domingo, 22 de diciembre de 2013

Mandela, Zizek y la crítica como farsa


Alfredo Triff

No soy muy amigo de las ideas de Zizek. Me fatiga su constante lacanianismo (que funciona como llave maestra para resolverlo todo y también reificar la vida). Su continua apelación al "objet petit a" or "the Real", el "Nœud borroméen": estructurar la vida como un matema puede terminar en dead end. Entiéndase vida como esa idea Lebenswelt de los Wundt, Dilthey y Gadamer (categoría resbalosa, dada a salirse de los moldes preestablecidos).  El filósofo eslovenio busca escandalizar y funciona, como demuestra su reciente bronca con Chomsky (si bien el linguista no use las mejores reglas, Zizek le critica a Chomsky precisamente lo que él defiende: la violencia).

Hay un lado performativo de Zizek que sin embargo disfruto. Me interesa aunque sea para continuar una discusión que no termina, que no debe terminar nunca. Bienvenido el abogado del diablo. Pero advierto, la crítica sin sutilezas puede llegar a la pose. Entonces pasamos de la crítica a la farsa.

Dada su notoriedad, hay momentos zizekianos que dan para discusiones interesantes. Por ejemplo, su  artículo para The Stone del NYTimes titulado "El fallo del socialismo de Mandela". Aquí Zizek dispara como de costumbre, pero hay puntos que merecen atención. Se aborda el legado de Mandela contracorriente:
¿Es esta toda la historia? Dos hechos claves siguen siendo aplastados ​​por esta visión celebratoria de Mandela: La vida miserable de la mayoría pobre surafricana no ha cambiado (de aquella durante el apartheid). Por otra parte, el aumento de los derechos políticos y civiles se ve contrarrestada por el aumento de la inseguridad, la violencia y la delincuencia. El principal cambio es que la vieja clase blanca ahora se une a la nueva elite negra. En segundo lugar, la gente recuerda el antiguo Congreso Nacional Africano que prometía no sólo el fin del apartheid, sino también una mayor justicia social, incluso una especie de socialismo. Este radical pasado del CNA ha ido desapareciendo de nuestra memoria. No sosprende entonces la ira cada vez mayor entre los pobres negros sudafricanos.
Si bien Zizek no tiene manera de probar la cadena causal entre aumento de derechos civiles y aumento de inseguridad y violencia, sin embargo los presenta "como si" uno precediera al otro, ambos parte del mismo proceso. Zizek parece olvidar que la violencia y el crimen son el peor legado de políticas diseñadas para aplastar al negro sudafricano durante el período de apartheid, de la misma manera que pueden serlo (pese a cambios notables en los últimos 50 años, la propensión a la pobreza en la población negra norteamericana en EEUU). Es decir, me permito proponer una cadena causal entre explotación y discriminación y pobreza crimen y violencia independientemente de los logros (innegables) del período post-apartheid.

¿Qué garantiza que un estado "socialista" traiga como consecuencia mayor justicia social? ( Zizek no define más precisamente, como si hubiese un solo tipo de socialismo, relegando las diferencias entre un socialismo a-la-Tito y el de Honecker). ¿Hay mayor justicia social en Venezuela hoy que la que había antes de Chávez? La pregunta se muerde la cola (claro, se diría, Venezuela no es Sudáfrica, ni todos los socialismos por venir deberán seguir la fórmula fracasada del siglo XX). 

El apartheid impone la discriminación sobre una base biológica (la raza como subespecie del ser político del negro sudafricano). Luego, ser negro es --no solo-- no ser merecedor de derechos disponibles a la minoría blanca (el voto negro fue eliminado en 1970 y relegado a los bantustans), es además ser (biológica y socialmente) inferior. Se podría salir del yugo de la pobreza (ocurre cada día), no así del yugo de la discriminación en el primer caso la distinción es --por usar una idea importada de la metafísica-- "accidental", no así en el segundo. Dado este brutal pasado durante el siglo XX, resulta demasiado naïve proponer una sociedad "justa" a solo 20 años del fin del apartheid. Esa sociedad sudafricana con sus todos sus defectos hubiese sido muy distinta de haber implosionado desde dentro, sin un Mandela. Y propongo la referencia del vecino más cercano: Mugabe en Zimbawe. 

¿Qué cambio? ¿Cambio incremental? ¿Revolución? El primero, defendido por filósofos pragmáticos como Popper, Rorty y Putnam, tiene la ventaja que permite la corrección diferencial "desde dentro", cambio paulatino que opera como feedback endógeno al proceso mismo. Por otro lado tenemos el cambio revolucionario (ojo cuidado, no estoy sugiriendo que solo hayan dos tipos de cambio). En este "el trazo" (tomo prestado un concepto de la sociología de alemana de los años 70 de Niklas Luhmann) el estado anterior parece desaparecer más rápidamente (pero Luhman sugiere que ese no es el caso cuando se trata de procesos sociales). Pero habría otra explicación, ahora desde la dialéctica hegeliana que tanto le atrae a Zizek: No hay Aufhebung que no lleve el ADN de su antítesis.

Zizek casi estaría de acuerdo conmigo. Veamos.
Sudáfrica, en este sentido es sólo una versión de la historia recurrente de la izquierda contemporánea. El líder de un partido es elegido con entusiasmo universal bajo la promesa de cambio --y entonces, tarde o temprano, se topan con el dilema fundamental: ¿Cómo vamos a cambiar los mecanismos capitalistas? ¿Y si uno se decide a "jugar el juego"? Si alguien perturbara esos mecanismos, será inmediatamente "castigado" por las perturbaciones del mercado, el caos económico, etc.  Por eso es demasiado simplista criticar a Mandela por haber abandonado el proyecto socialista tras el fin del apartheid: ¿realmente tuvo una opción? Pregunto: ¿fue la movida hacia el socialismo en una opción real?
Primero, Sudáfrica dista mucho de ser "una version recurrente" (izquierda o derecha aparte). Hablar de "izquierda" o "derecha" es una lectura post hoc al hecho histórico. Sí, hay toda una ideología afrikaneer que proporciona un sistema político despiadado, pero conminar el hecho en sí a un asunto "de izquierda" es --por usar un término casi peyorativo en la ciencia-- "reducir" el problema. La situación histórica del apartheid es muy única de Sudáfrica. Uno podría citar la discriminación racial de EEUU durante el siglo XX, pero no es comparable con aquella de la brutalidad del apartheid.

Segundo, el momento post-coyuntural político del "cambio". Pongamos Brasil, un país que puede figurar en esa fotografía de la crítica global de Zizek. Lula, líder de izquierda, fue elegido por voto popular y jugó al capitalismo (no precisamente como lo harían Cristina Fernández o Rafael Correa) y contra todos los pronósticos la fórmula adoptada produce crecimiento y riqueza, en medio de la peor crisis de occidente (lo cual no elimina otras contradicciones aún existentes en Brasil). ¿Cuál es el saldo?

Volvamos a Zizek:
Sin embargo, uno debe saber apreciar el momento de verdad (en lo de otra manera ideológicamente ridículo de la afirmación) de Ayn Rand: la lección del socialismo de estado es precisamente que la abolición de la propiedad privada y el intercambio regulado por el mercado, careciendo de las formas sociales de regulación del proceso de produccion, necesariamente resucita las relaciones de dominación y servidumbre. Si nos limitamos a abolir el mercado (incluyendo la explotación del mercado) sin reemplazarlo con una forma de  organización comunista de producción e intercambio, la dominación regresa con una venganza y con ella la explotación.
En lo adelante acoto cada frase zizekiana que necesite demostración.  ¿Qué son "las formas sociales de regulación del proceso de producción"? En lenguaje ortodoxo: sin revolución no hay arreglo. Este no es el lugar para analizar la posible defensa de Zizek (él no lo hace, lo supone). Pero he aquí que aquel comunismo ortodoxo del siglo XX no era más que otra forma burocrática de dominación, aunque muy distinta a la del capitalismo financiero de hoy, claro, con muchas menos libertades. Lo dicho no podía colegirse justo después de la caída del muro en 1989, la globalización apenas despuntaba.

Zizek trae la primavera árabe como ejemplo:
La regla general es que, cuando una revuelta comienza contra un régimen opresivo casi-democrático como es el caso en el Medio Oriente en el año 2011, es fácil mobilizar a grandes multitudes con consignas que no pueden caracterizarse de otra manera que de crwod pleasers: por la democracia, contra la corrupción, por ejemplo. Pero luego nos acercamos poco a poco a las opciones más difíciles: cuando nuestra rebelión tiene éxito en su objetivo directo, nos damos cuenta de que lo que realmente buscábamos terminar (nuestra falta de libertad, la humillación, la corrupción social, la falta posibilidadaes de una vida mejor) sigue pero con otra máscara.
¿Qué significa "casi-democrático"? Es Assad "casi-democrático" Y me parece tan injusto de Zizek decir que es "fácil mobilizar a grandes multitudes" en el mundo árabe pre-revolucionario (como si una manifestación contra Mubarak o Assad no fuese un asunto peligrosísimo). Llamar a esos jóvenes que murieron protestando ante los francotiradores de las milicias de Assad "crowd pleasers" es lamentable. Bien nos dice Lyotard que el reclamo de los muertos no figura jamás, pues "los muertos no hablan".
Pero luego nos acercamos poco a poco las opciones más difíciles: cuando nuestra rebelión tiene éxito en su objetivo directo, nos damos cuenta de que los problemas reales (la falta de libertad, la humillación, la corrupción social, la falta de perspectiva de una vida decente) se repite solo que de otra manera. La ideología gobernante moviliza aquí todo sistema para impedirnos llegar a esta conclusión radical.
En efecto, el "objetivo directo". ¿Pero cuál?
Nos dicen que la libertad democrática trae como consecuencia sus propias responsabilidades, que todo tiene un precio, que todavía no hemos madurado si esperamos demasiado de la democracia. De modo que nos culpan por nuestro fracaso: en una sociedad libre, se nos dice, somos todos capitalistas invirtiendo en nuestras vidas.
¿No es acaso ese fragmento en rojo arriba el discurso castrista por más de 50 años, si sustituyéramos "democracia" por "revolución"? Si el punto es que la tensión política fundamental entre gobierno y ciudadano, entre derechos y poder no desaparecerá jamás, entonces Zizek tiene razón. Pero se trata de una razón trivial. Es la naturaleza misma de lo político.

Concluye el pensador eslovenio con una bomba retórica que por supuesto es discutible: 
La gloria universal de Mandela es de la misma manera un signo de que realmente no perturbó el orden global del poder.
Y lo mismo podría decirse de Martin Luther King, isn't it?  

Zizek aquí presenta una actitud cínica. Es precisamente el precio de la retórica relativista de sospechar todo lo que aún está por probarse, discutirse y defenderse. Asumir que no hay nada pueda hacerse como no sea esperar el devenir de la historia, mirando la televisión y desde el sofá de la sala, apriori, predecir la próxima y legítima revolución.

¡Qué farsa!

3 comentarios:

judith ghashghaei dijo...


Guau, este ensayo es para leerlo varias veces, o al menos otra vez por el dia de hoy, y es lo que voy hacer ya con mi IPad pero con las patas sobre la cama. A lo mejor Zizek si estaría de acuerdo contigo! Y so on…

From OKC saludith

judith ghashghaei dijo...


Guau, este ensayo es para leerlo varias veces, o al menos otra vez por el dia de hoy, y es lo que voy hacer ya con mi IPad pero con las patas sobre la cama. A lo mejor Zizek si estaría de acuerdo contigo! Y so on…

From OKC saludith

Jacobo dijo...

Zizek tampoco es de mi preferencia, pero en este caso ha sido directo al blanco.

Excelente artículo y análisis AT

Saludos, Jacobo