miércoles, 8 de octubre de 2014

la guerra y la paz


aLfRedO tRifF

estamos en guerra. debe hablarse entonces un poco del odio que excusa la guerra. sin odio hubiera sido mas difícil para hitler invadir la europa no aria del este, o a japón masacrar la población china. y no digo ya el odio, sino simplemente la indiferencia. sin ella hubiera sido más difícil a los franceses invadir españa en el siglo XIX, pese a que ambos países eran aliados compartían una alianza religiosa (eso además de la sobrada hispanofilia del francés). sin cierta apatía, los bombardeos americanos en viet-nam no hubieran ocurrido. también está la certeza que nuestra causa es justa. no hay dudas que hay causas justas, pero lo justo siempre se hace más difícil cuando se analiza fríamente.

comienzo por lo trivial: la guerra siempre ha existido. es un hecho constante que supura la humanidad. la historia puede verse como una secuencia interminable de guerras, grandes, medianas y pequeñas. cada especialista justifica la desde su disciplina. luego tenemos la perenne circunstancia política, si hacemos caso a von clausewitz, o la violencia inherente al humano si seguimos la tesis de durkheim. desmond morris lo lleva al plano evolutivo, lo cercano que estamos a ese sentimiento atávico de territorialidad. pues en algo nos parecemos a los animales. compartimos su celo por la hembra (que por helena los espartanos y troyanos pelearon a morir). hay teóricos que sostienen que la guerra en su forma moderna fue concebida como un instrumento táctico a ser usado cuando los intereses vitales del estado estuvieran en peligro. de acuerdo a este criterio, la guerra lejos de servir el ideal de soberanía, le apuesta a las ideologías más diversas.

las guerras religiosas del siglo XVII asemejan grandes proyectos, de la misma manera que lo fueron la escatología nazi o comunista. lo que indica que deben haber guerras sin razón aparente. para muchos en el siglo XIX, las guerras napoleónicas tenían ese viso absurdo y fueron consideradas por un tiempo las mayores guerras de la humanidad --de ahí ese hermoso capítulo contra la guerra escrito por tolstoi, en en último capítulo de la guerra y la paz.

sin descartar lo anterior ¿por qué no aceptar la guerra como un hecho existencialmente necesario? es decir, lo que mejor explica esa tenue coexistencia entre lo animal y lo humano.

¿y la cultura? sí ¡que linda la cultura!

¿puede concebirse un estado perenne de paz? si hiciéramos caso al racionalista de Leibniz, este mundo siempre será el mejor de todos los posibles. propondré a mis lectores algo difícil de aceptar: la paz no es un estado como tal, sino un vacío de lo otro. paz es ese espacio entre dos guerras, la que pasó --y que nos da esperanzas-- y la que acecha y nos toma por sorpresa.

demasiada paz, sin contradicciones, se hace anómica. sin contar que la paz debe conocerse a través de su falta. y aunque la paz es siempre preferible, sería peligroso adoptar la paz a todo costo, en particular si el precio de esa paz lleva el oprobio de la cobardía por debajo de la mesa.

1 comentario:

Luis dijo...

Coño maestro, no se si reír o llorar. sin duda este articulo (muy bueno) no fue escrito en la "era de Bush" LS