miércoles, 17 de julio de 2019

LUX IN TENERBRIS


De la luz emana lo más oscuro. – Emilio Praga


aLfreDo tRifF

Lo espiritual comienza y termina en lo inexplicable. Es opaco sentir del sentir (que propongo a mi lector) es también pensar. En esa opacidad vemos mejor. Sin contradicción, la bruma obliga a querer ver. No obstáculo es lo que aparenta, sino rescate. La bruma de lo espiritual es razón suficiente para querer vérsele.

Si lo espiritual fuese claro, no lo fuera (decirlo parece oscuro).

Se ha representado lo espiritual como luz y vale en su exceso, siempre que represente de esa cosa su defecto –pero no. Prescindamos luego de tal intensidad, atenuemos la susodicha refulgencia con un  ennochecer para hacerlo familiar. Ver es un sentir, y no digo ver como quien ve “esto” o “aquello”. Ver como ausencia. Ahí es que se siente.

Lo espiritual debe tocarse con cuidado. Es portentoso y nos juega malas pasadas. Se contradice. Nos contradice. Lo espiritual existe como un vacío: bosque sin árboles, cuerpo sin hígado. La eterna curiosidad por lo espiritual acontece porque somos parte de ello, aunque por supuesto, no lo somos. Concebirlo indica hasta que punto somos capaces de volver a nosotros como un NO. Toda definición es metaforicida (me refiero por igual a estas líneas apresuradas que escribo).

Con lo espiritual existe una imposibilidad aún antes de comenzar... travesía sin navíos. Sin embargo, en esa imposibilidad radica el mérito de buscar explicar lo inexplicable. Presentarse a uno mismo el hecho de la imposibilidad ya es algo. Decirnos “es imposible” es bastante.

Lo espiritual puede –sin definición– hacerse muy íntimo.

Hace falta ver la ausencia de esa luz; ver lo oscuro de esa luz. Lo imposible y lo posible como algo futuro e inexistence; la locura de ir detrás de una quimera. Perseguir efímero que termina demasiado pronto.

La oscuridad de la luz es todo eso que la luz necesita para ser ella, luz que se niega a ser sólo eso. Lo luminoso es una lucha contra sí.  Y ni se gana ni se pierde.

miércoles, 10 de julio de 2019

TODOPODEROSO significa NO PODER

aLfreDo tRifF

Se dice que después de un período largo de enorme sacrificio, el Yogi está listo para recibir la mayor recompensa espiritual (tal es el que conoce la exaltación de una experiencia prodigiosa; ve y entiende lo que otros no pueden; entiende lo que otros no pueden). Se hace poseedor de una serenidad que le permite disfrutar una paz total en la el mundo y el cosmos se hacen suyos. También ese es el momento en que todo puede perderse. ¿Por qué? Porque un poder en tanto que poder no hace más que apegarse a su naturaleza que es la marcha irremediable del deseo. Quien juega con el todopoder no lo merece. La verdadera realización consiste en abdicarlo todo. Dicho de otro modo: quien puede es porque no puede.

No creo que en principio debamos rechazar esa propuesta. Suspendamos por ahora suspender la validez de esta enseñanza para estudiar su propia lógica. Esta es, a mi juicio, la verdadera enseñanza de Pantañjali en sus Sutras. Un milagro es algo imposible. Ocurre solo por no poder ocurrir. 

Diferenciemos lo posible de lo imposible. No todo lo posible se conoce. Hay muchas cosas en el universo que ocurren sin que tengamos la más mínima idea. Ciertamente es un asunto que pertenece al conocimiento, pero más aún, a la complejidad del conocimiento. Siempre habrá demasiado POR CONOCER.

Hablemos de posibilidades: por definición lo posible puede o no ocurrir. Ésta dicotomía no es aún territorio de lo imposible (que es lo que NO PUEDE ocurrir). Habrá quien diga que mientras algo ocurra, ya es posible y eso hace de lo posible una potencia francamente ilimitada. Muchas cosas que parecían imposibles en el pasado son posibles en el presente. Todo lo que "parezca" posible, de serlo, es ya posible.

Pues bien, esa razón parece borrar cualquier límite contra lo imposible. De ahí el truismo: "todo es posible". Lo que ocurre es que se hace difícil suponer tal cosa; que TODO SEA POSIBLE. Desde lo opuesto: ¿qué es lo imposible? Lo contradictorio, por ejemplo un cuadrado de tres lados. O la flagrante violación de las leyes físicas del universo: Hacerme yo mismo flotar en el aire, por ejemplo.

El escéptico protesta: nuestro conocimiento de las leyes físicas es aún incipiente. ¿Qué hay de los conociemientos futuros donde las "leyes" de hoy se amplíen con nuevos aportes de la ciencia? Mi respuesta es que si bien algunas de nuestras propuestas sobre el universo han cambiado eso no justifica que no existan límites a CUALQUIER propuesta. Que un ser humano camine a través de una pared viola leyes universales fundamentales.

¿Y si FUESE POSIBLE levitar? Hago la pregunta para alternar dos posibilidades: que el fenómeno ocurra y se repita y se tuviese la oportunidad de estudiar levitación y hacer prácticas levitatorias y asistir a congresos de levitantes. Otra, y menos predecible, es que se trate de un milagro, en cuyo caso ya no podrá ocurrir jamás de nuevo. Creo que fue Juan Escoto quien dijo que el milagro es lo intrínsicamente particular. Es decir, el milagro acaece sólo a ese que lo necesita. Optemos por dicha noción del milagro como una imposibilidad con propósito particular. ¿Cuál?

Primero, el milagro llega no como premio a la fe, sino para la duda. Después del milagro la fe se desinfla. El milagro es una certeza otra, como el niño que cuando ven un acto de magia lo toman como cierto. Quien necesita de pruebas epistémicas no tiene fe. El milagro es otra cosa porque abre la posibilidad de lo imposible. No puede haber certidumbre más solitaria que la de ése que ha recibido tal don, raro en lo sumo. Lo imposible es soberano. No existe economía sino gasto fortuito, razón portentosa e inexplicable.


¿Cómo puede algo imposible ser posible? San Pablo, experto fideísta respondería: como TODOPOTENCIA, o lo que es igual, la certeza de una posibilidad sin que ésta se efectúe en lo absoluto. "Mover montañas" significaría entonces no moverlas, sino SABERSE con el poder de hacerlo (decir "saberse" es decir certidumbre total sin ápice de autoengaño). Aceptemos el milagro, en tanto que imposibilidad, como TODOPODER.

Segndo, el milagro es un hecho portentoso para quien lo recibe, no para quien lo ejecuta. Para éste último simplemente se ha ejercido una potencia que no puede. Me explico: la razón que no aplasté una hormiga intrusa en el teclado de mi ordenador hace un momento es que puedo hacerlo. Ud. me dirá, pero aplastar una hormiga no es un milagro". Bueno, respecto a mi poder respecto al de la hormiga sí. Con respecto a la hormiga por un momento exhibí un poder que no pudo. Mi poder de aplastarla se desdijo al rebasar el límite de sí mismo. Si yo fuese el dios de la hormiga, DIOS equivale a LA AUSENCIA DE ESE PODER respecto a mí.

No estoy diciendo que poder es NO PODER. Vale traer el ejemplo de Jesús con Pedro de nuevo. Nadie puede mover montañas, tal poder no existe. Moverlas es un milagro y por tanto NO DEBERÁN MOVERSE. Basta SABER QUE SE PUEDE (posibilidad de la imposibilidad ahora satisfecha). El que tiene poder de milagros no puede dudar de su poder y es por ello que no podría (el verbo queda en el condicional). Milagro es CERTEZA CIEGA.  

Digamos que el poder milagroso vive en un poder que no cuenta. Se trata de algo tan trivialmente posible que no requiere poder alguno. Para poderlo todo no se puede poder. Todopoder es NO PODER poder.

Quisiera terminar con una idea muy traída como argumento contra la omnipotencia: Dios no es capaz de crear una roca que no sea capaz de mover. ¡Qué estupidez! La verdad es todo lo opuesto. Dios PUEDE y DEBE crear esa roca, pues ser todopoderoso significa no moverla.

jueves, 20 de junio de 2019

Al filo de la tecata


“¡Párate y vírate!” Le ordena telepáticamente. Le ata las manos por detrás con una cuerda de seda. “Esta noche lo hacemos completo.” “¡No, No! Grita el muchacho” “Sí, sí”. La pinga eyacula en un silente “sí” y Mugwump abre la cortina roja de seda, mostrando un patíbulo de cedro perfumado, adornado con azulejos aztecas, contra una mampara de pana carmesí. El muchacho cae lleno de pavor, sobre sus rodillas con un largo “Oooooohhh”, cagando y orinándolo todo. Siente la mierda tibia en sus muslos; un espumarajo de sangre le llena la garganta y los labios. Su cuerpo se contrae en posición fetal, el semen refulgente le baña la cara. Mugwump moja una toallita azul en una vasija de alabastro con agua de rosas y con aire absorto le lava la pinga y el culo al muchacho. Mientras, un viento denso y tibio se desliza sobre el pecho y el cuerpo del muchacho; sus vellos flotan en el aire. Entonces, con un último tirón, Mugwump carga al muchacho por debajo y lo para sobre sí mismo, mirándolo a los ojos. El muchacho contempla a Mugwump con ojos en blanco como la obsidiana (mientras borbotones de sangre negra salen por los huecos de las paredes del excusado, anunciando la erección postrera). -- William Burroughs, Naked Lunch.

martes, 18 de junio de 2019

Mala requetemala: El libro rojo de Sakuntala la Mala

Eslinda Cifuentes

Sakuntala, en El libro rojo de Sakuntala la Mala, es una apropiación de Daniel Fernández, de un personaje que Reinaldo Arenas maliciosamente le adjudicara. De manera que con todo derecho y alevosía, Daniel explosiona su alter ego para no dejar mono con cabeza.

Daniel/Sakuntala se las sabe casi todas; es una voz didáctica que arremete contra la literatura y sus convenciones y contra las virtudes aristotélicas. El libro rojo es un buche agri dulce, risueño y desparpajado, que nos cura del exceso de esperanza (en la humanidad perdida), aforismos maliciosos y otras benevolencias se chorrean por las comisuras de la boca mientras se lee; franquezas que salen por la cuenca del OjO de Bataille. Y es que Daniel se vale del lenguaje como parodia del significado. Un librito harto recomendable a aquellos que se erigen en nuevas inquisiciones.

Luego no se diga que en Miami no se escriben anti poemas, libros desvergonzados y políticamente incorrectos (cuán necesarios a nuestra herida de muerte es dejarnos de mentiras piadosas). ¡Qué compasivo es un librito que se ahorra los eufemismos! Mini textos corroídos y mal intencionados, mariconerías pesimistas, sin fe en el mejoramiento humano, como debe ser.

El libro es un gesto estético desinhibido, libre, arrojado y hasta por momentos, ligeramente hermoso. Un librito que da más de lo que promete. Manual para una seudo ciencia del carácter humano, a lo Daniel/Sakuntala; si no, diga usted:

“El jardinero siente a las lagartijas cuando lo están mirando”

“No hay gay ni straight, esos son inventos de las religiones y los códigos morales. Todos somos bisexuales, más o menos”.

“En los condones también está Dios”.

“Dios no perdona a los débiles”.

“No se quejen, que ya vendrán tiempos peores”.

“No importa; mañana será otra noche”.

“Los padres y la patria son males necesarios”.

“Llevan los logros de la izquierda hasta el absurdo para que abracemos la derecha. ¡ES UN PLAN!”

“Dicen que soy cínica. Nada de eso; soy felina”.

Prrrrrrrrrr.

lunes, 17 de junio de 2019

"volver" a 2012 para un episodio de arte y ostalgia


aLfrEdo tRifF

desempolvando textos me encuentro con una discusión que va atrás a 2012, con el crítico y curador gerardo muñoz. se inauguraba en miami un show titulado Designing Post-Communism: recent political imaginaries in Cuban contemporary art. no olvidemos: castro moriría cuatro años más tarde.

disfruté el show, su energía palpable y así lo plasmé. claro está, como hijo bastardo del Sozialforschung añadí una ampliación especulativa.

aquí mi reseña inicial del show,

la ampliación añadida,

para mi sopresa, recibí una respuesta de gerardo que me subió la parada. no esperaba tal cosa (no se estila entre nos, adictos a leer y seguir). gerardo no: y lo aprecié y disfruté.

aquí mi respuesta a gerardo: ampliación que a continuación reproduzco:
____________________

a partir del post de ayer en tumiamiblog, he recibido llamadas y mensajes de amigos, lo que me obliga a una discusión más detallada. comentar el postcomunismo cubano es –como debe saberse– empresa nada fácil. "ostalgia" habla de un hecho en el ex-bloque soviético, un "desear" volver a... desde la nos[talgia] (que es deseo al fin) al comunismo o sus aspectos (ojo: "volver con la frente marchita" es complicado).

lo nuestro es otra cosa. cuba es todavía un país comunista en el presente.

enunciamos: todo post- trae consigo rechazo y añoranza. pero ¿cómo añorar el presente?

¿será que rechazamos el presente y añoramos un futuro no acontecido? dato curioso: rechazar el presente es repetirlo con dolor. aparece entonces "nostalgia" pero la palabra carga demasiado white noise.

"ostalgia" se queda corto (gracias, gerardo).

"volver" es una condición automática del ser: uno siempre cree volver a un "tiempo/borra/las/heridas" del ser. se equivocan: no hay vuelta en limpio posible. "volver" es haber ya vuelto. vale la pena revisar un pasaje oscuro de j. derrida en limited inc.:
(...) la iteración apunta a algo (iterable) que a su vez lo determina: tratará en vano de actualizarse, de llenarse, pero en virtud de su estructura no podrá realizarlo.
es decir, "volver" es hacerlo –ahora cito al ostálgico de los años 30, carlos gardel–  "con la frente marchita". apliquemos este "volver" derrideano a nuestra condición en busca de gestos análogos:


¿qué es postcomunismo? etimológicamente hablando, algo "después de..." el comunismo aunque cualquier "después" puede durar sin límite. la cota de todo post- es una condición abierta [, [ que apunta un presente continuo redundante. ¿acaso no somos post-ilustrados, post-jacobinos, post-románticos, post-colonialistas, post-capitalistas, post-marxistas y post-postmodernos?

para ser post-algo no hay más que ser y estar, que es –técnicamente hablando– un petitio

alguien con sonrisa cínica riposta: que si el post-  que discutimos es temporal o conceptual. si aceptamos que post- sea conceptual, entonces no podemos inyectarle temporalidad cronológica: o teta o sopa. el tiempo puede ser una idea del tiempo, pero en las ideas no transcurre el tiempo, que como diría agustín de hipona: "... está encadenado al misterio del ser creado" (ciudad de dios, XII, p. 15).

el tiempo es un hecho hecho carne.

el postcomunismo cubano (si existiera) debe cumplir su condición de apuntar a un referente real. ¿cuál? en cuba impera un partido comunista dirigido por la primera generación de la revolución. ¿y los cambios? "todo cambia" dice heráclito.
gerardo le apuesta a heráclito –yo a zenón.  

(escucho una conversación hipotética)
postcomunista: ahí está la caída del bloque soviético.
castrista miembro del pcc: el bloque se habrá caído, pero aquí nada se ha caído. la revolución meramente se adapta a nuevas coyunturas.
postcomunista: pero hay síntomas internacionales que apuntan...
castrista miembro del pcc: aprende a leer coyunturas.
el postcomunismo cubano no puede ser una condición temporal, desde el momento que en cuba impera un partido comunista dirigido por la primera generación de la revolución. desde el punto de vista que he llamado platónico, en Cuba no hay postcomunismo. Para el susodicho, el comunismo pervive.


a no ser que seamos nosotros los que hemos cambiado. entonces declárese:  

cargamos nuestra *algia* de una manera muy ¨nost¨.  

*algia* es dolor, y todo dolor de acuerdo a gardel denota un "volver", iterable, masoquista y por tanto placentero. mucho mejor que la crítica lo explica el bolero: cubano, jeremíaco álgido y noctámbulo.
y ¿¨nost¨? lo que martí llamara "lo nuestro", imprescindible y necesaria redundancia (ejemplos: el barroco lezamiano, la poesía yoística cubana, los discursos de castro, miami en la habana: dos épocas, dos fin de siglo, dos encantos etc).

nuestro postcomunismo es un deseo trunco de volver de una condición fantasmática entre temps. ¨nost¨ existe en un limbo, ni ideal ni real. la república es un fantasma en pretérito, reevaluada por vueltas y revueltas. el presente castrista no termina.
añoramos volver "en limpio" a ese lugar enturbiado por nuestra ¨nost¨. ¡dame de tu *algia* corazón!

imposible. la dialéctica de todo fantasma consiste en jugar a morirse y la nuestra a pretender ignorarlo –predisposición muy¨nost¨ que en este espacio llamamos dialelo.


nuestro postcomunismo es fantasmático y la ¨nost¨ persigue re-matar el sítoma fantasmático: post-rricidio. mas no morirá –lo sabemos– pues su existencia está en función de inversa proporción a nuestro deseo que desaparezca.

ser cubano no es meter forro. es, desde el forro, volver al forro. ¿dónde queda el postcomunismo? en su limbo ¨nost¨*álgico*.
 
lo cual no quiere decir que no hay salida del laberinto, pero eso merece otro texto.

miércoles, 5 de junio de 2019

pensar no es fácil


alfRedO tRifF

el pensamiento se enfrenta hoy a una disyuntiva. o bien servir de actividad automática dentro de la  informática social o buscar una salida al problema mismo de la información como tal. 

vivir en sociedad, procesar información, son problemas. parecen insolubles. decir esto último demanda una exploración posterior del pensamiento. vivir en la sociedad informática llamaremos "coexistir". pero coexistir en automático termina por "alienar" al individuo.

"problema" refiere un obstáculo cuando designa, aquello que no ocurre como debiera. es situación adversa o refiere un vacío de información cuando designa, el desconocimiento o falta de datos con respecto de un asunto. todo obstáculo es ya un problema práctico, porque para su solución se requiere transformar la realidad o crear una situación nueva.

aquí el pensamiento necesita separarse de su proceso automático y presentar la información (no ya la realidad que emana de esta) como problema.

ya existió esa corriente crítica durante la iluminación, y posteriormente en las llamadas "sospechas" del siglo XX.  se daba por sentado que el pensamiento necesitaba coherencia, claridad, amplitud, etc, lo cual es innegable, pero de por sí ese método no alcanzaba –y aquí la aparente sorpresa de mi punto– resolver su propio entramado.

no se trata de un fracaso del pensamiento, que a fin de cuentas el pensamiento es parte de la "información" de la realidad.

¿cómo puede fracasar la información de la realidad si esta se conlleva la urdimbre del tiempo y el espacio? von neumann lo presenta en aquella famosa conferencia en LNLL donde lanza su hipótesis del estado mixto.

el peligro está en que tratando de resolver los problemas de la realidad volvamos al punto inicial, al pensamiento coexistivo automático de la información. esta vuelta capciosa (el feedback cibernético) implica retornar a un segundo estado más idioso que el primero: creeríamos resolver –algo que presupone– que la realidad pueda tener solución.
  
el pensamiento entonces se separa y presenta la realidad (o la información) como problema objetivo irresoluble. a partir de ahí, decir "resolver" la realidad consiste en paliar alternativas y promover cambios que a la postre se incrustan inexorablemente en la realidad que le sigue (y hablo ahora de la "realidad" como conjunto de todas las cosas dadas en el tiempo) y nada quita que la próxima a la postre sea realidad tan alienante como la anterior.

para el pensamiento existirá siempre una realidad hipotética otra que se anexe a la realidad objetiva como mejora. no obstante, el pensamiento comprende la realidad como completa e irresoluble. completa, pues se trata de lo que es; irresoluble, pues el pensamiento siempre se queda detrás de la realidad que le toca.

sin desentendernos el peso abrumador y automático de la información misma, hurgamos más allá de su aparente paradoja. pero el pensamiento busca en realidad cuando no asume, sino simplemente cuelga del horizonte posible (algunos dicen que en este caso, el pensamiento no hace más que postergar su profundidad, asumiendo su propia cárcel temporaria).

puesto de otra forma: el pensamiento necesita reconocer su limitación como estado ineludible entre el scila del prejuicio y el caribdis de la certidumbre.

pensar no es fácil.

lunes, 3 de junio de 2019

"Buda era centrista, Zaratustra no". Diez preguntas para Ángel Velázquez

aLfreDo trifF

Ángel Velázquez. Agradezco que separes un tiempo para esta entrevista informal y algo humorística, para tumiamiblog. Eres cubano, historiador, escritor y te interesa el pensamiento en general y la filosofía en particular. Te veo como una figura proteica. Alguien que mueve fichas y convoca y tiene algo importante que decir. Aprecio que haces todo esto con una dosis de humor que no nunca llega al choteo.

¿Cuántos libros has publicado? Y para futuros escritores interesados ¿cuál es tu receta?

Más de una docena de libros. Y me sorprendo anonadado a cada rato del hecho, porque cuando miro hacia atrás en el tiempo (unos diez años) la memoria no es capaz detectar y asimilar cuándo y cómo pudo acceder a tal acto de publicaciones. De pronto, te parece mentira, un sueño pesimista, nihilista, te invade. Te responde: ¡no es verdad! Pero estas son las maravillas raras de la mente humana: crear olvidos y espacios silentes para una existencia renovada. La técnica para lograr una existencia renovada de escritor de largo alcance, perdurable, la podemos conquistar a través de un ejercicio intelectual publicitado por Paul Valéry desde sus comienzos como escritor. Siguiendo a Nietzsche, Valéry se impuso un método de escritura sacado del proceder ascetológico. Durante casi 50 años escribió disciplinadamente, todos los días en la mañana, para sus cuadernos de apuntes. Si tendríamos que definir ahora en qué consiste la existencia de una técnica para escritura y escritor no hay mejores ejemplos empíricos y fenoménicos que los ejercicios realizados por Valéry en los Cahiers.

¿De dónde sacas tanta energía, del ego?

El ego es nuestra fuente, constituye nuestra fuerza como existencia. Es nuestra libertad sobre el dominio del poder. Para el sexo, el ego es la base. Un mal entendido ha emponzoñado este carácter de por siglos. Uno de los grandes anhelos intelectuales de Nietzsche era desvolver a la humanidad, a contrapelo del dominio del cristianismo, la naturaleza del egoísmo. Ayn Rand tomó nota de eso y escribió para la libertad de América dos de las novelas más importantes de la década de 1950: El Manantial y La rebelión de Atlas. Las razones por las cuales en esta última producción literaria la novelista de origen ruso se pregunta insistentemente quién es John Galt no ha sido dilucidada. El ego es energía, metáfora de la vida perspetivesca. De ahí saco mis perspectivas….

Te considero un disidente de la ortodoxia. Sin embargo, le apuestas a la cubanía. ¿Qué es la “Convención de la Cubanidad II?”

Apuesto por la cubanidad como herencia. La cubanía es una forma de dominación (engendro ideológico del totalitarismo cubano). Los intelectuales cubanos no están a tono con respecto a esta dicotomía. Si lo analizas a fondo, "cubanía" no expresa continuidad, renovación, traslado. La cubanidad, a pesar de la impronta positivista de sus originarios posee una dinámica intrínseca. Cuba-nidad significa –y sigo aquí las imposturas de Heidegger– un nido del ser para la herencia. Esto hacía falta entenderlo en el exilio y la diáspora cubana. De ahí la idea de la Convención. Necesitamos reunirnos para para saber hasta dónde la cultura cubana se extiende y se ramifica desde sus postulados originarios. Nadie se ha preguntado en qué consiste el Monte Daisen cubano. Arrojados ahí, en medio del desdén de lo abierto, somos hasta cierto punto una convención fuera de Cuba. Convención significa un estado de conservación por naturaleza hereditaria…

Eres Nietzscheano. Cultivas una idiosincrasia del ego. Pero ¡qué ego con el ego! ¿Eres egoísta, filosóficamente hablando? Me refiero a esa tradición germano-inglesa, desde Fichte y Adam Smith del egoísta que busca su interés prudentemente.

No soy nietzscheano, soy el heredero postrero de Nietzsche (risas). Por eso cultivo la idiosincrasia del ego. Me remonto a las ideas de un egotista caviar como Max Stirner. En 1844 escribió El único y su propiedad, contra las ideas de los Jóvenes hegelianos. Para las ideas individualistas de Stirner el socialismo utópico y científico de la época era intolerable. Entendió que la producción de bienes y de consumo, antes de pasar por la sociedad y la cultura, debía ser procesado primero por la fisiología humana. En eso consiste la inteligencia –y prudencia del ego. Fichte habla de un yo trascedente, Smith de un yo invisible, Steiner se refiere a un yo hedónico, casi literario, que desea probar todo lo consumible antes de procesarlo fisiológicamente. Aquí nos topamos con una herencia cubana, que Lezama Lima lleva a cabo como experimento literario en Paradiso. El ego sigue siendo nuestra necesidad, aunque lo confundan con la manía de grandeza…

Eres dado a lanzar léxicos excéntricos como “Ego de Kaska”. Hasta tienes un “Eka TV”. ¿Cuál es tu fascinación con la “K”?

Estoy siempre fuera del centro. Y hay una historia antiquísima de la excentricidad. La primera secesión cultural, sobre el origen de la alta cultura (que la literatura demuestra en sus primeros alegatos), es tan babilónica como latinoamericana. Es una tendencia casi humana ir, por idiosincrasia, hacia el centro. Buda era centrista, Zaratustra no. Salomón es centrista. La "C" marca nuestra tendencia simbólica actual. Kafka se dio cuenta de ese egocentrismo de la literatura moderna y decidió crear el universo "K". El universo kafkiano es, en nuestra pobre opinión, exegocentrista. Musil crea con el hombre sin atributos una kakiana, un exegocentrismo epistemológico, una ciudad para ser la literatura. La alta cultura, según Helmuth Plessner, es sensible a esa forma de vida ex. Intuyo la "K", no como universo del absurdo, sino como fenomenología real. La "K" nos distingue: es la entelequia del socialismo real (risas).

Le dedicas mucho tiempo a la cultura y apadrinas lo que llamas “Instituto Cubano de Ciencias Culturales de la Diáspora”. Brevemente, ¿qué es la cultura cubana?

Te asombrarás. La cultura no existe sino después de mí (risas). Estuve leyendo hace un par de días al poeta José Manuel Poveda, releyendo sus Versos Precursores, la sección Nietzscheana. Me topé con un símbolo, "casa". La cultura es una casa simbólica, un arjé. Y como intuye Bachelard, un espacio. Allí donde hayamos la construcción simbólica de un espacio para guarecernos e inmunizarnos de la desazón humana hay cultura. Fernando Ortiz desvió su investigación sobre la cultura cubana. Fue demasiado positivista, produjo enormes libros, tematizó sobre la historia de la transculturación, pero dijo, en cambio, algo excepcional: la cultura es como un catauro, un contenedor. Nadie de los cubanos hasta ahora ha enfocado la cultura desde este ángulo.

Tienes un acercamiento con Franz Kafka. ¿Hay alguna relación entre Kafka y “kasca”?

La correlación es intuitiva. Más arriba aduje ciertos pormenores. Kaska es una intuición de nuestro poderío como ser circense (de alguien que busca cierto equilibro en la vida). En mis años universitarios fui atleta de campo y pista, corredor de velocidad, de 100 y 200 metros planos, eventos que combinaba con el arte de la disidencia existencial. Experimenté entonces que la fuerza podía relacionar simétricamente dos universos, el de la intuición genética del cuerpo y la del intelecto. Todavía mantengo esa intuición acrobática…

Has discutido el tema de "la acrobacia". ¿A qué te refieres: cabriola, gimnasia... circo?

Todo junto, como metáfora. Ni para la muerte, ni para la resurrección, ni para la trascendencia, el hombre es un ser para la acrobacia. Hay una historia sobre Alcibíades, el héroe griego, que relata sus habilidades como funámbulo: la capacidad de poder caminar por encima de la ciudad sin caer al suelo. Es el descubrimiento del Gay saber de Nietzsche. El prólogo de Así habló Zaratustra comienza con una escena acrobática del funámbulo, que muere al caer de la altura por falta de un entrenamiento riguroso. No pudo sobrepasar el peligro y abismo se le hizo falta. Kafka, siguiendo a Nietzsche, tuvo la intuición de democratizar el espíritu del espectáculo circense a través de la metáfora del hambre. "Hay hambre", nos cuenta Kafka en toda su obra: hambre de reconocimiento, de poder, de violencia, de deseos y de figurar en forma de acrobacia. Después el dadaísta Hugo Ball, siguiendo estas tentativas, implemento en su Cabaret Voltaire esa actitud crítica acrobática ahora como laperformance. Los que han hablado de la cultura del espectáculo no saben lo que dicen (risas).

Me parece muy interesante lo que has hecho con la edición de Alberto Lamar Schweyer, que prologaste para Ediciones Exodus. Cuéntanos de eso.

En estos momentos trabajo para una edición de su libro La palabra de Zaratustra. De Alberto Lamar Schweyer hemos reeditados dos libros: Biología de la democracia y Las rutas paralelas. Es un autor olvidado y proscrito por la tendencia literaria predomínate de la cultura cubana. Por qué, hay mucho criterio. Se le acusa de fascista, neo darwinista, anti-positivista, anti-marxista, anti-democrático. Yo que he leído una gran parte de su obra ensayística sospecho sobre un perjuicio que nos colma en la actualidad: la muerte de Dios y la del superhombre. Vio algo que no hemos visto sobre la cultura cubana: el ser cubano es una lucha para la herencia y para tener herencia.

¿Cuáles son tus próximos planes?

Seguir trabajando en pos de los desafíos de Ego de Kaska. Ser mejor acróbata del hambre. El deseo infinito de promover a los artistas y escritores del exilio y la diáspora y de publicar pronto tres libros, dos de ensayos y una novela de 700 paginas (risas). Estoy enfrascado en estos momentos escribiendo un libro para festejar la memoria del Alberto Lamar: Herencia: una heterotopía contra el pecado hereditario.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Salvador Lew EPD



Salvador Lew (Lewinowicz) fue toda una institución en la Cuba republicana y después en el exilio, como pionero de la radio de Miami (fue fundador de La Cubanísima WQBA).

Abogado y cronista de memoria asombrosa, Salvador era un cubano de la vieja escuela: culto, afable y generoso. Exiliado durante el gobierno de Batista, Lew regresa a Cuba el 6 de enero de 1959 y se encuentra con una sorpresa que no anticipaba. No tuvo más remedio que largarse de nuevo en 1961. Recomendamos esta entrevista con el periodista Pedro Corzo sobre los recuerdos de Lew, de esos primeros años de la revolución 59-61.... en camino inexorable al comunismo.  

martes, 28 de mayo de 2019

Un lagarto en la goma de mi auto


aLfreDo tRifF

La mente alza el vuelo y las cosas se miran entre sí. Unas ven y otras no. Las cosas tienen su misterio, como cuando tropezamos cara a cara con lo desemejante (lo raro del misterio es que se hace familiar). Se enfrenta con un perfil escamoso y parafilético y sobreviene la antipatía que se tiene contra algo sin saberse.

La mirada jurásica viene capciosa y mimética –desde la goma de mi auto, sincera y escueta frialdad. Mirada tan directa que demuda, vigilancia extravagante, ojo a ojo.

Atrevido lagarto que se aventura en la tierra de los gatos.

Por primera vez en mucho tiempo presiento que alguien no disimula. “Soy...” se inquiere en dos direcciones. Seguimos absortos con el universo a las espaldas. Él y yo. Los ojos del lagarto juegan con el latido de la luz, juego que acoteja el hueco del chance.

Un felino entra en escena y se interpone entre los dos. Luego sigue su camino. No el reptil, que ha estado tan cerca del zarpazo, pero nadie podrá verlo (no se mata lo inerme). El gato pausa, se le acerca y casi lo toca con su aliento. Gato receloso, mesurado, sagaz.

¿Lo ve? ¿lo nota? Cada segundo es el pulso de la nada. La presa se petrifica en sí misma. Admiro esa ofidia platitud frente a la faz de la muerte. El reptil deviene fragmento basáltico frígido; hasta su miedo ha muerto.

El felino se replega y el lagarto no se inmuta, excepto su ojo antediluviano, que sigue el movimiento del carnívoro hasta la misma esquina de su cuenca. Ojo a ojo dentro del universo.

Las  cosas vuelven a su rumbo refractario y en su perspectiva entran las doce del día, un cielo sin nubes y un sol que raja las piedras.

sábado, 11 de mayo de 2019

"GIZA", el último readymade

aLfreDo tRifF

Una pregunta capciosa, ¿fue (el orinal de Duchamp) arte antes de ser "Fuente"?

No, rotundo. 

Lo que lo hace arte es una investidura (una simple firma, en este caso).

Pero todo lo que se firma no es arte. Y no siempre la firma del artista produce arte. Puede firmar un cheque. La firma debe acompañar un hacer específico, dirigido a un objeto en particular. Debe tener intencionalidad, sí, pero la intencionalidad no es algo visible. El vestigio de intencionalidad de "Fuente" es la firma: "R. Mutt", que no es el nombre de Duchamp, sino la marca misma del orinal.

Duchamp ha falsificado la firma de otro y la intencionalidad por tanto apunta al vacío. Vericueto conceptual que para 1917 es todo un acontecimiento. Definamos este punto de intencionalidad vacía como el paradigma del ready-made duchampiano.

Generalicemos ahora: Imaginemos a un artista conceptual internacionalmente conocido. Su próxima obra  se titulará "Giza". Consiste en concebir la esencia de la pirámide de Giza.


Recuerden, no se trata de la pirámide real (en Egipto), ni siquiera una foto de la misma, como la de arriba, que usamos ahora como ilustración.

(La noche de la muestra, las paredes de la galería estarán absolutamente vacías).

¿Podría venderse?

Ciertamente, tal y como se vende cualquier idea.

¿Podría coleccionarse? Ejem, algo complicado.

Nuestro artista desea explorar lo esencial sin más ayuda que la idea en sí. Busca eso sin lo cual, "Giza" no puede dejar de ser lo que es: el sustrato mismo de la cosa, que no tiene que ser la pirámide que lleva ese nombre -el nombre no es lo fundamental, la pirámide pudo haber tenido otro nombre ("Eiptis", por ejemplo, solo que fue renombrada "Giza" por el faraón siguiente).  

Imaginemos a Giza con solo tres pisos y la construcción se paraliza. ¿Habría "Giza" entonces? El arquitecto tiene una idea de Giza, no ejecutada (lo cual no implica que la pirámide sea una mera copia de la idea). Ahora tenemos un punto difícil: la posibilidad que el arquitecto de Giza tuviese la idea de Giza simplemente porque "Giza" siempre existió.

La esencia de Giza deviniendo "Giza" no consiste en solo pensarla. Veamos, desde el punto de vista ideacional, Giza puede pensarse por más de una persona. ¿Hay alguien que sea dueño de la idea de la figura geométrica de la pirámide?

Hipotéticamente hablando, "Giza" está más allá de la manifestación de Giza. 

Hay algo aparentemente absurdo en todo esto: "Giza" es coextensiva con cualquier posibilidad o no de manifestación. Aún más problemático, ¿cómo es posible que el pensamiento pueda aprehender la emergencia de tal manifestación sin ser manifestada?

Para llevarlo al límite, "Giza" y "pirámide" no son porque hayan sido pensadas por alguien. Existen en sí mismas, inpensadas o en potencia, en tanto que posibilidad de ser pensadas.

¿Y si no son pensadas nunca?

Disculpen, en todo esto hay una "cañona". Lo que descubrimos mediante el ejercicio metódico es que "Giza" es un como si fuera, (un als ob); metodología del pensamiento para llegar a lo inabarcable sin jamás reducir su manifestación.

Retruécano aparte, ¿y todo esto no es ya, suficientemente, arte?

sábado, 27 de abril de 2019

En Echegaray me eché a otro viejo complaciente, poco simpático, de demasiada alcurnia y de apellido rimbombante: creo que Garcilaso de la Vega.

Madrid en los años 60, foto publicitaria
José Ramón Alejandro

Les cuento cómo pasé mi primera noche en Europa antes de dirigirme a mi obsesiva meta, llegar al Museo del Prado. Una vez llegado a Madrid, por mi relación con otros compañeros de travesía uruguayos hallé una pensión barata a poca distancia del Museo, en la Calle de las Huertas del castizo barrio de las Musas y corrí a saciar mi urgente sed de Verdad.

Allí, una joven prostituta canaria cuyo nombre lamento haber olvidado decidió de entrada que yo era primo suyo y nos hicimos amigos. En su habitación solo una reproducción adornaba la pared pegada justo encima de su cama. Era la Muerte de Sardanápalo de Eugène Delacroix donde puede verse a un fornido negro degollar a una voluptuosa hembra sobre la misma cama del rey asirio sostenida por doradas patas en forma de cabeza de elefantes. Ella me contó como se había echado a la mala vida después de haber sido desvirgada y abandonada por su novio. Esa imagen era para ella como una cédula de identificación de toda su persona; una pobre mujer víctima de la violencia de los hombres. Su verdad estaba bien presente a su cabecera. Me sorprendió la inocente lucidez de esta muchacha que tan rápido entró a considerarme su pariente.

No lejos de esa pensión muy pronto encontré a mi elemento natural, porque la calle Echegaray era el centro de reunión de los gays madrileños y rápidamente Luis, un señor maduro muy simpático y armado de una polla truculenta se enamoró de mi y comenzó de manera muy generosa a facilitarme pasar mis jornadas contemplando las pinturas y leyendo los libros que tan ávidamente necesitaba para satisfacer mi deseo de encontrar una finalidad provechosa a mis horas. Yo seguía buscando un sentido que el bullicio de los alegres personajes que asiduamente iban a beber sus cañas cada noche a los numerosos bares no calmaba mi angustia de sentir el lento desvanecerse de mis horas. Esas mismas horas que irían limando mis días y que bien sabía que terminarían por roer mis años como me advertía Don Luis de Góngora, "siguiendo sombras y abrazando engaños", con su admirable soneto a La Brevedad engañosa de la vida. Los domingos mi protector me llevaba a las corridas de toros de Las Ventas y su grupo de amistades terminaron por llevarme con ellos a pasar la Semana Santa a Murcia. En la modesta procesión de aquel domingo de Pascua pude ver a un angelito llevar atado de una cuerda a un horrible demonio. Allí mismo planté a mi cariñoso cliente y me fui solo a Guadix en Almería, camino de Granada y de allí de vuelta a Madrid.

En la sacristía de la catedral de Granada, junto a la tumba de Juana la Loca, había una colección de pinturas flamencas que me extasiaron tanto como la lectura de la elegía a Doña Juana la Loca de Lorca; "Princesa enamorada y mal correspondida, clavel rojo en un valle profundo y desolado, la tumba que te guarda rezuma tu tristeza, a través de unos ojos que ha abierto sobre el mármol". De paso, y para no perder mi mala costumbre, un guía de La Alhambra que me prometió llevarme a conocer un sitio escondido dentro de aquel impresionante monumento me dio por el culo antes de convidarme a asistir al espectáculo que los gitanos del Sacromonte producen cada día para los turistas.

Volví a la pensión de mi prima canaria, a mis días en El Prado y mis noches en Echegaray y me eché a otro viejo complaciente. Este era mucho menos simpático, demasiada alcurnia y de apellido rimbombante, creo que Garcilaso de la Vega, pero la tenía chiquita y colorada. Profesor universitario de griego cuya tesis había sido sobre la A larga en dialecto dorio. Nada que ver con la del viejo Luis. Se enamoró tanto de mí que habiéndose puesto demasiado celoso por mis relaciones gratuitas con un pillete asturianito con el cual la pasaba mucho mejor que con él y con Luis, que tuve que proseguir mi exploración de lo que me interesaba de España. Compré un billete de tres mil kilómetros en la tercera clase de ferrocarril y me di el gusto de recorrer la península antes de proseguir rumbo a París.

Cuando mi abuelo pintor murió, murió llamándome por mi nombre. Mi familia quiso protegerme impidiéndome verlo en su lecho de muerte y solo mucho tiempo después supe de su deseo de tenerme a su lado en ese transe. Esto me hizo concebir la quimera de que la voluntad de mi querido abuelito era que yo siguiera sus pasos para también ser pintor. Esta quimera me llevó a mostrarle a mi tío Pepe, su hijo que también fue pintor, mis obritas para preguntarle si él creía que yo pudiera llegar también un día a serlo. Me dijo que sí, pero que en Cuba nunca podría ganarme la vida pintando. Entonces le pregunté que en donde ese oficio podría hacerme vivir, y me respondió con cierta duda que a él le habían dicho que en París los pintores se ganaban la vida pintando. A partir de ese momento yo había concebido otra quimera, decidiendo tentar mi suerte y lo más pronto posible llegar como fuera que pudiera a esa ciudad.

la habana que sufre (2019)

via El País,

lunes, 15 de abril de 2019

¡Abajo la caperucita roja!

La caperucita roja, grabado de Gustav Doré

alFreDo tRifF

Leo en El País que la escuela Táber de Barcelona ha vetado el cuento La caperucita roja (de Charles Perraut/ Hermanos Grimm) junto con La Cenicienta, Blanca Nieves y decenas de otros conocidos cuentos por considerarlos "tóxicos". 
El Ministerio de Igualdad apuesta por acercar a los niños a cuentos no sexistas ... llenos de estereotipos. "Casi todas las historias colocan a las mujeres y a las niñas en una situación pasiva en la que el protagonista, generalmente masculino, tiene que realizar diversas actividades para salvarla".
¡Celebremos!

Por fin las feministas de tercera ola, a cargo del Ministerio de Igualdad, ponen al desnudo la distorsión ideológica y cultural de Charles Perraut y los hermanos Grimm.

Los Grimm... ¡qué horror! sistematizaron la tradición folclórica alemana que se remonta al medioevo, es decir, la época de dominio del patriarcado ario en su forma más detestable y despiadada (ahí está la masculinidad tóxica). Dígase sin tapujo que los Grimm usaron decenas de cuentos infantiles como La caperucita roja, Blanca Nieves, La bella durmiente y otros, como avanzada cultural para lavar los cerebros de los niños alemanes desde el siglo XIX hasta el día de hoy.

Más que patriarcado, estamos hablando de hetero-patriarcado ¡para colmo blanco!

Como es de esperarse, aparecen voces racistas incitando a la violencia contra el Ministerio de Igualdad. Algunos defienden un cierto valor didáctico de la caperucita en un mundo de varones, alegando que la versión de francesa de Perraut remata con la siguiente moraleja:
Niñas, cuando ustedes sean hermosas jóvenes, desconfíen siempre de los lobos: en este mundo hay muchos melifluos y elegantes, cuyo lenguaje es cariñoso y seductor, y esos precisamente son los de la raza más peligrosa.
Nuestra respuesta es que no hay nada más tóxico que alertar a una niña del peligro de la depredación sexual, si esta viene de un CIS-lobo, blanco y heterosexual.

lunes, 8 de abril de 2019

En mis aventuras buonarenses constaté que abundaban en el mundo aquellos que apreciaban mi juventud

 Buenos Aires, 1961

José Ramón Alejandro

Tuve que hacer cierto esfuerzo para entender en cual tipo de situación me hallaba. Era una casona de dos pisos en medio de un espacioso jardín situada en San Isidro, un barrio selecto de la ciudad. No lejos del Rio de La Plata. Pero fui poco a poco comprendiendo que Regina, mi hermana mayor, se había metido en una ratonera. Bob, era un alcohólico niño mimado de la alta burguesía que no hacía mucho tiempo se había visto obligado a contraer matrimonio con urgencia tras haber sido encontrado en posición poco digna ante uno de los empleados de la poderosa compañía de elevadores Otis, en la cual su padre propietario lo había colocado como gerente. Estaba lastrada con tres hijos y con la hermana de Bob, aún más borracha que su marido maricón. Una vez entendido el caso escogí comenzar a recibir instrucción en una escuela de Bellas Artes, pero muy pronto mi agobiada hermana a quién mi padre había encargado de cobijarme, mirándome con mucha dureza me espetó esta frase; "Mira Mongui, a mí tú no me interesas porque tú nunca vas a producir”.

Entretanto, también comprendí que en esa lamentable escuela no iba a aprender nada, pero sin embargo allí conocí a David, un bello joven anarquista del cual me enamoré. Pronto me encontré enredado yo mismo en la engorrosa situación de una reunión subversiva en el proletario barrio a la cual mi bello adorado me arrastró valiéndose de sus encantadores ojos de descendiente de inmigrantes italianos, salidos de un retrato de Antonello da Messina. Caímos presos durante veinte días y la prensa regocijada celebró la captura de un peligroso agente revolucionario cubano con las manos en la masa.

Mientras, en su suntuosa y trágica casona de San Isidro Regina, sofocada por esas alarmantes noticias, registró mis pertenencias hasta dar con un diario en el cual no halló los planes secretos para subvertir toda América del Sur, ni nada semejante al Diario del Ché Guevara, sino salaces aventuras con marineros de los muelles y descripciones de mi embelesamiento platónico con mi enamorado. Tuve que salir en un barco que atravesó las fangosas aguas del ya nombrado Río de La Plata para ponerme a salvo en Montevideo donde desde el primer momento comencé a seguir los cursos de una verdadera escuela de arte.

Esa escuela estaba en manos de un simpático grupo de anarquistas con los cuales me entendí muy bien y tuve la suerte de recibir las lecciones de Historia del Arte de Celina Rolleri, una excelente intelectual que mucho me animó a seguir mi proyecto de irme a vivir a París. De ahí fue que tomando un autobus a Porto Alegre, otro a Saõ Paolo y uno más a Rio de Janeiro llegué a tiempo para asistir encantado a la apertura del Carnaval de 1962 en el teatro Joaõ Gaetano que daba el espectacular baile de homosexuales que iniciaba esos festejos. A penas me puse a tratar de bailar la samba una loca me vino a susurrar al oído; "Tenh gente que gosta”.

En efecto, ya había podido constatar abundaban en el mundo aquellos que apreciaban mi juventud, y la prueba era que a ese mismo baile había podido llegar gracias a la generosidad de un gentil enamorado uruguayo que me daba tanto dinero para que yo pudiera seguir estudiando arte en la escuela, que siendo yo bastante precavido, pude abrir una cuenta en un banco que me permitió ahorrar lo suficiente como para, al año siguiente, comprar el billete de barco para viajar a Europa. En ese primer carnaval en Río cumplí 19 años, y conocí a un grupo de estudiantes de diplomacia que me invitó a volver a disfrutar de otro carnaval. El último de mi paso por esas tierras australes.

Para no perder el tiempo gozando despreocupadamente aproveché para ir a ver las esculturas del Aleijadinho a Minas Gerais y disfrutar del carnaval de Bahía a donde acompañado por mi amigo Antonio Larreta asistí al primer toque de santo de mi vida. Los enamorados estudiantes me presentaron a un célebre pintor, Carlos Scliar, que también contribuyó a financiar mi viaje. De esa forma, aprovechándome de mis encantos naturales, pude ir haciendo acopio de todo aquello que necesitaba para la travesía del Atlántico.

domingo, 31 de marzo de 2019

De cómo la belleza de mis 16 años me puso en primera fila de una lucha campal de desafuero


Ramón Alejandro

Se hubiera podido creer que la misma Yalodde con su Oñí, el poder de su miel, había súbitamente logrado sacar a Oggún del monte. La belleza de mis 16 años me puso en primera fila de una lucha campal, en la cual el desafuero sexual emborrachó a toda una población lasciva que durante demasiado tiempo se había distraído de su vocación amorosa para engañarse a sí misma con preocupaciones ajenas a su naturaleza sensual. Comencé a explorar los caminos que tanta fogosa profusión me prometían. Bajé por esa Calzada de Jesús del Monte para encontrarme con gente gozadora y erudita, que se aprovechaban de mi cuerpo abriéndome a cambio nuevos horizontes intelectuales.

Después de haber leído sucesivamente el Materialismo Histórico del Doctor Konstantinof de la Academia de Ciencias de la URSS, y La Rebelión en la Granja de George Orwell, comprendí los planes que animaban al equipo de improvisados legisladores que habían tomado las riendas del poder por la fuerza de las armas. Me embarqué con unas milicias que pretendían subir a la Sierra Maestra a presenciar la declaración de ya no sé qué reforma, agraria, urbana o cualquier otra fantasía de aquellos revolucionarios. Salimos de Batabanó en un viejo barco sin capitán y le dimos la vuelta a Isla de Pinos. Cuando pasábamos frente a las montañas de la Provincia de Las Villas sobre un mar tan profundo que los rayos solares se veían descender hasta perderse en lo oscuro. Durante algunos instantes cuatro rabos de nube se situaron en los puntos cardinales dándome la impresión de estar en el mismo medio de un tablero mágico como el que se usa para jugar al parchís. Pude intuir el concepto del mandala como cuando había conocido las fascinantes imágenes que surgen al manipular los vidrios de colores contenido en el tubo de un kaleidoscopio en el estudio de mi vecino doctor en optometría.

Ya en el Golfo de Guacanayabo y poco antes de llegar al puerto de Manzanillo en un sitio en el cual sobresalía de la superficie de las olas un palo enhiesto, encallamos en un banco de arena. Los milicianos comenzaron a invocar a Yemayá para escapar de una segura muerte al ver que las siluetas negras de los tiburones dándole vueltas al casco de nuestro navío. Un responsable vino a tratar de impedir los rezos advirtiéndonos que Dios no existía sin que ninguno quisiera escucharlo. Poco después insistió diciéndonos que pudiera ser que Dios existiese, pero que no era propio de revolucionarios invocarlo. Los rezos siguieron y la marea comenzó a subir liberándonos del banco de arena. Desafiante un miliciano le espetó al teórico responsable un provocador pa’que’tu’bea. Pasado el miedo a la muerte los milicianos sacaron una botella de ron y se dispusieron a filosofar sobre sexualidad y formas del amor. Tras mucho discurrir, llegaron a la conclusión de que un bugarrón era un hombre que había nacido con destino de jodedor.

Ya en tierras agrestes y tratando de llegar a La Plata Alta, la milicia acampó en el suelo raso y el desánimo cundía entre nosotros viendo la miseria en la que vivían los guajiros. Las ladillas se adueñaron de nuestros sobacos e ingles. El cuerpo desmembrado de una joven estudiante apareció desnuda en el lecho de un río. No pudo ser identificada por no habérsele hallado cerca ningún documento pertinente.

Muy dentro de mi corazón comprendí que no me hallaba en el país que convenía a mi naturaleza. Me di cuenta que mi más profundo deseo era irme a Europa a contemplar las pinturas originales cuyas copias adornaban las paredes de la sala de la casa donde vivían mis abuelos maternos. Asumí mi esencial egoísmo y me sentí profunda y definitivamente desolidarizado de esa humanidad doliente que allí me rodeaba. El 28 de noviembre del año 1960 monté en el avión de Pan American Airways que en un largo vuelo de 24 horas me llevó hasta Buenos Aires.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Nos vemos, Tomás


Jesús Rosado

A Yolanda, Oneida, Carlos, Gisela, César, Daína, Enrique, Yvonne, Jesús y, por supuesto, a Terence 
Ha muerto Tomás Piard.  O ha llegado a un destino codiciado, reunirse con su hijo Terence, un joven talento que heredó de su padre el genio cinematográfico. Terence murió entre las olas de Tenerife cuando preparaba su proyecto cinematográfico más inmediato. De su muerte los padres nunca se recuperaron. Tomás siguió canalizando la pérdida a través del arte. Yolanda, la madre abnegada, se convirtió en un despojo humano.

Conocí a Tomás a finales de los 70. Cursaba yo los últimos años de la carrera. Pertenecía al grupo de Teatro Universitario. Y comencé a frecuentar el Club de Cine Aficionado de la Casa de Cultura de Plaza del cual Tomás era fundador. Me invitó a formar parte del proyecto Sigma y acepté. Simultáneamente nos integramos al grupo de teatro Olga Alonso dirigido por Humberto Rodríguez. Tomás estaba ávido de recibir clases de dramaturgia. Recuerdo de entonces el ejercicio previo a la puesta en escena de El Cuento del Zoo de Edward Albee donde Humberto me asignó el papel de Peter y Tomás asumía el rol de Jerry. 

El ejercicio nos unió para siempre. Tomás me repetía constantemente a partir de la experiencia que  “el día que acometa un filme sobre un hombre común y corriente capaz de una acción extrema tú eres el actor”.  El proyecto nunca se concretó, pero nació una amistad honda, plena en afinidades,  en la cual la longevidad de las madrugadas compartidas en los parques habaneros era las más disfrutable evidencia.

Fui testigo del debut de Daína Chaviano y César Évora como actores de cine en el formato de cine amateur. Presencié el primer coqueteo con la pantalla grande de Yvonne López Arenal gracias a Tomás. Asistí a la devoción que Piard mostró como actores hacia mis entrañables amigos Carlos Olivera y Oneida Hernández, una inseparable pareja hoy asentada en Valencia.

Compartimos guion en La Victoria en 1979.

Fui asesor del trabajo de diploma de mi pareja Haydee Luján, para graduarse en el ISA en 1987, sobre el Cine Amateur en Cuba, con todo un capítulo dedicado al cine de Tomás Piard, el cual obtuvo calificación de sobresaliente.

Y Tomás no sabía cómo agradecernos, aunque yo le repitiera una y mil veces que era él quien nos había enseñado la mística del séptimo arte. 

Recuerdo tu apartamento del Vedado, Tomás, ornamentado con posters de Delon y las películas de Truffaut. 

A tus padres, eternos ángeles custodios de tu amor por Yolanda y por tu Terence niño. Tu Terence adolescente, asomándose al balcón sorbiendo toda la luz que desde adentro y afuera lo nutría. 


No olvido los toques tímidos a tu puerta y las entradas de Gisela Rangel como una mariposa. Una de tus musas recurrentes, protagonista de los más logrados desnudos que conseguiste en la pantalla, en los que eras un meticuloso perfeccionista.


Tomás, eras el guajiro culto que se devoraba las erres al hablar, pero que derrotabas a cualquiera en términos de ilustración. Dominabas las tendencias avant-garde del arte, la última palabra en filosofía  y eras capaz de dar los consejos más pragmáticos en la vida cotidiana. Noble, sensible, enciclopedia abierta, tu corazón hospedaba a todo el que arribaba con inquietudes existenciales. Y tenías el don de redescubrirnos la vida.

Preservabas en ti, para los que intentan cuestionarte, todos los miedos de los intelectuales cubanos bajo décadas de dictadura. Estabas atento a los miedos de Virgilio y Lezama. Te sobrepusiste al pánico e intentaste revindicar a Lezama antes de tiempo. Te costó recelos y vigilancia. Fuiste el más cojonudo de los cobardes. Y te hizo víctima de nuevos miedos. Nunca fuiste un valiente. Eras un incesante desafiante de ti mismo, incluyendo tu cobardía. Hiciste del terror una actitud digna de mérito.


Hasta el momento en que te dejé de ver, Tomás Piard , no dejaste de creer en la utopía revolucionaria, un sueño distante del autoritarismo. Eras fiel a ese credo y fuiste estoico ante los bandos de amigos y enemigos. Creías en la socialdemocracia y que Cuba era su destino natural. Tu idealismo era un competidor insuperable.


Tu obra merece comentario aparte. Fuiste un descubridor y forjador de talentos. Tu cine amateur es una obra trascendental. Le sacó el máximo al formato de 8 milímetros y a los silencios de un cine huérfano de recursos para legar una obra magistral. Miradas, expresiones dramáticas, lenguaje corporal, manejo sofisticado de la banda sonora y el tratamiento underground del discurso hacían de cada corto tuyo un objeto inusual de la atención crítica. 


Sé que te quisieron despedazar innumerables veces y, al final, te convirtieron en un mito.


El acceso al cine profesional con todos sus recursos debilitó tu propuesta. El lenguaje entonces perdió consistencia. La dirección de actores se mostraba precaria. La intención experimental persistía pero solo para hacerle reflexionar al espectador “ah, si esta pieza hubiese caído en manos de Bergman.”. No supiste qué hacer con todas las herramientas que te alejaban de la miseria logística que en el proceso de creación te hizo grande.

Tus mejores realizaciones en los últimos años fueron las series de televisión, proyectos convencionales muy distantes de tu estilo estético peculiar.

Pero el sello Piard, el primigenio, el transgresor, sin dudas, ha dejado un legado. Que nada que ver tiene con la obra de Gutiérrez Alea. Ni con la de Solás. Y mucho menos con la de Fernando Pérez. Ojalá algunos de ellos hubiese asumido la intención de Piard.

Piard es la irrupción de Tarkovsky, Antonioni, Passolini, Jiří Menzel en el talento de cineastas y críticos cubanos recién amanecidos que se mostraban hambrientos de arte en los albores de los ochenta. De cineastas y apasionados iniciados que acudían voraces al ICAIC y a la Cinemateca con otra visión del séptimo arte gracias a la influencia de Tomás, el más cinéfilo de los cinéfilos. 

A partir de entonces, las jornadas de cine extranjero adquirieron otra connotación. Se hicieron vivaces y coloridas, gracias él. A su magisterio. A su rol de gurú en la fanaticada cinematográfica. Tomás Piard es lo que considero en el ámbito de la cultura cubana un pregonero ilustre. Lo que hoy llamamos en lenguaje contemporáneo un influencer.

Por eso considero que la decisión de Yolanda, la viuda de Piard, es la más sabia. Las cenizas de Tomás serán lanzadas al aire desde los pisos más altos del 23 y 12 del Vedado habanero. Como para que el aura del cineasta se mantenga flotando sempiterna sobre sus seguidores y aprendices. Ese ángel Piard que es exploración, experimento y laboratorio. Y su manera de hacer arte alternativo y lo que ello significó como expresión emancipada merece hacerse rito repetible cada vez que surja un nuevo talento cubano. Benditas sean, pues, esas cenizas suspendidas en la brisa habanera.

Claro que, tú y yo ,Tomás, no tenemos nada que ver con esa esa ceremonia funeraria. Nosotros nos hablamos en cualquier momento, amigo mío. Nos vemos y conversamos. Cuando haya un chance. Solo quiero que te cuides, Tomás, si la recomendación vale en tu nueva dimensión. Un abrazo, entrañable amigo. Aquí estoy esperando saber de ti.

lunes, 25 de marzo de 2019

Pasa lo que no tiene que pasar en la calle de Albear (relato contrafáctico)

Para Juan y Carmen Márquez

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Todas las mañanas antes de llegar a su trabajo Pedro toma su café en “La Maravilla.” Lee el periódico y conversa con sus amigos. Hoy, empero, decide ir a otra cafetería donde dicen que hay un buen café con leche. Después de terminar su desayuno, se monta en su coche y se dirige a su trabajo. Para llegar, debe hacer una derecha justo antes de la calle Albear (cuando se maneja, se está pendiente de todo menos de manejar). Pedro está absorto en sus pensamientos: que como está el mundo de loco, que mira que pegarle los tarros a Lucila (refiérese a su cuñado), que como andan las negociaciones de paz en el medio oriente. Hace una derecha (no se piensa, se hace y ya) pero apenas tiene tiempo para ver otro auto que se le encima a toda velocidad.

Pedro termina en el hospital en estado de coma. El doctor de turno le informa ahora a la esposa y los hijos que pese a las múltiples fracturas en la pierna, brazo y costillas, lo peor de Pedro es ese estado de shock que lo mantiene inconsciente. La esposa está desconsolada y el doctor la conforta: Pedro sufre una fractura craneal con laceración de vasos sanguíneos con lesión axonal difusa. Hay que esperar, tener paciencia. No se imaginan que Pedro los oye y piensa. Como que se siente bien, con una profunda quietud interior; algo así como un cansancio enorme. Allí Pedro se pregunta “por qué,” lo cual equivale a ir al principio de todo.

Hay que retrotraer de toda esa cadena de causas que preceden al accidente; esas que parecen descollantes. Las cosas se analizan por parte. Uno no se detiene a pensar en cosas intrascendentes: que por qué fumarse un cigarrillo después del café y no antes, o si no se debió abrocharse el botón de la camisa. Uno busca con cuidado en su memoria todo lo que pudiera haberse hecho de otro modo. Se pregunta Pedro por qué cambió su hábito matutino. Y es que hay que cambiar las cosas; lo mismo siempre cansa y aburre. Recuerda la persona que le recomendó el lugar nuevo. ¿Es ella culpable del accidente? No, si hay un culpable es él por hacerle caso. Se reprocha un tanto estar pensando en eso, que ahora resulta que si sigue por ahí es capaz de terminar por creer que el café con leche era malo, con tal de disculparse por no haber ido a “La Maravilla,” y por tanto no haber hecho aquella fatal derecha. Y pensar eso le da satisfacción de una cierta capacidad para la autocrítica, algo de lo que su tío Fermín siempre le hablaba. Pedro respira profundo y sigue inmerso en su cavilación.

¿Qué hay de esas cosas menores que parecen menos importantes, como lo es el momento en que al leer un anuncio de “apartamentos se rentan” en el periódico, pensó en su amigo José que se acaba de divorciar de la mujer y que necesita un estudio pequeño –y lo iba a llamar, pero el teléfono estaba ocupado y decidió hacerlo desde el trabajo a la hora del lonche. Y recuerda que ya dentro del auto pensó en llevar un café con leche para Lucho (un viejo con el que siempre juega una partida de damas después del lonche y antes de la campana). Y ponderó así mismo en algo que ya no sabía si había pensado o hecho, como es frenar antes de hacer la maldita derecha, frenar sin razón, por qué no, que no hay que tener razones para hacer cada cosa. Uno no puede admitir que algo tan jodido como eso tenga que pasar, sin ser posible de otro modo.

La ironía de la vida es que si antes de hacer la derecha Pedro se encuentra con que hay una maleta abandonada en medio de la calle y hubiese parado y abierto la maleta y resulta que está llena de billetes de a cien, entonces aunque haga la derecha y choque, podría al menos pensar que valió la pena no haber ido a “La Maravilla” ésta mañana. Pero eso no pasa nunca (está ese dicho sarraceno: “la suerte es peor que mejor”). Uno se dice “lo que pasa tiene que pasar.” Pero el pensamiento se ofusca ante obtusa repetición. Si lo que es, tiene que pasar, ¿para qué objetarlo?

Resulta difícil admitir que lo ocurrido tiene que ocurrir por ese mero hecho –“mero” ya que se cuestiona su validez– de ocurrir. Esa infalibilidad molesta sobremanera, y sucede que a todo hecho uno le contrapone “lo que pudo pasar.” Siempre podemos albergar esa posibilidad no materializada. Pensar ... poder pensar es el asunto, pero se piensa después del hecho, no antes; el hecho y el pensar son cosas distintas. Lo accidental jode, ya que coarta nuestros planes. No importa, Pedro disfruta la primera vez en que puede pensar en cosas así. Uno siempre está tan ocupado con la vida que no piensa en ella.

Es cierto que las cosas no tienen que pasar siempre como uno las previene ya que hay posibilidades mas allá de nuestro alcance; cosas que hace uno y otras que lo toman por sorpresa. Hacer la derecha en Albear fue su incumbencia, pero aún así le sorprendió el choque. Ahora se le hace difícil pensar en esa derecha sin el coque acaecido. No deja de imaginar el auto con el que chocó, pasándole lentamente por el lado y el pobre hombre (pobre nada, que fue su culpa) preguntándole: “¿por favor amigo, sabe donde es la calle Albear?”

Sí, en la vida hay cosas imprevisibles. Por ejemplo, uno no puede evitar un terremoto mientras duerme en su cama; nada que reprocharse, a no ser que pensáramos que uno le ocurre al terremoto por estar ahí en ese momento. Quiere decir eso acaso que sin Pedro no habría el choque de Pedro, por así decir. Pero, ¿no hay acaso una relación entre el auto y Pedro y el choque? No siempre que alguien hace una derecha en la calle Albear tiene que chocar con otro auto, y como no existe tal necesidad, pudo haber sido siempre distinto –conjetura Pedro.

Lo que uno nunca hace en esta vida es pensar cuantas otras cosas pasan pese a lo que tiene que ocurrir. Como lo es sugerir que no hay causa del accidente en sí, sino de algo mas, o menos. Se sugiere la posibilidad de un hecho sin causa alguna, como quien se lanza a su muerte desde el último piso de un edificio sin motivo. O podemos restarle al accidente el accidente mismo y se tiene que se hace la derecha y se llega al trabajo, y todo transcurre como siempre: Pedro llega a la casa, y ahí está su mujer; y ya llamó a José, y se reúne con él a las 9 pm en el bar de la esquina, y se toman unas cervezas; y después se va a casa, mira un poco la tele y se va a dormir. Visto así podemos conjeturar que cada momento de la vida es un momento de un accidente no ocurrido. Si estoy en la mesa almorzando es porque no resbalé fatídicamente contra la mesa de cristal de la sala un minuto antes y así sucesivamente.

Por primera vez, Pedro encuentra tal secuencia de eventos pavorosa. ¿Cuál es el propósito de recrear una vida –la suya– que no sea la del choque? ¿Para qué creer que por no ir a “La Maravilla” llega a su trabajo sano y salvo, o con una maleta llena de billetes de a cien? ¿Todo eso por no haber ido a “La Maravilla?” No vale la pena; la realidad es ésta. No es que lo que pasa puede pasar de otro modo, sino que lo que pasó esta mañana –o lo que tenía que pasar, al menos– es lo únicamente materializado (quizá no porque tenía que pasar, sino) porque en éste mundo las cosas son así.

Nuestro mundo tiene la extraña particularidad de tener a Pedro chocando con un loco en la calle Albear. Con los hechos, hay cosas que parecen más descollantes, mas necesarias. Pongamos que sean tan legítimas como otras posibilidades por igual. Se trata entonces de lo accidental del mundo, que es el mundo al fin. ¿Existe acaso una “mejor posibilidad,” que esa de Pedro el afortunado con una maleta llena de dinero que acaba de encontrar? Pongamos que sí, como posibilidad. Pero estar donde está, tendido sin el menor dolor, sin ningún vestigio de esa frívola ofuscación que es la vida de todos los días le permite ahora un examen quizá imposible en otro caso: ponderar ese aspecto prometedor de lo inevitable. Lo que hay de único en el asunto es su contingencia. Es decir, el asunto de cuánto hay por pasar que no pasa porque debe pasar y sin embargo pasa. Es cierto que parece ilógico a Pedro (o a cualquier otro) pensar que si hace una derecha en la calle Albear tiene que chocar. Pero es que el choque no pasa sino en la derecha-de-no-ir-a-“La Maravilla.” El choque es el del día de hoy para todo el mundo de éste día.

Todo está conectado: por no ir a “La Maravilla,” pero también por ir al trabajo, por ir a trabajar ayer y hace seis años, por tener esa profesión, por no haber sido albañil en lugar de tornero, por gustarle tanto ir al taller de su tío Fermín cuando era niño, por haber sido sobrino de Fermín, por ser hijo de su padre, por éste último casarse con su madre y por todo lo que tenía que pasar en el mundo antes de Pedro, pero que tenía que terminar con esa derecha, hoy, en la calle Albear. Si la emigración de sus abuelos desde Arabia, como la derecha, tienen que ver con el choque, entonces las migraciones de los pueblos todos del mundo están conectadas de alguna manera con el accidente. También las vidas y las peripecias de esos grandes hombres de la historia que su tío Fermín le hablaba. Luego, éste mundo con su historia es el mundo del choque de Pedro. Y ahora no sabe como reaccionar a esta idea que todos los anales del mundo apunten a este instante imprevisto en que hizo la derecha. Se siente en medio de una vorágine de sucesos, favorecido por lo indisputablede la necesidad e intima que le toca un nuevo papel, un sentir que lo separa un poco de sí, de su grave condición en esa cama en el hospital, para convertirlo en un testigo imparcial, incluso generoso de su propio infortunio.

Disfruta entonces Pedro una profunda calma de no tener que ponderar un “por qué” ni pensar en nada mas relacionado con el accidente. No tendrá que continuar cavilando, pues todas las causas del mundo están conectadas entre sí de modo que ninguna puede dejar de causar la otra. No hay motivo de dolor alguno, sino una profunda quietud. Cualquier causa en el mundo antes y después de hoy es parte del choque de Pedro, y Pedro deviene, por tanto, en causa y efecto de todo.

jueves, 21 de marzo de 2019

La vida es solo un estar fuera del Ser


Ramón Alejandro 

Navegaba en un destartalado barco de transporte de inmigrantes europeos a la América del Sur. Portugueses, napolitanos y unos pocos malagueños iban de vuelta a sus lares porque la situación económica se estaba deteriorando en Brasil y el Rio de la Plata. Eran los finales del mes de marzo del año 1963, justo después de los carnavales de Rio de Janeiro durante los cuales no había podido divertirme tanto como el año anterior por la intensidad del deseo de llegar a las puertas del Museo del Prado. Necesitaba dejar atrás el mundo de las apariencias y volver al empireo. Mi verdad la había hallado una década atrás en la sala donde mi abuelo tenía colgadas las copias que siendo joven estudiante de la Academia de San Fernando de Madrid había hecho de ciertas pinturas.
Lo que representaban era la Verdadera Vida. La imagen viva que sostiene la Realidad. Ese era el mundo de los arquetipos ideales que había enseñado Platón. El carnaval “existía", pero las pinturas de mi abuelo “eran". El Arte “es", la Vida es solo un “estar" fuera del Ser.

Un día de Terça feira que cierra esa semana de festejos me despedí al borde del muelle de la bahía de Guanabara de mi compañero Antonio Larreta y subido a ese navío cuyo nombre he olvidado. El cielo raso de nubes extendido sobre los morros de Botafogo, el Corcovado, Dois Irmaõs y la Pedra da Gavea estaba iluminado de rojo por las luces de la ciudad en transe. Era uno de los últimos viajes de este viejo barco, mudo testimonio de tanta miseria humana.

Al cruzar el Ecuador entre el archipiélago de Cabo Verde y las orillas del desierto de África una tempestad que duró varios días nos levantaba y nos volvía a hundir con el vertiginoso oleaje. Los portugueses vomitaban sobre sus propias literas mientras las viejas napolitanas vestidas de negro cantaban sobre la cubierta barrida por los elementos desencadenados alrededor de un petiso regordete que oficiaba la misa en medio de los tumbos de la popa y de la espuma que pasaba de babor a estibor. Se desgañitaban repitiendo “Bianca come la luna"…invocando a la Virgo María Mater Dei con sus voces estridentes mientras yo hundía mi mirada en el abismo negro que como bostezo sobrenatural se abría del otro lado de la barandilla donde me apoyaba.

Ahí en lo hondo rugía Olokum, Yemayolokum, Yalodde macho, el dueño de los tesoros que guarda el fondo del Océano. El Poseidón fabricador de innumerables tretas y enemigo feroz de Ulises. El cáliz del adiposo afeminado se tambaleaba entre las manos sobre el mantel del altar improvisado por el joven curita. Al horizonte una estrecha franja de sutil color gris dividía el oscuro cielo y el negro Océano. La silueta negra de un barco con la proa dirigida hacia las nubes como implorando piedad se iba hundiendo poco a poco. Apostados cerca de la cabina del capitan mis amiguetes malagueños y yo escuchábamos el agitado tintineo del telégrafo por el que surgían las desesperadas llamadas de ayuda de quienes estaban a punto de naufragar y perder la vida tan cerca de nosotros. Unos descarados jóvenes napolitanos se burlaban de mí llamándome “Trequarti" porque mi abrigo solo me llegaba a la rodilla. Poco después de esos clamores desembarcamos silenciosos, sobrecogidos por la belleza de una isla volcánica sobre cuyas laderas cubiertas de viñedos apuntaban al cielo los campanarios de diminutas iglesitas barrocas de ensueño; Madeira.

Al día siguiente llegamos al puerto de Lisboa donde un sigiloso vendedor de pornografía nos mostró sus imágenes prohibidas. Cansados después de quince días sobre el agitado Océano nos dirigimos ya hacia la puerta occidental de Europa, los propileos levantados por Hércules, dispuestos a surcar sobre nuestro armatroste entre el Peñón de Gibraltar y el Hacha de Ceuta. Las aguas del Atlántico y las del Mediterráneo no se mezclaban con demasiada prisa y mostraban por separado sus diversos azules en el estrecho. Sin embargo la música mora y la música andaluza se confundían surgiendo de varios radios transistores al unísono. No podíamos distinguirlas a la una de la otra con tanta certeza como los colores de aquellas olas. Esa misma noche desembarcamos en Barcelona con buen tiempo.

miércoles, 13 de marzo de 2019

lo trans y lo sustantivo del SER


aLfrEdo tRifF

qué es el asunto "trans"?

el trans es un hombre o una mujer que nace en el cuerpo equivocado. a esto se le ha mal llamado disforia, término que desde la sicología indica una insatisfacción generalizada con el cuerpo. luego, el asunto trans nos lleva al problema de la identidad.

1. otra manera del ver el asunto trans es como un ir "desde" y "hacia".

el trans busca ir "desde" un cuerpo "hacia" otro. tener el cuerpo de hombre y anhelar ser mujer es manifestar la "falta", que apunta el "desde" el cuerpo masculino "hacia" el femenino. la sorpresa es que el cuerpo no es el asunto, ya que el "hacia" no termina en el cuerpo femenino. ahí está el error de asumir que "hacia" implica un destino corporal fijo.

lo trans no tiene destino fijo. una vez en el "hacia" el trans realiza que su insatisfacción no desaparece. y no desaparece porque la causa de la disforia no está en el cuerpo. más bien la disforia se manifiesta en un cuerpo pero viene "desde" otra parte.

2. el asunto trans tiene raíz en lo sustantivo del ser.

ningún cuerpo puede satisfacer la necesidad del ser ya que el cuerpo no es -aunque parezca lo contrario- lo definitorio en este caso. el ser transciende al cuerpo. en todo caso el ser corresponde no a un cuerpo sino un "es pos" del cuerpo.

claramente "en pos" no puede encontrarse corporalmente en el futuro (de otro cuerpo).

3. el trans CREE que desea otro cuerpo. no es así. no puede serlo. lo que el trans desea es el SER de otro cuerpo. pero NO HAY SER EN EL CUERPO NI CUERPO EN EL SER.

cuerpo y ser están DESFASADOS. incluso el ser mismo está desfasado consigo mismo.

jean paul sartre lo declara de un modo enrevesadamente poético: el ser es lo que no es y no es lo que es.

la lección es que la llamada "disforia" no es corporal. el asunto SER es una condición TRANS estructuralmente hablando. pero no porque se rechaze cuerpo alguno.  

el SER es rechazar SER.