sábado, 6 de febrero de 2016

wu-wei


hay una fuerza mayor que no se ve pero discretamente le da forma a la vida.
es el camino del universo.

se llama tao.


el tao no actúa,
pero todo lo hace.

si surgen deseos, consérvalos en el fondo,
en aquella simplicidad que no se puede definir.
la simplicidad que no tiene nombre está libre de deseos.
si no hay deseos todo está en paz,
y el mundo se endereza por sí mismo.

el principio anterior es wu-wei.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El simbolista


Maurice Sparks

Su problema era que veía un símbolo en todo. Iba caminando y se encontraba una mierda de perro en la acera y le veía un significado. Si la mierda había caído dentro del cuadrado, esto significaba que iba a tener un día perfecto. Si, por el contrario, el excremento descansaba encima de una de las líneas, se hundía entonces en una sofocante desesperación: su día iba a ser un desastre.

A veces iba manejando y se ponía a estudiar las placas de los automóviles. Pongamos un ejemplo: MUE452. Lo que a cualquier persona le parecería una inocente combinación de letras, a él le parecía una terrible pre- monición: la muerte lo estaría acechando en la esquina de la calle cuatro y la avenida cincuenta y dos. Entonces cambiaba de ruta aunque esto significara llegar dos horas tarde al trabajo.

Antes de almorzar, contaba los granos de frijoles. Si el total era un número par, almorzaba feliz. Si por el contrario la suma arrojaba un número impar, el almuerzo terminaba en la basura. Con las sopas hacía algo muy peculiar también: observaba los fideos con atención. Si tres fideos se habían asociado caprichosamente para formar un triángulo, la sopa era tomable. Pero si el azar había querido que se creara un rectángulo, la semejanza entre esta figura geométrica y un ataúd era suficiente para hacerlo perder el sosiego y el apetito.El día que murió atropellado por el camión de la basura iba entretenido tratando de descifrar la forma caprichosa de unas nubes de verano.

sábado, 30 de enero de 2016

El cazador solitario de la felicidad


Rosie Inguanzo

No es aguarle la fiesta a alguien (esperé hasta finales de enero para abordar el asunto), pero cada fin de año contemplo la escena con estoicismo y como quien ve una mala película infantilona y empalagosa, los ojos anegados de paroxismo felicitero que concuerda a la perfección con el clima consumista y el exhibicionismo posado en las redes sociales.

Desear "felicidades” es fácil. No discuto sino la manera y hasta el mal gusto con que cada año repetimos el chorro de felicitaciones. Detesto la chapucería de las felicitaciones genéricas, el facilismo de las felicitaciones colectivas. Desconcierta la mezcla de melcocha y ansiedad festiva, los regalos de cualquier cosa —cuando pudiéramos regalar “Ma Vlast” de Smetana por Alban Berg Quartet, un libro, una cena y no basura de mala calidad Made in China que termina como desperdicio. Detesto la felicidad ruidosa, hacia fuera, porque más bien me remite a lo muy frágil de la felicidad —la tranquila, la cierta—, por estas fechas amenazada por los fuegos de artilugio. Y es que ostentar ser feliz a toda costa es cosa de necios.

Por otro lado está bien que nos olvidemos por un rato de nuestras duras derrotas (el humano es un ser derrotado por la muerte). Felicidades (así, en plural), o sea, momentos felices, es más de razón y menos de bulla. La otra, la felicidad rimbombante y efectista le hace señales a lo que trata de ocultar: lo infeliz, lo triste, lo escindido de la condición humana. ¿El fin de un ciclo no debería inducirnos a estas meditaciones y a menos fanfarria? Tanto festejo sofoca el autoanálisis y sugiere la negrura final, raíz de todo el ruido. Ruido fatuo. Porque la felicidad cuando se tiene es cosa de hablar bajito sobre ella o ignorarla, dejarla hacer. Es que una posición enardecida de la felicidad no corresponde con su naturaleza elusiva y escurridiza.

Es como dispararle a un ciervo. Un ciervo hermoso que surge de la bruma del invierno en Washington State. Un ciervo quieto que nos mira e interroga. Un ciervo feliz porque no sabe que va morir. La felicidad es un ciervo que se pierde en la espesura del invierno. Querer poseer la felicidad a toda costa es como matar al ciervo hermoso en la bruma de su bosque —el corazón es un cazador solitario.

Mientras rugen los fundamentalismos, diariamente mueren de hambre millones de seres humanos, matan y violan a millones de mujeres y niños, y a otros tantos corderos y cerdos, mientras las ballenas están suicidándose y las tortugas no pueden reproducirse porque nuestro océano es un basurero, me parece de una frivolidad rampante que nos repartamos felicitaciones irreflexivas, como si no nos arañara la uña sucia de la infelicidad de nuestro mundo azul. Quiero decir que mis deseos de ser feliz (momentáneamente, claro), necesito que sean conscientes y sensibles a la desgracia humana, animal y planetaria. Me pregunto hasta qué punto bautizar el fin de año con la lluvia de felicitaciones es concitar los augurios más sombríos, los temores más punzantes. Qué decir, que hay mucho más en el lapso de felicidad de va de diciembre a nuevo año.

De manera que me adhiero a rituales más profundos, a la tranquilidad de alguna dicha. A la felicidad (póngase a prueba), del aceite de oliva y el ajo en el sartén; agréguense champiñones, una pizca de pimienta negra y un chorro de vino blanco. Surgen aromas que se escapan y saboreamos el misterio. La cierva es libre, en parte invencible en el candor de su existencia —felicidad que nos he negada a los humanos, a menos que usted crea en la vida después de la muerte. Nuestra ansia de felicidad es conmovedora y terca. Atraparla aunque siempre nos esquiva. Y en el corazón el cazador.

lunes, 25 de enero de 2016

La Plaça


Eduard Reboll

Nací con el olor del tomate podrido en el delantal de mi madre. La leche de sus pechos a veces llevaban alguna pepita de este fruto mientras me amamantaba en pleno día en el mercado de Hostafranchs. Con sus manos secas y llenas de tierra negra, mi padre organizaba el puesto de venta para que el cliente apreciara el valor fresco de la cosecha de hongos y setas del día anterior. Unos cuantos metros más lejos mi abuela colocaba, a la vista del público, la uva moscatel, las naranjas navel de la zona agrícola de Valencia y, a finales de agosto, el melocotón adorado por el cineasta Luís Buñuel: el durazno de las tierras de Calanda.

Mientras se tomaba un café con coñac en el bar de la zona, mi abuelo hacía sumas y sumas kilométricas con un lápiz bicolor en la mano, para saber si las ganancias daban para pagar el alquiler de su negocio. Rojas las pérdidas y en azul los beneficios.

En otro mercado de la ciudad de Barcelona, La Boquería, mi tío Pepito, lleno de escamas en su delantal de plástico blanco, agrupaba las langostas, bogavantes, centollos, mejillones, cigalas, almejas, calamares, navajas,...y todo el pescado fresco de la zona del Mediterráneo y de la costa cántabra, para que mi tía Antonia, al grito de “Nena..peix fresc carinyo” (¡Señora…pescado fresco cariño!), atrajera a sus clientes.

En este espacio convivían Juanita-la-dels ous (la de los huevos) que, dividía los mismos, en cuatro categorías: huevos de granja blancos y huevos de corral blancos, huevos de granja rossos (dorados) y huevos rossos de gallinas alimentadas con maíz y libres en la casa de campo. Al lado y con focos directos, se desplegaba una tienda de despojos: el olor del hígado de ternera fresco, los intestinos de cordero limpios de heces y en sal marina, los riñones, la panza de res,…el corazón del lechal, la cabeza del cerdo degollado.

Casi todos los sábados, mi padre, iba con su propietario a desayunar higadillos frescos de gallina salteados con cebolla en el bar de al lado. En el tiempo de rovellons (níscalos, setas mediterráneas) mi padre aportaba estos ingredientes y Cristobal, el dueño de la tienda de embutidos, traía un chorizo ibérico recién llegado de Extremadura o a veces un lomo de caña o unas aceitunas negras de Aragòn.

Junto al mármol y el dinero, un vasito corto con la espuma de un café con leche condensada de la vendedora de quesos de cabra, de oveja, brie, gruyère, cabrales, manchegos, idiazábal, de la zona del Parmiggiano, o los blancos frescos de la provincia de Burgos.

En frente, el olor a tomillo de la señora Inés de Carranza, la pimienta negra en grano, los piñones con sabor a resina, la albahaca fresca de huerta, el pimentón ahumado y rojo de La Vera, la trufa negra, las hebras rojizas del azafrán, la nuez moscada, el comino para el gazpacho, el chile, el romero andaluz.

He desayunado un hueso de jamón serrano a mordidas y en bruto, con mis amigos de infancia. Con pan-tomate y mojado en aceite de Jaén en las escaleras del mercado, mientras observábamos a la gente de la calle. La horchata de chufa la he degustado mientras veía a las niñas saltar la cuerda en el mes de julio.

No erizábamos con el chirrido del metal en la ruedas de las carretillas cuando entraba la mercancía por la puerta Norte. Y he visto al afilador de cuchillos deleitarse con la música del filo junto a la piedra de lima.

He sentido el hedor de la pobreza de hombres y mujeres que bajo la dictadura apenas tenían poca plata para comprar alimentos. Darles a veces de más mercancías en sus compras. O a escondidas de mi familia darles algún dinero de la máquina de cambios.

Y desde la contradicción y el asombro, ver a ciertos personajes de la alta sociedad distinguir, por el olor, los meses que tenía el lechón que compraban. Comerse allí mismo media docena de ostras gallegas con un carísimo vino -un Vega Sicilia, por ejemplo. O dar una propina muy alta al carnicero para reservar las turmas (los testículos del toro), una vez el Viti o Chamaco -toreros famosos de la época- hubieran matado el animal en la arena del ruedo.

Allá donde voy, tengo un mantra que no me abandona: “Jo sóc fill de plaça” …Yo soy hijo nacido en un mercado popular. Una señal de identidad de la cual nunca me avergüenzo y que, desde la confesión, he manifestado siempre a quién he querido o ha salido distintas veces en las tertulias impartidas.

¡Eso sì! …nunca me gustó que me dijeran que soy “El hijo de la verdulera”. Grrrrr. Más que nada, porque va asociado a las personas que hablan demasiado o que nunca paran de hacerlo desde el bla bla bla. Repito “Jo sóc fill de plaça” …aunque no puedo obviar lo segundo; solo, en ciertas ocasiones.


domingo, 24 de enero de 2016

Popol Vuh: In den Gärten Pharaos 1971 (album completo)



Este segundo LP de Vuh es, quizás, el ejemplo más prominente de la llamada Kosmische Musik, precursor del ambient music. Considerado el quinto álbum más importante de la década de los 70 por la revista FACT, el fonograma fue grabado en un órgano de la catedral medieval en Stiftskirche Baumberg (Altenmarkt) en el sur de Alemania.

Déjate llevar. 

miércoles, 20 de enero de 2016

juansí-pixelación en la Farside Gallery Art@Work

 La ceremonia

aLfrEdotRifF

Alterations: Mental Model Series (2009-2015) es el título de la última exhibición del artista cubano Juansí en la Farside Gallery Art@Work del Dr. Arturo Mosquera. Una serie de fotos que lleva seis años en desarrollo (2009-2015) y responde a programas que pueden verse en cualquier televisión del estado de Ohio donde reside el artista.

Juansí ha dicho:
Las fotografías ... registran fallos repentinos en la transmisión digital...  anuncios de televisión en que la señal emitida se rompe. Lo que queda es un rastro de datos digitales, una estela a la deriva de vestigios de imágenes...
Pixelación (que viene de "elemento pictórico") es una manera de romperse la imagen digital. La "rotura" revela ese componente "pixel" de la imagen, es decir,

punto de luz + unidad de memoria.

El número de posibles píxeles dependen de la memoria de la computadora -o de la señal. Con el fenómeno de stream media la interrumpción o empobrecimiento de la imagen se hacen una constante.  

El evangelista

La pixelación data desde los años 70 del siglo pasado, con el programa SuperPaint de Richard Soup. Podemos ir atrás y encontrar ese mismo efecto en el mosaico greco-romano y bizantino, el tejido antiguo punto-de-cruz indoeuropeo y el puntillismo de Seurat. La revolución digital ha llevado la pixelación al cine, la pintura, la escultura, la fotografía, incluso al diseño.

La autopsia

Se diría que Juansí "manipula" un cierto entorno de la foto, imagen, etc. De una manera sí, pero el asunto se complica, ya que toda distorsión pixelada expresa un "vacío" en el flujo de la señal o información.

Ahora bien, no puede haber vacío en el espacio.

Entonces lo que llamamos "vacío" es la distorsión misma inmanente a la forma. De ser así, avanzo que toda foto oculta una distorsión implícita. Distorsión no es más que una condición de posibilidad del streaming de la realidad.

Mujer hablando con Dios

Existe otro aspecto informativo del mensaje mismo. Deseo sugerir que la pixelación es una forma de redundancia.    

La pesadilla

Si la foto, como se dice "reproduce" la realidad, la pixelación de Juansí nos muestra un "almacén informativo" (recuérdese: "píxel" es un átomo de memoria, ahora átomo de realidad).

Resumo lo anterior:  La meta de toda memoria es anclarse en la realidad (sabemos que no es siempre así), pero ahora resulta que la memoria es afín a la pixelación. Luego, Juansí irrumpe en la esencia misma de la memoria. ¡Qué sorpresa! Cualquier realidad [ya] nos llega pixelada.

El hombre mofeta

Lo que propongo parecerá sorprendente:

#1- la información nos llega "en falta" (no lo notamos).
#2- la realidad (en tanto que streaming del fenómeno mismo) viene pre-pixelada.
#3- el vacío de la realidad resulta la realidad del vacío.

Alterations de Juansí sugiere #1-3 como atributos de una futura semiótica de la realidad:  

la realpixelación.

martes, 19 de enero de 2016

mauricio vicent: el periodista mercenario

turismo en la habana (en auto-pre-revolucionario)   

tumiamiblog

"periodista mercenario" es quien publica una parte de la historia --y la otra la calla por beneficio propio. el "periodista mercenario" conoce la labor imparcial del periodista pero prefiere hacer alianza con el status quo. 

esta portada de elpaís de mauricio vicent es partidaria porque evita la dura realidad.

el artículo ni siquiera se atreve a hablar del "malecón rosa". y vicent sabe que los pingueros habaneros son fuente importante de turismo y divisas.



señores: no discriminemos la información.  

¿qué hay de la otra "prostitución", la de la tercera edad?
aquí otra reseña de una tal begoña huertas, con título de telenovela cincuentosa: la habana, objeto de deseo.  

este colorido de ruinas no lo cubriría vicent.

el país parece un órgano del MINTUR.



nuestro ánimo no es aguarle la fiesta a vicent (et. al.)


hay asuntos "menores" que no deberán distraer jamás la impresión positiva del turista:  


esta es la habana que debe permanecer oculta.   

lunes, 21 de diciembre de 2015

El empobrecimiento del discurso político actual


Alfredo Triff

El discurso político es una parte importante de la actividad intelectiva del ser humano. Con él aprendemos a desentrañar ideas como "poder", "gobierno", "nación", "contrato social", "derecho", "libertades", "igualdad", etc. El discurso político es un arma hipotética y a la vez práctica. Con esa tradición hemos descubierto y modelado hipótesis, argumentos y principios que se imponen no por la fuerza, sino el mérito de la razón. Sobran los ejemplos: la idea del ser "humano" que comienza a explorar Cicerón en su De Republica y que madura en la edad media con Tomás Aquino, la exploración del contrato social de Hobbes, perfeccionada y mejorada con nuevos argumentos por John Locke y luego con Rousseau, o la idea de tolerancia religiosa fundamentada en el siglo XVII por Spinoza y Locke. La idea de abolicionismo explorada por Montesquieu y Brissot y que llega hasta Thoreau.

¿Qué seríamos sin esta noble tradición de memes

Se dice que en política existen diferentes soluciones para un mismo problema, pero no todas las soluciones son igualmente buenas. Determinar "cuál es mejor" lleva tiempo, un tiempo que sencillamente no existe hoy en día.  Cada vez se hace más difícil sostener una conversación inteligente sobre política. Con la caída de la prensa escrita en general, se pierden balances necesarios que antes mantenían un mínimo estándar bajo control. Se ha dado también una creciente politización de la ciencia, que acaso sea consecuencia de una pérdida de fe en el poder de la razón.

Lo que reina no es --siquiera-- un vicio retórico, como aquel de moda en la Grecia socrática, que no había descubierto aún el poder de la verdad como engranaje eficiente del discurso. Lo que tenemos ahora es un reduccionismo que viene convoyado con una teatralidad, que hace lucir a los retóricos antiguos como sabios. El discurso político se ha hecho parte de la mediatización social de la comunicación.

Claro que no es un fenómeno nuevo. Lo nuevo es la velocidad del mismo. Si lo complejo de la información requiere, dada su dificultad, más tiempo de asimilar y propagar, la rapidez de propagación de la información actual implicaría una reducción que despoja al discurso de su riqueza, de su diversidad. Dicho de otra manera la rapidez por "resolver el asunto" refleja una falta de voluntad analítica, es decir, dedicar el tiempo que sea necesario en la búsqueda de la verdad.  

La manera de discursar de ahora viene con "ganchos". El gancho puede ser una exageración sistémica, típica del fenómeno mediático actual. Abunda la simplificación binaria: "o eres de derecha o izquierda". La falsa analogía: "liberalismo es socialismo", o "el islam es una religión violenta". El hombre de paja: "las armas no se disparan solas".

Hay algo de recalcitrante y difícil en la naturaleza del discurso político que desagrada a muchos. Por una parte, resulta esperanzador imaginar que la razón pueda resolver los problemas de la convivencia humana, por otra, se crean nudos aparentemente insolubles: la libertad humana, la convivencia, la igualdad moral, el papel de la religión, la diversidad y aparente contradicción entre culturas, etc. De pronto, la mayoría está dispuesta a abandonar el discurso, o tornarse en cínicos. Aquí viene una inducción demoledora: "Desde que la humanidad es humanidad...".

No he dicho aún que el empobrecimiento del discurso tiene un aspecto muy nocivo: Distorsiona la realidad. Ya muchos no saben qué creer. Ese "hombre masa" de que hablaba Ortega no quiere saber nada de complejidad. Son pocos los que buscan a ambos lados del espectro político. El discurso se ha polarizado. Con ello se reduce la posibilidad de encontrar ese deseado punto medio. 

Muchos desean llegar a la verdad, pero sin pagar el precio difícil de encontrarla. No, ellos ya vienen con la verdad bajo el brazo.

¿Qué hacer entonces?

Subirle la parada a la discusión política. Ser tenaz y a la vez paciente. Persuadir en lugar de gritar u ofender. Demostrar, en lugar de presuponer apresuradamente. Ser generosos al discutir. Prevalecerá siempre el mejor argumento, no importa que sea desdeñado --temporalmente-- por la teatralidad de la exageración y el facilismo mediático.

jueves, 17 de diciembre de 2015

jueves, 10 de diciembre de 2015

6D en Venezuela: la supervivencia, el retorno al lugar del ser y el cansancio del lenguaje


Omaira Hernández Fernández

La voluntad política del pueblo venezolano decidió por un cambio de rumbo para la nación y, mayoritariamente, sin equívocos o posibilidades de duda, el pueblo otorgó el triunfo a la propuesta democrática. Debo aclarar de entrada, que el pueblo votó por una opción no por unas personas. El liderazgo de los diputados electos se construirá en su gestión; por ahora, una gran mayoría de ellos, eran sólo nombres sin rostro, vecinos de sus pueblos y barrios, conocidos por sus allegados; pero encarnando, todos y cada uno la esperanza de un corte radical al sistema político, al desastre económico y a la división social de nuestra nación. Por ello, cuando digo que no se votó por personas, reitero, me refiero que se votó por un cambio de sistema; y esto es contundentemente una señal que debería prender todas las alarmas de la llamada revolución bolivariana. Esto significa en pocas palabras que la revolución dejó de ser una esperanza para el pueblo y se convirtió en una amenaza.

Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Qué pasó? ¿Por qué esta radical decisión? ¿Por qué uno de los grandes populismos de los últimos tiempos recibe tan duro golpe de sus sectores más emblemáticos? Muchos argumentos pueden esgrimirse como respuestas a estas preguntas, y excusándome por el tono escolar, sólo deseo reflexionar sobre tres de ellos, según mi criterio poco explorados, pero que bien pueden ayudarnos a comprender el fenómeno político-social del pasado domingo 6 de diciembre.

En primer lugar, el más sencillo y elemental de los argumentos: el instinto de supervivencia. Como mencioné anteriormente, la revolución no inspira, expira. El venezolano, pasmado ante el horror de la muerte cotidiana, de la miseria diaria, del odio y la división que día a día se sembró por 17 años, se miró en el oscuro espejo de ese abismo. Allí se vio en los límites de la miseria absoluta, con la certeza de saber que su trabajo no valía nada, que su salario de un mes de trabajo no alcanza ni para comprarse un par de zapatos, que su condición humana había llegado a la mendicidad con las colas para conseguir el pan de cada día, que la movilidad social estaba sujeta al uso de camisas rojas, que el desplazamiento espacial estaba prohibido por el más absurdo estado de excepción de nuestra historia, que nuestra moneda se devaluó en novecientos mil por ciento... en ese instante tristemente sublime entendió que no era persona, que jamás podría optar por una casa o un vehículo, que la violencia y la muerte podría arrebatarle la vida y la de su familia en cualquier instante. ¡En fin! Se enfrentó, con aquello que Unamuno llamó “la cochina realidad”. Puedo aventurar la imagen de un pueblo que debía decidir entre la promesa revolucionaria de “profundizar la revolución” y la promesa de “construcción ciudadana de un nuevo proyecto de país”. Y como diría Ortega y Gasset… el hombre es él y sus circunstancias… y las circunstancias pesaron.

Esta primera reflexión me lleva a un segundo argumento: el retorno al lugar antropológico. Me explico: cuando se está ante el abismo, ante la nada, ante el vacío de una vida personal y colectiva que pierde sentido; el ser humano busca instintivamente el retorno a los lugares sagrados. Merleau Ponty en su texto Fenomenología de la percepción (1945), define el "espacio antropológico" como espacio "existencial", lugar de una experiencia de relación con el mundo de un ser esencialmente situado en relación con un medio. Michel de Certau nos habla del “lugar simbolizado” en su libro La invención de lo cotidiano (1990); y Marc Augé en Los no lugares (1992) manifiesta que los lugares antropológicos tienen por lo menos tres rasgos comunes: se consideran identificatorios, relacionales e históricos. Es decir, retornar al lugar antropológico significa llenar la necesidad de volver a tener “el lugar” que nos identifica, que nos define, que nos hace ser y hacer lo que somos y hacemos cotidianamente, el lugar que nos relaciona con la tradición, que tiene sentido histórico porque alude a nuestra experiencia vital, el lugar que se ancla en nuestras memorias y en el cual se escribió nuestra vida desde que nacemos.

El venezolano, necesita con urgencia volver a ese lugar. Lugar que ha sido violado constantemente hasta socavarlo y destruirlo. El proyecto revolucionario se marcó como meta “refundar una nación” y para ello, destruyó el universo simbólico del venezolano, cambió sus símbolos, transformó la fisonomía de sus héroes, alteró la cronología histórica, proscribió canciones y juegos, alteró fachadas de plazas y escuelas para imponer una Venezuela roja rojita. El venezolano empezó a desconocerse en ese lugar y con esa gente, y empezó a ser extranjero en su propia tierra en términos socio-culturales y exiliado nacional en términos políticos. Por ello, la necesidad de reconocerse en su espacio y retomar su lugar, es, en mi humilde experiencia una necesidad que se cubre con este masivo acto de afirmación nacional que fue el voto del pasado domingo.

Finalmente, y porque no quiero extenderme abusando de su paciencia, debo referirme al cansancio que el lenguaje y el discurso chavista provocó en nuestro pueblo. Haciendo un poquito de historia, recordemos que el poder del Estado venezolano, entendió a la perfección las modernas teorías sociales de control y dominio. Ellos saben que el control social se lleva a cabo, ahora, mediante el control de los códigos que gobiernan el valor de signo (palabra o imagen) y, a través de éste, se inculcan valores, gustos, privilegios y verdades a fin de lograr el dominio. Entendieron, como lo plantean filósofos y sociólogos como Baudrillard, Canclini, Touraine, y especialmente Habermas; que en las sociedades de consumo como la nuestra, las nuevas tecnologías y la cultura mediática son una nueva forma de ideología y reemplazan a la producción industrial y a la economía política como principios organizadores de la sociedad. Por ello, el denodado, continuo y exitoso proceso de control de los medios de comunicación de masas. Ahora bien, en el sui generis caso del socialismo venezolano, especialmente en la figura de su primer mandatario Hugo Chávez Frías; a la par que desarrollaba el control y la dominación mediática de la población; fue capaz de construir un lenguaje, una semiótica, una gramática mediática del socialismo como sustituto de la falta de teoría política.

Este forma lingüística tuvo como objetivo la transformación de los bases estructurales de la nación venezolana, y como herramienta un sistema discursivo capaz de condensar e imponer en todos los registros orales y escritos de la lengua oficial, el uso de ciertas frases, (holofrases en el sentido Piagetano del término, acompañadas de una actividad kinésica que las complementan), que hoy son usadas como estandartes del proceso revolucionario, creando un universo sígnico que da cuenta, o así lo pretende, de la transformación ideológica de Venezuela. Parafraseando lo dicho por el Prof. Carvajal (2008), Hugo Chávez combinó, a su leal saber y entender, elementos como el caudillismo; el militarismo; una historia de Venezuela mutilada e interpretada pro domo sua en una matriz idealista; una interpretación personalísima de la doctrina de Simón Bolívar; una sui generis exégesis de algunos textos de Marx y Gramsci; una herética y superficial reinterpretación de la doctrina de Cristo; un exagerado culto a la herencia indígena y “afrodescendiente”; y finalmente, el aporte de múltiples ocurrencias retóricas y fácticas, frutos de la revuelta matriz ideológica acá apenas perfilada, a saber, el ALBA, el desarrollo endógeno a la Chávez, los fundos zamoranos, el árbol de las tres raíces, las misiones, los consejos comunales; los gallineros verticales, los batallones, los cinco motores, las tres erres, el desarrollo endógeno, el trabajo liberador, entre otras tantos dislates.

... la revolución dejó de ser una esperanza para el pueblo y se convirtió en una amenaza

Este lenguaje penetró y afectó todos los sectores, niveles o ámbitos del país, incluyendo los territoriales, administrativos y políticos. Este despliegue discursivo intentó la supuesta transformación de la nación, por vía del hecho y del derecho. Penetró las prácticas cotidianas, los sistemas de representación, las visiones del mundo, modificó instituciones; en fin, intervino la vida y los cuerpos de los habitantes; a fin de instaurar, el socialismo como sistema político-económico que sustentara la creación de una nueva república. Conscientes estaban de lo dicho por Fillmore (1975): “cuando seleccionas una palabra arrastras una escena entera” (p. 114), designas un mundo, construyes una historia…o inventas una.

Sé que existen muchas otras razones que explicarían el fenómeno electoral de mi patria y en un país tan politizado como el nuestro, no faltarán tales explicaciones. Sin embargo, aquélla que busca nuevos mesianismos en la figura del General Padrino López, me alarma… pero en nuestro insólito país quizás debamos agradecer que el general leyera las entrelíneas de la situación electoral del domingo y también decidiera hacer lo correcto, lo que habría sido su deber en estos 17 años y nunca hizo… ¿Por qué lo hizo ahora? Esa es otra historia que será contada en otro momento… cuando ya no pueda empañar la felicidad que hoy me embarga.

viernes, 4 de diciembre de 2015

No creo que el exilio te haga éticamente superior. Indudablemente, te permite, y yo diría que hasta te obliga, a vivir en la verdad


Andrés Reynaldo hoy en El Nuevo:
En el exilio, por más que intentes, la moral común no te permite abandonar tu realidad. De hecho, si algo importante te devuelve el exilio es tu lugar en la moral común. Tu derecho a la memoria. Tu juicio en el error y el acierto. Los deberes de la exactitud no te exponen a los peligros de la herejía. Vuelves a tener un valor como individuo. En suma, regresas a la civilización. Por supuesto, no creo que el exilio te haga éticamente superior. Indudablemente, te permite, y yo diría que hasta te obliga, a vivir en la verdad.
Sin palabras.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Abril raro

Carlos Otero Blanco


Luis Soler

Era un día de abril raro. Raro como suelen ser los sueños. Desde que me levanté me pareció que todo estaba fuera de lugar pero a la vez todo parecía estar en su sitio. Me di cuenta apenas abrí las persianas de la sala y la claridad no me causó ninguna molestia en los ojos. Había como un filtro de luz en el ambiente y todo parecía ser el reflejo de un espejo viejo que ha perdido el azogue. No podía precisar si hacía frío o calor; el cielo no estaba ni despejado ni nublado y no se escuchaba ningún ruido ni algarabía en las calles. La chimenea de la fábrica de cemento soltaba un humillo blanco intermitente formando una enorme costura en el cielo. Negrita, mi perra, no ladró a las palomas posadas en el alero que habrían salido revoloteando asustadas como siempre que se abrían las ventanas. Estaba echada a mi lado lamiendo una figura china de yeso. Definitivamente era un día muy diferente. Tanto, que no escuché gritar a Violeta, la vecina del apartamento de al lado, en su sección de sexo matutino con marido de turno. Tampoco sentí la asquerosa y desagradable peste proveniente del tanque de basura situado justo en los bajos de nuestro balcón, y que cada mañana inundaba la casa de fetideces. Para colmo de rarezas me fijé que las plantas de mi suegra, sembradas en improvisadas macetas hechas con botellas plásticas de Coca Cola cortadas a la mitad, finalmente reconocían la llegada de la primavera. Entre sus hojas brotaban unos preciosos botones de marpacífico rojo.
Respiré y sentí el penetrante olor de la nada inflándome los pulmones al punto que me dieron ganas de vomitar.

Desayuné un vaso de café claro con azúcar prieta y unas galletas de sal medio zocatas que encontré milagrosamente encima de la mesa. Salí con la prisa de quien escapa y no sabe de qué, de quién ni de dónde. Con sigilo me encaminé rumbo a casa de Maritza. Bajé por la calle Lugareño y al llegar a la esquina de la farmacia vi que había un gran cartel en la puerta que decía: Se acabó el colirio. Llore y use sus propias lágrimas como gotas oculares. No, pensé, no era para nada un día común. Las pocas personas que vi por la calle a esa hora de la mañana parecían estar ausentes de sus cuerpos y la alegría que mostraban sus rostros eran como mascarás de papel maché. Saludaban a nadie en particular y sus gestos, sus movimientos, eran teatrales, especie de kabuki tropical. Al atravesar la calle Montoro una cola interminable de personas con jabas de nylon azul colgando del brazo, daba vuelta a la manzana. Le pregunté a una señora qué era lo que vendían allí: Tiempo, hijo, venden tiempo; toca una quincena por persona —respondió amablemente. Lo curioso es que, sin pensarlo dos veces, ya me dispusiera a incorporarme al final de la fila para comprar la porción de tiempo que me tocaba. Pero entonces una pionerita salida de la nada, masticando su pañoleta roja como si fuera goma de mascar, me dio unos tironcitos al pulóver recordándome con un gesto mudo del mentón que debía apurarme en recoger a Maritza.

Seguí caminando hasta llegar al parque La Pera y noté una nube grisácea cubriendo exactamente el área de la alameda central. Siempre escuché decir que este parque era el único en Cuba que tenía las cuatro estaciones del año; de hecho, estábamos en primavera y todos los árboles estaban florecidos. Lo raro es que desde la suntuosa Ceiba del centro, las majaguas, los ficus y hasta los almendros, todos estaban copados por un solo tipo de flor: marpacífico rojo. Los viejitos asiduos que leían el periódico o animadamente conversaban de pelota y de política, esta vez estaban demasiado quietos; parecían estatuas de cera, inertes, como sujetos a los bancos. Había demasiado silencio. Solo se escuchaba el sonido proveniente de un pequeño radio de pilas que sostenía en el regazo uno de los ancianos. Fijándome en ellos descubrí que tenían la mirada velada, como perdida en la lontananza, en dirección a un punto entre la tarja erigida con motivo de la visita del principado de Asturias y el abandonado cine Maxim. Tal vez ni siquiera miraban hacia ese punto, porque noté que los ojos agrietados de estos viejos estaban cubiertos por una opacidad cristalina muy parecida al blanco velo de las cataratas. A pesar de la escena espelúznante, sus expresiones no eran macabras; estaban suavizadas por cierta ternura. Quizás miraban hacia atrás, refugiados en algún lugar benevolente de sus pasados y no a la desesperanza del presente. No pude divisar a Andrés, un viejito flaco y desgarbado como un garabato que siempre me saludaba cariñosamente.

Lo busqué por todo el parque y al no verlo me dirigí a Fefa —la anciana chismosa y vivaracha que hablaba más que una cotorra— porque ella que sabía la vida, obra y milagro de todo el mundo en el barrio, tal vez pudiera orientarme. La hallé apartada en un extremo del parque, sentada sobre un viejo columpio de gruesas cadenas de acero, y le pregunté por Andrés. Trabajosamente levantó su mirada repleta de niebla y sin mover ni un solo músculo del rostro me dijo con aspereza: Andrés se ha muerto de hambre, murió de hambre. Bastó que dijera esto para que el resto de los ancianos iniciara una acoplada letanía de susurros coreando al unísono: De hambre, de hambre, murió de hambre. Vi que Fefa comenzaba a columpiarse con la ligereza de una niña y luego con más fuerza. Su boca se abría desmesuradamente mostrando las encías púrpuras y sin dientes. Poco a poco Fefa fue incrementando su balanceo con tal fuerza que las cadenas del columpio comenzaron a chirriar como si fueran a reventarse de un momento a otro, lanzando expedita a la anciana por los aires. Pero sucedió que los pies propulsados de Fefa, alcanzaron la nube gris que había sobre el parque, perforándola y produciéndole un agujero del que salió un aguacero repentino que inundó todos los alrededores haciendo del parque una isla verde con sus maniquíes viejos, dóciles, mirando la nada. Mientras más llovía, por los bordillos de las aceras se precipitaba una peligrosa corriente de agua que amenazaba arrasar con todo.

Cuando escampó miré hacia los árboles; las flores de marpacífico se desprendían y volaban rumbo al norte como una bandada de pájaros incandescentes. Algo más raro aún sucedía cuando de las alcantarillas comenzó a brotar una masa cárnica cuyo olor nauseabundo atrajo a decenas de perros callejeros que, al tratar de comerla, quedaban atrapados desapareciendo en ella sin dejar rastro. El nivel del agua ya había alcanzado la zonas más bajas del parque formando unas pozas lo bastante profundas como para que muchos de los ancianos comenzaran a ahogarse pasivamente, en una especie de suicidio colectivo. Súbitamente, unos niños negros semi desnudos y descalzos llegaron hasta la enorme Ceiba y comenzaron a jugar chapoteando por donde corría el agua. Con los pies destupían las alcantarillas permitiendo que el nivel de las aguas bajara dejando al descubierto sobre la acera, miles de caracoles y conchas marinas. Todo parecía volver a la normalidad. A través de unos viejos altavoces pertenecientes a la fábrica de tabacos se escuchaba un fragmento del sermón del monte: Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

Fue entonces cuando la tierra enojada, comenzó a temblar y a abrirse. Las grietas eran tan grandes que se fueron tragando uno a uno a los ancianos ahogados. Recordé que en abril la tierra se abre con mucha facilidad esperando la copula de las aves que traen semillas en las plumas; pero no se veía ni un solo gorrión por los alrededores.

Retrocedí asustado, y apurando el paso me alejé de allí. Jadeando llegué a la casa de Maritza. Para recuperar el aliento me senté en uno de los escalones al tiempo que me preguntaba ¿qué me estará pasando?, como quién duda de si está despierto o dormido, cuando alguien me tocó por el hombro. No sé qué sentí cuando vi a mi lado al viejo Andrés, supuestamente ahogado unos minutos antes. Con los ojos cerrados me zarandeaba con una mano mientras que la otra mano se la llevaba a la boca pidiéndome algo de comer. Abría la boca desdentada y abría los ojos con las cuencas vacías. La pionerita también reapareció con la mano derecha abierta sobre la frente en saludo militar frenético, proclamando: Pioneros por el comunismo, ¡seremos como el Ché! El viejo aprovechó mi distracción con la niña para registrarme las ropas. En uno de mis bolsillos encontró, no sé cómo, un cartucho de galletas zocatas. ¡Maná, maná del cielo!, gritaba feliz. Avisada, una turba violenta que se desgañitaba en consignas comenzó a acercárseme con la evidente intensión de hacerme daño. Vi que venían todos: la gente que hacía la cola interminable dispuesta a asfixiarme con sus bolsas de nylon azul; los ancianos inermes del parque salían de las tumbas con los puños crispados contra mí.

Resultaba chocante que la gran Violeta, mi vecina voluptuosa y gritona en la cama, se acercaba libidinosamente con sus enormes tetas descubiertas. Dos policías que ese preciso momento llevaban preso a un ladrón, lo dejaron escapar, para acto seguido correr tras Violeta que a su vez corría hacia mí con el pecho al aire. En un gesto automático de supervivencia me llevé las manos a los bolsillos del pantalón y comencé a sacar cartuchos y más cartuchos de galletas zocatas que lanzaba a la multitud que cada vez estaba más agresivamente cerca. Casi a punto de alcanzarme la turba, por una esquina del parque salió un mulato gordo y sucio gritando a todo pulmón: ¡Caballero llegó el vino espumoso!

Con idéntico automatismo la muchedumbre frenó en seco, dio media vuelta en dirección al camión-pipa aparcado a un lado de la tabaquería. Suspiré aliviado; aún asustado y con espasmos estomacales subía la escalera cuando la pionerita tiró de mi brazo y con mirada pícara me dijo: Llévame contigo chico, anda, yo te dejo tocarme el pipi igual mi papá y los amigos de mi papá. Ya se disponía a levantarse la faldita roja del uniforme, cuando desperté gritando y empapado en sudor. Tembloroso y espantado me di un baño rápido y salí con la misma sensación de huida que había soñado. Afuera había un típico día de abril. Dos policías llevaban maniatados a un ladrón de bicicletas, y la voluminosa Violeta desde su balcón puteaba con el bodeguero que subía al Chevrolet del 57 rojo desteñido; a un costado de la tabaquería, unas cien personas con bolsas de nylon azul colgando de los brazos, hacían una inmensa cola en espera de vino espumoso. En los solares yermos las grietas en la tierra esperaban la llegada de las primeras lluvias de mayo y a los pájaros con las alas cargadas de semillas. El fantasma de la inopia recorría las calles de La Habana y la miseria se enseñoreaba de la cotidianidad, mientras yo iba rumbo a Guanabacoa a consultarse con un Babalawo. Igual que en el sueño, los viejos del parque escuchaban bajito la emisora enemiga Radio Martí, quietos como estatuas, las miradas perdidas en el tiempo.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Enrique Gay García: memoria y despedida

Vía Ileana Fuentes
 
Foto: Giselle Santalucci
 
"Nací en las montañas de la Sierra Maestra. Mi madre me decía: 'Enriquito, por qué no terminas tu bachillerato y haces la universidad? Te vas a meter a ser artista y vas a pasar más hambre que un chivo amarrao'. Pero qué va, yo no podía con las matemáticas, porque a mí lo que me gustaba era la arquitectura en aquella época. Me refugié en la escuela de arte donde yo me sentía más cómodo, donde los profesores me decían: 'Tú vas a llegar'. Cuando terminé la escuela me fui a México, interesado en la técnica del muralismo. Con Siqueiros trabajé en la ejecución de unos murales. Yo no estaba interesado en la escultura en esos tiempos; yo pintaba. Mi pasión por la escultura nació en Cuba, donde yo había hecho algunos ensayos sobre fundición, pero se desarrolló después que salí de allá, y a través del amor a lo físico. Una de las primeras cosas que hice en Italia fue meterme en una fundición, así que cuando llegué a Estados Unidos, ya tenía bastante experiencia. Soy un obrero, me gusta trabajar con el martillo; detesto sentarme a hacer una acuarela con un pincelito. Yo creo que todo eso tiene sus raíces en mi niñez, cuando yo era un muchacho del campo". - Enrique Gay García en entrevista realizada en 1986, para Outside Cuba/Fuera de Cuba: Artistas cubanos contemporáneos. Del libro homónimo Outside Cuba/Fuera de Cuba: Artistas cubanos contemporáneos Ileana Fuentes, Graciella Cruz-Taura & Ricardo Pau-Llosa, Editores. Ana Hernández-Porto, Inverna Lockpez & Ricardo Viera, Colaboradores. New Brunswick | Miami: Rutgers University & University of Miami, 1988, p.142 

Nota sobre exequias (Vía Demi-Arturo Rodríguez): Las honras fúnebres del maestro de la vanguardia cubana Enrique Gay García se realizarán hoy domingo 22 de noviembre de 2:30 p.m. a 4:00 p.m. en Valles Funeral Home, 12830 NW 42 Ave., Opalocka, Fl.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Buen viaje, Maestro

Jesús Rosado

En horas de la noche de ayer falleció el pintor y escultor cubano Enrique Gay García, figura imprescindible en el panorama de la vanguardia plástica cubana.

                                                            Untitled (2003)

Nacido el 15 de enero de 1928 en Santiago de Cuba, mostró desde su adolescencia una fuerte vocación por las artes plásticas. Cursó estudios de pintura y escultura en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro entre los años 1950 y 1955. Allí recibió clases de renombrados profesores como Domingo Ramos y Leopoldo Romañach. Posteriormente continuaría estudios, en 1957, ingresando en el Instituto Politécnico en México, para estudiar las técnicas y secretos de la pintura al fresco. Al terminar, regresa nuevamente a Cuba.

Entre 1960 y 1962 se desempeña como director de la Escuela-Taller de Artes Plásticas José Joaquín Tejada Revilla y también como director del Taller de artesanía en el Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT), ambos en Santiago de Cuba. En 1962, recibe una beca otorgada por la UNESCO para estudiar en el Instituto de Arte en Venecia y en la Universidad de Perugia, Italia. Este paso por Europa dejaría una huella permanente en el resto de su obra. Decepcionado ante el rumbo tomado por el proceso político en Cuba, decide no regresar. Vive en Europa y Canadá antes de pasar a establecerse en New York.

Participó en las Bienales de Sao Paulo de 1961 y 1963 y en numerosas exposiciones colectivas e individuales. Su última gran muestra en solitario tuvo lugar en la galería del West Campus del Miami-Dade College, curada por el coleccionista Gustavo Orta, la cual resultó ser un recorrido abarcador por los soportes y discursos estéticos que cubrió su extensa trayectoria.

                                                           Cariatide (1980)

El trabajo de Gay García, tanto en escultura como en pintura, se coloca en un difuso borde entre lo abstracto y la figuración. Valiéndose de impecable factura técnica y una vigorosa poética, el artista encauza sus inquietudes hacia la concepción de construcciones equilibradas, distantes de lo que él mismo denominaba “tormenta en el arte”. Aunque no solía identificar públicamente posibles influencias en su obra, sí se confesaba ferviente entusiasta de la obra de Willem de Kooning.

En el expresionismo abstracto de Gay García se mezcla la sofisticación formal lograda por unas manos que dominan magistralmente los recursos técnicos con el espíritu naíf característico del hombre de campo afín al elemento natural. Ese legado, que en lo escultórico es marcado por la espontaneidad filtrada, el manejo armonioso de las proporciones y la elegancia, y en lo pictórico muestra una tendencia controlada hacia la pintura gestual, no sólo ha cautivado el gusto de los coleccionistas sino que ha ejercido influencia en las generaciones más recientes de artistas.

Su obra se encuentra en numerosas colecciones privadas y forma parte del patrimonio permanente de instituciones como el Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana, el Museo de Arte Contemporáneo de América Latina (OEA) en Washington, el Lower Art Museum de la Universidad de Miami, el Museo de Arte de Fort Lauderdale, la Biblioteca Pública de Miami-Dade, la Academia Vermont, el Miami-Dade College, entre otras. En 1983, recibió el prestigioso premio de la Fundación Cintas.

Torso (1993)

El documental de Ana Azcuy, Gay García Casting Bronze, realizado en 1978, esboza algunas facetas de la vida y obra de este relevante artista santiaguero, quien era uno de los últimos representantes aún vivos de aquella vanguardia intermedia del siglo pasado que terminó de insertar a Cuba en la modernidad. Una escultura suya del Padre Félix Varela se conserva hoy día en el Instituto San Carlos de Key West.

El artista se había radicado en Miami desde mediados de los setenta.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Viernes 13 en París


Dantesco, atroz, espeluznante. Calificativos y espanto sobran. Y mientras más progresa la noticia mayores son las dimensiones de la barbarie. ¡Más de 140 inocentes muertos! Centenares de heridos. El terror sembrado en millones de mentes. ¿Dónde estaba la bondad divina esta jornada que ha sido burlada por manos genocidas? Hoy París dejo de ser fiesta y no lo volverá a ser por mucho tiempo. (pulsa NYT)

leibniz contra spinoza, un capítulo olvidado de la metafísica racionalista


atRiFf

un capítulo único en la historia de la metafísica racionalista es la bronca entre los dos gigantes Leibniz y Spinoza sobre el problema de la contingencia (y claro, por tanto de la necesidad).

¿quién ganó? depende del lado de la historia que uno se pronuncie.

la negación de la contingencia es un lugar estratégico en la batalla que Spinoza lleva contra la tradición teológica y metafísica: con ella se pone en juego la creación, la libertad divina, la libertad humana, la responsabilidad, incluso la moral, el milagro y la gracia. 

se trata de una proposición con una intención polémica sin precedentes en el racionalismo, prueba de ello es tanto el escándalo de los contemporáneos de Spinoza, como en la tradición que sigue.

leyendo las Opere postume del filósofo holandés tan pronto como se las remite Schuller, Leibniz comenta:
La demostración es oscura y precipitada, conducida a través de las proposiciones precedentes precipitadas, oscuras y dudosas. 
añade:
La negación de la contingencia es un lugar estratégico en la batalla que Spinoza conduce contra la tradición teológica y metafísica:
el asunto depende de la definición de "contingente", escribe Leibniz:
... considero contingente aquello cuya esencia no implica la existencia. En este sentido las cosas particulares serán contingentes según Spinoza mismo por la proposición 24. Pero si asumieras la contingencia según la costumbre de ciertos escolásticos, ignota a Aristóteles y (…) al uso de la vida, como aquello que sucede sin que pueda darse en ningún modo la razón del porqué haya sucedido así más bien que de otro modo, y cuya causa, puestos todos los requisitos tanto internos como externos, ha sido igualmente dispuesta a actuar que a no actuar, considero que tal contingente implique una contradicción.
se supone que para Leibniz "contingente" es aquello cuya esencia no implica la existencia. entonces, las cosas producidas por Dios serían contingentes también para Spinoza, que afirma en la proposición 24 de la primera parte que "la esencia de las cosas producidas por Dios no implica la existencia".

así parece que Spinoza entiende el término "contingente" cuando afirma que Dios no es una res contingens, que es una manera de afirmar que la esencia de Dios implica la existencia sin embargo, a continuación de la demostración Spinoza, usa el término contingente en el segundo sentido dado por Leibniz, como "aquello que sucede sin que pueda darse en ningún modo la razón del porqué haya sucedido así antes que de otro modo", en la terminología spinoziana, indeterminado.

repasemos brevemente la primera parte (habla Spinoza):
... una vez afirmada la existencia necesaria de la sustancia (pr. VII) y la existencia necesaria de dios (pr. XI), spinoza demuestra que no hay otra sustancia además de dios (pr. XIV) y, luego, que todas las cosas que son, son en dios (pr. XV): cosas de las que dios mismo es causa eficiente (pr. XVI, cor. I) e inmanente (pr. XVIII). afirmada la productividad inmanente de dios nada puede darse en la naturaleza de contingente– indeterminado:
esta contingencia es más radical que la propuesta por Leibniz. las cosas no son contingentes porque su esencia no implica la existencia necesaria, sino porque la misma esencia depende de dios junto a la existencia, no es pensable sin la productividad inmanente de dios; dicho en otros términos, no se da una esencia posible de las cosas, de los universales lógicos, llevada a la existencia de la productividad inmanente divina, pues la esencia es, en realidad, todo uno con la existencia; podríamos decir, forzando el texto, que la esencia no precede, sino que sigue a la existencia, es su contragolpe.

el escolio de la proposición XXV es importante:
dada la naturaleza divina, de ella deben concluirse necesariamente tanto la esencia como la existencia de las cosas; en una palabra: en el mismo sentido en que se dice que Dios es causa de sí, debe decirse también que es causa de todas las cosas. 
¿en qué sentido Dios es causa de sí? Spinoza había escrito: "Por causa de sí entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o, lo que es lo mismo, aquello cuya naturaleza sólo puede concebirse como existente". la causa de sí entonces presupone una relación de implicación lógica. sobre la base de esta definición Spinoza concluirá en la proposición VII que "a la naturaleza de una sustancia le pertenece el existir". Spinoza parece aquí demostrar la existencia de Dios en la la tradición de la naturaleza de la substancia. es decir, a la sustancia "le pertenece el existir". luego en XI, añade que "Dios […] existe necesariamente", confiriendo una suerte de anterioridad lógica a la esencia divina, entre cuyas perfecciones estaría necesariamente incluida la existencia.

por tanto, cuando Spinoza dice que "en el mismo sentido en que se dice que Dios es causa de sí, debe decirse también que es causa de todas las cosas" lo que está diciendo es que en la esencia de Dios está implicada su existencia, en el mismo sentido en que estaría implicada la existencia de las cosas. sin embargo, en la proposición 20 Spinoza afirma que "la existencia de Dios y su esencia son uno y lo mismo".

Leibniz desaprueba este enfoque de Spinoza, es decir, que "todo se reduzca a mostrar que la existencia y la esencia de Dios son una y la misma cosa (en cuanto la esencia de Dios implica la existencia)" y añade:
Lo que resta ha sido añadido como aparato vacío para dar al conjunto la forma de una demostración. Los razonamientos de este tipo son muy comunes entre aquellos que no poseen el verdadero arte de demostrar. 
fuerte crítica.

pero en realidad Leibniz no realiza que la repetición spinozista da lugar a un desplazamiento conceptual significativo: la esencia no precede a la existencia desde el punto de vista lógico, precisamente porque el plano lógico no es dado --y es probablemente este aspecto que el viejo Leibniz no comprende, definiéndolo "oscuro".

estamos en presencia de un movimiento inverso respecto al que producirá Leibniz en la demostración de la existencia de Dios. en Leibniz se requiere como primer paso la posibilidad lógica de Dios, esto es, la no contradicción de su esencia. Leibniz va de la posibilidad lógica a la esencia, y de la esencia a la existencia (puesto que Dios es posible, existe necesariamente).

el razonamiento de Spinoza es distinto: se reabsorbe la esencia en la existencia, negando la anterioridad lógica de la primera respecto a la segunda: la esencia y la existencia de Dios son un solo y mismo hecho. La relación entre esencia y existencia es invertida respecto a Leibniz, precisamente porque no se trata de una implicación lógica entre ellas, sino de pura identidad. la esencia no es para Spinoza una posibilidad, sino pura potencia, 

tal y como es expresado en la proposición 34:

... la potencia de Dios es su esencia misma.

no se trata de un punto menor. es una diferencia de principio.

desde ahora en Spinoza no existe la oposición entre cosa necesaria y cosa contingente, en el sentido en que la primera se define como aquello cuya esencia implica la existencia y la segunda como aquello cuya esencia no implica la existencia (como pensaba Leibniz).

el mismo movimiento teórico que reabsorbe la esencia divina en su existencia– potencia, trasformando la implicación lógica de la causa sui en un hecho, reabsorbe la esencia de las cosas en su existencia, haciendo tanto de la esencia cuanto de la existencia de las cosas un producto de la potencia divina. La necesidad que liga la esencia divina a la propia existencia, es la esencia y la existencia de las cosas, por tanto no es de orden lógico.

Leibniz no podía darse cuenta del elemento revolucionario en esa definición spinozista. pertenecía a otro paradigma. acaso no podía olvidar aquel encuentro en La Haya en 1676, cuando Spinoza y él discutieron por tres días --algo que Leibniz siempre le restó importancia). de aquella discusión, Leibniz redefinió su metafísica en oposición consciente, aunque con frecuencia encubierta a la metafísica de Spinoza.

lunes, 2 de noviembre de 2015

La Música Cubana de hoy: Conversación con el crítico cubano Joaquín Borges Triana, martes 10 de noviembre, MDC


La Música Cubana de hoy: Conversación con el crítico cubano Joaquín Borges Triana

¿Cuáles son las vertientes de la música en Cuba en el siglo XXI? ¿Por qué cayó la timba ante el reguetón? ¿Qué es el rap cubano? ¿Dónde quedan las vertientes más tradicionales de la música cubana como el son, la guaracha y el bolero? ¿Cómo pinta el jazz en la Cuba actual? ¿Cuál es el estado de la música clásica en Cuba? Estos y otros temas de interés serán tratados en forma de conversatorio.

Presentador: Alfredo Triff

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Joaquín Borges Triana es acaso el crítico de música más destacado en la Cuba de hoy. Borges Triana escribe para publicaciones cubanas como El caimán barbudo, La Jiribilla y CubaDebate entre otros. Actualmente mantiene una columna en Juventud Rebelde titulada "Los que soñamos por la oreja". Entre sus muchos libros figuran: Alguien nos está observando (1994), Rock a la española (1995), La vida es un divino guión (2007), La luz bróder, la luz, (2009), Músicos de Cuba y el mundo: Nadie se va del todo (2013). Borges Triana es redactor de la revista El Caimán Barbudo.

Alfredo Triff es profesor titular de Filosofía de Miami Dade College y profesor adjunto de Historia del Arte en UM. Ha sido crítico para The Miami New Times, The Miami Sun Post y El Nuevo Herald. Ha publicado Pulpa (2001), Miami Arts Explosion (2007), e Hígado al ensayo (2012).

Martes 10 de noviembre 7:30pm
Miami Dade College, Wolfson Campus 
Room #7128 (primer piso del edificio #7 del recinto)
Parqueo y entrada gratis

La música cubana de hoy. Conversación con Joaquín Borges Triana