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domingo, 12 de marzo de 2017

Última función hoy domingo a las 3pm: El cuento de René


Larry Villanueva en "Relato sospechoso"

Andy Barbosa en "Las moscas" y Carlos Acosta-Milián en "Carne"

Ariel Texido como "El escritor" y Carlos Acosta-Milián

Carlos Acosta-Milián en "Carne"
Rosie Inguanzo como Pedro Angel en "Los bravos"

Rosie Inguanzo en "Los bravos"


Rosie Inguanzo 

Entre la parodia cruda de Virgilio Piñera y la farsa siniestra de José Triana está el candor desvencijado de René Ariza, sus trabalenguas del acecho ("Relato sospechoso", "Los bravos", etc.) y otros horrores sostenidos. Ariza perteneció al grupo de Los Doce, fue Premio UNEAC de teatro en 1967 por La vuelta a la manzana, y marielito de generación (según lo trazado por otro marielito, Reynaldo Arenas), ya que aunque no vino por el puente del Mariel (sale en 1979) compartió con sus coterráneos 20 años de dictadura. Curiosamente no concurre con muchos de los de su generación en la violencia verbal. Cuba aún funciona como el telón de fondo para esta literatura; también la burla, la simulación exaltada de nuestra idiosincrasia y la intención de desquite contra el régimen vigente. Pero en Ariza la denuncia es cándidamente insidiosa, aún pasmosamente testimonial, cuajada de una obstinación por plasmar en la obra la experiencia de la persecución. Cabe decir que en René omitir la vulgaridad sea una especie de enmienda con ese pasado atroz. Sobre la tabula rasa del exilio, ajeno a los acomodamientos aburguesados (nos consta que Ariza siempre fue un saltimbanqui inspirado y famélico), el juglar nutría su desamparo con relatos orales, monólogos graciosamente interpretados por él mismo, dibujos de Cristos que realizaba atrapado en semifarsescos performances de rapsoda. Imbuido y juguetón rescataba cuentos del horror y la locura, cuentos sobre lo cotidiano recuperados ahí donde la realidad social fungía como agente opresivo. Tristetemente, igual que sucedió a tantos otros escritores, los textos que escribió en Cuba habían sido confiscados y destruidos en repetidas requisas oficiales. René nos contaba como, ya en el exilio, había tenido que recuperar de la memoria muchos de sus escritos. En René confluye un parentesco antológico universal expresado en la diversidad de formas y personajes que toman sus temas: el máximo líder, la cultura machista, el policía perseguidor, el delator, las falsas apariencias, el desquicio cotidiano, la bestialidad autorizada y deshumanización de la vida en la sociedad moderna, la homosexualidad, el escritor perseguido, etc.

Lo conocimos Larry y yo en los talleres que orquestaba Teresa María Rojas en Prometeo, y con cariño conservo una imagen polimorfa y polifónica repartida en los múltiples personajes de René: el juglar delgadísimo y leve, asexuado, con la mirada subrepticiamente extraviada, aquélla cicatriz en el rostro que le alcazaba la frente y aquel mito –nunca confirmado- de que le habían hecho una trepanación de cráneo en Mazorra (sabemos que sufrió electrochoques mientras estuvo preso y que en Cuba es usual que la maquinaria represiva clasifique como enfermos mentales a escritores y disidentes, sometiéndolos a tratamientos psiquiátricos). Y ahí está su permanencia psíquica, lo que quisieron borrar en poemas y relatos, en mí imitándolo (da gusto representarlo). Cierto apego a lo terrible a aquellos años 70, cierta nostalgia de la experiencia fundacional, cualquiera que esta haya sido, lo devuelve una y otra vez a sus fantasmas. René regresa a ese pasado (es también un lugar en la memoria emotiva y sensorial, tan útiles para la representación), ámbito familiar y social que desarrollará con humoroso discernimiento. Espacio baldío, desolado, asediado y brutal, que como daño irreversible lo marcara; pero también es el punto de partida para el juego teatral y el despojo rotativo y eficaz de tantos males.

Para boletos pulsa aquí o en la misma entrada del teatro.
Fotos: Asela Torres

domingo, 20 de noviembre de 2016

"Lorca en un vestido verde” y el juego de la memoria y de la muerte



Mayra Marrero

“Lorca en un vestido verde“ escrito en el 2003 por Nilo Cruz, director artístico de Arca, es la más reciente colaboración de Arca Images y el dramaturgo en el Onstage Black Box Theatre del Miami Dade County Auditorium. Cruz, quien también dirige esta puesta, ve la feliz coincidencia de su creación con la Feria del Libro de Miami. En un escenario desnudo y paredes negras, un grupo de maletas alineadas cierran el espacio escénico, y ocho actores empiezan un juego de alternancia de identidades y cambios de temporalidad. Unos serán Federico García Lorca, otros representarán la dictadura, la intolerancia, los extras, los que se dejan arrastrar sin opinar, otro será el duende jugetón que lleva la tragedia en los tacones y la palmas.

Rosie Inguanzo, Carlos Acosta-Milián y Ariel Texidó. Patrick Ferrell, ElNuevo Herald

Cruz propone un acercamiento a Lorca por la vía del ‘teatro dentro del teatro’, recreando pasajes de los últimos años de la vida del autor granadino y el momento de su martirio. Para esto ubica los personajes en una suerte de purgatorio en el cual los escogidos tendrán que convencer al Poeta, en un plazo de cuarenta días, de que ha muerto, para que una vez que este haya aceptado su nuevo estado, pueda ‘ascender’ a otra dimensión. “Un muerto en España está más vivo que en ningún lugar del mundo”, decía Lorca en ‘Juego y teoría del duende’ (iluminadora conferencia-ensayo que dio en la Sociedad de Amigos del Arte de Buenos Aires), y Cruz parece servirse de esto como axioma de muerte-realidad- irrealidad, presentándonoslo en un poético texto.

Lorca, en la obra de Cruz se resiste a creerse muerto, a perderse Granada para siempre, a no intercambiar bromas, discursos, pinturas, trazados con Dalí; se resiste también a huir de los brazos de su amante; se resiste a que lo olviden. El escabroso camino a la aceptación pasa por sucesivas interacciones con sus diferentes identidades. Esta negación a su nuevo estatus crea un paralelismo con El Joven de ‘Así que pasen cinco años’, obra de Lorca de gran influencia surrealista considerada premonitoria (cinco años después moría el poeta).

En esta onírica y mínima puesta, Cruz, sin duda un estudioso del teatro lorquiano, hace confluir todos los elementos que consideraba el dramaturgo para su ‘teatro total’: música, baile, canto, drama y colores. Crea así una atmósfera ubicua e irreal sirviéndose del profesionalismo de Fernando Teijeiro quien traduce los recuerdos en elementos escénicos tales como edificios de Nueva York, manuscritos que suben, bajan y se pierden en sintonía con la iluminación de Gary Lund.

El universo poético que crea Cruz con sus textos e imágenes va de la poesía a la prosa sin esfuerzo y es interpretado por un excelente grupo de actores. Ariel Texidó en el Lorca con sangre, enamora con su personaje. Una excelente actuación que va de la risa a la catarsis final, en un monólogo inolvidable por la fuerza dramática y la mesura de su actuación. Es sin duda uno de esos personajes que Ariel llevará en su piel por mucho tiempo.

Irene Benítez, Ariel Texidó y Aaron Cobos. Foto: Arca Images

La actualidad de la obra de Nilo Cruz se constata, por desdicha, en la homofobia, el poder de la dictadura que sobrevino, el nacionalismo y la intolerancia que Carlos Acosta-Milían destaca en su personaje de General, dominando la escena con la fuerza de su voz y su presencia. Yani Martín, elegante, simpática y precisa en su personaje de Lorca mujer —el lado femenino del poeta que ella interpreta sin esfuerzos. Irene Benítez se traslada de un lado a otro entre experimentados actores y lo hace con frescura y simpatía como requiere su Lorca niño.

Carlos Acosta-Milián (fondo), Omar Germenos y Xavier Coronel. Foto: Arca Images

Xavier Coronel, Lorca con un traje blanco, se transforma en el poeta, el amante , el dramaturgo, y lo hace con el profesionalismo al que nos tiene acostumbrados. Omar Germenos en Lorca con un vestido verde, viste su personaje con un misterio no exento de sensualidad, como metáfora del poeta expuesto a la censura y a la cultura del miedo en la España de principios del siglo XX. Aaron Cobos, el bailaor, trae el sur consigo en cada uno de sus tacones, lo arrastra, lleva al Poeta a su inicio y fin, es ese duende juguetón que también sabe caracterizar la muerte y el lado oscuro.

Irene Benitez, Yani Martin y Xavier Coronel. Foto: Patrick Ferrell, ElNuevo Herald

Rosie Inguanzo traza un esbirro inseguro y torpe, desde la farsa. Es así como a través del humor logra distender la solemnidad y pesadumbre del discurso escénico (esa historia de horror) y el público lo agradece. Dalí es igualmente interpretado por Inguanzo con genialidad, matizando su actuación con detalles, miradas y una peculiar manera dalinesca de hablar. Inguanzo es una de esas actrices que quisiéramos ver con más frecuencia en los escenarios de Miami.

Rosie Inguanzo, Ariel Texidó y Carlos Acosta-Milián

La obra vislumbra elementos surrealistas, fragmenta la vida del poeta en el absurdo juego de la memoria y acentúa los recuerdos del personaje una y otra vez regresándolo al momento de su muerte. Aborda su muerte, la distorsiona en fracciones reconstruyendo el instante, deteniéndolo entre la tierra y la luna: la tierra que cae sobre sus restos y la luna que lo persigue en sus ‘sueños verdes’.

“Lorca en un vestido verde” es una excelente puesta en escena donde texto e imagen confluyen en un preciso y depurado discurso escénico. Un homenaje al poeta granadino, una reflexión sobre la vida y la muerte, y la perdurabilidad en la memoria colectiva.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Larry Villanueva y el juego serio del teatro

Larry Villanueva. Foto: Barb Barissa

Larry Villanueva is a force to be reckoned with as Tío Vania. He layers his character’s disillusionment and apathy with a form of buffoonery that borders on madness –a way of making his existential despair all the more marked.-- Mia Leonin (ARTBurst)
 
Rosie Inguanzo

Larry Villanueva nació en La Habana, Cuba y llegó a Estados Unidos por el puente marítimo del Mariel, en 1980. En Miami, donde reside, ha desarrollado una impecable carrera como actor y director, haciéndose querer y respetar por un público que lo sigue. En privado Larry es risueño y juguetón y hasta un poco infantil —lo que resulta conveniente para desempeñarse en la actuación; en público es respetuoso y reservado aunque asequible. Se inició en el teatro en el año 1984 de la mano Teresa María Rojas en su taller Prometeo, del Miami Dade Community College. Allí estrenó Persecución de Reinaldo Arenas, dirigida por Nilo Cruz. Ahora ha vuelto a trabajar con Nilo en Tío Vania de Chéjov, que acaba de concluir temporada en el Miami-Dade County Auditorium. Sus respuestas son un manual del actor.

¿Cuáles personajes de la vida o cuáles experiencias enriquecen particularmente tu trabajo? ¿Y cuál fue la primera semilla en tu camino de actor? 

Mi familia es el pilar de personajes que enriquecieron mis primeras observaciones del ser humano. Han sido todos ellos grandes musas para la creación de mis personajes. Para mi siempre fueron un teatro. Sus grandes emociones o sus respuestas inesperadamente campechanas me dejaban mirándolos hacia arriba y con la boca abierta. Mi abuela era una mujer simple con dicharachos que me dejaban riendo incluso momentos antes de quedarme dormido. Mi madre hace cuentos como si fuera una actriz y mi padre se parece a todos los personajes que he interpretado. Su sarcasmo doloroso y cínico ante todo momento en la vida es de tal delirio que no hay otra salida que la de entregarse a la carcajada. Siempre hubo inclinación por el drama en el hogar ya que del melodrama se amamantaron toda la vida. Prueba de esto son sus halagadoras citas del cine mexicano y norteamericano de los años cuarenta y cincuenta. Pero las primeras semillas en el arte escénico por supuesto fueron sembradas y fertilizadas por Teresa María Rojas. Con ella aprendimos, partiendo del método de Konstantin Stanislavski, que el teatro es un templo y se respeta como tal. Esa búsqueda por el buen texto, por encontrar la poesía en todas partes y por el amor al ser humano fueron cimientos internalizados y aceptados responsablemente por nosotros desde el principio.

¿Cómo incorporas a un personaje?, ¿cuáles técnicas específicas, manías o disciplinas te impones para abordar a un personaje; a tío Vania, por ejemplo?

La técnica que uso para crear un personaje varía dependiendo del rol. Lo primero que hago es vencer la letra mientras estudio los objetivos del personaje. También busco música, pinturas, fotografías, frases, simbolismos, etc., con los que acercarme al personaje y a la obra. Voy de adentro hacia fuera y de afuera hacia dentro como el latir de la respiración. Suelto y recojo, recojo y suelto. Después me entrego en el espacio escénico del ensayo con la letra casi vencida y dejo que me hable el personaje. Todo va moldeándose en la interacción con el compañero de escena y cómo va respondiendo. El actor no debe crear su personaje solo en casa y testarudamente llevarlo al ensayo como si él tuviera viseras a cada lado de la cara. Todo lo que se ha estudiado en privado debe exponerse a la química de ese compañero de escena a ver qué pasa. Un actor no es un ente aislado. El personaje debe responder como en la vida, sin ensayo. Soy amigo de la espontaneidad y no me impongo una sola manera de acercarme a un personaje; todas las noches busco un elemento nuevo respetando siempre el montaje del director. Hay un sinfín de maneras de actuar como hay infinidad de planetas y estrellas en el universo. Creo que la clave es fluir como el río. Un actor no debe imponerle al otro actor un movimiento o una forma para justificarse aunque piense que “está muy bueno” lo que se le ocurrió. Uno debe confiar en la inteligencia actoral interna, donde hay elementos mejores por explorar. De modo que uno tiene que estar listo al sacrificio de las ideas para abrir paso y acercarse a algo superior. Y digo acercarse porque nunca se llega al fin, como tampoco se llega al límite del universo. La temporada teatral se acaba y uno se queda con asuntos pendientes por resolver para el personaje.

 Villanueva como tío Vania. Foto: Julio de la Nuez

Es la segunda vez que encarnas a un ruso. ¿Cómo te acercas a esa cultura, qué entiendes de ella y que significa para ti?

Las obras de tema ruso que he interpretado tienen una universalidad que une cualquier continente. El drama humano está en todas partes sólo que a veces está escrito en ruso, en alemán o en francés. La buena literatura no tiene fronteras de idiomas. Después de haber visto Azúcar Amarga, una brillante amiga, Griselda Ortiz, me dijo que el tormento mío en Boby se acercaba a los personajes rusos. Como la cultura rusa siempre despertó interés en mí, leí Crimen y Castigo de Dostoievski, y me identifiqué mucho con la historia y con la vida interna de los personajes. Me propuse investigar por ahí y me cayó Cartas de amor a Stalin, de Juan Mayorga dirigida por Alberto Sarraín. El Stalin que me tocó interpretar aparece en la mente de otro personaje. Por tanto, eso me dio libertad de creación para el juego del teatro. Estudié su físico, manera de moverse, la frialdad detrás de su máscara y usé esos elementos llevándolos un poco a la parodia del dictador. Después me tocó el Pío Miranda en El día que me quieras de José Ignacio Cabrujas, también dirigida por Sarraín, y aunque este personaje no era ruso, tenía tanta admiración por Stalin y los bolcheviques que él mismo ya parecía ruso en su comportamiento. Habiendo vivido de pequeño en una Cuba invadida por los soviéticos pude llegar al corazón de Pío: un lagarto seco, resentido y con un discurso comunista caduco lleno de mentiras que él quería creer y hacer creer.

Larry Villanueva como Vania y Alexa Kuve como Elena. Fotos: Julio de la Nuez

Ahora ARCA me ofreció Tío Vania y es un honor poder acercarme a Chejóv, un lujo poco visto en nuestra ciudad. Me he propuesto darme el gusto de hacer papeles del gran teatro y todo va cayendo poco a poco. Yo creo que la carrera de un actor la define el tipo de trabajo que escoge hacer y aunque a veces tengamos que exponernos a otro tipo de producciones más ligeras y bordeadas de cursilerías, uno debe compensar esa falta con el buen texto y el teatro de envergadura.   

Cuéntame cronológicamente tu carrera de actor.

Mi labor como actor ya suma tres décadas de vida. He tenido la suerte de ampliarme en todos los medios comunicativos: Teatro, Televisión, radio y Cine. En breve, la cronología de mi trabajo actoral encabeza con Teresa (como ya te dije). Con ella comencé desarrollando mi potencial artístico y participé en muchas obras de diferentes géneros: desde el teatro de la crueldad y el absurdo hasta los clásicos del Siglo de Oro español, además de otras piezas contemporáneas: Los Melindres de Belisa de Lope de Vega, Álbum Familiar de José Antonio Santos, Persecución de Reynaldo Arenas, etc. A la par que trabajaba en el taller y me desarrollaba en la televisión, Teatro Avante nos daba oportunidades por las que siempre estaré agradecido a su director Mario Ernesto Sánchez. Allí fui dirigido por Alberto Sarraín, Rolando Moreno y el propio Mario Ernesto. Tres de las obras que destaco en mi memoria son La Chunga de Vargas Llosa, dirigida por Sarraín, Jesús de Virgilio Piñeira, dirigida por Moreno y Mirando al tendido de Rodolfo Santana, dirigida por Mario Ernesto. Además allí hacíamos talleres de dramaturgia de donde salió Madre Nuestra, coescrita por Rosie Inguanzo y Joaquín Baquero y dirigida por Rosie, producción de la que tengo un recuerdo profundo por su nivel experimental-expresionista y lúdico. A principio de los 90 tuve la oportunidad de ejercitarme frente a las cámaras en las telenovelas El Magnate, Marielena y Guadalupe; tres producciones de Capital Vision que abrieron la puerta a las telenovelas en Miami. Mientras ensayaba a diario por cuatro años frente a las cámaras, y fui seleccionado en una audición para hacer el papel de Boby en Azúcar amarga de León Ichazo. Después de otras producciones cinematográficas me di cuenta que me gustaba el trabajo detrás de las cámaras e ingresé en la Universidad de Miami en donde me gradué con una licenciatura en Comunicaciones con especialización en Cine y Artes Visuales, y una concentración en fotografía. Mi labor como cineasta todavía no ha pasado del intento. Tengo muchos guiones escritos pero aún no he encontrado el que merece ser realizado. Definitivamente mi fuerte es la actuación. Me dedico a la docencia desde el año 2006 en el taller Prometeo de Teresa María cuando ella me deja como heredero de su trabajo en el MDCC después de su retiro. Las cosas ahí no funcionaron y continué la llama ardiente del teatro con estudiantes más jóvenes en una escuela de arte en Coconut Grove fundada por Lili Rentería y Manuel Alonso Posch. Desde el año 2007 hasta hoy ahí he dirigido y formado a muchos adolescentes. Me alejé de las tablas y las cámaras por un tiempo hasta que tuve que prestarle atención al duende de la actuación dentro de mí. Los veranos me doy el lujo de vivir como un actor; llevo un compromiso conmigo mismo de continuar mi labor actoral.    

¿Qué personaje(s) te resulta(n) más entrañable?

Los últimos personajes casi siempre resultan entrañables porque en ellos hay una acumulación de madurez escénica. He disfrutado muchísimo a Vania, Stalin, Pío Miranda, la Madre (Madre Nuestra), Boby, Lituma, Don Juan. Escoger entre ellos sería como preguntarle a un padre cuál es su hijo favorito.  

Cuéntame de los inicios de ARCA con Alexa.

Fundé con Alexa Kuve ARCA Images a principio del 2000 con obras infantiles y algún atrevimiento mío como escritor en Allá Afuera Hay Fresco, pieza influenciada por el absurdo, el surrealismo y la tragicomedia, que presentamos en el Centro Cultural Latin Quarter que dirigía Tony Wagner y Miguel Angel Abadía. Después se sumó Nilo Cruz a la compañía empujado al grupo en una dirección con más constancia de producciones.    

¿Cómo trabajas con Nilo?

Trabajar con Nilo en Tío Vania fue un rencuentro muy grato. Es un artista diferente con puntos de vista sobre el arte muy propios. El proceso de ensayo fue muy armónico y a sus propuestas siempre le saqué provecho. Creo que él también me sacó partido en ese dar y recibir entre el actor y el director. Fui un instrumento de su visión porque me entregué en el acto a sus ideas de una manera muy juguetona. Esa fue la clave para entendernos. A él le gusta mucho el juego y el teatro es jugar seriamente.   

¿Qué nutre a un actor?

A un actor lo nutre la vida y la búsqueda por lo sublime en ella. Creo que eso hace a un artista. Siempre hay que elevarse por encima de lo mundano, buscar la metáfora en todo, flotar como una flor de loto en un estanque sucio. Hay una palabra en inglés para la que no hallo traducción exacta aunque exista en castellano: “choice” tiene más fuerza que elección. Lo que uno elije en la vida como actor determina quién es uno como artista. De modo que si elegimos la educación, eso enriquecerá más nuestro trabajo porque tendremos mejor arsenal de donde sacar a la hora de crear un personaje.    

¿Comedia o tragedia?

Definitivamente la tragicomedia porque ella encierra a la vida de una manera más fiel.    

Te dedicas a la enseñanza dramática, ¿qué significa para ti y cómo la compaginas con tu trabajo de actor?
  
Mi vida como educador me ha enriquecido muchísimo como actor. Creo que había un plan divino en todo esto. Tenía que hacer este servicio con los más jóvenes para adquirir madurez. A través de mis estudiantes he visto la vida de otro modo y se afincan mis convicciones en el arte. He madurado un poco parándome a diario frente a una clase y tomando las riendas como el capitán de un barco. Ahí cumplo una responsabilidad conmigo, con ellos y con el teatro.

martes, 12 de julio de 2016

¿Es el microteatro el McDonalds del teatro?

Il Tartufo de Molière

Rosie Inguanzo

Microteatro es al teatro lo que un cortometraje es a un largometraje. La convención cinematográfica de más de cien años estima que un filme ha de durar al menos 60 minutos de modo que pueda desarrollar una narrativa. Una relación similar se da entre la novela y el cuento —considerado éste último un género menor, lo que no quiere decir que no se escriban cuentos magníficos y novelas malas.

Igual sucede con el teatro; éste necesita una gama dramática que se consigue con tiempo. Tiempo de preparación y progresión dramática para desarrollar personajes y todos los elementos que componen una obra. El teatro no puede hacerse en 15 minutos. Evaluado desde el punto del vista del teatro, el microteatro es ejercicio de estilo.

Un argumento a favor del microteatro es que atrae a un público sediento de consumir cultura y lo expone al "teatro". He visto microteatros buenos. Aunque éste es un género menor debido a las limitaciones intrínsecas del medio; a saber, la ya mencionada brevedad y la demarcación espacial.

"Las otras", Microteatro

Otro argumento a favor del microteatro es que se presentan textos inéditos. Sí y no. Dar oportunidad a nuevos dramaturgos es válido, pero no confundamos la originalidad con lo inédito. Un texto inédito no se ha escenificado antes; un texto original aporta algo nuevo y relevante al estilo que le precede. Siendo el texto el punto de partida, es fundamental que se exija calidad. Lo inédito solo no garantiza una buena puesta ni fomenta una nueva dramaturgia.

El rigor dramatúrgico vendría dado por un comité seleccionador calificado y con experiencia, que planteara recomendaciones al escritor novato. La brevedad y la agilidad rotativa del medio no están divorciadas de la calidad; ejemplo de ello son las obras cortas de Molière u Osvaldo Dragún (que generalmente se presentan agrupadas). Es lamentable que microteatro no acepte obras breves del teatro clásico y de autores contemporáneos reconocidos.

Al microteatro se acercan de vez en cuando actores de probada carrera (por razones económicas más que artísticas), aunque atrae a más actores mediáticos sin entrenamiento técnico ni dominio del instrumento actoral. Pero el buen arte no es facilista y el actor que se respeta no se la debe ver fácil. Porque el talento por sí solo no hace a un buen actor; el entusiasmo tampoco. Un actor necesita formación — palpable desde que proyecta la voz hasta su presencia escénica— por respeto al público.

Microteatro

El mismísimo Centro Cultural Español de Miami parece cuestionarse su papel en todo esto como sede del microteatro, cuando apuesta a la formación de actores. Me consta que el CCEMiami promueve un programa formativo; participé en un taller cervantino excelente impartido por José Luis Arellano y su asistente Andoni Larrabeiti. De manera que un mejor microteatro hipotético, además de promover el desarrollo profesional sostenido de actores y teatristas (que lo ha hecho), debe seleccionar mejor a sus actores.

¿Qué haría al microteatro mejor? Menos banalidad y más bagaje. Aunque la banalidad puede darse en el kitsch o en una farsa deliciosa, la banalidad no debe ser un accidente sino una búsqueda estética consciente. Asimismo, el microteatro se beneficiaría si todos los involucrados participaran de una dinámica crítica exigente. Un mejor microteatro hipotético debería existir en relación a una labor crítica seria. Es lamentable que lo que se observa hoy es mucha publicidad y poca crítica. Hace falta crítica separada de la publicidad. El crítico está en el deber de decir lo que no está bien y lo que no le gusta, justificando por qué. Quede claro, la función de la crítica es mejorar la profesión; la función de la publicidad es atraer público.

Concedido que el microteatro es un género menor (y muy válido); pero pudiera ser un gran género menor que acrisolara a la comunidad teatral de Miami.

sábado, 9 de julio de 2016

Micro Teatro de Miami: ¿arte o entretenimiento?




Laura Pérez

Atendiendo la invitación de unos amigos, hace unos días fuimos al Micro Teatro de Miami. Parece ser que es una novedad cultural por cuanto son presentaciones que duran 15 minutos y se llevan a cabo en unos contenedores donde escasamente caben quince personas por función. Mis amigos y otros con quienes nos encontramos allí (incluyendo a un crítico teatral) expresaban su “contento” porque al fin había una forma de acceso de las clases populares a la alta cultura (aunque aún no sé exactamente qué significa este término para ellos). Bueno, siento decepcionar a los amigos y simpatizantes, pero ni teatro ni “alta cultura”. Obviamente, esto no es agradable para quienes están involucrados en este movimiento, al cual se le puede otorgar el crédito de lo simpático que es meterse en unos contenedores y jugar al teatro; también hay algunos buenos actores de televisión, buenos comediantes al mejor estilo de la Stand Up Comedy, y en general resulta, repito, una simpática forma de entretenimiento. Pero, TEATRO, no creo. Las propias limitaciones del medio no califican. Quizá en mi natural rebeldía, siempre he creído que el arte debe intervenirnos, atravesarnos, partirnos, aliviarnos, dolernos. El teatro castiga nuestros sentidos porque nos enfrenta al mundo, despierta nuestra sensibilidad y por ello creo que nunca podemos salir ilesos o incontaminados cuando nos encontramos con él. Porque el arte es telúrico, debe conmovernos, hacernos temblar hasta derrumbar las defensas de nuestros sentimientos, creencias, principios…de nuestra lógica. Más que nada, el teatro no es el trasvase de patrones televisivos a las tablas… o cajones… o plazas… o cualquiera sea el escenario que se adopte. Estoy consciente que no todo lo que se hace sobre las tablas es teatro, y también de que no todo el teatro puede llegar a ser arte. Sin embargo, y como bien lo dijera nuestro amigo Immanuel Kant, una parte del conocimiento a priori del mundo proviene de una estética, entendida ésta como una “sensibilidad” que nos permite estructurar nuestro mundo, nuestras percepciones, nuestros significados y sentidos del mismo. Esa estética, esa sensibilidad no estaban allí en los contenedores la noche que fuimos. Finalmente, quiero aclarar que mi postura no implica que lo que allí se hace sea malo o mediocre, no; sólo que no es teatro sino show, espectáculo, entretenimiento bastante mediático y comercializado.

martes, 8 de abril de 2014

Fifi and Lybia Reloaded - Entrevista a Frank Quintana


Rosie Inguanzo entrevista a Frank Quintana

¿Cómo empezó todo, tu vida en el teatro? ¿Escogiste el teatro o te escogió a ti? 

¡Me escogió! Desde pequeño me gustaba hacer reír e imitar a personajes y escenas de la televisión para mis amistades y familia. Era uno de esos niños “payaso de la clase”. Hacía entrevistas sobre la taza del inodoro alternando como entrevistador y personaje célebre—me di muchos premios. Siempre deseé ser actor; a escondidas de mis padres, quienes no querían que fuera artista, tomé clases de actuación y teatro en Miami Dade College, entre ellas una clase para principiantes con Teresa María Rojas, y me enamoré de la magia del teatro. De una vez me invitó al taller de Prometeo y fue como entrar en un lugar sagrado. Hice ejercicios y me involucré en las producciones hasta que protagonicé Jacobo o La Sumisión, de Ionesco, dirigida por Larry Villanueva. Desde entonces nunca dejé de hacer teatro. ¡Me enamoré! Se convirtió en mi pasión, mi refugio, y por cursi que suene, mi salvación. El teatro me dio un propósito más grande que yo mismo.

¿Qué ha significado dirigir para ti? 

Descubrí la dirección de manera intuitiva, en el taller de Prometeo. Empecé a dirigir escenas con buenas críticas y un buen día, penando una ruptura amorosa, escribí Fifi and Lybia, para plasmar y sacar todo aquello de adentro, el dolor y la confusión; tratando de darle sentido y significado para no sufrir en vano, sin fruto… y di luz a este pieza, que sigue viva.

¿Hay tipos de actores? ¿Cuáles prefieres? 

Prefiero los actores que interiorizan, apasionados, entregados, orgánicos, disciplinados, trabajadores y con talento o “maderamen”, como decía el maestro Francisco Morín.

¿Cuál personaje te ha gustado más encarnar? 

Rosita, en Fango Negro, que hicimos en Prometeo en un autobús ambulante; ahí pude darle riendas sueltas a mi forte, que es mi vis cómica, aprendí a soltarme e interactuar con el público. A Jacobo también le tengo mucho amor, porque fue el primer personaje que interpreté en Prometeo, donde descubrí penetrar a un personaje, encarnarlo. Porque ser actor es dar vida a otros seres, entender la piel del otro, amar a la humanidad.

¿Cómo crees que ha evolucionado el teatro en Miami? 

Sigue creciendo… pero aún creo que carece… carece.

¿Cuál es mejor consejo que das a un actor? 

Entrega total, rendirse al personaje, no se puede intelectualizar, hay que entregarse de lleno, con todo los sentidos, convertir al personaje en una obsesión.

Háblame sobre la obra y el equipo, ¿quiénes son los actores? 

Fifi y Lybia son dos chicas excéntricas, extremadamente individualistas y nada convencionales. Son además complementarias, ying yang, las dos máscaras del teatro… enfrentadas ambas a lo incógnito de esta vida, ayudándose en darle algún significado al absurdo existencial. La obra es una tragicomedia que trae saudade, absurdo, pinceladas sentimentales. En la nota de prensa puede leerse:

Fifi y Lybia Reloaded (recién recargaditas), cuenta la historia de dos excéntricas mujeres que viven entre lo real y lo fantástico. La obra de Quintana abarca reflexiones sociales y filosóficas, algo absurdas, pero siempre salpicadas de fino humor negro. ¡Acompáñennos! Gina Díaz, como Fifí, Vanessa Elise como Lybia y Jair Bula como Tomatico. Será un juego teatral casi casi alucinante.”

A Fifi la interpreta Gina Díaz, una actriz colombiana con una dedicación admirable. Lybia es interpretada por Vanessa Elise, una actriz con una sorprendente organicidad. Jair Bula, con quien he trabajado antes en Prometeo en Ms. Tessa Triff has been drinking!, es “El hombre en la televisión” y Tomatico, dos personajes delirantes y deliciosos.
El productor Santi Sierra, también ex Prometeico —nos encontramos en Facebook, me recordó la obra cuando estrenó en Prometeo en el 2000 y me propuso producirla. Mis asistentes de dirección (a quienes les estoy muy agradecido), son Bona Jesurum, una amiga leal (quien fuera asistente de dirección de Teresa y mía en el antiguo Prometeo), y Carmen Rubio. Es como una especie de reunión de ex Prometeicos, conspiradores, ángeles en este viaje. Todos colaboran por amor al teatro, dando de su tiempo y de sí. De pura fe y generosidad, Yoshvani Medina y Yenilen Mola nos han abierto las puertas de su teatro ArtSpoken.

¿Qué autores han marcado tu dramaturgia? 

Me han marcado Christopher Durang, A.R. Gurney (traduje y dirigí su pieza The Rape of Bunny Stuntz o La Violación de Bona Cortada); Dorothy Parker (también escribí y dirigí una pieza en Los Ángeles inspirada en su trabajo e incorporando, hilvanando retazos de su obra: An Evening with Dottie; Abelardo Estorino, Virgilio Piñera, César Vallejo, también Fellini, Derek Jarman y Almodóvar…ahora mismo tengo de cabecera a Sylvia Plath, Pura del Prado y Marguerite Duras… como mis protagonistas, que son mujeres apasionadas, enamoradas, risueñas, trágicas, suicidas. Porque estoy con los desplazados, los oprimidos o reprimidos, los underdogs. Me han marcado mi maestra Teresa María Rojas y me has marcado tú. Dirijo como actor, sintiendo los personajes, imaginando sus monólogos interiores, agregándole el ojo estético y el ritmo, mi ritmo, lo delirante y lo patético.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Tierra de fuego en el Lehman Theatre

Amílcar Barca

En los años setenta en plena época de violencia y atentados terroristas en Medio Oriente, un avión de la compañía israelí Al Hal es secuestrado por un comando palestino cuando aterriza en Londres. En el altercado muere uno de los dos terroristas y una azafata. Sobrevive otra tripulante, Yael (Vanessa Zolari), y el asesino Hazan (José A. Mesa). Veinte años después, en el estado de Israel, gobierna Sharon y han pasado muchas cosas. Yael, una mujer que entiende por vivencia propia el conflicto árabe-israelí y que está a favor de su resolución, decide escribir una carta a su agresor para averiguar el por qué de su motivo. Entonces, decide ir a Londres y visitarlo en la propia cárcel. Después de mil y un sinsabores con su esposo Ilan (Manuel Hernández), su papá Dan (Wiston González) y la madre de la azafata muerta, Guela ( Lizaida Mansito), Yael toma diligencias sobre el asunto mientras es alentada por el abogado de Hazan George Walid (Reinaldo González) a firmar una carta para mejorar el estado de Hazan en la prisión.

Al final, el espectador sacará sus propias conclusiones sobre lo que quieren decir los temas principales de que trata: los derechos humanos, la justicia social y la política en ambos lados.
Bajo este título convergen dos significados distintos: Un lugar mítico y pacífico, es decir un espacio real ubicado en Argentina donde Hazan depositará sus sueños heredados de su abuelo “algún día me gustaría ir allí”, y la realidad del día a día que vive/vivió él y su víctima, Yael, durante su infancia en Palestina e Israel, respectivamente.

Este fin de semana, tienen la última oportunidad de ir a ver este magnífico drama en nuestra ciudad por $0 pesos. De verdad, la recomiendo con los ojos cerrados. Este eterno conflicto, bien lo merece. Una recomendación: pongan mucha atención al texto…es una auténtica tesis del autor basado en un hecho real.

Tierra del Fuego. Autor: Mario Diament. Director: Max Ferrà
The Lehman Teatre.
11380 NW 27 Ave. Miami, Fl 33167 / MDC North Campus
Viernes y Sabado 8pm. Domingo 5pm.
Último fin de semana 1, 2, 3 de Noviembre, 2013
Totalmente gratuita y apta para mayores de 13 años.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Top Drawer @ MDCounty Auditorium


La obra Top Drawer, de Adelaide Mestre, que ella subtitula Historias disfuncionales y redentoras desde Park Avenue hasta La Habana, y que se estrenó en el Festival Internacional Fringe de Nueva York en 2011, es un emotivo recorrido musical sobre una vida de privilegios y secretos, un viaje autobiográfico que comienza en el barrio pudiente al este de Manhattan y nos lleva hasta las calles de La Habana Vieja en Cuba.

Empeñada en recuperar la historia de su familia, la escritora y actriz Adelaide Mestre sale en busca del piano de su difunto padre. Lo encuentra en la embajada de Bulgaria en La Habana. Lo que sigue es una crónica de su vida mientras crecía en el seno de una familia excéntrica con su padre -un concertista cubano gay y además maniaco depresivo -, y su madre -una voluntariosa dama de la sociedad nuyorquina y cantante de ópera. La extraordinaria vida de Mestre se presta para crear una experiencia teatral fascinante.

Entre narración y canto, con sentimiento y mucho humor, Mestre comparte con el público el dolor y la zozobra, como también su amor por la música y la familia que culmina en una historia de triunfo y esperanza mediante la comprensión y el perdón. Con Top Drawer, usted llorará, se reirá,,, y quien sabe si hasta se lance a cantar...

jueves, 5 de septiembre de 2013

3 razones para ver Fango en Miami



"Fango es una obra profundamente humana, llena de violencia y ternura, de simpatía y dolor. Fango denuncia como las sociedades contemporáneas viven ajenas a la vida marginal a que han sido sometidos muchos de sus ciudadanos. Fango es una obra intensa, llena de emociones y situaciones sorpresivas que movilizan en el espectador mucha energía. Y agregaría una cuarta: Fango mostrará tres trabajos de actuación de gran rigor y efectividad." (Aimeé Barat-Asesora Literaria)

"Fango’s talented cast members execute their roles with raw energy and
skill as they luxuriate in the play’s metaphors of mud and filth. Mar
hopes that by taking literacy classes at the local community college
she will eventually “die clean” in a hospital wrapped in crisp white
sheets. She curses Lino for his dirty ways and predicts he will die
rotten and putrefied." (Mia Leonin -The Miami Herald)




"Sarraín apuesta por un teatro difícil y necesario. Se apropia del texto y lo revela con una dinámica enérgica y salvaje, haciendo de los espectadores testigos cómplices." (Mayra Marrero -El Nuevo Herald)

lunes, 22 de julio de 2013

Una leyenda hace mutis

Foto: Pedro Portal
Myriam Acevedo fue icono alternativo de la escena cubana de los sesenta. Dueña de un histrionismo novedoso que afinaba con la devoción underground hacia el existencialismo europeo profesado en ciertos cenáculos habaneros, poco tuvo que ver su temperamento con las movilizaciones agrícolas, los gritos de paredón y los broncos discursos que tronaban en la otrora Plaza Cívica. Fue voz contestataria, emblemática en la bohemia insular. Protegió a los artistas en desgracia. Apoyó a desplazados como Virgilio Piñera a quien se asoció para revitalizar de manera innovadora el género del café-concert en El Gato Tuerto. Se desencantó tempranamente de las promesas políticas, al igual que otros tantos, y salió de Cuba en 1968, dejando con su partida un vacío enorme en el escenario que siempre se les antojó temporal a los que no podían concebir que longevidad y tiranía se reunieran en una misma certeza traumática. 

Esta segunda partida, ahora definitiva, la reafirma como mito generacional. Sus actuaciones memorables se preservan en la narración de aquellos que disfrutaron de su ángel escénico. Ellos darán referencia de su intensidad humana, de aquel carisma excéntrico y la elegancia avant-garde que la convertía en una suerte de Juliette Greco caribeña. Juliette fue musa de los existencialistas parisienses. Myriam fue inspiración para Sartre cuando éste viajara a La Habana a montar La ramera respetuosa. Algo de destino común merecieron ambas divas en sus respectivos espacios. Pero Myriam es una leyenda que inconfundiblemente pertenece al trópico. Bastará recordar el huracán contenido en su talento enigmático y la espontaneidad con que permitía que el escenario se prolongara irrefrenable hacia la realidad. Un carácter excepcional, según los que la conocieron de cerca. De esas presencias, mitad mundo, mitad teatro, cuya energía continuará pujando invariablemente aún terminada la vida. (JR)

sábado, 21 de abril de 2012

Cartas de amor a Stalin: tragicomedia fantasmagórica sobre el espectáculo del poder

 Larry Villanueva, foto: Julio de la Nuez
Rosie Inguanzo

A la entrada, Carmen Díaz (cómplice del director), auguró con tres adjetivaciones: Mauricio conmovedor, Mabel cumple su cometido con creces, Larry apabullante. Cuánta razón en ello. Y es que cada personaje ha debido ser precisamente lo que vemos sobre el escenario. Mabel Roch, como Elena Bulgákova –quien en primera instancia nos pareciera maquillada “demasiado bonita”, para luego comprender el ardid del director (y del maquillista) de presentarla como la musa, la amada impoluta, muñeca de lujo en el fichero íntimo del escritor—aborda su personaje con gran delicadeza emocional. La sensibilidad de sus manos para fijar compasión y belleza en la escena. La nobleza de su debonnaire y exquisito atuendo de visón y terciopelo contrastan con el derrumbe físico y psicológico de su esposo. El rostro limpio de Mauricio Rentería (que a buena casta de actores pertenece), enjugado en lágrimas –emoción que mantuvo como una nota, sostenidamente, con devastadora sinceridad.

La obra de Juan Mayorga es astuta y reflexiva, oscilando entre el teatro dentro del teatro, la biografía ficcional y la denuncia política. El recurso metaficticio presenta a un escritor acorralado, lidiando, literalmente, con los fantasmas de su propia vida. La señal de la censura, el bochorno público, la asfixia, la aniquilación del individuo dentro de la maquinaria de la dictadura, son temas universales y atemporales. La dirección de Alberto Sarraín tiende una mirada clemente al matrimonio asediado. Lo comedido de su puesta elude rellenos de artilugios sin privarnos de momentos de gran efecto y belleza: un dedo imperativo que impone el terror, una lluvia de papeles en blanco, conversaciones vigiladas, animaciones dobles, cartel populista. Dentro de la plástica del montaje, Sarraín se reserva la mejor tajada estética para el personaje histriónico del máximo líder: la nieve magnífica sobre el cadáver del tirano, mejora aquella fotografía de Stalin embalsamado en el inconsciente colectivo, constatando la naturaleza imperturbable de la que estamos hechos. Así el director ilustra su última metáfora: Bulgákov y Bulgákova mancillados por el discurso hegemónico; Stalin igualado por la cualidad fugaz de la existencia.

Larry Villanueva elabora un Stalin con el rigor del mejor artesano. La estudiada caracterización, gestualidad arquetípica, el degustar de cada bocadillo, el dominio escénico con que deshace y rehace los cuadros, en escalada emotiva, como quien manipula muñecas matrioskas de menor a mayor escala, equidistante a un personaje diabólico y una historia funesta. El talento de un actor inteligente administrado en la mirada, a saber bonachona (hasta el punto de ganarnos muchas simpatías culpables), inquisitiva, de predador agazapado.

Sarraín nos presenta con una encrucijada interesante: el espectáculo del poder donde Mijaíl parece que va a sucumbir a Stalin, pero donde siempre gana la creación artística. Hay un baile casi homoerótico con el poder (entre Bulgákov y Stalin), donde el artista, exhausto, se deja llevar a casi 20 años de ostracismo. De hecho, Bulgákov nunca sucumbió al carisma de su célebre admirador (y el sanguinario Stalin curiosamente le perdonó la vida); esgrimiendo sus cartas –medio auténtico con que dar la cara –disyuntiva del artista que nunca llega a doblegarse: en la misiva el me dejas escribir lo que quiero o me dejas irme. Hay una esencialidad conceptual en la puesta: el verdadero arte no puede, no debe comprometerse. Muy buen trabajo de equipo aviva esta tragicomedia fantasmagórica que no debes perderte.

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"Cartas de amor a Stalin" de Juan Mayorga
Teatro Abanico
3138 Commodore Plaza, Coconut Grove
Funciones: viernes y sábados 8:30 p.m., domingos 5 p.m.
Hasta el 13 de mayo
(305)993-9657

jueves, 23 de junio de 2011

Akuara Teatro presenta a Artefactus Teatro en...

Obba, una producción escénica basada en la leyenda yoruba sobre el orisha, recreada por la desaparecida escritora cubana Excilia Saldaña (La Habana, 1946-1999). La pieza está en escena desde el 17 de junio al 3 de julio en la sala Avellaneda, sede de la agrupación Akuara Teatro en el Bird Road Art District.

jueves, 2 de junio de 2011

"Si vas a comer espera por Virgilio" en TEMS


La relación entre el legendario escritor cubano Virgilio Piñera, en el ocaso de su vida, y el muy joven dramaturgo José Milián desató todo tipo de comentarios malintencionados dentro del mundillo intelectual habanero de hace cuarenta años.
En "Si vas a comer espera por Virgilio", Milián revive algunos de aquellos encuentros "escandalosos" entre él y el difunto maestro en una pieza evocadoramente emotiva y llena de humor.
"Si vas a comer espera por Virgilio" subió a escena a partir del viernes 27 de mayo en Teatro en Miami Studio en una producción de Maroma Players con Gerardo Riverón encarnando a Virgilio Piñera, Ariel Texidó como el joven Milián y la actuación especial y dirección musical de Jorge Hernández , con diseños escénicos, dirección artística y producción general de Rolando Moreno.

Si vas a comer espera por Virgilio
Viernes y Sábados 8.30 PM
Teatro en Miami Studio
2500 SW 8 ST, Miami FL 33135
PH - 305.551.7473
www.teatroenmiami.org

viernes, 8 de abril de 2011

Academy of Arts & Minds Theater presents: "False Alarm"


"False Alarm" is being presented April 8 and 9 at 8:30 pm each night at the school's Abanico Theater. The play was written by Virgilio Pinera and directed by Larry Villanueva. It stars Juan Orozco, Neylin Musa and Danny Dominguez.

Teatro Abanico: 3138 Commodore Plaza.
Adults $12; Students $3; Other Students $5. 
Tickets will be sold at the door.
For more information please call 305-448-1100.

sábado, 19 de marzo de 2011

Estrena hoy: La retirada de Moscú


Rosie Inguanzo

Teresa María Rojas lleva la cháchara cantante de un desasosiego raigal, mujer que es toda nuestra entraña, parloteo inaudito, embestida jacarandosa, metralleta atropellada de nuestras inseguridades. Dispara hasta abocarnos conmovidos a la aceptación de la hecatombe, la vida y sus paradojas. Jorge Hernández es el marido que aguanta la diatriba interminable hasta hartarse. Javier Siut es el hijo de ambos. Servida en un trío de primeros actores, la vida y su mal entendido. La vida y su desvivir a pedacitos, su dulce acíbar. Un reguero de sillas –que mientras más regadas y más pateadas por los actores, más atravesadas en sus caminos truncados -prendidos a una felicidad asida con alfileres -más convencen del estorbo. La tramoya rosada se derrite como algodón de azúcar en la boca, revelándome el concepto del director Rolando Moreno: somos personajes de una novela rosa. Teresa nos recuerda que una siempre podrá inventarse el asidero, cuando ese desorden de la realidad nos deja sin aristas. Y el que pueda que se invente una torre de sillas -que son posaderas donde asentar el peso con que llevamos nuestra menuda soledad, el descanso del guerrero. Que nadie se deje engañar por el título que no hallará épica soviet. La obra nos vierte al perdón y a la tristona alegría, ofreciendo, al mejor postor en la sala de lunetas, el más grande consuelo.

miércoles, 20 de octubre de 2010

"La mujer de Antonio" (fragmento)

Grettel Trujillo/ Foto: Pedro Portal
Frank Quintana 

¿Cómo me veo? Joven dígame la verdad… ¿Sería tan amable de decirme qué hora es? Demasiado tarde, lo sé. Antonio no vendrá. No puede venir porque ya vino, porque ya estuvo aquí y no va a volver, me lo dijo. Cuando llegó no lo sentí entrar. Yo estaba parada en el balcón, mirando como a la luna le faltaba un pedazo... No se movía ni una hoja, los huéspedes del motel estaban calladitos. Sin embargo la luna me tenía hechizada y no lo sentí llegar. Me agarró desprevenida, con un abrazo tan fuerte que casi no podía respirar. Enterró sus uñas en mis hombros. Mi corazón se detuvo. Pero, él no me soltaba. Me dijo: “¿Estás desesperada? ¿Estás desesperada? Voy a tranquilizarte de una vez. Esto es lo que necesitas.” Y empezó a desgarrarme la combinación violentamente. No sé de dónde saqué fuerzas para decirle que no, que así no. Todo era irreal, como la escena de una telenovela. ¡No! ¡Así no Antonio! “No te hagas la idiota”, me dijo. “¿Para que montaste ese drama telefónico? Voy a satisfacer tus cochinadas sólo esta vez.” Y me advertía amenazante con el dedo de la mano izquierda mientras que con el de la derecha me quitaba las bragas de un tirón. “Nunca más vuelvas a molestarme.” Comenzó a morderme los senos como hacen los caníbales. Logré escapar por un milagro de la concentración y llegué hasta la mesita de cristal, agarré el candelabro que nos regalaron el día de la boda y lo golpeé en el mismo centro de la cabeza y le volví a dar, y le dí y le dí y le dí una vez más, completamente descontrolada. (Pausa y balbucea) Mi Antonio empezó a desangrarse por los oídos. Un chorro de sangre le brotó de los ojos. Todo él era sangre, la pared era sangre, la alfombra, el cenicero. Sus ojos verdes se volvieron rojos. Canta y llora “Y no saben la tristeza que en mi alma han dejado, aquellos ojos verdes que nunca olvidaré…” No sé cuanto tiempo transcurrió antes de que me decidiera a bañarlo. Aún tenía puesto el anillo de compromiso... Lo puse bajo la ducha, con el agua tibiecita, como a él le gustaba y lo dejé ahí, lavándose. Limpié la casa y guardé en mi joyero los trocitos de cráneo que se habían quedado pegados al candelabro. Quemé la alfombra y la ropa, que estaban empapadas de sangre, en la barbacoa que tenemos en el patio. Luego lo sequé con ternura. No saben cuánto esfuerzo me costó. ¡Ay, Dios mío cuánto pesaba Antonio! Le eché talquito y lo vestí con su pijama de seda, la blanca de rayitas azules. Subirlo a la cama fue una heroicidad, pero por fin pude acostarlo a mi lado. Dormimos como nunca. Al día siguiente me di cuenta que nuestra relación tampoco podía funcionar de esa forma. Porque si algo tengo yo es que soy muy realista: No puedo entregarme. Me darían cadena perpetua. Por otra parte, no soportaría la silla eléctrica. Así es que llegué a la conclusión de que lo mejor era encubrir el hecho. No dejar rastro de lo que había sucedido. Afortunadamente recordé un capítulo de CSI que había visto vía satélite. ¿Conocen el programa? Yo soy asidua, no me pierdo ninguno. Me encantan los crímenes y los médicos forenses. Bueno, en ese capítulo que les mencionaba, el protagonista era un cazador que tenía que deshacerse del cadáver de su amante, que era primo hermano de su mujer. Pues ¿creerán que hizo lo mismo que con los animales que cazaba? ¡Que abusadores son los cazadores! Por eso yo soy vegetariana. Bueno, como les iba diciendo, el cazador asesino metió al amante muerto en la bañadera, lo cortó en pedacitos, y lo dispersó en nueve bolsas de basura que lanzó después a un canal, sólo visitado por los mismos cocodrilos que a veces él cazaba. Entonces recordé que mi amiga Mirtica me había regalado un cuchillito japonés muy filoso, de esos que cortan un pelo a la mitad, marca Sunsuki… ¿cúal era el nombre? Un cuchillito magnifico, los recomiendo de todo corazón. ¿Por qué me miran así? Si hay algo que no pudiera soportar sería el rechazo de mi público. Sin ustedes no existo. Por favor, no me juzguen mal. Todo lo que he hecho ha sido por ustedes. ¿No me creen? Me están juzgando. Por favor, cierren los ojos. Hagan como que no me ven. (Llora) ¿Qué quieren de mí? Estoy dispuesta a aceptar lo que ustedes dispongan. ¿Quieren que me entregue? ¿Que me encierren en la cárcel o en un manicomio? ¿Que me achicharren en la silla? Bien. Llamaré a la policía. Mejor que llame alguien del público. Usted, usted mismo, ¿puede ayudarme?

viernes, 30 de julio de 2010

Understanding Teatro Buendía

El regreso de la vieja dama

Mayra Marrero 

El pasado viernes, pese a la amenazante Tormenta tropical Bonnie, el Teatro Manuel Artime llenó sus butacas con un público curioso por reencontrarse con un grupo de teatro de referencia obligada en el espacio teatral cubano de la isla, Teatro Buendía. Para los que ya lo conocíamos desde aquellos mágicos años ochenta, era curiosidad salpicada de nostalgia por una época de renovación, experimentación y búsqueda dentro del ambiente creativo. Flora Lauten, con un grupo de egresados del Instituto Superior de Arte, fundó Teatro Buendía en 1985 y comenzó a sembrar la semilla de su Teatro-Laboratorio, donde no es sólo un grupo de actores, músicos e investigadores que participan, sino es un grupo que colaboradora entre sí e intercambia posiciones dentro del proceso creativo. Lauten ha enriquecido su trabajo y a lo largo de los años se le identifica por su poética teatral, fundamentada en las escuelas de Grotowski y Eugenio Barba, las cuales tienen en común el cuerpo del actor como centro de la representación. Sin embargo, Barba, en su conocida Antropología Teatral, estudia el comportamiento del hombre a nivel biológico y sociocultural cuando éste se encuentra en una situación de “representación”. Agréguesele además que Flora Lauten enfrenta su proyecto, creando su propia alquimia teatral a partir del estudio de las tradiciones cubanas, la gestualidad y ritualidad que nos caracteriza: música, danza, palabra, gesto, jerga. Entrena al actor a partir de la búsqueda de su identidad, para deconstruirla en la representación. Con la creación de su grupo/taller no crea individualidades, sino que fomenta actores-músicos que colaboran e intercambian posiciones dentro del proceso de análisis e investigación de un texto o de una futura puesta en escena. “El regreso de la vieja dama” de Friedrich Dürrenmatt, con versión de Raquel Carrió fue la obra escogida por Teatro Buendía para su debut en el sur de la Florida. En la obra de Dürrenmatt, Clara regresa a “Güllen o al Pueblo donde se cultiva”; en la versión de Carrió, Clarita regresa a Gula (aludiendo uno de los pecados capitales descritos por Santo Tomás), al pueblo donde hay un placer desmedido por comer y beber. Clarita regresa para ayudar y cumplir un sueño de venganza. No ha podido olvidar, y ha perdido la capacidad de perdona. A partir de ahí la referencia a las tradiciones y contexto socio-cultural, los hábitos individuales de percepción del público variado, permiten la descodificación del texto dramático y de imagen, para adentrarse en la representación como un espectador activo, capaz de teorizar y desentrañar el tejido de conexiones y asociaciones que propone la puesta. Esta tragicomedia en la tradición del cabaret, nos trae una suerte de” Moulin Rouge” –tropical -recurso escénico disociativo y referencial- a los isleños que nos tomamos con desenfado la vida y hasta la muerte. La ubicación de este cabaret - trágico en un ambiente pretensioso de plumas, sombreros, pieles y capas, música pasional y estremecedora, lo emparienta a la cultura del sufrir riendo, al arte sentimental o al más genuino Kitsch. La artesanía teatral de Flora Lauten y su Teatro Buendía nos regaló una puesta en escena que evidencia la madurez del grupo: la preparación actoral indiscutible, la unidad en las actuaciones, lo certero en sus movimientos escénicos, el uso de los recursos escénicos con precisión, la voz de Ivanesa Cabrera e Indira Valdés en sus dos personajes, la capacidad corporal e interpretativa de Sandor Menéndez, y la correcta proyección de Alejandro Alonso. Dania Aguerreberrez se mostró tranquila, segura y sin alardes. De Leandro Sen destaca su corporalidad. De Carlos Cruz, su histrionismo. Todos ellos son los portadores del resultado de años de investigación teatral y búsqueda de un lenguaje propio al entorno geográfico en que se desenvuelven. La música es parte fundamental de esta dramaturgia y mérito de Jomary Hechavarría y Vidal Ricardo Labarca. Este teatro–cabaret-cámara se hubiera beneficiado de un espacio escénico más pequeño e íntimo; pero eso no fue impedimento para la calurosa recepción y la participación del público durante la obra; los aplausos lo atestiguaron. El entretejido artesanal e intelectual que urde hilo a hilo Flora Lauten, con su capacidad de aglutinar y crear, se evidencia no sólo en sus puestas en escena, sino también en cada uno de sus “hijos” que ya no están con el grupo, pero que recrean la poética lauteana y la vitalizan en sus proyectos. Eso sólo se logra con el peculiar don de su magisterio. 
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El grupo de visita en Chicago, de Sonora Matancera, en tumiamiblog
Otra en elNuevo, de Antonio O. Rodriguez

miércoles, 21 de julio de 2010

Mayambaneros, acudan a ver a Teatro Buendía: Ráfaga de energía y talento.

 


“… un extraño estado de felicidad…”. Así expresó Ivanesa Cabrera cómo se sentía, rodeada de cubanos… de allá y de acá, esas partículas de un mismo pero diverso color —tiznados y teñidos, nuestros pigmentos y melaninas varias salpicadas sobre un lienzo sinónimo, invisible pero palpable su irregular forma sinuosa de caimán. Ella nos lo dijo y se percibió sutil confesión de voz tímida que luego se convirtió en vozarrón melódico mientras que a cappella nos hacía suyos, recreando con sus compañeros del Teatro Buendía de Cuba estrofas de canciones que acostumbran interpretar en sus presentaciones por todo el mundo. Ella quien —como actriz principal de La visita de la vieja dama (obra que el Buendía presentará en el Teatro Artime de Miami el próximo viernes 23 de julio)— ya nos había conquistado días antes en las ocho presentaciones (de La visita y Charenton, ambas adaptaciones de Raquel Carrió) que el magnífico elenco del Buendía llevó a cabo bajo la batuta de su directora, Flora Lauten, durante el Latino Theatre Festival que cada dos años presenta el Goodman Theatre de Chicago, curado por Henry Godínez. Y allí estábamos —actores, dramaturga, directora, equipo de luces y sonido y los “groupies”, sus admiradores— en un pequeño apartamento chicaguense comiendo, charlando, bebiendo, riendo. Compartíamos, y lo sabíamos, un momento excepcional… un extraño estado de felicidad. Las presentaciones y las entrevistas oficiales ya habían terminado. En dos semanas en Chicago, el Teatro Buendía arrasó con la crítica local: TimeOut Chicago; Chicago Tribune: La visita; Chicago Tribune: Charenton; NPR. Y ya, esa noche después de la fiesta de despedida, empacarían sus pocas pertenencias y los múltiples recuerdos e irían al sur… casi casi a casa. Y al sur van nerviosos de qué van a encontrar. Se preguntan si habrá grupos de protesta. Les digo que no, que no se preocupen. A alguien se le escapa el miedo a la “gusanería”. Es muy joven y yo sé que la palabra es un “byproduct” generacional, un artefacto, trasto, armatoste, artilugio, mamotreto, cachivache, cacharro, clasificatorio de un medio siglo sin luces que nos estorba y obstaculiza el paso. Sonriendo, le digo que mis viejos son parte de esa “gusanería” y tienen todo el derecho a protestar lo que les dé la gana. Que para eso son libres de hacerlo. “Claro, es verdad”, me dice, “disculpa”. Y es que después del efusivo, triunfal y deportivo recorrido por Chicago no quieren que el debut estadounidense se nuble. Pero por jodedora no me puedo resisitir. Les digo que bueno, que el debut “estadounidense” ya se terminó… porque ahora van a debutar en Mayami, esa ciudad-estado considerada territorio libertino, desunido y totalmento desasociado. Otra muchacha me mira sorprendida. “Bromeo”, me apuro a aclararle y todos nos reímos. Les auguro éxito seguro en el Artime, y que sí, que se va a llenar, les repito, que la gente en Miami ansía ver buen teatro y eso es lo que ellos hacen. Sonríen, pero sé que la duda persiste. Aunque cansados, los miembros del Buendía no cesaron de brindarnos alboroto, cariño y agradecimiento durante varias horas. Allí, en el molote de gente, vi caras que hacía décadas no veía y muchos rostros nuevos. Pensé en los escasos cubanos que apenas se ven en Chicago, escondidos en los pliegues de la fría y gran ciudad. Sin embargo, ayer estaban allí, dándoles una calurosa despedida a personas que apenas acababan de conocer. Gente que sin embargo, ya eran “familia”. Y entre “nosotros los cubanos”, las amplias sonrisas bajo cachetes rosados y ojos brillosos de admiración de “los americanos”, amigos, “fans” y miembros del equipo del Goodman, perdidos con satisfacción en el zumbido del cubaneo, la comida y el trago donados por los allí presentes. “Así da gusto”, pensé mirándonos y recreándome en tantos espejos: “Así de sencillito y natural todo”. Por eso cuando al rato brindamos, después de múltiples abrazos comunales de despedia propuestos por Flora, me atreví a pedir que volviéramos a alzar copas porque estábamos, en realidad, presenciando “el futuro” y brindando por él. Y era cierto. Habíamos armado, sin apenas esfuerzo, la imagen de “nuestro” futuro en cuestión de horas, en latitudes altísimas y no tan foráneas. Y con ese auspicio, pues todo lo demás es muy posible.  
Mayambaneros: Acudan a ver al Teatro Buendía. Son una ráfaga de energía y talento.

foto de Mario R. Ponce