viernes, 27 de febrero de 2009

El intríngulis o tiquismiquis detrás de todo

Ramón Alejandro

Ahora me dice Viriato que en la estación de las Abadesas solamente existe una escalera caracol y no dos como yo le dije cuando le conté mi percance ese día en que no encontraba la salida a la calle, pero como no quiero volverme loco, por nada del mundo voy a verificar ese dato aunque esa estación me quede a dos manzanas de mi casa. Que una cosa es la topografía y la arquitectura, el urbanismo y la ciencia, y otra cosa es la literatura. El caso es que yo me tuve que mandar ese cojonal de escalones giratorios dos veces, bajándolos y volviéndolos a subir por gusto porque aunque desde un principio yo estuve cerca de la salida, lo que me sucedió fue que al querer salir lo que realmente hice fue volver a entrar de nuevo. Porque con los sesenta cinco años que ya tengo cumplidos a lo mejor ya me están fallando las neuronas, cuando sin embargo las piernas se mantienen mucho mejor que ellas. Que la gente dice por ahí que cuando uno no tiene cabeza es necesario tener buenos pies. Catherine me repetía muy a menudo el provervio francés que dice que lo excelente es lo contrario de lo suficiente. Le mieux est l’ennemi du bien, me decía con esa voz aterciopelada que parecía llegar a mis embelesados oídos como a través de un filtro de fieltro. Tenía una voz velada que me sedujo desde el día en que nos encontramos en casa de Fernand Firoulet el día que cumplió sus veintitrés años. A veces cuando yo me enrollaba en una pintura más allá de lo razonable y cogía una lucha que me quitaba el sosiego durante semanas enteras tratando de perfilar precisamente el dibujo de alguna compleja maquinaria de las que por ese tiempo inventaba, y me empecinaba insistiendo de nuevo, borrando cada intento precedente que descartaba como fallido, para volver recomenzar de nuevo incesantemente buscando en mi inquietud febril la solución más excelente y espectacular de ese andamiaje de palos ensamblados que constituía el tema de mis pinturas durante la década de los años setenta, ella me venía a desviar de mi obsesión con esa dulce cantilena: Le mieux est l’ennemi du bien. Como una sirena tentadora que trata que Ulises se desanude las gruesas sogas con las que sus marinos lo amarraron al mástil de su navío. O como Circe y Calipso intentando que se olvidara de Penélope. O como Antígona Le Yaouanc diciéndome que no tengo porqué contar las punticas de cada penca del penacho del cocotero que veo por los binoculares de su aparato de reeducación de los músculos oculares. Y mucho menos ponerme a especular sobre el posible significado que pudiera tener el número de ellas que hay en cada penca. O Si hay cábala o alcabala, intríngulis o tiquismiquis detrás de todo aquello que veo forzándo mi visión hasta más allá de las posibilidades que su soporte muscular tiene asignado. Preocupándome por saber si la relación entre las que están a derecha tienen con las que están a la izquierda del eje del cocotero está regida por una simetría o proporción especial que esconda un sentido oculto. Tratando de evitar la hipótesis de que todos esos detalles no tengan simplemente ningún sentido, que sean solamente un dibujito destinado a llevar a cabo algunos ejercicios de calistenia ocular para poder manejar sin innecesario cansancio el globo ocular. Evitando la tensión superflua que yo le inflijo a mis ojos con mis exigencias absurdas. Y me doy cuenta que yo lo que busco es descollar viendo mejor que nadie. Que quiero volver a ver tan infinitesimalmente como aquella vez que me anestesiaron para operarme de la apéndice.
Que vi las apariencias disolverse en sus átomos constitutivos girabando vertiginosamente en torno al núcleo de sus moléculas. Que en el fondo yo quisiera ver así con esa penetración sobrehumana cada instante de mi existencia. Y que eso no es solamente imposible, sino que no tiene ningún sentido, porque simplemente no es necesario. Pero eso es un pensamiento de mujer. Como Circe, Calipso, Catherine y la misma Antígona Le Yaouanc. Que yo tengo algo de varón a pesar de gustarme tanto los otros varones y de gozar como una yegua sirviéndoles de mujer. Si tú me la movietunes, y a mí se me paramount, yo te la metrogoldwinmayer por el cénturyfox de la columbiapictures, era lo que me decía irónicamente Héctor cuando me iba llevando hacia aquella casa desocupada junto a la Ceiba colosal de mediados de la cuadra de la calle Cortina entre Vistalegre y Cármen. Porque lo mío es esa aspiración descabellada a ver mejor que los demás. Que no me conformo con ser como cualquier hijo de vecino, porque como soy maricón, tengo que compensar esa desventaja llegando a cualquier excelencia que sea. Que es muy natural que quien se siente menos quiera aparentar ser más. Que eso sí que es lo propio de cualquier hijo de vecino. Que lo que caracteriza más típicamente a un hijo de vecino es justamente eso mismo, que no quiere ser como todo hijo de vecino y busca desesperadamente la excelencia. Porque al fin y al cabo todo individuo se siente inferior a sus supuestos pares y se despepita por sobrepasarlos en algo, y finalmente a un precio exagerado a veces lo logra. En fin, que logré pintar mejor que mi pobre Tío Pepe, y hasta mejor que mi abuelo, y de la pintura de mi bisabuelo no puedo juzgar porque nunca vi una en toda mi vida aunque me decía mi abuelo que su padre también había sido pintor y que por eso el firmaba sus pinturas con el apellido de su padre.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Ramon es mucho Ramon es mucho....

sonora y matancera dijo...

"como soy maricón, tengo que compensar esa desventaja llegando a cualquier excelencia que sea" SER MARICON o cualquier otro tipo de homosexual, ya que hay muchos y variados, NO ES UNA DESVENTAJA, distinguido Ramón. los desventajados son los que lo ven así... estupendo, otherwise...

A.T. dijo...

Lo interesante es ese giro "cinematográfico" alejandrino teje/desteje de elucubraciones a cada paso, tal y como el pintor pintaba sus máquinas setentosas en la capital francesa. Me quito el sombrero.

Anónimo dijo...

Ramon me quede con ganas de saber mas de Catherine. Me parece que fue una de tus musas pero no cuentas nada.
Anamaria.

Soy feminista dijo...

Creo que la Sonora Matancera se olvida que ser homosexual, por lo menos aquí en USA, no es considerado ventaja social. Aún en los años 50 el homosexual se consideraba sicológicamente depravado y anormal. ¿Eso no es desventaja?

Anónimo dijo...

"Hay tesituras en el canto que casi se palpan como la masa granulosa de la nectarina. O mejor: como la pulpa de una papaya ramonalejandrina."

Exquisito Jesu. RI

Willi Trapiche dijo...

que fantastico ese aparato librero portatil..a veces pienso que el desarrollo de la tecnologia es quien nos ha metido en esta crisis..la transaccion es mas rapida que el razonamiento ...

sonora y matancera dijo...

femenista, estoy de acuerdo... ni aquí ni en ninguna parte es o ha sido nunca ventaja ser homosexual... me encantó el texto de RA en su maravilloso coito con la lengua y lo visual y sus sabrosuras, pero esa parte me pareció que por autodefinición de una debilidad que veo como todo lo contrario, no iba con lo demás. eso es todo. estupendo, como dije antes.

Anónimo dijo...

Puntos extremos se tocan.

Anónimo dijo...

Genial Ramon.

Rigoleto dijo...

que ramon alejandro dice que por fin termino de pintar... quien le habra dicho que alguna vez el ha pintado algo... los unicos bizcos plasticamente que se han comido la guayaba de que este tipo pinta son la gente de este blog, ademas de su mediocridad con el pincel es mala persona y para colmo brown noise en Cuba, por que ese entra y sale de la isla enrejada debe tener un precio muy grande, lo cual al mediocriton le importa tres pepinos pagar... dime con quien andas y te dire quien eres...