martes, 23 de septiembre de 2014

El milagro de la vida bohemia

La vie de Bohème, Alfred Pages, 1885.

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La noche otoñal en la ciudad parisina. El primer viento húmedo de invierno le baña la cara. Todo se hace conciencia en esta noche de neblina: los portales decimonónicos, el quicio de la acera de adoquín, aquel vestido arrugado del mendigo, la mirada candorosa de una niña, la luz rutilante de una lámpara. Todo y nada. Torbellino de pasos y voces anónimas le asaltan. Está harto de su vida, de su pobreza, de esa constante lucha del poeta por hallar una voz que desnude la verdad. A veces quisiera vivir en otra parte, empezar de nuevo. Un pueblucho de campo en el sur, de donde vienen sus abuelos. Allí se encuentra la paz, y una satisfacción por la vida. No, es muy tarde y la poesía necesita la materia basáltica. ¿Está loco acaso? Cómo podría vivir sin su buhardilla, su larga y caprichosa escalera, sus descascaradas y ennegrecidas paredes.

Cómo prescindir de su fétida cloaca, sus ratones insomnes, su perro mugroso y hambriento. ¿Dónde están el ruido, la peste y la miseria? ¿Qué vale más que estar en el centro de todo y entrar y salir sin que nadie te pregunte nada? Ser ciudadano del mundo, codearte con todos sin que nadie te conozca.

¿Habrá algo mejor que Babel?

Y el bohemio ¿dónde vive? Centro vital: Paris, 1840. La vida es rica en experiencias, más allá del cómodo acá de la existencia pero no precisamente el confort de la vida burguesa. Hay de todo y todo se mezcla: el conde y la prostituta, el artista y el carnicero.

Les presento Escenas de la vida bohemia de Henri Murger, libro de viñetas sobre la vida artística en el barrio latino y que más tarde sirvió de modelo a esas otras representaciones de la vida bohemia (entre ellas La Boheme de Pucini). Murger (redomado autodidacto) fue secretario de Tolstoi. Comenzó escribiendo poemas y se convirtió en un experto bohemio de la vida bohemia parisina. La maldición, la salud, no la tuvo. Esa tragedia queda inmortalizada en la serie que publicó en episodios separados: él mismo la protagoniza bajo el nombre de Rodolfo. El bohemio, dice Murger ha existido siempre, en todos los climas y edades. Las figuras van desde el ciego Homero, Miguel Ángel, Shakespeare; incluso un Rousseau. Ser olvidado, el bohemio es personificador de valores artísticos trascendentes. Prototipo del ser moderno, definido por la ciudad que habita, artista del pulso diario de lo cambiante.

El bohemio persigue esa aventura citadina que lo llevará al triunfo (o la ruina). “La bohemia te lleva –nos dice Murger-- a la academia, al cielo o la morgue”.  ¿Se trata acaso de una transformación social, o de una aberración pseudoidealista? La bohemia es una dinámica de confrontación cultural: moderna, antagónica. El artista contra el burgués, el bohemio contra el filistino. En otra consulta, La batalla de Hernani de Víctor Hugo contrasta al artista radical idealista sin compromisos y el “filistino” (tipo de clase media acomodada, defensor de los valores eternos, de la estabilidad, del sosiego en la cultura).

Ojo cuidado, nos hemos habituado tanto a esa discordia entre burgués y bohemio que olvidamos por qué precisamente ocurre en ese momento: ¿quién es ese “otro”? El bohemio tiene que ser entendido en sí mismo como agente moderno --no solamente como elemento antagónico del pasado. Comprendemos entonces que no se trata sólo de escandalizar, sino de traer un nuevo programa.

El bohemio tiene como única arma su propia imagen: vestir es decorar, es vivir. Para marcar diferencias y territorio: la ropa debe ser extravagante. El moderno exhibe algo de sí mismo que el burgués no capta: el valor que disloca lo amoldado. Abajo el ahorro, viva el gasto, abajo la moderación, viva el derroche. Volviendo a Hernani, los seguidores de Hugo serían bombásticos. Nos recuenta en sus memorias: “los transeúntes de la calle Richelieu vieron esa banda de locos con melenas, largas barbas ... todo tipo de vestimentas excepto la establecida: sobretodos de marinero, relojes españoles, chalecos a la Robespierre, gorras Enrique III (...) portando atuendos y artículos de todos las épocas, de cualquier cultura y clima, y todo esto en Paris a plena luz del día”.

Teófilo Gautier deja claro la importancia de la vestimenta para esa generación:
Estaban convencidos que cada noche provee una nueva aventura, siempre que se reciba con un pensamiento juvenil, libre de la vieja rutina. Por tanto, cada noche había de celebrarse con su apropiada toilette: indumentaria novedosa, espléndida y bizarra que honrara maestros, escuelas y obras. Con tal de no parecer notarios, banqueros o funcionarios, esos locos vestirían cualquier indumentaria.
¿Qué lleva el bohemio a la tumba? Lo expresa Gautier: “Sé que mis libros, artículos, viajes a países extraños... todo será olvidado, pero nadie podrá olvidar mi chaleco rojo”. Nada de frivolidades: La barba luenga, la amplia frente, su blanca palidez y la vestimenta añosa. La biblia del vestir. La poesía, la buena, el verso y reverso de la vida.

(continuará)

1 comentario:

judith ghashghaei dijo...

Muy interesante tema. Imagino que hay muchos tipos de bohemios : el romántico, , impresionista, anarquista. Sospecho que los naturalistas de finales del XIX se reciclaron en los yupies de los 90, quienes otra vez se reciclaron en los ecologistas de ahora. Estos últimos tienen más o menos un gusto homogéneo, son bastante sibaritas, aunque, últimamente, hace énfasis en consumir friky fucky healty food. Esto nuevos bohemios andan con unos atuendos curiosos que parecen sacadas de los Salvation Armys . Sospecho que es ropa costosa que no muestra marcas, probablemente comprada en algún otro país, porque a estos bohemios les encanta un viaje, El corte de pelo es otro tema aparte. Generalmente prefieren vivir en zonas históricas y usar bicicletas o autos chicos de bajo combustible. Sus modas aparentemente intentan escandalizar a la burguesía, clase de la que generalmente proceden. Pero, como los burgueses viven en su mundo, y sus hermanos bohemios en el propio , en realidad no escandalizan a casi nadie, solamente a vecinos y sus propios familiares, que pronto pierden interés y encima terminan imitándolos . Yo creo que un burgués puede ser bohemio sin entrar en contradicción ni perder su doble identidad social; en cambio, un pobre si quiere ser burgués rápidamente pierde el visado de bohemio. En fin,gracias por traer tan interesantes ideas siempre me hacen pensar, chao voy a dormir. Saludih