viernes, 9 de octubre de 2015

El instante que nos une, de Nancy García hoy en Koubek Center de Miami Dade College


Rosie Inguanzo

El instante que nos une a Nancy y a mí, duró unos años. La conocí cuando yo era una niña y ella la novia de Charles Porcel, con saya vaporosa y botines carmelitas, super flaca a lo Françoise Hardy, linda y sincera (los colmillos montaditos). Luego aquí en Miami, en una etapa muy sensible (porque Nancy tenía la habilidad de detectarnos atrapados en un momento álgido de trabazón emocional), fue mi maestra por un tramo del camino. Ella tenía el don de hacerse imprescindible.

Y es que Nancy aparecía para partir la vida en dos.

Ahora es cosa del ayer, pero ¿qué hubiera sido de mí sin Nancy? "Yo te amo Ross, yo te amo". Y entonces me enseñó a decir igual, a boca llena, las razones del corazón. Tuvimos una relación de alto voltaje emocional. Porque la amistad es tan misteriosa como el amor.

Lo nuestro fue un proceso de transmisión. Me dio a leer por primera vez El principito, Juan Salvador Gaviota, Kahlil Gibran, Marguerite Yourcenar (que no es poca cosa); me regaló una bella edición del I Ching con prólogo de Borges. Y porque Nancy guío mis lecturas y compartió poemas, mis torpes esfuerzos son la continuación de sus bondades. Porque ella hubo sido muy mía y yo muy suya, me dejó sus irreverencias también, y algunas ideas noctámbulas, hieráticas y peligrosas.

Su actitud ante la vida proponía una marcha a través del desierto. Nancy tenía una ética personal y un denuedo a contracorriente. Un cansancio vital y un vivificante vuelo. Era de inteligencia sensible, hacendosa, buscaba su propio bien y el bien de los que amaba —de ahí su radio cordial reunido aquí para celebrarla. Así mismo era temperamental y apasionada; había un estoicismo y una cicatriz mal cerrada desde su juventud que también eran su dignidad y su decoro.

Nancy aparecía para partir la vida en dos.

“Yo te cuido, Rochi”—decía enseñándome—. “¿De qué? De todo lo que lastra, lo inauténtico de la vida, de los medios tonos y los esquemas, de los roles asignados”, que para ella eran falsedades sociales. Porque con Nancy se podía ir hasta el fondo del pensamiento.

En El libro de arena, poema "Himno", Borges dice:

“…y esas antiguas cosas recurren/ porque una mujer te ha besado.”

Que no es lo mismo amar a un hombre que a una mujer —gracias a Nancy, he tenido la suerte de conocer las dos cosas. Jugábamos a escribir poemas a dos manos, esperábamos la puesta del sol sobre el mar de South Beach, fumábamos como posesas y tomábamos café de pomito. Pero su impronta auténtica también traía sus peligros. Tenía un lado de sombra que ni tan oscuro; era un aspecto lastimoso de su ser. La niñita Nancy, la soledad y el propio desamparo, la emoción acuciante con la que escribía. Era encantadora en muchos sentidos y creo que fue maestra de todas sus amigas. Y en buena medida sus amigos somos su dinastía transtemporal. Ella buscaba el diamante de una y lo pulía y se adueñaba de nuestra virtud. Su harmatia o talón de Aquiles ella la sabía. Nancy sabía que nos extraviaría en la pátina del tiempo; siempre lo supo; una a una nos fue coleccionando y perdiendo cuando ya estábamos listas para el dar el paso decisivo. Nos preparaba para dar el paso que nos alejaría de ella. Lo sabía y esto la hace una figura trágica.

Dice Nancy:

“Vamos a hacer el poema/ para que mi palabra sea vista con la tuya/ porque ya mi alma anda conociéndote/ asustada de lo inmenso y la locura./ Vamos a descifrar el manuscrito/ a entregarle al vecino los discursos/ a Dios lo que le pertenece/ y a nosotros el instante que nos une.”

Agradezcamos a Sergito Andricaín y a Antonio Orlando Rodrígez -Fundación Cuatrogatos-, que rescataran para nosotros en este poemario, la sensibilidad y la gracia con la que Nancy García supo vivir, y el instante que nos une a ella.

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Hoy viernes 9 de octubre, a las 8:00 p.m., en el Koubek Center de Miami Dade College. Velada celebración de la vida, la poesía y el amor, presentada por la Fundación Cuatrogatos y Miami Book Fair, en la que se presentará el libro de poemas El instante que unos une, de Nancy García, ilustrado por Zaida del Río. Con la participación de Daína Chaviano, Lili Rentería, Rosie Inguanzo, Larry Villanueva, Juan David Ferrer y Mike Porcel.

2 comentarios:

judith ghashghaei dijo...

Que homenaje tan bellooo! Mi Nancy fue una monjita de la teologia de la liberacion quien me dio algunos de esos libros.Que suerte la existencia de las nancys y sus legados.Saludith desde Oklahoma

Cuatrogatos dijo...

Qué texto tan precioso, Rosie. Un abrazo,
Tony y Sergio