martes, 22 de diciembre de 2009

Me estaba muriendo


Grettel J. Singer

Apenas despertaba del sueño más cercano a la Gloria que he tenido, eso fue lo que, algo acongojado, me anunció el gastroenterólogo. Todavía embobada por los deliciosos efectos de la anestesia que me inyectaron a través del suero antes de realizarme la endoscopia, me eché a reír. Él, muy serio y muy madrileño con su nariz respingadita me dijo a regañadientes que no se trataba de una broma, que en serio el problema era de un alto grado de preocupación. Le creí, claro que le creí, él es el doctor y yo la moribunda, pero no hay que sacar un postgrado para saber que en efecto, todos nos estamos muriendo.

Me sugirió que comenzara parte del tratamiento esa misma tarde, y cuando le entregaran los resultados del laboratorio me llamaría para discutir los próximos pasos a tomar. Enseguida se dispuso, con la agilidad de un arepero de feria, a abandonarme y seguir con el próximo paciente que se encontraba en otra cama cerca de la mía, cuando le pedí, no recuerdo si alegre o desesperadamente, si era posible conseguir la anestesia en píldoras o en ampollas para usar como inyecciones caseras. La enfermera me miró con cara de “mija, no le agotes más la paciencia al hombre”, pero él, que sabía de sobra de lo que le estaba hablando se dejó abrumar por el estruendo de una carcajada y aquellos dientes blancos y perfectamente cuidados me recordaron lo tonta que debí haberme visto dormida y con la boca abierta luego del procedimiento. Me puso la mano en el hombro y con una complicidad casi incómoda me dijo en voz baja que si algún día la llegaran a inventar él sería el primero en consumirla. Ah, y me dijo también, no más ron. ¿Para siempre?, pregunté con los dedos cruzados y la orejas tapiadas. Sólo durante el tratamiento. ¿Y cuánto tiempo dura el tratamiento? No lo sé, ya veremos. Depende del resultado del ecograma que te hicieron en el estómago hace un rato y el de la biopsia que te acabo de hacer, pero por lo que ya he visto tienes una úlcera.

A la semana siguiente me llama el doctor para comunicarme los resultados. Una úlcera, una hernia, gastritis y la bateria del H. Pylori. Ni idea de cuán grave es lo que tengo, pero él se muestra preocupado por el diagnostico, especialmente el de la bacteria que luego cuando me informo por la internet quedo espantada. En conclusión, veo que es una bacteria hermosa que parece un edamame verde con pelos en uno de los extremos, pero leo que es sumamente peligrosa y contagiosa y que es posible que se haya refugiado en mi barriga desde hace años. Una femme fatale, vaya. Me pregunto a cuánta gente he enfermado, y decido que mejor no voy a llamar a nadie para dar aviso pues con un simple beso de piquito es suficiente para que se pegue el mal del H. Pylori, y esa lista sí que es interminable.

Comienzo el riguroso tratamiento de pastillas y más pastillas. Un sabor a metal se convierte en el nuevo sabor de cualquier bocado que pruebo. Por fin comienza a bajar el pomo de las píldoras cuando me doy cuenta que al frasco de los antibióticos le quedan más pastillas que al otro. Llamo al farmacéutico y le digo hasta del mal que va a morir. Él calmada y educadamente me pregunta si he ingerido la cantidad apropiada que sugiere las indicaciones. No, claro que no. ¿De cuando acá mi despiste se distrae en asuntos de suma importancia? El doctor no me cogió a golpes porque no me tenía delante. Me dio un par de gritos por teléfono (bien a lo madrileño) y me dijo que tenía que esperar un mes y luego regresar a su consultorio para que me realizaran una prueba de aliento para ver si con suerte me había funcionado el tratamiento que hice a medias.

En estos días recibí un correo electrónico de mi tía que vive en La Habana, dictado por mi abuela. Y ahora sé que si mis hadas me abandonan por lo menos me quedan los rezos de mi viejita y la promesa que le ha hecho a la virgen de la Ermita. Promesa que tendré que cumplir yo, con varios ramos de flores blancas agradeciendo este y otros favores que según me entero ya se vienen atrasando.

Está bien, lo haré. Total, la Ermita queda a unas cuadras de mi casa y mis hadas no son celosas.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

y esta entrada de un diario medico a santo de que?

Anónimo dijo...

Sweet! If true, Hope you get better soon! Despiste de cosas importantes chica. Cuidate

Cristina dijo...

Gretel, ya yo pasé por eso. Mi cavidad ulcerosa a causa de la helicobacter famosa me llevó a hospital con 4 de hemoglobina. Consejo: haz el tratamiento. Recientemente he leído que el jengibre es excelente para tales fines. Cuidate, aunque al parecer la úlcera no te impide escribir con tal frescura.

Anónimo dijo...

DE PIPI

Los relatos de Maurice Sparks dijo...

Cuidese, hermosa dama, que la belleza y la inteligencia se han combinado en usted de manera muy especial. Mucha salud!

noel dijo...

yo creia que hablabas del fuego uterino...?

Perdido dijo...

Con tratamiento todo se te va a quitar, Grettel. Cuidate, linda.

Es la primera vez que leo un trabajo tuyo que no me gusta... Haz el tratamiento y cuidate con esmero, linda!!

__Caronte.

Anónimo dijo...

Felicidades Grettel!

Anónimo dijo...

los teques de grettel son espluznantes

La Mano Poderosa dijo...

Estaras bien, lo se, eso sera algo pasajero al pasar el tiempo. Vez, tiene solucion. En vez de flores, lleva comida en lata o sacos de arroz para la Ermita. Notaras el letrero al lado izquierdo en la capilla. El padre Oscar, y Monsignor Roman le dan a comer a los pobres todo los dias, y las flores no alimentan a los pobres. Tu veras, tu saldras sana y mas que mejor. Cuidate y cariños, Marc
P.D. Feliz Navidad para todos.

A.T. dijo...

Entre ciencia, ficción, y testimonio. Bienvenida, preciosa.

Anónimo dijo...

MARK que bien tu me caesssssssssss! Un kisss manito! That's right food, pa los hambrientos.

Anónimo dijo...

Ay Grettelcina a cuidarse y seguir al pie de la letra el tratamiento. Mami dice que esas son rachas, y que pasan. Se aprende el punto vulnerable del cuerpo y se torea.

Sobadita en la tripita y besito, RI

Los relatos de Maurice Sparks dijo...

Muy bueno el post de Wendy.

JR dijo...

Pero estás viviendo

Edamame Guisant du Petit Pois dijo...

"...una bacteria hermosa que parece un edamame verde con pelos en uno de los extremos, pero leo que es sumamente peligrosa y contagiosa..."

Señorita, por favor, no utilice el nombre de dios, o de una deidad, en mi caso, en vano.

Le deseo una recuperación pronta.

R.L.R. dijo...

Cuidate Grettel, y que te mejores.

Un post honesto el de Wendy.

BLUEKITTY dijo...

Si tiene solución, entonces no hay que preocuparse. Eso me han dicho, hay que ocuparse.

Muchas buenas vibras desde acá =)

Crazygirl dijo...

Grettelcita....cuidate, chica....no se puede ser despistado con la salud.....
Besos!!