martes, 16 de junio de 2020

No hay presente posible sin el carácter y la estatura del pasado


alFredoTriFf

El tiempo no admite en su dimensión más que su movimiento, que es siempre el mismo. El tiempo nunca se apura. Aquiles solo corre más velozmente que la tortuga EN EL ESPACIO. La deja atrás, sí, pero no en el tiempo. Es su deseo de llegar lo que va más aprisa que la tortuga. Cada acontecimiento se está quieto en su tiempo. Es día en una cara de la tierra, es noche en la otra. El tiempo ni se adelanta ni se retarda por la prisa o la lentitud del deseo humano. Nadie puede retrotraer lo que quedó atrás ni traer al presente lo que NO ES AÚN.

En ese flujo del tiempo está el presente. Por un lado está su pasado anterior, al otro, el porvenir. Las cosas pasan y se adentran en el umbral del pasado. Allí se acumulan. Allí se hacen HISTORIA que es lo que somos.

Hay lagunas insondables. Hay mucho más en la prehistoria que en la historia. Prehistoria es antes de, que es historia-en-olvido. 4 millones de años de la historia del Homo erectus y 125, 000 años de nuestra especie Sapiens perdidos en la nada. ¿Qué vivieron mis descendientes homínidos en ese árido e interminable olvido? Solo quedan retazos inacabados de lo que somos.

Desde el atomista Leucipo se conoce que hay que caminar muy lentamente por el largo camino del tiempo. Se llama DURACIÓN, ese encadenamiento de un episodio con otro, de una época con otra. Ningún instante aparece ex nihilo. Siempre se necesita una causa suficiente que lo engendre. Lo que somos hoy está encadenado con lo que fuimos ayer. Llamamos IRREVOCABILIDAD a ese encadenamiento del pasado con el presente. El pasado tiene que haber sido solo uno: lo que FUE.

Es una consecuencia natural de la vida que no se experimente ni el pasado ni el futuro. El presente se impone con fuerza lúdica. Está ahí fijo e inamovible. TODO ES UN AHORA. Aunque fui niño, el peso de la vida me hace olvidarlo. Pocas son las veces que me veo en el regazo de mi madre llorando de miedo en la oscuridad de la noche. Solo se cuestiona el presente cuando resbala uno en sí mismo. Entonces realizo que mi presente responde a un reto desde la distancia. ¡Ay del padre que no recuerde que fue hijo una vez!

Algunos se emborrachan del dulce elixir del presente. Se sienten PUROS y ETERNOS. Declaran: SOY INMACULADO, SOY IMPERECEDERO.

Se equivocan.

El presentismo busca emanciparse de la MALDAD INSUFRIBLE que mora en el pasado (en efecto hubo muchísima maldad; también la habrá en el futuro). No basta con decir que cada tiempo trae su propia tribulación, que cada cual carga con la culpa de su tiempo (sutilezas como esa no caben en el evangelio presentista). La solución es borrar a toda costa la cadena causal que conecte las dos épocas.

Esa nacionalización forzosa no hace más que ECHAR AL PRESENTE EN UN SACO ROTO. ¿Por qué? El DEVENIR de Heráclito. Apenas el instante pasa y se desvanece en el próximo. Hay una imprecación que la pureza presentista parece olvidar: Todo disfrute de pureza deberá caer en la trampa de su propio privilegio.

¿Cómo no ver que mi rechazo a la esclavitud en el pasado tiene un reverso oculto? En ese mismo pasado que rechazo, de haber nacido en otra circunstancia ¿no pude haber tenido YO esclavos? Comprendo a Séneca, quien criticando a sus amigos patricios esclavistas, ignoraba que él mismo lo era. ¿Y qué patricio romano no fue esclavista? Sin embargo, necesitamos Las epístolas morales para comprender el largo y sufrido camino de la historia.

El presentista vive a sus anchas en su estasis temporal. Confunde óptica con norma. Se dice a sí mismo: Helos ahí, defectos el pasado. Por tanto: ¡Abajo con el pasado! Cabe entonces el lema atribuido a Baltasar Gracián que anuncia desde el otrora: La virtud de hoy es el vicio del mañana.

Presentista que me lees. No hay presente posible sin el carácter y la estatura del PASADO.