sábado, 2 de abril de 2011

La muerte de la crítica y el auge de la mentira


Alfredo Triff

Vivimos tiempos de ensoñación y letargo. Y ese sopor se nutre de la muerte lenta de la crítica. ¿Qué es la crítica? Actividad que busca problematizar, contrariar, agitar, (precisamente) despertar(nos) del letargo.

Quisiéramos tocar el tema del arte y el desahucio de la crítica. La otrora "crítica de arte" ha dado paso a una nueva actividad: la seudo-crítica. El escritor en su nueva función ya no evalúa "malo" o "bueno", "mejor" o "peor", cuando lo que hay detrás de lo que se (pretende) presentar son las reglas del juego del mercado. ¡Qué va! Ése ya no es su trabajo. Su labor es in-formar, ex-plicar. En una palabra, hacer fácil el arte de lo fácil.

De acuerdo al seudo-crítico, el arte debe adornarse con más comentario, acompañarse de metáforas que en-cuadren el objeto. Algunos hablan de recontextualizarlo, de "comunicarlo" en su contexto mediático. Está el artículo de corte literario post-estructuralista donde el arte termina comparado a un signo o un texto. Está su versión hermenéutica donde el arte se convierte en una "lectura" fenomenológica. Está la pieza de corte biográfico (el llamado "recorrido" del artista). Está la versión arqueológica que identifica relaciones fuera de la historia (traídas por los pelos). Está la entrevista que puede terminar como un ejercicio nimio, recitando lo que el artista piensa que hay detrás de su arte. En el peor de los casos habrá que conformarse con cierta descripción de la obra de arte (color, forma, título de la pieza, tamaño, cantidad, etc, etc,). Peor aún, los hay que describen lo ocurrido en la muestra, quién vestía qué, qué se dijo, cuántos eran, y en passant se comenta el arte. Muchas veces el seudo-crítico no sabe qué hacer con el asunto.

En todo lo anterior "la crítica" brilla por su ausencia. Se diría que si de informar se trata, la información desinformará.


¿Por qué esta aversión a la crítica? ¿Qué hace que el escritor se muerda la lengua? O acaso no hay lugar -o criterio- para decir por lo claro que una obra es derivativa, o imitativa, que no está lograda, que no es original, que no funciona en su contexto, o que es sencillamente mala. ¿Se habrá perdido la capacidad de cómo justificar? No hay que dar por sentado que justificar es fácil. De hecho es arduo: Unir pruebas "a favor" o "en contra" en un argumento cohesivo denotaría compromiso con la verdad, aunque sea la propia. El seudo-crítico se apoya en una malversación de qué es lo subjetivo de lo estético.* No nos engañemos. En realidad es una excusa. Se trata de algo mucho más álgido.

PAVOR es CONFORT

Escribir de un show hoy en día no es una actividad estética, sino comercial. La obra de arte es parte del negocio del mercado del arte. Tomemos como ejemplo cualquier "opening" en Wynwood. ¿Quién presenta la obra? La galería "X". (1) ¿Quién corre con los gastos de transporte, espacio, seguro, electricidad, promoción, etc, etc? ¿Será por amor al arte? (2) Durante aproximadamente tres semanas la pintura (por poner un ejemplo) será vista, comentada. El propósito es que sea comprada, lo cual apreciará el nombre del artista y la galería que lo representa. Aquí sale a relucir el prestigio del artista, su "status crítico", lo que se ha escrito del mismo en revistas y periódicos. (3) La pintura se valorizará como nueva adquisición en la colección "de los menganos fulanejos". Desde ahora esa pintura es coleccionable, subastable y museable. Está claro: Si el coleccionista es conocido, la pintura adquirida podrá ser prestada a otras exhibiciones, subastada en un futuro o adquirida por un museo. En cada caso hay un valor nominal $$ presente y otro de devengo, de crédito, acumulación $$ futura.  

Aquí es que nuestro seudo-crítico cumple su rol como agente "pro-curador" llevando a cabo su labor redundante y mercantilista. El pro-curador puede o no percatarse -deberá ser muy naïve- de que tras bambalinas solo se escribirá de un show si lo escrito coadyuve la venta.

Lo que sigue revela cómo el capital se apoya de la cultura de la publicidad que a su vez se apoya en el mercado del arte. Ya en el punto (2) arriba, explicábamos dicho engranaje del mercado del arte. Falta descubrir qué pintan las revistas y periódicos en todo esto:

Salvo raras excepciones, las publicaciones impresas de hoy obtienen sus ganancias a través de los anunciantes. Es un círculo vicioso: los anunciantes compran el espacio dependiendo del éxito de la publicación, cuyo éxito depende de la percepción de los anunciantes. ¿Qué tienen en cuenta estos anunciantes? La presentación del producto para qué clase (media, alta, etc, etc,), la localización de la población en cuestión: qué clientes potenciales (coleccionistas), qué establecimientos (galerías que figuran en las reseñas, artistas mencionados por la publicación, personalidades reseñadas, etc, etc,). Son factores que hacen la publicación mercadeable. Se trata fundamentalmente de qué vende y quién compra.

Toda publicación se bate en el sentido del viento del capital: COMPRA Y VENTA.

   

Es en este contexto comercial que el seudo-crítico asoma -tímidamente- su cabeza. Su trabajo es remunerado en función de lo que escriba, pero lo que escribe es -quiéralo o no- parte del engranaje compra/venta. Es así como el seudo-crítico deviene automáticamente en pro-curador.**

Por favor, no le tengamos lástima. El pro-curador no ve su labor comprometida ni redundante. Acaso para este seudo-crítico el mercado es un poder omnisciente e irrebatible. Pueda que se sienta orgulloso en su capacidad de ayudante del mercado. Después de todo, los artistas y galeristas, curadores y funcionarios necesitan sus servicios. Será invitado a fiestas y paneles. Su opinión (la del mercado) será estimada y citada. Momentáneamente pasará de pro-curador a curador. ¿No es "defender" el sistema una actividad prometedoramente confortable? ¿No explica la misma el por qué de nuestro imperante raquitismo crítico? 

Es-pec-tá-cu-lo presupone DI-VERSIÓN = CONSUNCIÓN

Con el siglo XXI, lo que se llamaba "arte" ha pasado a ser espectáculo. "Arte" es la di-versón que proporciona la cultura. ¿Cómo comprender este cambio? Lo que está en juego no es dis-cernir cierta obra de arte o actividad cultural específica (qué está en juego, quienes ganan, quienes pierden, "qué sirve", "qué no sirve"). Cualquier cosa se acepta en tanto sea consumible, lo que explica el arte de ferias y toda esa super-proliferación de redes de arte que a su vez producen opiniones de otras opiniones de otras opiniones sin criterio. Lo que está en juego es el dis-frute sistémico, donde cada "yo" automáticamente es parte del juego total y descerebrado.***

Lo peor del seudo-crítico es su falta de imaginación política: Aliarse con la verdad del arte significa ser contestatario, eludir y denunciar lo petrificado de las fuerzas comerciales que homogenizan el arte. Pero eso dería pedirle demasiado. El seudo-crítico le apuesta entonces a la mentira. En lugar de ayudar des-informa. Su obligación no es con el mercado del arte sino con un público que espera ser orientado fuera de los espejismos del sistema.

¿Es el seudo-crítico ignorante -o cínico- incapaz de estimar que sus lectores merecen algo mejor? ... ¿Qué queda entonces?

Redundancia y más redundancia a favor del capital.  

___________
* Muchos escritores que se dedican a escribir de arte mastican y reducen el asunto del siguiente modo: Kant dejó claro que el juicio estético no es como el juicio moral o científico. Mientras los dos últimos son objetivos, el primero es subjetivo. Terminan concluyendo que el juicio estético no puede ser objetivo. Nada más equivocado, una lectura más moderna y juiciosa de Kant revelaría que el juicio es siempre inter-subjetivo y que la historia coadyuva a las capas de consenso. Por ejemplo la historia del arte defiende el canon siempre expansivo de ciertas obras maestras. Pongamos tres disímiles: La Anunciación de Fran Angelico, Tres estudios de figuras junto a una cruxificción de Bacon y Fuente de Duchamp. La defensa de cada obra tiene que partir de un criterio que le atañe a cada una, pero que a la vez recoje aspectos intersubjetivos de las mismas: a saber, originalidad, innovación, resolución de problemas específicos, etc, etc. Por supuesto, la justificación de qué hace a Fuente una obra maestra no puede ser la misma que se aplique en el caso de Pietá de Miguel Ángel. Usaremos instrumentos distintos para problemas distintos. Sin embargo, el común denominador apela a aspectos tanto objetivos como subjetivos. **Usamos pro-curador en ese sentido de aliado del curador, productor, galerista, es decir, el SISTEMA. ***Ello explica la explosión de capas de opiniones en Twitter, Facebook, Digg, Delicious, Stuble It!, etc, etc, etc.

Todas las ilustraciones para este post son de BANKSY.

27 comentarios:

Arista por cuenta propia dijo...

Thanks, A.T. La tuya es una crítica de la crítica y del montaje en torno como para imprimir en los muros de Wynwood ahora mismo. No lloras ni lamentas, avisas una vez más de los peligros de la dormidera de la opinión, lo patético de los segundones pululantes (también derivativos del criterio) que colaboran con la desinformación y los jueguitos de poder en boga.
“Redundancia y más redundancia a favor del capital.” Queda eso y la posibilidad, siempre remota, de alterar ese orden de cosas, de poner en evidencia los quilates del aura y sus traficantes, de contaminar el cómodo consenso y deshilachar sutilmente los bajos de la toga viril del image maker. Dar cuero, cortar leva en los propios términos de la máquina (sistema del arte) y en permanente beligerancia con sus asunciones.

Anónimo dijo...

Are you looking at me?

Taxi driver

A.T. dijo...

Ano, comentario recibido, pero si vas a poner nombres, por lo menos firma el tuyo.

Justo J. Sánchez dijo...

Hace un tiempo escribí una nota “Arte y crítica en manos de los Farabutti”. Era una conversación con Triff a partir de la crisis en la praxis crítica. “Pero si el Emperador va desnudo”. Dos charlatanes, Guido y Luigi Farabutto, alegaron poder fabricar la tela más suave y delicada imaginable. Esta prenda, añadieron, tenía la virtud de ser invisible a los estúpidos o incapaces para su cargo. En Miami el arte y el periodismo crítico parecen obra de los Farabutti. En Mitolandia, donde pululan los curadores, comisarios, críticos de arte (como Carlos Luis que jamás ha pisado una universidad ni jamás se ha graduado más que de “hanger-on” de Lezama) estoy por ver una nota negativa, que cuestione o que investigue. Todo es maravilla, epifanía y motivo para el manejo de palabritas de moda: “propuesta, narrativa, debate, imaginería y discurso”. Mientras más se utilicen estos vocablos, más importante se siente el crítico. Visitando una feria en diciembre, una de las aludidas me dijo que su opus era al nivel Roland Barthes. ¡Atrevida! Estuve –confieso- al caerme de la silla. Los foros siempre los mismos: El Nuevo, Art Nexus, Arte al Día, Arte en Santo Domingo (ahora ArtEs). Del Frost Museum he recibo cartas provenientes de una empleada de Carol Damian (de las pocas personas a respetar) llena de faltas de ortografía y problemas gramaticales. Esta empleada es también profesora en FIU. ¿Son estos los profesionales que llevan nuestros museos? Si en los mundos políticos y empresariales las faltas a la moral y los conflictos de interés son el vivir diario, en el Miami artístico se hacen notar sin que la prensa –ni los críticos- tomen cartas en el asunto. ¿Quién recuerda el director del MAM que tenía también una práctica privada de arquitectura? ¿Quién recuerda la exhibición de la colección privada de la pseudo-princesa, directora de la junta del propio Bass? ¿Quién recuerda que Ella Cisneros pasó el MAC al MAM y nadie investigó qué pasó con aquella situación? ¿Quién investiga los criterios de adquisición del MAM? ¿Quién investiga las actividades extra-periodísticas de los que escriben en las revistas y periódicos para evitar conflictos de intereses?

Feminista dijo...

Exacto, con los puntos sobre las íes. Lo discuto con mi clase el lunes.

Anónimo dijo...

Profe, creo haber entendido que la crítica impresionista, parasitaria, o como quiera que se llame, cumple una función específica, a saber: promocionar la idea de que todo está bien y que la pachanga debe continuar y sobre todo, deja bien claro que el arte es mercancía .
Maestro, sospecho que esta critica probablemente es la que corresponde a los tiempos que corren porque, después de todo: ¿ Para qué deshilacharse los sesos haciendo un acucioso análisis plástico a una mercancía engañosa que será, al fin de cuentas, adquirida por una institución o persona quien quizás guardará el preciado producto en una caja fuerte para futuras inversiones?.
Holly Molly Guacamole! El arte, al contrario de lo que hasta hace unos minutos creía, no es un bien común; consecuentemente, sino es común, no es para mí. Entonces, mejor compro reproduciones en Walmart.
Saludos de Judith G.

Lamanga dijo...

De acuerdo con Tiff, con la agravante de "la ausencia de riesgo", solo se menciona o se apoya el marketing de lo hipermarketizado y, en Europa, la disgregacion del arte critico, bien por lo que cuenta: intereses del mercado, bien por la falta de interelacion entre artistas, obra, critica, resonancia en los lectores.Y se da en todas las manifestaciones del arte. Son tiempos de la mafia del arte.Saludos.

Anónimo dijo...

Estan circulando estos emails. por favor pónganlos en tumiamiblog.

La VERDAD acerca de LA CANALLADA que se le trata de hacer al pintor Agustín Bejarano en Miami
Wilfredo Guibert Reyes, M. S. Psychologist
Subject: Fwd: La VERDAD acerca de LA CANALLADA que se le trata de hacer al pintor Agustín Bejarano en Miami
To: wilfredo_guibert@yahoo.com
Date: Friday, April 1, 2011, 6:03 AM
Hola nuevamente a todos:
En mi carta ayer olvide posiblemente el detalle mas importante.
Se que muchos se estan preguntando: pero el confeso!
Bueno, el caso es que no hay confesion alguna.
Esa ha sido la mayor manipulacion de los medios. De hecho, lo que sale
en TV como
supuesta confesion es el comentario de alguien mas, nada en boca de
Agustin no oficial.
Eso ni siquiera sera usado como elemento legal en el caso.
Solo queria apuntar a ese detalle que lamento no haber incuido ayer.
Un abrazo a todos y mantengamos la energia positiva.
Elsa
El e-mail de Aziyade parece estar bloqueado porque varias personas
reportan que no funciona.
Tratare de hablar con ella en la primera oportunidad para ver si hay
otro e-mail..- Elsa Mora

Querida Elsa Mora: GRACIAS por
lo que expresas en tu carta. Es LA VERDAD. Quiero agregar que Jorge
Alexander Pérez Román, esposo de una prima segunda mía (Yadira Sebasco
Rivero), y padre del niño, es un delincuente común que nunca en su
vida trabajó en Cuba y tengo entendido que tampoco lo hace en Miami,
donde ingresó ilegalmente y está radicado desde hace varios años.
Proviene de una familia de delincuentes peligrosos y de asesinos. Su
padre (Jorge Pérez) intentando matar a su esposa la dejó abandonada
creyéndola muerta luego de asesinar al amante de ella a puñaladas y
se encuentra ingresado en una Prisión de Camaguey. Su hermano Ranyel o
Ranyi Pérez Román se fugó de un Establecimiento Penitenciario donde
cumplía una condena de 7 años por Robo con Violencia, salió
ilegalmente de Cuba y se radicó con su hermano en Miami, donde tampoco
trabaja. Antes de abandonar Cuba a Jorge Alexander Pérez Román se le
conocía ampliamente entre los delincuentes dedicados a la venta de
drogas y a la Prostitución como uno de los traficantes y proxenetas
mas exitosos en la ciudad de Camaguey. Al mes y medio de llegar a los
Estados Unidos se las arregló para comenzar a viajar a Cuba trayendo
dinero en forma ilegal para organizar negocios de Prostitución (Casas
de cita, prostíbulos) lo que continuó haciendo hasta su última visita,
con entrada por el Aeropuerto de Camaguey el sábado 26 de Febrero y
regreso a Miami por el mismo lugar el 12 de Marzo del 2011. Tanto
Yadira, su esposa y madre del niño, como mi prima hermana Mirian
Rivero Gómez (abuela del niño), igual que Eloina Benita Gómez
Consuegra, mi tia y bisabuela del niño en cuestión, me aseguraron
siempre, antes de salir ellos de Cuba rumbo a los Estados Unidos, que
el tal Jorge, esposo de Yadira era un connotado delincuente, y que
todos los familiares cercanos a Jorge, que describí aquí, lo eran
igualmente. Para mi está claro que el tal Jorge Alexander Pérez Román
trata de sacarle dinero a Bejarano, de ello no tengo la menor duda ni
la tienen mis familiares, que lo conocen perfectamente, lo que no
tenemos claro aún es si en la trampa que le tendió Jorge utilizando a
su hijo, a mi yerno el pintor Agustín Bejarano, hay manipulaciones de
otros tipos o hay delincuentes de un nivel superior dirigiendo todo
eso.
Juan Ruiz Gómez, padre de la pintora Aziyadé Ruiz Vallejo y suegro del
artista de la plástica Agustín Bejarano.
From: nina menocal

E..C. dijo...

¿Se puede publicar aquí en comentarios una crítica al texto de Alfredito? Aclaro que hay cosas con las que coincido, pero hay algo que me incomoda. Es decir, para no criticar así como así a un crítico al que admiro, pido permiso para criticar como "crítico" (bah, es un decir).

E.

A.T. dijo...

Por supuesto, E. manda tu respuesta.

A.T. dijo...

Gracias a Judith, a la Feminista y Lamanga. La discusión alerta y edifica.

Anónimo dijo...

Gracias a ustedes por su tiempo, intenciones didácticas, buenos deseos de ser intermediarios del arte local y yo, o sea, el público. Y, sobre todo, por asumir el riesgo de desmitificar tanto mejunje que pasa por estético; riesgo que, generalmente, procura malos entendidos y lo que es peor, terribles enemigos, así que: agradezco intensa e inmensamente que vivan y vibran en esta comunidad individuos valientes. Heyy, Profes…! Feliz equinoccio !
PD. ¿Será que las playas de Miami tienen desperdicios atómico? ¿Voy a la playa o no?.... Humm,! Las histéricas somos lo máximo !, laralalala mejor me pongo a escuchar a Liliana Felipe, a quien acabo de descubrir. Un abrazo. Judith G.

R.L.R. dijo...

Triff, muy buen análisis. Deja en claro el carácter de objeto que ha adquirido o le ha sido conferido a la crítica de arte en nuestros tiempos. Un objeto-no-encontrado sino pre-pagado, de ahí que su valor derive del hecho mismo de su publicación más que de su contenido. Sigue dando el ejemplo que algo queda en las conciencias. Te sugiero ponerlo también en inglés en Bourbaki.

A.T. dijo...

Gracias, Justo. Buenos puntos.
Seguimos en la marcha R-L-R.

Anónimo dijo...

La critica (genero femenino) sufre de una insatisfaccion melancolica, porque el arte (en su rol masculino) se ha dejado arrastrar por el manierismo acartonado de su amigo (el trasvesti) la curaduria.

karina chechik dijo...

Excelente Alfredo! me hace sentir menos sola, luchando por mantener mis ideales, tratando cada dia de seguir haciendo una obra que antes que nada me convenza a mi misma, y no a los "criticos de turno" Menos mal que en esta marania de artistas, criticos, escritores, mercantes, museologos y clientes todavia hay gente que cree en ciertas verdades basicas, academicas o post academicas, o simplemente en el ojo y la intuicion entrenadas y despiertas para discernir el trigo entre la paja... para ese publico los que creemos en lo que hacemos, en la pasion mas que en el mercado, es que seguimos quemandonos el cerebro y poniendo el corazon y la cabeza en funcion de esa caprichosa abarcativa y vital palabra que engloba el arte....
como una vez escuche decir... una cosa es el mundo del arte y otra muy distinta es el mercado del arte... cual de las dos nos importa mas es tarea de cada uno de nosotros...
Gracias Maestro! Saludos desde Buenos Aires

A.T. dijo...

Gracias, Karina. Me alegra saber de ti, desde esta orilla subtropical. Buena suerte!

A.T. dijo...

Un objeto-no-encontrado sino pre-pagado, de ahí que su valor derive del hecho mismo de su publicación más que de su contenido.

Bien dicho RLR.

Anónimo dijo...

La mejor discusion esta en facebook, traiganla para aca Triff que de este tema tiene que hablarse. J

Anónimo dijo...

Temo no poder aportar mucho a este tema. En esencia: porque hace mucho tiempo dejé de pensar en la función de la crítica. Claro que, como bien dice un personaje del japonés Haruki Murakami, a quien leo con gusto por estos días, "a lo que se le huye más, es lo que más pronto nos muerde el culo". Bien que sí.

Coincido con muchas de las cosas que escribe mi amigo Alfredito Triff. Con otras, ay, no tanto. Digamos que mi incomodidad no es tanto con lo que dice sino cómo lo dice. Sé que peco al señalarlo (y espero que el bueno de Alfredito no se lo tome a mal), pero el mayor servicio crítico del crítico es ser crítico consigo mismo. Créanme, esto no es un juego de palabras. Hace poco me devoré cuatro libros fundamentales del crítico Edmund Wilson, el hombre que dio un vuelco espectacular a la manera de leer y pensar la literatura a este lado del charco. Para quienes puedan sacarles algún provecho, he aquí los títulos: "Axel’s Castle", "The triple thinkers”, "To the Finland Station" y "The shores of light".

No tengo que decir que Wilson, que leyó como pocos en este país, sacó el quehacer de la crítica del claustro académico. (Los dioses de la fortuna nunca le permitieron aceptar una cátedra universitaria.) Lo hizo, fundamentalmente, para demostrar que la llamada "escritura académica" es una soberana patada de aburrimiento. Wilson, sin embargo, tampoco se vio tentado a entregarse a la "ligereza mediática" al escribir para "Vanity Fair" y otras publicaciones. Es cierto que sometía textos de manera rápida, textos que ni el más talentoso de los editores conseguía cambiar (algo fundamental para un escritor independiente que vivía del freelance, y Wilson siempre mantuvo esa independencia aun cuando era editor de plantilla), pero el hombre procuraba que cada salida estuviera animada por un espíritu, digamos, literario.

¿Literario? Puesto a definir, en esos textos se reúnen claridad, humor, parodia, jodedera, precisión, cinismo… Pero sobre todo humor. Acudir o no a estos y otros recursos de una musculosa actividad intelectual hacen, digamos, que un texto de William F. Buckley --con independencia de si se coincide o no con su posición atornillada en la derecha-- nos mueva a pensar, y que un texto de Noam Chomsky --con independencia de si se coincide o no con su empotramiento en la izquierda-- nos fatigue hasta el pedo soltar. Uno puede acusar al primero de conservador, mojigato e hijo de puta (y en verdad era las tres cosas juntas y revueltas), pero pocos se atreverían (yo no me atrevo) a acusarlo no echar mano a unas formas que, a falta de una mejor descripción, diré que son "graciosas". Al segundo se le puede acusar de irresponsable y deshonestidad intelectual, pero estos son pecados menores comparados con el de ser irremediablemente aburrido.

No sé si Wilson pensaba en la trascendencia de su obra. Tampoco puedo dar fe de su afán por justificar sus preferencias (que al menos para mí es una de las mayores tareas de la crítica). Pero leyéndolo, se tiene la persistente impresión de que esa obra habrá de encontrar en cada generación a alguien que quedará encantado con sus palabras. Ah, el encanto de las palabras. No por accidente el viejo solía citar a Ibsen: "Martillo, condúceme al corazón de las palabras". Sospecho que esto tiene que ver con su preocupación por leer bien, pensar mejor y disparar en el blanco. Se me dirá que ese "blanco" es "su verdad", y yo no lo discuto. Pero esa verdad suya era luminosa. Cuando se lo lee, uno apenas puede conseguir balbucear una oposición. Su efecto inmediato es desarmar a los escribanos, provocando en ellos envidia y malhumor (acudan a las notas que sobre él se han publicado en "The New Yorker"). En otros --en verdad, sus escasos alumnos-- la obra de Wilson ha conseguido que conviertan lo que escriben en una dulce, sofisticada arma de impugnación. El dedito juguetón en la llaga.

Anónimo dijo...

Yo quisiera ver en la escritura de mi amigo Alfredito una mayor soltura, una mayor jodedera, un mayor despliegue de trompetillas que provoque en quienes lo leemos con interés una torcedura de estómago. En otras palabras, una invitación a cagarnos de la risa. ¿Cuestión de gustos? Sin duda. Pero no tengo que recordarte, Alfredito, que el tema y hasta el espíritu de los tiempos determinan las formas. No sin razón se acude a Jon Stewart o a Bill Maher para mejor entender las mierdas de la política de este país. Y si Stewart o Maher no cuadran al gusto, no tengo que decir que Voltaire, de vivir hoy, tendría un programa en Comedy Central.

Por el amor de G. Caín, Alfredito, no pienses que te acuso de ser solemne. Pero ante la solemnidad de esos "seudo-críticos" (un término que para mí es un elogio, créeme) ¿no te parece que vale la pena un poco de irreverencia? Think about it. A veces no basta con decir que el rey va desnudo; hay ocasiones, hermano, en las que se hace necesario decir que el tipo, si bien es rey y toda esa comparsa, es dueño de un instrumento que parece un nugget de McDonald, pero atrofiado. Digo, los nuggets son atrofiados de por sí, pero este nugget de marras es como un primo bobón, el primito que saltó a la freidora y nadie lo rescató… A ver si me entiendes.

Digo lo anterior, que conste, sin ánimo de jodedera.

Con alegría siempre.

E.

A.T. dijo...

Yo quisiera ver en la escritura de mi amigo Alfredito una mayor soltura, una mayor jodedera, un mayor despliegue de trompetillas que provoque en quienes lo leemos con interés una torcedura de estómago. En otras palabras, una invitación a cagarnos de la risa. ¿Cuestión de gustos? Sin duda.

Buen consejo, querido amigo. Trataré, incluso en este caso álgido de babosería mediática, de bajarme de la nube y soltar una carcajada. Gracias.

e.c. dijo...

Mi buen Alfredito, en realidad tu texto sobre la función de la crítica me ha puesto a pensar mucho. Cosa que te agradeceré siempre. (Aclaro que todo lo que publicas aquí me invita a pensar aunque no participe en los comentarios.) Por estos días medito no sólo en la crítica sino en algo fundamental, y que sin duda precede a la crítica: la lectura. Hay cuatro pensadores estupendos que escriben sobre temas de internet y tecnología. O sea, sobre plataformas para diseminar información. Son escritores a los que leo con envidia: Kevin Kelly, James Gleick, Nicholas Carr y Clay Shirk. Todos meditan en torno a los efectos (buenos y terribles) de internet en la aldea global (el cliché de los 90 tiene más sentido ahora, ¿no te parece?). Todos coinciden en que ahora se lee más, pero ninguno (bueno, quizá Carr) habla de que se lea mejor. Y cuando digo "mejor", por supuesto, hablo de leer con sentido crítico.

En mi comemierdería de rechazar los títulos de escritor, periodista o crítico de música hay, digamos, una preocupación. De ahí que prefiera el título de lector. No pretendo ser otra cosa. Digamos que me preocupa no asumir bien un oficio antes que un nombrete. Además, sobran los personajes que hacen lo contrario. Basta con escuchar a pendejos que guitarrean y cantan hacerse llamar “artistas”. O a escribanos que van a una galería y se hacen llamar críticos. ¿Entiendes por dónde vengo?

Pero incluso tengo serias dudas sobre mi oficio de lector. En serio. Hace poco me leí por segunda vez un libro que en su tiempo lo tildaron de bobo: “How to read a book”. Cuando se publicó en 1940, su autor, Mortimer Adler, fue blanco de las burlas de Bertrand Russell y Dwight Macdonald. Pero en ese libro, que sin duda tiene algo de bobón, se aprende que el oficio de leer no es un mamey. Puesto en pendejismo lírico: quienes no aprenden a gatear, terminan por caminando como cojos. O como diría mi buen amigo Andrés Reynaldo: “quien elige mal sus lecturas, acaba en el horror”.

No debe sorprender entonces el estado de la prensa… en el mundo. Hasta el propio New York Times se ha banalizado. Hace veinte años era posible encontrar deliciosos ensayos (ensayos, eh) sobre el ritmo a partir de una visita de Jon Pareles a un festival de percusión de Salvador, Bahia. Hoy encuentras notas sobre las medias con puntitos que le regaló una gitana que vende arepas en Central Park a un pianista de segunda. NPR, digamos el último bastión de la “gente pensante”, usa la palabra “alternative news source” y cuando se acude a su site y uno encuentra que se habla de un saxofonista desconocido en el mismo tono con que El Nuevo Herald habla de Ricky Martin, yo me pregunto is that fucking alternative?

Pero no hay que dejar hacer crítica. Fundamentalmente porque si de algo sirve es para dejar un registro. Muy pocos leen a George Steiner, pero nadie podrá decir en el futuro que el viejo no le sacó la lengua a su época. Lo que sí se debe hacer es una nueva manera de hacer crítica. Y yo al menos no encuentro mejor forma de hacerla sin un humor corrosivo. Hay que dejar de pensar que la seriedad prestigia, y que el humor no tanto. En fin.

Un abrazo.

E.

A.T. dijo...

E. tus comentarios están fuera de bola en esta etapa de seudo-comentarios de los blogs. Ya es difícil poder debatir o conversar. La gente está perdida, extraviada, en-sí-mis-mada, en la mamada. Tu diagnóstico rickymartiano quedó más que probado.

titico dijo...

Alfredo algunas de las ideas que tratas en tu articulo han sido de alguna manera mi cuestionamiento... después de leer" La muerte de la crítica..." muchas cosas encajan y las entiendo mejor ... pero tengo que sopesar la complejidad de la estética-la del crítico - la del hombre y realmente me hace preguntarme cuan libre soy en mi propia expresión...gracias...armando guiller

Anónimo dijo...

Sé que estoy entrando tarde. La discusión está muy buena y llevada de una manera que no se ve hoy en día.

Anónimo dijo...

Estos seudo-criticos al servicio de esta industria que es el arte hoy dia,son quienes condicionan al espectador,quien solo acepta y ya no es capaz de cuestionar nada. Por eso se ve tanta basura (a veces literalmente) bajo el nombre de arte contemporaneo o conceptual.
Sergio Lastres.