martes, 6 de julio de 2010

Casa de la ley


Ramón Williams

-Dice que no vino a entregarse sino a recoger su maleta. Acércate si quieres, él no puede verte desde ese lado.
-¿Sigue la maleta con el escuadrón de perros en el banco?
-No, ya la llevaron al laboratorio, pasó la quinta resonancia y las pruebas de mercurio enrarecido. La médium del turno de la mañana adelantó que dentro no hay nada que se parezca a una bomba, sólo cartas. Pero Gitana no detalla por menos de mil yens la hora y se toma su tiempo, estamos negociando. Luego vendrá el clearence del buró, de modo que pronto la maleta en sí no será importante sino la talla del hombre.
-¿De dónde salió dice?
-No lo dice. Tampoco trajo ID consigo. Niega por igual orígenes y toda clase de filiaciones con Enemigo o Amigo Provisional. Lo clasificamos Casandra, por la talla.
-¿Figerprints?
-Tiene pupilas y dedos tan heridos que no se parece a nadie en el registro.
-¿Auto infligidas?
-¡El críptico eres tú, desentráñalo!
-¿No le han puesto demasiada luz en la cara para desentrañarlo?
-Sé por a qué te refieres pero no es lo que parece, se la dejamos así porque al parecer no le molesta. A mayor luz, mejor opera el verifaciógrafo. Por otra parte, la justa cantidad de calor de las bombillas propicia aquellas gotitas de sudor con las que entramos en su ADN, sin mucho ruido, a ver qué canta.
- ¿Y las esposas?
- Nada sabemos del tipo, menos de las esposas. Las preguntas se las diriges al sujeto más adelante; recuerda que tú y yo estamos del mismo lado del espejo: el individuo es terrorista hasta tanto no se le pruebe lo contrario. También yo quisiera que el sujeto sólo fuera otro alucinado que olvidó la maleta a mala hora en mal lugar, no tener que tocarlo… Just in case, ya sabes, por acá no hacemos más que prevenir el horror por medio de una legislatura avalada por consenso ciudadano.
-Just in cage. ¿Ya lo vio un médico?
-Después de esta ronda, si repite lo mismo con lo mismo, le inyectamos la cosa. Depende de cuánto tú le saques de la cabeza antes de modificarlo mi gente. El tipo ha recitado nueve veces puntuales el delirio más coherente visto en mis años de preforense… Míralo, ya empieza. Si prefieres saltar la escena, aquí te dejo las nueve cc de la declaración original. Para mí todo es puro cuento. Pero usted es el críptico, así que adelante.

WMD: Historia avisada del deshielo universal acelerado

Hola, Señor Presidente: Sin más, aquí va mi humilde aportación ciudadana a la seguridad de su país y del planeta. Primero expongo el trance por el cual accedí a esta advertencia, luego paso a los pormenores de lo que recuerdo. 2001. Es el contragolpe, los primeros días de guerra. La BBC se lanza bajo las primeras bombas y entrevista al tuerto en jefe, en pleno campo de batalla. En su lengua el tuerto confiesa la desbandada y a la vez promete, con la ayuda de su Dios, un ataque total, una victoria final impensable para el enemigo. En vuestra lengua, es decir, en la lengua del enemigo del enemigo, prosigue la noticia en la radio hasta perderse en las especulaciones de los estresados comentaristas subsiguientes. Le sigue música, una música que no quisiera ver perdida de la tierra. La nota entra en la nota, he tocado sólo, yerba y nada más que yerba. Del sobrecogimiento paso a la duermevela y comienza mi visión, privada hasta ahora, de un plan que haría cumplir la profecía mayor en El libro del enemigo. Hoy creo, sin desdorar los poderes de la yerba, que ha sido la soberbia del tuerto en jefe la razón divina que me abrió las puertas a la compresión de lo visto:
El hombre del turbante y tierno gesto apoya el AKM sobre su hombro izquierdo. La boca del arma apunta hacia atrás, hacia la entrada de la cueva donde ocurre el encuentro.
-¿Eso es posible, con la ayuda de Dios? -Pregunta el hombre del turbante y tierno gesto con sus ojos de carnero en sacrificio clavados en el monitor de una laptop.
-Sí, mi señor. Con la ayuda de Dios se la ponemos durísima a los infieles. Es la hora de la purificación.
No hablo la lengua del enemigo, hay poca luz y apenas veo el rostro del obvio genio a cargo de la máquina y de las respuestas. A esas horas me hubiera fugado de los melismas en el diálogo hacia el So What de Miles en la radio pública, si mis pocas neuronas vivas no hubieran entendido de súbito la imagen en la pantalla, el sentido último de cada palabra. Gira el genio el monitor y vemos mejor lo peor. Ellos no me ven, media entre nosotros el cristal del ensueño. Soy el intruso, el testigo invisible que asiste a la trama de un pensamiento oscuro total. El diseño en desenvolvimiento del fin del mundo tal como lo conocemos.
-Con la ayuda de Dios, mi señor, unos pocos megatones harían el truco… -La magia, por Dios.
-Unos pocos megatones harían la magia, por Dios, mi señor, si se detonan sobre los polos en la temporada justa. El enemigo estará sellando todas las entradas a nuestros guerreros, derrochando energía y plata en proteger los puntos más poblados de un ataque que no haremos jamás. Mientras ellos se distraen en las ciudades y vigilan a los suyos hasta enfermarlos de miedo, nosotros compramos, transportamos y plantamos las cargas donde no hay a quién matar o cuidar en muchas millas a la redonda. La fractura de los hielos y el calor de fisión nuclear en la zona sobrealimentarán las aguas mundiales en un pestañazo. Una semana con olas gigantes de agua y fuego dejará muy poco de tierra firme a los que hoy nos destrozan. Cuando ese momento llegue nuestra gente habrá ocupado los puntos más altos de la tierra, habrán llevado allí seres y bienes escogidos de antemano para el comienzo de una era nueva. El enemigo no se ha preparado para tal cambio, no sabrá qué lo ha golpeado. Bajo las aguas quedarán sus generales y maquinas de guerra. Culparán a lo que llaman naturaleza o se repartirán las culpas de algún supuesto accidente que los trajo al desastre. Adiós lujos y prepotencias, tendrán que emplear los pocos recursos a flote para la supervivencia. Estarán de rodillas al pie de nuestras montañas cosechando tornillos cuando adviertan que los mapas cambiaron, que su guerra terminó para siempre, que hemos obrado sobre ley de leyes y el mundo será nuestro porque así Dios lo quiere nuevamente.
-¿Lo impostergable para comenzar la misión?
-Negociar las cargas con la mafia rusa y moverlas a los puntos por nuestra cuenta.
-¿Lo más riesgoso?
- No saber esperar, no guardar el secreto.
Como entenderá, Señor Presidente, no ofrezco garantías de solución al horror que se avecina, nada más me revelaron sus caminos. En manos de usted queda la opción de la cautela o el abandono risueño de las incredulidades. Revise, le pido, la espina dorsal del planeta -de mayor relieve y matices más rojos- en el mapamundi sobre la mesa de su despacho. Recuerde que ambos aspiramos a que nada de lo anterior sea cierto, pero de serlo el tiempo para detenerlo se acaba.
Si los muchachos de la red hicieron buen trabajo, a usted llegarán sanas mis palabras, de lo contrario temo que mi suerte y la del mundo en breve no valdrán nada. En todo caso, gracias por su gentil atención a los trances de este bloguero y no censurar de manera ingrata el post que le sirve de carta.
Respetuosamente,
Anónimo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, Ra. Me divertí mucho.

(alcides)

Anónimo dijo...

LA LEY OBLIGA. HB

Anónimo dijo...

Esto es terrible; se esta muriendo por dios!!!!!!!

A.T. dijo...

No saber esperar indica la falta de paciencia de quien desespera. La paciencia en este caso es saber esperar el final que sin embargo es -por definición- inacabable.

Como diría una canción no cantada aún: "Impostergablemente vivirá en mí".

R.W dijo...

Ya sé, muchachos, ya sé...Imagino las mandíbulas. No insistiré, casi lo prometo.
Valiente Alcides, vertido en dos.
HB: La ley obliga, doblega, reparte, arrastra, decapita, da pena…y todo el tiempo es violada.
A.T: Casa de la ley también agradece ilustración del Octavo Cerco, la tal coincidencia.
El coco y yo discrepamos en las urgencias y en lo que entendemos por pueblo y ficción, padecemos hambres mortales distintas. Me digo que tal vez acordamos en una línea muy vieja: NO HAY PEOR SORDO...
Sobre coco y para el Coco enciendo vela. Ábranse caminos y apártense las aguas.
Gracias.