lunes, 14 de junio de 2010

La "lolita" de Adalberto canta canciones de amor en silencio

Amílcar Barca

En un sofá donde el pecado está impreso en la tela, se sienta una mujer blanca y rubia con un vestido blanco. La mujer atentamente se fija en mí:
“Ven. Mírame. Quiero que veas la sayuela que esconde mi falda. Quiero que escuches como crepita en mis rodillas hermosas la licra. Fíjate en este peinado. Pon atención a las caracolas que se forman en mis dedos cuando te miro. Estos zapatos de tacón que repico en el suelo y en tu nostalgia. Oye! Espera! Que ahora viene lo bueno… espera un poquito tonto"
La mujer blanca y rubia, cambia el salón por la silla de un comedor incitándome igual. Sigue cruzando las piernas varias veces, acurrucando el dobladillo de la falda hacia abajo o hacia arriba según sus deseos, y mostrando estas piernas que nunca van a estar en mis manos para sentir sus músculos o su temperatura interior.

La niñita nabokoviana de Adalberto Delgado no habla ni canta pero me ha dicho todo lo anterior. Lo ha dicho con la inteligencia de los dobladores de ídolos, en este caso, de Norma Jean. Esta Lolita maldita sólo es visible a través de un cilindro negro y una pequeña pantalla de i-pod. Bien hubiera podido ambientar Adalberto una cabina de sex-shop con el kleenex y el posamonedas para repetir el visionado. Como se puede ver, el arte puede ser también un juego perverso y polisémico. Este arte que imita a la vida que no está o que nunca podremos poseer. Como una pieza de aros puntiagudos sobremontados que alguien en la exposición dijo que no se imaginaba que Snitzer hiciera este tipo de esculturas (…aaay si Duchamp levantara la cabeza y viera que hacen sus hijos camino hacia la ancianidad ).

El microrrelato en una micropantalla es el futuro de la narrativa visual. Y si no tiempo a la tiempo. La pieza es una pequeña joya en sí misma que encierra el homenaje y la creación al mundo erótico en un mismo pulso.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno Amilcar.

Anónimo dijo...

ARMENGOL EN EL NUEVO HERALD, BUENISIMO:
``Esta es la carta de los vendepatrias de toda la vida'', escribe Zoé Valdés en su blog, donde en otro párrafo plantea que ``ser disidente en Cuba, de éstos, que cobran por serlo y se montan el negocio, empieza a ser una carrera''. Curioso que la escritora radicada en París no tenga nada mejor que decir que repetir lo que a diario publica La Habana. Parece que la lección aprendida a la diestra y siniestra de Alfredo Guevara no se olvida fácil. La tendencia hacia el totalitarismo, el interés por anular toda opinión contraria, la incapacidad para admitir criterios ajenos, no es un ejercicio gratuito. Quienes salen al paso de cualquiera que se aparte de la estrategia contra La Habana trazada por la ultraderecha de Miami --y en especial por los congresistas cubanoamericanos republicanos-- mantienen afinidades que van más allá de la ideología y se vinculan a intereses económicos. En algunos casos, esos intereses son acordes a las normas que en este país rigen para los grupos e instituciones no lucrativas; en otros, han surgido revelaciones de malos manejos y usos indebidos."

Anónimo dijo...

Deleitable pieza AB, concordamos. RI

A.T. dijo...

Concuerdo, almirante catalán de las odas enfermizas.

Adal dijo...

buenisimo amilcar, muy poetico!

Adal dijo...

gracias amilcar, muy poetico!