domingo, 6 de agosto de 2017

Por qué la modernidad no es moderna (segunda parte)

Caspar David Friedrich, El caminante sobre la niebla, 1818.
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En el post anterior tratamos de acotar ciertos límites para la modernidad. No quedó claro si la modernidad (M en lo adelante) es: (1) una época, (2) un discurso, o (3) las dos cosas. Vayamos por parte:

(1) M como tiempo

Si M es una época debe tener comienzo y final, aunque ya sabemos que "hallar comienzos" es un arte a posteriori, de cuidadosa aproximación. ¿Cómo ocurre? Por su simplicidad, me adhiero a la teoría bautismal de Habermas. Los románticos alemanes descubrieron (y se descubrieron) en una época. Y descubrirse, como veremos luego con Kant, significa atreverse a conocer. Que conste, M no tenía nombre aún (un niño puede nacer sin nombre). Se trata de una concientización que marca un corte epocal. En el caso de los románticos consiste en saberse inmerso en un momento al que le toca un futuro.

Lo que equivale a poder mirar a un pasado (ya fuera de sí) como algo distinto (de ahí el sentido moderno de Weltanschauung como cosmovisión). Si este hecho fuese crucial para la constitución de M, lo quisiera traer más tarde como un signo posible de su desenlace.

Avanzo que si M es una época, entonces no puede ser (ella misma) tiempo.1 Toda época tiene principio y fin, y está por tanto acotada, marcada dentro de cierta duración. M supone un estado de cosas durante cierto tiempo. Sin embargo M no se presenta jamás como durando. Por el contrario, M se presenta cual entorno casi espacial. Una cota que es a la vez antes-que y después-que. Cada intento generacional de rechazo, sean los decadentes, las vanguardias o el postmodernismo, no han hecho más que reconocerse dentro de esta cota. ¿Por qué?

G.D.F., Destrucción en el mar de hielo, 1823.

La modernidad es dura, es decir, no dura. 

La modernidad no es moderna porque no dura. No dura porque su discurso le es ajeno, no le encarna. Hablando en términos morales: M no es moderna porque no hace lo que dice. M nos engañó a todos. Pero eso no es lo peor: M se engañó a ella misma. Esta es nuestra primera respuesta provisional al título del post.

Pero hay más.  ¿No será que lo que sostiene a M no es una sustancia, sino un símbolo?

(2) M como discurso 

Habermas es de la opinión que M persiste en tanto cualquier desarrollo posterior la rechaze o la abrace. Por ello la post-modernidad vive colgada de M.2  Esta tesis nos interesa. No podemos tratar de seguir resolviendo los problemas que M presenta sin de algún modo volver a ella (los post-modernistas cayeron en la paradoja de la media unidad: zafarse al muerto con el muerto a cuestas).

El punto más revelador de esa tesis habermasiana es que lo que sostiene a M es un discurso. Es lo que en mi post anterior llamé reserva (en este caso una reserva ideológica). Habermas no lo dice explícitamente: M existe en tanto que nos de una esperanza. Por ello M podría existir -incluso- aunque no se sienta su efecto como antes. Schiller diría que Goya se equivoca cuando dice que la razón produce monstruos. Se equivoca porque también los puede matar.

La modernidad puede estar en cuidados intensivos, pero sigue ahí.

G.D.F., La abadía entre los robles secos, 1810.

¿Cómo sabemos que M está moribunda? Para comprender qué le queda a M como reservas, debemos ir atrás a ese momento de toma de conciencia.  

De la misma manera que una generación es capaz de identificar el principio de una época, otra puede y debe ser capaz de descubrir su final. 

¿Qué le ofrece M a esa generación romántica? Tanto Kant como Schiller proveen dos tesis fundamentales: la modernidad nos hace crecer y nos hará libres.  Cito a Kant de su famoso tratado Qué es la ilustración:
La ilustración es la salida del hombre de su condición de menor de edad de la cual él mismo es culpable, tal condición es producto de cierta ignorancia, La minoría de edad es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la dirección de otro. ¡Sapere aude! ... La pereza y la cobardía son las causas de que la mayoría de los hombres, después que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de la conducción ajena, permanezcan con gusto como menores de edad a lo largo de su vida, por lo cual le es muy fácil a otros el erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad!
Ser "menor de edad" es no poder gobernarse por no saber cómo, y no se sabe pues no se tiene el lenguaje maduro con qué leer los signos de la época. Ser menor de edad es carecer de herramientas para forjar una época. Kant sigue:
Ellos, después de haber rechazado el yugo de la minoría de edad, ensancharán el espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación que todo hombre tiene: la de pensar por sí mismo.
El sapere aude kantiano sigifica llamar las cosas por su nombre. Está claro, para Kant hay una diferencia entre naturaleza y libertad. No así para Schiller, quien ve en la naturaleza como un reino de las cosas.3 La tesis central de Schiller en sus Cartas sobre la educación estética del hombre es la siguiente:  ... para resolver en la experiencia el problema político, es preciso tomar el camino de lo estético, porque a la libertad se llega por la belleza (Carta 2, p. 12)

Es decir, se trata de cómo resolver el problema político del humano. Luego, tenemos dos polos, uno epistemológico, el otro político. ¿Resolvió M este dilema? La respuesta no es fácil. Decir NO es caer en algo tan moderno como Marx, o como los republicanos. Decir SÍ es vivir de espaldas a la realidad. Acaso la solución sea un en parte. Y automáticamente pasar al siguiente capítulo.

No debemos caer en la aporía post-modernista que aún cree poder resolver el problema atacando a la modernidad como si esta tuviera un plan macabro con la humanidad (ahí están las rabietas modernas de Žižek).4 Tanto M como nosotros nos creímos el cuento. Las generaciones modernas vivieron engañadas toda una época acerca de la época. Y en esa tumba enorme siguen cayendo tanto apologistas como combatientes internacionalistas.

G.D.F., Tumba enorme a la orilla del mar, 1806.

Es tiempo de cerrar el capítulo. De salir y respirar aire fresco. Y aquí los románticos nos pueden dar una mano. Acaso podemos compartir el entusiasmo de Hölderlin en su poema El joven a sus juiciosos consejeros:
Es inútil: esta época estéril no me retendrá. Mi siglo es para mí un azote. Yo aspiro a los campos verdes de la vida y al cielo del entusiasmo. Enterrad, oh muertos, a vuestros muertos, celebrad la labor del hombre, e insultadme. Pero en mí madura, tal como mi corazón lo quiere, la bella, la vida Naturaleza.
Esa posible salida algo que examinaremos en nuestro próximo post.

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1 Si la modernidad fuera tiempo no pudiera ser época. No transcurriera. Cuando hablamos del barroco nos referimos a una época entre el siglo XVI y XVIII. El tiempo, en tanto que tiempo, no transcurre. El tiempo hace cambiar las cosas.  

2 De Schiller, su amigo Eckerman escribe:
Miraba hacia el mediodía, de manera que podía seguirse, a varias horas de distancia, la hermosa corriente del río, interrumpida a veces por el boscaje y las curvas. Se dominaba un horizonte muy amplio. Se podía observar muy bien la salida y puesta de los planetas, y había que confesar que el sitio no podía ser más adecuado para inspirar la parte astronómica y astrológica del Wallenstein. (Vea, Johan Meter Eckermann, Conversaciones con Goethe. Barcelona: Ed. Océano, p. 522).
3 No es que la post-modernidad sea moderna consustancialmente. El problema de Calinescu es que habla de "caras" pero nunca establece satisfactoriamente qué es una cara. 4 De acuerdo a Habermás, esta es precisamente la posición de Nietzsche y Heidegger.