viernes, 12 de junio de 2009

The Chamber Strings (part 1)



I read about Chamber Strings' 2001 album Month of Sundays recently, ordered it and when I got it could not put it down. It's really a great work by this group called Chamber Strings.
This is a documentary of the band's split and reunion. For part 2, part 3 and part 4.

José Parlá




José Parlá (cubano-americano) uno de los grafiteros del momento. Pronto le debemos un review aquí en tumiamiblog.

jueves, 11 de junio de 2009

Au Revoir Simone: The Lucky One

Corazón hambriento


Rosie Inguanzo

1.
Ya comenzó la naturaleza extrema de aquí a premiarnos con aguaceros torrenciales repentinos. Aguaceros que le llevan el techo a cualquiera, atragantan las alcantarillas, ciegan el paisaje y abren paso a una ciudad fregada, recién bañadita y clara, un arcoiris por allí y así cada día, hemos de enfrentar tanta belleza. El cabello rizado como el mío embravece; ha de dejarse hacer. Por lo que en estas fechas siempre ando greñosa; luchar con tanta humedad es inútil, y asumo lo que mi mejor amiga (no podría ser otra) evalúa como “cool look”. El caso son estos relámpagos del atardecer, como arterias del universo, show de luces, fuegos del fuego, descargas eléctricas que colman de alegría y letales hermosuras para vivir. 2. ¿A dónde iremos este año de vacaciones? Ya sé que han de ser breves porque a mi madre se le va apagando la ternura, la llama fulgente que ha sido su vida. Interpreto electrocardiogramas, cuento las dosis, releo termómetros, monitores, y me digo que asumo aquello para lo que nunca estaré lista. Mi madre, mi niña. Está la ilusión de saldar deudas con ella: la llevo a comer pato tailandés, con el rabillo del ojo vigilo sus sofoques. Después le muestro los flamboyanes desparramados de Ponce de León en el tramo que va de la Calle 8 a la avenida Flagler. Ah, ésos. Reventados de color por aguaceros y un sol que raja las piedras, sol que estalla flamboyanes. “Mira mami, cuántos rojo-anaranjados, mira la jacaranda lila, y este amarillo
¿qué será …?” Contamos 23. Vale la pena esperar el verano para verlos florecer con tanta saña. Y a mi madre se le entibie la mirada. Las vacaciones han de ser breves, si acaso. Sigo en el blog de Paco Nadal su viaje por Groenlandia, voy a Animal Atlas TV y a lonely planet…Cuando ella muera yo seré más libre, pero también más sola. Y el dolor de esa libertad no me abandonará nunca. Ese nunca que apenas dura una vida. El nunca y el siempre humanos son breves e inciertos, como mis vacaciones. 3. Descorchamos a las 8pm -yo tan presta al vino. A. me advierte con parsimonia, mientras corta pepinos con el cuchillo afiladísimo: “Te acercas demasiado al arma homicida”. Me acerco demasiado a la muerte, tengo un mal de madre, déjame envolverlo a ese mal, que hay una culpa negra en el fondo de mi copa, como si yo la matara de nombrar su muerte. Busco, hurgo. Mi cartera se traga cosas: lapiceros, notas, creyones, moneditas, recibos…Mi bolso –extensión de mi vagina según Freud- es una flor carnívora, glotona. Devora por igual una tristeza antiquísima que un granito de anís. Se traga un tin de palabras garabateadas a cualquier hora del día, palabras para cifrar un sentimiento más grande que un apartamento, que una catedral. Bebo; quiero convencerme de ese olor de la uva y esa velocidad de las emociones. La vida no se puede pasar a secas. Todos tenemos el corazón hambriento*.
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*Bruce Springsteen

miércoles, 10 de junio de 2009


Thomas Buchanan

Luke Kopicinski

Humor de Pong

X Alfonso



Jesús Rosado

Fue Luis Soler, quien me reveló en YouTube esta notoria pieza de X Alfonso, salida de las angustias viscerales del autor. Creador múltiple, también enfrascado en la búsqueda de un mejor destino para su latitud kármica, X Alfonso es tan insaciable experimentador de las fusiones en el arte que de su frecuente inmersión en el melting pot puede emerger insólitamente en cualquier zona de la cultura planetaria. Lo mismo jazz, hip-hop, blues, rumba, funk, flamenco, son, rock y hasta música china nutren sus composiciones, con una percepción además que se vuelca hacia la subcultura callejera y asume visos testimoniales. Equis le añade a la creación musical el complemento de otras expresiones de propia inspiración mediante el videoclip, la danza, la actuación, el performance, las artes visuales y con dicho sincretismo recorre la vida marginal de la isla, acometiendo un registro audiovisual de las miserias sociales que acucian a barrio y nación. Pienso que, como muchos disconformes de las generaciones que le hemos precedido, Alfonso también persigue una utopía sin complejidades ni discursos elípticos. Sin ideologismos ni ortodoxias. Un sueño sencillo en que la paz y la libertad se aposenten cotidianas en los corazones y en los vecindarios del terruño. No sin antes comprometer al gran torturador con la devolución de los ojos que nos arrancó e insinuarnos el derribo del muro que nosotros mismos nos hemos erigido entre el agua y las venas. Sólo entonces, como sugiere la canción, las cuencas irán recuperando luz. Buena pieza, lírica, plásticamente lograda y, sobre todo, concebida en la austeridad, manifestación de que late una estética de lo precario en la Cuba de hoy.

martes, 9 de junio de 2009

Del cuento de la chirimoya, la música celeste y el extraño vuelo


Ramón Alejandro
(De su libro inédito La familia Calandraca)

Todavía recuerdo cierta chirimoya que después de haber fumado esa misma maravillosa substancia nos comimos Catherine y yo en el Zoco Grande, unos cuantos años después de estas aventuras. Y sin embargo existen tantas otras chirimoyas que yo me he comido en mi vida que nunca más podré recordar. Que al igual que sucede con el vino, hay resinas que son un regalo de los genios que cuecen al sol en la savia de algunas plantas para hacernos penetrar a inéditos niveles de percepción que sería una lástima dejar de explorar. Que la vegetación que nos rodea posee también su propio espacio mental cons sus facultades y cualidades específicas propias. Cada una tiene su propia «nota» que es una de las muchísimas notas del Concierto Universal. Que ya se lo dijo bien claro Osain a Olofi, que en el Monte no hay desperdicio, y que no había dentro de su profusa abundancia ninguna especie de planta que no fuera útil para curar alguna enfermedad. Y que los narcóticos distraen del dolor de ese mal incurable que es el estar vivo, y que ese mal es tan profundo que tan solo se cura con la muerte.
De vuelta de una de esas tantas veces en que me pasé unos meses en Tánger, tuve este extraño sueño: Estaba yo caminando solo sobre las arenas de la extensa playa cerca del sitio en que termina, casi llegando al Cabo Malabata al extremo opuesto del promontorio sobre el que se alza la ciudad. Y mientras yo sin prisa por ellas caminaba, pastaban apaciblemente junto a mí algunos camellos. Al ver la luna levantarse sobre la línea del horizonte impulsivamente me echaba a correr hacia ella, y al llegar junto a la orilla donde rompían las olas el propio empuje de mi carrera me levantaba en vilo y comenzaba a volar. Sobrecogido al sentir como me elevaba rápidamente a una gran altura comprendí que ese mismo temor de caerme terminaría por precipitarme al mar. Entonces haciéndo un esfuerzo me sobrepuse a mi miedo y logré seguir volando cada vez más alto por encima de la extensión marina y una vez que estuve ya lo suficientemenbte alto pude contemplar como todo el Océano estaba constituído por espirales azules que se enroscaban entre ellas formando un tejido coherente. Seguí subiendo aún más alto en mi extraño vuelo, y llegué hasta el borde de la misma atmósfera desde donde pude ver como su totalidad estaba conformada por un inmenso conjunto de espirales de blancas nubes entrelazándose estrechamente entre ellas. Y desde ese mismo lugar mirando hacia afuera de ese borde hacia los abismos del espacio sideral pude ver como toda la la extensión del Universo visible era un sistema infinito de espirales de luz galáctica que se expandían hasta lo inconcebible, mucho más allá de los límites a los que pudiera jamás pretender llegar mi débil visión. Y entendí lleno de una euforia inenarrable, que ese lenguaje de luz era el que la Madre Naturaleza se hablaba a sí misma para su propio contento. Lenguaje cifrado al que nosotros los humanos difícilmente podemos aspirar ni a entender, ni siquiera apenas percibir visualmente. Y del que la mayor parte de nosotros tampoco lograremos jamás llegar a tener ningún conocimiento a través de la más mínima percepción de sus vibraciones auditivas. Porque tan sólo conocemos el pobre sonido de nuestras propias palabras para comunicarnos torpemente entre nosotros. Y el sonido del trueno y el de la lluvia. El de las olas rompiendo contra los farallones de las costas, y el del viento sacudiendo el follaje de los corpulentos árboles Y que lamentablemente carecemos de los órganos que nos hicieran posible entender ese mensaje tan poderoso como el que resuena allá en las inmensidades intergalácticas con nuestra fragil e inadecuada capacidad de entendimiento.

lunes, 8 de junio de 2009

Wendy Guerra y la ciudad encontrada


Wendy Guerra en Habáname:

¿Hasta cuándo tanta 'lejanía'? Pensaba en el bote, cantando con mis amigos, hablando sobre mil temas hice por fin silencio y... "me senté a llorar por los ausentes", se me acabaron los dedos de las manos al calcular cuántos amigos balseros no alcanzaron a llegar a esas costas en aquel verano del 94 (entre otros).

El cambio que yo quiero vs. "la exhortación del tubérculo"


Alfredo Triff

He leído un post reciente de Claudia Cadelo titulado El cambio que yo quiero en su blog Octavo Cerco, uno de mis blogs isleños predilectos. Claudia describe la conversación entre ella y una amiga que me ha hecho pensar:

“Las cosas van a cambiar, ya vas a ver” me dice una amiga. No se refiere a libertad de prensa, ni de expresión, ni de opinión, ni de nada relacionado con los derechos elementales; más bien me habla de la cebolla y de la carne, de ganar un poco más de dinero y de aumentar el nivel de vida. Pero ella me mira e ignora mis argumentos. Dice la amiga: ¿Si a ti no te interesa hacer política para qué quieres que haya un cambio de presidente? Si dejamos de ser pobres y podemos comprarnos carros y vivimos bien ¿Qué puede importar quién esté en el poder? De mala gana le explico que no quiero un “cambio de presidente”, que quiero un “CAMBIO de gobierno” desde el primer escalón hasta el último. Pero no me entiende.

Claudia: Tu amiga no te entiende porque es la masa boba del pan (que es casi todo el pan).1 Tú eres la excepción: cáscara, masa que le dieron candela y se tostó (y puedes ser la primera que se va en la mordida castrista-procerista)2. Imagino la cara de tu amiga que no te entiende con geta de no-fue-conmigo de indolencia típica de nuestra especie cubanensis. Tu amiga no entiende de política o no quiere entender porque le cuesta tostarse. De lo que sí entiende es de economía (renglón nada despreciable para animales en dos patas). Para ella la libertad en el sentido político, es una construcción onerosamente complicada -y peligrosa. Si le dieras jama, viaje, carro y una fula para resolver su cobita del fin de semana, tu amiga se sintiera libre. Aunque comparto tu opinión, te diré que la mejora económica sí implica libertad, significa poder de hacer más cosas con tu vida.3 De hecho, lo que separa a tu amiga y tú de la masa boba de pinchos sebosos que apoyan al gobierno es precisamente eso: la libertad económica de la que gozan.

Concluyes diciendo: “Cómo explicarle que si un día todos tenemos permiso de salida, si podemos vivir de nuestro salario, si podemos comprarnos un carro, e incluso que si mañana por la mañana liberan todos los presos políticos, yo seguiré pidiendo CAMBIO.”

Ese país que deseas -y que quisiéramos otros tostados aquí y allá, “un país donde un pedazo de carne en la mesa no sea el objetivo principal del proyecto de vida de un pueblo y que conseguirlo no signifique callarse la boca para mantenerlo”, simplemente no existe. Castristamente hablando, la abstracción nos da picazón. No habías nacido, pero en 1959 nuestra especie cubanensis canjeó la política que defiendes por la exhortación del tubérculo (“Fidel, contigo con malanga”). Para ellos el susodicho traía un cambio nuevo fundamental: en lo económico y social. Claudia, somos alérgicos a esa abstracción de los derechos humanos, balance de poderes y libertades individuales. Lo que sucede es que admitirlo es muy difícil. Por supuesto, somos muy bocones, lo cual explica nuestra propensión al FORRO. 5 Acéptalo, políticamente estás casi sola. Con lo anterior no pretendo disuadirte de tu justo reclamo, por el contrario, sigue tu bella lucha de ideas contra todas las banderas. Toma mi apurada exploración simplemente como la propuesta tentativa de un escéptico agobiado que ni puede -ni desea- darte lecciones de nada, mucho menos con el ejemplo.
__________
1 La masa boba es la masa del pan, la que se queda embelesada con LA VOZ bajo el sol -y la lluvia torrencial- de cientos de concentraciones multitudinarias susodichas gritando VIVAS por cincuenta años. 2En el trasiego incesante de intereses castristas y proceristas de aquí, de allá y acullá, eres Rara Avis. 3Apuesto a que das por sentado que la democracia trae como resultado prosperidad (libertad económica), lo que el padre de la revolución americana, John Locke llamaba “la buena vida”. Imagina por un momento que no fuese así. ¿Estarías aún de acuerdo con su ideal político? 5Nuestros “mártires” republicanos (llamada “generación del centenario”) eran casi todos pistoleros “hijos de mamá”, gangas de barricada propensos a meter guapería en lugar de ir a la universidad. Esa es precisamente la generación del susodicho.
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Good morning: Enseguida regresamos...

domingo, 7 de junio de 2009

Los dedos de Michel, los besos y la piel de Barbe


Ernesto González
(Tomado de su novela Bajo las olas)

A falta de los senos de mi madre, los dedos de Michel se han convertido en mi primer vínculo con una piel ajena. Mi nana Barbe se convertirá en mi segundo vínculo, cuando me levante en vilo con sus brazos rollizos, me arrope con sus caricias y me llene el cuerpo de besos. Barbe, además, me regalará la primera imagen de un cuerpo femenino desnudo, al verla salir del baño con un candelabro en la mano y una toalla en la otra, para irse a secar con hermosa paciencia junto a la chimenea. Eso ocurrirá después, al empezar a descubrir mi cuerpo a través de la belleza del de Barbe, en los espacios cambiantes que dejan las sombras, en los desplazamientos imperceptibles de sus manos por sus brazos y piernas.

Nunca se me ocurrió interrumpir a Barbe, como si desde mi usual escondite aprendiera los sencillos gozos femeninos provocados por las gotas que iban muriendo, por las intermitentes sombras y el silencio que iban describiendo esa muerte. Los dedos de Michel, los besos y la piel de Barbe. Una madrugada que regresaba de juerga, Michel fue a asomarse por la puerta de mi habitación a darme sus buenas noches tardías y silenciosas. Al notar mi ausencia fue a buscarme al baño y por los corredores de la casa. No sentí sus pasos suaves que pretendían evitar, si regresaba tarde, que lo escuchara mi abuela. No sentí sus pasos o no pude sentirlos. Era uno de esos instantes, bello y atesorable, cuando Balbe se erguía ante la chimenea y daba vueltas muy lentas para que sus últimas humedades pere-cieran por la cercanía de las llamas. Y a mí me brindaba una perspectiva nueva, con cada giro suyo, al cambiar de posición el candelabro o al levantarse del sofá para aproximarse a la chimenea. Barbe me mostraba ángulos insólitos de su belleza, del disfrute que puede sentir una mujer consigo misma, al arrastrar lentamente y en plena soledad, gotas moribundas de agua sobre su piel.
Sonriente, Michel me abrazó por detrás, en el rincón de la escalera donde me asomaba a contemplar a mi niñera. Me levantó con una expresión de complicidad, y me devolvió a mi habitación con pasos sigilosos, como si hubiéramos regresado juntos de una farra. Me colocó en el lecho, me contempló unos segundos sonriéndome, y acentuó el gesto de complicidad colocando dos de sus grandes dedos en mis labios.

Por un acuerdo tácito nunca hablamos de esa noche, nunca la mencionamos en nuestras conversaciones íntimas. Ahora creo que los gestos de Michel eran cómplices en muchos sentidos. Me decían que atesorara el ritual femenino que había contemplado, quizás para evocarlo un día a solas, o para guardarlo como imagen artística en una memoria que él se encargaba de desbordar con belleza. Asimismo, Michel me pedía que evitara seguir mancillando las noches de Barbe. Los niños entienden y respetan los signos que reciben en la intimidad y en el silencio. Decidí, recuerdo que con cierto esfuerzo, olvidar a Barbe y a su reinado en las madrugadas de Mont-Noir, donde las humedades fenecían a gusto y las sombras conspiraban entre sí en vías de morir con el amanecer.


Cuando Michel hacía un comentario de una persona, era porque un escándalo hacía imposible evitarlo. Le pedían opinión, y su contestación era cortante, incómoda, por compromiso. Los errores nunca eran individuales sino del grupo, llámese familia, sociedad, países. Política, cultura, a veces religión. Michel no podía juzgar a un individuo. Ni cuando comprobó que Barbe me llevaba al prostíbulo donde trabajaba, y me dejaba jugando y conversando con sus compañeras en el salón lleno de humo e impregnado de sexo, probablemente un par de horas. Michel despidió a Barbe y olvidó el asunto. Ese fue mi primer sufrimiento consciente: la ausencia de Barbe, de su deslave de besos por mi cuerpo, de sus juegos y risas. De la inolvidable imagen de mujer desnuda y húmeda que se contempla y va a se-carse pacientemente bajo el pobre resplandor de un candelabro. Me he enterado, hace unos meses, que se casó con un guardabosques y tuvo varios hijos. Que me escribió tres cartas. Por órdenes de mi abuela, y a espaldas de Michel, se interceptaron las palabras escritas que hubieran secado mis lágrimas primerizas, como hacía la calidez de la chi-menea de Mont-Noir en la piel de mi niñera. Me he imaginado la vida de Barbe en el campo. La he viso adentrarse en el bosque que cuida su marido y caminar hacia la ribera de un río cercano. Se ha metido en el agua con pisadas lentas, no por miedo al frío ni a resbalar sino para recibir el contacto líquido con la presencia requerida. Luego de unas juguetonas brazadas, la he visto salir a secarse, caminar entre los árboles, hablarles y girar muy despacio en busca de una brisa que seque sus poros, que los roce, los palpe, que la envuelva en un abrazo permanente, como si la caricia de un hombre, de tantos hombres, jamás hubieran sido ni pudieran ser suficientes para ella.

viernes, 5 de junio de 2009


¿Por qué suscribimos la idea de la obsolescencia del castrismo, cuando sus símbolos gozan de la misma lozanía que los más exitosos productos culturales del capitalismo?

No se pierdan
Terminator 4: Apocalipsis forever, de Néstor Díaz de Villegas para Cubaencuentro.

¿Qué es fraude?


Tumiamiblog ha reportado en la anterioridad sobre el señor Angelo Mozilo, CEO de Countrywide en relación a los bonos millonarios que precedieron a la crisis del pasado año. A continuación una rápida entrevista con motivo de la acusación contra el Sr. Mozilo hecha por la SEC (Securities Exchange Comission).

Tumiamiblog: Gracias Sr. Mozilo, por su tiempo. ¿Qué puede decirnos sobre esta acusación de fraude del SEC en su contra?

Angelo Mozilo: Una infamia, sencilla y llanamante.

TMB: No es cierto que en varias ocasiones entre 2004-2007 Ud. envió emails en los que cándidamente admitía que el tipo de hipotecas de alto riesgo que su compañía ofrecía era sencillamente peligroso. En 2006 lo llama “un veneno para la solvencia de la compañía”…
AM: En efecto, esos email corresponden a una apreciación subjetiva… es obvio que de eso a fraude hay un gran trecho.

TMB: Fraude significa enriquecimiento ilícito mediante el engaño.

AM: Exactamente (tos). Algo que nunca he hecho.

TMB: En 2006 Ud. escribe: “lo cierto es que estamos caminando a ciegas respecto a cómo estas hipotecas pueden rendir en condiciones adversas de mercado”. Sin embargo posteriormente vende acciones de su compañía a inversionistas (por lo que obtuvo bonos por valor de $140 millones) ¿no cree que eso es moralmente problemático?
AM: El capitalismo es compra y venta. Mi trabajo como ejecutivo consiste en eso: Yo vendo, Ud. compra.
TMB: Como CEO de Countrywide ¿no tiene Ud. una obligación fiduciaria con sus accionistas?
AM: Por supuesto, pero ¿qué tiene que ver mi obligación con lo que ocurrió después?
TMB: De acuerdo a inversionistas que compraron acciones de su compañía a fines de 2006 Ud. representó a Countrywide como solvente y saludable.
AM: Ejem, lo era… es decir, lo fue.
TMB: Para 2006 Ud. sabía que a la compañía no le iba bien, sin embargo Ud. continuaba defendiendo la solvencia de Countrywide siempre que se tratara de potenciales inversionistas. ¿Cómo llamarle a eso?
AM: Disculpe, ahora mismo tengo asuntos de urgencia que atender…

TMB: Muchas gracias Sr. Mozilo.

otro poema en chino


Rosie Inguanzo



loto oscuro su boca
timbra la voz

orificio humectado

tiembla la llaga morada
de su boca

molusco enano
la boca

la libertad ahí
como cofre nacarado

en su boquita dormida
silva su libertad
la boca

en la dirección del viento
infestada de sangre
su deseo
¿qué oye su labio turbio en el espejo del agua?

se restriega contra el cojín de seda azul
lame el té con desgano
en las encías

masa de coco
ahí abajo
baba blanca

blando sexo
garita
promontorio
raya de carne
hoyo inescrutable
grutas de pétalos
sus bocas:
deshilachado el corpiño
la oreja
el seno
el ano
sudado

brocado sobre el lino blanco

una inicial ignota
talle tatuado
zanja de tinta


cuando ardía su pecho
amarillo
ella alteró los cerrojos
y recogió al muerto

ella

acentuando su sexo

deidad traslúcida
abierta en cuatro

ala de mariposa dormida
el vaho de su cuerpo

suyo

incienso y paz su estancia
baila como una garza el corazón

pálpito y oscuridad

el tallo encendido la iluminó a medias:

espejeante Buda.


jueves, 4 de junio de 2009

la jaula y yo


om ulloa

vivo en una jaula. es espaciosa, limpia y con vista a la selva. allí deambulo en círculos trillados por otros que antes ocuparon el mismo aposento. las noches son frescas, pero los amaneceres de cantos y trinos continuos, mojados de gárgaras de rocío son agradables al oído. siempre dan paso a mañanas cálidas y tardes agobiantes de calor. se especula entonces qué hay más allá. con la luz del día puedo entrever senderos que se vislumbran entre los troncos torcidos y el ramaje espeso. a veces, con la caída del sol, me atrevo a pensar en una superficie líquida y azul que los pájaros me han contado se llama “mar”. ése es un vocablo simple que me gusta. es monosílabo. como yo. un mono silábico, algo raro. degusto de los sonidos bien articulados. suelo entretenerme con los núcleos fónicos y sus depresiones sucesivas al emitir su voz… “voz”, otro que no es bisílabo como “jaula”. voz y mar se dicen rápido y no hay que hacer pausa. yo ya no quiero hacer pausas. el instinto animal me indica que me queda poco dentro de mi jaula en el sotobosque. lo presiento mirando la inalcanzable altura del dosel y más allá, donde vuelan las mariposas. por eso, creo, es que me he dado cuenta de que vivo en un cerco, también bisílabo. antes pensaba que era libre porque iba de rama en rama. hasta que me percaté que eran las mismas ramas. seguramente la confusión surgió de la cantidad de hojas en cada una, que era variable. por eso pensaba que eran muchas y diferentes ramas. pero eran las mismas. las mismas ramas todos los días. al captar esa idea algo se zarandeó en mi mente de simio pensante. sentí un peso extraordinario en las patas. noté el surco trillado. entonces miré las aves que volaban sobre mi cabeza, graznando alegres e impertinentes. por primera vez noté sus alas en despliegue, amplias, tensas. sintiendo lástima por el desconcierto de mi mirada una se detuvo. se posó y me habló del mar. la rapidez con que la palabra cayó de su pico me electrificó. ensimismado, sólo escuché los monosílabos… vas (volando) al mar tú (también puedes) ir ya. aquel pájaro de ojos rojizos y pico un poco curvo graznaba sin pausa. a mi argumento de que el viaje era largo, el ave batió las alas con enojo. a mi deducción de que sería difícil saltar el cerco de la jaula, el pájaro puso cara de sorpresa. torció el pescuezo varias veces, mirando a su alrededor. entorpecido su discurso por la prisa con que lo dijo no alcancé a entender del todo lo que arrojó entre chillidos. “no veo los barrotes”, creo que fue lo que me dijo el ave, que alzó el vuelo antes de mi respuesta. con pasos cargados de ira di varias vueltas. sí, eran las mismas ramas de todos los días sobre mi cabeza. las que antes me mentían libertad. una jirafa de cuello sobresaliente me miraba atenta casi entre las nubes, pensé. al achicar los ojos sí se podía ver un claro más allá de los troncos que me cercaban. sin embargo, el ave de pico curvo no vio barrotes. ¿cómo es que ella no los vio y yo por todas partes los veo? ¿cómo es posible tal dualidad de visión y pensamiento en la misma jungla? “no los vio y yo sí los veo”, me repetí sorprendido, pensando que todos eran vocablos monosílabos. individuales. que no pueden ser divididos. di una y mil vueltas con un eco burbujeándome en la saliva: “jaula, sin embargo, es bisílabo”… aún al caer el sol lo repetía… “y se puede dividir, todo lo contrario de mar”… acaparé la oscuridad nocturna para el pensamiento y la división frenética de las sílabas de los múltiples vocablos que me acompañaron toda la noche. con los primeros cantos matutinos el verdor uniformado de la selva me cegó, pero no me amedrentó como de costumbre. sí, era una jaula, no había duda, aunque no tuviera barrotes. pero “jaula”, como bisílabo, se podía dividir… en dos. “barrotes también se puede dividir… ¡en tres!”, exclamé. pero “mar” no. su gloria monosilábica lo hacía indivisible. al igual que la pieza clave, el monosílabo esencial que no permite desgarro. “yo”. por fin lo dije: “yo voy al mar”. luego lo grité. las ramas crujieron. en el sotobosque quedaron mis huellas en el surco trillado de la jaula a medida que en el dosel mi yo se evaporaba.

miércoles, 3 de junio de 2009

El genio de Lenny Breau



Breau, el Bill Evans de la guitarra.

OEA anula suspensión de Cuba (y su efecto para el discurso susodicho)


Mientras la OEA sugiere la integración hemisférica de Cuba (en reverso de la política aislacionista de más de 4 décadas) el susodicho lanza reflexión "rebelde" (término moderno, típico de la Guerra Fría) abogando precisamente por la extinción del organismo que ahora se disculpa. Usa la boca de Rafael Correa, presidente de Ecuador: Yo creo que la OEA perdió su razón de ser, tal vez nunca tuvo razón de ser.

Lo importante del asunto: La estrategia susodicha permanece constante, lo cual sugiere patrones futuros-cercanos posibles, si por ejemplo se trata de esa otra bomba del arsenal revanchista-procerista-castrista llamada
__________.

Los habrá que condenen la movida oeística -más por terquedad que por visión estratégica. Pero es obvio que no hay peor enemigo del susodicho que la distensión: desarticula su -aparente-inexhaustible arsenal.

{[(K*i*l*l*i*n*g* (Killing Time))]}


Ahmed Gómez

Pobres aquellos que pretenden rescatar el performance de los años 80 en aquella mediocre isla... infelices los que pretendan rescatar un mínimo de autoría o tener un ínfimo grado de protagonismo en los hechos, ya sea un juego de baseball o un juego de football...
pobre de aquel que pretenda ver su imagen en este catálogo... la de su prójimo. La suerte está echada, el destino escrito. Setenta artistas más o menos y YO. La misma paradoja del Comandante en Jefe: del Granma se bajaron 82 y sólo uno llega a la historia.

martes, 2 de junio de 2009

Uno de los mejores El mejor performer performers de Miami

Sacando cuentas


Cristina Fernández

Se va el negro viejo con mi firma en apoyo a su libro -una iniciativa personal para abogar por el cumplimiento de los derechos humanos. Me ha dejado una cuartilla con fotos de Martin Luther King y palabras del Apóstol Pablo. De inmediato entra una mujer pequeña que dice tener sed. Ha caminado tanto buscando dónde colocarse a fregar o hacer alguna actividad manual. Le apena decir de dónde es y tengo que adivinar. A la segunda acierto. Guatemala, y sus ojos son grandes, un poco azorados. “¿Y por qué te avergüenza?”, le pregunto. “Es que los cubanos son tan lindos… Mire usted con esos ojos claros. No son chatos ni brutos como yo, que ni para entenderme con una caja sirvo. Hace poco andaba enredada con uno de tu tierra pero me dejó. Yo creo que estaba buscando una mujer con plata.” Sin transición, sus ojos azorados comienzan a lagrimear. He ahí que tengo que levantarle el amor propio a esta mujer con frases que vengan al caso. Ya no tiene sed; ahora la inunda el desconsuelo. Después del alivio logrado entre su catarsis y mi terapia, me habla de algo más profundo. “Sabes, es que no pude educarme.” “Sí, es que en tu país hay mucha pobreza”, le digo creyendo saber todo de un país que nunca he visto. “En algunas partes; en otras hay muchos ricos.” Y luego emite una solución entre malthusiana y sensata, si no fuera por los visos de violencia. “…lo que hay que hacer de Guatemala es otra China” “¿Cómo es eso?” “Obligando a que la gente solo tenga un par de hijos. Si tienen más que los metan en la cárcel. Un año bastaría para dar ejemplo”. “¿Crees que con dos hijos habrá menos pobreza entre los pobres?” “Claro, porque a dos es más fácil poderlos educar. Pero a seis como nosotros…. He tenido que hacer los trabajos más duros, en las casas, en el campo. El año pasado me llevaron al Jackson y me abrieron de urgencia. De aquí abajo me sacaron una hernia y a veces aún me duele.” De manera que Juana, pichón de india maya en La Florida, alcanza a ver que su pobreza no es una condición inferior, ni un castigo divino. Juana sabe mucho más que mucha gente que conozco. Sabe que lo que le punza la ingle resulta de la falta de instrucción, en primer término. Juana sabe que no sabe y que alguien se quedó con su cuota de saber debajo de la manga. Liberada luego del trabajo voy un rato a garabatear papeles en el café de Barnes&Noble. Encuentro una mesa libre y coloco mi vaso de té verde. En la mesa contigua está sentado un hombre con espejuelos, sobrio traje y aspecto profesoral. No necesito esfuerzo para saber que se trata de Carlos Alberto Montaner. A su lado una muchacha hermosa, a la manera grecolatina. De sus bocas escapan palabras mesuradas, lúcidas. A Juana le convendría estar en su lugar y poder exponer francamente su visión del mundo. Y recibir ayuda teórica o concreta de un cubano inteligente. Pero creo que eso sería otro imposible para ella. Mejor me pongo ya a garabaterar mis papeles que para eso vine. A veces pretendo ser escritora, pero en el fondo voy por la vida leyendo esos libros que no pasan a impresos. Los que alguna gente como Juana o el negro viejo llevan impresos en la piel, a descubierto.

Ya no te quieren... Oh, dólar, pobrecito dólar.

lunes, 1 de junio de 2009

De Adua, las correrías de "La Chelo" y mi anatomía


Ramón Alejandro
(De su libro inédito "Adua la Pedagoga")

Les cuento cómo sucedió que cada uno de nosotros adquirió su propio nombrete: «Adua la Pedagoga» era el de Néstor, quizás por ser hijo de Herminio Almendros, el prestigioso intelectual republicano catalán especialista de Martí. O quizás por sus propios aires profesorales y el mucho saber que en particular tenía sobre el tema del cine. Pero también por la amplitud de su cultura humanista que sin duda le venía del hecho de haber sido criado en el seno de una familia tan brillante.
Severo era «La Chelo», por Chelo Alonso, una mulata bailarina muy bella, que no sabemos exactamente cómo se logró introducir en Roma por aquellos años (pero nada nos impide inferir por otros casos paralelos al suyo los expedientes que probablemente utilizó ese fenómeno de hembra para llegar a sus fines). Que eran los de llegar a ser lo que en efecto llegó a ser, una estrella de las superproducciones históricas de Cinecittà. Gracias a la exótica y exhuberante sensualidad de su conjunto somático, La Chelo acaparó sin la más mínima dificultad los papeles de mujer del Genghis Khan, de hija de Tamerlán, de Emperatriz del Brahmaputra o de cualquier otra extraordinaria protagonista. De la mayor parte, sino ya de todas aquellas tremendas peliculonas y descabelladas fantasías épico-eróticas que se suponía que sucedieran en cualquier despampanante paisaje y descabellada época que les pasase por las acaloradas cabezas a los versátiles libretistas italianos de la época. Y, tanto por sus exorbitantes ambiciones literarias como por sus rasgos amulatados, se nos antojaba que Severo merecía el sobrenombre de La Chelo. Por cierto, que esta ejemplar cubanita, en su vida real terminó casada de verdad con un Maharajá de un inverosímil reino de la legendaria Malasia. En el cual todavía hoy deben de existir sus descendientes dinásticos: una infinidad de princesitas, o quizás inclusive de Príncipes. O hasta Reyes malayos herederos de su insular y linajudo mulataje. A menos que alguna insurrección marxista haya dado al traste con aquella dinastía real de la que hemos perdido ya la cuenta en esta parte del mundo, por lo menos en lo que a mi memoria respecta. A mí, sin que acierte a comprender muy bien el porqué, me habían puesto de nombrete «La Tetona», que me venía mucho menos bien que el de «Cuba», que era como todos me llamaban en el taller de grabado de Johnny Friedlaender. Porque la verdad es que por aquel tiempo yo era muy delgado y más bien de pecho hundido que henchido. Y que por poco que me estirara se me salía el dibujo de las escaleras del costillar, de tal manera, que ver deambulando en vida semejante radiografía hubiera podido provocar miedo a cualquier espectador. Esbelto sí fui, pero a mi parecer algo desgarbado. Quizás tuve cierta elegancia natural, por lo que logré entender escuchando ciertas observaciones que algunos admiradores me hicieron. En fin, que a los veinte años muy desgraciados seríamos si algún encanto, por pequeño que fuera, no nos hiciese resultar deseables para los adultos. Quienes están generalmente nostálgicos de sus propios esplendores pasados y, habiéndoseles escapado para siempre sus propios cuartos de hora de esplendor, intentan revivirlos imaginariamente a través de la contemplación y el contacto íntimo de algún cuerpecito en pleno florecimiento como es el cuerpo de cualquier adolescente por poco agraciado que sea. Aunque, a la larga, a través de toda una serie de más o menos penosas experiencias, no podrán evitar irse dando cuenta de que sus caricias ya nunca jamás podrán serles devueltas de la misma forma en que les fueron dadas en su propia mocedad. Porque el mismo gesto compartido no le deja igual sabor en el alma al erasta que al erómeno.