sábado, 30 de mayo de 2009

Erich Kleiber (y la cuestión de principios)



Erich Kleiber, quien fuera director de la Orquesta de la Ópera de Berlín por más de una década, es considerado uno de los directores de orquesta más importantes del siglo XX. En 1938 Kleiber renuncia a su posición, después que los nazis le prohibieran la puesta en escena de la ópera Lulu, de su querido amigo Alban Berg. Lulu había caído en la lista negra de la llamada Entartete Musik (degenerada) por los ideólogos del partido. Kleiber no lo vió venir, porque Wozzeck, tambien de Berg, había sido estrenada por la orquesta, sin problemas, a principio de los años 30. He leído que los nazis no se imaginaron que Kleiber renunciara tan distinguida posición. Y resulta que el director, ahora sin trabajo, declina además una invitación de La Scala de Milán, en protesta por la política antisemita impuesta por Mussolini sobre el gremio musical italiano. A fines del año 1938, asqueado y acosado por el nazismo y el fascismo, Kleiber decide probar suerte en Argentina, donde le ofrecen la dirección musical de la Orquesta del Teatro de Colón (puesto que fungió hasta 1949). He escuchado a músicos argentinos tanto en La Habana, New York y París, hablar de la "época Kleiber", la mejor que tuvo la institución. Las figuras más prominentes de Europa viajaban a Buenos Aires para trabajar con el célebre director (de hecho, hay grabaciones hechas en el Colón que documentan esa época). En 1943 Kleiber aparece por arte de magia en La Habana y de alguna manera se queda como director de la Orquesta Sinfónica Nacional hasta 1947. Esa temporada de cuatro años resultaría el período más fructífero de la Sinfónica Nacional. Kleiber aumentó el repertorio (e incluyó en el repertorio compositores cubanos modernos), instituyó conciertos dominicales para la gente pobre, abrió audiciones, pero sobre todo, trajo una disciplina muy necesaria para nuestra orquesta caribeña. Las anécdotas kleiberianas eran famosas entre los músicos viejos de mi juventud: Su amor por la comida cubana, por el buen ron añejo y el tabaco, y su español con acento teutónico mezcla de alemán, francés y checo, (además de su repetida presencia en Los Parados de Consulado para disfrutar algún que otro trago en sus noches libres). Disciplinario de memoria prodigiosa con tremendo corazón, Kleiber respetaba los buenos músicos y no creía en los racismos de la época (como cuando echó pie en tierra por el gran flautista negro Roberto Ondina, primer flauta de la orquesta). Kleiber nos trajo buena suerte.* Así parece indicarlo la lista de directores inmediatamente después de su salida: Igor Markevich, Arthur Rodzinski, Amadeo Roldán y Frieder Weissmann. Ironía del destino: Después de la guerra, Kleiber rechazaría por segunda vez la oferta alemana, esta vez de director titular de la Sinfónica de Berlín. Hay que admirar esa actitud despechada e independiente del austríaco, basada en principios más que intereses. ¿Cuántos directores se pueden dar ese lujo? En el video Kleiber dirige la Orquesta de la Ópera de Berlín un año antes de que Hitler tomara el poder.
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*Por otra parte, no existe un disco que documente la presencia de Kleiber con la Sinfónica Nacional. ¿Por qué? Cierto que no existía aún la TV, pero ¿no era posible que ProArte-Musical subvencionara un disco?

12 comentarios:

Al Godar dijo...

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Al Godar

Anónimo dijo...

Triff esta vola la historia. Dime que fue lo que paso con el flautista negro Roberto Ondina y Kleiber. HLM

La Mano Poderosa dijo...

Gracias por este escrito. De niño me recuerdo mi padre cantando el Blue Danube de J. Strauss conjunto al disco de Kleiber (antes de los 8 tracks, cassettes, y CD's). A mi padre le encantaba los valses de Strauss.Hace poco, antes de morrir, al caer en coma, le puse la musica que le gustaba, antes de fallecer. Mi padre vivio, y sufrio esa epoca, y como saben, fue arrestada por formar parte de la resistencia holandesa, y estuvo preso en un campo de labor forzado (esclavo) por los Nazis. Se pudo escabar, y nos dejo con su legado de LOS PRINCIPIOS. Al final de todo, y al enfrentar la muerte, lo que dejas es tus principios, y nada mas!

JR dijo...

A mi viejo, Mano, también le fascinaba Strauss. Recuerdo, siendo muy niño, haberlo visto disfrutar sus Valtzes en el tocadiscos Phillips. Tomaba de la mano a la figurita menuda de mi madre y danzaba -o casi flotaba- sobre los Florsheim calados de dos tonos. Maniobraba los pasos con soltura entre los productos del display room de su mueblería. Sorteaba sillones de mimbre, televisores Du Mont (solo hay un Du Mont!), refrigeradores Hot Point (con clima polar!), butacones forrados con damasco, máquinas de coser Singer (el sueño de toda ama de casa!). Eran aquellos los últimos compases del bienestar. Los últimos arranques de alegría del viejo.

La Mano Poderosa dijo...

I know it's late, or perhaps early, yet I just got back from an awards ceremony and could not help to watch this video again. Besides memories of my father, I was transported back to 1968, and the opening of 2001: A Space Odyssey. Perhaps, a coincidence of recall, or a hope for the explanation of our being. Yet, in either case, so early or late in my time of life, I still find warmth in this piece.

A.T. dijo...

Good point, Mano! Kubrik uses both Strauss, the same Johann Strauss excerpt for the scene with the spaceship. Of course, you don't expect fin-de-siecle Viennese music in that context. Pretty cool.

A.T. dijo...

He also uses the overture from Richard Strauss' Thus Spake Zarathustra. I don't know if you're into Ligeti's music. Kubrik collaborated a lot with him.

RI dijo...

¡Cuántas remembranzas! Mano, ayer veíamos un documental sobre Derrida, donde constataba su poética filosófica: de nosotros no quedaran más que estelas de identidad, si acaso, palabras vivas sueltas, rasgos, concepciones itinerantes esfumándose…

Jesu, por favor, escribe esos recuerdos desde una perspectiva literaria. No dejes de hacerlo; me fascina la meticulosidad del detalle ensartada a la emoción del momento.

La Mano Poderosa dijo...

AT,RI, y JR, Thank you.
It is true, that these remembrances are esssential to transmit, particular to younger, texting, and immediate gratification generations. JR, reading your text, 2 memories came to mind. First, at the age of 2 I recall my amputation, and consequently, aside from the unpleasureable moments, I recall my grandmothers Singer machine. Those of you which have ventured into my home, can find the base of such an antiquity, used as a table, with a granite top. Yet for me this was a great source of comfort and entertainment at that very young age. How? Well, sometime the simplest and imaginative games are the best. Since I had no ankle, I would hop or crawl along the cuban decorative tile floor, in wonderment of the patterns they conveyed. Whilst my grandmother sewed and more than often, when the machine was unattended, I would sit on the flat cast iron foot pedal and make it into a rocking carnival ride. Now, I can't even fit under the table. The other memory was whwn I was about 5 years old, and would listen to music emereging from my Dad's dutch Phillips radio and record player cabinet. By then I had a wooden leg, literally, it was carved out of wood by a craftsman orthopedic by the name of Mazilla or something like that. I was listening to a new hit ( I belive Tito Puentes did it), named "Baila el Pingüino", at with my arms to my side, I danced to the beat. Unfortunately for me, my penguin swaying directed my head into the wall, knocking me out. To this day, when I hear this song, I laugh. Yet, I can assure you that in the day of the occurence, it was no laughing matter.
BAILA, BAILA, BAILA EL PINGÜINO, BAILA!
Tarat Tat tat!

La Mano Poderosa dijo...

BTW,
Excuse my tipos...
Ahora se daran cuenta por que no bailo. Un trauma causado durante mi niñez.
At least I have "my left foot". Hey, that sounds like a movie title.

Anónimo dijo...

jajaja! Hemos de cortarnos leva. RI

La Mano Poderosa dijo...

Que viejo soy!
I found this from a 2006 article.

Carlos Valdés, better known as Patato, whose melodic conga playing made him a giant of Latin jazz in Cuba and then for more than half a century in America, died on Tuesday in Cleveland. He was 81 and lived in Manhattan.

The cause was respiratory failure, said his manager, Charles Carlini.

Born in Havana, Patato (a reference from Cuban slang to his diminutive size) played in the 1940s and early ’50s with important groups like Sonora Matancera and Conjunto Casino. He became a star in the early days of Cuban television for his virtuosic playing and for his showmanship; his signature song was “El Baile del Pingüino” (“The Penguin Dance”), which he illustrated with side-to-side, penguinlike movement in perfect time.

He came to the United States in the early 1950s and settled in New York, where he quickly established himself as an indispensable player, performing and recording with some of the top names in jazz and Latin music. In the ’50s and ’60s he worked with Dizzy Gillespie, Tito Puente, Machito, Kenny Dorham, Art Blakey and Elvin Jones; he played with Herbie Mann from 1959 to 1972.