo a aquella efímera ventana abierta que representó la versión del festival rockero en los trópicos matanceros en 1970. Esa noche, mientras Dik Dik descargaba en Varadero y los agentes del G-2 vigilaban paranoicos a 150,000 asistentes desatados, Omar corría sigiloso hacia la lancha. Al ritmo del rock mediterráneo. Corría desesperadamente al encuentro de todas las orillas al margen de la fatalidad. Siete horas y media después estaba arribando serenamente al destino de su karma.
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Nota de JR: El protagonista de esta historia vio el post les choses de la vie (1970) e inspirado por los recuerdos me solicitó le reseñara este episodio crucial para su vida.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

White Noise: An Electric Storm (Álbum completo) 1969



Viaje al espacio sin salir de la comodidad de su casa, gracias al talentos de este trío de la British Sound Library. White Noise nunca obtuvo la apreciación que merecía. Impreso por la Biblioteca Estándar de Sonido, el LP nunca alcanzó el nivel de circulación de otras producciones electrónicas más conocidas de la época. Solo el trabajo de Delia Derbyshire es suficiente para inscribir a White Noise en el archivo de los grandes de la década de los 60 (si prefieren ir directo a las voces, comienzen a escuchar en 7:30, cuando la introducción sónica concluye).

jueves, 24 de agosto de 2017

Iván Acosta, o cómo la vida sirve de fondo a la música


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Qué gusto me ha dado el libro de Iván Acosta Con una canción cubana en el corazón.

Texto repleto de sorpresas donde Acosta invierte el consabido papel de la música ante el guión (y estamos de acuerdo). Aquí la música no es incidental sino esencial. Ya no sirve de fondo, porque ahora es la vida -la de Acosta o la de cualquier amante de la música- la que sirve de fondo a la música.

La música es la vida misma, nos dice Iván Acosta.

El libro, presentado recientemente con decarga musical en vivo en WDNA, contiene las páginas de la vida de Acosta y cada página tiene su canción, cada canción su portada. Y estas portadas a todo color de los discos de música popular cubana (desde los 50 a los 70), proporcionan una riqueza única de imágenes al guión de la vida de Acosta.

Resumo algunas páginas de la vida de Acosta:

... de lo histórico prerevolucionario: "En la víspera de Santa Ana, 1953... los adultos allí reunidos para festejar a mi mamá planeaban amenecer la mañana del 26 bailando al compás del Trío Matamoros, de Félix Chapotín y sus estrellas".

... de lo campechano: cuando la "tía Emma" admiradora del punto guajiro de Celina y Rautilio excava la tierra buscando un supuesto tesoro enterrado al pie de una mata de mamoncillos.

... de lo cubanomitológico: en "Santiago tenía sus pequeños monstruos", vemos Ivancito con su primo, a caballo en dirección al batey para oír a los Guaracheros de Oriente, "en busca del guije", que resulta ser un montón de truchas de río podridas. ¿Cuándo llegará la Nochebuena? En familia, con lechón relleno al pincho, en plena campiña, al son del Septeto de Ignacio Piñeiro y Abelardo Barroso.

... de la materia guaperil: está el "guapo del barrio", abusador doméstico que después de una paliza propinada por Acosta y sus amigos termina más delgado y más considerado con su esposa, amén de apreciativo de los boleros de Fernando Albuerne y César Protillo de la Luz. También guaperil la supuesta "posesión" de la abuelita de Acosta, queda conectada al estribillo de Jorrín "espíritu burlón".

... de lo vernáculo: fragmento de la historia oriental y la velada de un muerto con música de fondo de María Teresa Vera en álbum de 78 rpm. El recuerdo de escuchar en victrola en Palma Soriano "tres selecciones musicales" inolvidables: "La barca" de Lucho Gatica, "De Cuba traigo el cantar" de Rene Cabel y un mambo de Pérez Prado.

... de la impunidad Castrista: un 20 de abril, cumpliendo 17 años, el joven Acosta se halla con otros 6,000 detenidos en el Morro. Ivancito encuentra un pedazo de carbón y escribe en la rugosa pared de piedra de la ergástula: "La imposibilidad en que me encuentro de probar que Dios existe me prueba de su existencia". Acosta recuerda haber escuchado en el carro de alquiler que lo llevaba a su casa a Nelson Piñedo con la Sonora Matancera, cantando "Me voy pa'la Habana y no vuelvo más".

... de la triste despedida: Ahora el joven camina como un sonámbulo por las calles habaneras de los 60 tempranos, desde Zanja a Galiano a Malecón a la Rampa, y en CMQ escucha desde una victrola las canciones feeling de José Antonio Méndes.

Acosta tiene mucho más que contar de su música con vida de fondo. Momentos de nostalgia, momentos duros del exilio y también momentos llenos de esperanza.  

Un premio del libro son los dos CDs (o LPs dependiendo la edición del libro que uno escoge), donde el melómano connoisseur nos regala una selección de su colección de discos. Hay para todos los gustos: desde punto guajiro, son montuno, feeling, bolero, charanga, guaracha, conga carabalí, afrocuban jazz, hasta el frisson (agradezco a Acosta por presentarme a Eduardo Davidson que no conocía).

Con una canción cubana en el corazón, prueba que Iván Acosta tiene un corazón sonoro.

martes, 1 de agosto de 2017

Dick Hyman: The Moog and Me



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 A fines de la década de los 60 del siglo XX el pianista Dyck Hyman, ya famoso por su trio de jazz -y por su "Moritat" de fines de los 60- decidió experimentar con la electrónica. En este album casi se estrena el MOOG con sentido comercial. La tecnología mejorada pertenece a los 70, pero el estilo y la sonoridad son típicos de ese género pop (de películas como Kiss Kiss Bang Bang y grupos sicodélicos de los 60 como Byrds y Monkees y algún que otra canción de Simon & Gargunkel). La gran salida del Moog es con Abbey Road de Beatles. De cualquier manera este álbum de Hyman es acaso una presentación del Moog a la música pop. Hyman elabora una orquestación interesante de metales y cuerdas a-la-Percy Faith con la nueva sonoridad (el track "The Monitour" del álbum influenció a Emerson el pianista de Emerson Lake and Palmer). El tema está a cargo del silbido humano, que se había puesto de moda también la música incidental de compositores italianos como Ortolani, Morricone y Trovajoli (Sin móvil aparente de Phillip Labro con música de Morricone, 1972, es uno de mis favoritos de aquella época, aunque por momentos parece que incluso el silbido es sintetizado, una coña del compositor italiano). Hyman negociaba con elementos del avant-garde (cuentan que el compositor Edgar Varese se interesó en la sonoridad del Moog en parte por el éxito de Hyman). Hyman busca entrener, pero también hacer pensar. Un álbum idóneo de esa etapa llamada "Age of Electronics".

miércoles, 5 de julio de 2017

Hocus Pocus (1971) - Focus



Ayer 4 de julio reflexionaba como a través de mi experiencia vital he ido entendiendo en toda su dimensión el vínculo indisoluble entre la cultura cubana y la norteamericana. Si en la década de los cincuenta del siglo pasado, la publicidad, las costumbres y las aficiones entre los cubanos ya estaba hollada por la influencia anglo, con el triunfo del castrismo y la sovietización ese apego no desapareció y, aún más, se convirtió en nicho de resistencia. De modo que las expresiones de norteamericanización del modus vivendi cubano que escritores oficialistas como Lisandro Otero o José Soler Puig referían en algunas de sus novelas no se diluyeron sino que se reforzaron en el gusto de la juventud cubana reprimida por el régimen de Castro. La pieza que hoy traigo a Tumiami refresca una etapa de mi vida donde el American way of life nos calaba a los entonces teenagers. Allí, en 1972, en el Parque de los Enamorados, cerca de Malecón y junto a la celda que le tocó ocupar a Martí en las canteras de San Lázaro, un grupo de chicos nos reuníamos al filo de la medianoche a disfrutar de Beaker Street, el programa trasnochado del cual ya he escrito en este blog, para disfrutar de los herzios rockeros provenientes desde las entrañas del monstruo.

El grupo se iba nutriendo paulatinamente hasta convertirse en motivo de preocupación de la monada. Omarito Sesohueco (encarcelado por romper teléfonos públicos, uno de los primeros en emigrar como expreso político), Yiyo (profesor de inglés que ha envejecido en su apartamento de la calle Cárcel), Landy (un excelente guitarrista graduado del Amadeo Roldán que se debatía entre el carnet de la Juventud y la vocación de contestatario), Jorge Tareco (de rebelde a ingeniero industrial, pasando por chivato del Partido antes de sucumbir a la crisis alcohólica de conciencia), el negro Franklin recién liberado (desertor de la guapería, quien se convertiría en uno de los hippies protagonistas que se sentaron en la calle y provocaron el trancón de tráfico en Galiano, frente al parque Fe del del Valle durante la recogida del 68, lo cual le costó tres años en una granja), Fifo (examigo, infiel con los que lo apreciaban pero gusano hasta el presente), Nany (que se graduaría como ingeniero agrónomo para emigrar también tempranamente), Valentina (la chica con quien perdí la virginidad en un ascensor), Mayra Bolloloco (legítima defensora del libre sexo y heroína de las fiestas rockeras a la que aún muchos guerrilleros de la época recuerdan), Pepito (el mejor fabricante de guitarras eléctricas, amplificadores y baffles que he conocido en mi vida), su hermana Rebequita (la grumete del piquete, una amistad que continúa acá en Miami)...

Focus era una banda holandesa de rock progresivo creada en Amsterdam en 1969. Su miembro estrella era el guitarrista Jan Akerman. El tema Hocus Pocus (1971), original de Ankerman, hizo furia en USA y, por repique, en La Habana. Solía ser la segunda o tercera pieza en Beaker Street y junto al Frankestein de Edgar Winter (aunque no llegaba al nivel de elaboración de esta última) era de las que más disfrutaba personalmente. El tema grabado en estudio cuenta con un rondó de seductor tempo que iba siendo coloreado alternativamente por los instrumentistas y vocalistas para hacer bailar a los fans y que después en aras de la comercialización sería lamentablemente degradado por la banda en una faster version durante sus actuaciones en vivo en Estados Unidos. (JR)