martes, 18 de agosto de 2009

The Beatles - The End (1969)



Jesús Rosado

El álbum Abbey Road está cumpliendo su cumpleaños 40. La memorable placa que muchos consideran como uno de los mejores de los Fab Four se terminó de grabar el 18 de agosto de 1969, y aunque el Let It Be se lanzaría al año siguiente, en realidad fue el Abbey Road el último disco que hicieron como agrupación. El proyecto resultó ser un concepto musical maduro y excepcional, en el que por primera vez se nota la individualidad cuajada de los que ya podían calificarse como exbeatles. Las composiciones asumen un carácter dramáticamente premonitorio para la música por venir, al punto de que algunas de las derivaciones fundamentales hacia donde enfila aquel fenómeno musical que había hecho eclosión en los tempranos sesenta, ya se están anunciando en esta producción. Efectivamente, el uso del sintetizador, la creación de ruidos y efectos parásitos, el uso de armonías y vocalizaciones inusuales, el endurecimiento de las ejecuciones, los giros sorprendentes, todos son signos prematuros del sonido mucho más procesado del rock setentoso. Hay piezas en este álbum donde se advierte claramente la ascendencia genérica sobre la cosecha adulta de bandas como Pink Floyd, Led Zeppelin, Queen, Supertramp, etc. La breve pieza The End, que cierra el disco junto con la pista oculta de Her Majesty, puede ilustrar fugazmente esa cualidad visionaria que al final se impone desde el talento versus una triunfal -pero devoradora- carrera en el mercado. A falta de un buen material visual, he seleccionado este sencillo slideshow de la postrera sesión de fotos del grupo que parece haber tenido lugar justamente en agosto del 69, cuando se supone que disfrutaban de la culminación de lo que fuera su última gran tarea. Escrita por Lennon-McCartney, The End incluye el único solo de batería grabado por Ringo con The Beatles y la frase metafísica que se escucha hacia el final de la pieza: “And in the end, the love you take is equal to the love you make", no podía ser mejor corolario a un camino pleno en contribuciones a la sonoridad contemporánea.

13 comentarios:

A.T. dijo...

Esa frase parece ser más de John que de Paul.

Garrincha dijo...

un disco brillante.
a pesar de yoko.

JR dijo...

De acuerdo, AT. Sería bueno disparar un día un post sobre poesía rock. Además de las letras intensas de Lennon, se puede citar a Dylan, Leonard Cohen, Joan Baez, Paul Simon, Don McLean, Joni Mitchell, Bob Marley, Jim Morrison. Y del rock hispano: Spinetta, Calamaro, Fito. Habría que hablar de las influencias como Poe, Bukowski, Pete Brown y Thomas Pynchon...en fin, hay que pensarlo en nombres y renglones lunáticos.

A.T. dijo...

Garrincha: Échale un vistazo a los programas de los 70 de Dick Cavett entrevistando a Lennon. A veces la Yoko no se calla y habla cada basura.

Que conste que respeto a Yoko como artista conceptual, sobre todo su producción temprana de los 60 con FLUXUS.

Anónimo dijo...

Qué buena la caricatura, pero le agregaría además al hombre lobo, con una mandarria en la mano y el reguero de discos rotos.

Manuel Sosa dijo...

Si no fuera por la "canción de viejitas" (como le llamó Lennon) Maxwell Silver Hammer, el Abbey Road sería perfecto.

Y un detalle curioso: la canción Her Majesty fue rescatada por el ingeniero de sonido, creo. La habían recortado (literalmente) de la cinta, y desechado. Estaba entre Mean Mister Mustard y Polythene Pam. El hombre la pegó al final, y luego les gustó el efecto.

Mira, yo no quiero mucho a Yoko, pero la concepción de Because se la debemos a ella. Lennon la compuso tras escuchar a Yoko tocar al piano la "Mondscheinsonate" de Beethoven.

Ah, y el hombre de la acera derecha, en la foto de la portada, era un turista americano, que estaba allí de fly.

Bueno, seguro ustedes saben todo esto, pero vala la pena recordar esos detalles. Gracias.

JR dijo...

Gracias, Sosa, por la información y por tu visita. Tengo entendido que Her Majesty es la primera muestra de pista oculta en la historia del rock. Y, en cuanto a Because, es una pieza monstruosa que para mí abre el sendero hacia Queen.

R.L.R. dijo...

Gracias Jesus y los comment-aristas por ilustrarme sobre detalles beatlerianos que desconocía.

Alfredo Pong dijo...

Abbey Road siempre será un disco de referencia, la Yoko fue y es un accidente en la vida de The Beatles, un bache, el pobre John tuvo su "china detrás y eso le costó la vida"...

mantilla dijo...

Yo pienso los mismo,lo que John tenia de luz,a Yoko le faltaba en vibra.Siempre la he visto como un ser perturbador

Garrincha dijo...

bueno, es un poco difícil ser fan de yoko, pero hay que poner las cosas en perspectiva.
cuando yoko apareció ya john estaba hasta las metras de los beatles (john se aburría rápido) y siempre fue confrontacional.
a veces usaba su biografía para justificar muchas de sus perretas.
me cuadra més el john compositor que el john activista y el john integrante de banda, venático y vitriólico.
a veces por gusto.
la yoko vino a revolver lo peorcito de john.
solo mi opinión de dilettante.

de todos modos, volviendo al post: abbey road... awesome!

Willi Trapiche dijo...

Por cierto, Rachel Maddow es la estrella ? o estrello ?

Octavio Guerra dijo...

Corría el “año del esfuerzo decisivo”. Regresé brevemente a la Habana en medio de una larga temporada en el infierno, digo, cortando caña. Mi socio el “Buick” -quien había reconstruido el mejor tocadiscos estéreo de la Víbora- me llamó para que escuchara el último disco de los Beatles que le habían mandado al Chino. Esto era un gran acontecimiento en aquella época remota sin Internet ni satélite ni nada de lo actualmente cotidiano y con doble bloqueo por demás. Corrí a su casa, donde ya estaba el afortunado propietario del flamante Abbey Road (y de familiares en el extranjero que ni me imagino cómo le hacían llegar esos discos) y al resto de los conspiradores que acostumbrábamos a oír clandestinamente la WQAM y, toda la madrugada, el show “underground” Baker Street de la KAAY; los mismos que habíamos construido aquella antena yagi con un palo de escoba para ver, desde la loma de Chaple y con el mayor de los sigilos, el alunizaje del Apollo. Nuestra ocultación no era para menos. Recuerdo que, cuando estudiábamos en el Instituto tecnológico, unos oficiales de la seguridad del Estado vinieron a dar una conferencia contra los cultores de la música del “enemigo”. La moralidad que el régimen deseaba imponernos a los “hombres nuevos” en potencia tenía dos pecados capitales, ser contrarrevolucionario y/o maricón. En la escuela, había grandes pugnas, unas regionalistas entre los de la Habana y los de Oriente, y otras musicales, no muy alejadas de aquellas, entre los que preferían la música tradicional cubana y los fanáticos de la música americana y las últimas modas. Para denostar a estos (nuestro grupo), los oficiales de marras nos opusieron en evidencia frente a toda la escuela –donde predominaban los supermachistas y hiperhomofóbicos “tradicionales”- al desplayarse en calificar a los Beatles de homosexuales y a su música y sus modas como de peligrosas debilidades sexuales, morales, ideológicas y políticas. A partir de entonces, en aquel entorno, como es de suponer, nuestra vida fue mucho más difícil . Volviendo a nuestra histórica audición del Abbey Road, la tertulia ulterior llegó al consenso de que éramos testigos privilegiados de la inauguración de una etapa superior, no ya en la carrera de los Beatles, sino de la música en general. Meses después, cuando fue oficial la separación de los músicos ingleses, la frustración fue inmensa y las esperanzas de una reunificación se extenderán por una década entre especulaciones y las falsas alarmas hasta que el asesinato de John Lennon las terminara de a viaje. Durante aquella época hice gala de una lucidez particularmente desacostumbrada en mi caso. Desde la separación de los Beatles, fui el único que aseguró la imposibilidad de su reunificación. En mi opinión, estos, con el Abbey Road, habían llegado a la cúspide de una búsqueda de autosuperación que había comenzado una década antes en un oscuro pub de Liverpool. A diferencia de la mayoría de los grupos musicales, que se casan con un estilo para sólo desarrollarlo ulteriormente en el mejor de los casos, la magia de los Beatles residía en su continua batalla por superarse a sí mismos en cada nuevo disco. Es por ello que el Let it Be, anterior al Abbey Road pero de entrega posterior, parezca una caída en esta escalada. Según mi muy modesto parecer de aquella época, las desavenencias financieras fueron provocadas por la incapacidad para continuar ese esfuerzo estético progresivo conjunto. Cuando esta motivación se extinguió, aparecieron las diferencias personales que llevaron a lo irremediable. Por desgracia, tuve la razón.