domingo, 4 de septiembre de 2011

¡El desastre es inminente! Y por eso no llega

Goya, El desastre de la guerra
aTrifF

En posts pasados hemos tratado de abordar "la cosa", que no es más que una manera de hablar de ciertos asuntos que nos pasan por delante. Así de simple. Digo es que está ahí y no le vemos. Se ha hecho tan nuestra, la cosa, tan parte del "yo" que se ha yoificado.*

Por ejemplo, sabemos que "la realidad pende de un hilo". Acaso leí ésa frase inminente en algún lugar que no recuerdo. La frase describe nuestro momento, es decir, su continuidad, pero también su estancamiento. ¿Cómo? Hay quienes no creen que podamos destruirnos. No ven que ya ocurre, que nos estamos destruyendo hace algún tiempo. No hay destrucción súbita. En efecto, no hay tiempo sin cambio, pero cada cambio tiene su tiempo. No digo nada nuevo. ¿Repito como un disco rayado? Espero que no, que mi repetir sea otra cosa (lo cual también es un desastre, aunque de otro tipo). 

Lo anterior nos lleva a la discusión del llamado "desastre ecológico" (como si "desastre" fuese algo separado del ser humano). Pero he aquí que vivimos en medio de desastres. Sí, hay desastres por todas partes. Y cuando todo es desastre, éste, por arte de magia, desaparece.

¿Cómo encarar lo inminente sin yoificarlo? 

Propongo que hay que volver atrás, desandar lo andado. Prestarle atención a los signos de "la cosa". De hecho, en un ensayo con ese título, Heidegger explora puntos interesantes (que ya han sido comentados en relación con el llamado problema ecológico). Eso es precisamente lo que no deseo hacer. Me valgo del concepto de "cosa" en Heidegger para demostrar que estamos equivocados:
El ser humano recorre los más largos trechos en el más breve tiempo. Deja atrás las más largas distancias y, de este modo, pone ante sí, a una distancia mínima, la totalidad de las cosas. 
Aprehender es justamente un asunto de distancia. Léase, encarar el desastre es casi que alejarlo. "A la cercanía, parece, no se la puede encontrar de un modo inmediato" --nos dice Heidegger. Parece loco, pero vivimos separados de lo inminente porque todo es inminente. Ello explica que, como todo es "desastre", no hay nada de qué preocuparse.

Heidegger presenta el asunto como una lucha entre "cosa" y ciencia. No comparto con él que la ciencia sea la mala de la película. Por otra parte, quiero retener el uso casi peyorativo de "ciencia" y sustituirlo por lo que he definido como "yoísmo".** Me permito terciar en la cita:
En su zona, la de los objetos, el (yoísmo) ha aniquilado ya las cosas como cosas mucho antes de que hiciera explosión la bomba atómica ("el desastre"). La explosión ("el desastre") de ésta no es más que la más burda de entre las burdas confirmaciones de que la cosa ha sido aniquilada, algo que ha sucedido ya hace mucho tiempo: la confirmación del hecho de que la cosa, en cuanto cosa, es algo nulo. La ciencia (el yoísmo) anula la cosa en la medida en que no admite las cosas como lo real decisivo.
¿Qué ocurre? El desastre ecológico se ha quedado vacío. ¿Y qué es este vacío?
El vacío de la jarra determina cada uno de los gestos de la actividad de producirla. La cosidad del recipiente no descansa en modo alguno en la materia de la que está hecho, sino en el vacío que acoge.
Volvamos al principio: El problema básico del "desastre" está en cómo se presenta. Es decir, no como una cosa, sino como una produción específica. Hemos hecho del desastre un objeto del yo. A esa yoificación la llamamos ecología.

Yoificar es aniquilar la cosa. Me permito terciar con Heidegger por segunda vez. Recordemos que la ciencia es un modo de yoificar:
Esto es lo que queremos decir cuando hablamos de la aniquilación (yoificación) de la cosa como cosa. Esta aniquilación es tan inquietante porque lleva consigo una doble ceguera: por un lado, la opinión de que (el yoísmo), de un modo previo a toda otra experiencia, acierta con lo real en su realidad; por otro, la ilusión de que sin perjuicio de la indagación científica (yoística) de lo real, las cosas pudieran seguir siendo cosas, lo que supondría que ellas eran ya siempre cosas que esencian. Pero si las cosas se hubieran mostrado ya siempre como cosas en su cosidad, entonces la cosidad de la cosa se hubiera revelado. Ésta hubiera interpelado al pensar. Pero en realidad, la cosa, como cosa, sigue estando descartada, sigue siendo algo nulo y, en este sentido, está aniquilada. Esto ocurrió y ocurre de un modo tan esencial, que no es que a las cosas ya no se les permita ser cosas, sino que las cosas todavía no han podido aparecer nunca al pensar, como cosas.
El desastre "todavía no ha podido aparecer al pensar". Pero llega, y se emplaza entre nosotros. No perdamos de vista lo más difícil del asunto. ¡El desastre está aquí! Y por eso no llega. Presentarlo es una manera de alejarlo. No queremos lidiar con el desastre ecológico. De ahí que lo hagamos omnipresente. Vivir en medio del desastre ecológico es una manera de huirle.

En un próximo post, quisiera sugerir una manera distinta de enfocar el "desastre ecológico". Adelanto que haré todo lo posible por poner distancia entre él y nosotros: Que sea el vacío de la cosa el que nos dé la brújula.
__________
*Desde ahora yoificar es acercar algo en una manera tal que se aleja. **Uso "reificar" en lugar de "cosificar" que hubiera sido más apropiado en el contexto normal. Se trata de que la filosofía siempre dió la cosa como eso, cosa, y la actividad de cosificar era peyorativamente un modo de estereotipar. Estoy invirtiendo esa acepción histórica. Desde el estudiode la cosa, mantengo que se trata de lo opuesto. Lo que hacemos -casi- siempre es "yoificar" las cosas.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial artículo de aTrifF. Muy bueno y profundo.

Me recuerda un amigo psiquiatra que tenía en Cuba, que cuando llegaba a su consulta en el hospital ponía en su mesa un letrerito que decía:

Y decía que la mayoría de sus pacientes, en vez de contarle sus traumas, lo que decían era:
--Doctor, que mala está "la cosa."
--Doctor, no hay quien aguante "la cosa"
--Doctor, ¿ha visto como está "la cosa?"

Y no era ni "la cosa" de Heidegger ni la de Kant.

Saludos, Jacobo

Anónimo dijo...

El letrerito decía:

NO ME HABLEN DE "LA COSA"

Saludos, Jacobo

Armando Tejuca dijo...

Yo creo que es natural en el ser humano ver la inminencia del fin de los tiempos. La destrucción que se avecina es la nuestra. Nosotros nos destruimos, nuestras células ya no son las mismas y queremos que todo se vaya con nosotros. Por eso podemos pintar un mundo a nuestra experiencia. Esconder nuestras mas grandes frustraciones y desacuerdos, nuestra gran destrucción en la inminente destrucción mundial. Algún momento en la historia humana de plenitud y ascenso? Todos los tiempos han estado llenos de temores, de augurios proféticos sobre el fin de la especie. No se salva casi ningún período humano del abismo. Sólo algunos estancos rurales, algunos períodos de pubertad dentro de nuestra propia existencia. Todo lo que haya sido analizado desde la perspectiva urbana, global, cuarentona es un desastre masivo. O no?. “La cosa” es horrible según el fogonazo. Muy buen estudio de “la cosa”.

A.T. dijo...

Gracias siquiatra, digo, Jacobo.

Todos los tiempos han estado llenos de temores, de augurios proféticos sobre el fin de la especie. No se salva casi ningún período humano del abismo.

Gracias, Armando.

Julián P. Rodríguez dijo...

La ecología no es suficiente para llevarnos a un cambio. Es cierto. La ecología es una ciencia que denuncia y nos alerta. El desastre como usted lo llama no es culpa de la ecología.

R.L.R. dijo...

Aquí te dejo una frasecita que se me ocurrió en los días del downgrading del credito yuma y tengo en mi Twitter como lema, derivando de y actualizando el de la campaña clintoniana:

It's not the economy, but the epistemology!

A.T. dijo...

Julián. Puede parecer que tengo algo contra la ecología, pero no es así. Todo lo contrario. Grcias y sigue entrando.

RLR: :)