
Yo, que he caminado sobre el costillar de la ballena azul en la inmóvil noche de las Islas Loffotten.
Yo, quería ser Don Juan y terminé por ser Fausto.





Alfredo Triff
Les Dents du singe
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La joyita surrealista del conocido realizador René Laloux no requiere demasiada explicación (de cualquier manera, debe intentarse): Corre 1960, en plena ciudad moderna. Caraverde tiene un turno con el dentista (hace días que tiene un dolor de muelas que lo tiene loco... no sabe que el doctor es un sádico que trafica con dientes como implantes destinados a sus pacientes acaudalados). Ya en la silla el odontólogo extrae caninos, incisivos, molares. “Los dientes son a la boca como la familia a la mesa”, imagina Caraverde, ahora testigo de su “extracción” familiar. “Los dientes son como edificios”. El sacamuelas carga con Caraverde a cuestas y lo despacha junto a una casa abandonada en las afueras (¿qué hace un simio en bicicleta?). Por interminables avenidas caminan seres que se transforman -caprichosamente- en personajes de la historia bucal de Caraverde (el restaurante se convierte en carnicería, los transeúntes en salchichas). Caraverde se mete en el liceo, seguido por peatones, que mecánicamente se tornan en chiquillos... en una clase de anatomía en la que posa como maniquí (triste ser un payaso sin dientes). ¿Qué hacer? Caraverde retorna a su casa, caminando solitario y cabizbajo. Una vez adentro, va directo al espejo y se mira el rostro. Y por primera vez gime (¿habrá reconocido la razón de su pesar?). Mientras, el cruel dentista no se percata que alguien viene por él (acaso para romper definitivamente el hechizo que pende sobre Caraverde). Al fin y al cabo, el mono/mago/ciclista se queda deambulando entre los altos rascacielos citadinos que ahora florecen bajo el sol primaveral.
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Otras obras premiadas de René Laloux son El planeta salvaje (1973), con Roland Topor y Les Maîtres du temps, 1981. La semana que viene (a propósito de nuestra era llena de violencia), presentaremos Les temps morts (1964), de Laloux y Topor.










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Martin Arnold (n. 1959) es un director de cine experimental austriaco con diplomas en psicología e historia del arte de la Universidad de Viena. Desde 1995, Arnold es profesor de la Academia de Bellas Artes en Frankfurt y profesor invitado en las universidades de Wisconsin (en Milwaukee) y del prestigioso San Francisco Art Institute. A primera vista (en el clip de arriba con Judy Garland) resalta la repetición continua y catártica fabricada por Arnold, transformación -y exploración al mismo tiempo- de la canción en un ejercicio absurdo (como salido de un poema dadaísta de Schwitters), donde lo evidente ahora es lo que está detrás, la "memoria" del original; otra película que apunta a ¿su inconsciente? y revela ángulos equívocos de la historia del cine. Jacques Lacan ha dicho que "recordar implica un límite de dos direcciones antagónicas: memoria y repetición, un ir-y-venir donde el recuerdo siempre se resiste a la repetición". No se pierdan Pièce touchée de Arnold, la que Akira M. Lippit describe como "una máquina de cine -no una copia óptica repetitiva- sino una máquina mnemográfica, aparato que escribe y vuelve a escribir recuerdos en la superficie de la película... llena de averías, interrupciones y corto-circuitos que crean una maquinaria tartamuda, neurótica". Vean la página de Martin Arnold aquí.

