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martes, 18 de diciembre de 2018

Gabriel Orozco: La fama carcome las ideas

Black Kites, 1997 (el pre-Hirst sin diamantes)

alFreDo tRiFf

(publiqué este post en 2010, y lo refrío a partir de una discusión con un amigo sobre el artista mexicano Gabriel Orozco, él a favor, yo en contra)
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Gabriel Orozco tiene una retrospectiva en el Tate. Y hay bulla con eso.* Pero me parece que se exagera la poética. Existe una política de inflar a ciertas figuras. Lo hacen los curadores y usan el jargon oficial de la disciplina. Parreno infló a Koons en un Art Basel en Miami (el que escribe estaba presente) diciendo que Koons era "una fuerza democratizadora para el arte contemporáneo" (¡Koons, el über capitalista!). De Orozco, Buchloh ha dicho que el primero "ha redefinido el valor de uso de la obra de arte" (como si Orozco no viviera de la venta de sus obras).

El proceso que he llamado artejudicación, es un proceso epifánico, seudo-poético, con visos míticos.    
Orozco es beneficiario. 

Y no es que no tenga talento. Disfruto al Orozco temprano de obras ingeniosas,

La DS, 1993

Horses Runing Endlessly, 1995 

hasta que a fines de los 90 se vuelve dicáctico, 

Ping Pond, 1998

incluso anémico:

Chicotes, 2010

De la misma manera que se espera el gag (o gancho) en la comedia, en ciertos estilos de arte contemporáneo se espera, con cada Vernissage, un uppercut a la quijada. A Orozco lo fueron empujando hacia el lado ponderoso de "la teoría del objeto" -culpa del pedagógico de Buchloh.

Por eso Orozco sigue en su labor de estirar el duchampismo hasta donde pueda, pero el coeficiente de duchampiano de elasticidad ya no da para más. Para amortiguar ese problema, ya un curador reciente ha dicho que para Orozcono no hay "... nada es puro o esencial" (qué tontería). Hasta la palabra "deconstrucción" -que he comenzado a odiar- aparece en contubernios con el artista mexicano. 

Es difícil seguir la apología que ha construido Benjamin Buchloh alrededor de Orozco (Buchloh es tan severo que no permite que nada escrito por él salga del reducto sagrado de MIT Press). Lean este párrafo lapidario que Buchloh le regala a Orozco:
Lo que primero perdió el objeto [de Orozco] fue su inmutabilidad ... su fuerte promesa de producir valor de uso. Ahora los objetos se definen como totalmente efímeros, su mera función era realizar un trabajo temporal para generar valor de intercambio.
¡Qué ortodoxismo por favor! (salido casi verbatim de un manual de economía política de Bukharin).  Esta foto de Orozco titulada Betabel hecha por tierra la tesis de que Orozco persiga redefinir el valor del (lo peor del arte contemporáneo es su mala fe).

Con estos ruidos, el Orozco de ahora se ha vuelto más didáctico, analítico, casi aporético (la mesa de ping-pong con agua en el medio es ejemplo fehaciente). Con tantas ideas usadas y reusadas Orozco ha perdido su levedad (esa frivolidad duchampiana que entretenía).

Detrás de la muestra de MoMA en 2010 se percibía una mezcla de agobio y soberbia, el juego al arte contemporáneo y sus opciones imponentes y reificadas (estilísticamente muy siglo XXI). Paradójicamente, dos meteoroides del arte contemporáneo, Orozco y Hirst, arriman peligrosamente sus órbitas.  El primero desde un arte-de-no-hacer tercermundista, el segundo desde un arte-de-no-hacer primermundista.

Aquí está la prueba:

 Hirst, Sphincter paintings, circa 1990s

Orozco, Piñanona, 2013

(para ser más precisos, en este caso es Orozco quien se acerca a Hirst)

Matrix Mobile (obra noventosa y gigante) derivativa de Horses y Black Kites 

Prefiero el Orozco temprano a este casi-tardío (¿cómo será en 10 años más al paso que va?). Lo desdichado es que Orozco no puede volver atrás: No puede hacerse menos didáctico (sería no-duchámpico), no puede hacerse más HardEdge (sería muy rígido), no puede hacerse más NeoGeo (sería, bueno, demasiado obvio).

Un maldito decimonónico lo dijo: La fama carcome las ideas.

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*Jessica Morgan de MutualArt.com publicita el show en su blog, arriba, como "funny, striking, and thought-provoking", palabras estudiadas, pero que no dicen nada.

domingo, 11 de noviembre de 2012

9 preguntas a Grettel J. Singer




Rosie Inguanzo

1. ¿Por qué Mujerongas?
Porque las mujerongas son no sólo las corpulentas, sino las desgarradas y las atrevidas, las que no se detienen ante ningún obstáculo ni se dejan vencer en situaciones límite, las que podemos darlo todo y mantenernos enteras. El libro es una compilación de las mejores entradas del blog Mujerongas. Los temas que más me interesan son aquellos relacionados a la mujer, tanto los asuntos cotidianos como los excepcionales.

2. ¿Quién lo publica, qué editorial?
Lo publica el sello editorial Linkgua desde España, aunque el libro estará disponible en Estados Unidos en librerías virtuales como Amazon y Barnes & Noble.

3. Háblame de la aventura de los videos de Mujerongas y el trailer del libro.
Los videos de Mujerongas que realicé con Ketty Mora fueron una especie de experimento creativo muy divertido, que tal vez en algún momento volvamos a retomar. Las dos hemos colaborado en varios proyectos, de hecho, fue ella quien dirigió el trailer del libro.

4. ¿Cómo te sientes en Nueva York, después de vivir en Miami por años? ¿En cuántos lugares has vivido?
Me fascina Nueva York, siempre quise vivir aquí, experimentar la vida en la gran manzana. Claro que llevo apenas unos meses instalada y desde entonces he tenido que viajar muchísimo por asuntos de trabajo y familiares, por no hablar del gran apagón que ha dejado Sandy y que en mi zona podrían pasar meses antes de que restablezcan la electricidad. Así que creo que todavía no puedo responder bien la pregunta. He vivido en Venezuela, Francia, Italia y unas temporadas en España y Buenos Aires. Me encantaría seguir mudándome a otros lugares.

5. Tu blog es de abordaje femenino: ¿te consideras feminista? ¿Qué significa para ti escribir sobre la mujer?
No me considero una feminista, pero sí creo que ser mujer abarca ciertas responsabilidades. Desde muy joven he pertenecido a organizaciones que abogan por los derechos y el bienestar de la mujer, y siempre me ha interesado escribir sobre temas que tienen que ver con estos derechos. Escribo mayormente sobre asuntos femeninos porque es lo que más me atrae. Las mujeres somos muy diversas y raras y neuróticas y mamás y esposas y presidentas y soldados, pero lo que realmente somos es invencibles; creo que nada se compara a la fuerza de una mujer.

6. ¿Por qué no te consideras feminista?
Porque no me gustan ni las etiquetas, ni las condiciones, ni los extremismos, pero amo a las mujeres y sus derechos. Todas me parecen bellas de una forma u otra.

7. ¿Cuándo empezaste el blog Mujerongas?
En el otoño del 2008.

8. Esos temas excepcionales a veces rozan lo fantástico. ¿Acaso la mujeronga se desborda fuera de la realidad?
La mujer es sin duda alguna un ser extraordinario. No dejo de maravillarme con muchas de las mujeres que he conocido en mi vida y sus improbables hazañas o historias de subsistencia que han sido, además, grandes lecciones para mí; o conmigo misma a veces cuando saco cuenta de lo que ha sido mi día o mi semana y cómo he manejado retos insólitos de manera impecable, con una buena olla de frijoles negros para finalizar el peor de los días.
En mi caso creo que sí, que me mantengo entre la realidad y lo improbable, lo fantástico, si se puede, aunque siempre con los pies sobre la tierra.

9. ¿Qué significa para ti ser madre (de dos hembras) y cómo serlo influye en lo que escribes?
Ser mamá es completar una especie de misión, de responsabilidad y compromiso con el mundo, o por lo menos con mi mundo. No sólo crío a mis dos hijas, estoy intentando criar a dos seres humanos excepcionales, y eso es un tremendo compromiso en la gran escala, y sobre todo en el día a día. Soy mamá en primer lugar, luego escritora, mujer, y todo lo demás. Desde luego, ser madre influye en mi escritura, en especial durante mis horarios de trabajo y concentración, que ya nunca serán como en los tiempos en el que el mudo giraba alrededor mío. Desde mi perspectiva me hace sentir un ser completo y bastante realizado en cuanto a la maternidad, aunque por momentos me rebasa, pero reconozco que no hay que ser mamá para ser una gran mujer.

lunes, 11 de junio de 2012

amigo/a (hasta que se pruebe lo contrario)

atRifF

la amistad, ah la amistad. ¿qué es? no sé, algo único e imprescindible. ¿un misterio? por supuesto que no. es más y menos que un misterio, sin romanticismo feisbukiano.

a y b son amigo/as: a A b

A establece su forma. la relación A necesita características. A presupone "ser como", un "hacer por". A debe contar con reservas de futuridad. en efecto, A se radica en "estar por probarse". debe contarse con esa posibilidad más allá del presente puntual, ya que siempre podrá superarse a sí.

A es proceso y proyecto.

A es una falta en balance precario (otro + yo ≠ 2),

1- poder "hacer por". dar y recibir. balance vivencial que enriquece la vida.

2- ejercicio de lo subjetivo a lo objetivo. "ser amigo de" significa ensanchar mi subjetividad para darle acomodo a otro (humano o no). eso se define como respeto: ver a mi amigo/a como fin en sí mismo, no tan solo como un instrumento mío (ser yo es inevitablemente instrumento identitario).

3- requiere de un experimento flexible de paciencia, comprensión y fe (no ciega). 

"ser amigo/a" es hacer objetivo lo subjetivo. la amistad es una precaria intersubjetividad. siempre es menos (y más) de lo que es.

balance ni fácil ni completamente previsible. dígase: un amigo/a "hasta que se pruebe lo contrario".

¿qué es "lo contrario"? que el balance se pierda. que se agoten las reservas. que la futuridad enflaquezca a un instante puntual. 

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nota importante: re-ciprocar no se da tan solo entre seres humanos.

domingo, 10 de junio de 2012

el futuro está aquí (en otra parte)

 La masacre de Babi Yar, Ucrania (lunes 29 de septiembre, 1941), perpetrada por la SS alemana

atRiFf


Damos por sentado que el espacio es un contenedor, no así el tiempo. El tiempo simplemente discurre.

Por ejemplo: la fuente de manzanas lleva dos días en el estante. Separamos el espacio del tiempo. Ayer ya pasó, el estante sigue ahí. Estas líneas que escribo transcurren ahora en mi presente continuo que marcha desde el futuro hacia el pasado. ¿Qué lo mide? Horas, minutos, segundos, incluso fracciones de segundo 

La foto arriba registra la masacre ocurrida en Babi Yar durante la ocupación alemana de Ucrania durante la segunda guerra mundial. ¿Qué es lo ocurrido? El presente del lunes 29 de septiembre de 1941: un soldado alemán se apresta a dispararle en la cabeza a un judío.

Un segundo después del disparo la imagen será otra. Solo tenemos esta. No contamos con la memoria de un segundo después (no hay tal foto), pero seguramente el soldado dispara a boca de jarro sobre la cabeza del hombre que cae moribundo en la zanja. 

¿Quién o qué registra este dramático momento después?

No contamos con la imagen de un segundo después, cuando el joven judío yace muerto entre la pila de cadáveres. Tampoco contamos con la memoria del judío que en la foto mira a su izquierda. ¿Qué mira? Acaso otro grupo de soldados entre los que cuenta el que toma la foto. Le queda un segundo de vida (véase, no hay solo una memoria del hecho, lo que de entrada parecería fragmentar el hecho en todas sus memorias posibles).

¿Existen hechos sin memoria de ellos?

Volvamos a la foto. Todos ustedes que me leen y yo somos futuro de ese joven sin nombre, antes de caer moribundo en la zanja en Babi Yar. ¿Hay algo más concreto que eso? 

No cometamos el error de suponer que la foto es el hecho. La foto es "memoria del hecho" (aspecto múltiple dentro de un todo que es el hecho mismo). Por cierto, pueden haber muchas memorias.

¿Dónde queda ese momento? Decimos que en el pasado. Sí, en el mío en 2012, pero no en el de ese judío en enero de 1941. Si el futuro fuese posibilidad, ¿es acaso posibilidad lo que ocurrirá siete meses después en septiembre de ese mismo año? ¡Cómo llamar posibilidad a esa eventualidad!

Mi análisis tiene una "ventaja posterior". Hablo desde el futuro del 29 de septiembre de 1941. Aunque no tengo acceso directo al 29 de septiembre de 2112, ya declaro dos definitivos al respecto: 1- no estaré allí. 2- si este post perdurara cien años, alguien tendrá constancia de mi especulación acerca de su presente. Son dos posibilidades, la primera, indudable; la segunda, no tanto. Por tanto:

El futuro está aquí, en otra parte.

domingo, 20 de mayo de 2012

XI Bienal de La Habana o las meriendas alegres con el camaleón encantado

Hermann Nitsch Jesús contra el Universo, performance.

Jesús Rosado

En realidad los medios oficialistas le atrincheraron el título a la acción (arriba) del connotado artista austríaco y se le llamó todo el tiempo “Aktion 135” tal vez por razones de marketing ideológico. Se repitió por la prensa internacional los efectos del suceso transgresor entre el público cubano que provocaron supuestamente “desconcierto, repugnancia, asombro”. Nadie mencionó si había alusión al polémico documental Le Cochon (1970) de Jean Eustache. Ni se abordó la posible pasión baja del público cubano por apoderarse del sacrificado cochino.


Ai Weiwei, Bicicletas Forever, 2002, 74 bicicletas.

Me confieso un ferviente admirador del artista chino, pero en el caso de la obra seleccionada no puedo menos que acusar su arcaísmo para un escenario como Cuba. Desde hace años Castro ensayó una instalación colosal con millares de bicicletas inundando la vida doméstica. La operación, sin dudas, tenía una fuerte influencia asiática, pero de un periodo pre-Weiwei, así que pensándolo bien esta puede haber sido una recreación sobre la reciprocidad de los Castro hacia la modernidad china.

Manuel Mendive, Las Cabezas, performance (cuerpos pintados).

La desinhibición de este espectáculo mendiviano sorprendió, pero fue aceptada. La mascarada contrastando con la desnudez se asemejaba tanto a los camuflajes y precariedades de la comunidad vernácula a través de la cual desfiló que la identificación se selló con naturalidad. Pechos, culos y penes fueron asumidos con más respeto que picaresca. Tal vez haya sido uno de los momentos de la Bienal más despojados de atavismos. Es que irremediablemente hay que aceptar que somos lo que somos.

Jorge Isidro Sagues, Sin Título.

Y bueno, también sin comentarios. Para qué vamos a repetir que este no es un trabajo para Clark Kent, si desde ahora y hasta cinco generaciones después lo sabemos. Lo cierto es que Elpidio Valdés ha dejado de importar. Ni se piensa remotamente en los muñequitos rusos. Aunque conste que algunos prefieren a Batman.

Alexandre Arrechea, Nadie Escucha.

La obra habla por sí misma (torre de orejas en escucha), pero el título nos hizo reflexionar sobre el poder de la semántica. Un desliz en el tiempo verbal y la obra de Arrechea se hubiese teñido color rojo hormiga y quizás quedaba vetada. Pero Arrechea hizo la diferencia de una sílaba con relación a aquel título inquietante con que Ulla y Néstor Almendros bautizaron un documental imperdonable para la dictadura. Y ya ven, ahí está flamante y “contestataria” colada en el Malecón.

Florencio Gelabert, Islas.

Islas escurriéndose de la isla. Islas que se cansaron de ser islas. Predestinación de islas tras la fuga. O islas al borde de ser islas. Islas sobre el arrecife. Atrapadas… Como si fuese un karma que no halla fin. Desconozco si el autor albergará algún complejo, lo cierto es que nos empecinamos en olvidar que somos un archipiélago.

Los Carpinteros, Conga Irreversible, performance.

Una conga es un evento alegre. Liberador. ¡Cuánta buena vibra circula en una conga! ¡Que delirio de energía! Pero cuando una conga se mueve en retroversa incesantemente y los danzantes se visten de luto, no es motivo de gozo. Bien puede ser la crónica anunciante de una fatalidad irreversible.


Open Studio de Luis Trápaga. El Círculo.

Expo colectiva reprimida por la Seguridad del Estado. Uno de los performances más logrados de la Bienal. Artistas profesionales del G-2 emprenden acción de respuesta contra una conspiración estética encabezada por el “cabecilla” contrarrevolucionario Luis Trápaga que contaba con la complicidad de los artistas "apátridas" Guillermo Portieles y Néstor Arenas. Con esta intervención, el Ministerio del Interior demuestra que el arte puede ser consecuente con los dignos principios del castrismo nuestro de cada día. No importa que las obras explícitamente no se manifiesten contra el Estado Socialista. La "gusanera" oculta sus propósitos en las manifestaciones seudoartísticas. En la intervención de la policía política queda bien claro que en Cuba con el arte del poder no se juega. Ni al flojo, ni al duro. Con Bienal o sin Bienal. Si acaso, lo admisible serían las meriendas alegres en la mesa del camaleón encantado.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Sus pupilas

Texto y foto: Delio Regueral

Mientras miraba sus pupilas, esperando la dilatación natural como señal inequívoca de entrega, sabía que ella sentía aquella fijación de mis ojos en los suyos, señal también inequívoca de la pasión. No tenía edad para sospechar el estudio fisiológico al que era sometida. Acaríciala sólo por encima de un tejido, por debajo de la blusa o de la falda, por encima de la ropa interior; pero jamás en la piel -más blanca por la falta de sol-, tan suavemente que provoque que el deseo se convierta en angustia; muslos hasta la ingle; nalgas hasta la comisura de los muslos; del ombligo a las costillas. No mezcles los espacios. Concéntrate, me decía por dentro.

La dedicación siempre devuelve frutos dulces y maduros, listos para el mordisco. La pupila se abrió de repente y con ella la veda textil. Nada más parecido al auto-consuelo –el único capaz de sacarle las lágrimas condensadas por el placer en solitario. No es llanto ni de alegría ni de tristeza; sólo lágrimas, lágrimas orgásmicas que brotan a la par de las secreciones seminales pre-eyaculatorias. Nunca preguntes “¿Por qué lloras?” Es el diluvio del placer.

PD: Toma o come, al menos dos veces por semana, ostiones, huevos de tortuga, guarapo, ajo, aceite de oliva o vino tinto. Si tienes suerte, basta con una onza de polvo de escama de sirena –dura para siempre. Y no olvides ejercitar la próstata. Como el cerebro, si no lo usas, se atrofia y te convierte en multitud.

domingo, 16 de mayo de 2010

El deseo se muerde la cola


Entró. Se detuvo unos instantes en el lado izquierdo del zaguán. Examinó los ojos. Lentamente, ceremoniosamente, como si ejecutara un ritual, se quitó la gorra de lana negra dejando libre el cabello. Ojos curiosos aproximándose. Ojos ebrios, azules. Ojos oscuros, largas pestañas largas, instigadores, ojos intencionados. Siluetas sin ojos bailando en lo oscuro. Tocándose. Perfiles a contra luz. Ojos de gente que parece haber tomado veneno. Cruzó la pared de ruido.

Ofrecimientos, aromas, oleadas y viento de mar que entraba. ¡Si entrara el mar y nos tragara a todos, si nos descansara del mundo! Ojos enmarañados en preguntas. Como lentes de cámara retratándola. 

La mujer buscándose en los ojos, como en una plaza de noctámbulos, como en un rodeo de aturdidos ojos. Ojos de mujer que se busca, que se urge. Pidió un ron con hielo parada contra un neón de Budweiser. Se sintió el roce de las figuras rojo-escarlata. Se sintió elocuente. 

Trató de escribir algo en la servilleta azul; algo sobre el mar, las lejanías, algo sobre los dibujos en papel de celofán, sobre las acuarelas de Jorge Bustamante, la del balcón, sobre su día ahogado en la feria. Hubiera deseado escribir sobre la figura de Torrens: el desnudo sin rostro, el cuello venoso y pálido volteado hacia atrás. Seguía buscando el rostro, el de ella. ¿Pero adónde? ¿Adónde van las expresiones antiguas, el gesto propio? ¿Hacia qué escondite se escurre el ser? 

La trampa de una mirada, de un deseo circular de difícil realización, inacabado: un deseo de. Los ojos son una trampa por donde los espejos nos ridiculizan, nos atacan. Otro ron y le bajaba un hilo de sudor, de desespero. 

Sacó unas hojitas blancas del bolso, y bajo la linterna del bartender: Trazo en el aire extrañezas con el dedo, donde nos parecemos mutuamente, aquella y yo. Espío algo que me fue dejado y que no puedo tocar. Palpo la tregua de los días invisibles de la otra. Tengo para esta mujer una delicada consideración. Le amé como un hombre y como mujer, la amé en la diferencia, al otro lado del odio. Le teñí una vida paralela llena de paisajes y vientos que le sacudieran, le batieran el pelo y el desquicio. Llegaban los inviernos y me asomaba a este amor con su rostro y su voz. Tuve que perdonarla, tuve que buscar en las multitudes mi falta de deseo por ella. Este amor es el reverso de una carencia, de algo que no viví. Su nombre cae de las alturas y resplandece por un segundo. Entonces, desnuda, esta mujer deja verse dentro del relámpago de la voz que la evoca, y desconcierta más aun esa demoledora felicidad de su pecho oblicuo y silencioso que momentáneamente pasa por la luz. 

Hubiera deseado escribir sobre la acuarela, la del balcón cerrado. Escribir contra las macetas olvidadas, las florecitas silvestres que crecían desoladas, al descuido. El balcón de madera pudriéndose. La acuarela muda rezaba: "¡Ay Mercedes!" 

Escribió: Detrás de las acuarelas no hay nada. El dibujo es una evocación del vacío, una ausencia. -“A double, please”. 

¿Cómo se describe la nada? ¡Ah ese monumental invento de las palabras como coberturas! La estremeció la ausencia, la falta de Mercedes, y anotó: La silueta suave de una mujer contra las gasas de mi vestido, contra mis ligeras líneas embestida, con una inconsistencia. La nada sólo necesita de sí misma.  

El deseo ese animal, esa hambre. El que tiene hambre se ofrece, le da lo mismo comer que ser comido. Vamos hacia los baños. Soberbia mujer de volumen semejante a ritmo de olas. ¡Ay Mercedes! Ese deseo de nosotras. Aterciopelada Mercedes, puta Mercedes. Mamaba de sus senos de luz. Sus senos de madre imperecedera. 

La música ruidosa de este lugar está hambrienta, como una ofrenda: Ay, Mercedes, mujer de mí entre mis brazos. Busco su mirada en baño a media luz; pero mis ojos son una pedrada contra los espejos. 
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En mi libro Deseo de donde se era (2001).

miércoles, 24 de febrero de 2010

Muela en el muelle

Omaullo Gersing

Me ha pasado por al lado como en cámara lenta. He levantado la vista con párpados pesados en busca de la estela de aromas que su cuerpo deja. Carbón, anís, marisco. Le sudan las nalgas y se vislumbra el contorno de las bragas sudadas bajo el vestido leve. Lo aspiro, el olor a costa y maderos húmedos del muelle y el de camarones hervidos que emana de ella. Aprieto entre los dientes el gollejo de limón que con la lengua he sacado del vaso repleto de lisos trocitos de hielo. Ya anticipo el sabor a nalga sudada untada de tibia manteca de cacao que se va a restregar en mi boca. Con ojos diluidos en sal y la lengua rasposa de sed se sentó en el borde de una banca, mirando al mar. Sigilosa me acerqué y me senté a su lado. Me miró de reojo y aspiré profundamente. Ella carraspeó sin mirarme.

—…psst, hueles a mujeronga —le dije aspirando el salitre. Dejé que la a se deslizara en el descenso del aire por mis senos nasales. Qué alivio.
—Y ud. tiene VOZ de tener un rabito chirriquitico —me contestó rápida sin virarse a mirarme, sacudiendo la melena. Su pelo olía a cerveza y pepinos.
—¿Rabito? —dije con risita afable—. Querrás decir criquita, tú tan nalgonaa.
Entonces la mujer se viró y me miró sin sorpresa. Echó la cabeza hacia atrás y depositó el pelo en la brisa. Múltiples pepinazos se introdujeron en mi olfato. Agarró después el vaso de hielo que yo sujetaba y chupó unos cuantos cubitos. Su aliento me alcanzó complicado, cítrico y dulzón con capas ácidas de alcaparrado…. Seguramente acababa de comer picadillo criollo.
—Entonces habría que ver eso, para asegurarme —dijo ella burlona, con la vista de nuevo en las olas—, porque se ve muy machito usted.
Me le acerqué más en la banca. Se me metían por la nariz alborotados mejunjes de cloro y chorizo, foie gras y mortadela. Esta hembra había comido rico y variado, con toda seguridad, después de haber limpiado bien la cocina y el baño.
—El género es un estorbo en la raza humana... —dije filosófica, meneando los dedos y apuntando hacia el horizonte.
—En eso estamos de acuerdo —dijo ella y tosió. Asmática, pensé, y que tenía ojos de perrita fiel, pero pestañas de gata salvaje. Buena combinación para un animal doméstico, zas, y me la imaginé en bragas limpiando todos los espejos de su casa. Para miraaarseee meejoor…
—De animal nada, monada —dijo ella, sorprendiendo el flujo de mi pensamiento.
Entonces me di cuenta que ya la tenía montada entre ceja y ceja, arañando las burbujas con que suelo envolver cada imagen mental. Rodando ya por lo superficial de mi epidermis, ella maullaba y ladraba al mismo tiempo, enredándose entre los vellos púbicos del sexo inconcluso de mi cuerpo cuajado de miedo, inerte, mordiéndolo a retazos y luego ondeándolos al aire como galardón de batalla.
—De animal nada, monada —repitió ella eufórica, tirándose al mar para enjuagar la sangre.

martes, 22 de diciembre de 2009

Me estaba muriendo


Grettel J. Singer

Apenas despertaba del sueño más cercano a la Gloria que he tenido, eso fue lo que, algo acongojado, me anunció el gastroenterólogo. Todavía embobada por los deliciosos efectos de la anestesia que me inyectaron a través del suero antes de realizarme la endoscopia, me eché a reír. Él, muy serio y muy madrileño con su nariz respingadita me dijo a regañadientes que no se trataba de una broma, que en serio el problema era de un alto grado de preocupación. Le creí, claro que le creí, él es el doctor y yo la moribunda, pero no hay que sacar un postgrado para saber que en efecto, todos nos estamos muriendo.

Me sugirió que comenzara parte del tratamiento esa misma tarde, y cuando le entregaran los resultados del laboratorio me llamaría para discutir los próximos pasos a tomar. Enseguida se dispuso, con la agilidad de un arepero de feria, a abandonarme y seguir con el próximo paciente que se encontraba en otra cama cerca de la mía, cuando le pedí, no recuerdo si alegre o desesperadamente, si era posible conseguir la anestesia en píldoras o en ampollas para usar como inyecciones caseras. La enfermera me miró con cara de “mija, no le agotes más la paciencia al hombre”, pero él, que sabía de sobra de lo que le estaba hablando se dejó abrumar por el estruendo de una carcajada y aquellos dientes blancos y perfectamente cuidados me recordaron lo tonta que debí haberme visto dormida y con la boca abierta luego del procedimiento. Me puso la mano en el hombro y con una complicidad casi incómoda me dijo en voz baja que si algún día la llegaran a inventar él sería el primero en consumirla. Ah, y me dijo también, no más ron. ¿Para siempre?, pregunté con los dedos cruzados y la orejas tapiadas. Sólo durante el tratamiento. ¿Y cuánto tiempo dura el tratamiento? No lo sé, ya veremos. Depende del resultado del ecograma que te hicieron en el estómago hace un rato y el de la biopsia que te acabo de hacer, pero por lo que ya he visto tienes una úlcera.

A la semana siguiente me llama el doctor para comunicarme los resultados. Una úlcera, una hernia, gastritis y la bateria del H. Pylori. Ni idea de cuán grave es lo que tengo, pero él se muestra preocupado por el diagnostico, especialmente el de la bacteria que luego cuando me informo por la internet quedo espantada. En conclusión, veo que es una bacteria hermosa que parece un edamame verde con pelos en uno de los extremos, pero leo que es sumamente peligrosa y contagiosa y que es posible que se haya refugiado en mi barriga desde hace años. Una femme fatale, vaya. Me pregunto a cuánta gente he enfermado, y decido que mejor no voy a llamar a nadie para dar aviso pues con un simple beso de piquito es suficiente para que se pegue el mal del H. Pylori, y esa lista sí que es interminable.

Comienzo el riguroso tratamiento de pastillas y más pastillas. Un sabor a metal se convierte en el nuevo sabor de cualquier bocado que pruebo. Por fin comienza a bajar el pomo de las píldoras cuando me doy cuenta que al frasco de los antibióticos le quedan más pastillas que al otro. Llamo al farmacéutico y le digo hasta del mal que va a morir. Él calmada y educadamente me pregunta si he ingerido la cantidad apropiada que sugiere las indicaciones. No, claro que no. ¿De cuando acá mi despiste se distrae en asuntos de suma importancia? El doctor no me cogió a golpes porque no me tenía delante. Me dio un par de gritos por teléfono (bien a lo madrileño) y me dijo que tenía que esperar un mes y luego regresar a su consultorio para que me realizaran una prueba de aliento para ver si con suerte me había funcionado el tratamiento que hice a medias.

En estos días recibí un correo electrónico de mi tía que vive en La Habana, dictado por mi abuela. Y ahora sé que si mis hadas me abandonan por lo menos me quedan los rezos de mi viejita y la promesa que le ha hecho a la virgen de la Ermita. Promesa que tendré que cumplir yo, con varios ramos de flores blancas agradeciendo este y otros favores que según me entero ya se vienen atrasando.

Está bien, lo haré. Total, la Ermita queda a unas cuadras de mi casa y mis hadas no son celosas.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Alien sex

Jesús Rosado

El affaire entre la bella (o el bello) y la bestia ha sido uno de los argumentos mediante el cual la ciencia ficción hizo el crossover como subgénero desde la literatura hacia las artes visuales. Fue un viaje que pasó primero por la historieta para luego incorporarse informalmente al graffiti y más tarde asumirse con mayor rigor desde la paleta o la plumilla.

Luis Royo


Erica Chappuis

Una de las obsesiones de los cultivadores de las fantasías eróticas alienígenas en la plástica contemporánea ha sido reflejar el sexo interespecie quizás como canalización de perversiones reprimidas, o temores originados en el desamparo teológico y en las precariedades existenciales. O, simplemente, es expresión más o menos consciente de la vocación innata de expansión que subyace en el poblador planetario, quien desde ahora puede que se esté anticipando instintivamente a las posibilidades de extinción de su habitat.


Hans Ruedi Giger


Katharina Kranichfeld

Con la irrupción de la ciencia ficción en el sexo -o viceversa- dentro de la manifestación creativa, la especulación ha dejado de ser una operación maniobrable sólo desde el raciocinio o los estandares de la imaginación, para hacerse parte de los laberintos sensoriales. El alien sex funciona como tránsito de la acción física del goce sexual en solitario haciendo todo un recorrido fantasioso hasta derivar en masturbación estética. Lo desconocido, lo grotesco... lo monstruoso es el nuevo hallazgo de la autocaricia erótica.



Joshifumi Hayahi


Hans Bellmer

El sexo sobre lienzo, papel, artefacto o soporte fotográfico, hoy día, ha rebasado la recreación sublime para expresarse coherente con los engendros de la sociedad postindustrial. Belleza y horror ya no son antítesis. Tampoco hacen síntesis. No hay belleza sin algo extraño en sus proporciones -reflexionaba Bacon el filósofo. No hay por qué cuestionarlo cuatro siglos después de esa conclusión. Para el ser moderno es connatural usar lo aberrado en el sexo para aproximarse a lo exacto de su crucial circunstancia.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Pas de trois a la cubana.


Luis Soler

Yo le fui infiel a mi mujer con su mejor amiga. Las dos trabajaban montando un show de cabaret con miras a una posible gira por el extranjero y ensayaban en la sala de la casa mientras yo leía o miraba televisión. Al final del ensayo me tocaba acompañar a Lisette a su casa pues Griselda estaba muy cansada y quería pasar un rato recogiendo todo el reguero. En esos recorridos de apenas cuatro cuadras Lisette me contó su vida y su relación con Vittorio; un italiano que la iba a ver dos veces al año a Cuba y la mantenía a ella y a su familia. Al principio me dijo que estaba enamorada de él pero poco a poco terminó confesándome que no lo soportaba. Una noche Lisette se apareció al ensayo con una botella de ron e insistió en que Griselda y yo tomáramos para celebrar que Vittorio le había propuesto matrimonio.

Ese día el mambo quedó perfecto. Para cuando ensayaban el cha-cha-cha, las dos estaban muy alegres, Griselda tan alborotada que me decía que esa noche habría función. Lisette me miraba con una mirada extraña, lasciva que yo no había visto hasta entonces. Para cuando llegó el "cuadro negro" con música acompañada de batás, Griselda estaba rendida en un sofá y Lisette bailaba sola una danza de Ochún, dando vueltas a mi alrededor. Yo, con aquellos dos tragos de ron aún quemándome la garganta y una rara excitación que me comenzaba a dominar los sentidos, le recorría el cuerpo con la mirada, sin asomo de disimulo. Ella se contorsionaba más que nunca y se mordía los labios con descaro, mirándome fijo a los ojos. Se pasaba las manos por las caderas y los subía por sus senos hasta llegar a la boca. Entonces entreabría los labios y se humedecía la punta de los dedos que volvía a pasar así mojados por sus pezones erguidos y desafiantes. Eso no estaba en la coreografía. Sin mucho rubor, cambié mi posición de pies cruzados y le hice notar mi obvia erección. Lisette se dio cuenta y comenzó a dar vueltas moviendo el cabello, acariciándose el cuello. Los oídos me zumbaban y un ardor en la nuca me producía un calambre que se me esparcía por todo el cuerpo. Creo que en uno de esos momentos en los que me rozó con los senos o con los muslos al pasar por mi lado me cruzó por la cabeza copiar una de esas acciones de Humphrey Bogart o de Steve McQueen cuando toman por el puño a las mujeres que los sonsacan y les dicen algo así como: “oye, deja esos jueguitos que conmigo no te funcionarán”, pero lo cierto es que apagué la música y le dije “vamos, que te voy a acompañar a tu casa”.

En la primera oportunidad que tuvo Lisette dió el esperado resbalón. Al ayudarla a no caer, la besé en la boca ahogando el falso “no” que comenzaba a preparar. El forcejeo no se prolongó mucho más que un merengue en la puerta de un colegio. Cuando ella sintió el bulto de mi pantalón me haló hacia adentro de una oscura escalera donde habían unas cajas de cartón. Me tiró encima de ellas y me abrió la portañuela mientras me aseguraba que ahora yo sabría lo que era una buena mamada. Cuando la sacó, cambió de repente: me miró a los ojos y me dio un beso en la punta mojada de mi pene. Lo guardó con delicadeza y me dijo resuelta: “¡Vamos!”. Me pasaron muchas cosas por la cabeza, entre ellas, que aquello era una jugarreta entre ella y Griselda, pero enseguida la deseché como una posibilidad descabellada y absurda. No insistí. Si ella tenía sus trucos, yo también tenía los míos, y manejar esos códigos faranduleros eran todo delicia y arte de morbo. Cuando la dejé en su casa me dio una bofetada tierna: “Cobarde”. Traté de besarla y ella se resistió. De nuevo, no insistí, y ella me dio un beso dulce y largo. Yo la dejé hacer. Luego subió a su casa no sin una ligera mirada que me dejó embelesado. De regreso, encontré a Griselda dormida profundamente en el sofá. La desperté y la llevé a la cama donde le hice el amor con la pasión brutal de los amores cuando se salen de los cauces y te desordenan la vida. La gira de Cabaret no se dio. Un año después, tanto Lisette como Grisel -y hasta Vittorio el italiano- me ayudaron a conseguir todo lo que necesitaba para construir la balsa que me alejaría como un torbellino de sus retorcidas vidas. Yo me dejé llevar por la corriente.

jueves, 30 de julio de 2009

Penaso

Grettel J. Singer

En casa preparaban este tipo de carne con frecuencia y de diferentes formas, pero a la parrilla siempre fue mi predilecta. Esta receta es una verdadera joya. Es sencilla y simplemente deliciosa. De ser posible evite comprar la carne congelada, pero no siempre se encuentra con facilidad. Si tiene buenas relaciones con el carnicero pídale que le avise apenas llegue porque el pene es lo primero que se va cuando viene fresco.

Nunca cocine un pene sin haberlo adobado por lo menos un par de horas previas al asado o a la cocción. Ah, y nunca cocine un pene sin antes sellar sus líquidos porque de otra forma el resultado final no será más que un trozo soso de órgano tieso y decolorado. Ojo, esta carne posee un sabor gustoso pero fuerte y se come mejor en el otoño, cuando ya el clima ha refrescado un tanto y el paladar pide proteínas más densas y complejas a la hora de digerir.

Ingredientes:

8 penes tamaño regular (con piel)
3 cucharadas de aceite oliva
1 cucharada de Sazón Completa (Badia) (opcional)
5 dientes de ajo
1 cebolla mediana troceada en cuartos
1 naranja agria (se puede sustituir por la mezcla de media naranja dulce y medio limón)
unas ramitas de romero
sal y pimienta al gusto
1 cucharada de agua tibia
1/4 taza de vino tinto
moscada rayada al gusto
cilantro o perejil picado para adornar
las cuñas de dos limones para adornar

Limpie bien los penes y elimine cualquier vello infiltrado. Introduzca un punzón de hielo por el orificio de la uretra que atraviese por toda la longitud del canal hasta la base del pene, de manera que cuando lo enjuague elimine restos de sustancias innecesarias. Con el cuchillo punce en tres o cuatro zonas de cada pieza para que se absorba bien el sazón. Mezcle la carne con dos cucharadas de aceite de oliva y el resto de los ingredientes e ingrese la carne sazonada en una bolsa plástica, ciérrela y póngala en el refrigerador.

Cuando sea el momento engrase un sartén de freír con el aceite de oliva restante y la cucharada de agua tibia a una temperatura alta. Coloque las piezas e inmediatamente baje el fuego. En cuanto se gaste el agua retire la carne y colóquela en la parrilla seis minutos por cada lado. Mientras, en el mismo sartén vierta el sazón que quedó en la bolsa y el vino tinto y déjelo a fuego lento hasta que se convierta en una salsa viscosa. Más o menos cuatro o cinco minutos.

Tenga en cuenta que la cabecita es más tierna que el resto de la carne y a veces se cocina antes. Conviene sostenerla en el aire ese último minuto para que no se reseque demasiado. Para esto necesitará la asistencia de varias otras manos, pero no se desanime si no cuenta con la ayuda, si ha comprado la carne fresca difícil que no sea tierna. Al retirar la carnita de la parrilla debe usar unas tenazas grandes de manera que no se desprenda algún pedazo y pierda su graciosa estructura. Pase las piezas a una fuente, raye un filo de moscada, rocíelas con cilantro o perejil y decore el platillo con las cuñas de limón. Iba a decir voilá pero ya esa frase esta achicharrada, así que ¡buen provecho!, y que disfrute este sabroso manjar en compañía de una cerveza con cuerpo para que empañe el gustillo amargo de la carne.
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Nota: esta receta se puede comenzar hasta 48 por adelantado hasta el punto del adobo. Se recomienda servir con polenta horneada y una ensalada de temporada. El concierno ingenioso guarda la carne que ha sobrado y la utiliza al día siguiente en ensalada fría, como base para una exquisita salsa para pasta, o bien pueda triturarla en la batidora y comerla con galleticas saladas a la hora de la merienda.

lunes, 27 de julio de 2009

EN MI JARDÍN PASTAN LOS ERO(E)S



Ernesto Fundora

En la antigua escuela filosófica sofista existía un viejo recurso de descalificación. Cuando los oponentes, debatidores, duelistas de la palabra se confrontaban en la arena pública- la plaza- y alguno de los dos se sentía acorralado por la sapiencia, la lucidez o el perfecto entramado y articulación de las ideas del otro- quien tomaba el rango de casi un adversario gladiador- este oponente se remitía a una figura retórica que se conoce como Ad hominem, lo que indica que debe dirigirse el ataque no a aquellos argumentos demoledores, irrebatibles y molestos, sino hacia la figura del emisor, quien siempre tendrá alguna cola que le pisen, algún taquiles, talones de infortunios o defecto evidente que menoscabe el valor de su discurso. Sólo así el perdedor podía descalificar al otro, haciendo notorio algún defecto físico, moral, de conducta impropia en el oponente. Los sofistas patentaron muchas de estas resoluciones a la hora de exponer públicamente su opinión, la doxa , convertida por ellos, inmerecidamente, en verdad absoluta.

El uso de semejante artilugio nos llega hasta nuestros días, en la prensa, la televisión, la Internet, los debates acalorados entre políticos, intelectuales, jefes de Gobiernos etc., todos ellos sofistas sin reconocerlo. También esas figuras de efectividad en el ataque inmediato son utilizadas por los sistemas dominantes cuando un adversario, por simple que parezca, puede herirles con su inteligencia o dones, más aún cuando se trata de comunicadores sociales que fácilmente propagan ideas en las grandes multitudes a través de los medios electrónicos.


Producto de una extraña “causalidad” mi persona ha sido expuesta a este tipo ataque colectivo, usando esa maravillosa herramienta democratizadora que los sistemas dominantes intentan controlar a toda costa: la Internet. Sin previo aviso, casi por arte de birlibirloque, amanecí desnudo en cada display de mis contemporáneos y conocidos en una sesión de fotos, promovida ilegalmente por Internet, que pretendió satanizar lo que en verdad había sido la conclusión y testimonio de un acto amoroso compartido junto a una bella mujer cubana, que en el año 2004 me premió con lo mejor de su cuerpo, su corazón y su cerebro: Daysi Balmajó.


Si algo me sorprende de esta campaña mediática enfocada de manera grosera y machista, es el aflore calamitoso de querer reducir a la simpleza de una imagen lo que es ya un ser, de querer que dicha hembra sólo quede exhibida como carne de apetencias, materia de deseo, objeto de placer, cuando dentro de su piel convive una gran periodista, una excelente anchor de televisión, una cubana virtuosa que sólo deja a su paso el rastro de su hermosura, amabilidad y cultura, y que se ha ganado el respeto de su público y el de sus amigos. Pero alguien, hasta hoy anónimo, quiso enfocarla como un ente perverso, morboso, mal intencionada. Y por supuesto que no me refiero al chivo expiatorio, al hacker que las robó de la bandeja de entrada del email de Daysi, sino a la ingeniosa conciencia gris que articuló esta campaña de desprestigio contra dos exiliados que entran en la categoría de balseros según la clasificación oficial (salidos a partir de la crisis migratoria y social de los noventa), y que ambos defienden posturas nada convencionales con respecto a las anquilosadas dos orillas de lo cubano, antitéticas, en pugnas y de apariencias irreconciliables.


Cinco fotos muestran a Daysi desnuda y en actitud cotidiana, caminando lúdica por la habitación de un hotel en Santo Domingo, juguetona sobre la cama, dejando para la lente el recuerdo de un cuerpo bien esculpido y agraciado, además de una sonrisa cubana como estandarte de alguien que aprende a vivir pese a muchas catástrofes. Casi al final , en la cuarta foto, quedo incluido a modo de autorretrato jacarandoso, frente a un espejo de baño donde el choteo, la risa, el goce y la complacencia se hacen manifiestos. Todas son imágenes puras, exentas de puesta en escena ni manipulaciones formales, que a decir de un político miamense, “exhiben a dos seres extasiados que manifiestan buen gusto hasta para el relajo”.

Porque no se puede soslayar la idea de que en un exilio conservador zanjado por las ideas republicanas derechistas, el sexo, el placer, el desnudo, el goce, son signos de relajo y nunca necesidades humanas indispensables, privilegios de la felicidad para tener una vida armónica y funcional. Como también apena que en los FW de la gente joven se estigmatice en el subject como un suceso ESCANDALOSO y CANDENTE… Parece que en Miami se agudiza esa tendencia mojigata que la poeta y ensayista cubana Elena Tamargo ha designado y estudiado como “el bochorno del ser”.


Por suerte y para tranquilidad del esposo de Daysi- a quien ya ofrecí y ofreceré siempre mis más sentidas disculpas- y de mi pareja actual, esas imágenes pertenecen a un pasado quinquenal de cuyo fuego sólo quedan las cenizas de un recíproco cariño, amistad y respetos mutuos. Ah, y quedaron también estas fotos como testimonio de que ambos seres -esos que ya no son los mismos de ayer aunque en mucho hoy se le parecen- perpetuaron gracias a la violación de la privacidad, la indiscreción de sus detractores y la obscenidad informática, la imagen de dos cubanos universales, modernos, simples, agraciados, bellos en el esplendor de sus alegrías y físicos, el instante post amoroso que poco ofrece lugar para vergüenza alguna. Y qué lejos de demeritarnos nos trasluce, nos expone sin atavismos telares y sin arropamientos de moralidades religiosas a un público de mirada indiscreta que hurga hasta encontrar otras esencias acerca de los seres de su simpatía mediática.


Curioso que dos obreros de los medios hayamos sido víctima de ellos. Y digo victimados casi en desacuerdo porque nuestros enemigos, aquellos encargados de esta fechoría mediática, buscando desmoralizarnos, habrán concluido que lejos de hacernos daños nos han aumentado el rating, dándonos nuevos prestigios, nuevas aristas, ventilándonos visceralmente, humanizando el apenas insipiente rango de celebridad que nuestras carreras de 17 años nos iban legando. Ahora somos unos más, simples mortales desnudos y risueños con la poca excepcionalidad de nuestra oferta profesional apenas resaltada en su contribución a la memoria común de nuestra época.


Esos imprecisos enemigos, cargados de malas intenciones, quisieron reducir y eclipsar el esplendor de nuestras acciones profesionales con la insana intención de desfigurarnos como primates movidos por instintos básicos. Alguien, misteriosamente, tras bambalina, propaga la superficialidad, nuestro desnudo, la piel de los sexos, la sonrisa con que celebramos la fiesta copular. La maquinaria quiere vernos así: somos peligrosos en otros órdenes y prefieren mostrarnos como pornográficos, rebajar la categoría de nuestras opiniones; tratan de silenciar otros discursos donde y por medio de los cuales somos más útiles y polémicos.


En fin, en lo que a mí respecta, nací desnudo y la transparencia ha significado un credo en mi conducta, no me puedo quejar de esos favores malintencionados que me hacen quienes me desquieren. Promovieron otro departamento de mi yo, que era patrimonio exclusivo de mi pareja y de los médicos. Ya lo han visto y constatado en mi trabajo cinematográfico: uso el cuerpo como uso cualquier virtud asignada por la naturaleza, no hay arrepentimientos ni penas, por lo cual nunca habrá castigo. No lo puedo evitar, un artista prefigura libertades siempre a contrapelo de las normatividades coyunturales de la sociedad, debate con la axiología predominante, cambia el status quo. Un artista debe, cuando menos, mover el tapete de las formas de la conciencia social: arte, filosofía, ciencia, religión, ética, política, y la ley. Me dieron alas y al vuelo me debo, alas que se alimentan de la irracionalidad de mi tiempo, del sin sentido de las dos orillas. No será mi cuerpo lo que más recuerden mis contemporáneos acerca de mí, por suerte no soy un David miguelangelado; apenas mi cuerpo es el de un hombre común. Pero he liberado otras toxinas, otras hormonas más productivas y aunque siempre doy la bienvenida a la testosterona y a las endorfinas, soy y seré un proyecto del placer que no logra eludir lo estético, soy un hijo del goce, su promotor incansable. Quieren reconocerme sólo aquella arista de susceptibilidad “insana”, de eso no me quedan dudas, pero no suele hacérsele emblema a un hombre con aquello que lo homogeniza con los demás. Sólo puede promover excelencia y exaltar con distingo aquello que recomnota excepcionalidades, aquello que hiperboliza al individuo por encima del común denominador: mi desnudez nunca me singulariza, por suerte he sido dotado con proporciones estándares. Si fuera sólo el simio que convive dentro de mi, acataría feliz, pero por suerte en esas fotos se exhibe una perspectiva estética, una mirada curtida para el bien, una preocupación casi inconsciente por lo humano secreto.


En una de las fotos me acompaña una cámara, otro instrumento de inteligencia además de mi cerebro, que no captó el enemigo rumor. Ese artefacto que tanto respeto y gracias al cual dejo rastros, testimonios y huellas. Por medio de él capturo instantes y apelo al artificio de la lente -tercer ojo- que imprime mi selección de realidad, mi ángulo sutil, mi reconstrucción del mundo. Así voy plasmando futuridad en todo lo que hago, es mi desafío contra los tiempos, contra la desmemoria, convencido de que saludo desde el hoy a alguien sentado en el mañana, a la espera de noticias.


En un mundo patriarcal, tarado en lo moral por doctrinas seculares que adjudican impudicias al cuerpo humano, ese mundo que, como advirtiera John Lennon, califica de obscena la desnudez pero no a la guerra, debo como caballero genuflexionarme y solicitar el perdón a la mujer agraviada. Sólo lo hago en complacencia de los credos interiores que ambos compartimos, la amistad, por ejemplo, pero nunca para complacer los ritos de comportamiento “civilizados” que calman la sed viciosa y sujeta a patrones fijos, preconcebidos por los sistemas dominantes, para anestesiar a las muchedumbres.


Daysi Balmajó sabe quién voy siendo, yo sé quién va siendo ella. Mi generación, ese barco hundido que navega, y nuestros contemporáneos cubanos, los buenos de aquí y los de allá, sabrán rescatarnos de la esquizofrenia mediática, del bochorno populista provocado al manipular nuestro derecho y libertad individual. Los que tienen vocación de justos sabrán ponernos en el lugar, simple y ameno, nunca sagrado, que merece nuestra cosecha mediática, nuestra parcela de logros profesionales como aportación a un tiempo enrevesado que fabricaron para malestar nuestro, los padres de todas las patrias, que pesan como viejos ropajes. En mi jardín, que alguna vez perteneció a Epicuro, pastan los eroes.

jueves, 23 de julio de 2009

tetas



Eslinda Cifuentes

Hace un par de días, sumergidos hasta el cuello en la tibieza de esa agua turquesa de South Beach, hablábamos sobre la selección natural y el despliegue de encantos por parte de algunas especies de aves durante la seducción -incluso a riesgo de la supervivencia. Y ahí que caigo en cuenta (ante el desparramamiento de mamas intervenidas desafiando la gravedad sobre la arena), de lo siguiente: las dichosas tetas de silicona que ya parecen el símbolo estético de nuestra época (como lo fueron en su momento las sayuelas alambradas y las pelucas entalcadas, los bombines, las collares hippie, o el Santa Claus de la Coca-Cola…etc), tienen como propósito la mismísima preservación de la especie. Noto que ese acentuamiento de pechos tan en boga, labios y culos inyectados (todos en pares) busca ofrecer al macho semental, a buen recaudo erotizado y alelado ante la exageración, una fertilidad ficticia, impostada. Porque bien jodidos estamos, si tenemos en cuenta que en nuestras ciudades atestadas, apretados en un apartamentico a duras penas parimos un hijo único -si acaso; que vivimos hacinados en oficinas, arredrados en esfuerzos y utilidades cuestionables, sujetos a prisas que atentan contra el retozo sexual, o el cultivo esmerado de una vasta familia equilibrada. Este circo de espécimen "intervenido" compitiendo en la selección natural, igualadas en apariencia por el botox, las liposucciones y la cirugía plástica, no es más que un intento de representar nuestras carencias, nuestro deseo de perpetuarnos sí (insertado en ese otro deseo de que no se esfume la juventud), aunque sólo sea simbólicamente. De ahí proviene la distorsión de la belleza que postulamos las hembras. Acentuando nuestros órganos sexuales y atributos femeninos ofrecemos gato por liebre; ese instinto primitivo fustigado por la postmodernidad se expresa plástico, resolviéndose muchas veces en excesivos fantoches. Queremos decir, aunque sea de mentirita, que somos madres eternas, preñables e imperecederas. Y esto es lo que piensa un hombre cuando te ve por primera vez desnuda (igualmente atrapado en deseos contradictorios, salivando): “Oh my god, I can’t believe they’re not real! But who cares?!”

viernes, 19 de junio de 2009

Los peores amantes del mundo


Grettel J. Singer


—Tú no me digas que los cubanos son los peores amantes del mundo. Es que no te lo puedo creer.

—Te lo juro por Dios, por mi abuelita –que en paz descanse- y por mis hijos, son pésimos en la cama.

—¿Tú estás segura? Mira que tienen una fama de ser muy dotados, muy talentosos. Oye, esas españolas, esas mexicanas, todas se vuelven loquitas por un macho cubano que las trajine un poco.

—Quimeras y más quimeras. Mírame a los labios, A-R-T-I-F-I-C-I-A-L.
—¿Quiénes, el cubano o su aparato?
—Ambos son pura pantalla, coquito tostadito. Bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, y luego te tiran de un lado para otro con tremenda tosquedad, te dan un halón de pelo y te gritan cuatro vulgaridades que los haga sentir todo lo papalongo que jamás llegarán a ser. Y punto. Punto final.

—No te lo creo, qué va, no te lo creo. Excepto esa parte que dices que nos tiran de un lado a otro y nos dicen una de cosas feas.

—Así es querida, así es. Lo único que les interesa es sentirse bien sin reflexionar por un segundo en cómo nos sentimos nosotras. Tienen un único objetivo en esta vida y es lograr un orgasmos ancho y pleno, ¿y tú crees que les importa encontrarnos allí donde han llegado ellos? Nada de eso, fíjate si están equivocados que los cubanos se piensan que nuestros orgasmos se originan a través de los suyos. ¿Me explico?

—No, de veras que no.

—¿Qué es lo que no entiendes? Los cubanos son además de insípidos, ingenuos y se han creído esa fama de buenos amantes que se le ha dado en Hollywood. La pasión y un bigote lleno de cucarachas no es lo único que conduce a un buen clímax, ¿tú sabías eso?

—No, no, no lo sabía. Bueno, es que yo me acabo de enterar que en realidad nunca he tenido un orgasmo. Mira que llevo años confundida, pero el otro día vi un programa en la televisión donde describían el orgasmo en la mujer y la verdad es que en nada se asemeja a lo que yo imaginaba. La doctora explicó el proceso, y te digo una cosa, entendí bien lo que decía muy al principio de sus explicaciones, pero ya cuando comenzó a hablar de espasmos y convulsiones, de sensaciones afiebradas, me quedé perdida en el llano.

—Ves lo que te digo. Tú te crees que es invento mío, pero no, todo eso lo leí en la revista National Geographic. Ahí salió detalladito, con estadísticas y encuestas. Información prestigiosa e infalible, nacional.

—¿Y esa revista no es de exploraciones y mapas y cosas así?

—¿Es que acaso el hombre no es todo eso y más? ¿Tú sabes por qué no logras espasmos y convulsiones?

—Sí, creo que sí. Según la doctora de la tele tengo un problema de resequedad.

—¡Qué problema de resequedad ni qué ocho cuarto! Eso no existe, lo que te pasa es que tú nada más has estado con cubanos. Salte de ese equipo y ya verás cómo lubricas y requetelubricas.

—¿Tú crees? ¿Y qué hago con mi marido?

—Deja a ese inurbano de una buena vez que ni siquiera te ha gustado nunca. ¿Para qué quieres un marido que no sabe complacerte y además te pega los cuernos? Son muchos años de aguante, demasiados. Tu eras una mujer bastante bonita y te conservas estupendamente, ya verás como aparece alguien mejor.

—¿Te imaginas? A ver, déjame que lo asimile un poco…

—Estoy segura. Atiende a lo que te voy a decir. Un amante cubano es más bulla que otra cosa, y además tienes que tragártelo completico, con sus complejos de Adonis, con ese machismo que no es otra cosa que la falta de una buena cama bien dada. Ahora, una cubana, ya eso es otra cosa, nosotras sí sabemos lo que queremos dar y recibir. ¿A que sí?


Pasaron unos meses hasta que la mujer que nunca había logrado un orgasmo se decidió a abandonar a su marido y se cambió de equipo, y por fin consiguió infinitos espasmos y convulsiones. Y su amiga, bueno su ex amiga, por fin se pudo casar con el hombre con el que había mantenido un concubinato por más de veinte años, un hombre cubano, dotado, excesivamente talentoso y con un bigote lleno de cucarachas.

lunes, 18 de mayo de 2009

Un pene es un arma


Eslinda Cifuentes
Foto: Robert Mapplethorpe

Siempre ando medio desnuda, descentrada. Me coloco en la bobería infeliz del aire. Ahora sé lo que es una obsesión. Vicio por eso. Por las puñaladas. En la cocina, mientras corto la gallina, pienso en las puñaladas de su pene. Un pene es un arma. Él cuando penetra ejerce de asesino. Mata y apuñala. Esto es un crimen, una sangría. Que se derrama. Todos los implicados lo saben; por eso embriaga. Y después comprobar perpleja que respira y se mueve, y él mismo vive después de inmolarse. Esto es un desquicio simbólico y tembloroso de su vacío. Vigilante de su vacío. El placer no permite que muera la víctima; aún en caso de violación, permite sobrevivir la masacre.

jueves, 14 de mayo de 2009

Dientes Voladores



Grettel J. Singer

-Esos colmillos tuyos me tienen loco de remate. Cada vez que te veo, que hablas de asuntos importantes, de los negocios que tenemos en común, aquellos colmillos se imponen de un modo formidable. Pierdo la concentración, y apenas brotan de tus labios me entra otra vez una piedra en el estómago, y de esa piedra se desprende una arenita que se riega por entre mis órganos y comienzo a sentir una resequedad interna y un cosquilleo casi casi insoportable.

-Ya aburres. Eso me lo has dicho un montón de veces. ¡basta por favor! Ahora resulta que por tu culpa no dejo de pensar en eso… mis dientes, mis dientes.

-En realidad no me interesan tus dientes tanto como tus colmillos.

-Mejor que no se hable más del tema. Lo leí en una revista, que visualizar con frecuencia realiza pesadillas.


-Cada vez que le metes un colmillazo a un Elena Ruth, y el queso crema se deja ver por entre los incisivos centrales, los laterales y esos dos colmillitos afilados que son más que gemas valiosas, siento el flaqueo de mi cuerpo ante tanta hermosura. Luego de perforar el corte de la mordida con absoluta magnificencia, el pan queda moldeado con la forma perfecta de la ausencia de una concha. ¡Cuánta belleza por Dios!

-Ya deja eso, no me gusta hablar acerca de dientes y menos sobre los míos. Últimamente me obsesiono, y me parece que los voy a perder, que de alguna manera los voy a perder. Ya cállate.

-¡Qué va, ahí hay dientes para rato!

-Si me dejaras en paz tal vez lo podría olvidar. Y lo intento, de verdad que sí, pero no sé qué me pasa que la testarudez se empeña en manipularme y otra cosa no puedo hacer que esa, pensar en mis dientes. Anoche fue terrible, venía en el carro manejando a casa y de no sé dónde salió una piedra gigante, como caída del cielo, tan veloz que no me dio tiempo a esquivarla. Tuve que frenar en seco y mi cara se incrustó en el timón; en mi sueños es así, no hay bolsas de aire protectoras. Mi cuerpo quedó intacto, ni un rasguño, ni un magullón. Sin embargo, mi boca sangraba… sólo mi boca. Primero pensé que mi nariz también, luego me di cuenta que la sangre corría de un mismo lugar. Mis dientes fracturados, algunos ya ni estaban. Y los colmillos que tanto te gustan se reían a carcajadas de todo aquello como si se tratara de algo cómico.-¿No te lo digo yo?, esos colmillos son bellos, inteligentes y además simpáticos. Si yo pudiera ingresarme ahora mismo dentro de tu boca me dejaría mordisquear…

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