viernes, 14 de septiembre de 2018

un hueco en el patio de la casa


alfrEdo trIff

un simple hueco en el patio trasero de la casa.

apareció un día y en menos de un mes aumentó el doble de tamaño. al principio nadie le dio importancia, después de todo un hueco es por definición un vacío. pero cada día el vacío se hacía más grande. cada mañana el diámetro aumentaba, tragándose el vestigio del filo del borde anterior con sus respectivas minucias: una matica, una ramita seca, un pomito vacío de perfume, una lagartija muerta.

padre e hijo se dieron a la tarea de marcar con pintura amarilla sobre la tierra mojada el último límite del hueco. a la mañana siguiente la marca de pintura había sido tragada por la negrura. todo lo que se mueve tiene vida en movimiento. la negrura se movía... 

el padre le prohibió conversar del asunto del hueco. ya la madre parecía ensimismada. repetidas veces se le veía, imperturbable, mirando el hueco por la ventana de la cocina.

el hueco fue tomando lugar prominente en las conversaciones. durante las comidas, cuando se repasaban los eventos del día, él reparaba en ciertas frases: "¿no tienes nada de tarea?", o al abrir el refrigerador: "no hay nada de mantequilla". él pensaba: ¿cómo puede haber nada de algo? entonces avanzó la idea que la nada debía ser un todo. lo anotó en su diario. su padre comentó un día "tu amigo tiene el cerebro hueco". durante la comida su mamá dejó caer: "siento un hueco en el pecho" y suspiró profundamente. se miraron estupefactos. comprendían tácitamente que el hueco se hacía parte de sus vidas.

la bañadera, una gaveta, una caja, recipientes vacíos -más bien semivacíos- le producían fascinación. en la escuela imaginaba cómo abstraer la materia de su espacio, o las palabras de su contexto. podía imaginar alguien diciendo lo que callaba. perseguía el silencio entre palabra y palabra de modo que  le era difícil seguir una conversación cualquiera con sus amigos. era como si el decursar de las palabras cayeran en el hueco. como si el sentido de las cosas quedara desnudo de su ropaje innecesario. "qué me dice el silencio", se preguntó.

una tarde, después de la clase de geometría, trató de imaginar el espacio del aula sin el espacio mismo. no pudo lograrlo. entonces concluyó que el hueco debía ser una propiedad fuera de la materia -y lo escribió en su diario. intuyó que un hueco es una parte de otra cosa. como en una ilusión óptica -solo que el hueco de su patio no era un trampantojo; era lo negativo, lo inverso, lo otro sin su sombra.

una larga noche de desvelo le constató que  hay huecos vacíos y llenos: los primeros, llenos de nada, los segundos, repletos de todo. salió corriendo al patio para corroborarlo: ahí, justo en el borde concluyó que el hueco era su mejor amigo y escribió esto en el diario.

el vacío del hueco estaba lleno, pero se hacía necesario averiguar de qué. investigar ese algo en falta y su falta en algo.

un día húmedo de otoño salió al patio, llenó sus pulmones de aire frío y contempló el hueco que se tragaba más de la mitad del patio. pudo distinguir la forma del vacío sustentado por el borde. "sin borde no hay hueco" se dijo. intuyó una presencia pegajosa que le traía ecos perdidos de palabras no dichas, pensamientos no formulados. "¿de dónde salen?" y escribió todo eso en el diario.

una mañana diáfana salió al patio y comenzó a hablar con el hueco. conversar tranquilamente con su insondable vacío. su padre se acercó y le dio una palmada aprobatoria en el hombro. "¿y qué te dijo?" preguntó.

la madre, que los miraba desde la cocina, sonrió por primera vez en muchos meses.