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lunes, 22 de mayo de 2023

música rota (por León Ichaso)



propago insomnios de un ave ignota
que en el olvido tiembla atrapada



                                                                         rumor caido
                                                                          musica rota
dispongo un plano sin derroteros


con fantasmas bucaneros
en mi delirio suena esa hora
 sin cifre


sin agujas
un angel buitre mi alma devora
con mis estrellas juegan las brujas

fotos: león ichaso
letra: justo rodríguez santos

domingo, 8 de marzo de 2020

Mujeres que leen y preparan sus argumentos

Alexander Deineka
Joseph Lorusso
Pierre Bonnard

Rosie Inguanzo

No es cierto que la naturaleza sea sabia: desconfía de los árboles sin nidos y de los hombres entrenados para matar. Desconfía de los que no leen.

Frederick Carl Frieseke

Las mujeres lectoras son la Lizzie de Dante Gabriel Rossetti:


Dicen que las mujeres leemos más que los hombres.
La lectura exige que nos quedemos solas.
Una mujer que lee y prepara sus argumentos.
Una mujer que lee las imágenes de su vida.
Una mujer que lee y rechaza de tajo el imperativo biológico y social.
Nos sumergimos en un libro y olvidamos las labores domésticas, la lista de asuntos de otros por atender. En el arrobo privado de la lectura hallamos la retribución que los otros y la vida nos demoran.

Max Ginsburg

Un libro nos salva del velo que llevamos en público, la burka—que más que velo es cárcel, del chulo explotador, del marido abusivo, del ritual de ablación genital, de la sombra oscura sobre los hombros de las latinas en EEUU; un libro nos salva de los extremismos de otros libros, palabra rectificando palabra.

Jean Jacques Henner

Leer es emanciparnos. Un libro nos adhiere al pluralismo, otro nos da un saber poético—porque la poesía, como la ciencia y la filosofía, también explora el universo.

Edward Coley Burne-Jones

Las pinturas de mujeres leyendo avalan el proceso social de la mujer. De leer a escribir no hay más que un paso y los libros nos despertaron de un largo sueño: A Room of One’s Own (1929) de Virginia Woolf y Le Deuxième Sexe (1949), de Simone de Beauvoir.
Leer porque en los libros hallamos las respuestas que ya están dentro de nosotras.
Porque leer nos alerta sobre la vida, tiene poder restaurativo, nos enseña a ver la existencia como una tragicomedia y las relaciones humanas como un montaje teatral que favorece al hombre. Porque una lectora atenta no se fía, se forma opinión sobre ciertos asuntos y aprende que siempre hay una grieta en sus criterios.

Charles Burton-Barber

Y porque los grandes libros sapienciales nunca se terminan. O porque en un libro pequeño cabe una gran lección o una gran belleza. Y porque los libros más sinceros fueron escritos por hombres y mujeres solos, seguramente tristes, tratando de dar sentido a sus vidas y redescubrir el universo.

Porque los poetas nos echan en brazos del ángel.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Talud fueron siempre los besos


Rosie Inguanzo

Talud es un viaje.

Aleisa Ribalta apuesta a la poesía para desenrollar la memoria y juguetona discernir el presente. Fiel a sus ancestros asiáticos, se aproxima a los cerezos, al pez dorado del deseo, a sus fantasmas emigrados.

“Sakura” es efectivo porque resuelve un misterio poético de manera tan natural, como si fuera fácil la poesía. Aquí Aleisa junta las imágenes de un árbol al que le sobreviene la belleza, y lo depura hasta dejarlo en medio de la nieve.

Hay mucho mar en “Talud”: “¿Y qué del mar / dentro de ti cantando?” Y saltan las metáforas, porque un talud es un declive del mar, una fosa marina, un desnivel profundo del océano. Por eso aquí hallamos corales y naufragios, regresos y brújulas, naves y memoria, isla para dorarnos toda una vida:

“fueron siempre los besos,
la única y verdadera
opción de travesía.”

Apunto para ustedes algunas imágenes que se quedaron conmigo, a modo de anzuelo para que lo busquen y lean:

“embadurnados hasta la vida”

“La vida gustaba
de tarde en tarde
de colgarse como nosotros
al anón del patio”

“qué de cántaros
mudos
en el Tiempo”

“...cosmonautas somos los que soñamos
cada día con ser partícula infinita
de un todo hecho pedazos”

En “Talud”, poema tautológico que cierra, el fantasma de Ana Mendieta cayendo en el abismo (qué imagen tremenda), ordena a la poeta a saltar al vacío del poema: “¡dale, salta!”, conmina. Y este imperativo también es una invitación que se nos hace.

“Talús/Talud” (Bokeh Press, Leiden 2018) @amazon.com

domingo, 28 de enero de 2018

Río Mayaimi

Río Miami. Foto: Pedro Portal

Rosie Inguanzo

Dios inaugura la ciudad cada veinticuatro horas, brumálida* y quieta. La boca de calle se ilumina a las seis vertiéndose en el agua. El río consume su historia desapacible, memoria de rápidos; nativos tequestas lo amaron. Drena de la espléndida ciénaga, desembocando exhausto sus 8.9 kilómetros en Brickell Point.

El río no abre los ojos nunca
bajo los párpados cerrados del agua
el cristal negro carbonizado de sus pupilas.

El río Mayaimi está atrapado en alguna patraña impuesta por los políticos. No arrastra nada. Flota allí una acacia marchita. Canales hechos por el hombre lo hicieron ralo, raquítico. No parece río ni parece nada. Los manatíes oriundos de aquí  han estado en peligro de extinción, propulsados a una velocidad para la que no están hechos. Como el río, son criaturas demasiado lentas y verduscas. Mueren en los tropeles de los barcos cruceros, retenidos en redes de desperdicios, aceitados por los maléficos barcos gigantes, desangrados, desorientados en las comparsas flotantes, embestidos por lanchas rápidas y las motorcicletas acuáticas.

Animales gordos y graves
como niños ancianos abortados en el río.

Debajo de los edificios de cartón piedra que bordean el río aquí, hay delitos ocultos, gente que va y hace cosas, un caníbal, fumadores de crack, desquiciados, niñas latinas sucias, fugadas y descalzas.

El río sobrevive a un paisaje que lo niega. Abraza agotado la ribera, las maderas podridas de los aparcaderos de botes, los restaurantes de mariscos traídos de los cayos, el jolgorio infeliz de las gentes. Y surgen casas soleadas construidas antaño, viejos edificios fantasmas sin ventanas ni puertas ya, blanqueadas por la luz, embarradas de barro y aceite de barco, calcinadas por el tiempo,

maquetas mohosas pintadas de blanco,
pintadas de algo que la luz devora.

El río enseña su fatiga. La oscuridad que brota de su fondo tropieza con la luz de arriba. La luz se detiene en la superficie del agua. La luz no puede penetrar el río. El río Mayaimi está hecho de oscuridad primero; su tiempo es luctuoso y lento.
___________________
*brumálida: que proviene de las brumas (inventé esta palabra)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Nana para una pintura de DEMI


Indians and Cowboys (DEMI)
Rosie Inguanzo

El río silba
un mimo un blancor
nana de agua
hebra helada

la nieve silenciosa
se posa en la nariz
como un respingo de algodón de azúcar

la blancura de Kent enjuaga los grises:
cada traslado un desgarramiento
cada anochecer un desconsuelo
cada día hacia a las siete sobreviene una agonía
que los amigos y el vino amortiguan

la corriente sanguínea lleva náufraga una niñez sin puerto:
¿a dónde van las abejas?
¿la Reina desatendida?
¿las hormigas heridas?

somos niños de DEMI
en fila como soldaditos
asediados por los güijes
bostezando rezagados
pucheritos y gorgoteos
apurándonos el mundo de celofán y poliespuma

sobre el lienzo del olvido 
DEMI revive el crimen
y otra vez los niños crueles fusilan a su padre
55 años después que lo hiciera Fidel Castro
–“fusilamiento del 2 de mayo” en miniatura

el cuerpo tasajeado
de DEMI
es un estudio de aves
sobre la fría carne del lienzo
su pecho mutilado un cometa de papel de arroz

nana de agua
hebra helada

esplendorosa DEMI
de mí
fa sol la sí
tu coro de niños calvos
y extraterrestres meñiques
dibujan un temblor sobre la tela
caricaturas de un daño
polichinelas desvelados
villanos de peluche
huyendo de la gallina coja y ciega

y guardo en un pomito esta tarde
en la que jugamos con la nada frágil
y los peces del miedo
para soltárselo a Tahína en el hospital rutinario
cual burbuja de jabón del recuerdo

en pomito guardo
las imágenes abatidas
para destaparlo en el vaho miamense
y que salga la nieve
y huevos de paloma
y nido abandonado
y blancura prístina

el río silba
un mimo un blancor
nana de agua
hebra helada
para los niños exiliados
que nunca dejaremos de serlo.

domingo, 9 de octubre de 2016

solo la soledad sin Dios es completa...


Junio 1926

Tal vez la única soledad es la del ateo,
a todos los demás solitarios, la sombra de Dios les hace compañía,
a la roca del cenobita,
al estudio del sabio,
a todas partes la imagen de Dios desciende para hacerles compañía,
va con ellos y está con ellos en su soledad,
solo en la mía él no proyecta su sombra,
no traspasa el umbral de mi puerta y no dialoga conmigo,
solo la soledad sin Dios, es completa,
como mi soledad.

José María Vargas Vila (tomado de su Tagebucher).

viernes, 7 de octubre de 2016

Cumpleaños cincuenta

James Abbott Mcneill Whistler 

Rosie Inguanzo

Vamos niña, vístete para la fiesta. Se acabó el verano de tu vida, pero te quedan los veranos. Se acabó la primavera de tu niñez y te sobrevino la tristeza como la luz nublada de un Whistler. Despide tus años jóvenes, tu piel tersa y luminosa, el brillo de tu mirada clara y su chispa turbia. Eres actriz; eres todos los personajes que soñaste y todos los personajes de tus sueños, la víctima y el verdugo de tus miedos y de tus agonías psíquicas. Eres la levedad de tu belleza efímera y la bondad en las bondades que reconoces en los otros. Tienes la obligación de desdoblarte en una mujer madura y ceder al desgaste del tiempo y el escalofrío de la pérdida. Te manejas en las antípodas: Tienes los días contados y tienes el embrujo de la esperanza —lo supiste cuando siendo una niña viste encanecer a tus padres y cuando te enamoraste por primera vez. Eres tu propia hija y tu propia huérfana en tanto que has hallado a la niña que fuiste en la fotografía sepia. Eres la huérfana de tu madre y la madre de la niña hambrienta que fue. Y ella regresará en tu ancianidad a ser tu madre de nuevo. Serán intercambiables tu madre y tú en infinidad de gestos y humores, en los caminos dispares de dos vidas salvadas en una novela. El fantasma de tu madre está hecho de palabras; éstas siguen dándote cobijo y lumbre, y asirás con ellas todos los pespuntes deshilados de los días, los desgarros de tus muertos y el peso de tu conciencia. Pero también con palabras articularás la cura a fondo de la belleza. Bailarás en las glorietas de los parques, bajarás hasta las playas cristalinas y te asomarás a los acantilados irlandeses con el temperamento de la niñez. Reconocerás en el relato de tu rostro la seña de quien has sido. Vas a amar hasta el olvido. Amarás los faros, los campos de lavanda, los cisnes de Bruges, los arrecifes de aquella isla resplandeciente en la memoria, las ruinas romanas, los pelirrojos, los almendros en flor, los caballos salvajes y las películas donde llueve, las prosas de Onetti, Bernhard, Borges y Munro. Amarás y punto. Entonces, cuando te toque partir de ti, no te faltarán el valor para sufrir el cuerpo, ni palabras con que borrar el vacío de la muerte.

sábado, 2 de julio de 2016

Tres poemas de Judith Ghashghaie

Judith Ghashghaie

El libro, el hijo, el árbol

Las páginas de mi Libro son alas de moscas
El Hijo envía un email o llama al celular en los días de fiesta
De mi Árbol caído aún cuelgan varias pasiones muertas a picotazos
Vivo en un mapa con países en ninguna parte
Millonaria en miserias
ostento un trueno sin ruido
un alfabeto sin letras
una brújula sin norte
También tengo dos cisnes
uno decapitado
el otro con cuello nuevo (posee un tic nervioso)
No sé cuál de mis joyas es la más costosa
tal vez sea mi ardor apagado
que a veces despierta o bosteza como poema por entrega.
O quizás, el beso impreso en papel que súbitamente se convierte en boca.


Miami

Este amanecer
de alas en un cielo de espuma
reclama, sin duda,
al verdiazul vaivén de mar
y un deslizar de pez
que escapa de la red

o de la maldición del pescador
Tengo que mencionar
la brisa
que trasfigura la palma en arco
su sombra
Las huellas de humanos y otras aves desconocidas
En síntesis:
Hasta lo imperceptible del paisaje marino es mío
Pero, uno de estos días, lo perderé.


Plegaria de la mañana

Si Dios está conmigo ¿Quién contra mí?
Si Dios está contigo, no está conmigo.
Si Dios no está conmigo ¿Contra quién estoy yo?
Plegaria del mediodía
Si Dios está conmigo ¿Quién contra mí?
Si Dios está contigo, estoy sola
el buey solo bien se lame
¿Habrá una lamedora eléctrica?

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Judith Ghashghaie nació en Caracas. Hace 28 años que vive en Estados Unidos. Estudió Artes Plásticas e Historia del Arte en el Instituto Pedagógico de Caracas y en La Universidad Central de Venezuela.

viernes, 15 de abril de 2016

La niñez y sus tristezas



Sin título
The Train
The Story of the Vivian Girls
Rosie Inguanzo

Henry Darger era un tipo opaco, un solitario marginal, que durante casi 54 años fue limpiapisos de un hospital. Llegaba a su modesta habitación después del largo día trabajo y creaba escenas de la niñez, a un tiempo perturbadoras e inocentes, figurines y plantillas infantiles traducidos a un lenguaje personal inquietante y lastimado, completando 15,145 ilustraciones para una sola historieta, pinturas, acuarelas, carpetas. Articulaba su soledad raigal poblándola de niños en peligro y pupilas perforadas. Después de muerto fue descubierta su obra desde un raro resplandor. 

Tom Seidmann–Freud (cuyo nombre adoptado extrañamente suena como el de su célebre tío Sigmund), nació como Gertrud Martha Freud y era la sobrina del famoso psicoanalista. Pero a los 15 años decidió vestirse como hombre y cambiar su nombre, supuestamente para abrirse paso en un mundo dominado por ellos. Ilustró preciosos libros para niños e incluso fundó una editorial de literatura infantil en hebreo (que resultó un fracaso). Se casó y tuvo una hija y se suicidó a los 37 años, tal vez desgastada por la realidad que trataba de transformar con su arte. Sus niños representan todas las paradojas de su vida y las de cualquier niña que llega a un mundo cruel y sin sentido.

Who is Afraid of the Big Black Bear
The Execution
One More Day on Earth
La narrativa visual de DEMI es apabullante y plena, centrada en la niñez. Sobre su obra he dicho: “[...] edulcora la infancia que le arrebataron, por eso la niñez en sus cuadros no es una etapa de la vida sino un universo cumplido, una y otra vez rectificado en el lienzo. Es como si viajara en el tiempo a salvarse la vida. Lo peor, lo intolerable, lo más efectivo de esta obra rutilante, es el grito mudo de la inocencia” (para leer el artículo completo en DDC pulsa aquí)

Las metáforas de la niñez se trasforman en la realidad del adulto desterrado del reino de los posibles. El universo infantil puede ser escabroso. Y los niños que fuimos y tal vez siempre seremos, tenemos toda una vida para indagar en nuestros reinos fundacionales. Para papá Freud (amado viejo), los niños son perversos-polimorfos; aun siempre cándidos al margen del juicio moral. Pero tal vez el arte nos redime del escarnio.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El simbolista


Maurice Sparks

Su problema era que veía un símbolo en todo. Iba caminando y se encontraba una mierda de perro en la acera y le veía un significado. Si la mierda había caído dentro del cuadrado, esto significaba que iba a tener un día perfecto. Si, por el contrario, el excremento descansaba encima de una de las líneas, se hundía entonces en una sofocante desesperación: su día iba a ser un desastre.

A veces iba manejando y se ponía a estudiar las placas de los automóviles. Pongamos un ejemplo: MUE452. Lo que a cualquier persona le parecería una inocente combinación de letras, a él le parecía una terrible pre- monición: la muerte lo estaría acechando en la esquina de la calle cuatro y la avenida cincuenta y dos. Entonces cambiaba de ruta aunque esto significara llegar dos horas tarde al trabajo.

Antes de almorzar, contaba los granos de frijoles. Si el total era un número par, almorzaba feliz. Si por el contrario la suma arrojaba un número impar, el almuerzo terminaba en la basura. Con las sopas hacía algo muy peculiar también: observaba los fideos con atención. Si tres fideos se habían asociado caprichosamente para formar un triángulo, la sopa era tomable. Pero si el azar había querido que se creara un rectángulo, la semejanza entre esta figura geométrica y un ataúd era suficiente para hacerlo perder el sosiego y el apetito.El día que murió atropellado por el camión de la basura iba entretenido tratando de descifrar la forma caprichosa de unas nubes de verano.

viernes, 9 de octubre de 2015

El instante que nos une, de Nancy García hoy en Koubek Center de Miami Dade College


Rosie Inguanzo

El instante que nos une a Nancy y a mí, duró unos años. La conocí cuando yo era una niña y ella la novia de Charles Porcel, con saya vaporosa y botines carmelitas, super flaca a lo Françoise Hardy, linda y sincera (los colmillos montaditos). Luego aquí en Miami, en una etapa muy sensible (porque Nancy tenía la habilidad de detectarnos atrapados en un momento álgido de trabazón emocional), fue mi maestra por un tramo del camino. Ella tenía el don de hacerse imprescindible.

Y es que Nancy aparecía para partir la vida en dos.

Ahora es cosa del ayer, pero ¿qué hubiera sido de mí sin Nancy? "Yo te amo Ross, yo te amo". Y entonces me enseñó a decir igual, a boca llena, las razones del corazón. Tuvimos una relación de alto voltaje emocional. Porque la amistad es tan misteriosa como el amor.

Lo nuestro fue un proceso de transmisión. Me dio a leer por primera vez El principito, Juan Salvador Gaviota, Kahlil Gibran, Marguerite Yourcenar (que no es poca cosa); me regaló una bella edición del I Ching con prólogo de Borges. Y porque Nancy guío mis lecturas y compartió poemas, mis torpes esfuerzos son la continuación de sus bondades. Porque ella hubo sido muy mía y yo muy suya, me dejó sus irreverencias también, y algunas ideas noctámbulas, hieráticas y peligrosas.

Su actitud ante la vida proponía una marcha a través del desierto. Nancy tenía una ética personal y un denuedo a contracorriente. Un cansancio vital y un vivificante vuelo. Era de inteligencia sensible, hacendosa, buscaba su propio bien y el bien de los que amaba —de ahí su radio cordial reunido aquí para celebrarla. Así mismo era temperamental y apasionada; había un estoicismo y una cicatriz mal cerrada desde su juventud que también eran su dignidad y su decoro.

Nancy aparecía para partir la vida en dos.

“Yo te cuido, Rochi”—decía enseñándome—. “¿De qué? De todo lo que lastra, lo inauténtico de la vida, de los medios tonos y los esquemas, de los roles asignados”, que para ella eran falsedades sociales. Porque con Nancy se podía ir hasta el fondo del pensamiento.

En El libro de arena, poema "Himno", Borges dice:

“…y esas antiguas cosas recurren/ porque una mujer te ha besado.”

Que no es lo mismo amar a un hombre que a una mujer —gracias a Nancy, he tenido la suerte de conocer las dos cosas. Jugábamos a escribir poemas a dos manos, esperábamos la puesta del sol sobre el mar de South Beach, fumábamos como posesas y tomábamos café de pomito. Pero su impronta auténtica también traía sus peligros. Tenía un lado de sombra que ni tan oscuro; era un aspecto lastimoso de su ser. La niñita Nancy, la soledad y el propio desamparo, la emoción acuciante con la que escribía. Era encantadora en muchos sentidos y creo que fue maestra de todas sus amigas. Y en buena medida sus amigos somos su dinastía transtemporal. Ella buscaba el diamante de una y lo pulía y se adueñaba de nuestra virtud. Su harmatia o talón de Aquiles ella la sabía. Nancy sabía que nos extraviaría en la pátina del tiempo; siempre lo supo; una a una nos fue coleccionando y perdiendo cuando ya estábamos listas para el dar el paso decisivo. Nos preparaba para dar el paso que nos alejaría de ella. Lo sabía y esto la hace una figura trágica.

Dice Nancy:

“Vamos a hacer el poema/ para que mi palabra sea vista con la tuya/ porque ya mi alma anda conociéndote/ asustada de lo inmenso y la locura./ Vamos a descifrar el manuscrito/ a entregarle al vecino los discursos/ a Dios lo que le pertenece/ y a nosotros el instante que nos une.”

Agradezcamos a Sergito Andricaín y a Antonio Orlando Rodrígez -Fundación Cuatrogatos-, que rescataran para nosotros en este poemario, la sensibilidad y la gracia con la que Nancy García supo vivir, y el instante que nos une a ella.

 

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Hoy viernes 9 de octubre, a las 8:00 p.m., en el Koubek Center de Miami Dade College. Velada celebración de la vida, la poesía y el amor, presentada por la Fundación Cuatrogatos y Miami Book Fair, en la que se presentará el libro de poemas El instante que unos une, de Nancy García, ilustrado por Zaida del Río. Con la participación de Daína Chaviano, Lili Rentería, Rosie Inguanzo, Larry Villanueva, Juan David Ferrer y Mike Porcel.

sábado, 12 de septiembre de 2015

DEMI...I Speak Of Silent Things...

                          Esplendorosa DEMI, por Rosie Inguanzo en Diario de Cuba

DEMI vive como pinta y resguarda su vida como su arte. Parece salida de uno de sus cuadros. Viste y se conduce como uno de sus personajes, elusiva e interesante como un cofre. Trabaja en su estudio, a unos pasos de su consorte Arturo Rodríguez, también un reconocido artista. Pero curiosamente, nos dice DEMI que nunca han hecho una obra en colaboración: "Somos cada uno sumamente individuales y celosos de nuestra propia obra. Solamente hemos exhibido al unísono en museos. Juntos pero no revueltos".

Lo cierto es que ambas obras se cruzan cuando una pinta al otro y viceversa: "Entonces es como si nos besáramos en la tela".

DEMI reconoce que su formación se la debe a su esposo. Fue él quien le hizo descubrir que podía pintar y guió sus primeros pasos, enseñándole la técnica y mostrándole cómo canalizar dolores y frustraciones que llevaba dentro y que amenazaban con destruirla.

"A la edad de 28 años y en medio de una vida caótica y rota, interviene en mi vida el arte cuando descubro que puedo pintar", dice. "Es mi pintura la que me provee lo que siempre estuve buscando: un orden espiritual, una estructura social y ética. Cosas que nunca antes había tenido."

DEMI, quien se confiesa feliz cuando está junto a su amado, fue una niña desgraciada y por eso pinta niños calvos. Su vida y pintura están marcadas por el fusilamiento de su padre. Luego ser enviada lejos de su madre, el temor a la separación, la pérdida e inestabilidad que experimentó de niña son la materia prima de su obra.

Dice ella: "En mis pinturas siempre voy a estar en diálogo con mi niñez". Por eso sus anécdotas visuales van de los fantasmas infantiles a la imaginería del parque de diversiones.

De su obra resalta la atención que presta a los detalles, la perfección del brocado o el esmero casi obsesivo que dedica a las transparencias de un chiffon, por ejemplo.

"La infancia en mis cuadros es una metáfora de la condición humana. Un mundo en el que yo sola, armada de una brocha y de convicciones, he creado. Soy la observadora, la poeta, la crítica, la narradora y la que dicta las reglas de ese mundo. Y soy la creadora de mi propia mitología. Los niños son parte de un sistema: secretos que solamente pueden ser pintados con bellas imágenes; son los niños que nunca tuvieron la oportunidad de preguntar o desafiar sus destinos. Trato de dar voz a una verdad que no tiene voz", confiesa.

Precisamente, con la exhibición I Speak Of Silent Things, DEMI activa la paradoja: fabricar grito y aullido con la materia silente del lienzo. Porque para ella "hay verdades terribles que solamente pueden ser diseminadas a través de bellas imágenes en colores y movimiento". De modo que la biografía accidentada de la artista, que es su arsenal creativo, queda plasmada esplendorosamente.

"The Execution" (2014), reina aquí como la suma del poder del arte para presentarnos bellamente el error histórico y la tragedia familiar. El padre, ejecutado en Cuba hace 55 años, deja a las niñas sumergidas en el espanto. El clamor es expansivo. Lo expuesto aquí nos desgarra; a la fábula infantil no la contiene los márgenes del lienzo.

Luego el dolor, la pérdida, el exilio y el delirio existencial se expresan en la apabullante opulencia del detalle, el rojo rápido, los encajes, los tules, el lino impecable, un hilo de sangre deviene tallo espinoso, flor que sale de la herida.

DEMI edulcora la infancia que le arrebataron, por eso la niñez en sus cuadros no es una etapa de la vida sino un universo cumplido, una y otra vez rectificado en el lienzo. Es como si viajara en el tiempo a salvarse la vida. Lo peor, lo intolerable, lo más efectivo de esta obra rutilante, es el grito mudo de la inocencia.

Completan la muestra las pinturas "Departure With Laika" (2010) y el díptico "One More Day On Earth" (2013), más siete dibujos y una escultura. De la serie destaca la omnipresencia de los güijes, en la tradición afrocubana duendes antropomorfos causantes de la desgracia. Precisamente, el díptico recrea los peligros que acechan en la fauna infantil. Los güijes de DEMI, retratados al carbón en blanco y negro, casi abstractos, también gritan o aúllan, y sus alaridos nos enfrentan al mal que acallamos en nuestro inconsciente.

En "Departure With Laika" recoge los sentimientos de lo que significó para DEMI dejar a Cuba: la niña parte hacia otro planeta acompañada por la famosa perrita que los soviéticos enviaron al espacio —escapando de lo que más duele.

Le siguen los "Güijes" que amenazan la niñez y que DEMI atribuye al populacho que agredía y gritaba a los que se iban del país.

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DEMI, I Speak Of Silent Things. Under The Bridge Art Space, 12425 NE 13 Avenida. North Miami, Florida 33161

Abierto al público el domingo de apertura 13 de septiembre de 2015 y domingo de clausura 1 de noviembre de 2015. Para visitas con cita previa llamar a (305) 987 4437 / (305) 978 4856, o a Lou Anne Colodny (Directora) al (305) 987 4437.

Otra exhibición de DEMI, In The Eyes Of A Child, en el Miami International Airport, puede ser vista hasta el 30 de noviembre de 2015 por los pasajeros que atraviesan la aduana.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Nagari este viernes en CCE

Presentación de la revista Nagari
Viernes 4 de septiembre de 2015
Hora: 7 pm
Lugar: CCE Centro Cultural Español 
1490 Biscayne Blvd. Miami 33132


jueves, 25 de junio de 2015

Lezama y la cultura mítica


Ángel Velázquez Callejas

Mi abuela paterna, Ofelia Fernandina, nació en Cauto Embarcadero, un antiguo término municipal de Bayamo, alboreando la República. Desde muy joven se trasladó a Cacocún, un municipio de Holguín, y luego, a la edad de 16 años, a Guantánamo, donde murió a los 95 años. Que yo sepa, nunca escribió un verso, y tampoco la oí hablar en términos teóricos sobre filosofía y religión. Eso sí, la escuché referirse mucha veces a la vida inmediata, el tedio, las amarguras y sus amores de familia. Era más bien una campesina que miraba la vida desde sus experiencias, cuyas imágenes figuraban en el lenguaje de cualquier niño. Sus ancestros inmediatos eran campesinos, monteros, esos que el padrón elaborado por Jacobo de la Pezuela llamaba estancieros en 1860. Me contó en una oportunidad que su padre, Antonio Espinosa, mantuvo atendiendo durante largo tiempo una pequeña hacienda ganadera que había adquirido en propiedad mediante arrendamiento, y luego por compra/venta a fines del siglo XIX. Su madre siempre se dedicó a los quehaceres domésticos y a cuidar de los hijos. Solía decirme sobre la vida en el campo, lugar donde pasó sus primeros 14 años, que guardaba de él un espacio privilegiado en su memoria; recordaba las delicias de la naturaleza campestre, el ganado y las haciendas, el ritmo del tiempo, la paz que se respiraba, y enfatizaba la belleza del río Cauto y los valles. ¡Era feliz!

Me hablaba de aquellos tiempos con amor, con ternura, como si regresara a su paraíso. Pasados los años, ya en sus 80’s, prevalecía en ella la picardía de la vejez, del desgaste físico por el paso de los años, y daba significado a las experiencias vitales. Tenía algo que me gustaba, pero no sabía cómo explicar; al acercarme a ella sentía una inmensa seguridad, algo así como que el tiempo, la memoria, los recuerdos se extinguían. Con ella a mi lado, me olvidaba del mundo. Creo que fue mi primer satori, una sensación extraña de olvido, del peso del pasado, pero verdadera. Nunca la vi enfadarse, ni violentar una conversación. Siempre riéndose, tomaba la vida por sorpresa. Me acuerdo sobremanera de unas de las tantas charlas que sostuvimos siendo ella ya una anciana, a pocos años de su muerte. Por su intrepidez, estas palabras que siguen, y que forman uno de los tantos diálogos entre la abuela y el nieto, quedaron grabadas para la posteridad. En una ocasión me dijo:

“Cuando uno ha vivido por largo tiempo llega la ocasión en que se siente motivado a decir que la vida es un disparate, que no tiene sentido, que nos vamos yendo de este mundo sin darnos cuenta que algo falta por hacer, pero en un instante de apreciación profunda se prevé algo diferente, algo que no se explica, pero que llevo muy profundamente en mi corazón. Me ha llegado el momento en que esa sensación de amargura ha desaparecido involuntariamente de mí. ¡Ahora vuelvo a estar feliz! Ya puedo morir”.

Cuando fueron dichas esas palabras no tenía yo un modo de referencia para verificar su significado. No sabía de qué trataban, aunque creía ciegamente en ellas. Creí de inmediato, sin titubear, que era verdad lo que implicaban. Desde luego, en ese momento, cuando fueron pronunciadas, tuve la sensación de que algo significativo ocultaba, y quizás por eso quedaron depositadas como una semilla en mi corazón. Hace unos años, al leer la obra ensayística y las novelas de Lezama, vino a mí la impronta de esas palabras, el recuerdo inusitado de que era el momento de comprender. Descubrí que Lezama era la referencia para entender su significado. Mi abuela, a pesar de no haber escrito nunca un verso, ni hablar nunca de filosofía y religión, en sus últimos años fue un Poeta, un Cemí, un Bayam. Entonces pude entrever lo que significaba en aquel entonces estar a su lado, percibir la belleza de sus gestos, la dulzura de sus palabras, la mirada majestuosa y el andar de la beldad. Ahora entiendo que algo había sido transformado. Un Poeta, un Cemí, es toda una atmosfera enigmática, energética y viva que seduce al cambio esencial. Comprendí lo que Lezama afirma en Paradiso cuando Oppiano Licario le dice a José Cemí: “ritmo asiático, podemos empezar”.

José Cemí no es sólo un personaje arquetípico de la novela Paradiso, de Lezama Lima, sino también un símbolo, una imagen poética. José no es Cemí, pero Cemí es José en el porvenir; en fin, son ambas cosas, imagen y posibilidad. José definiéndose sin llegar a ser y Cemí buscando la fijeza. Lo cubano parecer estar en la posibilidad de Cemí; es decir, Cemí en José esforzándose por nacer y José en Cemí resintiéndose, como el útero materno que no desea que la criatura llegue al mundo. José (Lezama) es un sueño y Cemí es la aurora del despertar de la concien-cia y de la visión pura. José es la historia, la memoria, el pasado, la mente colectiva, la visión impura, y Cemí es la poética de la eternidad. José es lo cubano insular y Cemí lo cubano en lo universal. Traducido poéticamente, es Cemí el testigo, Bayam posesionado sobre José, sobre la cultura, la historia y produciendo una posibilidad infinita, la posibilidad de algún día llegar a ser cubano. José (Lezama) representa al pueblo, al proceso de la formación de la nacionalidad, de la identidad, del ego cubano, y Cemí a eso que Lezama diferenció sutilmente como cuestión oculta en su poesía: la “noche insular” y “el arco invisible de Viñales”.

Al respecto, en entrevista a Reynaldo González, Lezama dice (cito en extenso):
Y ya con madurez de los años y de la observación estoy apto para reiterar algo que intuí ensayando, trabajando: lo cubano es un tema hecho en lo invisible. Las dos veces en que con mayor ambición me he acercado a ese tema en mi poesía, las llame “Noche insular, jardines invisibles”, y luego “El arco invisible de Viñales”. Y lo hice así porque creo que debemos tener mucho cuidado con eso de lo cubano. Se llega a una conclusión fácil de que lo cubano es esto y aquello –siguiendo intereses de gusto o criterios apriorísticos-; pero esa forma de certidumbre sería destructiva. En cada hombre hay lo que no se osa decir, lo que no se osa nombrar y eso, en parte, es lo cubano. Habrá de tenerse un pudor esencial en esa dimensión, tener mucho riesgo cuando hablamos de lo cubano como si fuera una cosa gelée, última, definida. Lo nuestro es lo ondulante, la brisa, una cierta infinitud, una mezcla de lo telúrico con lo estelar hecho en una forma muy meridional, muy cenital. Ya te digo, hay que tener mucho cuidado con el riesgo turístico de llegar a decir “lo cubano es esto o aquello”, porque eso puede dañar y cerrarnos puertas a lo universal. Pudiéramos decir que la más firme tradición cubana es la tradición del porvenir. Es decir: pocos pueblos en la América se han decidido a entrar con tanta violencia y decisión, como un zumbido presagioso, en lo porvenirista. Pudiéramos decir que lo cubano tiene sus catedrales y sus grandes mitos construidos en el porvenir. Por eso en los últimos tiempos ha habido cierta fusión en las generaciones de Cuba. Todos marchamos hacia una finalidad, que la vemos todavía un poco lejana, que quizás todavía no la podamos alcanzar. Esa impresión es conveniente, nos enriquece. Esa definición por alcanzar nos da vigor y amplitud. Esa falta de límite nos presta más entusiasmo en el acercamiento. Esa falta de contornos netos nos da una atmósfera mayor y más plena…Yo supongo que al abordar el tema no espere de mí una definición de lo cubano. Yo prefiero ver lo cubano como posibilidad, como ensoñación, como fiebre por verista.
Hablamos de esa posibilidad, de esa ensoñación, de esa fiebre por verista. Entonces no es difícil intuir por qué Lezama le atribuye a Cemí el personaje central de Paradiso. José vive en el infierno y Cemí penetra en el paraíso. Lezama recurre a una cuenta invisible para plantear su proyecto estético como posibilidad: recurre a una imagen aborigen, a un símil; y ese símil es el ídolo de Bayamo, el cual representa en la tradición cultural aborigen la eternidad, el ritmo temporal asiático. Lezama lo intuyó allí, con una mirada oblicua, en el ídolo que se exhibe en el museo Montaner de la Universidad de La Habana; el ídolo le despejó la imagen de la posibilidad. Lezama descubrió en el ídolo la fijeza y la lejanía. Cuando los aborígenes de Bayamo construyeron la imagen del ídolo lo hicieron bajo la posibilidad nunca alcanzada. El ídolo representa la imagen del aborigen del cacicazgo de Bayamo en la tradición universal de la mitología taína. El ídolo era una fuerza, una imagen para enfrentarse al desarraigo universal. Ese desarraigo lleva la historia de las pasiones tumultuosas. Y mi abuela Ofelia es una manifestación cultural de ese encuentro.

En una reciente investigación sobre el caso español, El reino del ocaso, Jon Juaristi insiste en que las comunidades y los pueblos se apoyan en un repertorio de imágenes que permiten integrar la nación desde la experiencia emocional. Ese repertorio de imágenes va formando una comunidad integrada a lo largo del tiempo y van estructurando el ser de un pueblo. Todas estas imágenes, mitos, leyendas que sostiene la identidad del pueblo son, también, formas de soñar el tiempo. Para que una sociedad se mantengan, sobreviva, tiene que soñar.

Es interesante anotar cómo en la novela histórica, Hondo corre el Cauto, cuya narración transcurre durante las guerras de independencias, entre 1867 y 1902, el autor, Manuel Márquez Sterling, pone en boca de uno de esos personajes fugaces pero que vienen a colorear la vida, el guajiro Severo Calderón, una metáfora de lo esencial. Siendo un campesino de la zona, para este iletrado personaje el Cauto fluye en lo hondo y no en la superficie. Dice el narrador a través de Severo Calderón en su recorrido por el Cauto:
Hace mucho años que recorro el Cauto y me conozco todo su curso. Alguien una vez me dijo que tenía ochenta y seis leguas. Nunca lo he medido pero yo le puedo asegurar que me la sé palmo a palmo, desde la Loma del Gato, donde lo he visto nacer y bajar de la sierra, hasta la mismísima mar. Me he bañado en sus aguas y he dormido en sus orillas y siempre he sentido que el Cauto sabe más de lo que dice. El Cauto es el único que entiende estas tierras… y sabe de sus tristezas. Las cosas que el Cauto nos podría contar si hablara, señores…Sólo él sabe cómo se hicieron estas tierras y cuando el Turquino dejó de hervir y de escupir fuego, y como crecieron los bosques, y cuándo llegaron los pájaros a los árboles. Él lo ha visto todo…El vio a los indios llegar a sus orillas y levantar su bohíos y hacer sus conucos. El vio adorar a sus dioses y confiar en ellos. Él sintió las herraduras de acero de los conquistadores retumbar en su llanu-ras y oyó el alarido rebelde de Hatuey ahogarse en la hoguera y el silencio que siguió al último areito y el triste gemir del esclavo bajo el látigo que le quemaba su espalda… ¡Que no le falta por ver al Cauto! ¿Verá algún día, señores, al hijo alzarse contra el padre y al hermano matar al hermano? ¡Pero no, él no dice nada! Él sólo sigue su curso por la llanura, hondo, lento, callado y contento con saber que en sus entrañas no va quitando a Cuba. Sí, contento de quitársela a los hombres que de un paraíso han hecho un infierno, pero el Cauto no dice nada.
Severo tenía contacto con lo que Lezama llama lejanía. Conocía mucho más que otros individuos del pueblo sobre ese valle, sobre esa geografía, no porque lo hubiese leído en los libros, escuchado a través de las leyendas, los mitos y su historia, sino mediante su ser: su ser estaba conectado con el ser del Cauto. El Cauto, sin decir una palabra, le había transferido cierto conocimiento de la historia y del pasado. Pero no lo miremos así literalmente; el Cauto es una alegoría, una metáfora, un signo para indicar algo del misterio, del origen que es Bayamo y sus comarcas. Ese guajiro había vivido lo suficiente como para que la experiencia de su vida lo colocara justo en el lugar donde el ser se encuentra con el no-ser, donde se halla, según palabras de Octavio Paz, con la presencia, el presente. Severo sabía, intuido, como transportarse hacia la fuente, al origen. El Cauto fue su contrapartida.

Severo afirma: “Yo se lo juro a ustedes, él a mí no me engaña porque yo soy de la tierra como él. Yo sé el que quiere la tierra que esculpe porque yo lo he visto en el lecho de sus aguas”. Se trata de la unión que vislumbra Lezama entre el cielo y la tierra. En ese mismo momento en que Severo termina de contar sus vivencias, dos de los personajes centrales de la novela, Pablo y Rosalía, cruzan la mirada por aquel valle y exclaman. “Rosalía –dijo Pablo- se me había olvidado lo cautivante que es mi tierra. A lo que respondió Rosalía: es tal como la describiste, el edén del creador. Hoy me siento como si hubiera llegado al hontanar de nuestra vida”.

Ese es el Cauto y su valle, el punto cero y origen de Cuba. Ese contacto con la lejanía, que no es una lejanía sino un encuentro, la tuvieron otros, pero el pueblo, la mentalidad colectiva, hunde sus raíces en los mitos y leyendas, mirando siempre a la lejanía.

De modo que veo en Severo esa misma apreciación de su modernidad. Quiere ser moderno pero al mismo tiempo se siente comprometido con la historia, con la leyenda y los mitos que hacen del valle su significado. Desprejuiciado de cualquier filosofía, a no ser la de la vida misma, afirma: “no hay cosa peor que un guajiro filosofando… Créanme que Severo Calderón es un hombre sencillo de la tierra que se contenta con lidiar un buen gallo, con tener una guajira en el bohío, allá en el monte, donde lo abrase el sol y lo refresque el arroyo, y que cuando triste, pueda echar una cuarteta al aire…”.

Si tuviera que narrar el sentido del Cauto y su valle me fuera por el enfoque de la novela del peruano José María Arguedas, Los ríos profundos. Tal y como Arguedas se comunica con sus ancestros, también mediante lo que oculta el Cauto intentaría discernir las vías profundas que conectan el presente con el pasado del valle. El propio Paz no deja de considerar, a pesar de su rectitud liberal y democrática, de su ruptura ideo-política con el pasado secular, el peso de la cultura mítica azteca sobre el presente mexicano. De igual modo es muy difícil para el pueblo actual de Bayamo dejar de concebir el presente sin el peso de la penumbra mítica del pasado aborigen y la creación mitológica de la sociedad colonial, republicana y revolucionaria.

En esta conexión radica la imbricación poética de un Cemí y un Bayam con la Poesía. Nos conduce a alejarnos de este mundo.

domingo, 30 de noviembre de 2014

el lastre yoísta en la poesía cubana


(publicado originalmente en junio 2011, este post vuelve a salir a raíz de una discusión suscitada a partir del artículo "mimí yoyó" de josé prats sariol en diario de cuba)

aLfreDo tRifF

poeta no soy, pero disfruto del buen verso. confieso que detesto la poesía cubana en tanto que masturbación mental. admiro a muchos poetas cubanos que hacen buena poesía. ¡pero hay tantos mediocres! y sí, hay insoportables poetas cubanos.

¿qué los aqueja?  el yoísmo.

la poesía cubana es pleamar solipsista disparando yoes al universo. por supuesto, el yoísmo tiene su larga historia, pero ahora me interesa su constitución: el yo tajante que golpea, el yo infantil, el yo agarrado a lo fenoménico, el yo polifacético, el yo político y mesiánico, el yo cosificante.

es obvio que yo no puede saciarse de sí. hay un presentarse y re-presentarse continuamente en eventos y situaciones. pero he aquí que yo es incapaz de alcanzar su problema fundamental que le queda siempre detrás: yo es un reflejo, no una sustancia. por eso deberá reificarse hasta la náusea para --al fin y al cabo-- perderse en sí.

entre tanto, un universo de cosas permanece invisible. pero yo es incapaz de prestarles atención.

en el youniverso solo existe ipse.

a continuación presento una serie de ejemplos antologados que van desde la década del 60 hasta 2000 (cada ejemplo es el comienzo de un poema conocido. omito título, nombres, edición, año, etc, por razones obvias).

(de una antología de los 60)
"Yo con mis manos..."
"Amo esas grandes concentraciones..."
"Yo estoy aquí..."
"Yo, ¡qué palabra más pequeña!" (¡le zumba!)
"Quiero cantar..."
"Lo digo..."
"He aquí, yo hago..."
"Estoy mirando como..."

(de una antología de los 70):
"Y yo desperté con..."
"Cuando llegué a..."
"He logrado descifrar..."
"Voy a llenar de ... mi silencio"
"Mi casa..."
"Yo espero..."

(de una antología  de los 80):
"Yo te amo..."
"Si yo pudiera ser..."
"yo, solitario..."
"... yo sé como tú eres"
"Soy a veces..." "Aunque te busco..."
"no sé qué decirte..."
"Si yo pudiera..."
"Tengo miedo..."

(de una antología de los 2000):
"Yo sé que..."
"Lanzo mi..."
"Dilapidé..."
"Si me llamas..."
"Yo ví..."
"Yo estoy, tú estás, ella..."

lo peor no es ese yo irrebatible, hay otro travestido: de "mí", de "él", de "ella", de cualquier cosa siempre que apunte hiperbólicamente al ego del poeta:  

"Heme aquí..." (yo en tiempo y espacio: llamémosle yoaquí)
"A veces me pregunto..." (llemémosle yoaveces)
"Cuando nací..." (yo biográfico en su heterogeneidad: llamémosle yográfico)
"He aquí que yo... nos..." (yoaquí)
"Toda la vida he sido..." (yográfico)
"Mientras mi cuerpo..." (el cuerpo del yo es constante: llamémosle youerpo)
"Vine a decirte adiós..." (el yo en en tiempo: llamémosle yoahora, yoayer, yomañana)
"Aquí estoy ..." (yoaquí)
"He oído..." (yoído)
"Déjame..." (yoexijo)
"Cuando me veo..." (yospejismo)
"Tengo..." (yotengo)

"Éramos ya..." (yoépico)
(..........la lista es portentosa.........)

con esto no digo que los versos anteriores -escogidos de entre los poetas cubanos más reconocidos- sean malos. apunto al síntoma yoísta que los debilita.

¿cómo salirse de yo?

acaso buscando más el-ser-de-la-cosa. cosas que conllevan a otros no-yoes --independientes del poeta. y aunque no abundan y parecen incidentales, aquí van contraejemplos al yoísmo en algunos poetas del mismo período:

"Resbalan los recuerdos..." (el recuerdo como cosa)
"Ha llovido esta tarde" (la lluvia acontecería aún sin el poeta que la observe)
"Volaron testimonios" (un testimonio puede tener alas)
"La luz transforma esa pared silenciosa" (la cosa-en-sí)
"Has ganado tu pan" (el poeta dedica el poema a un amigo que sin él...)
"Diez golpes en la puerta" (sí, los golpes golpean)
"La lluvia indiferente ha descendido..." (la cosa no carece de poesía)
"La taza de café abre el tapiz y lo cierra..."(lo amargo del café está en el café)
"Tal vez aquellas tardes regresen imprecisas..."
"El arquero un paso al frente, imitación de la grulla en la quietud..."

queda claro que por momentos el poeta atisba más allá del estrecho confín del yo. cargar con el yo no ha sido necesariamente un proyecto --no ha habido una corriente "yoísta" estilísticamente hablando. se trata de una condición afincada, en nada comentada; punto ciego de la poesía cubana.

y las cosas (llamo "cosa" a lo no-vivo) quedan subyugadas a esta ciega dictadura.

lo peor del yoísmo es que no se ve a sí.

_____________________
yo desaparece brevemente con la revolución y su período épico. se reprime en un yo latente colectivo, ahora como manteca de chicharrón. los yoes desaparecen en YO mayombe. este yo reprimido saldrá con más fuerza entre 1980-2010 en cuba --y el exilio.

domingo, 19 de octubre de 2014

Edith Llerena vestida de ojos claros

Feliz cumpleaños preciosa

EL AMOR ES

Un mundo independiente
atemporal
inespacial
creación de lo humano
no se importa
a veces llega bruscamente y es frágil
aunque no tiene una etiqueta que lo diga.
Generalmente lo que hacemos con él es bien conocido por todos
nos le paramos encima
lo machacamos a patadas, como hacían en España con la uvas.
¿RESULTADO?
Un vino tóxico
agrio
amargo.
Con su etiqueta de:
"OJO MATA".


NO ES POSIBLE

El cuerpo se me quedó en una mítica isla
y soy ahora sombra incapaz un nuevo cuerpo.
Borrosa sin su molde mi sombra apenas se tiene
y anda en las angosturas de cada imprecisa noche
revolviendo verso y sueño
padeceres y padrenuestros.
Si se le quita su sombra al cuerpo es porque el cuerpo ha muerto
si se le quita su cuerpo a la sombra se es espectro sin saberlo.


LA ÚNICA VERDAD

La esencia de la forma es el vacío
la ausencia de la cosa es el dolor
la meta superior
es comprender el cósmico vacío
y apenas si rozar las cosas.


SE PARECE ESTE DÍA

Al último pañuelo de mi abuela
fino
blanco
sin huellas
se me ha perdido algo que no encuentro
desde que nací
con mi vestido de ojos claros.

______________________________________

Edith Llerena nació en la Habana, Cuba, el 19 de octubre de 1936. Después de realizar estudios obligatorios, se dedicó al arte de la danza clásica en la academia de Alicia Alonso, y danza en el conjunto Nacional de Danza Moderna dirigido por Ramiro Guerra. Después de sufrir una lesión articular se dedicó a la enseñanza en la Escuela Nacional de Artes (Cubanacán). Estuvo casada con el escritor Mariano Rodríguez Herrera y posteriormente con Pío E. Serrano, también escritor, con quien salió al exilio en 1974. Edith obtuvo su ciudadanía española.

Sus acercamientos a la poesía datan de 1968. Su primer libro, La piel de la memoria, (Madrid Editorial Plaza Mayor) apareció en 1977. Le siguieron Canto de España (1979), Las catedrales del agua (1981), Canciones para la muerte (1983), El placer de la palabra (1986). En 1978 publicó dos libros de poesía infantil, Resacas del amar, aires y lunas (aplicada a la expresión corporal), Tus amigos de la tierra y Los oficios (Madrid Editorial Escuela Española). Su poesía aparece en varias antologías, tales como Poesía Hispánica, Diálogo (Israel), Resumen Literario El Puente, entre otras. En la década de los 80 participó junto al poeta José Mario en la que sería la segunda aventura editorial del fundador de El Puente: Ediciones de la Gota de Agua, donde salieron publicados poetas notables del exilio cubano e hispanoamericano en general. Falleció el 2 de octubre de 2006, en Madrid. Fue hermana de la actriz Lillian Llerena y tía de los actores Lili Rentería* y Mauricio Rentería.

"Sus poemas suenan a presencia, a revivida imagen, a terco, afanoso empeño de que no muera en ella ni en el lector venido de islas, lo que no debe morir"—Gastón Baquero.

* Lili Rentería estrena precisamente hoy en Boston performance basado en la poesía de su tía: Vestida de ojos claros.-- Rosie Inguanzo

jueves, 3 de enero de 2013

william navarrete hoy en la societa dante alighieri


la presentación a cargo de Marta Ramos
Societa Dante Alighieri
300 Aragon Ave., Suite 100, Coral Gables
7 p.m.

lunes, 22 de octubre de 2012

los sostenidos, los bemoles y los trémolos



fotos: león ichaso
rosie inguanzo

vengo a hacer abdominales en el muro y pienso que estás ahí adentro. miro a través de los visillos, donde hace cinco años viven otros. pero nosotros vivimos ocho años aquí. nos veo por todos lados. cuando vivíamos aquí yo salía por esa puerta siempre a correr en las tardes como ahora en bicicleta, cuando caía el sol, y de regreso me tendía en este muro a mirar el cielo y hacer abdominales. sube y baja las piernas mientras tú cocinabas la cena. si me asomo por las persianas estás ahí, trajinando en la pequeña cocina. allá en el nuevo apartamento estás cocinado también. te cortas el dedo. resisto el impulso de acudir en tu ayuda. miro por la ventana hacia adentro del viejo apartamento: vivimos ocho años aquí y estás cortando con precisión matemática unos ajos porros, zanahorias, cebollas, mientras la cazuela humea aceite; te observo succionar la sangre de la cortada en el índice —dedos sagrados de violinista. cuando llegue me enseñarás el tajo e iré alarmada al congelador, extraeré una venda adhesiva de las que guardo ahí. veo que te pones gris y los ojos ensombrecidos por el pánico. te lavaré el dedo te ordenaré lo presiones hasta desenfundar la tira, untaré agua oxigenada con un algodón y te cubriré bien apretada la herida. un susto coagula en la plenitud de la herida abierta, y se derrama. lo que siento ahora está fuera del tiempo. la marca de la vida cincelada al fuego de esa eternidad cifrada en tu dedo. ocho años allí en el apartamento de coral gables y cinco años aquí un poco más abajo en la misma calle. y sucede que estás allí cocinando y aquí cuando llego de mis carreras. no hay tiempo para dilucidarlo. lo comprobé esta tarde cuando iba trotando y me asomé por la ventana del viejo apartamento que habitamos: por las hendijas de la ventana enrejada salía el olor de lo que preparabas cuando llegué aquí y me enseñaste el dedo sangrante. te lo cubro con una servilleta para detener la sangre. estabas cocinando cuando te llevaste un tajo de yema de dedo y no fui en tu ayuda hasta llegar aquí. palideciste y pedaleé frenética para socorrerte hasta comprobar que no te habías ido del presente. de niño todas las mujeres de la casa corrían y gritaban angustiadas cuando te cortabas un dedo. ¡ah, cómo harás los sostenidos, los bemoles y los trémolos! palideces como un muerto y yo te contemplo por la ventana y hago tripas corazón por no socorrerte ahí sino en la otra casa donde seguramente no sabes qué hacer cuando piensas que tu carrera se ha malogrado y ves pasar toda la vida tirada a la basura y cómo un accidente estúpido ha barrido con lo más importante: las notas tan cerca del oído, los sonidos dentro de la caja de madera y una tensión de las cuerdas que tú pulsas con las yemas de los dedos, el instrumento y su poder sobre ti y ese descomunal amor de madre y abuela que cuidan tus manos de violinista ahora sumido en el espanto. todas las prevenciones, llevarte, esperarte y traerte del conservatorio, tantas horas de de prácticas. en la cinta fílmica de la memoria las ves comprobar el daño de la herida y gritar algo en árabe, algo que parece un alarido árabe y tú enmudeces y se va enfriando la sangre del espanto porque ellas corren en un hilo de tu historia, un temblor sube el brazo izquierdo. tu madre unta en azúcar y aprieta tu dolor con gasas blancas que se van cuajando de sangre rojísima, lilia presiona y grita como que llora algo en árabe y se lamenta: habibi mi amor, farid, mi hijito. presiona tu dolor produciendo otro dolor que pincha —no entiendes un susto que acabas de estrenar, un susto como el de la muerte de alguien. suelo observarte, vigilar tus movimientos, tu respiración…y sé que te vas a desmayar. alguien ha debido saber de esto, alguien debió advertirme y yo te hubiera alejado la posibilidad, hubiera escondido fuera del mundo todos los cuchillos de la casa.

mentira, esos cuchillos nos son necesarios: para mantenerme asustada y trémula, y a ti al borde de la catástrofe. un cuchillo teatralmente ridículo nos enfrenta a lo esencial, lo puro: el susto atado a la emoción de la muerte.