miércoles, 14 de enero de 2009

Mis recuerdos de Severo Sarduy o Réquiem rumbero para un poeta (cuarta parte)


Ramón Alejandro

Por las frecuentes confesiones que Severo me hacía durante los frecuentes paseos que hicimos juntos, tanto en París donde el tiempo era muy escaso, como en Tánger donde nos sobraba el tiempo, pude darme cuenta que para él, la ascética disciplina de estudios a la que La Momia lo obligaba era sinónimo de "Muerte", y que para él la "Vida" era esa que había vivido en su juventud, sobre todo desde que abandonando su nativo Camaguey había conocido a La Habana. Su verdadera vida había sido esa que vivió durante unos cuantos años en aquella densa y sabrosa Habana. En nuestra época donde las religiones tradicionales han perdido su vigencia, el Arte es la religión verdadera de aquellos que desean hacer algo valioso de sus propias existencias. Y como en toda religión, el Arte tiene su vertiente exotérica y su vertiente esotérica. El esoterismo es lo que entiende el vulgo, el esoterismo lo que está reservado a una élite de elegidos que son los conocedores de hecho de su secreta "Verdad". El estructuralismo fue una secta esotérica de la fe en los Dogmas de las Vanguardias estéticas e intelectuales que revolucionaron el escenario europeo después de la catástrofe de la primera guerra mundial. Levi-Strauss fue su profeta y jefe espiritual. El secreto a conocer para hacer parte del grupo de los "elegidos", como siempre sucede en la evolución de toda religión, se fue enardeciendo, volviéndose, por sobredosis de "libertad" y búsquedas puramente formales, en algo que el público general ya no podía ni entender ni apreciar. Severo deseaba en su fuero interno tener un amplio público, ser un bestseller. Sin embargo, parametrado como vivía por su medio inmediato tuvo poco margen de libertad efectiva. Barnet en Cuba sufrió las restricciones ideológicas inherentes a la estructura vertical del poder revolucionario comunista cubano, Severo sufrió la dictadura del dogmatismo de los intelectuales del grupito en el que se incorporó. En toda sociedad se tiene que acatar una serie de principios rectores. Cada uno escogió su ascesis, uno pudo disfrutar directamente del cuerpo de la Isla viviendo en Cuba, el otro disfrutó de las últimas novedades de todas partes del mundo de la inteligencia, y de la profusión de información accesible dentro de estos medios intelectuales en los que transcurrió su vida en París. Cada uno de ellos elaboró su obra dentro de sus respectivos parámetros, ventajas y limitaciones. En la época en que Severo estaba escribiendo Big Bang, solíamos ir juntos a mataperrear por el barrio de Montmartre. En la esquina de los bulevares de Barbès y el de Rochechouart había un cine de barrio, frecuentado casi exclusivamente por moros originarios del Maghreb, funcionando dentro de un edificio de arquitectura neofaraónica que en otros tiempos mejores había sido el elegante Teatro Louxor. En su escenario se hubiera podido representar de excelente manera la Aida de Verdi, tan adecuado hubiera resultado en efecto el decorado de columnas con capiteles de flores de loto y pinturas funerarias de personajes de perfil que cubrían sus paredes. Las películas que pasaban eran peplos italianos o hollywoodenses, con temas sacados mayormente de las epopeyas y mitos de la antigüedad. Nos divertíamos mucho alternando con los muchachos de esas tierras pastoriles, mayormente bereberes, quienes disfrutan del cuerpo de otros hombres allí congregados, sobre todo andaluces y valencianos, tanto como aspiraban disfrutar del de las inaccesibles mujeres de su propia raza, a las que tendrían finalmente acceso después de ahorrar lo suficiente como para comprarse una de ellas pagando la consuetudinaria dote al padre. Pero mientras llegara ese tardío momento de sus laboriosas existencias y trabajaban entre semana en las fábricas de la industria pesada francesa, se desahogaban los sábados y los domingos con nosotros en la propicia complicidad de la penumbra de las salas de ese cine sin el menor escrúpulo. El trajín y el sube y baja del público de supuestos espectadores de esas superproducciones ítaloamericanas por las monumentales escaleras pseudoegipcíacas que iban de las salas del escenario donde se debatían los héroes y monstruos de los mitos griegos, hasta los servicios de caballeros donde en pandilla y a la vista los unos de los otros, moros y cristianos se entregaban a la más desaforada fornicación era muy intenso. Estábamos Severo y yo descansando un momento de tanto desafuero cerca de una puerta de la platea, cuando ésta se abre y escuchamos el audio de la película en la cual Julio César anunciaba solemnemente: "Mañana al amanecer atacaremos Alesia".
A Severo le gustó tanto ese accidente que incluyó esa frase lapidaria en uno de sus poemas. También incluyó las palabras "saliva verde", para recordarse subrepticiamente de José Augusto Verde, un fornido pescador de la provincia del Minho quien desde niño se ganó la vida pescando el bacalao frente a la península del Labrador y los mares de Terranova antes de irse a París al finalizar su adolescencia para vivir menos peligrosa y más desahogadamente, poniendo en venta el esplendor de su atlético cuerpo a los enamorados de la belleza masculina. Yo se lo presenté a Severo que lo hizo entrar de esa manera en el ámbito de la poesía, sin que el muchacho se percibiese nunca de tan fausto hecho. Cuando con estos dos ejemplos le quise explicar a mi amigo Jorge Mara la manera en que Severo aplicaba los conceptos del "ready made" y de la estética pop vigentes por esos años, Jorge me respondió: "Esos son chistes privados, y no tienen nada que ver con la poesía".

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Ramon: Gracias por compartir esos recuerdos y vivencias.

Anónimo dijo...

Que fuerte saber que basicamente Sarduy era infeliz. Pero quien le quita lo bailao: Creo y escribio y se hizo famoso.

Hipatia dijo...

Me quedo con Sarduy. De Ramon no creo nada de lo que diga.

Ojo Májico dijo...

Muchacho, las verdades de Ramón no requieren comprobación, son del orden estético hasta cuando habla. No creas lo que no quieras, ese es el camino más corto a la soledad. No llores la brillantez ajena y vuela por otro novio a Cuba.

el cabron dijo...

Severo Sarduy vivió como quiso. No es para tenerlo lástima.

Anónimo dijo...

Triff, rectifica:

http://spanish.peopledaily.com.cn/31618/6573599.html

A.T. dijo...

¿Rectifica qué? ¿Le voy hacer caso al commando israelí con obvio conflicto de intereses
más que a HRW?. Además, no creo que debe molestarte que un montón de locos fanáticos terroristas sean quemados vivos por fósforo. ¿No se lo tienen bien merecido?

Raysa dijo...

No me echan de menos? Vengo a meter la cuchareta de nuevo..asi que preparense!

Ramon: saludos. Soy admiradora de tu obra.

A.T. dijo...

Raysa, estabas perdida. Saludos.

Anónimo dijo...

Que quiere decir el apodo "saliva verde"?
Cual era el concepto "ready made" de Sarduy?

Ramon, me parece que vas dejando cabos sueltos. Pero de verdad que no importa porque disfruto muchisimo tus relatos. Me los tomo en serio.
Anamaria

Anónimo dijo...

Tumiami. Eres perverso.

el cabron dijo...

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Anónimo dijo...

Las simpatias de los y (las colegas) cubanos por Israel no es en realidad por Israel, sino por la extrema derecha de Israel. La izquierda en Israel, y los judios de izquierda mas en general, tienen otras posiciones. Lo que demuestra una vez mas que las ideologias son mas fuertes de lo que pensabamos. El componente etnico/racial es obviamente esencial, pero por
que va ligado a posiciones de extrema derecha. (que son con las uqe se solidarizan las personas de extrema derecha, sean cubanas, exiliadas, norteamericanas, o pelirrojas).