lunes, 1 de julio de 2013

Ciertas preguntas sobre el boom gay en Cuba


Jesús Rosado
A propósito de la visita a Miami del disidente y activista gay cubano Ignacio Estrada y su pareja, Wendy Iriepa, una mujer transexual a quien se ha unido en matrimonio, el tema de las demandas de la comunidad LGBT en la isla va a recibir, sin dudas, amplia cobertura en medios periodísticos y académicos. Preguntas irán y vendrán en torno a la confrontación entre comunidad gay y Estado. Entrevistas que posiblemente circunvalarán efectos y noticias de última hora sin tener en cuenta que para entender a cabalidad el último episodio hay que poner rumbo a los orígenes del relato.

Desde hace unos pocos años, la cúpula castrista, como parte de las actualizaciones cosméticas aplicadas a estructuras decadentes, ha utilizado la labor institucional del CENESEX encabezado por Mariela Castro, para dar la impresión de un aperturismo hacia el tema de la homosexualidad. El propósito es intentar corregir los errores cometidos hacia un segmento de la población que ha crecido aceleradamente en las últimas cinco décadas y que por el impacto que ha alcanzado en todos los niveles de sociedad se ha hecho acreedor de una obligada negociación. Sin embargo, la táctica gubernamental no logra llegar al epicentro de la conciliación porque no incluye la reflexión histórica sobre la cuestión homosexual en Cuba.

Siempre me ha parecido curioso la falta de criterio científico hacia la evolución de la homosexualidad en la sociedad cubana tras la revolución de 1959. La actitud crítica se ha centrado en la manera en que el liderazgo del proceso político abordó el tema del homosexualismo, persiguiéndolo y reprimiéndolo, cuestión que me parece justo denunciar cuantas veces sea necesario, pero que nos mediatiza la visualización objetiva de la curva que despega en la propia década del sesenta, llegando a convertirse en pocos años en el boom gay cubano.

Claro que hay que divulgar el inventario de injusticias que comenzaran temprano con la implantación de las UMAP, aquellos campamentos de trabajo forzado donde se reconcentraron centenares de “enfermitos”, término peyorativo con el cual la homofobia fidelista intentaba estigmatizar al ciudadano homosexual. Lógico que hay que hablar incansablemente de los despidos, las injustificadas sospechas políticas, los encarcelamientos arbitrarios,  la discriminación en todas las esferas sociales, los exilios obligatorios. Todo ello ilustrará terriblemente los abusos contra un grupo de población merecedor de los mismos derechos de convivencia que el resto de los ciudadanos. Pero la pregunta de fondo es ¿cómo definir una agenda para la sanación del trauma de una minoría segregada moralmente que tuvo una rápida expansión si nunca nos hemos preguntado las causas de su eclosión como género transgresor de convenciones sexuales  y estilos de vida tradicionales de la nación?

Para todos es conocido que a la euforia triunfalista de comandantes y capitanes testoterónicos recién llegados al poder le siguió una política de acelerada militarización de la cotidianeidad. Los primeros años del castrismo marcaron la existencia doméstica con un sentimiento permanente de beligerancia. Para “defender las conquistas de la revolución” se procedió a monopolizar el ejercicio de la expresión y el pensamiento, se encarceló o se fusiló a los opositores, se echó mano a recursos de coacción ideológica, se eliminó la propiedad privada, se anuló la iniciativa individual circunscribiendo la autonomía ciudadana al perímetro de la fidelidad. Dentro de esos límites, algo; fuera de ellos, nada. Cada habitante era miliciano, o de lo contrario “gusano”. Ni remotamente se concebía “defender las conquistas” con la edificación de un justo estado de derecho.

No quedaría estaca en pared, como cita el dicho campesino. El poder autocrático se adueñó de la vida y obra de hombres, mujeres y familias. A partir de ese terror condicionante donde fueron vulnerados todos los resquicios de la soberanía individual sería posible ir hilando entonces un rosario de preguntas viscerales. ¿El auge de la vida homosexual en Cuba es una respuesta humana a la pérdida de las libertades más elementales?  ¿La abrupta caída de la calidad de vida no hizo más difícil las responsabilidades que forman parte del universo doméstico heterosexual? ¿Acaso las cuestas empinadas de las exigencias revolucionarias con sus grandes dosis de miedo no propiciaban también el nicho homosexual que distanciaba el riesgo de reclutamientos y la asignación de tareas indeseables? Recordemos que confesarse homosexual fue una tabla de salvación para escapar de la isla durante el éxodo del Mariel.

Con interrogantes como estas se abre una reflexión a la que habría que añadirle una retahíla de factores. Separación de las familias durante largos periodos de tiempo debido a movilizaciones militares o agrícolas, el hacinamiento, la promiscuidad, así como el hambre de nuevas experiencias o estilos de vida importados que se origina en las sociedades sometidas al hermetismo.

Todos los elementos que hicieron de la existencia común un devenir precario pueden haberse conjugado para replantear al cubano la noción clásica de institución familiar y motivarlo a explorar nuevas opciones de sexualidad y convivencia. Esto no es más que un enunciado hipotético. Se puede pensar de igual manera que el boom homosexual en Cuba ha sido coherente con una tendencia global, pero aun así ¿no parece desproporcionada la efervescencia alcanzada por la población gay en país tan pequeño si se compara con el resto de otros países latinoamericanos? ¿Tiene algo que ver el nivel de instrucción medio de la población? ¿Hay un componente socio cultural en el fenómeno? ¿Se puede desligar sin remordimientos la proliferación homosexual de la razón dictatorial? Estudios realizados en otros marcos de referencia, como en el caso de República Dominicana durante el trujillismo apuntan a que no. En Cuba, aunque no hay censos explícitos, la demografía homosexual muestra densidades ostensibles tanto en las capitales de provincia como en los pueblos del interior.

Es sintomático que la cuestión del surgimiento de una conciencia liberal del segmento gay de la población cubana se remonte a finales de los sesenta del pasado siglo, casi simultánea a la aparición del entusiasta movimiento hippie entre los jóvenes cubanos. Si bien ambas conductas sociales no se mezclan, la expresión gay desinhibida en el contexto público se hace manifiesta en esos años con tal vehemencia que la confirma como manifestación reactiva ante la represión y la discriminación. Esa es la época que pare al movimiento por los derechos de los homosexuales en Cuba, lo cual puede considerarse un hito en la homosexualidad latinoamericana. Y a estas alturas todavía se ignora exactamente cómo fluyó el proceso que llevó al homosexual cubano a emprender un rol más activo. Otra pregunta para engrosar el cuestionario impostergable.

Tanta carencia de respuestas tiene que ver con el menosprecio cómplice de las ciencias sociales cubanas hacia un fenómeno que requiere explicación si se desea esclarecer el carácter actual de nuestra sociedad. Un conocimiento que a la postre permitirá  a la nación cubana reflexionarse, aceptarse y evolucionar algún día hacia el respeto sin restricciones a la integridad ciudadana de cualquier minoría. Mientras tanto, flotan las preguntas. Interrogantes que difícilmente Ignacio Estrada y su entrañable compañera Wendy podrían contestar.

9 comentarios:

Güicho dijo...

¿Boom gay? ¿Sexo libre con seso preso? En Cuba sólo hay boom de tres cosas: miseria, estupidez y oportunismo.

Anónimo dijo...

Felicitaciones Jesus, excelente texto. Las hipotesis y preguntas que postulas son pertinentes, necesarias e incisivas. No tengo respuestas,solo mas cuestionamientos. Me refiero a algo en particular que tu no abordas y que aun continua siendo el meollo del debate: es la homosexualidad genetica,o consecuencia de la crianza,medio ambiente sociocultural etc? Si es el resultado de una u otra o una combinacion de ambos factores;es tambien importante resaltarlo. Este es un tema apasionante en el cual hay mucha tela por donde cortar. Sin animo de ofender, quiero compartir algo que escuche mucho cuando era nina en Cuba, y que aun me inquieta: "en todo hombre cubano,yace dentro un mari..." AT

Anónimo dijo...

Facts> Hechos.
A finales de la dictadura española floreció el movimiento gay en España. El único partido en la clandestinidad que apoyó a este movimiento era el Partido Comunista de España (...sí el PCE)y el movimiento anarquista. No había en aquellos momentos ninguno más que lo apoyara. Ni por supuesto el Partido Comunista Cubano ni menos el de la URSS.Los homosexuales eran ".... la escoria de la sociedad burguesa". Una vez legalizado el movimiento gay se dividió en dos facciones. Los homosexuales "serios" y las "locas". La lucha era a muerte -metafóricamente hablando-. Los primeros los defendían los comunistas."que seamos homosexuales no quiere decir que no seamos serios y no nos comportemos como los demás"y los anarquistas defendían que cada uno se manifestara con su "pluma" como quisiera. "si somos mariconas que la gente lo sepa y tú no te escondas". Tengo que añadir que en los principios del movimiento los gay y lesbianas no había manera de consensuar nada como movimiento político de reivindicación.No se tragaban. Hoy todo está unificado y bajo un mismo techo. El sábado 29 en esta ciudad se celebró el Día del Orgullo Gay en Barcelona: una fiesta de paz y unidad sobre el tema. Es evidente que hoy en Cuba se está dando una "apertura" lenta en casi todo que, sin lugar dudas, el régimen aprovecha para justificar las "reformas" que hace. No voy a opinar sobre este momento porque lo viví en la España de mediados de los 70,,,pero como dice el susodicho: La historia los absolverá. Por supuesto nadie abre si nadie aprieta y artículos como éste o la creación del propio blog sustentan el seguir adelante....Pues bien " ya viene llegando". Un abrazo desde Barcelona

Amílcar Barca

Anónimo dijo...

Tal parece qu eel autor le achaca a los gais un boom trasnochado como si ser gai tenga algo que ver con la dictadura o un asunto de querer irse o estar contra el gobierno.

machetico dijo...

Ahora sí que avanzaron los elyibitíes.

Anónimo dijo...

Qué escrito tan loco. El autor está más perdido que un elefante en una cristalería. Es la idiotez más grande de la homosexualidad que he leído en mi vida. Y soy viejo, psiguiatra y homosexual. Vaya cretinada.

Roberto Madrigal dijo...

El texto es excelente por la cantidad de temas que propone cuestionarse. Inquirir nunca es disparatado, lo erroneo es minimizer asuntos sin echarles ni siquiera un vistazo y lanzar respuestas salomonicas y casi monosilabicas. Yo anadiria a la lista, especificamente, el papel de las escuelas a y en el campo.

atRifF dijo...

la pregunta de jr es paradójica. implica que el gay en este caso puede ser, o verse siendo parte de una gestión q internaliza y hasta que apoya -y con cierta razón. pero no la ve desde afuera como una manipulación.

JR dijo...

Exacto, Güicho,"boom"...leáse explosión demográfica gay.

Gracias, AT. Las preguntas que tú agregas son peliagudas para mí que soy historiador. Esos debates médicos necesarios y complementarios se los paso a ustedes a los psicólogos y psiquiatras.

Amílcar, ese tratamiento marginal al gay en la sociedad española franquista y postfranquista tiene mucho de afinidad con el acontecer cubano.

Machetico, ahora no, los LGTBs vienen impulsados desde hace décadas. Ahora es que son visibles.

Doctor, respeto opinión experimentada en tan diversos campos. Me cuadró eso de psiguiatra. Es una mezcla de psiquiatría con…?

Roberto, efectivamente, pecar de reduccionista en tema tan complejo, lejos de aclarar oscurece.

Sí, atRifF, hay una similitud con el tema del negro en lo que tú observas con sospecha. El gay en Cuba corre el riesgo de tenderse una trampa cediendo a la manipulación del gobierno para abrirse un espacio social. No hay autenticidad en el trato a ese sector si no se le comprende existencialmente. Si no se entiende por qué se hizo una población pujante. Tratar de ahondar en el carácter de la evolución del gay en Cuba en el último medio siglo es indispensable para incorporarlo como componente social pleno en sus derechos, no para seducirlo demagógicamente como aliado.