sábado, 23 de mayo de 2015

Soy Cuba (1964) - Mijail Kalatózov

Esta película es un fósil feliz. Silenciada por los censores de la época, incomprendida por la crítica, fue redescubierta y rescatada, décadas después, por un Scorsese y un Coppola deslumbrados ante la mirada eslava al trópico de Kalatózov y la sofisticación visual de la fotografía de Urusevsky. El ejercicio de este último fue determinante en la revalorización formal del filme. La osadía de la cámara, las tomas largas, el uso del gran angular, la teatralidad de la luz, las exploraciones ópticas, recursos que combinados hábilmente replantean la perspectiva de lo cotidiano, convierten la intención original de un proyecto propagandístico en un experimento polémico y alucinante. La densidad caucasiana de Kalatózov inducida por el vanguardismo de Urusevsky se extravía en esta aventura soviet-caribeña y va a parar a otros territorios conceptuales colindantes a la Nouvelle vague. Para usar palabras del crítico Alexandre Astruc cuando se refería al cine de autor, en Soy Cuba,  Kalatózov “escribe con la cámara”.  Las audacias creativas del equipo realizador pagaron su precio con la censura. Lo que hicieron por amor al cine y con admiración hacia una pretendida revolución, la coerción ideológica apostada tras esa revolución lo sepultó. Hasta que el fuego fatuo propició el desenterramiento de este mamut. (JR)

2 comentarios:

Miguel Iturralde dijo...

Este filme capturó, en mi opinión, el umbral que dejaba atrás la movida del pasado pre-revolucionario. Me refiero a los participantes cubanos y cómo se proyectaban, las modelos del desfile alrededor de la piscina del antiguo Hilton, etc. Saludos.

Ricardo López dijo...

Recuerdo este film y sus actores de la época (Raquel Revuelta, Sergio Corrieri, Salvador Wood). En “Ya Kuba”, (Я Куба) con algunos extras evidentemente rusos, trataban de ridiculizar a los turistas yanquis, usando el rencor patológico antinorteamericano como oportunidad para la romántica izquierda Latinoamericana, que no pudo dejar pasar la pertinente y encrucijada congruencia de cambiar los papeles, y ser ellos los dueños de la avaricia que es su verdadero caveat (a riesgo del ingenuo desesperado). Una vez más los héroes de su propia alucinada historia usan al “Imperialismo” de villano. No estoy seguro de haberla visto en la Cinemateca en Cuba, pero volví a descubrirla en EU. De todas formas, el tiro les sale por la culata. Muestran una ciudad de esplendor a la luz del sol del trópico, prístina y brillante, como pasada por el filtro de la luz tropical. No toda Cuba era riqueza y perfección, pero la miseria aún no estaba repartida. Me atrevo a asegurar que en un ejercicio comparativo de la Cuba de ahora con la Cuba de antes, el presente no va salir bien parado. La foto es excelente, El Vedado, El Foxa, La Habana colonial sin Eusebio, brillando de esplendor tropical, limpia y sana. La perspectiva del lente y su magia es excelente. El Malecón y el perfil de una ciudad mágica que ya no existe. En el horizonte se dibujaba, la cadena de hoteles y edificios del litoral, y como fondo el hechizo de una ciudad que mis padres hicieron y disfrutaron. Ciudad de la cual mi tío me hacía historias, desde la cual mi abuela usaba el ferry de Miami para ir de compras. Aquella ciudad tenía un mundo nocturno y artístico sin comparación en el Caribe. Era en verdad la perla de la de región de entonces. Los comercios, la calle Galiano, el “Ten Cent Store” y toda la actividad que se atisba en la película. Inclusive las imágenes en la campiña cubana que infructuosamente pretenden mostrar la miseria que solo ahora existe, no consiguen mostrar un pasado más terrible que su presente. Eso sí excelente cinematografía, pero no estoy seguro de que Coppola y Scorsese sabían del tarugo en que se metían. Si a veces la estupidez humana me hace dudar del viaje a la Luna, la segunda cosa de la que tengo grandes dudas es de la campaña de alfabetización cubana, quien sabe cómo el aparato propagandístico revolucionario con el apoyo económico de la miseria de un pueblo, manipuló las estadísticas y la realidad. Señores con la etiqueta de izquierdistas contemporáneos, por favor! usen su imaginación, cambien de retórica, inventen algo nuevo. Sencillamente NO FUNCIONA! A no ser que quieran seguir en camino del fracaso Cubano y el que le sigue, Venezuela. Si es así, no me engañen, ni arrastren al resto de los ingenuos. A OTROS CON ESE CUENTO!