miércoles, 18 de marzo de 2009

El hombre del pasaporte dorado



Cristina Fernández

Me llamó hoy para decirme que acababa de redactarle una carta a las 3:00 am a Barack Obama. Me ha dado copias de otras enviadas a alcaldes y políticos de Miami, haciéndoles saber sus ideas sobre el manejo de los fondos públicos y el bienestar de la gente. Llegó un día -homeless con golden passport- al restaurant y pidió humilde una sopa. Repitió el acto otras veces hasta ganar la confianza necesaria para contarme de su misión y ascendencia. De jovencito fue preso en La Cabaña, en la Habana (causa 4 del 1964) porque su padre, ex-policía de Batista, lo enroló en una expedición para sacarlo de Cuba. Tenía diecinueve años cuando el sol le quedó fuera de los muros y convivió con gente de todo tipo y convicción. Entre ellos había un rosacruz que le habló de los misterios de la hermandad sagrada. “Enrique, hay algo más en la vida”, le reveló. Los electroshocks que le descargaron ya en libertad no pudieron anular su deseo de ser un hombre diferente a la masa. El exilio le llegó luego del purgatorio, demasiado tarde para ser un hombre común, cumplidor del destino del sueño americano, como tampoco lo fue de la utopía socialista. En lugar de ello ha explorado los caminos del conocimiento, frecuentemente con el estómago vacío, sin techo, descalzo por momentos, solitario como un monje herético, aislado como papa que comienza a apestar. Sus lecturas muchas veces no pasan de ser metafísica barata: “los protocolos de los sabios de Sión”, “las enseñanzas de Saint Germain”… Hay mañanas en que le canta a Dios con toda la lealtad de su pobreza radiante, y noches en que abomina de una vida escurrida en la fatalidad. Una tarde, luego de terminar su ensalada del domingo, me dijo: “Cristinita, yo sé que voy a cumplir con mi destino, lo que no sé si será antes o después de la muerte”. Un silencio fue mi respuesta. Como siempre callo ante la magnitud de los abismos que se abren entre la respiración y el anhelo. Creo que le tengo tanta admiración como pena. Sé que dentro de la urdimbre de su vida pesa demasiado el llamarse Enrique Martí por descender de la rama de José María, hermano de Don Mariano, padre de José, nuestro Martí. Sé que a veces ha querido tocar una cuerda invisible que pulse el ritmo de la sangre común. Y sé que luego descree de todo y quiere ser un hombre presto a envejecer a salvo de discursos y credos, que si bien no aumentan su soledad, tampoco la alivian. No sabe si alguna vez va a completarse y esa es su angustia. Y yo lo comprendo a él, el Martí que conozco, el que se me ha sentado al lado a contarme quién es y de dónde viene. Este Martí que también escribe cartas en la noche.

19 comentarios:

Raysa dijo...

Cristina. Gracias.

RI dijo...

Uno quisiera cumplir con un destino célebre; ínfulas de grandeza no nos faltan. Forma parte de hallarle un sentido a la vida…a nuestros modestos esfuerzos.
Gracias Cristi, con ese pensamiento me voy a trabajar.

Anónimo dijo...

ES O NO ES EL NIETO DEL APOSTOL????

A.T. dijo...

Historia triste y bella.

sonora y matancera dijo...

estuve antes, pero ahora veo que cambiaron la foto... ¿por qué? ¿era ese señor el descendiente de Martí, en serio? triste anécdota, estupendamente escrita por su autora...

no cabe duda que los "locos" se ganan su pasaporte dorado entre los cuerdos, que somos tan olvidadizos, tan centrados en nuestro cotidiano subderrealismo, que los miramos de lado y con lástims, como debieran ellos mirarnos a nosotros.

A.T. dijo...

Sonora, sí, cambié la foto, porque no era la persona a que Cristina se refiere.

Gracias por tu visita.

Anónimo dijo...

Cristina tu cuento es muy lindo. Dicen que en Miami el problema de lso desamparados va en aumento.Leyeron lo que escribio Andres Reinaldo en el Herald sobre los ninos sin hogar?Parece que como el clima aqui es bueno viene para aca.Anamaira

Anónimo dijo...

awwww, pobrecitoooo...mandale un besito.

Ojo mágico dijo...

Un célebre destino secreto.
Escribes bien.

RLR dijo...

Triste historia Cristina, y bellamente escrita.
Un karma personal que encarna de algun modo el de la nación cubana.

Anónimo dijo...

cris, recien puedo leerlo, me gusto muchisimo, tantas cosas para pensar...

abrazo
inge

Anónimo dijo...

Precioso escrito.

Anónimo dijo...

Una muchacha con cerebro en Tumiami. Al fin...

grettel j. singer dijo...

cristina, muy bueno el relato y muy linda tu prosa.

saludos

JR dijo...

Hermosa historia.

Anónimo dijo...

Anonimo de las 10:08, para que quieres que las "muchachas" de tumiami tengan cerebro? Es mejor que esten buenas.

Anónimo dijo...

Corran al blog de Tirofijo y lean los artículos (sin olvidar los comentarios): "Donde dije digo, digo Diego" y "Dale al que no te dio"...

Anónimo dijo...

Eh y adonde se fueron los administradores?

A.T. dijo...

Ya estamos de vuelta. Saludos.