domingo, 18 de agosto de 2013

Un cuadro representaba una concentración en la Plaza con el mismo rostro de barba multiplicado en la explanada y en el estrado

Ernesto González

Un seleccionado de artistas plásticos atendidos por instructores de la Casa de Cultura montó una exposición; y el director habilitó salones adicionales por el cupo de cuadros y las características de las instalaciones móviles o no de los creadores, quienes se opusieron a una inauguración con discurso, invitados especiales del provincial de cultura, del Ministerio y cintica cortada. En cambio, colocaron al más feo de ellos, un narizón con la cara llena de granos, en el portal vestido de hombre sándwich con una leyenda: JUST FREE.

Se había organizado la muestra de forma tal que hubiera que entrar por la puerta de cristales del salón de lectura de la biblioteca. Se cruzaba el umbral y ¡oh, sorpresa!, había que pisar un óleo del Ché Guevara, de cuatro pies cuadrados, empotrado en el piso. Esa tarde los primeros en arribar se detenían indecisos mirándose o se lanzaban a saltar el cuadro, imposible tarea para quienes no practicaran campo y pista (o sea todos, ya se sabe de la eterna discordia entre deporte y cultura) y caían de nalgas encima de la mollera del Che, su nariz o su pecho. Se arregló esta situación cuando algunos osados tomaron la iniciativa de penetrar sin titubeos, saltos ni aspavientos: simplemente pisando aquello que no era ni más ni menos que la imagen coloreada de uno que había sido humano.

Me fijé en las obras. Había cuadros e instalaciones de temas ecológicos, latinoamericanos y pacifistas, además de una bandera cubana hecha de esos cartones en que venden los huevos, con algunos cascarones pegados a la estrella de cinco puntas. Un cuadro representaba una concentración en la Plaza con el mismo rostro de barba multiplicado en la explanada y en el estrado; y un enorme cilindro cubierto de etiquetas con el nombre de las nuevas corporaciones: Cubanacán, Cubavan, Cubasol. Siguiendo una flecha había que pararse en un banquito y mirar dentro del cilindro: un guante cañero sujetaba la instalación.

Alrededor de las 10 pm se reanimó la exposición con una instalación móvil y muy lúdica. Un flaco y mal encavado artista plástico entró a la galería pisando morosamente la cara del Che, llevando un bulto de periódicos en la mano. Nadie notó que los abría y colocaba en el piso, cerca del cuadro que acababa de mancillar. Eran las primeras páginas de varios diarios, con idéntico titular, que el artista acomodaba sobre el granito del piso.

Ya los asistentes habían reparado en el nuevo performance y lo estaban rodeando. Indiferente a las reacciones de asombro e inseguridad (todo el mundo miraba a todo el mundo) que estaba suscitando, el flaco y mal encavado artista se arrodilló en el piso a alisar las seis hojas de papel que había dispuesto. Las estiró bien, casi con cariño, arregló las esquinas para que concordaran y el performance fuera estético, y tensó con insistencia un enorme titular en negro: GRANMA NUNCA MIENTE.

Dio un brinco y se paró de espalda a la concurrencia; y mirando al frente y hacia la entrada, se desabotonó el jean ripioso, se lo bajó y se agachó sobre la palabra NUNCA. Enseguida un fecaloma de esos largos y muy gruesos, que defecan esos pocos cubanos sin problemas gástricos o de hemorroides, comenzó a posarse enroscado entre la "N" y la "A" de NUNCA.
—¡Ah! ¡Oh!

Ajeno a los comentarios el plástico pujó, y un segundo y pequeño fecaloma se posó sobre su sucedáneo, como una tilde que aclarara el sentido de la palabra. Terminó de defecar y, muy sereno, arrancó un pedazo del borde, que decía GRANMA, y se limpió detrás. Arrancó el borde a su izquierda, MIENTE, y se acabó de limpiar. Se subió el pantalón, se cerró la portañuela, se abrochó el cierre y el cinto y salió de la Casa de Cultura como si tal cosa.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ernesto eso paso de verdad, no lo de la cagada, pero si lo de la obra del Che. Bueno aclaren eso.

Rafael Lopez-Ramos dijo...

El cuento describe diferentes obras y eventos de finales de los 80. Bello homenaje literario a la generación, Ernesto.

Padre Montenegro dijo...

sí, es una ficción basada en diferentes hechos reales. Principalmente dos: La expo "Nueve Alquimistas y un Ciego" de Artecalle en la sala Talia, donde había un retrato del Ché que ocupaba gran parte del suelo( http://malditomenendez.blogspot.com.es/2011/03/grupo-artecalle.html ) y el Performance de Angel Delgado en la expo colectiva "El Objeto Esculturado", cuando defecó sobre el periódico Granma; lo que le valió unos meses en la cárcel.

Alfredo Pong dijo...

Yo estuve alli y fue así, un escandalo y un hecho insolito para todos eso marcó en muchos el animo para el primer paso del fin del mito.

Anónimo dijo...

ES PARTE DE MI NOVELA MEMORIAS DE UNA BODEGA CUBANA, CLARO Q. PASO, Y LO RECREE, SALUDOS