sábado, 20 de julio de 2013

De este modo la distancia es más corta*

Jesús Rosado

Desde José María Heredia hasta Gastón Baquero, la huella de los desplazamientos cubanos no hace más que confirmar la predisposición cultural de la nación cubana hacia la horizontalidad global. Contemplar esa vocación histórica de dispersar los destinos nativos hacia ultramar -casi siempre por razones políticas- sacude hasta tambalearse el concepto recurrente de insularidad con el que intentamos justificar posturas fundamentalistas sobre el ser cubano.
Cuando asistimos a la manera en que el componente vernáculo transgrede fronteras espaciales y avanza hacia la reciprocidad del reconocimiento en el nuevo contexto que lo hospeda. Cuando se observa que en ese viaje hacia la integración que implica explorar afinidades y ajustarse a las divergencias se conserva todo el tiempo un hilo gravitacional hacia la memoria originaria, entonces caemos en cuenta una vez más de que Cuba es más que una isla y que la estructura territorial fragmentada y concéntrica del archipiélago en torno a la superficie mayor explica de alguna manera metafísica la facilidad de sus habitantes para diseminarse como esquirlas si se prolonga la permanencia de los demonios políticos. 
                                        
Las obras de Pablo Leonardo Martínez y Andrés Lacau permiten abordar la modernidad cubana desde ese otro ángulo que propicia la mutabilidad de las orillas. Ambos retoman los senderos formales desbrozados por el arte occidental desde hace siglos y acuden a nutrirse de la fuente incesante de conceptos revolucionarios que emergen de la actualidad mediterránea.
Las piezas abstractas de Pablo Leonardo Martínez, escultor cubano radicado la mayor parte de su vida en Barcelona,  rinden tributo al purismo escultórico con un sentido de construcción desprovisto de efectismo. Sus manos y sus ojos recuperan el protagonismo del oficio, logrando en cada caso que la energía invertida realce las cualidades del acabado que ha debido transitar desde los niveles más primigenios de la observación hasta su delicada concreción estética. Son elegantes tallas y ensamblajes que en algunos casos mezclan ingeniosamente materiales de naturaleza diferente revelando el fatigoso proceso de búsqueda de cánones sofisticados al atacar la materia ruda.
La obra de otro cubano, el artista exiliado Andrés Lacau, viaja por el mismo camino de las habilidades naturales. Sin embargo, su destreza como pintor y dibujante muestra un compromiso en el campo de las ideas. A través de décadas de creación, la pintura de Lacau ha ido abordando sensibles temas existenciales con personal enfoque teísta. Sus años de exilio en Madrid, con todo el peso del desarraigo, ocupan una porción considerable de su cosecha, sumando a las meditaciones de la lejanía otras visiones sobre las pesadumbres del ser-estar contemporáneo. Son angustias que cuajan en un discurso a tono con el novedoso reciclaje formal en que la actualidad figurativa asume el legado de los maestros de la Vieja Europa. 
En ambos casos, las metáforas fluyen libres de la exacerbación nacionalista o de los complejos por el pasado colonial. Los criterios de identidad en la obra de uno y otro asumen la suficiente neutralidad formal y conceptual como para abrirse un margen amplio ante la percepción pública. Los códigos dominantes del discurso visual de la nación han sido relegados. Pablo y Andrés, cada cual en su momento, cada quien en su edad, cuando partieron supieron “salir”. No vale la pena repetir los bojeos a los muros en las orillas, sobre todo, si existen maneras menos posesas de acortar las distancias.
                                           

El cubano, al emigrar, en cierto modo está ejerciendo la resistencia ante el monopolio de la decisión política. Es la opción factible de aplicar el cambio existencial que el totalitarismo no le permite. Hoy día, irse se ha hecho un presupuesto natural de su identidad. Se hace difícil no conciliar la construcción de valores nuevos para el cubano si no es con el desplazamiento. Y cuando menciono valores no solo aludo a la búsqueda de calidad de vida, sino que incluyo la necesidad de expresión espiritual por caminos como el arte.
Para el creador cubano transplantado, como Andrés Lacau o Pablo Leonardo Martínez, el diálogo entre culturas es un ritual repetido y necesario de autoafirmación como ser humano.  Es un paliativo para cuando asoma en algún momento la orfandad territorial. Expuesta a los avatares de la nueva latitud, la idea estética del artista emigrado fluctuará entre fricciones y asimilaciones sociales. Entre sentimientos de pertenencia ancestral y la intención de correr las aduanas. Todo el potencial crítico y transformador se pondrá en tensión o correrá el riego de enquistarse en las tradiciones. Tanto en la obra de Martínez como en la de Lacau, esa negociación se refleja fructífera. Se ha rebasado el inmovilismo nacionalista y, aún más allá de las ventajas que representan los elementos afines con la cultura española, se ha ido al encuentro del amplio espectro de la modernidad europea.


Los dos casos ilustran como el arte cubano, por razón de la transterritorialización, ha tenido que superar su tendencia a los repliegues conservadores para incorporarse a ese proceso integrista reciente que los teóricos llaman globalización. Pero sigue siendo arte cubano sin renunciar al gentilicio, no solo porque el ADN del artista se gestó en la isla, sino porque la memoria de la cultura natal no es domesticable. Está ahí, agazapada, intangible, sin determinismos, pero persistiendo en los nervios del autor y toda negociación de la identidad responde al acto instintivo de achicar la masa de agua y salitre que lo distancia.
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* Texto para la muestra The Shortest Distance/Obras de Andrés Lacau y Pablo Leonardo Martínez

15 comentarios:

Anónimo dijo...

El señor Rosado quizá aprenda a escribir cuando abandone el obstinado afán de ser escritor. Solo así, podrá superar el cantinfleo que caracteriza su "prosa".

atRifF dijo...

JR: Felicidades por ese show!

Anónimo dijo...

Modernidad cubana???!!!

Anónimo dijo...

Que alguien de ponga los espejuelos.

JR dijo...

AGnónimo, gracias por lo de escritor como aspiración, pero jamás se me ocurriría eso. Allá los que padecen del divismo literario y les da por juzgar. En cuanto al cantinfleo y otros defectos el problema es que ya estoy viejo y no puedo cambiar, asi que te invito a aguantar mi "prosa" como un caballo o como una yegua (perdona, pero no sé tu sexo). Cógelo suave, se te quiere.

JR dijo...

atRifF, tú siempre tan gentil. Gracias. Pero honor a quien honor merece, son Pablo y Andrés los que hicieron lucir ese proyecto.

JR dijo...

Modernidad cubana no. Diáspora y modernidad global. Así está mejor.

Anónimo 2:30 pm, sí, es verdad, necesitas espejuelos para que evites los typos.

Anónimo dijo...

Magnifico, felicitaciones a los dos artistas. Bravo por el museo cubano.

Anónimo dijo...

Hay partes de este articulo que le sirven a la mayoria de los artistas feura de Cuba para comprenderse mejor

Anónimo dijo...

"Pablo y Andrés, cada cual en su momento, cada quien en su edad, cuando partieron supieron 'salir'." Es la frase que mejor resume el sentir, diría yo, y agregaría que también, cada quien lo hace a su manera. Éste es el objetivo de todos los "trasplantados", donde me incluyo, ya sea por fuerza de las circunstancias o por voluntad propia, cada día INTENTAR sacar lo mejor de uno mismo, lo mejor de su identidad cultural, saber salir... como el ☼

RI dijo...

ADN y memoria, dice Rosado y da en el punto.
La exhibición esta muy bien curada e impecablemente presentada por Ileana Fuentes y Rosado. Llama la atención la simetría entre ambos artistas/obras, dialogan desde medios distintos.

JR dijo...

Exactamente: bravo por los artistas y bravo por el Museo Cubano.

Anónimo 10:22 AM, los avatares de emigrar corre parejo para todos los que tienen que hacerlo. Se te agradece tus sentidas palabras.

Gracias, Rosie, por sensibilizarte con la esencia del proyecto. Tu criterio vale mucho para nosotros

machetico dijo...

Metáfora, sigue guapeando. ¿Museo, qué museo? Eso es una entelequia. No tupan más.

Anónimo dijo...

Que cantinfleo!

A ver, en concreto que hay en esa obra y di nos que tiene de revolucionario. Formalmente cual es el resultado novedoso? Es mas de lo mismo, nada sorprende, peor aun, esta dice nada. No llega a ser ni siquiera bonito, es mas bien decorativo, no hay una búsqueda de la forma porque no se sabia lo que se quería decir desde el principio. Y lo que vemos ahí es resultado de un de una forma desposeída de su esqueleto que la moldea, el concepto y que determina la formas! De que estamos hablando?, usted con todo sus respeto no sabe ni donde esta parado en lo que respecta a las artes visuales. Así de sencillo!

Vez como la pintura nada tiene que ver con la literatura. Que tiene de sentido todo cuanto haz escrito sobre esta obra? NADA!!! En la pintura lo que importa es el resultado final y tus palabras o escrituras no determinan ni tampoco ayudan a concluir el resultado de la misma. Esta, la obra tendrá que posar a solas, desnuda y en silencio por el tiempo sin ser olvidada y tu no vas a hacer la diferencia, el pintor tuvo que haberlo hecho de antemano. No juegues a las revistas de arte.

Coñoooo!!! que razon tenia Vargas Llosa cuando escribio La Civilizacion del Espectaculo!!! Miami no escapa aun, sigue siendo comida para moniltos!

Anónimo dijo...

Oye esoooooo! simetría, que lindo te quedo eso RI, con el mayor respeto y usted que sabes sobre las artes visuales.

aplaudanme, aplaundame y recuerde que mañana hay matine!