domingo, 6 de agosto de 2017

Por qué la modernidad no es moderna

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Para comprender por qué decimos que la modernidad no es moderna hay que primero definir qué es la modernidad.

Jurgen Habermas dedica el primer capítulo de su Discurso filosófico de la modernidad (1985) al análisis del tiempo de la modernidad. ¿De qué se trata?

La modernidad (M de ahora en adelante) es algo que se instaura, es una época que "arriva". Para hacerlo debe ser identificada y anunciada, digamos, por una generación preclara.1 Habermas presenta a Schelling y su Las edades del mundo donde encontramos el motto: "el futuro ya ha comenzado". Toda una generación vislumbra esa novedad (del lat. novas aetas) que M trae consigo.

Después hace falta un bautismo temporal. Le toca a G. F. Hegel en su Filosofía del espíritu: "... nuestra época marca el nacimiento y la transición a un nuevo período." Ser moderno es sentir que existe un futuro. Esta es la seguridad de M (su reserva, por así llamarlo). Pero como ya sabemos, el futuro de M no sería posible si esta no fuera capaz de agenciarse su propia normatividad (la razón es que no existe una época anterior equiparable a M, que es toda originalidad). Es tiempo de anunciar la primera paradoja de M:

Todo futuro siempre ha de quedar detrás de sí. 

¿Qué hacer entonces? De acuerdo a Habermas el imperativo histórico de M ha sido mantener un reclamo viable que justifique la incongruencia entre la expectativa futura y la realización presente que incita a la decepción. Y como se sabe, este impasse es el talón de Aquiles de toda utopía.

Tanto Hegel (como Habermas) están de acuerdo que ese momento marca el nacimiento de la crítica y ese otro discurso llamado estética. La crítica es una manera de M de instaurarse como paradigma desde la razón.2 ¿Y cuál es la función de la estética? Ayudar la construcción de M, de su pegajoso e inmanente continuum en que moran los mellizos consentidos: la belleza y lo sublime.

Sin embargo, una vez oteado el futuro no queda más remedio que mirar atrás y comparar.

Para esta vuelta a-lo-que-fue, Habermas trae a colación a Walter Benjamin y su Tesis de la filosofía de la historia.  La estrategia de este último es dislocar el continuum de M, explorando el más allá de su pasado que es casi una pre-historia. Hay que aclarar que desde el momento que M se normativiza, debe separarse de lo anterior, ¿de qué? del pasado. Pero como M siendo continuum no tiene pasado en sí, solo puede hablarse del antes de M (llamémosle aM). De acuerdo a Benjamin sacamos una segunda conclusión:



M no tiene pasado, solo prehistoria (aM).

¿Existe acaso pM? Veremos.


Como solución, Benjamin propone una confrontación anamnéstica. Primero, es crucial reconocer la injusticia irreversible de aM (los siglos de sufrimiento de todos las víctimas anónimas de la prehistoria). La belleza de este fragmento de Benjamin exije que lo citemos en su totalidad:
Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.
Después habrá que reconciliar esa prehistoria brutal a través de la memoria, pero el análisis de Benjamin sigue siendo socio-histórico.3

Volvamos a la paradoja de M: ¿Existe un pM?  Pareciera que sí. Y Habermas podría señalar a la postmodernidad como ese momento aprés de M. 4 Entonces, para nuestra sorpresa, descubrimos lo siguiente:

¡pM no es un aprés, sino un aspecto decadente de M! 5

¿Cómo puede ser? Ese es precisamente el tópico del próximo post.

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1 Los románticos, en particular la generación del Sturm und Drang están llamados a comprender de primera mano que M tiene una reserva que no será agotada sino hasta un aprés, algo que trataremos más adelante. 2 Habermas menciona la influencia de Immanuel Kant como el patrón a seguir, sea a favor o en contra. Para ese momento en el siglo XVIII principio del XIX no puede hablarse de autocrítica de M en el sentido que conocemos hoy. Lo trae la razón que se aviene a M es una crítica a lo anterior (ese horizonte aM). 3 Escribe Benjamin: "La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no está constituido por el tiempo homogéneo y vacío, sino por un tiempo pleno, el Jetztzeit (tiempo-ahora que en este caso indica un nunc stans o inmanencia eterna). 4 Después de todo el libro de Habermas es publicado en 1985, en pleno post-modernismo y antes de la caída del muro.
5 Habermas reconoce el agotamiento de M en lo tocante al discurso de la razón ilustrada y la razón subjetiva. Una posible solución es la acción comunicativa. El caso es que M aún cuenta con reservas. Lo que nos trae a una conclusión sorpresiva: Cuando se trata de M no existe aprés.