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jueves, 9 de marzo de 2023

Sentir demasiado... es divino

Naturaleza muerta con escultura, Van Gogh, 1887

... sentir demasiado es divino.--  Cesare Pavese

alFredoTriFf


Conocí la obra de Guy de Maupassant por un cuadro de Van Gogh en una monografía del pintor en la biblioteca de mi tío Fuhed. Imaginábame contemplar la escena en vivo, separando la naturaleza muerta del momento que la inspiraba: la estatuilla, las flores, el mantel y los libros. Se dice que el secreto de la naturaleza muerta está en aparentar espontaneidad, pero no existe incuria alguna. La nature mort es un acto narcisista en que todo pervive. 

¡Ah! Tener en mis manos el Bel-Ami del cuadro sería la única manera de penetrar el misterio. Muchos años después indagué, en París, que la edición original que aparece en la escena es de Victor Havard, 1885.

Luego supe (casualidad) que Van Gogh era ávido lector de la obra de Maupassant (al igual que Leo Tolstoi, quien tradujo no pocos textos del escritor francés). En una carta a su hermana Wilhelmina, Van Gogh escribe:
No me has dicho si has leído Bel-Ami de Maupassant, y lo que en general piensas de su talento. Digo esto porque al principio de la novela se describe una noche estrellada en París, la luz brillante de los cafés iluminando el boulevard, y es precisamente el mismo tema que acabo de pintar. Volviendo a Maupassant, quiero decirte que admiro muchísimo como escribe.

Van Gogh, Café en la noche, 1888 (inspirado en la lectura del Bel-Ami de Mauppasant)

La literatura francesa de segunda mitad del siglo XIX está saturada de la llamada hiperestersia, ansiedad de estímulos diversos o hipersensibilidad de los sentidos  que de acuerdo a un conocido siquiatra de la época, el Dr. Paul E. Garnier, conducen a un apetito obsesivo causante a su vez de timidez, melancolía, voluptuosidad e incluso religiosidad.

¿Una puerta a la perversión sexual? Se pensaba.

La atracción por la tragedia de Maupasant (más dramática que la un Nerval o Baudelaire) es compartida por Tolstoi. ¿Cuál es el diagnóstico? La exageración de los estímulos táctiles, el cosquilleo del intelecto, o el embotamiento de la emoción. Garnier decía que el final del camino se perdía, nada menos que la sensibilidad.

¿No podríamos atribuir ese desborde emocional a un rechazo vehemente por lo mediocre en la existencia? 
Tolstoi lo sugiere en "Notas sobre Maupassant" (escrita después de la muerte de este último):
La tragedia de la vida de Maupassant consiste en que, viviendo en un entorno terrible a causa de su enfermedad, tuvo a la vez la fuerza originalísima de su talento para iluminar la oscuridad de su entorno. La búsqueda de la libertad, pero que por desdicha gastara sus fuerzas y la libertad se le escapara de las manos. Maupassant buscó infatigablemente la belleza. ¿Para qué? Para detener la vida. Pero la vida sigue y se pierde. El pelo se cae y se torna gris e hirsuto, los dientes se pudren, salen arrugas y aparece un mal olor en la boca. Antes que todo termine todo se hace terrible. ¿Dónde está todo aquello por lo que luché?
La hiperestesia, de acuerdo al escritor ruso, es el resultado de lo absurdo de la muerte. Su contraparte es la obra de arte que logra "resucitarnos de entre los muertos". Se comprende entonces el mal du siècle de los Musset, Maurice Guérin y otros genios obsesionados y desgraciados, como Novalis y Foscolo. 

Kierkegaard lo resume magistralmente: "... desde mi temprana juventud, una flecha de tristeza se ha clavado en mi corazón. Mientras esté ahí soy un cínico. Si la sacara, moriría". Guérin escribía: "¿Por qué no admitir que el mundo nos teje un sueño de hadas?"

Detallamos la crónica biográfica de la miseria de Maupassant (M. en lo adelante).

Desde 1880 la sífilis es su compañera diaria. Sigue la procesión de dolencias: jaquecas, dolores de estómago y musculares producidos por una posible vasculitis, problemas de la vista, friolencia. Vivir la vida para una cura que no llegará.

El verano de 1883 viaja a Sicilia con órdenes expresas de su oftalmólogo de que no lea. Francois Tassart, su valet desde 1883, nos cuenta que M. tomaba éter, antipirina y bromuro de sodio diariamente, como remedio contra la sífilis. Después de 1888 la jaqueca se hace más fuerte y persistente. Un nuevo síntoma: la pérdida de la memoria y la dificultad para pronunciar palabras con claridad.

A partir de 1889, M. tiene la certeza de estar volviéndose loco. Hay episodios en cuentos magistrales como Le Horla, productos de experiencias vividas por el escritor. M. alucinaba, fenómeno conocido en la medicina de la época como "alucinación autoscópica"; el sufriente puede ver claramente la imagen de sí mismo fuera de sí.

Julian Demazy, Enciendo una vela (1908) ilustración para Le Horla

M. escribe:
Estoy enfermo, y estaba tan bien el mes pasado... tengo una fiebre atroz, o más bien una excitación febril que hace que mi mente sufra tanto como mi cuerpo. Vivo bajo la opresión de un temor confuso e irresistible, el miedo al sueño, el miedo a la cama... es la fiebre, el delirio.
M. le cuenta a Paul Bourguet (otro dandi pesimista de la época) que una noche de 1889 sintió que alguien abría la puerta de su habitación. Sólo más tarde se percató que se trataba de él mismo. El "otro" permaneció con la cabeza entre las manos y comenzó a dictarle cuartillas, mientras M. escribía. Cuando terminó de dictar, la figura salió silenciosamente del cuarto. 

Julian Demazy, La aparición, (1908) ilustración para Le Horla

El poeta José-Maria de Heredia pensó que dichos episodios, tal como eran contados por M. eran el producto de una profunda autosugestión. No sabía Heredia que para M. el escritor tiene dos almas, una su yo natural, la otra, la que cavila y le da sentido a lo que la otra padece.

Los doctores le aconseron descanso, salir de vacaciones. M. hace caso y se larga de Paris a la Riviera en busca de sol, luego a Luchon, en los Pirineos –lugar conocido por sus aguas medicinales. No puede resistirlo; le da asco el olor de las aguas sulfurosas. Sigue para Dinonne-les Baines, pero a pesar de tres baños diarios no puede conciliar el sueño. Le escribe al Dr. Cazalis que está desesperado... "cansado de tantos baños". Dato interesante: M. siente "como si su cerebro (convertido en una pasta salinosa) le chorreara por las narices".

Un signo de la locura en ciernes es un episodio en compañía de Dorchain. Una tarde lo invita a la casa y le enseña toda una colección de perfumes para crear una sinfonía de olores, amén de leerle cincuenta páginas de su manuscrito final, jactándose que era su mejor obra –la que contiene el dato autobiográfico de su propio nacimiento en un establo. Al terminar la lectura comenza a llorar inconteniblemente, lo que Dorchain toma como el comienzo del fin.

M. sigue perdiendo la vista; sus ojos ahora no soportan ni la luz de un vela. Se queja de los mosquitos, siente que su cuerpo está impregnado de sal. Con tantos achaques decide escribir a su abogado en París con el propósito de redactar su testamento.

El 26 de diciembre de 1891, después de un breve paseo de diez minutos, volve horrorizado a su casa diciendo que había visto un fantasma. Al día siguiente, mientras come sufre un ataque de tos y después queda con la idea fija de que una espina enorme se le ha clavado en los pulmones.

El 1º de enero de 1892, M. debía almorzar con su mamá en su casa de Niza. De acuerdo con Tassart, el escritor tuvo gran dificultad al afeitarse. Estaba muy nervioso y con un poco de fiebre. A la despedida, M. comieza a llorar incontrolablemente. Esa noche, a su regreso a la recámara sufre un dolor de estómago espantoso. Después de la media noche, al parecer en un acto de desesperación saca el revólver y dispara, apuntando a la sien. Sigue vivo y concluye que es invulnerable a las balas. Llama aterrorizado a Francois. No le corre la sangre. Antes que Tassart intervenga, M. usa el abridor de cartas y trata de degollarse. Ahora corre la sangre, pero la herida no es profunda. Tassart llama a dos marineros del Bel-Ami (el bote de M.) y a su médico.

No se sabe quien decidió internar a M. El 7 de enero llega al sanatorio de la Rue Berton # 17. Fue examinado por los Drs. Blanche, Meuriot y Franklin Grout. Por un tiempo recibe visitas. Tassart permanece con él hasta el 20 de abril de 1893. Después de ese día nadie pudo ayudarle más. Edmond de Goncourt nos cuenta que el Dr. Blanche le había comunicado a la princesa Matilda que en M. se daba "un retroceso a lo animal".

Pasa los días corriendo por los pasillos del sanatorio, gritando a voz en cuello, maldiciendo a un enemigo imaginario. Por las noches le dan ataques obsesivos. Una vez cree tener piedras preciosas en el estómago. De acuerdo al testimonio del barón Lombroso (quien fue capaz de preguntar testigos creíbles) M. tenía personalidad paranoica.

Luego no quiere ver más a ninguno de sus amigos. Nadie sabe por qué ni su madre ni su padre tratarán de verle (la condena de Laure Maupassant fue que sus dos hijos muriesen antes que ella, y vivir desolada hasta su muerte en 1903).

M. fallece el 6 de julio, 1893, a los 43 años de edad, completamente paralizado y delirante. De acuerdo a los médicos, la sífilis había degenerado en neurosífilis. Ninguno de sus padres asiste a su entierro en el cementerio de Montparnasse.

Conociéndolo, Zola escribió:
 ... además de su gloria como escritor, Maupassant será siempre uno de los más felices y más infelices hombres que el mundo haya visto jamás.

viernes, 8 de mayo de 2020

No es fácil querer


Por el fantasma de Bas Jan Ader

No es que acepte una excusa cualquiera, ni para mí ni para nadie. Niego la buena intención, el error plausible, el paso equivocado, la circunstancia atenuante. No perdono, no hay porqué. Nací en 1942 en el pueblo de Winschoten, Holanda, y me esfumé 33 años después.

Soy el mismo Bas Jan, un fotógrafo colgado de la imagen, aventado en mi bicicleta, al borde de un canal y cayendo en el canal, colgado de un árbol buscando el equilibrio, a punto de caerme sin caerme aún, encaramado en la azotea de mi casa, caminando despacio por el arcén de la carretera 101 en Los Ángeles, llorando o riendo tristemente. Mi profesión es ser payaso y correr riesgos, o al revés, y, sí, a menudo tropiezo y me caigo. Así de sencillo. Acaso no sé lo que hago (un deseo no se celebra siempre con champán). No tengo tiempo para decidir si soy o no culpable. Con mi arrebato no es fácil querer.


¿Sabes qué soñé?

Con un amor de todo corazón, de día y de noche en un abrazo eterno. Después vendrá el silencio. Soy Bas Jan y mi héroe preferido es Buster Keaton. Buscaré una hazaña vacía e inusitada en la tierra plana e infinita.


Un día de verano de calma chicha de 1975 me embarcaré desde Massachussets en mi bote pequeño, navegando hacia el este con trayecto a Falmouth, Inglaterra. Son casi tres mil millas de travesía. Nunca llegaré. Mi botecito será encontrado a la deriva cerca de las costas de Irlanda. Después, mis amigos dirán que no, que no he muerto, que aún vivo, caminando por la fina y tibia arena de mi querida Venice Beach.

No dudes. Soy el mismo Bas Jan, artista, y ahora un personaje en las monografías del arte moderno occidental.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Hombre mediocre



José Ingenieros

Hay hombres mentalmente inferiores al término medio de su raza, de su tiempo y de su clase social; también los hay superiores. Entre unos y otros fluctúa una gran masa imposible de caracterizar por inferioridades o excelencias. Su existencia es, sin embargo, natural y necesaria. En todo lo que ofrece grados hay mediocridad; en la escala de la inteligencia humana ella representa el claroscuro entre el talento y la estulticia. Los hombres sin personalidad son innumerables y vegetan moldeados por el medio, como cera fundida en el cuño social. Si hubiera de tenerse en cuenta la buena opinión que todos los hombres tienen de si mismos, sería imposible discurrir de los que se caracterizan por la ausencia de personalidad. Lo habitual no es el genio ni el idiota, no es el talento ni el imbécil. El hombre que nos rodea a millares, el que prospera y se reproduce en el silencio y en la tiniebla, es el mediocre. El hombre sin personalidad no es un modelo, sino una sombra. ¿Cuál es el hombre normal? “Buen apetito, trabajador, ordenado, egoísta, aferrado a sus costumbres, paciente, respetuoso de toda autoridad, animal domestico”. Todos los rutinarios son intolerantes; su exigua cultura los condena a serlo. Defienden lo anacrónico y lo absurdo; no permiten que sus opiniones sufran el contralor de la experiencia. Llaman hereje al que busca una verdad o persigue un ideal; los negros queman a Bruno y Servet, los rojos decapitan a Lavoisier y Chenier. Ignoran la sentencia de Shakespeare: “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”.

martes, 20 de noviembre de 2018

El fantasma de Lukács-el-tardío sigue reapareciendo

aLfreDo tRifF

Georg Lukács no tiene buena fama entre los intelectuales de izquierda actuales. Con razón: está su pro estalinismo, su tibieza ante los excesos de los soviéticos en Hungría, peor, su supuesta participación en la purga de intelectuales de la talla de István Bibó y el mitólogo Károly Kerényi.

Pero hay muchos Luckács en Luckács. Si el medio y tardío dejan mucho que desear,* el temprano, el neokantiano que funda el grupo "Heidelberg" con grandes como Simmel, Jaspers, Block y Weber es otra persona que tiene a su haber textos como el clásico La teoría de la novela e Historia y conciencia de clase (ya en su período marxista). Sabemos que con el tardío aparecen paralelos con Martin Heidegger, aunque en polos opuestos del espectro político.

Me ha caído en las manos un libro oscuro del Lukacs tardío, Die Zerstörung der Vernunft  (La destrucción de la razón).

En ZdV Lukács defiende la posibilidad de una explicación objetiva de la "ciencia dialéctica de la condición humana" que lucha contra tendencias irracionalistas presentes en Europa desde fines del siglo XIX, en particular dicha evaluación se hace más necesaria después los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Hasta diría que es saludable en esta época pietista de corrección política. El libro aborda el Angst que subyace -y se endosa- al ser individualista del Capitalismo de principios de la segunda mitad del siglo XX.

Comentamos algunas ideas:

1- El antihegelianismo de Lukács, otrora hegeliano, se adelanta al post estructuralismo (ZdV es un libro de 1952). El autor se adelanta por tres años a la tesis de Popper sobre Hegel en su Poverty of Historicism (no creo que Lukács hubiera leído a Popper).

2- ¿Qué es irracionalismo? La definición de Lukács es muy afilada. La tengo a mano (por si acaso):
... la degradación de la razón, la glorificación de lo intuitivo, una epistemología "aristocrática" que pasa por popular, así como el rechazo del progreso histórico y la creación de mitos.
En otro momento valdría la pena discutir qué significa "irracional", si partimos que el discurso de la razón kantiana no tendría más remedio que admitir lo "irracional" como producto obvio de la razón, pero "irracional" para Lukács es una disfunción de la razón.

¿Cómo abordaría Kant la "razón" del nazismo? Hitler razonaba, y en ciertos aspectos, muy bien. Su bigote cuadrado siempre afeitado, sus botas altas siempre lustrosas.    

3- La diagnosis lukacsiana de la "falta" en el discurso político de Heidegger es muy interesante y como debe ser: ácida (recuerda el verbo de Ernst Bloch, otro cínico y buen amigo suyo). ZdV se anticipa a Pierre Bourdieu en su breve y poco conocido The political ontology of Martin Heidegger.  Lukacks ataca la ontología, arma favorita de Heidegger, de manera ingeniosa. Heidegger "renuncia a lo social y lo político" con la excusa de buscar lo "inmutable, subjetivo y apriorísticamente pasivo". 
(...) se espera que una fuerza emerja y libere la humanidad de su preocupación óntica** y que la guíe a su destino... por tanto la política deviene en un ejercicio de limpieza del ser. Heidegger lucha en vano por dejar atrás el irracionalismo ... lo óntico, ahora es simplemente el mundo de las preocupaciones diarias.
Sin embargo, Lukács y Heidegger no están tan lejos el uno del otro, unidos en ese manto mesiánico epocal que para el primero es el paraíso del proletariado, y para el segundo, la encarnación del estado nazista.***

4- Lukács nos lleva de la mano por una serie de tendencias y personajes en un estilo a tono con el método de la Escuela de Fráncfort (de la que fue colaborador). El capítulo 3, dedicado a Nietzsche (a su relativismo y su miedo al socialismo) en su relación con Bismark acusa destellos críticos.

Dice Luckás que el Nietzsche rebelde y antigermánico es una fábula. El aparente distanciamiento con Bismarck es una "zaratustriana manera de superarse a sí mismo". Mientras más ácido mejor:
Para Nietzsche la cuestión crucial era la siguiente, tal como escribe en su Más allá del bien y el mal: "Con la aparición cada vez más obvia del hombre democrático, se tiene por consiguiente el embrutecimiento de Europa, el menosprecio del hombre europeo."  La supuesta crítica de Nietzsche a Bismarck no es más que una crítica desde la derecha. La verdad es que Nietzsche no consideró a Bismarck lo suficientemente reaccionario e imperialista.
Recomiendo La destrucción de la razón. Libro raro de un viejo amargado con brillantes destellos. No importa que forme parte del cálogo disparejo del Lukács tardío.


______________
* Ese período negro comienza en 1930, cuando Lukács viaja a la URSS (es llamado específicamente por el partido). Viaje nefasto. Fue enviado a un exilio en Tashkent y fue testigo de la muerte de muchísimos de sus propios compañeros durante las purgas de Stalin. ** Para Heidegger lo "óntico" no es solo un aspecto físico de la realidad, sino que está separado del Sorge (que en Heidegger equivale a la preocupación ontológica del ser). Óntico, para Heideggeres sinónimo de las cosas del mundo. *** Polos opuestos se atraen: Heidegger cita a Lukács oblicuamente en la última página de su Sein und Zeit. El término "reificación" de Lukács (Verdinglichung) ahora deviene pura negatividad. 

lunes, 19 de noviembre de 2018

¿Qué hacer con el fantasma que retorna?



alFredO tRiFf

“¿Cuándo salen?
Salen cuando empiezas a sentir el hedor de los muertos.”-- Kwaidan, de Mayasi Kobayashi

Esperábamos la muerte [del susodicho] colofón básico a tantas soluciones posibles, aperturas, tanteos, transiciones o el cambio. Hoy hemos aprendido que la muerte [del susodicho] no clausuró necesariamente la reaparición del sujeto.

Cuando se alberga tanta esperanza sobre la frágil vértebra de la incertidumbre, cuando apostamos tanto al sólo aspecto -trivial e insoslayable- de la finitud, sucede que la muerte en sí [del susodicho] no apunta al desenlace añorado. La historia se repite. Pasamos por alto que era necesario que después de su muerte se abriera un nuevo capítulo de esa desaparición.  

No es que restemos importancia a la muerte física [del susodicho]. Es que en medio de tanto anhelo -catártico por demás- pasamos por alto (dados que somos a olvidar y reprimir), un hecho por venir, prematuro e insoslayable:

Su fantasma sempiterno.

Pero lo sempiterno también concierne a la voluntad viva de los vivos. El juicio de la historia dependerá de la historia del juicio y nuestro indomable deseo de justicia colectiva dirá la penúltima palabra.

¿Sabían? Hay dos muertes fantasmáticas: Una, olvidar al fantasma. La otra, que siempre-retorna, anuncia la dulce lucha de unos pocos locos escogidos: matarlo una y otra vez siempre de nuevo. 

sábado, 14 de mayo de 2011

cover a+


Diseño de Gürbüz Doğan Ekşioğlu (Turquía, 1954), caricaturista y diseñador gráfico. Colaborador de The Atlantic, Forbes, The New York Times y The New Yorker. En la imagen concebida, entre celebración y exhortación hay un margen traumático. ¿Dónde piensas que el artista puso el énfasis? (JotaeRre)

martes, 31 de agosto de 2010

?El fantasma regresa¿


Hay algo peculiar en los fantasmas, que parecen desaparecer del reino de los vivos, para luego volver.

En el caso que nos ocupa la propiedad manifestada interpela: Ni "ser" ni "no ser".

Los fantasmas siempre regresan:
Llegué a estar muerto... tendido en aquella cama, sólo miraba a mi alrededor, ignorante de todos esos aparatos. No sabía cúanto tiempo iba a durar ese tormento y de lo único que tenía esperanza es de que se parara el mundo........................................... Luego sobreviví.

sábado, 1 de mayo de 2010

fantasmas amigos


ciertas imágenes retornan y nos refrescan, menta para la mente,


la era vendrá sin revoluciones ni proyectos abyectos. sicodelia íntima, solipsista, cambio precario sin epistolario, con fantasmas que nos enseñan,


a vivir una vida mejor, de respeto al prójimo,


ayudan la música, el arte, la literatura, la hierba, el vino, los amigos. descubrimiento lento, infinitesimal de uno mismo.


¡ay! matar la mente procerista, con risa estridente, llanto ácido. y volar luego al niyama de la otredad, de la hermandad.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Yonqui, William Burroughs



La morfina pega primero en la parte de atrás de las piernas, luego en la nuca, y después se extiende una gran relajación que despega los músculos de los huesos y parece que uno flota sin límites, como si estuviera tendido sobre agua salada caliente. Cuando esta relajación se extendió por mis tejidos, experimenté un fuerte sentimiento de miedo. Tenía la sensación de que una imagen horrible estaba allí, más allá de mi campo de visión, moviéndose en cuanto volvía la cabeza de modo que nunca podía verla... sentí náuseas; me tumbé y cerré los ojos. Pasaron una serie de imágenes, como si estuviera viendo una película: un enorme bar con luces de neón que se hacía más y más grande hasta que calles y tráfico quedaron incluidos en él... estrellas en el cielo claro. El impacto físico del miedo a la muerte, el corte de la respiración, la detención de la sangre.
-- Video clip: 23 Skidoo, "Tranquilizer II".

domingo, 17 de agosto de 2008

Aristóteles y el "cambio cubano"


Tumiamiblog

TMB: Gracias, Maestro Aristóteles, por concedernos esta entrevista.
A: Por supuesto, placer macedonio.
TMB: El cubano, ser impaciente por naturaleza, está desesperado por ver cambios.
A: Comprendo... ser cubano es ser no-chino.
TMB: Pero hay chinos cubanos...
A: La excepción de la regla.
TMB: ¿Y cual es su ángulo?
A: Recto, pero en el caso cubano, más bien agudo.
TMB: ¿A qué se refiere?
A: La miopía voluntarista que os caracteriza: El cambio es inherente a la naturaleza del asunto que nos incumbe.
TMB: ¿Pudiera ser un poco más claro?
A: Para todo cambio hace faltan tres elementos: la sustancia, la forma y la negación de la misma. La sustancia en este caso, es el castrismo, que de hecho ha tenido muchos cambios como tal.
TMB: ¿El castrismo…?
A: En efecto. Hay varios castrismos, sólo hay que entrar en detalles.
TMB: ¿Y cuál sería la negación del castrismo?
A: El castrismo mismo.
TMB: Interesante... Jorge Ferrer hoy elabora sobre un Castrismo 2.0...
A: Tomando esa metáfora. El Castrismo 2.0 sería de cierta manera la negación del castrismo 1.0. Claro, Ferrer debe aceptar que entre Castrismo 1.0 y 2.0 hay Castrismo 1.2, 1.5, 1.7, etc.
TMB: ¿Podría poner un ejemplo?
A: Prefiero dejarle eso a un historiador como Rafael Rojas. Pero es obvio que el castrismo de 1959 no es el mismo de 1961, y este no es el mismo que el de 1972, o el de mediado de los años 80.
TMB: Me sorprende lo empapado que está de nuestra historia... aunque temo que le será difícil convencer a los cubanólogos.
A: ¿Los no-chinos?
TMB: Ajá y volviento al tema...
A: Decía que Castrismo 1.0 y 2.0 son dos momentos de la misma sustancia en su proceso posible de Castrismo-a-no-Castrismo.
TMB: ¿Entonces el castrismo cambia y permanece? Tal parece una contradicción lógica.
A: Hay que ser chino (es decir, no-cubanólogo) para ver cambios.
TMB: ¿Puede la forma del castrismo alterar su sustancia?
A: ¡Por supuesto! Cada cambio sustancial se opera de manera diferente. Es obvio que el cambio cubano no parece ser radical. Me parece más paulatino, aunque "radical" depende del tiempo en cuestión.
TMB: Nuestro gran enemigo.
A: El tiempo es relativo. Si la observación es diaria o semanal no se ven los cambios, si es anual se ven mejor... Pero ¿qué es una década más o menos?
TMB: Maestro... generaciones van y vienen y el castrismo sigue ahí.
A: Desafortunadamente la historia tiene su propio curso. Me despido de la mano de Heráclito.
TMB: Gracias por compatir sus ideas en la blogosfera.
A: Por nada. Al cambio lo que es del cambio.

lunes, 11 de agosto de 2008

Ser el primero


Por el fantasma de Adán

Ser primero es siempre arriesgado; sea por la posibilidad de la pifia o el caos. O porque siempre podrían mejorarte en una nueva edición. No ocurrió. En mi caso, rompí el molde y condené al género humano. ¿Paladín yo? ¿Baluarte? Lo peor es no saberlo. O acaso, la santa ignorancia te permite vivir cada instante como eterno. Tengo memorias vagas, perdidas en la neblina de la culpa. Tuve una mujer que no busqué. No sé si la amé -si es que el amor presupone otredad. Éramos cándidos, (obviamente, eso lo supimos más tarde). ¿El árbol? Nunca me llamó la atención esa mata macilenta en un claro del bosque. Nos atraía la lengua silbante de la sierpe ondulada persistentemente piropeando a mi hembra. Todo debía terminar tal y como aconteció. He tenido la eternidad para cavilarlo. Ahora quiero expresarlo aquí en las ondas tropicales de tumiami. Fuerzas mayores rigieron mi destino y por ende el de ustedes. Un momento de debilidad de EL SUPREMO quien concibió, por sólo un instante, de qué era yo capaz: Por tanto, ni él ni yo sabemos si hubiese podido ser de otro modo. La ignorancia no es sólo un atributo del subjuntivo, sino de la curiosidad omnisciente que se traiciona a sí. Temo que ÉL sufre más que nosotros. He sido el hombre más vilipendiado, paradigma del fracaso, de lo inútil. Mas ponderen por un momento que me deben un favor impagable: Gracias a mí, no hay paraíso en la tierra.

martes, 8 de julio de 2008

Martí divino (a ritmo de c.o.n.g.a)


Tumiamiblog

Nuestra idolatría hacia Martí no tiene parangón. Su indeleble frentón y bigotudo perfil aparece en monumentos, bustos, pinturas, sellos de correo, monedas, libros, revistas, almanaques, etc. El Martí.ro.lo.gio tiene dos períodos: el prerrevolucionario (1902-1959) y el posrevolucionario. El primero está caracterizado por la divinización del {apóstol} (más adelante estudiaremos el segundo). Richard Butler Gray en su libro José Martí, patriota cubano, dedica todo un capítulo a lo que él llama “apoteosis de Martí” en nuestra cultura. A continuación los ejemplos más descollantes de nuestra apostólica y peripatética hagiografía: 1- “Apóstol” (Gonzalo de Quesada y Aróstegui, pronunciado en 1889). 2- “Apóstol de la libertad” (Jorge Mañach), 3- “Santo de América” (Luis Rodríguez Embil). 4- “Mi Capitán de arcángeles” (Waldo Medina), 5- “Mi San José Martí” (Pedro Beroes, La Rosa Blanca III, 1949), 6- “Martí, redentor de los cubanos”, Agustín López de Armas en La Publicidad (7 de febrero de 1938), 7- “El segundo hijo de Dios”, José Machado Hernández, Excelsior (20 de mayo de 1953), 8- “Evangelio de ternura”, Osvaldo Bazil, Cabezas de América ( La Habana: Molína y Cía., 1933), 9- “El Cristo Americano”, Pedro José Cohuelo, La Tribuna Popular, Montevideo, 8 de febrero de 1953), 10- “Jesús-Martí”, Augusto Martínez Pereira, Información (10 de febrero de 1953), 11- “Martí el Salvador”, Maria Feria de Varona, El País Gráfico (7 de junio de 1953). De acuerdo con Butler, la divinización de Martí llega a su máximo punto en las llamadas “cenas martianas”, justo antes del centenario del natalicio. El espectáculo de las mismas tipifica nuestra falsa conciencia política. Un observador crítico de las mismas cuenta lo siguiente: Imaginen un numeroso grupo de hombres cultivados (uno supone que ellos eran cultos desde el momento en que eran oficiales públicos) que se reúnen alrededor de la mesa y después de cenar glotonamente (créanme, comer vorazmente es lo opuesto de lo que el cubano pobre de hoy puede permitirse), estos señores comenzaron a hablar de la vida de Martí. Al poco rato se hicieron chistes, seguidos de aplausos, pero lo peor de todo fue la conclusión a cargo del dúo de Garrido y Piñero. De acuerdo con el crítico, la cena abría con el himno nacional y cerraba con una conga.
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José Martí, patriota cubano de Richard Butler Gray (1962, University of Florida Press).

viernes, 20 de junio de 2008

Soy Reichelt, el hombre volador


Tumiamiblog


Hola, queridos amiguitos. Soy Franz Reichelt, el hombre volador. Aquí, desde el pie de la torre Eiffel les presento mi traje paracaídas. Por favor, no le presten atención al letrero en francés que ya ha sellado mi suerte. Imaginen que estamos en el presente continuo del otoño de 1912. Comprendo la dificultad de mi tarea (¿puedo llamarle hazaña?). Ahora estamos en el borde del primer balcón de la torre, a casi 60 metros sobre el nivel del mar (lástima que no han podido subir conmigo para discutir cuánto me ha costado llegar a este punto). Les confieso que no ha sido fácil para un simple sastre*, hijo de gente pobre, nacido y criado en un pequeño pueblo en las afueras de Viena... soy un hombre común. ¿Y puede serse otra cosa que lo que se es? Un hombre común convertido en un pájaro. No puede haber diferencia entre ambos. Volar no es un privilegio de clase, ni una habilidad especial que se estudia en la escuela. ¿Se gradúan acaso los pájaros? Un anhelo extraordinario como el mío se hace posible sólo cuando se arriesga todo. Ahora miro abajo, a la multitud curiosa que me observa... la lejanía citadina. Todo parece normal, pequeño, nimio. Me cuesta trabajo coordinar las ideas. ¿Habrá llegado el momento? Mi vida tiene sentido sólo ahora, antes de saltar y volar. Aire frío en la cara y después de contar 5, halar la cuerda del paracaídas. ¡Atención! Es la hora: 1:20. La caída, el aire me suspende. ¿Pero vuelo? Cierro los ojos y me llegan momentos felices del pasado: mi padre vestido de faena, poniendo ladrillos en una casita en mi querido Hausleiten, la visita que hicimos a Viena en 1893 con mi hermana mayor. ¡Oh, mi querida Elfi, cuánto te quise! Mi querida madre en la cocina haciendo quehaceres, mientras saboreo su deliciosa torta de nueces con leche fresca. ¿Dónde estoy? Déjate caer. No hales la cuerda. No vale la pena. Sólo queda la eternidad de este instante cuando la gente te ve caer como pájaro herido. Has venido hasta aquí para poner a prueba tu fe. Recuerdo haber leído esta frase en algún libro: “la fé necesita de un salto”.**
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* Franz Reichelt era un sastre de talento. Aunque mantuvo su taller por poco tiempo, para 1910 ya contaba con clientes de cierto renombre que comenzaban a correr la voz en la capital. **Reichelt leyó la frase arriba en una edición de Temor y temblor de Soren Kierkegaard, adquirida como regalo de un cliente alemán y teosofista.

domingo, 22 de julio de 2007

El fantasma de Monelle






Marcel Schwob, a quien Apollinaire definiera como "el padre de una poesía distinta", nació en 1867. En 1890 conoció a una niña llamada Louise, menuda y pueril, de quien posteriormente se enamoró apasionadamente. Pero Louise tenía sus pulmones destrozados por la tuberculosis. Después de su muerte, el desconsolado Schwob escribió El Libro de Monelle (1894). Su filosofía se resume en el apotegma: "destruye, toda creación proviene de la destrucción" (que nos recuerda aquel otro famoso de Mikhail Bakunin, "destruir es construir"). A continuación algunos fragmentos dispersos:

Contempla todas las cosas bajo el aspecto del momento.
Deja ir tu yo al capricho momentáneo.
Piensa en el momento; todo pensamiento que dura es contradicción.
Ama el momento; todo amor que dura es odio.
Sé sincero con el momento; toda sinceridad que dura es mentira.
Sé justo con el momento; toda justicia que dura es injusticia.
Actúa en función del momento; toda acción que dura es un reino difunto.
Siente la felicidad del momento; toda felicidad que dura es desgracia.
No prolongues el momento; podrías fatigar la agonía.
Todo momento es una cuna y un ataúd: que toda vida y toda muerte te parezcan extrañas y nuevas.
Los momentos son como bastones, mitad blancos y mitad negros.
No ordenes tu vida por medio de dibujos hechos con las mitades blancas, pues encontrarás enseguida los dibujos hechos con las mitades negras.
Que cada negrura esté atravesada por la espera de la blancura venidera.
No digas: ahora vivo y mañana moriré. No dividas la realidad entre la vida y la muerte. Di. Ahora vivo y muero.
Agota en cada momento la totalidad positiva y negativa de las cosas.
La rosa de otoño dura una estación, cada mañana se abre, todas las noches se cierra.
Que toda inteligencia brille y se extinga en ti con la brevedad de un relámpago.
Mezcla la muerte con la vida y divídelas en momentos.
No esperes la muerte, está en ti. Sé su camarada y apriétala contra ti, ella es como tú mismo.
Muere de tu muerte; no envidies las muertes antiguas. Varía los géneros de muerte con los géneros de vida.
Considera toda cosa incierta como viviente y toda cosa segura como muerta.

sábado, 2 de junio de 2007

Algo de vagabundo

El fantasma de Nietzsche

"Quien ha alcanzado la libertad de la razón, aunque sólo sea en cierta medida, no puede menos que sentirse en la tierra como un caminante, pero un caminante que no se dirige hacia un punto de destino pues no lo hay. Mirará, sin embargo, con ojos bien abiertos todo lo que pase en el mundo. Asimismo, no deberá atar a nada el corazón con demasiada fuerza; es preciso que tenga también algo del vagabundo al que agrada cambiar de paisaje. Sin duda, ese hombre pasará malas noches, en las que cansado, hallará cerrada la puerta de la ciudad que había de darle cobijo. Tal vez incluso como en oriente, el desierto llegue hasta esa puerta, los animales de presa dejen oír sus aullidos tan pronto lejos como cerca; se levante un fuerte viento y unos ladrones le roben su caballo. Quizá la terrible noche será otro desierto cayendo sobre el desierto y su corazón se sentirá cansado de viajar. Y cuando se levante el sol, ardiente como un dios airado, puede que no vea en los ojos de sus habitantes más que suciedad, bajeza e incertidumbre, como si el día fuera peor que la noche. Pero pronto llegan las deliciosas mañanas de otras comarcas, otras jornadas en las que desde los primeros resplandores del alba, verá pasar entre la niebla de la montaña a los coros de las musas que le rozan al danzar. Sereno, en el equilibrio del alma de la mañana antes del mediodía, verá caer a sus pies desde sus copas una lluvia de inesperadas sorpresas como regalo de todos los espíritus libres que frecuentan el monte, la soledad y que son como él, caminantes meditabundos. Nacidos de los misterios de la mañana temprana, imaginan qué es lo que pueden dar al día, entre la décima y la duodécima campanadas del reloj, una faz tan pura, tan llena de luz y de claridad serena: la conciencia de la mañana."


domingo, 15 de abril de 2007

la fisonomía literaria del crepúsculo


Por el fantasma de Marcel Proust

Hace tiempo que deseaba visitar Miami, “incomprendida” ciudad de playa-y-sol (¡tan distinta a mi Paris ceniciento!). Soy Marcel, escritor famoso, pero más que eso, soy un consumado director de escena... de la mía propia (si conocen mi biografía perciben que aludo a mi enfermedad). ¿Saben? Llevo meses escribiendo con ironía tóxica sobre un admirador que me adora y me ha enviado flores... ¡qué tufo insoportable! Mi vida no puede ser más insípida; entre el flujo y reflujo de mi dolencia alarmo a mis amigos (que temen y desean el instante en que aparezca, ya muy entrada la medianoche, en el salón en penumbras, consumido por la fatiga y anunciando que estaré sólo un rato, aunque luego me quede hasta la madrugada arrastrando mi cansancio). Incluso ahora, mientras escribo estas líneas, no pongo fin a mi mal: Mi respiración se oye por encima del ruidillo de mi pluma cuando escribo -y el de una bañera que han dejado correr en el piso de abajo. No es que la enfermedad me haya arrancado la existencia. El asma penetró mi arte; su sintaxis; paso a paso... el miedo a la asfixia es una soltura fecunda casi al final de un exquisito párrafo que no debiera terminar. Mi reflexión, a veces irónica o didáctica, tiene el ritmo de mi respiración, mi pesadilla. Pero la muerte está ahí presente, en la escritura, en cada “quizá”; es crisis que amenaza y que me apaga. He pasado años sumergido en esta obra inacabada, buscando la intuición fisiológica del estilo, la fisonomía literaria del crepúsculo.

martes, 23 de enero de 2007

El fantasma de la libertad

Tumiamiblog

El fantasma de la libertad (1974) es un film intrépido, acaso el más completo de la carrera de Luis Buñuel. La película exhibe los temas consabidos del maestro aragonés: Narrativa truncada, sujeto transgresivo y crítica contra la tradición. Pero éste es un fantasma más radical, complejo y paradójico. Primero, tenemos la violencia sexual mezclada con una trama donde el andamiaje burgués se descalabra ante la inesperada desaparición de una muchacha. En medio de la investigación, los frailes juegan a las cartas y el ejército se la pasa en un tanque de guerra cazando zorras. Reina el absurdo: Está el médico que le ofrece cigarrillos a un paciente con cáncer pulmonar y el tribunal que deja libre a un asesino en serie. Buñuel produce una mini-épica de doce episodios con protagonistas independientes pero unidos por un hilo irreprochable. Vivimos en un mundo asfixiante de necrofilia, incesto, sadomasoquismo y pedofilia; multitud de estructuras narrativas, en una ensalada lacaniana de carta, sueño, flashback y narrador omnisciente. Una pieza maestra. Dirección: Luis Buñuel. Con Jean-Claude Brialy, Monica Vitti y Michael Piccoli.

sábado, 6 de enero de 2007

"Lo que fue"


El fantasma de Guy Debord

Hola amigos. Hoy quisiera hablarles de lo que fue. Ahora recuerdo ese pasaje en la segunda parte de Zaratrustra, bajo el título “Sobre las arañas” que dice: “La voluntad, por naturaleza, se desquita contra lo que fue”. El pasado no me concierne porque ya no soy. Me suicidé. El situacionista, yo, que traté de explicar la congénita debilidad espiritual de la modernidad. Yo que hablé tanto de la alienación del hombre, del espectáculo de su orfandad en la sociedad capitalista contemporánea. ¿Sería mi desaparición otro símbolo de lo que fue? Es duro lidiar con la muerte; con el deber de la muerte. Los espectros ya no llegamos a la sociedad. Somos acaso víctimas. Les advierto: Vivimos tiempos de disgregación y fraccionamiento universal. La utopía y la distopia, la esperanza y el desconsuelo se dan la mano; a veces demasiado. Mis detractores me acusan por mis amoríos de izquierda con la Revolución Cultural, por mi entusiasmo con la ruta birmana al socialismo, con el maoismo. No es que dijéramos que sí a todo. Decíamos: “Tal vez”. Vivíamos de ilusión en ilusión. ¿Y qué es la realidad sino una ilusión? En el apólogo de Gracián (sobre realidad y apariencia), el pavo real ve cómo se reconoce su derecho a ostentar la belleza de su plumaje a condición de girar los ojos al mismo tiempo hacia la deformidad de sus pies. Nadie tiene la culpa. Somos peones: Explotación, igualdad, revolución. Dije: “El espectáculo no quiere llegar a ninguna otra parte que no sea a sí mismo”. ¿Comprenden? Vuelvo a Nietzsche y “lo que fue”. Si todo pensamiento es una voluntad implícita, (un deseo por el futuro), entonces, el sólo pensar implica un desquite contra lo que fue; que es una respuesta posible a mi trágico final.