jueves, 2 de abril de 2009

Penemorfosis


Grettel J. Singer

Venía caminando por la calle principal en Coral Gables, se detuvo a comprar un café y luego se sentó a beberlo en un banco mientras telefoneaba a su hermana. Él se sentó a su lado sin que ella se diera cuenta, la escuchó hablar unos cinco minutos. La detalló minuciosamente, se le acercó al cuello para aspirarla e inmediatamente reconoció ese olor dulzón que en algún momento en el trayecto de su vida lo había vuelto loco, y que ahora, años más tarde, aún continuaba torturándolo. Tocó su delicado cuerpo en el aire, para que ella no lo notara, y de golpe se sintió brevemente feliz. Había perdido la cuenta de los tantos años que no veía a esta mujer, había tratado de olvidarla, claro, pero verla nuevamente era reconfirmar que el olvido a veces es imposible. Ella le había colgado a su hermana hacía ya unos minutos. Permaneció distraída, contemplando la turbación y el movimiento al parecer confuso de aquellas aves que se conglomeraban a esa hora de la tarde. Cuando se giró inmediatamente se encontró con su mirada herida, y sin sorprenderse, como quien había esperado ese momento por los años de los años, se sonrió y lo abrazó. Él la tomó en sus brazos y se afincó a su cuerpo como si se tratase del último árbol con vida en todo el planeta, y así permanecieron un tiempo indeterminado. Ella tampoco lo había dejado de querer. Pero quererlo no era tan fácil, no era vida, en cambio esquivarlo era una mejor forma de realizarse, de deslizarse por su emancipado y ligero existir. Sin embargo había contraído matrimonio, claro que con alguien que la dejaba volar libremente, no como éste que tenía delante que la adoraba tanto que deseaba enfrascarla en un pomito con tapa y sólo sacarla a escondidas, lejos del mundo y sus tentaciones. Ella no había soportado esa forma de subsistir, y una mañana recogió sus cosas y se marchó sin dejar ni una nota de despedida.
A él le había costado mucho superar su partida, mas no dedicó ni un instante a buscarla pues sabía que no la merecía, que sólo era capaz de quererla obsesivamente. Ahora que la tenía frente a él se sentía nuevamente ofuscado, impotente, deseando que ella no regresara a casa junto a su marido perfecto. Comenzaron una relación de amigos. Se hablaban diariamente, se encontraban a la hora del té, se enviaban textos, emails, canciones. Y en menos de dos semanas habían vuelto a caer en la trampa. El esposo estaba de viaje por una temporada dedicado a su oficio, la arqueología. Entonces los amigos hablaban hasta hartas horas de noche por teléfono, se deseaban de manera concreta y absoluta, con esa determinación que imponen ciertas áreas del cuerpo, imposible de ignorar. Cuando despertaban aún se encontraban en línea, semidesnudos, empapados en sudor o líquidos corporales. Él por fin le propuso que se amaran una vez más y luego se volverían a distanciar como lo habían hecho en aquellos años que habían transcurrido. Primero ella se negó, realmente no concebía las infidelidades, pero luego recapacitó y decidió que sería mejor concretar ese acto carnal antes de que se volviera una obsesión como en tiempos lejanos. Le propuso ir a verlo al día siguiente, un sábado. Él le pidió que se pusiera un vestido vaporoso de esos que él recordaba en ella y lograban hacerlo babear. Ella obedeció. Cuando llegó y él abrió la puerta pensó ver un hada encandecida. Sin embargo, ella entró fría, estoica, e inmediatamente le advirtió las condiciones del juego. Él podría escoger entre dos opciones, tenerla en su cama las próximas cuatro horas o permanecer amigos. Si elegía la primera, podrían revolcarse el tiempo acordado y luego se iría para siempre. Si elegía la segunda, se quedaría en su vida para siempre, pero sólo como amigos. O sea, pasión o amistad. Como él vivía en un estudio pequeño y la cama era también el sofá, se tumbaron los dos bocabajo. Mientras él se decidía la miraba, le acariciaba el pelo, se complacía de sólo tenerla tan cerca. Pasó una hora más o menos. Entonces él anunció su decisión. Amigos para siempre. Pero en el acto, sin hablar más del asunto, le arrancó violentamente el blúmer. Ella no impidió lo que vino después, ni siquiera se dio la vuelta. Comenzaron a amarse, a temblar, a titiritar. Él la miraba con esos ojos tristes que ella nunca había podido olvidar. El mismo magnetismo de mil años atrás se efectuaba entre los dos. Él la penetró tan pero tan fuerte, como si nada en esas cuatro paredes fuera suficiente para saciarse. Finalmente él le suspiró algo al oído, ella lo miró a los ojos nuevamente y le dijo que ella también lo odiaba. Cuando se cumplió el tiempo pactado, ella se vistió, le dio un beso y se fue con su olor haciéndole sombra, aunque conciente de que en cualquier momento hasta eso tendría que ocultar. Pasaron los días, cuando de repente, estupefacta, se sorprende al caer en cuenta que ni siquiera lo ha extrañado. Se siente deshonesta por la traición, por momentos arrepentida, aunque sabe perfectamente bien que no había otra salida. Sin embargo, se queda confundida, cavilando en una idea fija e inverosímil. Y es que tenía otro recuerdo de aquel miembro viril que tanto placer le había proporcionado. Lo recordaba diferente, mucho más delgado y muchísimo más largo, pero durante esas horas de infinito placer había confirmado lo opuesto, era no sólo pequeño, sino que desmedidamente ancho y de un color diferente a aquella tonalidad entre café y canela que ella estaba acostumbrada. ¿Cómo era posible semejante trasfiguración? Nunca se enteraría.

30 comentarios:

Iris de Brito dijo...

clap! clap! clap! (aplausos). Magistral, fluído, emocional, concreto!! Excelente para acompañar el café cubano de la mañana.
Muchas gracias!!
Iris

Anónimo dijo...

Cualquiera se embarca con un suenno.

Anónimo dijo...

Lindo y desgarrado. Regreso por la tarde. RI

La Mano Poderosa dijo...

Ummmm!
Yo tomo cafe en Vesrsailles, me voy de viajes arqueologicos... Ummm, Vesrsailles, arqueologia?

ÑOOOOO!
Donde deje mi revolver!
Y es que ahora me entero por Gretel?
Que Decadencia, bueno asi es la vida... Tendre que ir a oir Alina Brouwer en el piano, y ordenar una botella de vino.

JR dijo...

¿Un pene camaleónico?¿O un equívoco erótico? Como siempre, Gretel, ahora pasaré el día enfermo de hormonas.

La Mano Poderosa dijo...

AT, Tremenda ilustracion. Que manera de "Shunga"r...
Es del periodo Edo?

BLUEKITTY dijo...

Me has dejado con un nudo en la garganta. Siempre que leo, busco esa sensación para saber que algo me ha gustado. Me encantó las palabras usadas, me ayudaron a recrear la imagen y ver. La historia es genial. Lo es. Me dio mucha pena imaginar una historia así, y pensar que la vida está llena de ellas. Me sorprendió el final.

Genial!

pd: avisame cuando escribas nuevamente que me paso de una!

Crazygirl dijo...

Muchas veces idealizamos a la gente, a las situaciones, a las relaciones....y cuando volvemos a vivir todo...gran chasco!!

Anónimo dijo...

Algo sucedio con la giraldilla arriba de la "freedom Tower" en Biscayne Blvd. Se jorobo, y se esta callendo. Fijense los que pasen por alli.

Soy feminista dijo...

El deseo manda. Muy lindo (y provocativo) Grettel.

Adal dijo...

gretel, cual fue el cafe de coral gables? pudiera ser demetrio's?

estoy esperando ver la contesta a la pregunta de jr.

Anónimo dijo...

Que rica mima.

grettel j. singer dijo...

perdón, al final del texto quise decir consciente en vez de conciente.
saludos

Anónimo dijo...

Me parece que a ella le esta empezando la demencia senil, o tiene que pasar por la Optica Lopez, cual queda cerca de Decadencia.

Demencia de la Pequeña Habana

sonora y matancera dijo...

vaya, el húmedo regreso de la GentilJodedoraSibarita pen-en-mano o palo-en-mano o palo-en-cueva seguro provocó una paja-en-masa por toda la calle 8… la mía, admito, fue mental, subyugada por la mención de un dulce olor a mujer, al que hace mención la GJS, dado que padezco de un fino y desarrollado olfato… un café, un banco en la millaDELmilagro, la brisa y ella… mmm… me hubiera gustado que fuera todo mentira… o sea, que ambos justificaran la acción adulterada con el rollo de haber sido previos amantes, sin haberlo sido … creo que el final y la peneconfusión te brinda esa oportunidad, de torear al lector por haberse creído el rollo… eso, por lo general, excita al lector y lo hace querer leerte otra vez… ¿me entiendes? ah, y menos adverbios que terminan en -mente… son repetitivos y cargan demasiado con el peso de acciones que sería interesante ver descritas… de otra manera… sale, pues, gjs…

enemigorumor dijo...

No seria un maja de Santa Maria que pasaba por alli?

ariana h-r dijo...

Estoy sin palabras.

SENSACIONAL!

Anónimo dijo...

será jodedora esta mujer?! los machos humedeciendose y ella preocupada por una cabrona s

La Mano Poderosa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
La Mano Poderosa dijo...

AT,
Is it by Torii Kiyonaga (1752-1815)?

La Mano Poderosa dijo...

AT,
Me sorprende que no comentaste sobre el SHUNGAdo grabado en madera.
JR,
Por donde andas con esta?

RI dijo...

En cuanto al volumen, el uso querida, es un músculo. En cuanto al color, una soleada, o un maltrato. En fin, qué momento exaltado no altera la imagen del desquicio…☺
Me encanta la insistencia de “sonora matancera”
Cariños Grettel bella.

Anónimo dijo...

Que pene tan feo el de la ilustración.

grettel j. singer dijo...

la mano, la ilustración llegó a mí como esas cosas que uno no busca pero que aparecen en el momento preciso. no sé de quién es, la verdad.
saludos... nos vemos mañana bajo el hechizo de alina.

Teresa Dovalpage dijo...

¡Tremendo! ¡Súper! Me encantó y lo leí dos veces. En eso llegó mi marido y al ver la ilustración (que no es nada fea, por cierto) se quedó patidifuso. "¿Y tú no estabas poniendo en la red las notas de tus estudiantes? me preguntó azorado.
¡Felicidades, Gretel!

El penoso dijo...

Amigo: No hay pene feo.

Anónimo dijo...

Repito: La literatura no ha muerto... La están matando

Penélope dijo...

Penoso: Sí lo hay, sí lo hay...

Anónimo dijo...

Grettelcina, no fuiste a ver a Alina, en Decadencia...el flaco hizo alguito...I miss you. RI

grettel j. singer dijo...

qué pena! con las ganas que tengo de ver al flaco en algo. tenía pensado ir después de un compromiso que no terminaba nunca y se me hizo tarde. avisen para la próxima.
besos