lunes, 15 de junio de 2015

Quiero decirle a....


Entrevista de Ofill Echevarría a Tania Bruguera

Ofill Echevarría

Recuerdo que a mediados de los ochentas, en La Habana, siendo aún adolescente, mientras creaba junto a mis compañeros (de Arte Calle), obras de contenido social y político que ayudaran a difundir ideas nuevas entre los intelectuales y artistas de la época, descubrí, tal vez con la misma rapidez con que crecía, que sería mejor marcharme a vivir a otro lugar, fuera de mi país, donde mis perspectivas fueran más amplias y mi libertad para expresarme, mucho mayor. “La Habana está imposible”, pensaba yo. La misma frase escuché decir el otro día a un joven artista cubano aquí en New York.
En abril, durante un viaje que hice a México, mi segunda casa y lugar de destino por casi diez años antes de decidir lugar de residencia -poco se sabe sobre las travesías ya no en aguas abiertas, pero del karma, de los cubanos que deciden escapar del regimen totalitario de los Castro- un amigo artista, también cubano, muy reconocido e influyente, me recomendó que visitara la Habana durante la
bienal este año; que la cosa se pondría buena, que todo el mundo estaría allí, que este era el año para ir, que incluso oportunidades no faltarían, “además -añadió- vas a ver, se acuerdan de ti, te van a conocer”.

Hace casi 25 años me fui de Cuba y nunca he regresado.

El comentario no me sorprendió, incluso cuando uno de mis ex-compañeros de Arte Calle hoy radicado en España, Aldito, denunciaba por aquellos días que su permiso de entrada a la isla le había sido negado, y a Tania Bruguera la habían aprehendido, finalmente, con la excusa de querer realizar un show similar al que hiciera años atrás en la sala de la UNEAC, donde el pueblo (o el que quisiera) podia ir a decir (lo que quisiera) en una tribuna con micrófonos, al estilo de Fidel.

[La Bienal de La Habana, tan caprichosa como ella sola puede serlo, (todo el mundo sabe que ni siquiera sucede cada dos años), agrupa por así decir, a un sin número de personas concernientes al medio de las artes visuales de Cuba, así como a todo aquel que, fuera de la isla, siendo cubano o no, se encuentre en ese momento manteniendo relaciones amistosas con funcionarios de la cultura, las artes visuales y el gobierno en ese país]. Y por favor no confundamos esta acotación con un comentario intolerante o anti-turismo. Los que me conocen saben que soy una persona de mente abierta.

Pero volviendo a mi viaje, ya otra vez en Cuernavaca, donde estuve unos días más antes de volver a la gran manzana, tal vez por pura coincidencia internáutica me detuve a videar ese importante documental cubano, Conducta Impropia, realizado por intelectuales cubanos de otras épocas. Mi cabeza seguía dando vueltas, recomponiendo y reorganizando momentos, hechos (históricos y personales). No podia creer que hicieran mas de 30 años de la premier de esta joya de la cinematografía (en París). ¿Recuerdan como termina? Ni el resultado más acertado de todos nuestros análisis podrá jamás explicar el drama perfecto del cubano.

En lo personal, iría con gusto a la Bienal o expondría en La Habana orgullosamente (si no fuera por la cantidad de inconveniencias que implicaría tan arriesgada empresa). Si para ello no tuviera que conceder privilegios a curadores que no curan o a funcionarios que se esconden tras un velo intelectual, pero que en realidad fungen como policías de la cultura. Me encantaría llegar a mi país y pasear sus calles sabiendo que soy libre de decir lo que pienso; o sentir que no soy superior sólo porque vivo fuera, disfrutando de oportunidades y de una libertad que la mayoría de las personas a mi alrededor desconocen. En general me siento mal tan solo de pensar que muchos van a Cuba para obtener lo que aquí les costaría un ojo de la cara.

Ya se sabe que en Cuba, artistas y figuras públicas con base en ese país, deben seguir reglas específicas convenidas con las autoridades cubanas, si quieren conservar el privilegio de vivir [viajar] como cualquier persona civilizada en cualquier lugar del mundo. Estos cubanos privilegiados prefieren viajar en silencio. Cumplir con todos, pero en silencio, otorgando al gobierno totalitario de la isla la autoridad para seguir desarrollando su proyecto; cualquiera que este sea.

En los Estados Unidos, y para los que aún creen en esa idea pueril de hermandad entre Cuba y el monstruo del norte, a los artistas se les juzga con la misma intolerancia que impera en el país del que provienen. “Para los artistas cubanos - como una vez vi decir en una cena a uno de esos mismos funcionarios camuflados en el medio artístico- seria un suicidio quedarse a vivir fuera de Cuba”. O como dijera en otra ocasión uno de esos curadores tibios que moran estas tierras, refiriéndose a una obra de arte importante típica de los ochentas: “a mí no me interesa”. Aquí, en palabras de otro artista inconforme, Arturo Cuenca: “al talento lo matan”, o por lo menos eso tratan; a saber por qué.

Y bien, mientras ese otro grupo de intelectuales izquierdosos newyorkinos continúa, desde sus cómodos apartamentos, disfrutando del buen vino y el buen queso, apoyando secretamente lo mismo mapas enteros de silencio o, las perturbadoras historias de artistas cubanos caídos en desgracia, yo quiero decirle al maestro Tomás Sánchez, así como a todos esos que hoy aprovechan los “vientos del norte”, que a los artistas cubanos en el exilio sí nos importa lo que le esta pasando a Tania, al Sexto, o las miles de injurias producidas por el gobierno del país que él también dejo por falta de libertades. Olvidar, es uno de esos lujos que los cubanos no nos podemos dar.

1 comentario:

Ricardo López dijo...

Bravo Ofill, al parecer ni tu ni yo somos víctimas del Síndrome cubano de la memoria. Este Síndrome parece ser viral, no son pocos los que conozco que como yo los patearon y humillaron en silencio en Cuba. Ahora, como por arte del olvido, alaban el experimento del paraíso “Socialista” cubano y echan pestes del cruel imperio capitalista siendo fieles a la ya gastada, burda y repetida retórica de los cuadros del Partido y sus papagayos de doble moral. Insisten en culpar a un Imperio que la realidad económica y global ya ha cambiado y seguirá cambiado. El imperio del que hablan ellos ya no existe pero siguen insistiendo en la misma repetida historia de la versión Marxista-tropical. Al parecer, necesitan su propio fracaso. Lo más inexplicable, es el olvido. No me queda más que atribuirlo a un virus, que como en la ¨Muerte sin Remitente¨ (novela de Reinaldo Bragado) y sus invisibles consecuencias, solo atacaba a los ricos; pero cuando solo el último rico quedaba, no se sabía si iba a empezar a matar a los pobres y finalmente se repartiría como la miseria en el paraíso socialista.
Yo también tengo mente abierta; pero quien me devuelve la ciudad y el país destruido por los experimentos del caprichoso Robespierre cubano? Cuba es mejor país ahora? Es el cubano formado por el experimento Socialista generacionalmente un mejor ser humano? Como puedo olvidar el desarraigo, el karma deambulatorio al que nos condenó el gran jefe? Si, yo salí huyendo del lugar porque me asfixiaba, porque moral y físicamente no quería ser parte del experimento, porque se me negaba la libre entrada y salida de mi propio país, y la lista del olvido es interminable para no mencionar cosas más terribles, pérdida de vidas humanas como consecuencia etc. Si, me patearon física y moralmente y la nostalgia quería que lo olvidara; pero no pude. Me dije, como puedo regresar a un lugar en el que lo legal/ilegal solo dependía de un capricho. Las reglas del juego las cambiaban a su antojo, podías caer preso por lo más insignificante y sin defensa. Por qué no podía estar en desacuerdo? Por qué no podía ser distinto entre otras razones? Y ahora, no ha pasado nada? Borrón y cuanta nueva? sin que ni siquiera reconozcan que estaban equivocados? Lo siento, no creo que ni el Alzheimer me va a dejar olvidar. También lo siento por los que aún tienen familias allá, si yo fuera ellos los sacaba de una manera u otra en vez de ir de visita. Lo siento, pero a mí no me atrapan otra vez. Quien me garantiza que de pronto digan: “de aquí no sale nadie? Solo la ingenuidad puede justificar los que creen que sin embargo, el cambio le ha de seguir.
Condenados a la miseria por su propia avaricia excesiva, herencia cultural de un coloniaje feudal, los países del tercer mundo se condenan a sí mismos, creando un caldo de cultivo perfecto para los experimentos socialistas. Tienen la ventaja del fracaso cubano; porque no explorar otras avenidas no fracasadas e insistir en tarados mesiánicos como Chávez, Maduro, Ortega y otros?
En lo que a mí respecta, cada vez me siento más ajeno al intríngulis cubano, lo siento por los que allí quedan, por los que ni siquiera conocen la diferencia; pero una vez más me asombra el comportamiento humano y la ingenuidad del olvido.
Albert Einstein: “Only two things are infinite, the universe and human stupidity, and I'm not sure about the former”