sábado, 30 de noviembre de 2019

La culología como arma crítica

ilustración: Luis Soler
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La crítica tiene serios problemas con el culo.

El escrúpulo no es sólo moral, peor, el asunto es ético y político. Algo le falta al ojo del cálculo.

Tiene mala fama el culo. Primero, su asociación con la mierda, símbolo de la peste, tan cercana a la muerte. Pero no hay tabú sin seguidores y el culo tiene su familia (la mierda, su parafilia) y Freud el estado anal. Segundo, está la amenaza de sodomía de la vagina mimética, la involución, la vuelta al reino animal donde no hay ley -y el ano es rey.

Carecemos de culología. Martí no le otorga estatura poética. ¿No habrá sido un error del apóstol? Marx no le presta atención al esfínter en su análisis productivo de la sociedad. Para un verdadero revolucionario lo más importante es la boca. De ahí sale el discurso, masticativo y salival. La babosería es una enfermedad típica del lenguaje. La boca que pronuncia el discurso que convierte a las masas, que platica a los tabaqueros, que arenga a los obreros. ¡Qué descarga, compañeros! El abracadabra.

La Revolución condenó el culo al ostracismo. Nada más alérgico al ano que el čдѕtrїѕшө. De ahí caen las guayabas maduras, símbolos imprescindibles: El machete, terrible y temible es el golpe del filo soberano, brilló cual relámpago tu acero.1 ¿Podría Máximo Gómez portar un ondulante pañuelo blanco con bordado de flores, venteando perfume de jazmín, mientras arenga a su tropa de mambises? El caballo: Hace falta una carga para matar bribones. 2

Imaginen al mulato Maceo montado en un cristiano burro para acabar las obras de las revoluciones. La barba. La edad de Fidel es la enhiesta edad de su barba verde olivo. 3 Dos caras de la moneda: La cara de máximo líder y la cara lampiña. Face de cul. Pobre Cuba, pobre niña.4

(sugiero la culolología para combatir la tiña).

El marxismo anal no es. Ha de ser austríaco. Pero en la civilización y sus descontentos el culo es agónico, y eso desluce el sexo. Lo mismo le pasa al čдѕtrїѕшө. El análisis vienés viene del hedor como esencia orgánica, bruta, que no está lejos de la fragancia de la santidad, para ese bibliotecario francés surrealista obsesionado con el ojo solar, Bataille.

La razón es orgánica: ¿No brotan las flores del estiércol? Se comprende entonces esa fatal emanación que esclaviza. Cuando el animal se hizo hombre, nació el lameculos. Se trata de un orden de ideas que nada tienen que ver con el ojo. En lo erecto revolucionario está lo perfecto. El HOMBRE NUEVO, ágamo, socializa el sexo excluyéndolo de la puerta trasera, pero queda la psiquis horadada en óculo.

Desde la filogenia revolucionaria retorna el hedor, olor de fragancia analítica, psique en otra fase nas(an)al post-revolucionaria. ¡Nacemos en la mierda y a la mierda volveremos! El culo, la ideología; el pedo, la praxis. Por tanto, el culo y su efecto: la sintaxis.

La culología afirma que todo hueco es cuestión de culo. La boca es un ano bucal. El culo una boca anal. Si de hedor bucal se trata, el culo eructará el pedo fundamental.

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1 Enrique Hernández Miyares, El Machete 1896, Poesía social cubana, (Editorial Letras Cubanas: La Habana, 1985). 2 Rubén Martínez Villena, Mensaje Lírico civil (Letras Cubanas: La Habana, 1978). 3 Arturo Corcuera, Revolución y poesía (Ediciones Cuyac: Lima, 1969). 4 José Jacinto Milanés, Un pensamiento, Poesía social cubana (Letras cubanas: La Habana, 1980).

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