lunes, 16 de marzo de 2009

El país del eterno verano se ríe de diciembre


Ramón Williams

La fresca es una brisa parásita de los amaneceres. Se cuela tiernamente entre las ropas llenándonos el cuerpo de seis y treinta. A partir de entonces el día se inflama hasta reventar sobre las cabezas hacia el mediodía. El país del eterno verano se ríe de diciembre, el mes más cruel por anticiparlo todo; se burla de los amante de las gélidas ventiscas y de los cielos grises. “Seis y treinta. --susurran la fresca y la emisora que marcha junto al tiempo en el apartamento contiguo, en el cuarto del vecino Lógicus. --El plan lechero se ha cumplido al ciento cincuenta por ciento… matanceros concluyen pedraplen con anticipación… grupos sediciosos preparan el golpe”,
Nilo escucha en el aire el susurro aparejado de la emisora y la fresca, adivina el acaecer urbano en la trama del día que nace afuera: los carreros del pan desfilando sigilosos rumbo a los puntos de despacho, cientos de viejecitos automáticos despertando, arropándose a la vez, saliendo a marcar el turno en colas de lúgubres cafés vestigiales de las siete en punto. En el aire se mezclan noticias, ladridos, chillidos de cerdos que serán deglutidos en los próximos días de festejo. “…plirá un aniversario más del triunfo...” -- Predice la emisora. Llega la guagua, se detiene junto a Nilo. La ruta noventa y seis cumple una ronda más, una especie de cumpleaños, como la Revolución sobre la tierra, como la tierra en torno al sol. “…minadas manchas se deben a perturbaciones magnéticas en la superficie del astro…” No queda espacio dentro de la guagua, ni hace falta. Basta el pie en el estribo y un agarre firme de la puerta. Puede ser mejor que adentro. En el bulto de cuerpos el paisaje pasa en otro lado, fuera de alcance. Colgando afuera la travesía ocurre como en un largo convertible rojo. Uno siente que participa del mundo porque la fresca da de lleno en el rostro, en la mano si la extiendes. Nos acompañan adolescentes que de niños excavaron en la arena tesoros antiquísimos y que ahora nos ofrecen resquicios en el estribo para compartir la fresca y tocar juntos el paisaje. Pero Nilo piensa que tocarlo es como hundirse: un tocar para nada, porque las calles y la gente no cambian con el mero contacto físico sino en porciones aisladas y siempre a expensas de la naturaleza y del modo en que los hombres se organizan para controlar lo que pueden. La guagua sigue por avenida cincuenta y uno, dobla en ciento catorce; luego treinta y uno, cuarenta y uno, veintitrés, Infanta… Una semana antes estaban todas donde mismo. En aquel parque idénticos viejecitos habían engrasado sus bisagras después del café. Los carreros, igualmente sigilosos, habían regresado de los puntos de despacho asignados. El año pasado, detrás de las paredes de aquel mismo ministerio, semejantes jefes de empresa estamparon rúbricas y extendieron informes acerca del sobrecumplimiento de los planes lecheros. Detrás de similares paredes cubiertas de musgo, grupos sediciosos prepararon meticulosamente el golpe que no darían; porque les duraba en la memoria la suerte de otros grupos, los masacrados de otras pascuas; cuando la palabra Revolución evocaba algo distinto del siglo inveterado: viejecitos sobresaltados, carreros sigilosos, ministerios inflados, grupos sediciosos.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Se me perdio el comentario y se si fui yo o el blog.
Decia que ayer no pude entrar la calleocho y me quede sin verla.Avisen si la van a poner de nuevo.Pregunta?se la van a llevar a Lion Video?No es mala idea.Ramon William tu siempre me recuerdas La Habana con mucha nostalgia pero yo quiero olvidar y mirar hacia alante.Anamaria

Anónimo dijo...

Para que quieres ver eso?

el cabron dijo...

Pues yo no. Disfruto mucho las nostalgias no tan nostalgicas de Mr. Williams.

Anónimo dijo...

estamos muy tranquilitos

JR dijo...

¡Última noticia! Se rumora deserción del jugador Michel Enríquez, tercera base del team Cuba. Se espera ya esté en Miami y haga declaraciones en las próximas horas.

JR dijo...

Bueno, el que desertó fué un técnico deportivo del equipo. De todas maneras, ¡bienvenido!

RI dijo...

Anamaría linda, qué pena que no pudiste llegar a tiempo. Asi le pasó a mucha gente con el lío del carnaval. La película todavía no tiene distribuidor, pero en cuanto lo tenga te informaremos.

Jesu, mami lo estaba viendo en A mano limpia.

R.W dijo...

Anamaría, en Lion Video, seguro.

La memoria, como los hechos, es testaruda. Suerte con el olvido pero cuídate de los actos fallidos, ellos nacen de la memoria autocensurada, en los cortocircuitos de lo inconsciente. Curioso como el texto de hoy se enrosca con tu comentario.

Por qué no ver eso. Uno puede superar el richazo inicial, trabajar con la insulina... Los cineastas también maduran.

Ok, cabrón, nostalgias ma non tropo, en cierto sentido antinostalgias.

Sí, estamos muy tranquilitos. ¿El que calla otorga o regaron Amasaguapo antes del post?

¿Ansioso Rosado? Un técnico deportivo no es cualquier cosa, recuerda que "la técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica". Saludos de Rolando Verde.

Anónimo dijo...

Si la foto es de Ramon doganlo porfa.

RI dijo...

La mirada Nilo palpa, sinestesicamente, esos días esgrimidos -la 96, el parque, el litro de leche- en la memoria de la isla.

R.W dijo...

No es mi fotografía de La Habana, no.

Así, Rosi. El estudiante colgado de una guagua observa la estética, la estática del tiempo revolucionario.

Gracias y les deseo que sueñen, todos a la vez, con los animales más bellos de raros que pueblan las afueras del arte.

Soy feminista dijo...

Gracias por esas cosas nostálgicas estudiantiles.

R.W dijo...

Este es el comentario 13 como el fragmento de novela en el post de ¿hoy? era al año 92. El presente de cualquier edad es el pasado obligatorio de cualquier otra edad. La nostalgia es marchatrás del que lee sobre la marchalante del que escribe, a no ser que se escriba desde la nostalgia misma.
Un fenómeno es apuntar a una esquina en la 22 y la 8 y decir con nostalgia que allí bebí el mejor café. Otro fenómeno es adentrarme en el mismo sitio apuntado y pedir un balance de cuentas mientras miro sobre el pelo ensortijado de la cajera un faro del morro en la pared que me recuerda de repente al Beni Moré.
Disfrútenlo como quieran.