
¡Que gratos recuerdos tengo del ancien régime! Para empezar, no me obligaban a ser pionerito, ni joven comunista o militante del partido. Esos discursos de ocho horas… ¡ni hablar! Claro yo vivo aún en el pasado capitalista. Salimos en el carro a pasear. Cogemos Zanja: veo puestos de fruta de chinos, helados naturales y las friteras (donde además de pan con bisté vendían majuíta frita). Doblamos por Aguila. Hay alegría en el ambiente, restaurantes por todas partes con sus letreros encendidos con luces de neón. Oigo el bullicio de la gente comprando por San Rafael y Galiano frente al Encanto, al cruzar el Ten Cents. Ahora bajamos y subimos por el Malecón a coger Prado. Oigo la música que viene y va mientras paso por los comercios, las voces de los vendedores ambulantes. Nos bajamos. Tengo un trajecito cuqui que me hicieron en La Borla y mis zapatos son mandados a hacer en La Manzana de Gómez. Veo galerías de arte, tiendas de curiosidades y souvenirs habaneros. Ahora les cuento de mis rincones preferidos: El Cinecito de San Rafael, Alicia en el país de las maravillas, El Bosque Encantado, Río Cristal, Connie Island. Vuelven los recuerdos: Mi mamá nos lleva en su baby Dodge al Bidet de Paulina (la rotonda al lado de la ciudad Deportiva) donde vendían hamburgers y hot dogs al estilo americano, tipo drive-in… ¡Qué rico el aire en la cara! Esas salidas vienen convoyada con todo tipo de refrescos, helados y golosinas. ¡Vamos a reunirnos en Rancho Luna el próximo domingo y de ahí vamos a montar caballo! Quizá no les parezca mucho mi paraíso caribeño. Pero es mi verdad y lo demás es cuento.

















