domingo, 28 de noviembre de 2010

La dialéctica del humo


Alfredo Triff

No se pierdan la exhibición Lezáma Inédito, de fotos de Iván Cañas en la Main Gallery del Miami Dade, Wolfson Campus, salto al 69 en la máquina del tiempo.

Acercarse a la intimidad de Lezama no era fácil. Se decía espacio de lo hermético, sanctum sanctorum del helenismo de la matriz origenista. Pero ni tanto. Iván Cañas lo demuestra: El ojo curioso, invitador, intuitivo, aleatorio, en busca del esplín sicológico del sujeto. Pero este no es lógico sino poético y en este caso se resbala del lente. No lo digo por disminuir la labor del ojo que tira. Cañas conspira, su sujeto tiene otros planes. Lezama está cerca, demasiado. Cañas ha dado con lo fortuito, y eso es "don exquisito, potente oportunidad".* El punctum de la camera lucida.

Compréndase el límite que nos ocupa. Siempre habrá distancia uno-y-otro, el-y-yo, sujeto-y-objeto (para eso son, dueto). El problema de la foto es otro, su dilema de no-ser. Ser es la cara redonda, de frente de madrugada, de pelo rizo cano, de nariz gentilicia, de bigote cuidado con olor a humo y café. No-ser es el reverso del universo, esqueleto del alfiler.

Reducir la separación entre colón y refugio, la mínima expresión del "espíritu en fronesis",  melao del limen, himen del tú-y-el-yo de la parábola. Nada fácil, el lente es invasión, pero ocurre que en estas fotos se crea una demanda misteriosa que dirige al retículo, le exige qué ver. Para decirlo mejor, la oposición se torna alianza sin trasdoblo de santos: Lezama se mira diáfano desde el lente de Cañas. ¿Cómo lo sabemos? Un cierto espíritu otro que transmuta el tabaco en pluma bucal. De ahí emana el alma del fondo. El asunto radica en la esencia del puro, la dialéctica del humo. Cañas consigue entreabrir esa vanidad espumosa envuelta en virutas "cual araña sonrosada que se traga el humo".

Hay una secuencia, mi preferida de estos retratos deliberados fortuitos i-cañeros, en la que Lezama cala el foco, mejor, seduce la antena justo en el montuno de la película. Empero, el poeta se defiende, tabaco en mano, contra el palo del tuerto. El "enigmático e imprescindible tabaco" le sirve de escudo cilíndrico, de ejercicio patricio, de defensa Ruy López. ¿De qué huye? Sin duda, de sí, del an sich que pulula las esquinas habaneras, la sospecha del no-ser de todo 69. Es entonces que el zumo nicotínico abre la llave y arranca del olvido la mirada inmanente y breviaria. Sonríe el poeta e improvisa a tropel, extemporáneo e incoativo, nervio en excurso, discurso del éter.

Cañas captas el mejor de los Lezamas: sin estruendo, sin estupor, sin frenesí. El Lezama  absorto en la efímera bocanada, el ligamento del tendón del verbo, la máscara de la fumada, la batuta cromática de la mano orográfica. El Lezama libresco en su morro, su estancia de los vivos muertos, su ecclesia mística, su consulado de virtudes.
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*Las palabras entre comillas, tomadas de diversas obras lezamianas de mi escueta biblioteca.
"Lezama inédito", de Iván Cañas
Centre Gallery (edificio 1, 3er piso, salón 1365)
Wolfson Campus, 300 NE Second Ave.
Hasta el 17 de diciembre

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Caro Triff, se que no soy el mas indicado para comentar favorablemente tu articulo, por razones obvias....
Pero anyway, y en uso de la libertad de expresion que nos acompana, te dire que me parece excelente.
Entre otras cosas, por destacar lo que considero obvio pero no mencionado por nadie, salvo por ti, y es el protagonismo del humo y del tabaco en la vida de Lezama.
Te confieso no fue mi intencion. Pude penetrar fugazmente, gracias a "el azar concurrente" en su intimidad y el se mostro como quizo, como era...
Gracias por tu post, por estar ahi...por ayudar a conservar la memoria de quien dia a dia nos llena de orgullo.....
Un abrazo.....Ivan Canas

Anónimo dijo...

Triff: Comprto la opinion del crador Ivan Can^as. tu articulo sabe a humo lezamiano.

Anónimo dijo...

Bravo por Cañas. Que´clase de poeta y de foto!

Delio Regueral dijo...

He disfrutado mucho la exposicion y no me queda mas que felicitar de todo corazon a Ivan por su obra, por su sencillez y por su instinto sanamente envidiable en la eleccion del instante.