jueves, 31 de marzo de 2005

Silla para razonar


Por Alfredo Triff

No hay nada mejor para el desaliento que una buena silla. Tronos, sillones de ruedas, butacas, sillines, bancos, asientos con una dos y tres patas, con y sin brazos y algunas sin espaldar. Escaño, símbolo, atuendo de ocasión. Mobiliario cronista de parte y celo. Hay algo en la silla que me calca: cabeza, espalda, brazos, patas. Función aparte, háblese del mueble como arquetipo, capricho o visión. Notemos el juego esencial del argumento platónico... la silla como idea, no como fundamento para las nalgas. Detesto la butaca Chippendale y la Bonapartiana donde la pomposidad de la forma se embelesa consigo misma. Mi trono predilecto es fuerte, duradero, algo difícil, rudo, con su rasgo categórico. Superior, versátil y adaptable. ¿Hay algo más somáticamente vertebrado que la madera y el cuero? Me refiero a la banqueta por antonomasia, digna, duradera, constante y fiel --casi inquebrantable: El taburete. Su raza es simple y medular. Ahí di mis perretas de niño e hice el amor de joven. Indudablemente, podría pasar de lo pedestre a lo palatino. Entonces opto por el sitial del modernismo: la Barcelona de Mies van der Rohe. Pero eso me lleva a otro capítulo.

miércoles, 30 de marzo de 2005

Adulterio en los Everglades

Por Amílcar Barca

La belleza reside en un bosque de Homestead. Junto a la escorza de un manglar obsceno. Donde el amor, se reduce a las grafías, que circulan desde la raíz hasta la copa. Corazones y escritura de una esperanza que se aferra con sus pies al limo. Y reduce... el río de hierba a otro más hermoso y de mujer. Tú, con un blanco de invierno en los ojos, estás con los veintiséis bajo una blusa abierta. Muestras al herón y al ibis tu lujuria e inicias un diálogo, con la humedad del alba y las horas. Hoy, entre la espesura de los días, viene a mi memoria el tejido encarnado de aquel encuentro. Llena de rasguños y cangrejos, me acompañaste una mañana de diciembre hacia un camino recogido, donde el caimán y el nenúfar se cruzaban, al paso lento de los remos. En el aire flota aún una balada, espesa de alaridos y de aves, que custodia el viaje que iniciamos. Alrededor, una huida escondida con codicia nos acompaña al mediodía. Conversando junto a nosotros la ropa mojada y la intención, alcanzamos de inmediato aquello que, todavía, esta noche nos une: una orquídea en la mesita derecha de la cama y el silencio del abrazo. Al salir del motel, la misma culpa, como una culebra azul de madrugada, impregnará el tiempo que nos queda, con el barro del deseo que arrastramos.

martes, 29 de marzo de 2005

Progreso como valor supremo

Por Rosie Inguanzo

Falsas ideas de progreso: 1. El boom de bienes raíces en Miami. Si los precios de las casas son tan altos que el ciudadano medio no puede adquirir una, o tiene que desvivirse (tener dos empleos) para poder pagar la mensualidad. 2. Si la guerra le gana al diálogo y la diplomacia cede a la barricada. 3. Comprar un SUV gigantesco y rojo, manejarlo con arrojo, gastando mucha gasolina... y debiéndoselo todo al banco. Octavio Paz nos dice que toda utopía nos promete una recuperación. Y yo me pregunto: Los logros materiales y avances tecnológicos que estamos viviendo ¿nos aseguran una utopía del progreso? 4. Culto al individualismo. ¿Por qué entonces nos inunda ese sentimiento de “orfandad”, de desamparo, de no pertenecer a la tribu ancestral, o la comunidad? Paz dice que en la modernidad vivimos la “tradición de la ruptura” (romper con el pasado, romper con la tradición, etc.), y que esta ruptura conlleva a la pérdida de valores. ¿Qué tú crees?

lunes, 28 de marzo de 2005

Evocaciones miamenses

Por Adalberto Delgado

Recién llegado a esta ciudad esuché el concierto de "The Doors" en el Dinner Key Auditórium, en el Coconut Grove Convention Center. Tuve que brincar la cerca con unos amigos para disfrutar del evento. (¡Jim Morrison se masturbó y se lo llevaron preso!) Dinner Key no era la única plaza… mi favorito era el Miami Jai Alai frontón. Cuando terminaba la temporada del juego de pelota vasca, se podían disfrutar grupos de música: Emerson, Lake & Palmer, Yes, Ten Years After, Cream, Hendrix etc. La entrada: $8. Claro, nosotros como "refugiados" y (además) hippies, no contábamos con ese capital. Por el "look" nos colábamos por la puerta backstage saludando al security guard, como si fuéramos del clan. Pirates World presentaba conciertos de rock. En el Indian Reservation tuvieron un mini-Woodstock, donde vi a Janis Joplin, Canned Heat, NRBQ y muchos otros. Si te aventurabas en un viaje de casi dos horas al West Palm Beach Music Festival, llegabas, y como nosotros, plantabas una casa-campaña con banderita cubana y todo. Recuerdo el Image (repleto de bean bags estilo California) donde disfruté de Mike Pineda y los Blues Image, Evil People. Haven (en la calle Ocho a dos cuadras del Versailles) y The World, que ofrecía conjuntos como Frankie & the Seven of Us, The Collections y otros. En un bar llamado The Place (sin tragos, pero mucho de otras cosas) se reunían los grupos locales: Queens Kids, Kracker, Newborn y otros, que tocaban top-40’s, pero se vacilaba un montón. Muchacho: si no conociste ese Miami fuiste "cheo" o niñito bitongo. Muchacha: si no usabas "bajichupas" o pañuelos amarrados como blusa, eras una "Cheita." Otra época, otra ciudad, otra vida.

domingo, 27 de marzo de 2005

Misántropo

Pot Alfredo Triff

Todo misántropo es alguien que amó demasiado. Inocente herido, Gulliver en retirada a vivir con los potros. Zanjado, con la promesa de no morar con el ficticio homínido. Y como ser humano, lleva en su piel el hedor de la mendicidad y el corrupto aroma de la vanidad. ¿Quién podría reprocharle su amargura?

sábado, 26 de marzo de 2005

Cuestionario sabatino de madurez

Por tu miamiblog

1- ¿Cumples “casi siempre” lo que prometes?
2- ¿Te dejas llevar por tus impulsos?
3- ¿Piensas que cualquier cosa que hagas está bien?
4- ¿Le “vendes el cajetín” a responsabilidades sociales que te dan gorrión?
5- ¿Confundes a menudo espontaneidad con autenticidad?
6- ¿Eres desconfiado?
7- ¿Procuras quedar bien independientemente de tus compromisos previos?
8- ¿Toleras las frustraciones cotidianas sin “perder la tabla”?
9- ¿Amas tu independencia por encima de todo?
10- ¿Rehusas cumplir con tu deber si no es placentero?
11- ¿Confundes a menudo lo que quieres con lo que deseas?
12- ¿Meditas las consecuencias futuras de tus decisiones actuales?
13- ¿Procuras controlarlo todo para no sentirte confundido?
14- ¿Eres de los que piensas que nunca te equivocas?
15- ¿Si metes la pata le echas la culpa al destino?
16- ¿Prefieres un buen carro a una cuenta de ahorros?
17- ¿Erez capaz de botar el envase del lunch to go de McDonald's en plena 8 calle?
18- ¿Persigues tu éxito personal aunque le pases por encima a cualquiera?
19- ¿Cambias de amistades como el que cambia de chaqueta?
20- ¿Te importa un pito lo que tus amigos piensan de ti?
21- En la ducha, ¿le das al agua caliente por una hora sin pensar en el planeta?
22- Si tu compañero/a discrepa contigo ¿lo tomas como una falta de respeto?
23- ¿Le has dado dinero alguna vez al Public Radio que oyes todo el día?
24- ¿Cuando estás en grupo, te gusta que todos los ojos te miren?

viernes, 25 de marzo de 2005

8 calle y 14 avenida

Por Alfredo Triff

Juan-Alberto y Yulisceimy González tienen ese parecido físico-familiar único que indicaría... súmele una diferencia substancial de formación cultural y política. Ambos ven el mundo desde contadas diferencias numéricas: noventa millas, 20 años. La Habana vs. el South West. Sólo quedan reminiscencias. Rasgos en blanco y negro, sonrisas fotográficas, un remoto cumpleaños en el parque Almendares. Yulisceimy recién brincó el charco con su novio Raidel. Encontró al viejo cuando publicitó su nombre en un programa dominical AM. Siempre hubo un reproche cardinal. Él la dejó. Y ella rechazó la imagen gris e intensa de un jovenzuelo, con una niña en brazos, en Jaimanitas (foto que se salvó de la pira de la vieja). ¿Y el senti-miento? Mintieron. Se citaron por teléfono. -“Soy tu hija” -“¿Yulis?”. Hoy viernes se encuentran en el McDonalds de la 8 y la 14. Mientras el padre bebe café, disimula el estupor y mira a la hija tomarse un batido de vainilla. Rara sorpresa. Conversan pero las palabras no convergen. No hay tema fuera de ellos, pero el tema no los toca. A él le duele no poder transmitirle el vacío. Ella quisiera negar el acondicionamiento (“Tu padre siempre fue un mierda”). Se resiste. “¿Por qué no le toco la mano y lo beso?” “¿Por qué no le digo que se venga a casa a conocer a su hermano?” Desencuentro. Deslinde. Apellidos bifurcados en la existencia. La plática se torna didáctica. Él lo sabe y se odia por ello. La muchacha responde en automático, con ese español quim-birúm habanero: -“Ahí tienes mi dirección. ¿Cuándo vienes?” “Pronto, cuando Raidel me lleve”. -“¿El domingo que viene?” Ella asiente y se levantan. Se besan apagados. Yulisceimy vuelve la cara a la calle, punto de quebrarse. Juan-Alberto le da la espalda y camina abatido. Al menos es un comienzo.

jueves, 24 de marzo de 2005

Receta inconclusa

Por Laura Luna

La felicidad. La tan repetida, cacareada, pretendida, imaginada, obsesivamente deslumbradora, perseguida felicidad. Tema consentido de filósofos. Argumento de cuentos, leyendas, dramas, canciones, poemas, ¿Qué es?. Aseguro solamente que cambia de importancia de acuerdo a nuestras necesidades del momento. Tiene ramificaciones enmarañadas y profundas. Va desde un deseo inalcanzable, al simple acto sensorial de degustar la taza de café. La felicidad está falsamente basada en las expectativas que tenemos sobre todo lo que nos rodea. Más es imposible que seamos felices, si no podemos detenernos en el presente, en el instante eterno... en el fácil, caliente sorbo de café. Si no tenemos muy claro el espíritu (turbio el reflejo en extraños espejos), la vida se complica, confundiéndonos. Reflejamos deseos de otros, rabia de otros, sueños de otros, angustias de otros. Indudablemente, que la conciencia colectiva nos obliga en cierta medida a la repetición del error. Pero, ¿qué tal que nos detuviésemos un poco a observar...? Hallaremos gérmenes a nuestro alrededor para sentirnos felices; aunque sea en pequeños espasmos de éxtasis transitorio... ser conscientes de nuestra propia vida, de lo que ocurre fuera de nosotros, de lo que damos y recibimos, de la belleza y el horror. ¿Por qué no tratamos de "pausarnos", despojándonos cada amanecer de la mayor parte de las expectativas? Observemos la existencia minuciosamente...sin reflejos engañosos, sin recortes de imitación, sin retenciones, sin ayuda.

miércoles, 23 de marzo de 2005

En fenómeno Arrebatus

Por Alfredo Triff

En las últimas tres semanas recibí numerosos emails de amigos mandándome a ver el corto Monte Rouge que aparecía en la revista Arrebatus. Luego apareció un artículo en La Jiribilla titulado “No se me ocurriría nunca atacar a la Revolución” donde el realizador del Llano es conminado a “disculparse” con los segurosos (mi repugnancia con el encabezamiento exime a del Llano, sé que los segurosos ponen el título). Cuando entro a la revista, me recibe una introducción escrita por el editor (imagino que es Arrebatus). En la sección “Descargas”, aparecen dos cortos (uno de ellos Monte Rouge) que me resultó muy difícil bajar. “Foros” tiene el formato de administrador y moderador, pero hay que inscribirse. Por cierto allí me encontré la página de Enrisco --atrayente. La participación de un tal Concho es curiosa, como lo es la discusión que prosigue. En la sección “Revista” hay cinco paneles: cultura, política, economía y sociedad --creo que lo mejor de la revista. Se trata de comentarios escritos por Arrebatus, La Protuberancia, Rubén y un tal Chucknorris. Con la ventaja --y desventaja-- que me da la distancia y las millas recorridas; el contenido me parece comedido pero engaging. Hay que saber leer entre líneas. Por ejemplo, “Cacerías en nombre de la ley” es ingenuo. La Protuberancia escribe un poco más desahogadamente (lean su “Entiendo a Cuba”). “Represión Internet” de Arrebatus, me pareció original. Otro de La protuberancia titulado “Réquiem por Silvio Rodriguez” lo dejo a la interpretación del lector (incluso antes de su “canción del pueblo combatiente” --mientras me caían a piedras en el Mariel—ya no lo soportaba) . Si Arrebatus.com es realmente una página independiente, creo que es un ejemplo incipiente de cómo la sociedad civil en Cuba comienza a encontrar la manera de decir las cosas “desde dentro”, en medio de la represión. Y eso vale la pena.

martes, 22 de marzo de 2005

El río Miami

Por Amílcar Barca

Cuando el profesor señalaba el color azul del mapa de Brasil, el Amazonas era una quimera. El río de los ríos siempre fue para mí esa neurona inmensa en una extensión sólo apta para Orellana . Mi ciudad, Barcelona, está entre dos ríos, pero nadie habla de ellos. El primero, El Besós, lo recordamos por su tragedia al desbordarse en los años sesenta. El Llobregat, porque su planicie es el asentamiento y partida de los aviones comerciales. Cuando tenía doce años me hice boy scout y con mi patrulla empezamos a conocer la naturaleza. Entonces “río”era igual a “....aguas nevadas de las montañas que, intrépidas y salvajes, surcaban las rocas en primavera y despertaban a los salmones y truchas en medio de las corrientes y los helechos”. Estaba claro que a lo largo de mi vida, diferentes visiones sobre este accidente geográfico se iban sumando. El sábado, Miami celebró su anual festividad sobre lo que ya es casi seguro su primer sitio como urbe: las orillas del río. The Miami Riverday fue una hogareña, apacible y bien organizada fiesta que me permitió entender, una vez más, como el ser humano concibe/destruye el hábitat a lo largo de su historia. Nuestro río, hoy, es una suma de asentamientos industriales, marítimos y urbanos, salpicada con alguna que otra zona verde en su recorrido. La remodelación del área tiene sus ambiciones nobles (el drenaje y limpieza del cauce, por ejemplo) pero, para mí, también sus incógnitas. Y las descubrí al bajar del tour en barco, cuando una cadena de agencias inmobiliarias puestas en hilera me mostraba, con la misma “hilaridad”, una cadena de edificios altos que iban a cercar nuestro río “dulce” (no olvidemos la etimología de la palabra Miami). Si Uds. hubieran visto en los mapas virtuales de sus folletos lo que yo vi, les aseguro que una vez más, iban a entender otro nuevo concepto de “río” en el siglo XXI.

lunes, 21 de marzo de 2005

Jurassic Park en tu corazón

Por Adalberto Delgado

Ayer domingo, durante el "Musical Brunch", mientras hacia mi labor de DJ en la librería Books & Books, de Coral Gables, junto con mi socio Reinaldo, ojeamos una revista donde aparecía una vieja de unos ochenta y tantos años, vestida con ropa de niña, y no pudimos parar de reírnos. Para rematar, hizo entrada en la librería una dama anciana, con la misma cara y arrugas que la de la revista. Nos quedamos estupefactos. Tenía pinta de Sausbichera engreída... lucía supercómica. Lo primero que nos vino a la mente (en forma de talla fue) "esta bañada y sustentada en formol". La segunda: ¿Y las pastillas de calcio, la vitamina E y el Geritol? No piensen que esto es un fenómeno único de Coral Gables. Todos los sábados paso por una tienda de vinos a descargar un poquito con mi amigo Alberto Menéndez, un viejito Cubano que toca la guitarra y anhela cantar. Uno de esos días que el viejito y yo comíamos un sándwich le pedí que sacara su guitarra y probara cantar unos boleritos con una copa para propinas. Alberto se fue a casa ese día con mas de $100 en propinas. El dueño de la tienda, un campesino francés de nombre Phillipe, se dio cuenta que los comensales gastaban más en copas y comida, cuando había música, y se le ocurrió abrir un segundo lugar, donde Alberto y compañía interpretan boleros, sones y guarachas todos los sábados. Al principio iba gente joven. Ahora, señoras conservadas en formol se han apoderado del sitio. Pero hay también viejos verdes buscando a jovencitas que los jineteen. El lugar es una especie de Jurassic Park. Pasen un sábado por la tienda (en la misma esquina de la 58 Avenida con la Ocho Calle, entre Lorenzo Furniture y un day care), deléitense con la cursilería, con abundante vino y el mal gusto. Si les gusta la descarguita, pueden pasar un buen rato y llevarse un pedazo jurásico en sus corazones. Y si les gusta la música urban world, no dejen de pasar por Books & Books, en Coral Gables, uno de estos Domingos.

domingo, 20 de marzo de 2005

Mar adentro: derecho a morir

Por Carmen Díaz

Hace tres días veo la misma película todas las noches. Hoy sería la tercera, pero he decidido escribir algo en vez de volverla a ver porque no creo que tenga algo nuevo que decirme. (O quizás ya me dijo lo que podía entender). La tesis es muy simple: si usted no puede disfrutar de su cuerpo físico, si su existencia material esta limitada, a punto que vegeta, no se mueve, no se estremece su músculo primo (aunque tiene la fábrica de ideas y pasiones que no puede consumar en “plenas facultades”); debía tener derecho a morirse. ¿Y quién es el estado, la organización política o social o la madre de las iglesias para impedírselo? ¿Si su vida física, su cuerpo, no le acompañan quién tiene derecho a decidir su muerte? Usted solamente, si hubiera justicia. Sin embargo, como la realidad tiene muchos bemoles, hay otra lectura de todo esto. ¿Y qué pasa si no es su cuerpo tetraplégico sino su espíritu, que no encuentra ninguna alegría en la vida? ¿Qué pasa si a usted le duele el alma por tanto tiempo que tanto dolor ya resulta insoportable? Si cada día se asusta cuando sale el sol y piensa que debe salir para alguien ajeno, que acaso no duela tanto. Entonces vienen todos los paradigmas de la salud mental en el mundo occidental. Y usted recibe un diagnóstico. Parafraseando a los sicólogos: “Usted esta profundamente deprimido... clínicamente deprimido”. Peor, ¡usted está suicida! Y ahora se trata de cuidarlo. Evitar por todos los medios que usted consuma su urgencia de morir. Usted no tiene derecho a ejercer su libertad, porque está enfermo. “Se lo digo yo que soy un doctor. La vida siempre vale la pena”, diría el sapingo. Algunas gentes han hecho oficio en tratar de borrar el carácter peyorativo de las enfermedades mentales. Que sea igual ir al siquiatra o al cardiólogo. Que si usted va a terapia no sienta minusvalía, poca hombría o flojera. Entender que tenemos varias parcelas de funcionamiento en la naturaleza humana, una física, otra emocional, probablemente otra social y qué sé yo. Si fuera así, ¿por qué sólo debía tener derecho a morirse aquel que no puede correr con su niño por el jardín, o ni siquiera engendrarlo y no cualquier otro... que simplemente no es feliz?

sábado, 19 de marzo de 2005

Metas confundidas

Por Alfredo Triff

Mucha gente vive la vida llena de dolor. Sus amarguras surgen porque no entienden que este mundo se colora con sus propios deseos y fantasías. Sí, nuestros humores impregnan la realidad, uno para cada cual y con alcances distintos. Claro, siempre queremos más. Es lógico. Pero ¿dónde es ya bastante? Ser feliz es raro, pero no es imposible. Quien la reclama con tanto deseo se engaña. La felicidad no se encuentra buscándose. Además, no puedo ser feliz todo el tiempo sin dejar de serlo. Lo que es peor, puedo “creerme feliz” y vivir engañado con mis propias metas. Dicho de otro modo, puede que ser feliz consista en no perseguirlo tanto. Simplemente vivir... enteramente, con uno mismo y para los demás. ¡Qué paradoja!

viernes, 18 de marzo de 2005

Pienso, luego existo

Por Alfredo Triff

La noticia fuerte de hoy es Terri Schiavo. El senado acaba de recharzar una propuesta de la Cámara de Representantes para mantener a la mujer artificialmente viva. Se rumoran apelaciones de último minuto del campo republicano (aunque hoy se debe retirar el tubo, puede que eso no ocurra). No me asombra que Schiavo se convierta en una ficha en mano de los políticos. Pero más allá de todo eso hay que preguntarse, ¿vale la pena mantener a un ser humano "vivo" --indefinidamente-- en estado vegetativo? ¿Qué significa "vivir" sin conciencia, autonomía y libertad? Se dice que la vida es sagrada. Pero dudo que pueda asegurarse que Schiavo está viva... lleva una década en la cama, comatosa y difunta. Si acaso, esa pobre mujer está muerta en vida... o más muerta que viva. Ni siquiera es una persona (si entendemos por persona el uso del ser de razonar, tener libertad y sentimientos). Me voy con la divisa del viejo Descartes.

jueves, 17 de marzo de 2005

En defensa del doggie bag

Por Rosie Inguanzo

Hace unos días, en una cena de amigos, una catalana dijo que no podía permitir que los americanos se llevaran las sobras de sus platos. Que había tenido que impedirlo (a fuerza de policía), mientras dirigía la entrega de refrigerios, durante un evento deportivo en Barcelona. Argumentó que “eso de empaquetar lo que no te vas a comer ipso facto no es una costumbre por aquellos lares, y que no es de buen gusto”. Una cubana chusma y sujeta a su experiencia del periodo especial ripostó: “Pues en Cuba sí llevamos naylito a todos lados. Más diálogo de tripas. Lo que sobraba había que llevárselo porque resolvía la comida del día siguiente... es que el naylito estaba supeditado a la hambruna radical que padecíamos. Vaya pa’ que sepa.” Un cubano cordial, dicharachero y fumador de habanos, cerró filas con la guapísima catalana (y agregando a su compatriota al shitty list), argumentó enardecido: “Eso es costumbre de los americanos. En mi Cuba nunca hicimos eso de llevarnos las sobras.” Un observador imparcial se sirvió más vino, y con voz pastosa, aguardentosa, laid back, alegó: “En la memoria del hambre de los irlandeses que llegaron de una Europa hambrienta, puede que esté la génesis del doggie bag. El argumento de ‘si pagué por mi plato es mío’ se justifica en sí mismo. No obstante, triste ironía ofrece el exceso de desperdicios. Además, ¿qué saben los americanos de las costumbres europeas? En Miami lo mismo vemos a un americano con naylito que a un cubano con doggie bag, porque las generosas raciones del Versailles no dejan alternativa". Ya ven como hay dos Cubas, hay catalanas que apelan al buen gusto, hay americanos mal educados, y cubanas vulgares marcadas por el hambre.

miércoles, 16 de marzo de 2005

Miami en el asfalto

Por Isa Alfonso

Hasta anoche, que decidí dar un paseo a pie, las calles de mi barrio eran ráfagas sueltas, inatrapables desde el carro. Caminar otorga la virtud y la sapiencia del detalle. El alumbrado comenzaba a dibujar un nuevo algoritmo en el cielo. Eran como las seis de la tarde, ese momento en que parece que todo se va a acabar y de pronto comienza a bailar la noche sobre nuestras cabezas. A veces, caminando por la Habana Vieja, tenía la sensación de que las calles conocían mis pisadas, de tanto andarlas. Las calles del Northeast, en cambio, me recibían con la sorpresa de lo inesperado. Un nuevo bautismo, una ablución que me alejaba del pecado de no detallar cada una de sus esquinas. Un restaurante en la 26: Bavaria, reza el letrero. ¿Alemanes en el barrio? Nada es tan lejos como parecía. Más adelante, Peruvian Food, Delicias del Mar. Lo arbitrario acoplado. Espero por la danza del semáforo. Alguien, desde un pequeño apartamento de luz tenue esboza unas notas en el saxo. Avanzo y ahora me acompaña Miles. A mi lado, aguzando percepciones, The Doo Bob Song. Sonidos de una ciudad imantándose al asfalto. En este minuto expandido de laxitud, el paisaje se graba en la piedra. El microcosmos busca su espacio en la pupila. Forcejea. Jirones, tiempo aniquilado. Eterna estampida de pasado y futuro. Adoquines espejeantes en el background de este collage vespertino.

martes, 15 de marzo de 2005

Tiki bar


Por Alfredo Triff

La sala se envuelve con los colores artificiales de la noche. Destellos color naranja, verde esmeralda y azul opalino, envisten como si un líquido corriera por las paredes. La lámpara Sputnik que Teodoro, un amigo de mi padre (y comunista desde que llegó a la Habana, en 1939), compró en La Época, en honor a aquella hazaña rusa del 57. En la pared, cerca de la terraza, veo ráfagas anaranjadas detrás de las sombras de un grupo de máscaras y objetos africanos, encima del bar favorito de mamá, empotrado en la sala con caprichoso zig-zag de bronce (a lo Miró). Cerca del balcón, a través de una puerta de cristal, pueden verse las estrellas. Encima de la mesa, al lado de la silla de plástico Saarinen, destaca una ánfora color esmeralda diseñadas por algún maestro sueco. Del otro lado está el librero, y a la derecha un elegante gabinete de cedro --como esos diseñados por Aalto—con tres filas de pequeñas estatuillas polinesias. Dos butacas (que parecieran diseñadas por George Nelson), envueltas en forros tersos, hacen contrapunto a un suntuoso Grundig que el viejo se compró para escuchar su música preferida... que a propósito comienza a sonar ahora, al compás del ritmo tropical, interrumpido por coros femeninos y gritos de aves exóticas en fuga. Martín Denny con su orquesta y coros tocan para mí: Estoy embelesado. Me acomodo en el sofá y miro el techo blanco empedrado por fulgores. La música se riega y poco a poco se desboca en un tutti percusivo. Todo da vueltas. Sudo frío. Es un gran final con las cuerdas y el coro y el gong... la armonía me suspende en una época: 1960.

lunes, 14 de marzo de 2005

Oda a un hombre de sobremesa

Por Amílcar Barca (a Don Eulogio Castiello)

Una fotografía me retiene a ti. De espaldas al jardín, con tus enseres de cocina y hambre, libando el jugo de un asado al grito familiar y común de “todos a la mesa”. Bajo la sombra de la acacia. Con tus ojos abiertos como vitrinas. Hablando sobre el mar y el ingenio. Con el rojo adormecido del burdeos desvaneciéndose por el cristal de tu copa. Tus oraciones laicas, entre una tertulia de invitados atentos, a una isla de memorias que persiste. Los Coros de Nabuco susurrando a la buganvilla el eco y el misterio de sus voces. La citas ilustradas al Supremo; mis discrepancias como agnóstico meritorio. El barniz del aceite entre la porcelana de la vajilla y el resto de una hoja de lechuga de Boston. La España del 98. El general Weyler. Las aventuras de Martí en Zaragoza. La pátina limpia y húmeda del tocinillo. El deceso de las sombras en la hierba. Las seis en punto, desde el carillón del comedor. Otro café... más tertulianos... la noche de noviembre. Hoy el Gran Arquitecto circunda tu llamada y eleva su plegaria. Hoy regresa a mi memoria: “el día que el Supremo me llame mis hermanos repicaran tres veces en mi caja”. En el último golpe, antes que derrame la tierra entre el ataúd y las rosas, invocaré a mis fantasmas, para que hablen de ti junto al ron de la tarde en cualquier sobremesa que me reste. Desde aquel patio de Kendall donde el zapote y el mango se reunían con nosotros después de comer, yo percibí en ti, el valor del tiempo, la pasión que despierta la lengua tradicional que nos unía y sus metáforas apasionadas sobre el diálogo. Descansa en paz, hombre de bien.

sábado, 12 de marzo de 2005

Sobre la tolerancia

Por Alfredo Triff

¿Se puede tolerarlo todo? No. Hay actos demasiado viles que ya todos conocemos. Algunos dicen que tolerar es a matter of opinion. Yo pienso que la tolerancia conlleva sacrificio. No es aguantar, es tratar de entender. Su valor consiste en admitir el derecho del otro a expresar un punto de vista que nos molesta. Es un trabajo personal y subjetivo, que expande nuestra comprensión y auto control. Pero la tolerancia tiene que tener un límite. En una sociedad libre es mi deber permitirle a cualquiera que exprese su punto de vista, siempre y cuando no se destruya la facultad que posibilita esa libertad. Por otra parte, la tolerancia no tiene que ser necesariamente pasiva... ni convertirse en patente de corso para escarnecer. ¿Existe el derecho de no tolerar la intolerancia? Claro, pero eso conlleva prudencia. No siempre se puede convencer a todo el mundo. Al fanático, es muy difícil. Pero siempre que haya razón, las palabras cuentan. Conversemos más, ofendamos menos, y al necio, pongámoslo en su sitio.

viernes, 11 de marzo de 2005

Una receta de caldo para esta noche

Por Alfredo Triff

El blog está jodido, y mientras, quiero sugerir una buena sopa para esta noche, que hace frío. Pero por ahora, hablaré del caldo, la sustancia, lo primario en la buena comida... como la clave en el guaguancó. Consigue un montón de huesos con su gordito... sécalos (casi todo lo que se cocina debe secarse primero, sea pollo, pescado, etc.) En una olla grande, pon a calentar un poco de aceite (debe haber espacio para que los huesos bailen). Polvea la osamenta con un poquito de harina y tira una pizca de puré de tomate. Fríelos. Mmmm, que rico. Mientras, en otra sartén, pon cebolla, zanahoria y apio picadito con tres dientes de ajo exprimidos, sal y pimienta. Fríelos a ritmo medium y dóralos. Mezcla ese sofrito con los huesos y revuélvelo a paso-de-conga. Ahora echa agua fría del tiempo y deja que los huesos “se ahoguen” en el caldo. Dale un hervor --con una hoja de laurel. Baja la temperatura y deja el caldo bullir por 6 horas. Saca el condumio del fuego, bota el esqueleto y filtra esa sustancia aromática a través de un chinois (un colador cónico de metal muy fino que venden en William Sonoma) o (el llamado cheesecloth). Con más candela, puedes llevar una porción de ese caldo al goce del demi (un consomé gelatinoso) --por si quieres hacer alguna salsa con él. Música nocturna... directa al tuétano.