miércoles, 7 de octubre de 2020

en política, nadie convence a nadie de nada

                                                       embajada de Perú, La Habana, 1980.

 alFredoTriFf

Lo he conversado con alumnos y amigos. Lo he meditado en el auto cuando la música cesa y da paso a las cavilaciones: en política nadie convence a nadie de nada.

El fenómeno se acrecienta durante estos días de elecciones presidenciales. En las redes sociales la gente apela, recurre, demanda. Se mandan mensajes privados, o sale una circular en un muro, con fotos y frases hechas en apoyo a fulano o mengano. 

Nosotros debiéramos estar curados de ese mal llamado PROSELITISMO. 

El proselitismo político siempre nos fue repulsivo a los que vivimos el comunismo castrista. ¿Olvidaron los círculos de estudio, las reuniones para hablar mierda, las directivas, los programas de televisión, las entrevistas y paneles? Un menú politiquero que nos hacían más gusanos todavía (y mira que el Fifo tenía labia y un aparato publicitario superior al del New York Times). 

NO SE CONVENCE A NADIE. 

¿Quién es capaz de convencer a un hijo de algo? El muchacho o la muchacha miente cuando te dice: "Papi tienes razón" acto hablado en automático que se traduce así: Papi go fuck yourself.  

Alguien me dirá: "Yo no lo hago para convencer a nadie. Solo para expresar mi punto de vista... mantener mi tropa en guardia". De ser así, lo dicho aquí no le aplica a Ud.  

La gente del bando de B permanecerán FIRMES en su bando. Lo mismo con la gente del bando de T. Así ha sido siempre. Cuántos se quejan de perder amigos: "No puedo creerlo, a fulanito, que conocía hace más de 20 años, me bloqueó". Los de T pierden amigos pro-B; los de B pierden amigos pro-T

NADIE SE CAMBIA DE BANDO motu propio. ¡Ah! Pero si sucediera, estamos en presencia de algo inusitado (entra en el juego el llavín de las creencias). 

¿Cómo? 

El llavín de creer en X. Sencillamente SE ABRE y se dejan entrar ideas no-X. A partir de ese momento ya no se cree más en X. Es lo que los castristas llamaban correctamente– PENETRACIÓN IDEOLÓGICA. 

El asunto se estudiaba en serio. Le llamaban Epistemología social del conocimiento. Todo comienza con una bronca entre racionalistas y emotivistas en el siglo XVIII. 

Los emotivistas explican que el "cambio de bando" llega desde la frontera emocional. Se le ha llamado "sentir nuevo desde los nervios" (vea a Emilio o De la educación sentimental: Rousseau se da gusto). ¿Qué causa ese sentir? Una emoción cediendo ante otra. ¿Y qué la hace ceder? Tiene que ver con la crianza y la naturaleza de la persona. 

Los racionalistas se van por las ideas. "T es mejor candidato que B" (o visceversa) no es una idea objetiva, tampoco subjetiva, sino un término medio con papa frita llamado intersubjetividad. Las ideas tienen su propio cambalache en cuartos privados VIP de la mente. Ahí tienen lugar orgías impúdicas con baile de perchero y todo. 

Ahí T y B se dan la lengua (hablo a nivel de ideas, ¡que no se diga!).

Como con las emociones, hay una casa ancha de ideas, con cámaras que se suceden en orden de importancia. Las ideas de la cámara principal son más fuertes, compactas e inamovibles. Hay otras aledañas y más apartadas; otras estancas, claustrofóbicas, con ideas que pululan lujuriosas y peligrosas. Las ideas que se rechazan o se aceptan, tienen que ver con una dinámica afín a la casa, lo que llamamos AUTONOMÍA. 

El dueño de la casa: TÚ, YO, no sabemos nada. Aceptar, rechazar no es asunto de UNO. Más bien LE PASA A UNO en automático. Nos sorprende sorprendernos: ya no pensamos como hace una semana. ¡Qué pavor!

Si quieren la prueba de este misterium, vengan conmigo a La Habana, circa abril, 1980. Se sabe que la Embajada del Perú se llenó de ex policías y ex segurosos. ¿Qué hizo cambiar a esa gente de la noche a la mañana y arriesgar la vida en el empeño? Nadie tiene la respuesta.

Entonces ¿por qué seguimos dándole a la manigueta? 

Porque es de humano errar una y mil veces.

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